7. Sentimientos encontrados
Semana 8
El libro es interesante, aunque hay palabras técnicas que no entiende y lee lento, es lo que tiene no haber pisado el colegio apenas, a este ritmo el bebé nacerá antes de que el llegue al capítulo del parto.
Por lo pronto ya sabe que el bebé mide entre 1,5 y 2 centímetros, pero ya tiene párpados, ojos, labio superior, nariz y las orejas se están empezando a formar. El cuerpo se está alargando, pueden reconocerse lo que serán brazos y piernas, y su corazón ya late.
Le cuesta creer eso.
Le sorprende y preocupa todos los peligros que acarrea un embarazo, los cuidados que debe de tener la madre, la de problemas que puede haber durante la gestación, el alto porcentaje de abortos espontáneos, lo peligroso que es para el desarrollo del bebé que la madre fume durante el embarazo ¿Ella fumaba? no la había visto fumar, pero eso no aseguraba nada.
No puede tomar alcohol. ¡Dios! ¿Se tomó aquella copa de champán cuando brindaron? No la vio...
La de alimentos que no puede comer, el peligro de los vapores de algunos productos de limpieza... ¿Ella sabría todo aquello?
A la derecha de la página un dibujo ilustrativo del interior del vientre de una mujer alrededor de la octava semana de gestación llama su atención.
Lo acaricia suavemente con la yema de los dedos y siente un aleteo extraño en el estómago.
Lleva un mes sin verla, un mes en el cual por las mañanas busca trabajo, come algo rápido y pasa la tarde en la biblioteca hasta la hora de su cierre.
Maggie lo recibe con un "Buenas tardes, señor" y lo despide con un "Buenas noches, gracias por venir".
Durante las horas que está ahí se siente bien, es uno más, puede camuflarse entre estudiantes estresados y devoradores de libros consumados
-Buenas tardes -lo saluda un joven de rasgos asiáticos que se sienta a su lado.
Él gruñe en respuesta y vuelve a su lectura.
Tiene un segundo libro entre las manos, un libro fino, escueto, apenas 50 páginas, está destinado a ayudar a entender el papel del padre durante el embarazo, parto y vida del bebé. Cada capítulo comienza con una pregunta que por alguna razón no puede evitar responder mentalmente.
¿Qué hizo tu padre por ti en la vida?
Jodérmela
¿Quieres lo mismo para tu bebé o quieres cambiarlo?
¿Estás de broma?
¿Qué crees que puedes hacer por el bien de tu futuro bebé?
Mantenerme lejos de él
-Joder, es guapísima -murmura el joven sentado a su lado. Daryl lo mira -Eh, yo... ¿He hablado en voz alta, verdad?
-Puf -es lo que dice en respuesta volviendo a su libro.
El amor de juventud... recuerda cuando empezó a prestar atención a las mujeres, era tan joven, tan inocente, tan torpe. Pocas chicas se atrevían a fijarse en él, y quién lo hacía era frenada por su padre ¿Su hija saliendo con un Dixon? Por encima de su cadáver...
Su primera experiencia sexual fue en un club de mala muerte acompañado por su padre y su hermano. Era como un ritual Dixon: Tenían que mojar antes de los 18, y si no lo conseguían por su cuenta recurrían a profesionales.
Recuerda a dicha profesional: Peluca rubia a media melena, labios rojos, olía a alcohol y tabaco y le doblaba la edad.
"No me toques" fue la frase que más repitió en aquella habitación. No estaba acostumbrado a las caricias, no sabía lo que eran, y aquello no le estaba gustando nada.
Con el tiempo aprendió que le gustaba tocar pero no ser tocado, disfrutaba acariciando, besando el cuerpo de una mujer, dándole placer... le daba igual quién fuera, cómo fuera, hasta que llegó ella... a pesar de que debía odiarla, de que quería odiarla, era ella la que acudía a su mente cuando buscaba su propio placer.
Mira al muchacho sentado a su lado, observando a Maggie por encima de un libro, que supuestamente está leyendo, pretendiendo ser disimulado.
-Lo tienes del revés -le informa. Él lo mira interrogante -El libro.
El chico se sonroja y lo voltea con torpeza.
Mira el reloj de pared, ya casi es la hora del cierre y no tiene más remedio que volver a aquella pocilga que él llama hogar.
Se acerca al mostrador con un nuevo libro que leer, nuevos datos que aprender para saber cómo cuidar a un bebé del que se deberá alejar por su bien.
Carol está tumbada sobre su sofá, con un libro sobre sus muslos. Es un libro en blanco esperando ser escrito.
Tiene pensado dárselo a su bebé cuando tenga edad suficiente. Es algo que siempre ha querido hacer y además le ayuda a relajarse, ordenar sus ideas y expresar lo que siente ya que a nadie parece importarle.
"8 semanas.
Aún no puedo sentirte, pero sé que estás ahí. Todas las mañanas despierto con náuseas, vómitos y más cansada que cuando me acosté. Es algo molesto, pero no me importa, porque por ahora es la única señal que tengo de que existes.
Aún no puedo creérmelo.
Hoy te he visto por primera vez, y he llorado, sí, soy una sentimental, ni siquiera entendía lo que estaba viendo en la pantalla pero ya lloraba, porque sabía que una de esas manchas eras tú.
Aún eres muy pequeñín, no conozco tu sexo, pero tu nombre ya está elegido desde hace más de seis años.
Si eres niño te llamarás Andrew, como tu abuelo, él fue un hombre maravilloso que me dio incluso lo que no tenía; y si eres niña Sophia, como tu abuela, ella siempre hablaba sobre tener nietos y sé que habría sido la mejor abuela del mundo.
La vida quiso que se fueran demasiado pronto, pero yo me ocuparé de que los conozcas aunque nunca los veas.
Tu padre está eufórico..."
Borra.
"Tu padre está deseando..."
Borra
"Tu padre dice..."
Borra
Tamborilea con el bolígrafo sobre la hoja, pensativa.
¿Qué decirle sobre su padre? ¿La verdad? ¿Que Ed no es su padre? ¿Que su verdadero padre le rechazó?
No se había parado a pensar en ello.
Cierra el libro y frota sus ojos frustrada.
Ama a su bebé, no se arrepiente de ese embarazo, pero desea poder borrar todo recuerdo de Daryl. Que esa fatídica noche de alcohol y lujuria jamás hubiese pasado y nunca haberlo conocido.
Semana 9
-¿Dónde coño te metes todas las tardes? -pregunta Will con la boca llena.
Daryl se encoge de hombros. Total, aunque le dijese la verdad no le creería. Hasta a él le cuesta creer que está pasando las tardes en una biblioteca. Él, que la última vez que cogió un libro fue para calzar una mesa.
-¿No habrás vuelto otra vez a las andadas? ¿Qué es esta vez? ¿Heroína? ¿Coca? ¿Hachís? -interroga su padre escudriñando sus expresiones.
Daryl no se inmuta, no tiene nada que ocultar, o al menos nada malo, o sí...
Aún no sabe cómo calificar esa situación. Es algo nuevo para él ¿Siente que ha hecho algo malo? No ¿Si pudiese volver atrás lo cambiaría? Pues... no lo sabe, no tiene ni idea, ni siquiera entiende como se siente, no tiene ni puta idea de qué hacer o cómo afrontarlo y todo ello le crispa. Apenas duerme, apenas come, a veces piensa en coger la moto e ir allí, preguntar por su bebé, saber cómo va todo y... por otro lado sólo quiere cerrar los ojos y al despertar su vida vuelva a ser la misma mierda de siempre.
-Yo creo que son porros, mira sus ojos -interrumpe Merle sus pensamientos.
Daryl aprieta los puños sobre la mesa ¿Qué les pasaba a sus ojos? ¿Estaban rojos? Lo normal cuando se tiene un libro sobre embarazo a un lado y un diccionario al otro porque hay palabras que no ha escuchado en su puta vida y además tarda media hora en leer un maldito párrafo porque apenas fue al colegio y no quiere colocar el dedo bajo cada frase como cuando era niño para no parecer gilipollas.
-Bueno, al menos eso explicaría porqué está siempre "alelao", que parece que le han dado un pollazo en la cara -ríe Will, y Merle se une al instante acompañando su risa con sonoros golpes en la mesa que hacen temblar la vajilla.
Daryl se levanta, no dice nada, sólo se va. Cierra la puerta de su habitación, coge su libro de entre el somier y el colchón, enciende su lamparita carente de pantalla y continúa con la lectura.
Nauseas matutinas, ese es su precioso despertar.
-Buenos días, cariño. -saluda a su bebé una vez que el vómito ha cesado momentáneamente.
Baja las escaleras y comienza a preparar el desayuno tapándose la nariz con la camisa. El olor del café recién hecho que antes adoraba ahora no lo soporta.
-Buenos días -saluda Ed con sequedad, ya vestido con su uniforme de trabajo. Desde que anunció su embarazo los golpes han descendido notablemente, alguna bofetada y poco más, pero los insultos han aumentado, aún así, se siente agradecida por ello, mejor recibir un millón de humillaciones al día que un solo golpe en el vientre.
Apenas la besa, escucharla vomitar le asquea y duerme en la habitación de invitados porque según él huele mal, a pesar de haberse duchado. Sus pechos han cambiado, y eso le desagrada.
No le pregunta cómo está, si necesita algo... lo único que le interesa últimamente es conocer el sexo del bebé.
-Estás más gorda -Dice mirándola con asco.
Ahí está, la primera humillación de la mañana.
-He engordado medio kilo, es lo normal durante el embarazo -le informa sintiéndose insegura, no esperaba que lo notase.
-Ya, pues más te vale no engordar mucho más -le recomienda/amenaza antes de marcharse al trabajo.
¿Medio kilo y ya se le notaba? ¿Que pasará en la etapa final del embarazo cuando haya engordado unos diez kilos?
Tira de la manga de su camisa intentando cubrir sus brazos, sus gordos y asquerosos brazos.
Semana 10
Su bebé es del tamaño de una ciruela pasa, no le gusta la comparación pero le ayuda a hacerse una idea de cómo es. Se están formando sus tobillos y rodillas y los brazos ya son funcionales.
Le preocupa Carol, se sorprende al pensar en su nombre, estas últimas semanas sólo era la madre de su hijo. Le preocupa la cantidad de cosas de que debe de estar sintiendo, según ese libro: Nauseas, vómitos, cansancio, indigestión, jaquecas, mareos, vértigos, posibles desmayos, dolor de pecho, cambios de ánimo...
¿Cómo lo estará pasando? ¿Necesitará ayuda? ¿Qué pasaría si iba a verla? Lleva ya tiempo pensando en ello, pero su propia mente es un lío aún. Quiere estar cerca de ese bebé, verlo desarrollarse, ser testigo de como va creciendo en su interior, verlo nacer... y por otro lado quiere huir, alejarse lo máximo posible y no molestar.
La noche anterior tuvo un sueño: en él, estaban en la reunión anual de caza, la misma gente, mismo odio, misma sensación de asco... y llegó ella, preciosa como siempre, junto al idiota de Ed y un pequeño bebé en sus brazos resguardado del frío con una fina sábana. Todos se arremolinaron alrededor de ellos para conocer al bebé, incluido él, pero por más que lo intentaba alguien tapaba su visión, era frustrante, y por más que gritaba que quería verlo, que quería conocer a su hijo no le dejaban.
Despertó entre sudores y ahora ese sueño no se va de su mente ¿De verdad podría vivir sin conocerlo? ¿Cómo? por mucho que quisiera alejarse, ese niño era una realidad, estaba ahí, y no conseguía quitárselo de la cabeza. Algo se ha encendido dentro de él y no sabe lo que es.
Sólo hay que verlo: Sentado en el interior de una biblioteca, rodeado de libros sobre el embarazo, los cuales, repiten lo mismo una y otra vez pero con distintas palabras. ¡Incluso ha leído un artículo sobre cómo reducir las estrías durante el embarazo! ¿A él qué coño le importaba aquello? Por mucho que quisiera negarlo, no podía dejar de pensar en él, y sabe que no podría vivir sin conocerlo.
Además, Ed era amigo de su padre y Merle, podrían coincidir en cualquier lugar, que visitase su casa con el "pequeño Peletier" y tener que compartir una comida sentado al lado de un niño que sabría que es suyo y que posiblemente lo mire con miedo, como todos los niños hacen con los Dixon.
Necesitaba conocerlo, no tenía por qué saber que él era su padre, sólo quería estar cerca de él, pero... ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo intentar ser amigo de un niño que sabe que es suyo pero que llamará papá a otro?
-¿Eres ginecólogo? -pregunta el chico asiático que le ha cogido el gusto a sentarse a su lado. En estas dos semanas ha aprendido que se llama Glenn, es coreano, y trabaja como repartidor de pizzas. No es que le haya preguntado, pero a lo tonto él le ha ido contando toda su vida.
-No -gruñe en respuesta.
-Siempre estás leyendo libros sobre embarazo.
Daryl no le da conversación, no es un hombre hablador, y le jode tener que volver a recuperar el hilo de su pensamiento. Puf, como si fuera tan difícil recordar en qué estaba pensando. En lo único que ha ocupado su mente este último mes.
De nuevo llorando mientras ve la televisión, se siente imbécil, vale que siempre ha sido una sentimental, pero llorar porque un jugador de fútbol se retira ya es pasarse, y más cuando ni sabe quién es, ni le gusta el fútbol.
"Son las malditas hormonas" se dice.
-¿Qué coño estás comiendo? ¡Joder, das asco! -gruñe Ed al entrar al salón.
Carol mira el bote de pudding de chocolate entre sus muslos y el bote de pepinillos en su mano izquierda. Pepinillos con chocolate, eso le había dado por comer. Ed tenía razón ¿Cómo podía comer esa porquería? Vale que el chocolate siempre le gustó, pero los pepinillos los odia, y juntos...
-Que estés embarazada no es excusa para que te comas todas las porquerías que se te antojen. Cuida tu alimentación, que no me casé contigo por tu inteligencia, precisamente -Dice Ed retirándole lo que estaba comiendo y tirándolo a la basura.
Y llora.
"Son las malditas hormonas" se vuelve a decir.
Semana 11
Empuja el carro de la compra, por los pasillos del supermercado que, por alguna razón, le parece estar lleno de gigantescas piedras, como esa que persiguió a Indiana Jones en una de sus películas. Quizás sea el cansancio que no se va por más que intente dormir, las nauseas y una mezcla de todo.
Odia hacer la compra, y más ahora que lo único que desea es dormir...
Incluso se siente tentada a tumbarse en uno de los colchones de muestra de la sección de hogar.
Pasa por el pasillo de bebés con una sensación distinta, ya no siente ese vacío en su interior, puede acercarse, echar un vistazo a los artículos: cunas, cochecitos de paseo, chupetes, ropa... Sonríe como una tonta mientras sostiene entre sus manos unos diminutos zapatos. Dentro de unos meses su pequeñín vestirá algo así.
Cervezas, patatas fritas, chocolatinas, más cerveza, tabaco, preservativos, ¿Lubricante?... esa era la lista de la compra que Merle le dio, no sabe que tipo de fiesta piensa montarse pero espera no estar invitado.
Camina por los pasillos hasta llegar a la sección de bebés ¿Tenían sección de bebés? no se había fijado antes. Se acerca. Todo tiene colores tan suave y parece tan delicado...
Acaricia los barrotes de una cuna, y se imagina a un pequeño bebé durmiendo plácidamente en ella, mira la ropa, esos tiernos vestiditos en miniatura... su bebé nacería a mediados de junio y si era una niña quizás ella la vestiría así, seguro que parecería una muñeca Sonríe al pensar en ello. Dios ¿Cuando se volvió tan cursi?
Sonajeros, muñecas... golpea un móvil musical que gira brevemente emitiendo el sonido del principio de una canción de cuna.
Se acerca a la sección de peluches, un suave conejito color beige llama su atención. Él tenía uno igual de niño, recuerda que era su eterno compañero en sus peores noches, cuando escuchaba a su madre llorar tras una paliza, cuando su padre le pegaba a él. Era el guardián de su sueño, el que se tragaba sus silenciosas lágrimas, hasta que un día su padre lo quemó delante de él para que dejara de amariconarse.
Piensa en comprarlo, quizás esa podría ser la primera cosa que marcase la diferencia con su padre. Sí, lo hará.
Agarra el peluche listo para marcharse, pero entonces la ve...
Ella está ahí, con unos zapatitos en la mano. Preciosa, no sabe si por el embarazo o por la radiante sonrisa que ilumina su rostro, pero la ve preciosa. El odio que creía sentir por ella de repente se desvanece y la necesidad de sentirla cerca vuelve.
No se lo explica, ¿Después de lo que le hizo? ¿Cómo podía sencillamente olvidar? No lo entiende, pero es lo que siente, quiere correr hacia ella y besarla como hace tiempo que no hace.
No sabe qué hacer ¿Saludarla? ¿Hacer como si no la hubiese visto? De nuevo está nervioso, otra vez la boca seca, otra vez las manos sudadas, otra vez su pene respondiendo. Su mente aún no ha decidido pero su cuerpo ya se mueve hacia ella.
-Hola -saluda en un tono tan suave que hasta a él le sorprende, pero ella no tiene la reacción que esperaba, o tal vez sí. Se gira sobresaltada y abraza su vientre por instinto, intentando proteger a su bebé de aquella amenaza, de aquel padre que le dijo que no quería saber nada de él.
Ella lo mira con la boca entreabierta, mirando a su alrededor como si fuese a pedir ayuda, como si temiese que pretenda agredirla.
Le duele su reacción, pero la entiende.
-Yo...-no sabe como comenzar y las palabras se le traban -¿Cómo estás?
Carol lo mira perpleja ¿Qué hacía ahí? ¿Para qué la saludaba? ¿Qué quería?
-Embarazada -responde con frialdad -Y lo pienso tener -añade con rabia.
Daryl analiza sus palabras.
-¿En serio piensas que voy a pedirte que abortes? ¿Que te voy a obligar a abortar? -le duele, aunque intenta disimularlo -¿Cómo está él? -pregunta señalando hacia el lugar donde el pequeño duerme.
-¿A ti que te importa? -gruñe, volviendo a abrazar su vientre con fuerza.
-También es mi hijo -se defiende él. Intenta ir de buenas, pero su actitud a la defensiva le irrita.
-¿Tú hijo? ¿Ya no es "eso" ahora es tu hijo? -ríe incrédula.
-¿Cómo está él? -vuelve a preguntar, con voz firme. Es lo único que necesita saber.
Carol lo mira con desdén.
-¿Para qué lo quieres saber, Daryl? ¿Qué más te da? -pregunta con una fingida calma.
Daryl la observa, ¿Cómo responder a su pregunta cuando ni él tiene la respuesta? ¿Qué coño decirle?
Carol espera unos largos minutos a que responda, pero él no dice nada, sólo la mira con expresión tensa.
Ríe sarcástica y algo desilusionada y le da la espalda para volver a empujar su carrito.
-No -la frena él -Tenemos que hablar -Intenta ser suave con sus palabras, pero salen con demasiada dureza.
-No hay nada de qué hablar, Daryl -dice ella evitando mirarle e intentando liberar el carrito de su potente agarre. Es inútil.
-Tenemos que hablar, y lo sabes. Todas las tardes estoy de tres a ocho en la biblioteca que está a las afueras que se llama "La Buhardilla". Ven. -dice cogiendo la cesta del suelo listo para irse.
Carol no se puede creer lo que está escuchando, y viendo...
-¿Tú qué te crees? No pienso ir a verte. ¿Pretendes emborracharme, aprovecharte de mí y...? Dios, no quiero saber para qué es la vaselina.
-¿Qué coño estás diciendo? -tarda en comprender -¡Dios, no, esto es cosa del gilipollas de mi hermano! -se precipita en explicar. -Te estaré esperando.
-Ya, tu hermano -finge no creerle. -Pues te morirás esperando.
-Pues me moriré -sentencia. Le da la espalda y camina alejándose de ella. Está a punto de meter el peluche dentro de la cesta, pero su lugar no está entre vaselina y preservativos, por lo que decide llevarlo en la mano.
Carol lo mira con dureza, ¿De qué narices quería hablar? No había nada de qué hablar entre ellos, ya lo dejó todo bien clarito un mes atrás.
Lo odia, sí, es puro odio lo que siente, pero entonces se percata del peluche que tiene en su mano y algo se ablanda dentro de ella, su rostro cambia varias veces mostrando un sinfín de emociones ¿Eso era para su bebé? ¿Estaba intentando disculparse? ¿Tener un acercamiento? ¿De verdad podría estar interesado en él? ¿Y si ahora quería quedárselo?
Emociones contradictorias cruzan su mente.
Mira el reloj, se está haciendo tarde,debe de estar en casa antes que Ed y aún no ha terminado de hacer la compra.
Ya habría tiempo para pensar más tarde.
Semana 12
-Dispara de una vez, Cupido -Intenta desconcentrarlo Merle.
Tradición familiar de los Dixon en Navidad: Salir de caza y cenar lo que cacen.
Es de las pocas cosas que comparten en familia, y quizás la única tradición que medianamente acepte.
Daryl toma aire, lo expulsa lentamente, se concentra en la fuerza del viento, la distancia a la que se encuentra de su presa. Redirige la dirección del perno y dispara.
-¡Entre los ojos! -exclama Merle a ver al hermoso ciervo caer.
Celebran la buena cena que tendrán, pero nadie le da las gracias, un "¡Bien hecho, hijo!" Ni una simple palmadita en la espalda, se limitan a volver a casa con el botín y casi que ni se acuerdan de él.
Le encantaría poder estar en la biblioteca, rodeado de sus libros sobre embarazo y esperándola a ella.
Fue demasiado brusco, Dios, fue un bestia. Se arrepiente de su comportamiento. Debió haber hablado con más delicadeza, pero ¿Qué delicadeza? Si su padre no le enseñó nada, al menos nada bueno respecto al trato que debe darle a las mujeres.
Debió ofrecerse a llevar su carro cargado con la compra, echarle una mano...
Se frota los ojos intentando despejar su mente.
Piensa en ella, en su rostro, su sonrisa, nunca la había visto sonreír así y sus ojos... tenían un brillo especial, el embarazo le estaba sentando bien, aunque no se lo notaba físicamente, aún era pronto, y si añadía la ropa talla XL que vestía...
Una semana ha estado esperándola, volviéndose loco viéndola en cada persona que entraba en la biblioteca. Pero ninguna era ella...
Sí, fue un bestia con ella y ahora no quería saber nada de él.
Recuerda el pequeño peluche que tiene guardado y no puede evitar preguntar si alguna vez podrá dárselo, si le permitirá conocerlo, si volverá a verla...
Se siente sola...
Acaricia su vientre ligeramente abultado, es muy leve, pero lo nota. Su bebé continúa creciendo, y a nadie, excepto a ella, le importa.
Es Navidad, están en casa de sus suegros como todos los años, durmiendo en una cama que no es la suya y con un hombre que apenas reconoce ya.
Nadie le pregunta por su estado, sus suegros no han mostrado ilusión alguna, es otro nieto más, otra boca más que alimentar y más dinero que gastar...
Ed no muestra interés en acariciar, besar su vientre, como hacen las parejas en las películas. Esas estúpidas películas. románticas que ponen el listón tan alto.
Está engordando, las camisas aún puede usarlas, pero los pantalones comienzan a apretar condenadamente, pero le da miedo que Ed la descubra con nueva ropa, que sea testigo de lo que ha engordado, pero tarde o temprano no entrará en ninguno, sabe que engordará varias tallas...
Se da la vuelta, mira a su marido, de espaldas a ella... y da gracias están en casa de sus suegros y tiene que ser un marido ejemplar porque sino estaría durmiendo en la habitación de invitados mientras ella ocupa una fría y enorme cama de matrimonio...
Su presencia comienza a molestarle, su olor le da nauseas, como si el bebé supiese que él no es su padre y quisiera alejarla de él.
Lleva toda la semana pensando en Daryl, en su insistencia en quedar, en hablar... ¿De verdad estaría esperándola allí todas las tardes? Aún no sabe que hacer, quiere ir a verlo, saber de qué quiere hablar, escuchar lo que tenga que decir, pero tiene miedo de cuales pueden ser sus palabras. Quizás quiera contarle todo a Ed, luchar por quedarse con el bebé, o quizás simplemente quiera tener una amistad...
En unos días volverá a casa y tendrá que tomar una decisión.
Semana 13
Su bebé es del tamaño de un melocotón, le gusta esa comparación, adora los melocotones.
Ya ha aprendido a respirar, las orejas y ojos se están moviendo a su posición y empieza a experimentar el sentido del tacto.
Levanta la cabeza, otro día más, otro día sin verla y ya comienza a perder la esperanza.
Necesita un plan B, piensa en escribirle lo que siente, pero le avergüenza que vea sus faltas ortografía, no sabe si romperá la carta sin leerla y no se fía de dejarla en el buzón por si la lee Ed.
También piensa en ir a verla, presentarse allí mientras Ed trabaja y obligarla a escuchar, pero... ¿Y si no estaba sola? ¿Y si gritaba?¿Y si llamaba la policía? No, no puede permitirse otro desliz con la ley. No ahora...
-Perdone -Maggie se acerca a él -¿Te llamas Daryl Dixon, verdad?
Se acabó, conoce su historial, alguien le ha avisado del peligroso violador que es, la han amenazado con quemar su biblioteca si lo deja seguir entrando.
-Sí -susurra él recogiendo sus cosas, preparándose para lo que vendría. No quiere causarle problemas, ha sido demasiado amable con él.
-Una mujer vino esta mañana y le dio esto a mi padre para usted -Maggie le entrega un trozo de papel doblado y se va sin esperar un gracias.
Daryl lo mira largamente, casi que prefería ser expulsado de allí. Teme abrirlo, no sabe si quiere conocer su contenido.
¿Y si era una amenaza? Podría intentar alejarlo de ella amenazando con contar que él la violó, agredió... todo el mundo la creería, podría ser...
O a lo mejor no era ella.
Se ríe de él mismo, claro que era ella.
-¿No la abres? -pregunta intrigado Glenn -¿Es de la chica que llevas esperando dos semanas?
Daryl lo mira interrogante. Nunca mencionó nada de que estuviese esperando a alguien.
-¿Qué? Te has pasado los últimos día mirando hacia la puerta.
-Puf -es todo lo que dice y saca el valor para desdoblar el papel.
Sólo contiene un par de líneas escritas con una letra pulcra y clara que incluso huelen a ella.
"Daryl, no puedo verte por las tardes, Ed está en casa a partir del mediodía y me gusta pasar las tardes con él.
Mañana a las 09:30 estaré aquí para hablar si quieres.
Carol"
¿Cómo tomarse eso? Le duele que le diga que le gusta pasar las tardes con Ed, y no entiende porqué esa amarga sensación, sólo pedía una puta hora de su tiempo, no necesitaba más, y ahora tendría que perder una mañana de búsqueda de empleo para verla.
Pero por otro lado, estaba dispuesta a verle, a hablar, a tener la oportunidad de expresarse, de decirle lo que piensa, lo que... lo que quiere ¿Qué es lo que quiere? Tanto insistir en hablar pero aún no ha pensado en qué decirle.
Por dos veces ha estado a punto de ir a recuperar la carta. Le costó la misma vida escribir esas dos malditas frases. "Me gusta pasar las tardes con Ed" Hasta escrito suena falso, pero ¿Qué iba a decirle? ¿Que Ed no le permite salir cuando él está en casa?
Se ha levantado temprano, quiere dejarlo todo limpio, recogido para sólo tener que hacer la comida al regresar.
Está nerviosa, algo cambiará tras el encuentro, no sabe si para bien o para mal, pero sabe que no saldrá de esa biblioteca igual que entró.
09: 15 Está tardando en llegar, o no... es él que ha llegado demasiado pronto.
La biblioteca está más vacía por la mañana, se le hace extraño no oír el suave murmullo de las voces de los estudiantes, de las zapatillas que chirrían al caminar, el pasar de las hojas, y los suspiros de idiota enamorado de Glenn.
Maggie no está, en su lugar hay un señor mayor, con barba blanca y aspecto de granjero. Debía de ser su padre.
Tamborilea nervioso con los dedos sobre la mesa, el segundero del reloj parece ir hacia atrás.
Tiene un libro sobre motociclismo en las manos pero no pasa de hoja, no pasa de la primera frase.
No le interesa nada, pero no quiere que ella lo pille leyendo un libro sobre embarazo, que vea lo metido que está en su papel de padre primerizo cuando a lo mejor le va a decir que no quiere que se acerque a su hijo... o quizás si lo veía leyendo le ablandaba el corazón.
No... no pensaba arrastrarse, aceptaría lo que ella le dijese como una persona madura.
Joder, pero quería conocer a su hijo, o no, mierda, no sabe.
-Buenos días -escucha una voz suave que es inconfundible. Ella ha llegado.
La mira, de nuevo vestida con una espantosa y enorme camisa de botones que le hace preguntarse qué esconde debajo, ¿Cómo estará su vientre? ¿Se le notará ya?
Camina hacia él con pasos tímidos.
Se congela en el lugar conforme la ve acercarse con ese vaivén de caderas que su pene reconoce. Ese bastardo siempre pensando en lo mismo.
Comienza a sudar, como si de repente alguien hubiese encendido la calefacción, la boca se le seca, ella está a escasos centímetros, tan hermosa como siempre, lista para escuchar sus palabras, pero Daryl no recuerda ni quién es él.
Hola de nuevo, muchas gracias por vuestra paciencia, espero que os guste el capítulo :)
Contestando a vuestras preguntas:
-Sí, soy española, de Málaga para ser exactos.
-No sé cuantos capítulos va a tener, la historia la tengo completada en mi mente, pero a la hora de escribirlo no sé cuánto me llevará, hay partes que en mi mente son cortas pero a la hora de escribirlas me explayo demasiado XD de hecho este capítulo lo he dividido en tres partes para que no sea muy extenso. ;)
