5. Ahora lo entiendo todo
Carol mira su reflejo en el espejo. Donde unas horas antes unas manos habían estado acariciandola y donde unos labios la habían besado, ahora había golpes y moretones.
Por lo general sus golpes iban dirigidos a su vientre, pecho, espalda, zonas poco visibles a ojos ajenos.
Pero estaba borracho, fuera de sí, no pensaba, sólo actuaba y ahora su cuerpo era un mapa.
Nada más entrar por la puerta una fuerte patada en la espalda la dejó tumbada en el suelo, indefensa, a su merced. Una patada tras otra mientras la insultaba una y otra vez.
Preguntó por qué lo hacía, como si necesitase motivos para golpearla.
Él gruñó un "algo habrás hecho" y continuó golpeándola. Patadas, puñetazos, para finalmente arrastrarla por el cabello y echarla a la calle como si de un pobre perro callejero se tratase.
Desde las siete de la mañana hasta las doce del medio día estuvo sentada sobre el felpudo que la recibía con un Welcome.
Pasó frío, dolor, sollozaba echa un ovillo deseando que se la tragase la tierra.
¿Su mayor preocupación? El qué dirán. Agradecía la existencia del muro empedrado a media altura que rodeaba su casa, protegiéndola de ojos curiosos.
Pasado el medio día, Ed abrió la puerta. No hubo disculpas ni remordimientos, se limitó q escupirle un "dúchate" y marchó al trabajo como si nada.
Quizás tenía una costilla rota, una luxación en el hombro o cualquier cosa que requiriese una visita urgente al hospital. Pero a él le daba igual.
Se arrastró al interior de la casa y cerró la puerta tras ella.
"Algo habrás hecho" piensa en esa frase. Oh sí, algo había hecho, si él supiera...
Sentirse viva, deseada, eso es lo que había hecho. Y no con un hombre cualquiera, no, con Daryl Dixon, sí, ese "violador", ese hombre despreciado por todos cuyo único verdadero delito fue apalizar a su marido para salvar a una pobre inocente de las garras de él.
Siempre dudó de la palabra de Ed, y más de una vez estuvo tentada a ir a la cárcel y escuchar la versión del detenido. Debió haberlo hecho y quizás lo habría librado de aquellos 6 meses por intento de violación y golpear a un agente de autoridad. Pero sería su palabra contra la de Ed, la de Shane e incluso el padre y hermano de Daryl. No habría conseguido nada...
Ed sabía de sobra, que aquella tarde, él no pretendía violarla. Por Dios, le estaba contando una historia sobre la rosa, sólo eso, un comportamiento totalmente inocente, pero todo el mundo acudió allí a gritarle, humillarle, llamarle violador, a recordarle lo que todos creían que había hecho.
Recuerda la desesperación e impotencia de sus palabras cuando decía sin decirlo, "Por favor, creedme".
Ella le creyó antes siquiera de conocerlo y no pudo evitar hacérselo saber, tenía la impresión de que necesitaba escucharlo, aunque no esperaba que acabase como acabó.
Se echa a reír, no, no esperaba para nada tener relaciones contra un árbol bajo la luz de la luna.
¿Se arrepiente?
En absoluto.
Frotar y frotar, eso es lo que tiene que hacer. Frotar y seguir frotando aquel trapo rojo sobre la vieja pila de piedra situada en el jardín trasero que más bien parecía un depósito de chatarra.
Extiende la tela y la mira minuciosamente, buscando cualquier resto de semen rebelde que aún quedase pegado sobre ella.
Estuvo tentado a no lavarlo, a dejarlo tal y como está como recuerdo de esa noche, pero en el momento en el que su cabeza pudo pensar con claridad se dio cuenta de la soberana guarrada que estaba planteándose.
De nuevo no ha dormido, como si aquella mujer le robase el sueño.
-Carol -susurra su nombre en voz baja, pronunciándolo por primera vez. Suena hermoso, y le resulta algo cómico que rime con el suyo. Casi como si estuviesen destinados a ser pronunciado juntos.
Casi...
Quiere verla, desea verla, necesita verla. Sólo han pasado unas horas pero ya se siente vacío. No entiende esa maldita obsesión con ella, pero es todo en lo que puede pensar.
Podría verla, conoce su dirección ¿Quién no conoce la dirección de Ed Peletier?
Podría conducir hasta allí, llamar a la puerta, y entonces... ¿Entonces qué? ¿Qué narices anhela tanto? ¿Sexo? podrían volver a hacerlo, pero ¿Y luego? de nuevo ese vacío, esa necesidad de tenerla cerca, esa necesidad de... de hacerla suya...
Pero era imposible, ella pertenecía a Ed Peletier, él es el hombre que duerme con ella todos los días, que la acaricia, besa y...
Sacude la cabeza, tendría que aprender a vivir con esa sensación, esa maldita y extraña sensación.
Escucha a Merle y Will hablar en el interior de la casa. Aún están vivos, para su desgracia... Estuvo tentado a dejarlos dormir bocarriba, quizás con suerte se ahogarían en su propio vómito, pero ya tenía demasiadas etiquetas negativas: Ladrón, marica, inútil, escoria, bestia, animal, peligroso, violador... no tenía interés en agregar la de asesino por muy suculenta que fuese la idea de no volver a oírlos en su desgraciada vida.
"Adiós Daryl, eres maravilloso, no lo olvides" Recuerda su frase una y otra vez.
"Maravilloso" esa etiqueta era nueva, la primera vez que alguien decía algo positivo sobre él sin necesidad de pagar por ello.
"Maravilloso" cuanto más lo decía más le gustaba, casi llegaba a creérselo.
Casi...
Carol gime de dolor ante la visión de su torso desnudo Los moretones de la semana pasada se han ido, pero llegan unos nuevos, son pequeños, pero dolorosos.
Un puñetazo entre las costillas, una quemadura de cigarrillo en la clavícula, un mordisco a maldad en el pezón derecho... ¿La razón? Sonreír al repartidor de pizzas tras darle la propina. Daba igual que el muchacho no tuviese más de 18 años, ella era una fulana que iba provocando a los hombres para poder follárselos.
"Qué sería de ti si no me hubieses conocido" recuerda que le dijo mientras pateaba su vientre.
¿Qué sería de ella? Bonita reflexión. Quizás su primera experiencia sexual habría sido mucho mejor, quizás habría experimentado mucho antes lo que era un orgasmo provocado por otra persona, como era que la tocasen, acariciasen y lamiesen cada rincón de su cuerpo.
Estaría trabajando en lo que le apasionaba, vestiría la ropa que le gustaba sin tratar en todo momento de desexualizarse, quizás tendría un marido cariñoso y atento y ¿Por qué no? Un precioso niño que la llamase mamá.
Se abraza el vientre y no puede evitar pensar que el motivo de su esterilidad es que está destrozada por dentro. Tantos golpes, tantas patadas, tantas costillas rotas...
Mientras Ed disfruta de la pizza con el televisor a todo volumen ella llora en silencio sobre las frías baldosas del suelo del baño.
Una hora, dos... hasta que decide salir y enfrentarse a la realidad.
Le tiemblan las piernas mientras camina por el pasillo.
Lo conoce tan bien que puede saber su estado de ánimo con sólo ver su cara, escuchar su respiración, sus pasos, e incluso por el sonido de las llaves cuando abre la puerta de casa.
Por suerte para ella, Ed duerme en el sillón del salón, con la cabeza echada hacia atrás y la garganta expuesta.
Lo fácil que sería sencillamente... Sacude la cabeza, aterrada ante la monstruosa imagen que viene a su mente.
Abre la puerta de casa y sale al exterior con la excusa de ver el correo.
Mira a su alrededor: un precioso barrio, lleno de gente, vecinos... se pregunta si oirán sus peleas y si lo hacen ¿Por qué no intervenir? Llamar a la policía, algo... pero quizás piensen que son cosas de pareja, que no pintan nada, que él es policía, un agente de autoridad, que quizás ella lo merezca...
Está sola en ese lugar, completamente sola, sin amigos, sin familia. Ah, la familia... recuerda el orgullo con el que su padre la acompañaba al altar, lo emocionado que estaba, la de veces que le dijo lo guapa que se veía, cuanto se parecía a su difunta madre y lo feliz que era de tenerla como hija.
La última vez que lo vio.
Una mudanza tras otra, cada vez más lejos de sus seres queridos, llamadas por teléfono a escondidas para preguntar como estaba, mintiéndole sobre su matrimonio, sonriendo amargamente cuando él le recordaba lo buen hombre que era Ed mientras ella temblaba de miedo ante la posibilidad de que volviese a casa y la pillase hablando por teléfono.
Un día no cogió el teléfono, y una llamada del hospital al poco rato le informaba de que su padre estaba muy enfermo y le quedaban horas de vida.
Ed no la dejó ir; le suplicó de rodillas, le rogó entre lágrimas que le permitiese verlo una última vez y poder despedirse. Pero él, lejos de apiadarse, pareció disfrutar de su necesidad y sufrimiento.
Intentó salir a escondidas pero fue inútil, antes de llegar al coche él la agarró del brazo y la llevó de vuelta a su prisión.
Su padre murió solo, abandonado por su única hija, esa a la que tanto amor y apoyo dio. De la que tan orgulloso estaba...
El sonido de una moto reduciendo velocidad llama su atención.
El motorista dirige la mirada hacia ella a través de su casco unos breves segundos y de nuevo acelera dejándola allí tan sola y perdida como estaba.
-Tú, follapavas ¿A dónde has ido con mi moto? -grita Merle tambaleándose.
Mediodía y ya borracho, o drogado, no le importaba.
-Tenía que echar una firma en el juzgado, la mierda de la condicional -responde lanzándole las llaves que aterrizan sobre su cara ante un Merle falto de reflejos.
Se quita las botas y se tumba con brusquedad en su vieja cama que se queja emitiendo un chirrido oxidado.
La ha visto, no tenía por qué pasar por su barrio pero lo hizo.
No tenía por qué desacelerar pero lo hizo.
Y la vio.
Con el cabello húmedo recién duchada, ropa ancha y ojos tristes. Dios, parecía tan triste.
Estuvo a punto de detener la moto y acercarse a preguntarle. Besarla, acariciar su cuerpo convertir esa tristeza en placer... pero entonces vio el coche de Ed.
No, no quería más problemas, y menos en su territorio, donde podía tener cualquier excusa para enviarlo otra temporada a la sombra.
Sabe que debe olvidarse de ella, que lo suyo fue solo una aventura que no volverá a pasar. ¿Pero cómo hacerlo cuando a todas horas aparece en su mente? Mientras desayuna, mientras busca trabajo sin suerte ni descanso, mientras almuerza un triste bocadillo comprado en un puesto ambulante, mientras se ducha, mientras se masturba y trae su nombre a sus labios en el clímax de su placer...
Mientras sueña... hasta su subconsciente la busca, la desea... con la diferencia de que en sus sueños ella no está casada, no lleva ese maldito anillo en su dedo. En sus sueños es la mujer del callejón, la del elegante vestido negro, la que lo empezó todo...
A veces desea que todo hubiese quedado ahí, en un maldito polvo, que siguiese siendo una desconocida, sin nombre que gemir, sin apellido que odiar, sin dirección que visitar... quizás así todo sería más sencillo y no tendría el impulso de llamar a su puerta mientras Ed está trabajando y hacerla suya una vez más, todos los días, durante el resto de su vida.
Suspira ruidosamente, como si así pudiese librarse de sus pensamientos.
Tenía que olvidarse de ella, desintoxicarse.
"Tampoco es tan difícil, si lo hice con la droga puedo hacerlo con ella". Se dice para sí, y casi se lo cree.
Casi...
-¿Lo has comprado todo? -pregunta Ed sin siquiera mirarla.
-Sí -susurra Carol con voz cansada. Los brazos le duelen de cargar con las bolsas, está cansada, sólo necesitaba 20 minutos, 20 minutos sentada en una silla, con la cabeza entre sus brazos y descansar, no dormir, sólo descansar.
-¿Qué coño haces? ¡Los chicos llegarán pronto! -gruñe Ed.
Ni un minuto le ha dado.
Abre las bolsas y comienza a guardar la compra.
De la nevera a la despensa, de la despensa al baño, del baño a la nevera y así hasta que todos los objetos están colocados en sus respectivos armarios.
Se coloca el delantal, el día es caluroso, demasiado caluroso y no tiene el cuerpo para esto.
-¿Otra vez? ¡Más lenta e irías hacia atrás! ¡Mueve ese culo gordo! -grita de nuevo Ed, dando órdenes desde el sofá.
Tiene que preparar comida para... ¿Para cuantos? Comienza a contar: Negan, Simon, Shane, Will, Merle ¿Daryl? ¿Vendrá Daryl? Piensa para sí, ha perdido la cuenta, vuelta a empezar.
Una ensaladilla, pastel de carne, empanada. Todo hecho por ella, nada comprado, porque ¿Qué iban a decir sus amigos si les ponía comida pre-cocinada? Debía hacerlo ella, como buena esposa, aunque nadie se molestase en agradecérselo, en decir "¡Qué bueno está esto Carol!" No, nadie la tenía en cuenta. Ella era la eterna olvidada ese día.
La tarta, casi se olvida de la tarta, y las velas, Dios, tiene que ir a comprar las velas ¿Qué números? ¿Cuantos años...? Empieza a echar cuentas, su año de nacimiento, le resta el año en el que están... ¿En qué año estaban? 32, cumple 32.
Los invitados comienzas a llegar, ella abre la puerta una, otra, y otra vez. De la cocina al recibidor, del recibidor a la cocina, mientras Ed sigue sentado en el sofá.
Ya están aquí y ella sin arreglar, y ni lo hará.
Uno tras otro, la saludan con un par de besos o un "¿Dónde está Ed?"
Vuelve a la cocina. Daryl no ha acudido. No sabe si sentirse aliviada o defraudada.
Mete la tarta en la nevera. De merengue y crema como a él le gusta, y sobre ella, con compleja caligrafía está escrita la frase
"Feliz cumpleaños, Carol"
Daryl almuerza una porción de pizza sentado en un banco de la calle viendo a la gente pasar.
Lleva todo el día echando currículums en cualquier lado, desde un taller mecánico a una zapatería.
Algunos comercios tienen el cartel de "Se busca empleado" desde hace meses, pero no lo llaman de ningún lado.
Mira su currículum.
Educación primaria y nada más, bueno sí, antecedentes por robo, agresión, consumo de estupefacientes, violación ¿Quién iba a querer contratar a alguien con ese historial?
Meterse a puto empezaba a ser una opción razonable.
Will y Merle estaban en casa de Ed. Era el cumpleaños de ese idiota, o algo así, no les prestó atención.
Se planteó asistir sólo por verla a ella. Pero ¿Qué pintaba allí? Se pasaría el día viendo como Ed la abrazaba y besaba mientras los demás volvían a insultarle delante de ella.
No... no era su plan ideal, aunque de todos modos no se libraba, Will ya le había avisado de que tendría que ir a recogerlos, lo cual se traducía en "Vamos a bebernos hasta el agua de los floreros y acabaremos semiinconscientes en el suelo"
Tendría que verla, de nuevo, cara a cara un mes después de su segundo encuentro sexual. ¿Qué decirle? ¿Cómo actuar? Se siente nervioso de nuevo, su estómago cerrado de repente cuando sólo ha dado dos bocados de su porción de pizza.
Las horas pasan lentas, está ansioso porque llegue el momento y a la vez porque no llegue nunca.
Carol necesita sentarse, lleva todo el día de pié y sus rodillas le piden descanso, pero no puede; si no es Ed, es Will, si no es Will es Negan.
Pasa por delante de ellos, a servirles más cerveza, más comida o a cambiar de canal porque han perdido el mando a distancia.
Alguien golpea su trasero, con tanta fuerza que se endereza al instante tras el ¡plas! Todos ríen, Shane ríe, Merle ríe, incluso Ed ríe, pero su mirada es dura y fría. Sabe lo que toca luego: paliza por haberlos provocado.
Se aleja con la cabeza gacha, sintiéndose humillada y al borde del llanto.
Llaman a la puerta. Se limpia las lágrimas y toma varias respiraciones profundas antes de abrir.
-Daryl -susurra despacio, y suena casi como un anhelo, ¿Acaso no lo era?
Ella está triste, se lo nota, lo ve en su mirada, en sus ojos brillantes, en sus gestos.
-¿Qué ocurre? Pregunta en voz baja agarrando suavemente su barbilla buscando sus ojos.
Le sorprende las libertades que se toma para tocarla, pero aún más la sensación de seguridad que le da cuando lo hace. Lo único que desea es enterrar el rostro contra su pecho, confesárselo todo y llorar, llorar hasta que todo se acabe.
-Estoy bien, sólo cansada -miente como buena actriz que es. -¿Quieres tomar algo? -pregunta dándole la espalda.
Daryl la observa caminar por delante de él, con esa camisa ancha color rosa despintada por el uso, el espantoso pantalón de chándal gris, el delantal lleno de manchas, su cabello sucio recogido en una coleta despeinada y oliendo a sudor y cocina. Preciosa igualmente.
¿Que si quería tomar algo? A ella.
-No, sólo vengo a por mi padre y hermano -responde en su lugar.
Carol lo guía hacia el salón, donde aquellas bestias hablaban, fumaban, y bebían como si fuera su último día en la tierra. Se para justo antes de llegar y lo mira como queriendo decirle algo.
-¡Daryl Dixon! -La interrumpe Ed.
Está amable, extrañamente amable con él. Mira hacia la mesa: cerveza, vodka, whisky, ron... Eso lo explicaba todo: no es más que un estúpido borracho feliz
-¡Ven aquí hombre! Coge una cerveza y celebra el cumpleaños de mi mujer con nosotros.
Daryl mira a Carol ¿Su cumpleaños? ¿Se suponía que esa fiesta era para ella?
Carol se encoge de hombros en un gesto de "es lo que hay, no lo puedo cambiar" y se echa a un lado para que pase.
-Trae la tarta, cariño. -ordena Ed.
Órdenes y más órdenes.
Daryl bebe una cerveza en un rincón al fondo del salón, apartado de todos, deseando correr tras ella, entrar en aquella cocina y besarla, hacerla sentir bien, regalarle un feliz cumpleaños, total, todos están borrachos, ni cuenta se darían.
Carol saca la tarta de la nevera, no está todo lo fría que le gustaría pero no puede remediarlo. De todos modos no iban a agradecerlo.
Saca las velas y las coloca sobre la superficie de nata.
-32 años -dice una voz a su espalda que la arrincona contra el mostrador.
-Dios, Daryl, me asustaste, ¿Qué haces aquí? -pregunta nerviosa notando su aliento en su nuca, su mano acariciando sus caderas y su notable excitación pegada a su trasero. -¿Daryl? tú... yo... no... no podemos hacerlo, esto está... Dios -tartamudea nerviosa cuando él comienza a besar su cuello.
No está bien, debe parar, ¿Por qué no puede parar? Él no habla, se limita a acariciar y besar su cuerpo. Su mano izquierda bajo su camisa, amasando sus pechos, pellizcando sus pezones, primero uno, luego otro. Su mano derecha maniobra sin dificultad en el interior de sus pantalones de chándal.
Carol cierra las piernas con fuerza.
Daryl se detiene y espera a que hable.
-Daryl... no podemos, mírame, estoy sucia, sudada, tú no quieres-
-No me digas lo que quiero -la interrumpe volviendo al ataque -.Abre las piernas -gruñe contra su oído. De nuevo besa su cuello, el lóbulo de la oreja, acaricia su vientre, sus pechos, hasta que consigue que ceda al placer y separa sus piernas para darle acceso completo a su cuerpo.
Introduce un dedo en su interior, lo suficiente como para recoger sus jugos. Está tan húmeda, y su calor es tan excitante. Juega con su clítoris, círculos lentos y constantes al principio que van incrementando su velocidad conforme nota la tensión de su cuerpo. Dios, cómo la ha extrañado.
Carol se muerde el labio para ahogar los gemidos, tercer encuentro sexual con él y tercera vez que debe frenar sus muestras verbales de placer.
Aún no se lo cree, apenas ha cruzado dos frases completas con él, no sabe nada de él, él no sabe nada de ella, pero ahí estaba otra vez, dándole un placer que no sabía que necesitaba.
Las manos fuertemente cerradas en el borde de la encimera de mármol, los ojos cerrados disfrutando del placer, está cerca, lo siente.
-Daryl... no... no pares, por favor -ruega avergonzada por su necesidad. Y por primera vez desde que está casada, su ruego ha sido escuchado, él no para, al contrario, acelera el ritmo e introduce dos dedos en su interior, primero uno, luego otro, incrementando su placer mientras que su pulgar continúa jugando con su centro.
Ella respira con dificultad, decapitando gemidos que luchan por salir.
-Abre los ojos -susurra en su oído. Ella lo hace, y es entonces cuando se da cuenta de que la estaba mirando, en todo momento la ha estado observando gracias al armario cristalera que está justo en frente de ella y en el cual se reflejaba claramente su rostro. Su excitado rostro.
Se deja ir, meciendo sus caderas contra sus dedos que continúan con su trabajo hasta la última réplica de su orgasmo, y entonces se detiene. Continúa mirándola, con esos profundos ojos... La barbilla apoyada sobre su hombro, la mano izquierda aún en su pecho y los dedos de la derecha aún empapados en su interior.
-Deberías volver, están esperando la tarta -le recuerda lamiéndose los dedos como si acabase de degustar el postre -¿El baño? -pregunta.
Carol lo mira aún intentando recuperar el aliento, no comprende, ¿Ya había terminado? ¿Y su placer? -mira hacia sus pantalones, su erección era notable, e incluso le dolía verla ahí atrapada. No lo entiende...
-La siguiente puerta a la izquierda -le informa.
Carol hace acto de presencia con la tarta.
-Al fin, ¿Por qué has tardado tanto? -pregunta molesto Ed.
-No encontraba las velas -De nuevo sus dotes de actriz. La mentira es pésima, pero para la mente turbia de un borracho era perfecta.
Ed le hace gestos para que se siente sobre sus rodillas. Ella obedece. Cruza los dedos para que no note el olor de su excitación, de su sudor fresco, del perfume natural de Daryl...
Normalmente era un sabueso, pero estando borracho sus sentidos parecían dormir.
Daryl desabrocha su pantalón. Su miembro sale de él como accionado por un resorte, como si necesitase respirar.
Se coloca frente al váter, una mano en la pared y la otra sobre su pene. El líquido preseminal rezuma en la punta, sabe que no durará mucho, estuvo a punto de correrse en sus propios pantalones como un puto adolescente cuando ella le rogó que no parase. Su voz, su necesidad, su timidez... Habría muerto antes siquiera de pensar en detenerse.
La observó todo el tiempo, todos sus gestos con esa deliciosa mezcla de placer y dolor. Ella era ajena a que la miraba, y estuvo tentado a no hacérselo saber. Pero necesitaba mirarla a los ojos, que le mirase a los ojos mientras pulsaba sobre sus dedos.
Esos preciosos ojos...
-Dios, Carol -gime cuando su clímax llega y el fondo del WC se tiñe de un blanco espeso.
Tira de la cadena y se lava las manos. Escucha voces procedentes del salón. Le cantan cumpleaños feliz, como borrachos, cada uno a su ritmo, desafinando...
Panda de idiotas...
Cumplía 32, es cuatro años mayor que él, no le importa, aunque le doblase la edad no cambiaría nada.
32 años, y su cumpleaños es el 6 de octubre. Algo que recordar, aunque no sabe por qué.
-Pide un deseo cariño -le susurra Ed al oído.
¿Un deseo? ¿Qué deseo? El de todos los años ya no vale...
Daryl hace apto de presencia, entrando con paso lento y los brazos cruzados sobre el pecho. Se miran brevemente y no puede evitar sonrojarse al recordar lo que habían hecho.
¿Un deseo? "Que desaparezcáis todos y me dejéis a solas con él" piensa antes de soplar. Pero al abrir los ojos todos siguen ahí.
No hay regalos, ninguno, pero no le sorprende.
-Vale, ahora vamos a brindar -Dice un ebrio Ed llenando con torpeza unas copas de un champán que ha tardado una vergonzosa media hora en abrir.
Reparte las copas, una a una, y se sorprende de que no rompa ninguna.
-Toma Cupido, para ti también hay -le extiende una copa llenada hasta la mitad y Daryl la recoge de mala gana, con la mandíbula apretada y los músculos tensos cuando ve como abraza a su esposa por los hombros y la estrecha contra él.
Se ve tan pequeñita y hermosa rodeada de todos aquellos cerdos.
-¿Por qué brindamos? -pregunta Merle que parece que está siendo engullido por el sofá.
-Brindamos porque el año que viene habrá un nuevo Peletier al que sacar licencia de caza ¡Voy a ser padre! -exclama Ed para horror de Carol. No, eso no estaba pasando, no podía decirlo así, aún no iban a contarlo, joder, habían quedado en esperar. Aún no era el momento, aún tenía que...
Mira a Daryl, sus ojos muy abiertos, alternando su mirada entre su rostro y su vientre, aún plano, pero ocupado. Sus labios tiemblan como si intentasen decir algo, pero no lograsen salir las palabras.
La copa de champán fuertemente agarrada contra su pecho, ajeno a que todos brindan, ajeno a cualquier sonido, sólo la mira a ella, no existe nadie más allí.
Quiere correr hacia él, decirle que quería contárselo, que de verdad creía que...
-¡Daryl! ¿A dónde coño vas, puto inútil? -grita Merle cuando su hermano le da un empujón para poder pasar.
Daryl no mira a nadie, no escucha a nadie, recorre los metros que hay del salón a la salida y se va dando un violento portazo, y al instante el sonido de una moto al arrancar y marcharse a toda velocidad rompe el silencio.
Todos se miran intentado comprender lo que ha pasado, excepto Carol. Ella lo sabe...
-¡Hijo de puta, se ha llevado mi moto! -exclama Merle al palparse el bolsillo.
-Al menos dejó la camioneta -informa Will asomado a la ventana -¿Qué coño le habrá pasado a ese maricón reprimido?
-Que le aterran los embarazos, como a todos los Dixon -ríe Merle recordando a su hijo sin reclamar y aquellos otros que terminaron en clínicas clandestinas de aborto.
Al instante el salón se llena de risas, de historias de lo putas que son las mujeres y como quieren sacarte el dinero en cuanto las preñas.
Carol no escucha nada, no ve nada, está encerrada en su propia burbuja, intentando procesar lo que ha pasado.
-Disculpadme -se excusa al pasar entre los hombres.
Se encierra en el baño y casi mete la cabeza en el váter cuando el vómito recorre su esófago y sale con fuerza por su boca e incluso por la nariz. Es una mezcla de embarazo, nervios y odio a sí misma.
Se queda ahí sentada, mirando a la nada, escuchando como uno a uno los invitados se marchan.
Ed arrastra los pies por delante de la puerta del baño, está ahí, lo siente, esperando a que salga para darle su tradicional paliza de cumpleaños, y por una vez en la vida siente que la merece.
Abre la puerta, valiente y preparada como el gladiador que sabe que va a morir.
-Recoge todo esto, mañana cuando no huelas a mierda hablaremos -Dice Ed, y sube las escaleras hasta la habitación.
Maldice su suerte, que hasta cuando desea la muerte le conceden la vida.
Mira el salón, una piara de cerdos en celo habría sido mejor que aquello.
Vasos derramados sobre la alfombra, quemaduras de cigarrillos en el sofá, comida hasta en el techo...
Resopla cansada. Desea poder chasquear los dedos y que todo volviese a la normalidad, incluida su vida.
Al menos aquella monótona tarea la mantendría ocupada su mente.
El cielo ruge furioso, y la lluvia cae con fuerza. Lleva largo rato lloviendo y así espera que siga durante toda la noche. El sonido del agua le relaja y es lo que necesita, relajarse, una larga ducha y dormir, pero primero debe dejar el salón impoluto y eso le llevará largas horas.
Llaman a la puerta.
Mira su reloj: 02:45 a.m.
Muy tarde para visitas.
Vuelven a llamar.
Se muerde el labio nerviosa y mira hacia las escaleras deseando que Ed lo haya escuchado y aparezca con su arma reglamentaria para aterrorizar a aquel visitante.
Toc toc toc
Otra vez.
Cómo echa en falta una mirilla.
Toc toc toc
Decide abrir, despacio, con mano temblorosa y la garganta seca.
Mil formas de ser asesinada vienen a su mente y...
-Daryl... ¿Qué qué haces aquí? -pregunta en un susurro, confusa y nerviosa.
Daryl está ahí de pié, con su chaqueta de cuero, empapado, su cabello mojado cae sobre sus ojos tapando parte de su rostro, el labio partido y con claros signos de embriaguez.
-¿Qué te ha pasado? ¿Estás borracho? -pregunta preocupada viendo su aspecto y su rostro sombrío.
-¿Es mío? -Señala hacia su vientre. Trae su cuestión preparada y no se piensa ir sin respuesta.
Su voz es extraña, nunca le había escuchado ese tono.
Carol palidece.
-Yo... yo... yo no... no sé si...
-¡¿Es mío o no?! -vuelve a preguntar impaciente alzando un poco más la voz -Di, sí o no. ¡Y no me mientas!
De nuevo esa extraña voz.
Carol sopesa las respuestas ¿creía que era suyo? Sí ¿Puede asegurarlo? No. Había escuchado muchos casos de parejas que tras años de intentos cuando deciden desistir ocurre el milagro, y quizás...
-¿Qué coño te pasa? ¡Responde!
-Yo... creo que sí... -decide responder con sinceridad ante un Daryl cada vez más violento.
Daryl asiente varias veces mientras pasea la lengua por el interior de su boca.
Hace el amago de marcharse, pero se para en seco bajo el marco de la puerta, de espaldas a ella, sus músculos en tensión y los puños apretados con fuerza a cada lado de su cuerpo.
-¿Así que era eso? ¿Para eso me querías? -pregunta con una siniestra tranquilidad.
-¿Qué? -intenta comprender Carol.
Entonces lo escucha sorber por la nariz. Dios, ese era el motivo de su extraña voz, de ese inusual tono, ¿estaba llorando?
-Ahora lo entiendo todo, tus agradecimientos, tus palabras amables, esa frase de "Eres maravilloso, Daryl" ¡Mentiras y más mentiras! -Se rompe Daryl.
Aún está de espaldas a ella, no lo ve, pero siente, escucha como se le quiebra la voz, como intenta contener el llanto.
-Daryl, no... yo nunca-
-¡No me toques! -se gira con violencia al sentir su mano sobre su hombro -¡Eres una puta mentirosa, como todas!
Tu marido no podía hacerte un bombo y tenías que recurrir a otro ¿no? ¿Y quién mejor que un Dixon? Nosotros, que tenemos fama de huir de las responsabilidades, que el instinto paternal lo tenemos en el culo y jamás te reclamaría nada -grita mientras se va acercando a ella, recortando distancia, haciéndola retroceder -¿Por qué iba a querer hacerme cargo de ese niño, verdad? ¡Qué estupidez! -continúa gritando, con una mezcla de dolor y rabia que la hacen querer huir y abrazarlo a la vez.
-Daryl, por favor, estás muy equivocado, yo... yo... yo no sabía, yo pensé que no podía... te... te juro que-
-¡Cállate! No quiero oír más -grita roto de dolor a escasos centímetros de su rostro.
Por un momento recuerda que Ed está arriba, que puede despertar, verlo allí y...
Se aleja de ella, aparentemente más calmado, con los ojos rojos cargados de lágrimas y el rostro en una expresión de odio eterno.
-No te preocupes -dice con calma -, no volverás a saber nada de mí. Y eso -señala con la cabeza hacia su vientre con expresión de desprecio -,jamás lo reclamaré, estate tranquila.
Y se va.
Ahí quedó ella, abrazando su vientre intentando proteger a su pequeño de aquellas palabras. , No puede ver por la cantidad de lágrimas que intenta tragar, pero acaban desbordándose y navegando por sus mejillas a la vez que ella se deja caer al suelo rota en llanto.
Un llanto silencioso que sólo ella y su bebé pueden oír.
Hola, bueno, tras este capítulo no sé si debo pediros disculpas o no, espero que no me odiéis mucho... XD.
Quería daros las gracias a todos los que leéis, votáis y comentáis la historia. Me animáis a seguir escribiendo :D :D
¡GRACIAS, SOIS GENIALES!
