Capítulo 1

Por Jari

Nueva York, cinco años atrás.

El hospital estaba revolucionado. Las enfermeras y, también las pacientes, trataban de mirar a hurtadillas, y otras no tan a hurtadillas, al paciente que acababa de ingresar al área de urgencias. Corría el rumor de que era uno de los famosos consentidos del mundo del espectáculo. Todas y, algún que otro todo, querían confirmar si el rumor era cierto, pero nadie aportaba nada claro ni fidedigno.

En la sala de residentes, el revuelo no era menor. Pero aquí, una de las residentes, destinada al área de urgencias, traía información de primera mano.

— ¿Terrence Graham? —el chillido de incredulidad de una las jóvenes debió oírse hasta el ala de oncología, y eso que está ubicada en el otro extremo del hospital.

— ¿El famosísimo actor de Broadway?, ¿ese Terrence Graham? —preguntó otra con el mismo nivel de excitación.

— ¡Que sí!, ¡por dios, que incrédulas son! —la momentánea reportera se indignó ante el escepticismo de sus compañeras.

Unos lockers más adelante, Candice puso los ojos en blanco. A sus 23 años, sus prioridades están claramente definidas, y el chismorreo no entra en ellas. No si quiere aprobar el examen para la especialidad en Pediatría. No importa que falte mucho para eso. Hay que ser constante desde el inicio.

Su turno, que acaba de terminar, la deja molida todos los días. Y, por si eso fuera poco, debe llegar a darle duro a los libros de la residencia. Por fortuna, esta semana le toca el turno de la tarde, el menos pesado.

Terminó de guardar sus cosas en la barneybolsa y cerró con llave su casillero. Se despidió de sus compañeras, se dirigió a la puerta y enfiló por el pasillo hacia la salida.

Al día siguiente, después de cumplir con sus obligaciones de ama de casa soltera, se preparó para irse al hospital. Ese día pintaba tranquilo.

«Si es que se puede tener tranquilidad en el pabellón infantil», pensó sonriendo.

En ese momento salía de su casa para dirigirse a la parada de autobús, ubicado a tres calles del edifico en que vive.

Los niños, pese a lo que pueda creer la mayoría de la gente, son los mejores pacientes. Y también los más difíciles. Extraña contradicción, pero es así. En ocasiones, la inocencia con que aceptan sus fantasiosas historias, la hacen sentir una timadora.

Para que tomen sus medicamentos los encandila, diciéndoles que son las semillas del ermitaño que toman Goku y sus amigos en Dragon Ball. Que si quieren recuperarse pronto, y ser tan fuertes como ellos, entonces deben tomarlas.

Alcanzó a ver el autobús que estaba por llegar a su parada y apretó el paso hasta el punto de casi correr. Por fortuna para ella, había alguien más en la parada y le dio tiempo a encaramarse al armatoste. Éste la acerca a la parada del metro donde toma la línea que la deja a una calle del hospital. Una hora diaria de recorrido en la que, generalmente, aprovecha para ver material infantil, y no precisamente pediátrico.

Hoy toca ver un capítulo, o dos, de la "Princesa Sofía". La pequeña Danaé, a quien hoy debe realizarle unas pruebas, ama esa caricatura. Candice ha visto cuanta película infantil, animada y no animada, que ha salido. Son un excelente tema de conversación mientras ausculta y medica a sus pequeños.

Últimamente no dejan de hablar de "El Rey León", el nuevo musical de Broadway. Durante una de las visitas, el primo de uno de ellos, llegó emocionadísimo diciendo que había visto a simba. Presumió con pelos y señales como simba había acabado con su tío Scar y les mostró un video, que la madre había hecho con el celular, de uno de los temas del musical.

«Si pudiera, los llevaría a todos a verlo, sería maravilloso ver sus caritas llenas de emoción mientras cantan», pensó con un desganado suspiro.

Desde hace días tiene el gusanito de ir al teatro y contrabandearse una buena cámara de video. Tendría que ser muy cuidadosa y tener un excelente asiento desde el que pudiera grabar todo el espectáculo. Total, si ellos no iban al musical, el musical bien podía ir a ellos.

El capítulo de la "Princesa Sofía" terminó dos calles antes del espectacular que le avisa que su parada está próxima. Guardó la pequeña tableta que usa para ver los videos y se levantó rápidamente, antes de que el conductor pasara de largo.

Cuando llegó al hospital, una vez se hubo cambiado, se dirigió al ala de pediatría. Ahí, el ambiente, generalmente bullicioso, estaba lleno de susurros. Extrañada, Candice se dirigió a una de las habitaciones. Su mente barajaba la posibilidad de que, durante su ausencia, algún pequeño dejara el hospital. Y no precisamente para irse a casa. Un escalofrío le recorrió al pensar en James, secretamente su favorito, enfermo de riñón a la espera de un milagro llamado donante.

James es fanático de Dragon Ball y "La era de hielo". Ama a esos personajes y por él surgió el truco de "la semilla del ermitaño" que da a todos los niños. Respiro profundo y se preparó para lo peor. Empujó la puerta y, las cabezas inclinadas en plan de cuchicheo de Dafne, James y Felicity, fueron un gozo para su corazón. Los niños estaban apiñados en una cama pegada a la pared, en la esquina izquierda de la habitación; la cama de James.

— ¡Hey!, ¡insectos!, ¿qué tanto traman? —les habló poniéndose en modo Vegeta, aman cuando imita al príncipe saiyajin—, ¿acaso piensan, que unos insignificantes terrícolas, tienen alguna oportunidad contra mí? —prosiguió, golpeando levemente su pecho.

Concentrada en su personaje, no notó que los niños echaban miradas de reojo a su derecha, a la cama junto a la puerta.

— ¿Tomaron hoy sus semillas del ermitaño? —preguntó caminando hacia ellos—. Recuerden que esas semillas no son para cualquiera y si el inepto del maestro Karim se entera que se las estoy dando… —a propósito hizo una pausa, en espera de sus efusivas afirmaciones. Dafne y Felicity emitieron unas tímidas risitas nada propias en ellas.

Escuchó un carraspeo a su espalda, el tipo de carraspeo que haces cuando quieres ocultar, sin éxito, que te estás riendo.

—Eh Vegeta, a mí no me han dado las mías —sobresaltada se dio la vuelta, a tiempo de ver la expresión risueña del ocupante de la cuarta cama de la habitación y que, hasta ayer, estaba vacía.

Avergonzada ante la conciencia de que un hombre —un hombre bastante alto a juzgar por la manera en que sus pies sobresalen de la cama— había sido testigo de su infantil comportamiento, sintió enrojecer hasta las uñas de los pies.

«¿Qué hace un paciente adulto aquí?, ¡rayos!, debí pasar por el puesto de enfermeras antes de venir a saludar a los pequeños».

Abochornada hasta lo indecible, se aclaró la garganta y se dispuso a presentarse ante el paciente que, detrás de la venda que sólo dejaba parte de su rostro a la vista, la miraba con ojos llenos de diversión.

—Lo siento, aún no empieza mi turno y no me he puesto al día con los ingresos —comenzó disculpándose. Estaba por presentarse cuando una de las nenas habló.

—Candy —la llamó Dafne.

—Dime, cariño —respondió, agradecida por la distracción que la niña le ofreció.

— ¿Es verdad que él es simba? —preguntó la pequeña en cuanto tuvo su atención.

Pocas veces se queda sin saber que decir y ésta fue una de ellas. ¿De dónde habían sacado eso los niños?, el tema del musical se le estaba yendo de control. Pero era su culpa por fomentar la, de por sí, fantasiosa mente de los pequeños. Optó por responder con otra pregunta, con el fin de ganar tiempo.

— ¿Quién te ha dicho eso? —preguntó en tono conspiratorio, acercándose más a ellos. Si algo había aprendido es que el modo soy tu cómplice, nunca falla.

—Escuchamos a una de las enfermeras —respondió James con sus ojos castaños llenos de recelo.

—Sí —corroboró Felicity, la más traviesa de los tres—, dijo que no le importaría que este león se la comiera —concluyó mirando fijamente al supuesto simba.

Totalmente avergonzada por lo que la niña había dicho, Candice evitó mirar al presunto felino.

—Felicity le preguntó si era verdad que es un león —informó Dafne bajando un poco la voz.

—Y él dijo que en las noches se volvía simba —continuó James la explicación, en su voz se escuchaba el tono acusatorio, sin importarle que el acusado le escuchara.

— ¡Pero no es verdad! —el tono indignado de Felicity hizo reír al paciente desconocido.

Indignados, los niños clavaron sus irritadas miradas en el simba pirata quien, sin dejar de sonreír, les guiñó un ojo.

— ¿Y cómo lo supieron? —Candice fingió asombro y, de pie frente a su cama, los miró expectante.

Los pequeños, excitados por su aventura nocturna, respondieron todos a la vez. Lo único que entendió, de esa cacofonía emocionada, es que habían permanecido despiertos.

—Espiamos toda la noche —sobresalió la voz de James.

—Sí, no dormimos nada. No cerramos los ojos ni una vez —confirmó Felicity orgullosa.

—A veces rugía y nos dio mucho miedo —dijo Dafne, hincándose en la cama para abrazarse a Candice —creímos que iba a trans, trans, transmomarse —irritada completó la frase con esa palabreja que tanto le costó decir.

—Estuvimos esperando la luz pero no pasó nada —la decepción pintó la carita demacrada de Felicity.

— ¿Luz?, ¿qué luz? —la pregunta vino de parte del objeto de estudio de la conversación.

—La que sale cuando te trans trans…

—Transformas —ayudó Candice a Dafne.

— ¡Eso! —corroboró Dafne con una sonrisa de adoración que calentó el corazón de la rubia residente.

— ¡Pero es que no sale ninguna luz! —afirmó el supuesto rey de la selva.

— ¡No es verdad! —Intervino Felicity—. James dice que siempre se ve una luz —miró al aludido como si fuera la máxima autoridad en transformaciones.

Candice intuyó que ahora vendría un debate sobre todos los personajes que, cada vez que sufren una transformación, emiten una luz cegadora. Consultó su reloj, tenía escasos diez minutos para ir al puesto de enfermeras a recoger su tabla de pacientes y recibir las indicaciones de la jefa de residentes.

—Niños, niños, por favor, dejemos a su compañero de cuarto descansar —detuvo el asunto antes de que se saliera más de control—. Pórtense bien o no habrá película hoy —les advirtió poniéndose seria.

— ¿Podemos ver Frozen? —pidió Dafne soltando el abrazo para volver a su cama.

—No, otra vez no —protestó James—, ya la hemos visto muchas veces —continuó, cruzando los brazos, enfurruñado.

—Amigo, nosotros podemos ver alguna para hombres —el nuevo metió su cuchara, ganándose una recelosa mirada de Candice y una llena de interés por parte de James.

Ayudó a las niñas a acomodarse en sus respectivas camas y se despidió dejándoles un suave beso en la frente a cada uno.

—Volveré en un rato —dijo desde la puerta.

— ¿Y para mí no hay beso? —la burlona voz del falso león la crispó.

—Te lo tienes que ganar —contestó James por ella—. Si no nos portamos bien no nos besa —explicó el niño.

La Candice del presente, sonrió mientras recordaba la impertinencia de su ahora marido. La primera de muchas durante su estancia en el hospital. Recordar ese episodio le había hecho bien a su corazón. Con el teléfono en la mano consultó la hora, las seis de la tarde y ningún mensaje todavía. Abrazando a la almohada, se resistió a llamarle.

«¿Dónde estás?».

A estas alturas ya está más que consciente de que, el terremoto en Los Ángeles, no había sido un sueño.

En su interior casi prefiere la falta de noticias. Conforme pasa el tiempo, la posibilidad y el temor a que éstas no sean las esperadas aumenta.

Entretanto, seguiría mimándose con los recuerdos. Recuerdos impregnados de amor y esperanza.

continuará...

¡Hola!

Estoy muy sorprendida —y feliz— por la cálida bienvenida que dieron a esta historia. Lo cierto es que no pensé que, en tan poco tiempo, tendría una respuesta tan contundente jaja.

Gracias por todos sus comentarios. A las chicas que tienen cuenta, perdonen que no he respondido a sus reviews, intenté hacerlo pero FF tuvo problemas y no pude. Prometo sacar el tiempo para responderlos.

Ahora bien, referente a sus dudas:

1.- ¿Es Terryfic?

¡Pues Claro!. ¡Soy Terrytana!, y de las incorruptibles xD

2.- ¿Es la misma historia de la GF 2016?

Sí, es la misma. Acabo de desempolvarla, gracias a Becky7024 que me hizo recordarla.

3.- ¿Quién es el esposo de Candy?

Ya la respondí en la 1 jaja. Amrica Gra, espero que no te hayas infartado.

4.- ¿Cuándo serán las publicaciones?

Bien. Bandolero lo estoy publicando todos los sábados. Yo que más quisiera que publicar ésta también cada semana, pero como no puedo... nos vamos a estar leyendo cada quince días, los sábados. Es decir, un sábado sí, un sábado no. Estamos a jueves, lo cual quiere decir que el capítulo 2 lo tendrán el sábado 20 de mayo. El capítulo 3 el 03 de junio. Y así en lo sucesivo. Cuando terminemos de publicar Bandolero o bien, cuando termine de escribirla, pasaremos a publicar todos los sábados.

Y ahora una última petición a las 30 que comentaron:

¡NO ME DEJEN SOLA!

Con un comentario pequeño, que me indique que siguen ahí, me basta.

Y a todos los que no comentaron:

¡COMENTEN!, bueno, si quieren, jajaja.

Un beso.

Jari.