¡Holas! Aquí traigo el segundo capítulo de esta historia, se que me tardé bastante, procuro tener consistencia con respecto a mis historias, pero la vida siempre tiene otros planes. Pero aquí está el nuevo episodio, ¡Espero les guste!
Capitulo 2- Vida en la espiral
En una gran mansión en la cima de la colmena una brisa fresca dio contra el rostro de una joven de cabellos dorados, la cual dormía en una cama ancha y cómoda cubierta por mantas frondosas y cálidas. Los vientos le hicieron abrir los ojos, zafiros penetrantes de brillaban tal que casi opacan la belleza de sus finas facciones. La joven frenéticamente llevó su mano bajo la almohada suave y mullida con la que apoyaba su cabeza, sacando de está un arma de fuego ligera. La rubia se levantó de su letargo e instintivamente disparó hacía su ventana, fuente de la brisa. El disparo causó estruendo en la habitación, seguido de un quejido femenino que derrumbó el velo que hacía a la intrusa en el cuarto invisible y la hizo caer al suelo, muerta. La joven concentró su audición, atenta a lo que sus orejas puntiagudas y finas le revelen.
Detectó un ruido detrás de ella y con una gran velocidad llevó su arma hacía atrás y disparó a la nada, acertando a un segundo intruso tras ella. Se relajó, pues los asesinos siempre solían venir en pareja. Miró a su mesa de noche donde una lámpara se encontraba, luego se estiró y presionó un botón oculto bajo esta, lo que activó un alarma en toda su residencia.
Pasarían unos minutos antes de que los guardias lleguen, tiempo que aprovechó para detallar a las autoras del fallido atentado contra su vida. Eran dos mujeres altas, cubiertas en su totalidad con un traje negro flexible y equipado con un velo de invisibilidad, portaban máscaras de calavera para tapar sus cabezas y portaban cuchillas en sus cinturas. La joven notó algo mas, un tubo pegado a sus espaldas que emitía pitidos de luz, luego saltó lo más rápido que pudo hacia su puerta, la abrió de golpe y la cerro justo antes de que dichas bombas detonaran en una explosión, finalmente se lanzó al suelo y se cubrió los oídos mientras que su alcoba se bañara en llamas.
Miró al frente de ella, donde yacían los cadáveres de los guardias previamente encargados del cuidado de su habitación, asesinados por cortes certeros a sus yugulares. Poco después aparecieron unos hombres vestidos en armaduras plateadas y armados con rifles, eran los guardias de la joven, quienes se dispusieron a cubrir un perímetro en el pasillo donde se encontraba la joven mientras que uno, que portaba una insignia de color púrpura, se acercó a atenderla.
- ¿Mi señora, está usted bien?- Dijo con voz femenina su guardaespaldas mientras le tendía la mano para que se levantara.
- ¡¿Como estaré bien mercenaria de cuarta?!- Gritó con claro enojo- ¡Me acaban de lanzar un atentado mientras ustedes dormían en el trabajo!-.
- Lo lamento mi señora, sobrepasaron nuestra detección- Se disculpó la mujer.
- No me digas, llama a mi padre a una audiencia, esto no se quedará así- La joven estaba claramente furiosa cuando se dispuso a caminar con paso seguro por los pasillos de la gran mansión- Ah, e Impa-.
- ¿Si mi señora?- Contestó la guardia.
- Rápido Impa, quiero que se me prepare una habitación, y esta vez quiero el doble de guardias- Respondió Zelda sin siquiera mirarla.
- Si, mi señora, y si me permite agregar...- Intentó decir la morena, Zelda prestó un mínimo de atención- Tenga… Es una reliquia de mi pueblo, se me fue entregada como amuleto, le dará buena suerte- Dijo presentándole un collar con una joya, una piedra preciosa y azul que parecía brillar con luz propia, la princesa la miró un momento y sin mucho interés la tomó entre sus manos.
- Mi señora, le serviría mejor si usted se la pone- insistió Impa. Zelda la miró con sospecha un momento, pero se la puso sin prestarle más atención.
- Recuerda que eres mi guardia personal- Dijo firmemente la joven- No olvides que tienes una deuda pendiente conmigo, Sheikah. No me vuelvas a fallar- Dijo antes de proseguir a la sala de audiencias-.
- Si, mi señora, no le volveré a fallar- Afirmo finalmente la mujer con la cabeza gacha.
La joven entró finalmente a una gran sala, ella personalmente había ordenado la realización de una reunión en medio de la noche, a pesar de estar incluso ella en pijamas, ella no dejaría que el intento de asesinato quedara impune. Ella era Zelda, heredera de la familia Hyrule e hija mayor del rey Daphness Nohansen Hyrule, princesa de Hyrule. La colmena era gobernada por dicha familia desde hace cincuenta generaciones por elección de la cámara de lores, precedida por los líderes de todas las familias nobles de la colmena, quienes a su vez administraban cada uno un sector de la ciudad como mejor le parezca. Sin embargo no todos los miembros de la cámara de lores era un dueño de sector, pues un puesto representativo era dado a diferentes castas, las cuales incluían a la santa orden de las Gerudo, quienes profesaban y hacían profesar la fe al dios Ganon, a la orden de los mecánicus, casta de ingenieros y científicos que mantienen el control sobre la tecnología en Hyrule, mientras que finalmente estaba la santa Inquisición, independientes pero aliados de las Gerudo ellos eran la policía secreta.
Esto hace que la ciudad colmena sea una monarquía feudal, donde todo el poder de la familia gobernante era decidido únicamente por el resto de la nobleza. Todos los nobles vivían en la cima de la colmena, las espirales, lejos de los gases tóxicos de la baja colmena, así como la brutalidad y opresión que ahí abajo son la norma. En las espirales el aire era fresco y la vida de aquellos que gobernaban a los de abajo era una de auténticos lujos y muchas veces excesos.
Y allí estaban todos, en la cámara donde la asambleas de lores eran llevadas a cabo. Por ley el regente y/o sus herederos podía pedir este tipo de asambleas en caso de estado de emergencia, y a pesar de el rechazo de algunos ésta era una. Algunos seguían desorientados por ser llamados a tales horas, mientras que otros murmuraban entre ellos, todos estaban organizados en asientos designados semicircularmente y frente a un trono central designado para el rey, frente a dicho trono estaba Zelda con los brazos cruzados y aún vestida en pijamas con el ceño fruncido, esperando a su padre para dar inicio a la reunión.
- ¡Lores y representantes de Hyrule, su majestad Daphness Nohansen Hyrule está en la sala!- Expuso un guardía, todos los lores y nobles se levantaron en señal de respeto por la presencia del rey.
Un par de criadas entraron a la sala, una empujaba una silla de ruedas metálica mientras la otra empujaba una gran maquina de la que salían una gran cantidad de cables. Sobre la silla estaba sentado el rey, quien tenía la vista apagada mientras todos los cables de la máquina estaban conectados a su cuerpo, luego las criadas acoplaron la silla al trono, que la elevó para sentar al rey en este, conectado permanentemente a un soporte vital. El rey vivía de esta manera desde hace años, cuando entonces durante una guerra contra la ciudad rival de Holodrum el rey fue herido de gravedad mientras defendía la colmena del asedio del enemigo, esto lo dejó permanentemente en soporte vital, condenado a gobernar sus dominios en un estado casi vegetativo.
- Da por comenzada la reunión- Balbuceo débil y ronco el rey.
- Padre- Comenzó la princesa- Esta misma noche se realizó un atentado contra mi propia vida, solicito que se abra inmediatamente un juicio ante el responsable-.
Un silencio incómodo se alza ante la afirmación de la princesa, seguido de murmullos entre los nobles. La princesa se quedó parada y con la mirada alta, esperando la palabra de alguno de ellos, lo que ocurrió fue justo lo que esperaba.
- Hermana, lamento mucho tu periplo, ¿Pero no asesinaste tu misma a las responsables ya?- Dijo un joven de cabellos rubios y ojos azules de brillo semejante al de Zelda, era su hermano menor Daphness, nombrado a nombre de su padre. El era el único hermano de la princesa y tan solo dos años menor que esta.
- No es necesario fingir incredulidad hermano- Lo encaró la princesa con indignación ante su condescendencia- Como ustedes nobles saben, la ley del reino me obliga a mi como hija mayor de su majestad a casarme con el heredero de una de sus familias para coronarlo rey. Tras los debidos procesos, estamos actualmente en la selección del definitivo entre tres para desposarme y ser coronado rey-. La princesa hizo una pausa tras recapitular los acontecimientos concernientes a su matrimonio y coronación, revisando que tuviera la atención de todos en la sala.
- ¿Con que objetivo nos hace recordar esto, su majestad?- Preguntó de entre las sillas un hombre bonachón, regordete y con un pronunciado bigote, pelirrojo como sus cabellos. Él era lord Lotah Sarinhos, gobernante del sector de Kakariko.
- No es una locura, lord Sarinhos. Cualquiera de las facciones, cuyo prospecto no fue elegido, estaría dispuesto a truncar el proceso de transición en pro del caos a su beneficio- Afirmó Zelda, esta vez causando conmoción en la asamblea.
- No entiendo, hermana. ¿Como podría haber caos si aún quedaría mi persona para heredar el trono?- Interrogó Daphness a la rubia.
- ¡Te recomendaría que te guardes tu palabras, Daphness! No olvides que apenas tienes 15 años, muy joven para heredar el trono, debes llegar a los dieciocho para ello- Impuso Zelda a su hermano.
- ¿Hermana, no te parece que estás creando una gran conmoción por esto? Estás fuera de ti haciendo estas afirmaciones ante los lores- Afirmó Daphness con condescendencia.
- Estoy perfectamente en mis cabales, Daphness, y en lo que a mi respecta, perfectamente podría tu tener interés en volverte rey- Acusó Zelda.
- ¡Que locura!- Calificó el príncipe las afirmaciones de su hermana- Estimados lores, a pesar de mi corta edad, no estoy tan ciego por las aspiraciones de poder como para querer asesinar a mi propia hermana, claramente sigue en shock por lo sucedido- Expuso, esta vez hablando a los nobles ahí reunidos.
- Pues que mi padre decida como enfrentar esta cuestión- Dijo la princesa con suma molestia, volteando a ver a su padre, quien apenas podía mantenerse despierto.
El rey bajo la cabeza un momento, respirando pesada y lentamente. Luego aclaró su garganta y hablo con voz ronca y débil.
- Se abrirá una investigación sobre los hechos, al no saberse de algún otro actor intelectual, por ahora solo se doblarán las guardias-.
Sin más puntos a tratar, dio por terminada la reunión, los nobles salieron de la sala, seguidos entonces de la familia real. Daphness salió de la sala sin dar palabra a alguna a su hermana, dejando a la joven mirándolo con rencor.
La animosidad entre ambos venía de hace años, desde la muerte de su madre cuando eran apenas unos infantes. Luego de ello fueron separados durante varios años, Zelda fue enviada a la iglesia de las Gerudo, donde recibió educación religiosa y de temas relevantes relacionados con administración publica, política e historia. Por su parte, Daphness recibió la misma educación, pero desde la academia de oficiales, formándose en la tradición marcial. Luego de años separados se volvieron a ver luego de que su padre sufriera sus heridas, ellos ya estaban crecidos y tenían aspiraciones propias. Zelda deseaba asumir el trono como estaba destinada a hacerlo, mientras que Daphness debía mantenerse a un lado como general de las fuerzas armadas de Hyrule, y ahí fue cuando chocaron en su manera de pensar, Zelda tenía ideas de cambio, Daphness era mas tradicionalista, ella se abstenía a la ley y se manejaba desde ella, Daphness era más pragmático y procuraba solamente no romperla en pleno, ella era una civil, el era un militar. Pero ahora estaban allí, con ella sospechando un complot en su contra mientras el negaba toda relación, lo único que los unía era su sangre, pero ya no se veían como hermanos.
Zelda salió de ultimo de la sala, siendo recibida por su Impa, quien la esperaba a un lado de las puertas. Impa era de una etnia perdida en el tiempo, gente de piel morena, ojos rojos y cabellos blancos, sin embargo la leyenda cuenta que dicho pueblo cometió un crimen contra Ganon, uno imperdonable que hizo que fueran degradados a la baja colmena y sin posibilidad de ascenso como otras etnias. En el caso de Impa, fue Zelda quien decidió contratarla luego de una visita a la baja colmena, donde su hermano intento robar una joya real y fue apresado, en lugar de ejecutarlo, Zelda decidió contratar a la morena y obligarla a trabajar en la guardia como su subordinada, todo a cambio del bienestar de su hermano.
- Mi señora- Dijo Impa haciendo una reverencia.
- ¿Preparaste la locación como te dije, Impa?- Preguntó la rubia a su cuidadora, a lo que ella asintió- Bien, llévame inmediatamente, deseo descansar aunque sea un poco, y procura que no te pase otra mosca bajo la nariz- Advirtió.
- Si, mi señora- Dijo Impa
Las dos mujeres se encaminaron hacia los nuevos aposentos de la princesa, era una técnica común para los nobles el tener varios dormitorios en caso de una amenaza a su persona, y ya Zelda era experimentada en esta, pues el castillo de la espiral tenía designadas diversas habitaciones secretas con este mismo propósito. Impa preparó una habitación cuya entrada estaba cerca de las celdas térmicas, unos ductos que dirigían energía térmica desde la subcolmena hasta la espiral y proveía a la Colmena entera, estas celdas llegaban hasta los niveles inferiores de la espiral, lejos de las residencias de otros nobles y la escena política.
Dieron vueltas aparentemente erráticas a través del laberinto de metal, subían escaleras, bajaban, abrían puertas y regresaban al punto donde empezaron. Esto no era casualidad, pues era el protocolo que ambas tenían planificado para poner a Zelda a salvo, mareando a posibles perseguidores antes de llegar al refugio donde esta se hospedaría hasta descubrir la trama contra ella.
Eventualmente llegaron a una cámara aislada, lejos una escondida a la simple viste. La habitación es un dormitorio sencillo, uno preparado por Impa a orden de Zelda para casos así, donde su vida estaría en peligro. Zelda en si no esperaba el intento de asesinato que recibió esa misma noche, pero conociendo las típicas tramas y conspiraciones entre la nobleza de Hyrula ella supo que posiblemente tendría que pasar. Zelda caminó al centro de la habitación y la examinó, tenía una cama sencilla, una peinadora, un armario y una mesa de noche con una lámpara. Ciertamente era una habitación indigna para una miembro de la realeza como ella, pero no sintió la necesidad para quejarse, pues era necesario y esperable pasar por ello en esta situación.
- Déjeme indicarle las utilidades de este cuarto, mi señora- Solicitó Impa, recibiendo un gesto de aprobación por parte de la princesa- En la mesa de noche tiene usted un arma sencilla, adornada con los símbolos y tocados que el arma de una noble de su nivel debe portar. En bajo la peinadora tiene usted un compartimiento con provisiones para usted en caso de que tenga que pasar mucho tiempo acá, las raciones fueron preparadas por un chef ya ejecutado para evitar huellas y las comidas son variadas y de su gusto. Por último, en el armario hay un conducto que lleva fuera de estas profundidades, al exterior de la espiral, tiene preparado un traje contra la radiación, pero igual le recomiendo solo usar dicho conducto en casos de extrema necesidad, pues esta cámara ya es segura por si sola-.
- Es segura solo mientras este oculta, Impa- Corrigió Zelda- Y me parece correcta, hiciste bien Impa, ahora necesito que me dejes a solas, pues deseo descansar-.
La mujer mayor estaba dispuesta a dejar la cámara, pero apenas se dio la vuelta se detuvo en seco cuando escucho algo, un pitido leve. Se dio la vuelta y observó a la princesa, quien prestó atención a la mirada de sospecha de su guardiana, al principio le dedico una mirada incrédula, pero luego su expresión lo dijo todo, algo iba mal.
- ¿Que ocurra, Impa?- Pregunta Zelda
- Escuche mi señora, hay algo fuera de lugar aquí- Dijo la Sheikah
Examinando la habitación, buscando la fuente de dicho pitido, sus ojos pasaron por cada rincón, hasta que estos se detuvieron en la princesa, más específicamente bajo la falda de su vestido. La mujer se acercó y sin dilaciones ni pedir permiso revisó a la princesa a pesar de su rechazo, revisando bajo su falda hasta encontrar una pequeña bola metálica, apenas del tamaño de un mosquito y que emitía un pitido casi imperceptible.
- ¡¿Que es eso?!- exclama la princesa, aún indignada por el descaro de su guardiana.
- Un rastreador- Dijo examinando el objeto- Debieron colocárselo cuando irrumpieron en su recámara, este sitio no es seguro ya, debemos...- Fue interrumpida por una explosión en la puerta de la habitación
Impa saltó instintivamente hacia adelante, tomó a la princesa en sus brazos y la cargo al otro lado de la cama, giró la cama para poder usarla de cobertura, desenfundó dos pistolas de munición incendiaria y disparó sin titubear a la puerta. Dos cuerpos cayeron uno tras el otro, eran más asesinas, las habían seguido y plantaron un explosivo para derribar la puerta mientras las dos mujeres conversaban en la habitación. La mujer madura chequeó rápidamente a la princesa, estaba en shock por lo rápido que iban las cosas, su respiración se había agitado y sus manos temblaban, ciertamente nunca había vivido un tiroteo, pues estaba acostumbrada a la violencia silenciosa pero certera que suelen utilizar las asesinas a sueldo.
Una lluvia de balas comenzó a bañar la habitación desde la puerta, Impa no puedo responder y eso dio la oportunidad a un grupo de tres agentes a entrar a la habitación. La mujer no se quedó de brazos cruzados y decidió disparar sin ver desde la cobertura de la cama, lo que hizo que las intrusas se tiraran al suelo por precaución. Impa aprovechó la conmoción y tomó una de sus granadas de humo y oscureció el cuarto, cargo a la princesa con un brazo y corrió al armario, donde rápidamente abrió la compuerta del conducto de escape y lanzando a la princesa por este seguido de ella misma.
El dúo se deslizó por una resbaladiza, bajando aún más en las profundidades de la espiral, casi al borde que la separaba de la media colmena, donde la clase media de administradores, soldados y mercaderes solía residir. La princesa llegó a una habitación cayendo sobre una colchoneta que detuvo su deslizar, detrás de ella llegó su guardiana, quien no dejaba de disparar a través del túnel por donde venían sus perseguidoras. Zelda revisó rápidamente la habitación, tenía un ducto de refrigeración y una ventana por donde el calor y los residuos salían a la atmósfera.
- Mi señora, a su izquierda hay un traje anti-radiación, hay un pase por la ventana, úselo para escapar- Dijo Impa señalando el traje.
- ¿Que hay de ti?- Dijo Zelda- No podrás pararlas para siempre-.
- Mi deber es sacarla con vida, mi señora- Contestó la Sheikah con seriedad, ella estaba asumiendo su destino.
Sin embargo, sus planes fueron truncados por un disparo que vino desde la ventana. Zelda se lanzó de inmediato al suelo, mientras que Impa se ponía a cubierto y se acercaba a la ventana. Para dolor del par de mujeres, los agentes sicarios habían anticipado el escape por la ventana, por lo que movilizaron una Valkiria, una aeronave de soporte táctico y ofensivo, que disparaba desde sus ametralladoras ráfagas hacia la zona donde Zelda e Impa se refugiaban, cortando toda ruta de escape posible.
- ¡Mierda, Ya no hay escape!- Masculló Impa, disparos comenzaron a venir del ducto, por lo que esta tuvo que moverse rápidamente a la entrada para repeler los ataques de sus perguidores.
Zelda se apegó a un rincón y rodeo sus piernas, ¿Realmente sería el fin? No había escapatoria, y ciertamente la persona que la mandó su asesinato tenía el poder de salirse con la suya en estos momentos. Pensó en su hermano, ciertamente debía el estar involucrado y eso le causaba rabia, era su destino heredar el trono de Hyrule, no el de el. Miró entonces al tubo de refinación, sabía que estas tuberías transportaban energía de la tierra misma, y que pasaban por toda la colmena de arriba abajo. Ahí ella vio una oportunidad, tenía pocas posibilidades, pero no iba a permitir que su hermano pase por encima de ella.
Ella se levantó y tomo el traje anti-radiación, se tomó el tiempo de ponérselo. Impa intentaba asegurar su posición, pero le quedaban pocas municiones y no resistiría mucho tiempo más. Esta vio incrédula a la Princesa, ¿Acaso pensaba salir a morir? Más fue su sorpresa cuando esta se acercó a ella y le extendió su anillo, símbolo de la familia real desde su fundación.
- Impa, si sales de aquí viva ve a la prisión de tu hermano y muéstrales esto- Dijó Zelda mirando con seriedad a su guardiana- Di que por orden mía el debe ser liberado. Ya no te necesito, tu deuda está saldada-.
- ¿Pero que dice, mi señora? No me diga que piensa matarse- Dijo Impa sin creerse la actitud de Zelda.
- No lo se Impa, pero solo tengo una alternativa- Contestó volteando a la salida de la tubería y acercándose, ahí Impa entendió sus intenciones.
-¡No mi señora!- Advirtió Impa- Podría morir de calor, o peor aun, quedar en la...-.
-¿La Subcolmena?- La interrumpió Zelda- Lo se, pero es una oportunidad-
-¡Espere!- Exclamó Impa extendiendo su mano, intentando detener a su ama.
Pero fue muy tarde para la Sheikah, pues Zelda ya había saltado al vacío, comenzando una larga caída a la incertidumbre. Mientras ella caía, su collar brillo en destellos brillantes, formando un símbolo: tres-media lunas, pegadas una con la otra en un triángulo, con tres círculos en los vértices. Además, en su mano derecha brillaron tres triángulos, dos abajo y uno arriba formando a su vez un triangulo más grande, de los tres resaltaba el inferior izquierdo.
Una burbuja comenzó a formarse alrededor de la princesa, la cual no daba explicación a lo que pasaba, mas no le importó, lo único que importaba era que le esperaba una prueba muy difícil. Ella tenía una gran inteligencia y tenía la sabiduría de todos los monarcas anteriores a ella, por lo que a toda costa iría a prevalecer...
Continuará...
Próximo capítulo: El destino de los indeseados
