¡Saludos! Gracias por su paciencia, aquí les traigo la siguiente parte de esta historia, siendo el turno de Zelda de tomar el centro nuevamente.

Agradezco a Jovat por su reseña del primer capítulo y el follow, espero que esta historia sea de tu agrado, pues muchas cosas están en el horno en este momento. Por cierto, aunque no me inspiré directamente, si leí 1984. :)

Espero que este capítulo sea de su gusto, ¡No olviden dejar su review con sus pensamientos! Realmente con una de las razones por las que sigo con esta historia. Bueno, sin más que agregar, ¡Disfruten!

Capitulo 6: Consolidando facciones

Horas pasaron desde su escape, los camiones que los transportaban se detuvieron frente a las ruinas de derrumbados rascacielos, momento en que Ragnas se bajo con una pistola en sus manos, observando a su alrededor para corroborar que estaban solos en ese lugar. Detrás de ella se bajó Salma, quien cubría las espaldas de la princesa en todo momento, quien una vez concluyó que estaban solos, dio una señal al resto de ordonianos en que podían bajarse a descansar.

Zelda contó el grupo con el que contaba, incluyéndola, eran treinta y tres personas, todos hombres y mujeres de edades jóvenes, pues el más viejo no debía pasar los treinta. La princesa frunció el ceño un poco, ya que ahora debía ser responsable de un grupo de sobrevivientes, nada acorde a su plan original, que consistía en encontrar una de las muchas fronteras con la baja colmena, de tal forma que podría llamar la atención y ser llevada de vuelta a la Espiral.

Peor ahora todo era diferente, estaba acompañada, tenía a los remanentes de todo un pueblo con ella, gente para nada preparada para supervivencia en la subcolmena, además de que si regresaba a la colmena, era muy posible que los que la habían tratado de asesinar dos veces, lo intentarían otra vez, y Zelda no quería probar suerte una tercera. También consideró al bandido que iba con ellos, nadie le había dicho una palabra desde que salieron de la base de la familia, mas las miradas que le dedicaron los ordonianos no dejaba a la imaginación el hecho de que no era bienvenido, pero que para pesar de Zelda, ella debía asegurarse de que siga con ellos. Zelda tomó un suspiro y pensó, si quería ser reina, debía practicar los dotes de liderazgo que debía ejercer, y practicaría con esta gente, haría lo mejor para garantizarles su supervivencia y bienestar.

– Descansaremos aquí un rato- Sentenció la princesa- Todavía debemos atender nuestras mayores necesidades, como comida y agua-.

– Un momento, su alteza- Dijo un hombre de piel bronceada y de cabellos negros, usaba el traje típico ordoniano- ¿Y quien dijo que tu das las ordenes aquí?- A su comentario se le unieron varios hombre y comentarios en contra de Zelda.

- Yo los liberé- Se limitó Zelda a decir, realmente odiaba tratar con impertinentes.

– Si, ese fue el antes, y te lo agradecemos de verdad, ¿Pero quien dice que tienes lo necesario para darnos órdenes?- Replicó el hombre, sonriendo de manera arrogante- Pareces una de esas hijas de magnate del distrito Lon Lon, ¿Que sabes tu de supervivencia acá abajo?-.

– ¡Arrepiéntete!- Gritó Salma interviniendo, no se iba a quedar de brazos cruzados mientras desplazaban a su nueva amiga. Zelda miró con sorpresa el gesto de la pelinegra, no esperaba que alguien abogara por ella. Detrás de esta, Zelda vio a Ragnas, quien la veía con una sonrisa desafiante, como si quisiera decir "Intenta salir de esta, si puedes".

– Déjalo, Salma- Se limitó a replicar Zelda, mirando al hombre que la cuestionaba con serenidad - ¿Como te llamas?-

– Me llamo Marlo- Respondió.

– ¿Quien piensas tu que debería ser el líder aquí?- Dijo Zelda con una penetrante mirada.

– Eh-bueno, n-no se...- Vaciló Marlo, intentando no mirar a la princesa a los ojos.

– ¿Sabes tu lo que debemos hacer?- Volvió Zelda a arremeter- Ya pudimos escapar de la guarida de esos bandidos, pero aún estamos en la Subcolmena, ¿Sabes que debemos hacer para sobrevivir?-.

– ¿Y-y u-una niña de papi lo sabría?- Replicó Marlo ante Zelda, quien para su sorpresa no perdió en ningún momento la calma.

– Necesitamos comida, agua y refugio. Por la posición en donde estamos, ya hemos dejado Ordon, y como lo hicimos por el oeste, teorizo que estamos debajo del sector Hateno- Dijo Zelda sin cambiar su expresión, ya para este punto Marlo estaba intimidado, mas ella continuó – La mayor industria de Hateno es la purificación de aguas residuales, así que podríamos suministrarnos con aguas de las tuberías inferiores. Para la comida no tengo respuesta, pero se que se me ocurrirá algo-.

Todos los ordonianos escucharon con sorpresa la explicación de la joven, impactados por su increible capacidad de raciocinio y cultura. Ya para este punto Marlo estaba apenado y con la cabeza gacha, nadie lo culpaba por oponerse a Zelda, pues por sus pintas parecía de la nobleza, y era común sentir desconfianza ante aquellos que pertenecían a ella. No en balde, todos acataron y entendieron de que Zelda ejercía autoridad como si fuera lo más natural del mundo.

– Escuchen- Comenzó a decir Zelda, refiriéndose esta vez a sus acompañantes en general- Esta no es cuestión de quien está a cargo o quien da las ordenes, sino que debemos permanecer todos juntos si queremos superar esto. Pueden entender que no confíen en mi en este momento, ya sea por mis pintas o por mi actitud, pero quiero que sepan lo siguiente, a partir de ahora dedicaré todos mis esfuerzos a que nuestro sobreviva, ante toda adversidad. Mi nombre es Zelda, ¡Un gusto conocerlos! –.

Los ordonianos miraron a Zelda conmovidos, como si un rayo de esperanza hubiera impactado en sus corazones, hace tan solo unos días atrás, sus vidas se habían derrumbado, pero ahora una hermosa joven les dio esperanza y vigor para continuar. Zelda se quedó ahí parada con una sonrisa de oreja a oreja, esperando pacientemente que sus oyentes se dispersarán hacía algunos edificios para matar el rato, y una vez se dispersaron en su gran mayoría, ella miró a Ragnas con una sonrisa de victoria, satisfecha de haber superado sus expectativas.

– ¡Eso fue increíble, Zelda! – Exclamó Salma, orgullosa por como su nueva amiga había tomado la situación – Pero tus palabras si me hicieron pensar, ¿Que haremos a partir de ahora? –

– De eso aún no estoy segura, Salma – Dijo Zelda en un tono más serio, manteniendo su mirada sobre el bandido – Pero creo que es aquí donde tú entras –.

Zelda estaba observando a Ragnas, recordándole su acuerdo. Ragnas sonrío en respuesta, encogiéndose de hombros mientras pasaba a través de Salma, quien lo veía agresivamente, deteniéndose justo al frente de Zelda, quien no se inmutaba ante su intimidante presencia. Ragnas entonces se rió a carcajadas, dejando a las jóvenes estupefactas.

– Lo lamento- Decía mientras paraba de reír– Es solo que tu determinación me causa gracia, su alteza-.

– ¿Me dirás la mejor forma de conseguir comida o te seguirás burlando de mi?- Responde Zelda, dejando mostrar un sesgo de molestia.

– Hay bastantes maneras de conseguir comida, desde buscar contenedores de emergencia en edificios administrativos, hasta buscar ratas en el alcantarillado. Pero la mas efectiva es hacerse con una sintetizadora, reparando una de un sector recién caído o robando de otros, no existe la opción de construir una en la Subcolmena –.

– ¿Crees que en Ordon quedará aún la sintetizadora? – Pregunta Zelda, interesada por la última opción.

– Lo dudo mucho, nosotros en la familia solemos priorizarlas, pues su valor es incalculado por estos estratos – Responde Ragnas.

– ¿Sugieres entonces que nos pongamos a cazar ratas?- Responde Zelda, con un tono que poco a poco la mostraba asqueada.

– Tu ya tienes el paladar entrenado, su alteza – Responde Ragnas son una sonrisa de oreja a oreja, indignando aún más a Zelda, recordándole su primer encuentro.

La cara de Zelda se puso roja de furia, mientras apretaba los puños con fuerza y era invadida por una mirada confundida de Salma, quién no entendía lo que estaba sucediendo. Zelda solo podía sentir desprecio por aquel hombre.

(…)

Una, dos, tres y con esta cuatro. Zelda contaba con asco los cadáveres de rata sangrantes que se apilaban frente a ella, se comenzaba arrepentir de la idea, y sentía repulsión con pensar que debía comerlas para sobrevivir; al final ella tomó el consejo de Ragnas por ir a por ratas, aprovechando además la necesidad de agua fresca. Para ello, separó a los ordonianos en grupos iguales y se acercaron a los canales de Hateno, que fluían como venas sobre sus cabezas. Acercarse no fue fácil, pues la altura que lo separaban era descomunal, pero con encontrar el rascacielos correcto, pudieron improvisar una plataforma y subir para conseguir agua y alimento.

Se encontraban en una cloaca, justo debajo de Hateno, afortunadamente no era una tubería de aguas negras, pues hubiera hecho la tarea aún más difícil y desagradable. Eso no detuvo que hubiera un olor fuerte y desagradable en el ambiente, sin embargo, por lo que a muchos les costó acostumbrarse. Zelda había preparado una serie de señales para los grupos, silbidos y chasquidos que señalizaban peligro, presencia, entre otros mensajes

El plan era el siguiente: Casarían la suficiente cantidad de roedores de alcantarilla para sobrevivir varios días, luego buscarían una tubería de la procesadora de agua y la romperían para hacer caer el agua, dejándola caer hasta que la gente de arriba la repare, que por experiencia de los de Ordon, solía tomar 12 horas, suficiente para llenar un gran estanque.

Zelda optó por quedarse con Salma y Ragnas, quienes interactuaban de manera chocante. A la mujer pelinegra no le gustaba el bandido, cosa que Zelda no parecía refutar, mas no podía negar la utilidad de Ragnas, incluso había tomado su tiempo para enseñarle a los ordonianos lo básico de la caza, que consistía en el uso de una varilla afilada y mucha paciencia.

– ¡Conseguí una! – Exclama Salma antes de lanzar su varilla a una rata, pare luego saltar triunfal al oir el chillido que declaraba la muerte del animal.

– ¡Bien hecho, pequeña! – Celebro Ragnas con una sonrisa, a Salma la alegría le fue mitigada un poco.

– G-gracias – Respondió Salma, quien recogía a su presa.

– ¿Que se supone que eras en Ordon, Salma? – Pregunta Zelda con curiosidad.

– Yo trabajaba en la sintetizadora, en el área de envasados, un trabajo monótono y aburrido, ¿Por qué la pregunta? – Dice Salma.

– Veo que eres muy buena lanzando – Sonríe Zelda, causando un leve sonrojo en la pelinegra.

– Mi padre quería meterme en un programa deportivo durante mis años de educación, pero cuando mi madre murió el cayó enfermo, así tuve que aplicar a trabajar para mantenerlo a el – Agrega Salma, con tono melancólico, Zelda sintió algo de culpa por haberle hecho la pregunta a la joven.

– Interesante que hagas tu la pregunta, su Alteza – Comenta Ragnas con una sonrisa altanera – Considerando que nadie sabe nada de ti –.

– ¡¿Por qué tienes que ser tan despreciable?! – Reprimió Salma con furia ante el moreno.

– Tranquila, Salma. El tiene razón, no saben nada de mi – Interviene Zelda con tranquilidad, pues era cierto que ninguno sabía de ella, ni quien era ni de como terminó allí, pero no sin buenas razones, pues desconfiaba de como reaccionarían sus compañeros al saber que era de la nobleza. Al final, decidió echar una mentira – Yo soy… –.

Un estruendo resonó en la tubería donde estaban, seguido de los gritos de personas al fondo del sistema de tuberías. Zelda, quien había sido interrumpida, pudo reconocer el alarido de Marlo entre el grupo. Ragnas decidió declarar la emergencia mientras comenzaba a silbar sonoramente, lo que señalizaba a los otros que era momento de regresar. Zelda, por su parte, quería asistir al grupo en problemas, corriendo junto con Salma a donde se producía la conmoción, siendo seguidas por un Ragnas reprochador.

Al avanzar a través de las tuberías, el trío llegó a la escena de una carnicería, pues al frente de ellos había un Marlo en shock echado en el suelo, en total pánico frente a lo que parecía ser un monstruo humanoide, que caminaba en cuatro patas mecánicas y lo que parecía ser un cañón largo montado en su espalda, el cual emitía una luz puntera roja que apuntaba al asustado Marlo, Zelda lo reconoció con frustración como un rifle láser, equipamiento de grado de alta gama.

– ¡Servitores! – Exclamó Zelda con asombro.

– ¿Que harán aquí en las cloacas? – Exclamó Ragnas, denotando terror al ver que el esclavo robótico

– ¿Serán… ? – Solo se limita a decir Zelda, dándole una señal a Salma de que debían todos salir de allí. Por su parte, el servitor comienza reexaminar la habitación, mirando a cada uno de los ahí presentes, hasta detenerse en Zelda. Su rostro era el de un hombre de mediana edad, inexpresivo y de aspecto demacrado y con cicatrices, con el ojo derecho reemplazado por un implante robótico que emanaba un brillo rojizo.

Sujeto conseguido, solicitando acción a proceder, accediendo a encomendador… – Dice el Servitor. Zelda quedó pasmada, pues cayó en cuenta de que la estaban buscando a ella.

– Ahhh… Ahhhh… ¡Waaaaahh! – Grita finalmente Marlon de terror para luego levantarse e intentar huir del monstruo que tenía frente suyo.

– ¡Marlon no! – Grita Zelda, intentando detener al ordoniano de su acción estúpida. Mas era tarde, pues el servitor determinó la acción como amenaza, apuntando inmediatamente el rifle láser hacia los presentes. Zelda sabía lo que eso implicaba, sintiendo como el ardor naciente de su mano, por lo que rápidamente tomó a Salma del hombro y la tira al piso – ¡Al suelo todos! –.

El servitor dispara una ráfaga fina de color, pero cuya potencia era tal que comenzó a evaporar el agua a su alrededor, siendo esquivada por Zelda, Salma y Ragnas, quienes se lanzaron al suelo para evitarla. Lo mismo no se pudo decir de Marlo, quien a mitad de su carrera, fue alcanzado por el láser, que procedió a moverse de tal forma que al momento en que Marlo dio su próximo paso, lo último que pudo vislumbrar es que era el último, pues fue cortado a la mitad desde su abdomen, muriendo en el acto y de manera brutal.

Zelda elevó la cabeza, asqueada y con las ropas humedas y sucias, pues a pesar de ser agua fresca, era igualmente agua de cloaca, más el espanto no pudo durar mucho al ver el monstruo robótico que tenía al frente, que comenzaba a emanar un chirrido agudo que envolvió todo el ambiente . Las chicas tuvieron que taparse los oídos para no quedar aturdidas, mientras que Ragnas desenfundaba su rifle automático de la espalda con velocidad y disparo al servidor con ráfagas cortas, matándolo con facilidad. La princesa, aliviada, se puso de pie para examinar la escena viendo con pesar el cadáver del joven ordoniano con quien había tenido una disputa previamente, no dejándose afectar por el pesar o el asco, pues no era momento indicado para lamentos; luego miró al servitor, notando algo que le interesó bastante.

– Podríamos tomar el rifle láser de su espalda, nos sería útil – Comentó Zelda, Ragnas en respuesta se acerca a examinar al servitor caído.

– Mejor aún, si vendemos las partes a un mecánico, podríamos ganar una pequeña fortuna con el cuerpo entero – Replica Ragnas montando al cadáver robótico en su espalda.

– ¿Hay asentamientos cerca? – Pregunta Zelda con curiosidad.

- El más cercano sería Guinza, a unos días de aquí. Tiene acceso con la baja colmena, por lo que suele ser un distrito estable – Dice Ragnas procediendo a caminar de regreso, Zelda aprobó la idea asintiendo y llevándose los dedos a la boca para un silbido, señal para que todos en el grupo regresaran abajo.

– ¿C-como pueden…? – Habla para si misma Salma, todavía agachada y con las palmas en el suelo. Zelda y Ragnas voltean a verla confundidos – ¿Como pueden actuar tan tranquilos tras lo que presenciamos? –.

Salma elevó su mirada, viendo al dúo con pánico y lágrimas en los ojos, tal parece que la muchacha acababa de ver la muerte y no podía salir del shock. Su respiración era agitada, y no ayudaba los cadáveres a su alrededor, cadáveres que gente que ella conocía. Zelda solo pudo darle una mirada conciliadora, no hace mucho que estaba en su misma situación, allá por la espiral.

– No es que no duela… – Comienza Ragnas, para sorpresa de las dos muchachas– Es solo que hay momentos para lamentos, y este no es uno de ellos. Levántate-.

Zelda extendió su mano para ayudar a la pelinegra a levantarse, mas no tuvo respuesta. Lo que había dicho Ragnas era cierto, a pesar de su falta de tacto, pero no podía dejar de sentir lástima por la joven, quien volvía a mirar al suelo entre sollozos. Zelda la intentó tomar del hombro, y a pesar de resistirse al inicio, esta termino cediendo y se levantó, mirando al suelo durante todo el camino de regreso.

Ragnas se detuvo, sin embargo , pues se dio cuenta que algo no iba bien, tomando su rifle y volteando a todas direcciones, como si buscara algo en específico. Zelda estuvo a punto de preguntar, pero el estremecimiento del suelo a su alrededor le hizo darse cuenta de un hecho abrumador.

– ¡Hay que salir de aquí! – Exclama Zelda, llamando a todos a correr hacia la salida. Fue entonces que ella comenzó a silbar, haciendo eco en toda la alcantarilla, intentando llamar a todos los ordonianos a escapar.

No hubo respuesta…

– No…– Solo pudo decir Zelda con dolor, como si una navaja le hubiera atravesado el corazón. Salma, quién miraba el actuar de sus compañeros con confusión, abrió los ojos como platos, mientras retrocedía con sus piernas flaqueando, hasta que cayó sobre si misma.

– ¡Maldición!– Mascullo Ragnas al ver como aparecían de uno de las esquinas dos servitores, seguido de otro por otra esquina, luego otro, y otro; estaban rodeados y en desventaja.

- ¡Waaaaaaah!- Grita espantada Salma, mientras se agarraba la cabeza inquieta con ambas manos, intentando negarse al hecho de que todos los demás habían muerto tambien.

– ¡Vamonos! – Grita Ragnas disparando su rifle a uno de los servitores, que cayó abatido solamente para ser reemplazado por otros dos. El moreno intentó levantar a la pelinegra, pero esta no parecía salir de su trance, para frustración del bandido.

Zelda apretó los puños en frustración e ira, había fallado, les había fallado a aquellos que habían confiado en ella. Mientras sus lágrimas de frustración caían por su rostro, ella se sintió un completo fracaso, ¿Como podía ella, quien estaba destinada a tomar las riendas del reino, permitir que aquellos bajo su liderazgo morir como ratas? Se sintió agravada por su situación, frustrada por tener que aguantar las penurias de la escoria, humillada por su hermano y rechazada por su padre. Su mano comenzó a brillar con intensidad, a la par que su pendiente azul, así que un aura dorada comenzaba a imbuirla de poder, todo mientras las maquinas humanas iban dispuestas a disparar ráfagas letales

Mas cuando la princesa abrió sus ojos, una barrera se formó justo a tiempo para detener los ataques, desviándolos como si fueran gotas de lluvia ante una ventana. Ragnas y Salma no podían creer lo que estaba sucediendo, quedándose en shock mientras la princesa controlaba la luz que emitía para disparar una ráfaga de energía pura, vaporizando en el acto a varios servitores. Zelda estaba igual perpleja, más sus emociones eran las que la controlaban en ese momento, por lo que volteó con brusquedad a ver al resto de monstruos que iban hacía ella como los autómatas que eran, y luego de pisotear el suelo con firmeza, esta generó desde si misma una explosión resplandeciente de brillo dorado y cegador, destruyendo a sus atacantes y causando un derrumbe en las alcantarillas.

Ragnas y Salma tuvieron que cubrirse los ojos para no quedar ciegos en el acto, y lo primero que vieron fue como descendían lentamente nuevamente a la Subcolmena desde el aire, perplejos a mas no poder de dicha experiencia. Ragnas estaba con la boca abierta mientras recuerdos de una frase que escuchó en el pasado hizo eco en su mente.

Cuando vuelvan a aparecer los portadores, es ahí cuando el destino de este mundo podrá dar un vuelco –

– Diosas… - Expresó Ragnas, una palabra que hacia años que no decía, reminiscente de una vieja fe que solo su pueblo natal tenía la osadía de seguir.

Una vez tocaron el suelo, Ragnas ayudó a Salma a reincorporarse, quien aceptó la ayuda sin ganas. Luego, vio a la princesa descender de arriba, mientras cascadas de agua que caían de las tuberías destruidas generaban una especie de llovizna artificial. Ragnas y Salma corrieron a donde Zelda tocó el suelo, quien inmediatamente cayó inconsciente.

(…)

Zelda miraba el paisaje con melancolía, aun dolida por su falta de fuerza. Apenas despertó, Ragnas le comentó que había pasado un día entero, y que habían empleado ese tiempo a prepararse para partir.

¿Partir a donde? – Preguntó sin ganas la princesa.

A donde yo nací – Se limitó a responder Ragnas – Ya no hay contratiempos que te impidan devolverme el favor… Y además, acá solo quedarán heridas y malos recuerdos… –.

Salma le había traído nuevas ropas, de seguro las consiguieron en las ruinas, pues estas estaban sucias y su tela parecia desgastada. Para ese punto ya no le importaba, muchas cosas pasaban por su cabeza como para exigir un trato decente. La rubia miró a su amiga, quien estaba en silencio terminando de guardar las provisiones en el camión, Ragnas se había asegurado de tener suficientes ratas para varias semanas, por lo que Zelda suspiró con resignación, le costaría bastante adaptarse a este estilo de vida.

– Y con esto está listo – Declaró Salma, su tono de voz era apagado.

– ¡Bien! – Respondió Ragnas, subiéndose al camión, Zelda se subió a este sin decir más.

– Y dime, ¿A donde vamos exactamente? – Pregunta Zelda con seriedad.

– A Kakariko – Responde Ragnas.

– ¿Kakariko, por qué para alla? –Pregunta Zelda con genuina curiosidad.

– Como te dije, allí nací- Responde Ragnas sin darle vueltas – Es para encontrar una explicación a tu poder, princesa Zelda de Hyrule-.

Zelda abrió los ojos de par en par, ¿Como era posible que el se haya enterado?

– ¿Como…? –

– Un vieja leyenda lo dice, y veo que di en el blanco- Se limita a decir Ragnas, Zelda por su parte comenzaba a atar los cabos– Y el que existas parece tener implicaciones muy grandes, unas que ni yo mismo entiendo –.

– Un momento, ¿No serás acaso…? – Zelda no pudo terminar, pues Ragnas la interumpió.

– Si, soy un Sheikah – Completa Ragnas, con una media sonrisa en su rostro – Y el que tu estés aquí es un prefacio, uno muy importante para mi gente-.

Continuará…

Próximo capítulo: Duelos y Juramento