Summary: Creyó que sería el final de todo, mas la vida le daría una segunda oportunidad. Tendría que evitar cometer los mismos errores, y con ello, enfocarse en cambiar el rumbo que llevaba la vida de cierta persona. Itahina.

Disclaimer: Los personajes de esta historia le pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro, su único fin es entretenerles.


Capítulo 8: Traumas.

Con un simple vistazo a la escena podías deducir que se había llevado a cabo una lucha donde cierto bando no tuvo la más mínima de las oportunidades. La sangre procedente de ellos manchaba el suelo como si fuera simple tinta en papel, cuerpos tirados en compás con la increíble imagen de un hombre erguido totalmente indiferente en medio de toda esa masacre.

Un joven cuyas ropas yacían pintadas del mismo tono carmín del suelo a su alrededor. Entre todo aquello, existía un detalle que no concordaba con el sangriento paisaje. Una pequeña niña se hallaba dormida, siendo sostenida con suma delicadeza por los brazos de quien había perpretado los asesinatos que decoraban su costado. Dentro de una de las manos empuñadas del joven, se encontraba el ojo que inicialmente debería de haber estado en el lado derecho de su rostro.

Con todo esto se encontró Itachi al acudir al llamado de su primo. Había recién llegado de misión cuando un cuervo acudió a él apenas salió de la oficina del Hokage. Supo de la urgencia del mensaje debido a que su primo nunca enviaba cuervos estando dentro de la aldea. Lo que jamás pensó ver era lo que actualmente presenciaba, un panorama de lo más desconcertante. No tenía idea de cómo debía sentirse.—¿Shisui?

El mayor de ellos apartó la mirada de la niña que sostenía para poder conectar mirada con su primo.—Itachi…

El mencionado no dudó en acercarse.—¿Qué ha sucedido?—Miró a la niña inconsciente, a primera vista cuando llegó no había notado que se trataba de la antigua heredera Hyuga. Sin embargo, incluso después de descubrir que se trataba de ella aún no lograba conectar toda la evidencia que tenía y así llegar a una conclusión de cómo ocurrieron los hechos.—Hinata-san…

No tenía sentido que ella estuviera allí, siendo cargada por su primo, ambos estando encima de un charco de sangre, rodeados por cuerpos y uno siendo nada más y nada menos que Danzo. Si no supiera de Genjutsu o no fuera bueno detectándolos, habría pensado que estaba en uno de ellos.—Tachi, ella me acaba de salvar.

Y conforme transcurría el tiempo, esto tenía cada vez menos sentido.

Suspiró.—Sería bueno una explicación más detallada—se acercó al cuerpo del consejero, agachándose a su altura y probando su pulso.

—Está muerto—Shisui se acercó.—Tenías razón, Danzo no confiaba en nosotros. Estuvo a punto de hacerse con mi Sharingan.

—¿A punto?—Itachi lo miró con intensidad. Levantándose después de corroborar que efectivamente Danzo ya no caminaba con ellos. No necesitaba revisar el resto de cadáveres, era bastante evidente que la vida no era una de las cosas que estos poseyeran.

—Ella lo detuvo—contestó, mirando de nueva cuenta a la pequeña en sus brazos.

Itachi tuvo que verificar dos veces si había escuchado mal. Aún perdido en sus pensamientos, Shisui le pidió que cargara a Hinata. Como si estuviera en modo automático la aceptó, sin dejar de pensar que quizás tantas misiones juntas en conjunto con el estrés le estaban pasando factura.—Sé que suena poco creíble, yo todavía no termino de procesarlo. Mira.

Un inocente ojo se encontraba en la mano de su primo. No hizo falta adivinar que era el que faltaba en su lado derecho.—Danzo había logrado quitármelo. Parece que este viejo tenía más de un as bajo la manga—se agachó y mostró el brazo vendado del consejero. Itachi observó con asombro una múltiple cantidad de Sharingan implantados. Resultaba en una imagen por demás desagradable.—Todos estos son Sharingan que ahora son inservibles, no tengo idea de cómo pero Hinata-chan empleó una técnica de sellado similar a la que cargan algunos de su clan en la frente.

—¿Sello?—Quizás su primo desconocía el tema, pero él conocía lo suficiente de la técnica para saber que los Hyuga la usaban como forma de sometimiento hacia la rama secundaria. Algo que nunca fue de su agrado, pero poco importaba si estaba de acuerdo o no en las normativas de un clan al que no pertenecía, no podría cambiarlas. Sin embargo, que una niña de ocho años supiera usarla era algo que no alcanzaba procesar.—Tengo entendido que solo el actual líder tiene conocimiento de cómo realizarlo. Es una de las técnicas más resguardadas por el Clan Hyuga.

Shisui asintió.—Esa parte de la historia no la conozco. Solo sé que en un momento lo único que podía pensar era en huir y entregarte mi otro ojo—le miró con tristeza. Itachi supo entonces que su primo no habría dudado en tomar una decisión drástica por el bien de la aldea. El solo imaginar qué hubiera sucedido si Danzo no fallaba, provocaba que la ansiedad que últimamente le hacía compañía regresara a su sistema.— Luego, al segundo no podía moverme de la impresión de ver el sello brillando en la frente de nuestro consejero—suspiró.—Entonces aparecieron ellos—le dio una mirada insignificante al resto de cuerpos.—Por supuesto, no podía dejar testigos de lo sucedido—si la gente se enterara que la ex heredera del Clan Hyuga había asesinado, intencionalmente o no, al líder de Raíz y consejero de Konoha definitivamente se armaría un gran revuelo que no dejaría bien parada a la pequeña.

Itachi volvió su mirada de nueva cuenta a los Anbus asesinados. Estaba de acuerdo en que no hubieran testigos de las condiciones de muerte referentes a Danzo Shimura.—Desafortunadamente no podemos dejarlo aquí. Es algo que debemos notificarle al Tercero.

—Lo sé, no creo que a Hokage-sama le haga mucha gracia saber lo que su mano derecha tramaba—sacó un pergamino, y entregando un poco de sangre, selló su ojo derecho con el fin de que no recibiera ningún daño hasta que pudiera obtener atención médica.—También está el tema de los Sharingan implantados, una lástima que ahora esté muerto y no pueda recibir un mejor castigo.

Las manos de Itachi retiraban suavemente los cabellos que caían sobre la frente de la pequeña en sus brazos, cuando lo dicho por su primo lo detuvo.—¿Un mejor castigo que la muerte?—Lo observó con curiosidad.

Taraeó.—Oh, Tachi—una sonrisa socarrona surcó los labios del mayor.—En esta vida hay muchos castigos peores que la muerte.


El cercano piar de las aves interrumpió su sueño. El dolor que la invadía causó que frunciera el ceño, sentía que su cabeza iba a estallar, hizo el intento de levantarse mas el agotamiento que pesaba sobre su cuerpo le pidió que se mantuviera acostada. Sin tener otra opción, se dedicó a observar su entorno, dándose cuenta de que no se hallaba en un sitio que conociera.

Era una habitación tradicional bastante espaciosa y con una decoración minimalista, presentando un ambiente tranquilo a cualquiera que desease descansar. Pudo darse cuenta al ver las ventanas del sitio que era de día, temprano en la mañana si juzgaba los colores que teñían el patio de la casa donde estaba. Una pregunta no dejaba de taladrar su mente, y era ¿Cómo llegó ahí?

No recordaba muy bien qué había sucedido. Supo que fue a buscar a Sasuke en un arranque desesperado por saber qué sucedía en su casa, sin embargo los recuerdos de ahí en adelante eran un poco borrosos. Las imágenes de lo sucedido la confundían y el dolor de cabeza no cesaba.—Hinata-san, buenos días.

Un sobresalto acudió a su cuerpo, asustada y con el corazón a mil observó a la persona que le llamaba. Sintiéndose un poco más tranquila al notar quién era.—I-Itachi-san—el joven traía consigo una bandeja con lo que supuso era el desayuno.

Una escena irrealista para la pequeña.—Pensé que todavía estaría descansando, he venido a traerle algo de comer. Supuse que no habría comido mucho ayer—la mirada del Uchiha era amable, con una dulce y sutil sonrisa abarcando sus labios.

—¿C-cómo llegué aquí?—preguntó, aún un poco nerviosa por no recordar nada.

Itachi la observó con cierta seriedad, por unos instantes la pequeña sintió que era escaneada.—¿No lo recuerda?—Hinata intentó lo más que pudo hacer mente, pero por más que tratara de socavar en sus recuerdos, nada especialmente esclarecedor salía de ello.

Ella negó con la cabeza.—Había ido a buscar a S-sasuke-kun porque estaba preocupada por él. Pero… No recuerdo nada más…

La dulce sonrisa volvió a los labios de Itachi. Sin pronunciar alguna palabra colocó la bandeja en el suelo para posteriormente sentarse en el borde de la cama de la pequeña. Alzó su mano y cubrió la frente de ella, probando la temperatura.—Shisui la encontró desmayada en el camino hacia nuestro distrito, quizás esté un poco enferma—deshizo el contacto de su mano.—Pero no tiene fiebre, ¿Ha estado comiendo bien?

Un sonrojo cubrió las mejillas de Hinata, nunca estuvo acostumbrada al contacto físico. Se dio cuenta con cierta curiosidad que las manos del Uchiha eran suaves, y bastante cálidas. Algo en lo que antes no había deparado. Sacudió la cabeza, intentando apartar la rojez que se iba agravando al recorrer más espacio en su piel.—Yo he estado c-comiendo b-bien.

Itachi ladeó el rostro, todavía manteniendo la sonrisa, esta vez un poco divertido por la timidez de su acompañante.—Quizás haya sido por estrés—apartó la mirada del rostro de la pequeña para volver y agarrar la bandeja.—De cualquier forma, ¿Por qué estaba tan preocupada, Hinata-san?

Hinata enseguida volteó a verlo, algo alarmada. La preocupación manchando su rostro.—I-itachi-san, ¿Usted confía en Sasuke-kun?

El mayor estaba acomodando la bandeja cerca de su acompañante cuando la pregunta lo tomó por sorpresa.—Por supuesto—la miró.—¿Por qué lo dice?

—Por favor… N-no le oculte nada—suplicó, totalmente intranquila. Recordaba la conversación que tuvo con su amigo, la manera en cómo éste se frustraba al verse obligado a estar en la ignorancia y la mirada tan triste que traía consigo cuando habló con ella. Eso sin olvidar el pequeño detalle de los cortos recuerdos que le llegaron después de esa charla.—I-Itachi-san, Sasuke-kun confía plenamente en usted. Yo… creo que usted de-debería sentirse igual.

El mayor se detuvo un momento. Su hermano había estado sumamente inquieto cuando lo vio llegar, percibió su intento de acercarse a preguntarle algo. Sin embargo, cuando notó a quién traía entre brazos se olvidó de cualquier cosa que hubiera querido hacer con anterioridad, su preocupación hacia su amiga siendo ahora su principal motor de actuar. No intentó indagar más sobre lo que Sasuke quiso hablarle porque tuvo muchas cosas de las cuales ocuparse después de pedirle a su madre que cuidara a la pequeña.—Hinata-san, a veces hay cosas de las que es mejor no compartirlas con las demás. Un ejemplo son los deberes, los míos no los puede hacer usted o cualquier otra persona.

—N-no todo se puede hacer solo, Itachi-san—la mirada determinada que tenía la pequeña Hyuga le hizo preguntarse exactamente a qué se estaba refiriendo ella, el afán con el que hablaba solo le daba a entender que quizás había un trasfondo.

¿Y si lo que sucedió hace poco tenía que ver con la preocupación de ella? El tema que envolvía a su familia era bastante cerrado, incluso los superiores en Konoha lo tocaban con pinzas desde la lejanía. Entonces encontraba bastante difícil que la ex heredera Hyuga tuviera conocimientos acerca de lo que concernía a los Uchiha.

Sin embargo, fue la misma ex heredera quien salvó a su primo de Danzo. Quien selló todos los Sharingan que habían sido extraídos ilegalmente de algunos Uchiha, y también la persona que acabó con la vida del casi culpable de poner fin al plan que con tanto esfuerzo habían ideado Shisui y él.

Ella tenía que saber algo. Exactamente el qué era lo que desconocía, de igual forma cómo llegó a ser parte de su conocimiento.

Asintió lentamente.—Tiene razón, pero la información es peligrosa, Hinata-san—la miró, modulando su voz y facciones para mantener un aspecto neutral.—La información no está hecha para que todos lo sepan, por eso siempre habrán temas que desconozcamos—ablandó un poco la expresión de su rostro.—La omisión también es una forma de protección.

—P-pero...—Hinata se mordió el labio nerviosamente, empuñó la tela de la sábana con la que estaba siendo arropada.—¿A quién protege?

Tres simples palabras susurradas suavemente en forma de pregunta fueron suficientes para dejarlo sin una respuesta.

No lo sé.—Bueno, Hinata-san, quizás sea mejor que la deje para que desayune tranquilamente—se levantó, no sin antes haber terminado de acomodar y facilitarle la comida a la pequeña.—Y no se preocupe, el día de ayer nos hemos comunicado con su padre. En su casa habían estado preocupados cuando les contamos que fue encontrada desmayada en medio de las calles—sonrió levemente.—Me alegro de que se sienta mejor. Volveré cuando termine.

El Uchiha mayor salió apresuradamente de la habitación.

Hinata no tenía la más mínima idea, pero había desatado una bomba de dudas en el genio Uchiha. Demasiadas para poder procesarlas.


—No puedo creer todo lo que él estuvo planeando a mis espaldas—el humo que despedía la pipa arrugaría el entrecejo de quien tuviera la desdicha de respirarlo. En este caso, Shisui tuvo que hacer acoplo de todo su esfuerzo para que su rostro no reflejara la más mínima mueca de desagrado.

No entendía el placer que hallaban algunas personas por inhalar el humo de unas cenizas, y más si las mismas olían tan mal como seguramente estarían los pulmones del consumidor.—Deberías ir a recibir atención médica lo antes posible—comentó el tercer Hokage, frunciendo un poco el ceño ante el dolor que debería estar pasando su acompañante sin uno de sus ojos.—Cuando nos comentaste sobre tus planes, honestamente sentí que podía respirar mejor.

La ceja de Shisui estuvo muy cerca de discrepar con el resto de su cara, queriendo alzarse debido a la incredulidad. Los pulmones del Tercero debían estar tan o más jodidos que la situación dentro de su Clan, sin embargo, decidió que no era quién para opinar. Selló los labios, apretandolos lo suficiente para que ningún comentario se le escapase.—Eso no hace que desaparezca la culpabilidad que sentía—le dio la espalda a su acompañante.—Itachi solamente tiene trece años, tú quince. Es un poco irónico que siendo unos niños sean los únicos capaces de evitar una posible guerra civil—el tono de voz que empleaba el mayor sólo exteriorizaba la amargura de sentirse incompetente.—Mientras que yo, siendo el hombre con más poder dentro de la aldea no pude hacer nada—se volteó, mostrándole a Shisui una leve sonrisa afligida.—Si existió algo que pudiese rescatar y envidiar de Danzo, era su voluntad de hacer o conseguir lo que quería.

Si era totalmente sincero, no imaginó que el Hokage se tomaría la muerte de Danzo y su escuadrón tan a la ligera. El pobre debía estar realmente desesperado si aceptaba que el fallecimiento de su antiguo compañero y consejero era un daño colateral bastante justo.

Bueno, realmente a todos los que les concernía el tema del Clan Uchiha y velaban por el bien estuvieron desesperados. Incluyéndolo a él mismo.

—Sin embargo, ahora el tema que nos preocupa es si tu Sharingan está en buenas condiciones. Ya hablé con un Anbu médico informado del caso, él será el encargado de tu recuperación antes de que vuelvas a la residencia Uchiha.

Shisui asintió.—Hokage-sama, disculpe el atrevimiento, ¿Qué hará con los cuerpos?

—Incineración—Sarutobi apostó por un porte serio.—No existirán pruebas de que ya no están vivos—inhaló un poco más de su pipa.—Inventar una excusa acerca de su desaparición no será difícil, Danzo no era alguien muy apreciado por los demás. A nadie realmente le importará si desaparecen.

Hubo un corto silencio.—Sin embargo, me resulta curioso que Danzo haya puesto algún sello sobre los Sharingan para dejarlos inutilizables—una mirada perspicaz se fijó en el genio Uchiha.—Alguien con la soberbia suya jamás pensaría que habría cabida para su muerte a manos de otra persona, especialmente si sus planes estuvieron tan cerca de completarse.

Entonces no fue tan convincente decir que Danzo había sellado los Sharingan para evitar que volvieran a las manos del Clan Uchiha, específicamente de él e Itachi.—Probablemente siempre tuvo un porcentaje de pérdida en mente. O quizás tenía otros planes con el Sharingan que no deseaba que otros conocieran—se la estaba jugando mintiéndole al Tercero, pero jamás diría la verdad que envolvía la extraña muerte del inmoral consejero.

Sarutobi pareció pensarlo por un momento, manteniendo su postura.—Ciertamente es una posibilidad, de cualquier forma no tiene sentido seguir pensándolo. No lo sabremos incluso si lo resucitáramos de entre los muertos—hizo un gesto con la mano y sin mucho que esperar apareció un Anbu.—Es hora de regresarle la visión a tu ojo derecho—sonrió.—Creo en ustedes, jóvenes que son el futuro de la aldea y portadores de la voluntad del fuego.

Shisui hizo una pronunciada reverencia.—Cumpliremos nuestro deber y honraremos nuestra aldea—sabía lo que debían hacer, lo que él tenía que hacer.

Dentro del día de pasado mañana el Clan Uchiha realizaría su revolución.

Hoy, él acabaría con la misma.

Con un último asentimiento hacia el Hokage, dispuso su salida. Una vez con su ojo de vuelta, ya no habría marcha atrás.


El suave tarareo de una canción que desconocía simulaba como música de fondo en el lugar, llenando de algo de alegría el ambiente. Este podría ser un panorama común en cualquier familia de la aldea. La matriarca Uchiha estaba felizmente haciéndose cargo del almuerzo mientras su hijo mayor se hallaba sentado en el comedor, totalmente inmerso en sus pensamientos.

Itachi no podía dejar de pensar en lo increíblemente surrealista que estaba siendo aquella situación. La imagen tan alegre de su madre haciendo la comida no era algo que le fuese ajeno, sin embargo; hace mucho tiempo que no la apreciaba con tanta felicidad y brillo a su alrededor como ahora. Siendo más claros, desde antes del suceso con el Kyubi. Sabía que todo era obra de Shisui, la promesa que le había hecho hacía tiempo acerca del cumplimiento de sus planes finalmente cobraba presencia en las casas del recinto Uchiha.

Debería sentirse aliviado.

Realmente debería. Pero tanto tiempo con miles de pensamientos y posibles futuros no desaparecerían de la noche a la mañana. La ansiedad que le produjo el probable fallo de sus planes todavía recorría su cuerpo. Sintió tanta desazón cada vez que rebatía los ideales de su padre, tristeza y decepción mezclados con la determinación de hacer lo que fuera para preservar la paz dentro de la aldea. Dolía mucho tener que cargar con la pesada cruz de su Clan y la aldea sobre sus hombros.

Pero él se conocía a sí mismo muy bien. Él hubiera hecho cualquier cosa para evitar una guerra.

El solo pensamiento de conocer de lo que era capaz de hacer le provocaba tanto pánico que en ocasiones se quedaba sin aliento mientras su corazón se detenía. Tuvo noches en las que pensamientos oscuros merodeaban su mente, imposibilitándole el descanso que su cuerpo le exigía. Él era un Anbu, había hecho cualquier cantidad de atrocidades por el bien de la aldea. Su promesa de lealtad y amor hacia su lugar de nacimiento fungían como un soporte de estabilidad emocional. Pero este apoyo nunca lograba aplacar su aflicción en su totalidad.

Intentaba hacer a un lado la culpabilidad que roía su consciencia, haciendo oídos sordos a los gritos que provocó en sus víctimas. Ciego a la sangre que manchaba su ropa, y totalmente insensible al hecho de haber acabado con otra vida.

Intentaba, porque a pesar de ser denominado un genio a su corta edad y convertirse en líder de un escuadrón Anbu, no pudo evitar ver en sus sueños a su familia. Su cordura jugándole una mala pasada al mezclar su posición en ambos entornos, siendo los gritos de sus tíos y la sangre de sus padres los que taladraban su consciencia. Sabía que solo eran pesadillas, de las tantas que sufría desde que tenía cuatro años y presenció prematuramente los males de la Tercera Guerra Ninja. Pero ésta en especial fue muy vívida, tanto como para aún mantener una dolorosa punzada en su corazón.

No podría deshacerse tan fácilmente de todos los demonios que le acechaban. Era una carga demasiado grande para su alma como para desaparacerla sin más.—Oka-san, aquí están las fresas que me pediste—la llegada de Sasuke interrumpió sus pensamientos, agradeció mentalmente a su hermano. Su angustia estaba por desbordarse de su coraza exterior.

—Déjalas en la mesa, Sasu-chan—pidió la mujer. Terminando de picar las zanahorias y papas que usaría para el curry.

El niño obedeció el mandato de su madre, una vez haberlas puesto en su lugar se dedicó a observar a su hermano. Itachi no apartaba la mirada de las fresas recién compradas.

Sasuke quiso abordar a su hermano anoche, preguntarle y exigirle saber qué le estaban ocultando sus padres. Era evidente que su hermano lo sabía, pero al ver la expresión tan preocupada en su rostro cuando llegó, lo detuvo de cualquiera cuestionamiento, fue peor cuando notó que traía en brazos a su amiga. Entonces la angustia de su hermano fue multiplicada y traspasada a él en un instante.—¿Hinata está despierta?—preguntó, ansioso de ir a ver a su amiga y corroborar su estado.

—Itachi le llevó el desayuno—comentó la matriarca. La sutil preocupación manchando su voz—Después de comer, la pobre volvió a caer dormida.

—Qué raro—Sasuke torció sus labios. A pesar de la apariencia frágil de Hinata, él sabía muy bien que ella de débil solo tenía las hebras de su cabello. Era un poco extraño imaginar que ella estuviese enferma.

Mikoto sonrió.—He pedido permiso personalmente a Hiashi-san para que Hinata-chan se quede con nosotros hasta la tarde.

Ambos hermanos voltearon a verla con distintos grados de sorpresa tatuada en sus facciones.—Oka-san, no creo que sea muy buena idea…

—No es cuestión de si es buena idea o no—los observó preocupada.—Simplemente estaría mejor aquí.

Itachi alzó una ceja, extrañado por las palabras de su madre.—¿El Clan Hyuga aceptó?—No era desconocido para todos lo cuidadoso que eran con los portadores de su preciado Dojutsu.

—No—sonrió. Dejándolos sin habla.—Pero tendrán qué—Sin saber qué decir, ambos hermanos se observaron mutuamente. La actitud de la matriarca era excepcionalmente rara.

Después de unos minutos de estar revolviendo el curry, ella volvió su vista a sus hijos. Otra vez su mirada era nublada en preocupación.—Ayer después de que trajeran a Hinata-chan, vino un Hyuga.

Esto los exaltó.—Cuando Itachi la trajo desmayada porque la encontró camino a nuestra casa, yo avisé a la Casa Hyuga del paradero y estado de salud de Hinata-chan—torció los labios.—Vino un joven de cabello corto, Ko-san si no me equivoco. Él me suplicó que encontrara la manera de mantener a Hinata-chan fuera de casa.

Extraño, Itachi supuso que era quien vio en ocasiones caminar al lado de la niña por las calles de Konoha. También era el que la esperaba cuando él la llevó a casa en algunas ocasiones. ¿Por qué querría que su protegida estuviera en casa de otro Clan estando enferma?

Parece que su expresión fue lo suficientemente legible para que su madre lo notara, ella no dudó en continuar aclarando.—Él me comentó que los Hyuga no estaban nada complacidos con que Hinata-chan saliera del complejo sin permiso, todo empeoró cuando ella quedó inconsciente y desprotegida.

No era necesario hacer muchas suposiciones, conocía por encima las tradiciones del Clan Hyuga.—Hinata-chan intentó ser secuestrada hace un tiempo, temen que pueda suceder nuevamente y esta vez consigan lo que tanto han buscado.

Itachi ya sabía por dónde iban los tiros—El Byakugan—Mikoto asintió. Sasuke observaba todo en silencio, hundido en sus pensamientos.

—Quieren sellarla—y con ello, cualquier ruido mundano que existiese en el área se desvaneció. Un ambiente bastante incómodo rodeándolos, nadie se apreciaba particularmente feliz por la noticia.—Ko-san ha estado dialogando con Hiashi-san, quiere intentar convencerlo de que avale contra el consejo para que el sellado sea realizado cuando Hinata-chan cumpla la mayoría de edad.

Itachi alcanzó a notar cómo el cuerpo de su hermano se estremecía en ira, él mismo se sentía totalmente disgustado con la situación actual, podía ver que su madre también. Sin embargo, pensaba que no era algo en lo que ellos pudieran meterse.—Son despreciables—escuchó el murmullo de Sasuke, y no pudo estar más de acuerdo.

—Por eso se quedará con nosotros hasta que Ko-san venga a buscarla—frunció el ceño.—No se irá con nadie más que con él—dictaminó, volviendo a su labor de terminar el almuerzo.

Itachi luchó por no mostrar su ceño fruncido, apretó los puños que se escondían debajo de la mesa. Jamás pensó que su nivel de aborrecimiento se elevaría tanto hacia las costumbres de un Clan que no fuese el suyo.

A pesar de toda la pesadumbre que nublaba su mente, no olvidaba lo agradecido que se sentía con la pequeña ex heredera, aunque ella misma no estuviera al tanto de ello. Si la situación del Clan no fue a mayores era gracias a ella, y le inquietaba no poder ayudarla a evitar el sellado. Las costumbres de los clanes dentro de Konoha no podían ser rebatidas ni por el mismo Hokage, era una ley que protegía las tradiciones dentro ellos siempre y cuando las mismas no fueran perjudiciales para la aldea.

Cuando las mismas significaban un peligro para Konoha, el Hokage tenía permitido inmiscuirse en los temas de los clanes y abolirlas o modificarlas como mejor le parezca.

Sasuke se dio media vuelta, dando pasos fuertes hasta la habitación de Itachi. Tanto Mikoto como Itachi prolongaron el silencio en pro de pensar el caso con delicadeza.

Al momento de llegar a la puerta de la habitación donde estaba Hinata, Sasuke se debatió en si entrar o tocar y esperar a que ella le dejara ingresar. Decidiendo que por ahora no contaba con la paciencia necesaria para aguardar por una respuesta entró sin avisar, procurando mantener el silencio dentro de la habitación por si ella todavía andaba en el mundo de los sueños. Siendo la última opción la más acertada, se acercó a la cama hasta escuchar su suave respiración, sentándose en el borde para poder mirarla mejor.

Todavía lucía pálida, ella ya tenía una tez bastante clara, sin embargo en esos instantes no era favorecida con un aspecto sano. Su corto cabello se alojaba en la almohada, despeinado y dejando despreocupadamente su frente al aire. Centró su vista en esa parte, intentando imaginar el sello del que ella les habló hace no tanto. Les había explicado la razón del porqué su primo la resentía, algo que le pareció por demás estúpido viniendo de Neji. Ella no tenía la culpa de la forma en la que se regían dentro del clan, el chico solo buscó alguien a quien culpar y liberarse del odio que consumía su alma, bastante injusto si le preguntaban.

Tocó con delicadeza la frente de ella, su estómago se contrajo por la pesadez de pensar que su amiga sería tratada como un objeto por su propia familia. Cada día su desagrado hacia el Clan de ella crecía, la única que se salvaba a parte de Hinata era la hermana de esta y nada más por las historias que ella le contaba. El Clan Uchiha hasta donde sabía no era tan estricto como los Hyuga, y al menos la mayoría se trataban entre sí como familia.

Tantos pensamientos rondando por su mente le impidieron darse cuenta de que la Hyuga había despertado, sensor prendió cuando una mano se posó en la suya, apartando rápidamente el contacto que mantenía con la frente de ella.—¿Sasuke-kun?—él la miró, levemente preocupado.

—¿Cómo te sientes?—ella le sonrió, dándose cuenta de lo ansioso que estaba Sasuke.

—Estoy mejor, solo me sentía muy cansada, creo—Sasuke le devolvió la sonrisa, ofreciéndole su mano para ayudarla a levantarse.

—Oka-san ha preparado el almuerzo, hoy puede que te quedes con nosotros hasta tarde—ella lucía sorprendida, sabiendo el porqué de su reacción se adelantó a explicarle.—Ella ha obtenido el permiso de tu padre—mintió, aunque él confiaba en que su madre conseguiría que dejaran a Hinata quedarse.

—Está bien—todavía extrañada decidió seguir a Sasuke hasta el comedor. Notando que ya la comida estaba servida. Mikoto mostró una sonrisa al verla, animándola a sentarse con ellos.

—Hinata-chan, me alegro de ver que tienes mejor cara. Hoy he preparado una infusión especial para subirte las defensas—le entregó una taza, olía a diferentes hierbas medicinales.—Tómala después de la comida.

Con una pequeña reverencia agradeció su preocupación. En silencio empezaron almorzar, la comida estaba excepcionalmente deliciosa y Hinata se sorprendió a sí misma con bastante hambre. En poco tiempo devoró todo lo que había en el plato.—¿Deseas más?—preguntó Mikoto, a lo que asintió tímidamente.

Optó por detallar a los acompañantes que estaban en la mesa con ella, Sasuke jugaba con la comida en su plato, sin ver realmente el contenido de la comida. Itachi no la miraba y en cambio observaba la interesante tarea de su madre al servir otro almuerzo, tenía la impresión de que estaban evitando su mirada y no alcanzaba sospechar el porqué.

Cuando Mikoto terminó de servirle y volvió a la mesa con su plato agradeció el gesto, rápidamente buscó de nueva cuenta la mirada del mayor. Corroborando que el genio Uchiha no la tomaba en cuenta.

Le supo amargo caer en cuenta de la esquives que el mayor de los hermanos tenía con ella, entendió que quizás la conversación que tuvieron fue más incómoda que placentera para él.

Eso no evitaba que cierta punzada taladrara su pecho.

Sin embargo, el ambiente que les rodeaba era incómodo. Como si todos en la mesa se hubieran enterado de la muerte de una vecina bastante querida. Era tal la tensión que se sentía, que fácilmente podrías mover las manos y tocarla. Quería saber qué sucedía, pero el cansancio aún estaba acumulado en su cuerpo.

No entendía el porqué estaba tan agotada, antes ningún jutsu la había cansado hasta ese nivel y no recordaba haber estado entrenando hasta la muerte antes de ir al complejo Uchiha. A su manera de ver, no había sentido en la razón de su desmayo. Su cabeza palpitaba al momento de intentar ahondar en sus recuerdos, como si su mente se negase a darle a conocer qué sucedió antes de caer en la inconsciencia

La ignorancia del momento le impedía saberlo, pero su cuerpo la estaba protegiendo de sus memorias.

Conservando su inocencia un poco más.


Notas de autor: Wah, este capítulo me costó un poco escribirlo. No sé qué tan bien habrá quedado, espero que les haya gustado .

Me debatí mucho cuál sería el grado de trauma de Hinata al saber que había asesinado a alguien. No solo por los nervios es que su control de chakra se desvaneció (es por esto que terminó matando a Danzo), ella también supo en ese momento que había acabado con una vida humana.

Cuando una persona tiene un trauma existen varias formas para afrontarlos, en algunos casos hay recuerdos que bloqueamos temporal o permanentemente. La verdad no soy una profesional en el tema, así que pido perdón si el caso de Hinata no es lo suficiente realista.

A pesar de que Shisui logró evitar la masacre, la tensión aún no desaparece para Itachi. Estuvo a poco de ser orillado a una situación donde no sabría qué hacer.

Gracias a las personas que me dejan comentarios, me ha sorprendido ver tanto apoyo. De verdad, ¡muchas gracias!

Tambien espero que hayan podido disfrutar de esta actualización. Sé que hubieron algunas confusiones respecto a si Danzo había muerto o no, el sello desapareció por completo, así que sí, murió jajaja. Igual en este cap ha quedado bastante claro.

Bueno, muchas gracias por llegar hasta aquí, por favor déjenme sus opiniones para saber qué les pareció.

¿He dicho antes que detesto la aplicación de FF?

Nos leemos.