4. Yo te creo
Estaba siendo una mañana tranquila, un viaje por carretera hasta la zona del pinar, donde la asociación de caza a la que Ed pertenecía iba a celebrar su barbacoa anual. Nunca había estado antes, pero su marido insistió debido a que todos sus amigos acudían con sus mujeres, por lo que se vistió con la ropa más espantosa que tenía y salió al mundo.
Le gustaba salir, ya que, por alguna extraña razón, Ed era el hombre perfecto fuera de las cuatro paredes del hogar. Era atento con ella, cariñoso, amable... nadie podía imaginar que, al llegar a casa, nada más cruzar el umbral de la puerta, ella recibiría una paliza por algún comentario, algún chiste que rió, alguna mirada que dirigió... cualquier cosa...
Intentaba evitar provocarlo lo máximo que podía, se mantenía callada, limitándose a hablar sólo cuando le preguntaban y dando respuestas cortas, cabizbaja, sin mirar a nadie a los ojos, era una experta en caminar mirándose a los pies. Pero eso también le molestaba. Si era amable y risueña era una puta deseando abrirse de patas a cualquiera de ellos, y si se mantenía callada era una zorra amargada que parecía no ser feliz en su matrimonio ¿Y acaso era mentira? Por lo que adoptó el papel de zorra amargada, y así al menos podía sentir que las palizas llevaban algo de verdad.
El lugar era hermoso, verde, frondoso, rodeado de helechos y centenarios pinos doncel que se alzaban orgullosos cargados de piñas que amenazaban con precipitarse al suelo, desperdigando los preciados piñones que albergaban en su interior y que darían fruto a nuevos pinos que crecerían a la sombra de sus majestuosos ancestros.
A pocos metros podía ver una fuente natural, a la que se accedía cruzando un puente de madera y donde la gente se acercaba con decenas de garrafas de botellas de agua vacías dispuestas a llenarlas y cargarlas en el maletero del coche.
Hay mesas de madera de picnic y barbacoas dispuestas alrededor de ellas, y al fondo una amplia cabaña de madera.
Baja del coche. Olía a naturaleza, a resina de pino y leña quemada, podía oír el rumor del agua, el crujir de las ramas de los árboles y el canto de los pájaros sólo perturbado por el murmullo de medio centenar de voces humanas que se acercaban a ellos con los brazos abiertos
-Ella es mi mujer, Carol -la presenta en sociedad. Besan sus mejillas, hacen algún chiste... Nombres vienen y van, pero pocos recordará. ¿Para qué? los verá de año en año y nada más. No habrá quedadas para tomar algo, tardes "de chicas", llamadas telefónicas para saber como está... No, las amistades era algo prohibido en su día a día, pero quizás así era mejor, no tendría que dar explicaciones sobre el nuevo moretón en su cuello, o porqué tiene los ojos llorosos.
Mantiene la cabeza baja, mirando sus pies dentro de esas sandalias dignas de una mujer con artrosis y no de alguien de poco más de treinta, y se limita a asentir y sonreír con cortesía los comentarios de los que la rodean.
No le gusta esto, aún no ha llegado y ya quiere irse. En la radio suena You're Beautiful de James Blunt, y eso no hace más que aumentar su odio. Aborrece esa canción.
-No sé para que coño vamos a ese sitio -refunfuña desde el asiento trasero de la camioneta donde el cadáver de un ciervo lo mira con ojos negros y brillantes.
-Nadie te obligó a venir -le recuerda su padre que ya va por su quinta cerveza del día.
No, nadie le obligó a ir, pero si no va, su padre se encargaría de hundir su reputación aún más. Luego llegarían rumores, mentiras que irían creciendo, y allá donde fuera alguien lo señalaría, y allá dónde hubiese un puesto de trabajo él sería rechazado con excusar absurdas.
-También puedes bajarte si quieres -bromea Merle, aumentando la velocidad de la camioneta, siendo consciente de que está sobrepasando el límite de velocidad, pero no importa, es un Dixon, para los Dixon no hay leyes.
Apoya la cabeza contra la ventana, con una mirada de odio de tal intensidad que podría romper el cristal. Él estará allí. recuerda para sí. Ese capullo por el que estuvo seis meses en prisión sin haber hecho nada malo, aparte de darle una merecida paliza. Pero claro, ese imbécil era poli, un puto madero corrupto admirado por todos por conseguirles licencias de caza y hacer la vista gorda cuando cazaban en zonas o temporadas prohibidas. ¿Y él? Él era la escoria de los Dixon, la oveja negra. Sin pruebas, sin testigos¿A quién iban a creer?
La camioneta reduce velocidad cuando comienza a adentrarse en terreno salvaje. Se agita violentamente con cada bache y resalte del camino. Las profundas raíces de los pinos ganan terreno, reclamando lo que es suyo y levantando el asfalto.
Finalmente frena.
Ya le llega el olor a barbacoa, a sudor humano, a odio...
Mira sus manos nervioso intentando reunir las fuerzas para salir del coche.
-¡Will! -grita un hombre al verlos llegar -¿Qué tal va todo viejo?
Risas, abrazos, halagos, buenas palabras... eso era todo lo que se escuchaba de Will Dixon. Un padre ejemplar que se quedó viudo de forma cruel e inesperada, dejándolo al cargo de dos niños pequeño que supo criar lo mejor que pudo.
Ese grupo de paletos creía todo lo que salía por su boca. Daban igual los antecedentes penales, las denuncias por maltrato, por abandono de un menor... Que ignorase a su hijo pequeño hasta tal punto que pasó varios días perdido en el bosque cuando no era más que un niño y ni siquiera lo echó en falta ¿Cómo iban a creer eso? Will Dixon era un ciudadano ejemplar.
Toc toc
Unos golpes en la ventana le obligan a levantar cabeza.
-Vamos cupido, sal del coche -Le insta Merle abriendo la puerta de par en par.
Oh sí, Cupido, casi se había olvidado de ese apodo ¿La razón? Preferir utilizar una ballesta antes que un arma de fuego, por lo visto no era un arma para hombres, otro motivo más para ser la vergüenza de la familia Dixon.
Daryl baja del coche lentamente, como si su cuerpo estuviese afectado por una fuerza de gravedad mucho mayor dentro de esa cabina.
Al instante siente todos los ojos posados sobre él. Murmullos, susurros y frases pronunciadas adrede más altas de lo normal sólo para provocarlo.
-¿Qué hace aquí?
-¿Cómo se atreve a venir después de lo que hizo?
Se abre paso entre la gente, algunos se apartan como si tuviese algo contagioso, otros escupen a sus pies o profesan dolorosos insultos.
-¡Daryl, o te comportas este año o no te vuelvo a traer! -grita su padre como si de un crío inquieto se tratase -De verdad, yo ya no sé que hacer con este chico. Casi 30 años y perdido en la vida. -le escucha decir. No está perdido, esta marcado por un apellido, por una fama que ni siquiera era suya y que no le permitía avanzar.
Agarra un botellín de cerveza y se sienta sobre la raíz levantada de un árbol apartado de todos, donde no pueden verle, pero él puede observarlos, y permitirse recordar que, ni es el único ni el que más pecados tiene:
-Shane: Policía, roba la droga incautada para luego venderla, se acuesta con la mujer de su mejor amigo y presume de ello.
-Negan: Su mujer está enferma de un cáncer terminal y él pasa el tiempo follándose todo lo follable. Se cree dueño y señor de todo.
-Simon: Es la putita de Negan, se cree gracioso y que es es alguien, pero sólo vive a la sombra de su amo.
-Gregory: Le gusta aparentar, presumir de lo que tiene o hace. Dice haber cazado leones en África, pero se caga en sus pantalones con el ulular de un búho.
-Spencer: Niño mimado, enchufado en el ayuntamiento, ganando dinero sin trabajar, y creyéndose superior a todos por ser hijo de quien es y tener la escopeta y el equipo más caro del mercado, pero nadie lo ha visto cazar algo en la vida.
Ed: ¿Qué decir de ese idiota? Él...
Su mente se olvida de todo, no sabe dónde está, qué hora es, qué día, qué mes, qué año... incluso ha olvidado su nombre.
Su corazón palpita al borde del infarto, comienza a sudar, las manos le tiemblan. Ella está ahí, no hay confusión. Casi le cuesta reconocerla con esa camisa dos tallas mas grande de la que le corresponde, esos espantosos pantalones pesqueros y su precioso cabello recogido en una desordenada coleta. Pero es ella, el mismo rostro angelical, los mismos labios ligeramente asimétricos, los mismos ojos... esos deslumbrantes ojos...
Aprieta el botellín con fuerza. Se muerde el pulgar nervioso intentando pensar qué hacer. ¿Acercarse? ¿Saludar? ¿Se acordaría de él? Y por otro lado ¿Qué hacía allí?
Ella aún no le ha visto, es imposible que pueda verlo, es ajena a su presencia, por lo que le da tiempo a pensar qué hacer. Se siente idiota, un mes esperando volver a verla y ahora que la tiene delante lo único que puede hacer es observarla como un puto pervertido.
-Increíble, como puede tener el descaro de presentarse aquí -murmura una mujer que está cortando finas cuñas de queso.
-Después de lo que hizo... Aún debería estar en la cárcel -añade otra que apila los vasos de plástico en varios torres del mismo tamaño.
-¿Tú que opinas Carol?-pregunta la primera mujer. Ambas la miran interrogante.
Carol alza la vista del plato de plástico que estaba llenando de patatas fritas.
-Oh, uh, Y...yo no sé de lo que habláis -confiesa con timidez volviendo a su tarea. Era cierto, no estaba prestando atención, siente los ojos de su marido en su nuca, atento a sus movimientos, a algo que poder reprocharle al llegar a casa. Quizás se pase días sin hablarle, y ella tenga que rogarle por su perdón a pesar de no tener ni idea de qué ha hecho mal.
-El chico que le dio la paliza a tu marido el año pasado, está aquí -le pone al día una de las mujeres. ¿Cómo se llamaba? ¿Patri? ¿Petra? ¿Pilar? ¿Paula? Su nombre empezaba por P, eso seguro.
Carol mira aterrada. Recuerda ese día, cuando la llamaron del hospital para decirle que Ed había sido agredido. Recordaba su ojo morado, el labio partido, la cara hinchada, las tres costillas rotas, su cuerpo lleno de cardenales y el tiempo que estuvo cuidando amorosamente de él sin recibir una mísera sonrisa de agradecimiento. Todo lo contrario, todo lo hacía mal... Incluso lesionado tenía la fuerza suficiente para agredirla, desde llamarla puta hasta lanzar un vaso de cristal que se hizo añicos en su nuca.
-¿Aquí? P-pero él es peligroso ¿Y si lo intenta otra vez?
-Bueno, por suerte tenemos a Ed para frenarlo de nuevo y todos estaremos en alerta vigilando sus movimientos -Dice la mujer morena que tiene un característico lunar en la zona izquierda del rostro junto al labio inferior.
Aún le costaba creer que Ed hiciese eso ¿Ed? ¿Su Ed haciendo algo noble? era policía sí, pero para lo único que servía era para asegurarse de que ella no se atreviese a denunciarle, y aunque lo hiciera ¿Quién la iba a creer? Con lo bueno, cariñoso y atento que era con ella a ojos de los demás.
Daryl camina por los senderos del pinar, respirando el fresco aroma de los pinos intentando alejarse de la gente, despejar su mente, aclarar sus ideas. Esperaba recibir odio, rechazo, insultos... y así fue, pero por nada del mundo esperaba encontrarla allí.
Quiere acercarse a ella ¿Pero para qué? ¿Qué esperaba conseguir? Aún no entiende esa extraña necesidad tan creciente en su interior y que con los días iba a más. ¿Cómo acercarse? ¿Qué decir? ¿Cómo reaccionar si no se acordaba de él? ¿Y si no era más que otro polvo de una noche en su lista? Por Dios, no sabía absolutamente nada de ella. No era la primera vez que se acostaba con una mujer de la que ni se molestaba en saber su nombre, de hecho, era el tipo de sexo que siempre buscaba. Entonces ¿Por qué ella era diferente? ¿Qué le había hecho esa mujer?
Carol se agacha para colocar las manos bajo la fuente, ha estado toda la mañana ayudando al resto de mujeres a preparar la carne para la barbacoa mientras que los hombres bebían y reían sin preocupaciones. Ellos cazan, ellas cocinan, así son las cosas desde que el mundo es mundo.
Sus dedos están teñidos de un amarillo enfermizo debido al aliño de la carne. Es difícil de quitar y hace lo que puede.
Le gusta esa zona, es tranquila, y el sonido del agua siempre le ha ayudado a relajarse. Recuerda una pequeña fuente que tenía, funcionaba con un sencillo motor, estaba colocada sobre la mesa del salón y solía enchufarla mientras leía, tranquilamente en el sofá. Sí... era agradable, hasta que un día Ed decidió que le molestaba y acabó lanzándola contra ella, con la suerte de que pudo esquivarla. El agujero que hizo aún está en la pared del salón.
Mira su reflejo en el espejo del río, apenas puede reconocer a la mujer que le devuelve la mirada, no es ella... echa de menos a la mujer que solía ser, la que salía de casa hasta la madrugada, que bailaba hasta que le dolían los pies y aún así sacaba tiempo para sus estudios.
Sus estudios... su trabajo... su sueño... lo echaba de menos...
Ed la apoyó en todo, pero en el momento en el que comenzó a trabajar, el día que su primera nómina llegó a casa y vio que ganaba más que él... Ese día todo se acabó. Licenciada en turismo, seis idiomas: Español, inglés, francés, alemán, italiano y japonés ¿Para qué? para pasar los días encerrada entre cuatro paredes sirviendo a su marido como buena esposa.
Un segundo reflejo llama su atención, una planta, un arbusto, lleno de unas vistosas flores blancas.
Se acerca a él.
Sostiene una flor entre sus manos acariciando sus pétalos blancos. Cuesta creer que algo tan hermoso y delicado florezca de un espantoso arbusto rodeado de espinas. Podría llevársela, secarla entre las hojas de un libro y enmarcarla. No se lo piensa más, la corta con cuidado de no pincharse y se la lleva con ella.
El campamento improvisado que tienen montado está a pocos pasos de dónde ella se encuentra. Camina a paso ligero, sujetando con delicadeza la flor entre sus manos.
-¿Cómo te llamas? -pregunta de sopetón una voz grave tras ella. Reconoce la voz. Sus brazos se quedan sin fuerzas y la flor cae al suelo meciéndose suavemente.
Está pálida, mareada, se niega a levantar la cabeza, a girarse, pero para su suerte o desgracia él si lo hace, camina hasta colocarse delante de ella, se inclina y recoge la flor con cuidado.
Él alza la vista, aún de cuclillas. De nuevo esos profundos ojos buscando los suyos.
Se incorpora, espera que le entregue la flor pero no ocurre.
-Es una rosa cherokee -le informa con voz pausada -¿Conoces la leyenda?
Ella niega aún con la cabeza gacha. Puede ver sus piernas, sus pantalones desgastados y sus botas embarradas. Lo ve mover los pies nervioso.
-La historia es que cuando los soldados Americanos le quitaron sus tierras a los indios, en su camino de lágrimas, las madres...
-¡Aléjate de ella! -grita Ed en la distancia interrumpiendo el relato.
Carol alza la vista desconcertada sólo para encontrarse con un Ed furioso y fuera de sí acompañado por el resto de hombres del grupo.
-¿Estás bien cariño? -le pregunta una vez que llega a su lado.
Carol asiente de forma mecánica sin entender lo que pasa.
El corazón de Daryl se rompe en mil pedazos ¿Así que ese era todo el misterio de aquella noche un mes atrás? estaba casada... Y no con un hombre cualquiera, no, con Ed Peletier.
Maldice su mala suerte una y mil veces. Sus ojos se encuentran con los de ella, sólo un segundo hasta que siente que alguien le da un fuerte empujón y lo tira al suelo.
-¿Qué coño pretendías, eh? -Pregunta amenazante Shane que lo agarra del cuello de la camisa con furia.
Daryl lo aparta de un manotazo y se levanta lo más rápido que puede, irguiéndose cuan alto es.
-No pretendía nada -gruñe colocando su frente contra la de él.
-Ah no, ¿No pretendías en convertirla en tu próxima víctima? ¿Qué pasa, no tienes para pagarte una puta? ¿O ni ellas están dispuesta a follar contigo?-escucha reír a Negan, con ese maldita risa que hace que le entren ganas de meterle el puño por la garganta y sacar sus cuerdas vocales para hacerlo callar.
-O tal vez eres tan siniestro que tu miserable polla sólo se levanta si la mujer está KO ¿Has probado la necrofilia? -Añade Simon uniendo sus risas a las de Negan.
-¿Qué ibas a usar esta vez ¿Eh? ¿También ibas a emborracharla o esta vez has traído alguna pastilla mágica de tu hermano? ¡Me avergüenzas! -Escupe su padre.
Un insulto tras otro, una broma tras otra, un corrillo de gente se forma a su alrededor y empiezan a atraer la atención de otros campistas.
-¡YO NO HICE NADA! -grita furioso, un grito que sale con tanta potencia que hace callar a todos al instante.
La busca con la mirada. Está aterrada, con la mejilla apoyada fuertemente contra el pecho de su marido, los ojos llenos de lágrimas y la respiración tan acelerada que parece que está al borde de hiperventilar. Se le encoje el corazón, miedo es lo último que quiere hacerle sentir.
Le da la espalda, no puede seguir mirándola, no puede seguir viendo como ella escucha todos esos insultos que van dirigidos a él.
-¿Qué no hiciste nada? eso no es lo que dicen las pruebas -dice Gregory con voz temblorosa.
Lo ignora, sigue caminando, alejándose de todos lentamente, pero algo salvaje despierta dentro de él cuando escucha a Ed hablar.
-No eres más que un asqueroso violador.
Lo que le faltaba por oír...
-¡BASTARDO DE MIERDA!- gira con bravura y corre hacia él hasta que es interceptado por Merle y Shane.
¡TÚ! ¡FUISTE TÚ! -grita intentando zafarse de esos hombres que lo agarran con fuerza de los brazos -¡Tú pretendías aprovecharte de ella! ¡Yo sólo la defendí! ¡Pero os negáis a creerme! ¿Por qué no-
Un golpe seco en la nuca lo hace callar. Todo se vuelve negro y lo último que ve son sus ojos, sus preciosos y llorosos ojos.
Carol está sentada, bebiendo un vaso de Cocacola, distraída, mirando hacia la nada, sin ver nada, pero pensando en todo. Su mente está en marcha. Piensa en él, Daryl, ha escuchado a la gente pronunciar su nombre. Piensa en todos esos insultos, en todas esas frases hirientes, su rostro avergonzado, furioso, dolido... le dolió en el alma verlo así.
Mira hacia él, tardó varias horas en despertar tras el golpe que su propio padre le dio. Pensaba que lo habían matado, todos reían y hacían bromas sobre aquella posibilidad, incluso su familia. Ahora está sentado a los pies de un árbol, solitario, cabizbajo, lejos de todos. Recuerda aquella noche, un mes atrás, la pausa que hizo cuando ella cerró las piernas, como si esperase a que le dijese que se detuviera, su afán por hacerle sentir placer, cómo la miraba a los ojos en todo momento...
Mira a su marido, borracho, contando batallitas y chistes misóginos. Recuerda como le vuelve la cara para que no le mire mientras está sobre ella, como sigue a pesar de que le pide que pare, las veces que la fuerza de sus embistes la han sacado de su sueño...
Algo no encajaba ahí.
Daryl afila la punta de una rama con ayuda de su cuchillo hasta convertirla en una rudimentaria flecha. No la va a usar, sólo necesita una distracción para pasar el tiempo. Desea marcharse ya, pero tanto Merle como su padre parecían estar en su salsa.
Se siente mal, está acostumbrado a los insultos, al desprecio, pero no delante de ella. Su mirada de terror, auténtico pánico al saber que se había acostado con un violador.
Exactamente, se había acostado con un violador, pero no era él...
Seguramente se odiaba por ello, lo odiaba a él, se estaría maldiciendo y frotando su piel hasta hacerse sangrar para librarse de cualquier rastro de él.
Quiere correr hacia ella y suplicarle que le crea, y por otro lado quiere aceptar lo que ella piense, hacer como que le da igual, pasar de ella, como hace con todos. Seguir con su vida, olvidarla, tan sencillo como eso.
Unos pies entran en su campo de visión.
Alza la vista. Ahí está ella, bajo la luz de la luna, mirándole con esos ojos resplandecientes y mirada dulce.
De repente olvidar no le parece tan fácil.
Ella se agacha de cuclillas hasta estar a su altura, entrelazando sus manos sobre sus rodillas. Mira a su alrededor, nerviosa como si temiese que la viesen hablar con él.
-Yo te creo -le susurra con una suave sonrisa
-¿Qué? -La ha escuchado perfectamente, es una pregunta de sorpresa, confusión. -Es tu marido-dice en un tono que casi se acerca al reproche. Después de todo lo que ha visto y oído, todo lo que le habrán contado, después de ver el estado en el que dejó a su marido...
-Y lo conozco mejor que nadie, por eso te creo -confiesa con una sonrisa amarga. -Tú eres un buen hombre Daryl.
De nuevo esa frase amable, pero esta vez acompañada de su nombre que suena extrañamente excitante salido de sus labios. Esos labios...
A Carol no le da tiempo a reaccionar, se lanza hacia ella y la besa haciéndola caer hacia atrás por la inestabilidad de su posición. El beso es breve, pero intenso, se aparte de ella emitiendo un sonido húmedo.
La mira, busca sus ojos en la oscuridad.
-¿Quieres que pare? -susurra con su voz grave, apartándole con delicadeza un mechón de cabello que cae por su rostro tapándole parte del ojo derecho.
Ella mira hacia las luces, las hogueras, el bullicio de la gente... están demasiado cerca.
-No nos verán -susurra él, como si leyera su mente.
-Yo... -intenta aclarar sus ideas -No soy esa clase de mujer, sólo iba a ser una noche.
Él acaricia su rostro con suavidad, mirándola de esa forma tan extraña, como si fuese la primera vez que ve a una mujer.
-Yo te creo -susurra rozando sus labios, esperando que ella decida.
Carol piensa por un instante, alza una mano temblorosa para acariciar su rostro, pero él la detiene.
-No me toques -dice con suavidad, y besa su mano antes de dejarla ir.
-Lo siento -se disculpa.
Daryl vuelve a besar sus labios, con la misma suavidad, con la diferencia de que esta vez ella lo ve venir y puede reaccionar, relajarse y disfrutar del beso que no se había dado cuenta hasta ahora de lo mucho que lo extrañaba.
-Vamos -Él se incorpora y extiende su mano para ayudarla a levantarse.
La guía entre los árboles, donde el follaje es más espeso y ni una sola voz humana llega a ellos.
La besa de nuevo, esta vez un beso necesitado, desesperado, su lengua reclamando la suya y haciéndose dueño de ella. El mismo sabor...
Su espalda choca contra la corteza de un árbol.
Daryl besa su cuello, con cuidado esta vez, procurando no dejar marcas, aunque no hay nada que desee más que fastidiar al cerdo de Ed Peletier, no piensa hacer nada que la implique a ella.
Su olor... hoy no lleva su perfume, pero su aroma natural permanece, huele a pinos, tierra húmeda, al sudor de todo el día. Es embriagador...
Besa su garganta, sus clavículas.
Sube su espantosa camisa y sujetador a la vez dejando sus pechos al descubierto, los palpa de nuevo, dibujando con sus dedos su contorno. La misma suavidad, el mismo sabor. Tan perfectos en sus manos...
Carol aprieta los labios intentando ahogar los gemidos, respirando pesadamente ante la sensación de sus caricias, de sus labios, de sus ojos y esa forma que tiene de mirar su cuerpo. No se puede creer que lo esté haciendo de nuevo, con su marido y los amigos de este a escasos metros. Con el mismo desconocido al que ahora puede poner nombre.
Lo siente desabrochar sus pantalones y meter la mano en el interior de sus bragas. No está acostumbrada a ser tocada así, y no puede evitar sentir vergüenza cuando sus dedos juegan con su interior, tan inusualmente húmedo y tan preparado para él.
Él la mira mientras acaricia su centro de placer, su rostro está a un palmo del de ella, sus respiraciones se mezclan y no aparta los ojos de ella, no quiere, no puede, necesita estar atento a cada gesto, cada gemido. Ver como se muerde el labio, la forma que echa la cabeza hacia atrás con la boca entreabierta en un grito silencioso de placer. Le parece fascinante la sinceridad con la que reacciona su cuerpo.
Es el mismo placer, el mismo cosquilleo creciendo en su interior, la misma presión en el bajo vientre.
Cierra los ojos con fuerza.
-Mírame - ordena él. Carol obedece y su penetrante mirada es lo único que ve cuando su orgasmo llega, tan intenso que siente como sus piernas se debilitan, y caería al suelo si no fuese por el firme agarre que tiene sobre ella.
Saca sus dedos de su interior y se los lleva a la boca. Carol mira perpleja cómo degusta su sabor, cómo parece disfrutar de ello, es excitante.
Daryl se deja caer de rodillas, besa su vientre firme, su costado, muerde suavemente el hueso de la cadera. No deja una parte de su cuerpo sin recorrer.
Ella lleva su mano a su cabello pero él se la retira al instante. Lo había olvidado: prohibido tocar.
Tira de sus pantalones y ropa interior hacia abajo, despacio, besando cada palmo de pierna que queda al descubierto, hasta que la prenda se arremolina alrededor de sus tobillos
-Termina de quitártelos -ordena viendo como ella obedece y sale de ellos mientras él se ocupa de los suyos propios. No se los quita, sólo los baja lo suficiente como para poder liberar su palpitante miembro de los confines de su prisión. Él parece agradecerlo, lleva en posición de ataque desde el momento en el que le dijo Yo te creo.
Le recoloca el sujetador y baja su camiseta con cuidado volviendo a cubrir su torso.
-No quiero que te arañes la espalda con la corteza del árbol - se ve en la necesidad de aclarar cuando ve su mirada de extrañeza.
Acto seguido la sube, instándola a rodearlo con sus hermosas piernas. Y casi sin quererlo, como si su miembro impaciente conociese su camino, la penetra sin previo aviso deslizándose suavemente, y ajustándose a ella sin dificultad alguna.
Ella gime y se aferra con fuerza a su camisa procurando no rozar su piel, es algo complicado, pero por otro lado, está atrapada entre su cuerpo y el árbol, y la sostiene con tanta fuerza que podría soltarse y aún así no caería.
-Si lo llego a saber traigo un puto condón -resuella él contra su oído, recordando que es la segunda vez que lo está haciendo sin protección, con ella. No era algo usual en él, pero la primera vez no iba buscando un encuentro sexual, y ahora pues, no sabía que estaría allí.
Ella gime, balbucea algo e intenta buscar las palabras en el interior de una mente sumida en el placer.
-Yo, yo no puedo tener hijos -logra articular.
Él la mira a los ojos ante su confesión y la besa. Es un beso suave y lento que desentona con la feroz fuerza de sus embestidas. Es algo extraño y nuevo pero excitante.
La sujeta sólo con el brazo izquierdo, mientras que con el derecho explora su cuerpo. Sus suaves piernas fuertemente cerradas alrededor de sus caderas, su torso cubierto por la camisa, sus brazos suaves y pálidos, su cuello, su garganta...
Quiere preguntarle cuanto tiempo duraron las marcas, que sentía cuando las veía, si le gustó, si pensó en él, si lo buscó... pero siente un miedo atroz por conocer la respuesta.
Se inclina un poco más sobre ella, consiguiendo así que su pene roce su clítoris con cada ir y venir.
Ella gime ante la sensación, le encanta ese sonido. Siente como sus piernas se tensan a su alrededor, como sus manos se cierran en un puño enrollando su camisa en el interior.
La siente temblar, pequeñas pulsaciones que le dicen que está cerca. Acelera el ritmo, rezando para que llegue pronto porque él no aguantará más. A decir verdad, le sorprende lo que está aguantando.
Llevaba un mes sin sexo con otra mujer, jugando al solitario casi cada noche cada vez que recordaba la sensación de besarla, acariciarla, saborearla, estar dentro de ella... y ahora que esas sensaciones han vuelto se debate entre dejarse ir y disfrutar o hacer que el tiempo se detenga y no salir nunca de su interior
-Daryl -gime ella cuando su orgasmo llega recorriendo su cuerpo en un intenso placer.
Es demasiado para él; su rostro, su interior pulsando sobre él, el sonido de su nombre escapando de sus labios... quiere aguantar, dios sabe que lo intenta, pero es imposible frenarlo y se deja ir en su interior, llenándola mientras aún siente las últimas réplicas de su orgasmo.
Están nariz contra nariz, ambos respirando con dificultad, ella con los ojos cerrados, él sin poder cerrarlos. A esa distancia puede fijarse en las pecas que tiene salteadas por su nariz y mejillas, lo largas que son sus pestañas, la perfecta curva de sus cejas...
-Abre los ojos -dice en un ahogado suspiro.
Lo hace, y de nuevo se pierde en ellos; en sus pupilas dilatadas, en los distintos tonos de azul que lo componen, en esa luz propia que tiene.
Carol no termina de comprender. Está tan maravillada, como extrañada, debería ponerle nerviosa la forma que tiene de mirarla, pero no lo hace, es relajante, tanto como el sonido del agua.
La besa una última vez antes de bajarla despacio, deslizándose fuera de ella, dejándola vacía, sintiendo como su semen escapa de su interior y se desliza por sus muslos.
-Toma -dice él sacando un trapo del bolsillo trasero de su pantalón.
Ella lo recoge, se siente tímida y vulnerable mientras está limpiando sus muslos ante la atenta mirada de él.
Mira el trapo manchado, no sabe si devolvérselo, tirarlo... pero él responde a sus dudas quitándoselo y volviendo a guardarlo en su pantalón.
-Deberías regresar -le recomienda cuando se ha terminado de abrochar los pantalones.
-Debería -dice en un melancólico suspiro mirando hacia las luces.
-Gracias de nuevo, Daryl -agradece antes de emprender el camino de vuelta.
De nuevo esa frase, ese agradecimiento sincero.
-¡Espera! -La detiene él al recordar algo. Mete la mano en el bolsillo y saca la rosa cherokee.
-Oh, mi flor -exclama emocionada como una niña pequeña el día de navidad. -Gracias por tercera vez -sonríe sincera.
Él se encoje de hombros con modestia.
-No tuve la oportunidad de devolvértela antes.
Sonríe comprensiva.
-Adios Daryl, eres maravilloso, no lo olvides -vuelve a emprender el camino -Por cierto, me llamo Carol, no tuve la oportunidad de decírtelo antes -añade con timidez antes de finalmente desaparecer entre las sombras.
Carol, Carol, Carol, recordaría su nombre toda su vida.
De nuevo está sólo, y de nuevo esa extraña sensación oprimiéndole el pecho.
Las cinco de la mañana, Carol está muerta, deseando llegar a casa y poder dormir, aunque antes recibirá la tradicional paliza postsalida con el añadido de borrachera del quince.
Mira a Daryl, cabizbajo mientras su padre y su hermano hacen chistes comentarios crueles sobre él
Acaricia la flor que tiene entre sus manos, tan hermosa y delicada a pesar de haber crecido entre espinas... Quiere irse, pero por otro lado... No, qué locura. Sacude la disparatada idea de la cabeza y entra en el coche. El asiento del conductor esta vez, le toca conducir.
Daryl entra en la camioneta, la ve alejarse en su viejo Jeep, no sin antes compartir una última mirada que hace que se hunda aún más en su asiento.
Conduce él, y de nuevo esa maldita canción suena en la radio. La sigue odiando, pero más aún cuando comprende el significado de la letra y los ojos se le llenan de lágrimas sin saber por qué.
Hola, no suelo añadir comentarios tras los capítulos, pero me apetecía acercarme a vosotros.Espero que os esté gustando la historia, si tenéis alguna crítica o sugerencia serán bienvenidas :)
Quería comentaros una curiosidad:La canción "You're beautiful" no tenía pensado añadirla, pero comenzó a sonar cuando escribía la escena en la que él la mira fijamente tras hacer el amor y me pareció hermoso.
Escribo desde el móvil y a altas horas de la noche que es cuando tengo tiempo, suelo revisar varias veces el texto, pero puede que se me escape algo. Si notáis algún error hacédmelo saber, os lo agradecería mucho :)
Un saludo :)
