8. Genes Dixon
-Buenos días -susurra ella desde el otro extremo de la mesa donde él está sentado, "concentrado" en su lectura. Se siente patético.
-Hey -susurra inaudible, fingiendo estar calmado, y actuando como si se acabase de dar cuenta de su presencia. Señala con la cabeza la silla frente a él como invitación a que se siente. "Debiste levantarte, darle dos besos y apartarle la silla educadamente, cerdo sin modales" le dice su consciencia que le habla con la voz y formas de su padre.
-¿Cómo estás? Pregunta ella, entrelazando sus dedos sobre la mesa tras sentarse.
Él se encoje de hombros en respuesta "Muy bien, señor elocuente" se reprocha.
-¿Cómo estás tú? -Pregunta en un susurro buscando sus ojos como siempre suele hacer. Esos malditos ojos...
Ella también se encoje de hombros, pero, por suerte para él, añade más:
-Bueno, estoy bien, hoy no me he levantado con nauseas por primera vez, en todos estos meses, ha sido extraño, pero dicen que es normal, supongo que debo de agradecerlo. Aún me siento cansada, y tengo antojos de comida rarísimos -ríe -,a eso añádele los pechos que duelen a rabiar y algo nuevo: los tobillos hinchados -responde nerviosa, casi sin tomar aire. -Lo siento, sé que en realidad no querías escuchar todo eso -se disculpa con timidez.
No sabe por qué lo ha hecho, pero es la primera vez que alguien le pregunta por cómo está aparte de los médicos y necesitaba decirlo.
Que no quería escuchar todo eso, dice. Es precisamente lo que lleva esperando escuchar meses, y el hecho de que tenga los síntomas que los libros describen le tranquiliza. Si lo que dicen sobre ella es verdad, lo de su bebé también lo será.
-¿Y el bebé? -se atreve a preguntar esperando tener la misma suerte que con su anterior pregunta y no el "¿A ti que te importa?" de los otros días.
-Pues, ayer me hicieron el segundo ultrasonido, dice mi ginecóloga que está un poco pequeño y bajo de peso, pero nada preocupante, sólo necesito descansar bien. Estuvo intentando ver el sexo, pero por su posición fue imposible, lo tiene bien escondido -ríe tímida y condenadamente adorable.
Su segundo ultrasonido, ya vio a su bebé dos veces, y él...
-¿Quieres verlo? -pregunta ella, y antes de que pueda contestar, de que pueda siquiera procesar la pregunta, una fotografía entra en su campo de visión.
Ahí está, una pequeña mancha gris con forma humana. Es su bebé y es precioso. De nuevo siente un extraño aleteo en el estómago que no sabe cómo procesar.
Tantas semanas dudando sobre qué hacer, sobre si quería conocerlo o no y todas sus dudas han sido despejadas con una simple ecografía ¿Tan fácil era?
Carol lo observa mirar ensimismado la imagen. La manera que tiene de acariciar el contorno de lo que sería el cuerpo de su bebé, con tanta delicadeza como si de su verdadera piel se tratase.
Le enternece.
Ed no mostró ese interés; la miró un segundo, preguntó si todo estaba bien, si ya sabía lo que era o no y ya está.
En cambio Daryl...
Su comportamiento le conmueve.
-¿Puedo fotocopiarla? -pregunta sin mirarla. Necesita tener esa imagen cerca cada vez que su día haya sido una mierda, o que las dudas sobre la paternidad invadan su mente.
-Te la puedes quedar si quieres -responde con una sonrisa emocionada -.Parece más grande de lo que es, pero no mide más de...
-7 centímetros -interrumpe Daryl casi sin pensar. Ha leído tanto que sabe perfectamente que su bebé es del tamaño de un melocotón. Un precioso melocotón.
-Sí... -susurra Carol sorprendida -¿Cómo lo sabes?
Daryl se vuelve a encoger de hombros, aún no la mira, la ecografía ocupa toda su atención. Esta absorto en ella, la lleva mirando tanto tiempo que ya empieza a alucinar sobre ella, le parece ver al bebé moverse, frotarse los ojos, estirar sus piernas...
-¿Cuanto tiempo pensabas ocultármelo? -pregunta finalmente, mirándola a los ojos con seriedad.
-Yo... no iba a ocultártelo, quería contártelo, pero aún no sabía cómo, no sabía cómo te lo ibas a tomar -confiesa moviéndose nerviosa en la silla -Te dije que no podía tener hijos porque de verdad lo creía, en ningún momento te utilicé o engañé. Yo...
-Quiero conocerlo -interrumpe Daryl.
Aún no sabe si creerla o no, pero sea verdad o mentira eso no cambia que ese bebé es suyo, y el hecho de que lo haya utilizado o no, pasa a un segundo plano.
Se concentra en medir sus palabras no quiere sonar brusco, no quiere asustarla y quiere que entienda correctamente lo que quiere decirle, y que no haya malentendidos -Conocerlo, sólo eso -repite de nuevo con más suavidad.
Carol sopesa sus palabras. "Sólo conocerlo" ¿Qué abarcaba aquello?"
-No tiene por qué saber que soy su padre, y no tiene que verme si no quieres. Me conformo con que me muestres una fotografía suya de vez en cuando, y que me cuentes sobre él. -se precipita en aclarar, pero se arrepiente al instante, no puede conformarse con tan poco, ¿No verlo nunca? ¿Estaba loco? pero las palabras ya han salido de su boca y es demasiado tarde para corregirlas.
Yo... -hurga en su mochila -le he comprado esto -murmura sintiéndose algo tímido con ese pequeño conejo en sus manos -.Tenía uno igual cuando era niño y quiero que lo tenga también. Dáselo cuando nazca.
Carol lo mira con una expresión que no termina de decidirse. Le enternece que comprase ese peluche para el bebé, tal y como ella pensaba. Le emociona su cambio de actitud, que quiera saber de él, y le desconcierta que se conforme con ver una fotografía del bebé de vez en cuando.
-No se lo voy a dar -niega con la cabeza gacha ignorando el peluche que le está tendiendo.
Daryl asiente suavemente, lo entiende, tiene que aceptarlo, después de lo que le dijo..., pero aún así duele y no sabe que más hacer. Tampoco está pidiendo tanto, sólo saber de él, saber como es, sus aficiones, gustos y manías. Vuelve a guardar el peluche en la mochila pensando en qué hacer con él, quizás lo queme, al igual que hizo su padre con el suyo. Puede que el fuego purifique su mente y le haga olvidar que es padre de un niño al que jamás conocerá.
-Se lo darás tú cuando nazca -añade para su sorpresa -si quieres -lo mira con sonrisa tímida y ojos brillantes.
Daryl no puede creer lo que escucha y una solitaria lágrima que estaba apunto de derramarse se seca al instante ¿Le permite conocerlo? ¿acercarse a él? No sabe qué decirle, no sabe qué hacer, sólo asiente con la cabeza como los perritos esos cabezones que llevan algunos idiotas decorando el salpicadero del coche.
Aprieta la ecografía con fuerza en el interior de su mano.
-Debo irme, el autobús pasará pronto y no quiero tener que esperar media hora más al siguiente. -susurra, recogiendo su bolso y varias bolsas de compra que traía consigo.
-¿Has venido en bus? -pregunta intentando retenerla un poco más. Esa charla no puede durar tan poco.
-Sí, Ed se llevó el coche -explica haciendo recuento de las monedas que tiene.
-Vamos, te llevo -se ofrece Daryl recogiendo sus cosas y dejando olvidado ese "interesantísimo" libro sobre motociclismo.
-¿Qué? No, no quiero ser una molestia -murmura sintiéndose torpe de repente, como si sus manos fueran de trapo.
-He dicho que te llevo. Vamos. -se adelanta quitándole las bolsas que lleva y encaminándose hacia el coche. No le da la oportunidad de negarse, y si lo hiciera no la escucharía.
La camioneta huele a bicho muerto, literalmente, parece que lleva un cadáver atrás, y no pasa desapercibido para su delicado olfato de embarazada.
Daryl se da cuenta y sólo piensa en matar a Merle. El muy idiota se fue de caza, se emborrachó y apareció a la semana con los cadáveres de dos zarigüeyas que estuvieron pudriéndose en el interior del maletero de la camioneta aparcada bajo el sol de Georgia. Por más que ha lavado el coche el olor a muerto no termina de irse.
La mira de soslayo, no sabe qué decirle, de qué hablar. No sabe iniciar una conversación y la siente tensarse en el silencio a pesar de que finge entretenerse ordenando unos papeles de su bolso. Con lo sencillo que era todo antes...
-¿Fumas? -pregunta. Es lo único que se le ocurre, y además desea saberlo, es algo que le reconcome por dentro desde el momento en el que lo leyó.
-No, lo dejé hace años -responde sin pararse a analizar el motivo de su pregunta.
Daryl asiente mordiéndose el labio. No sabe qué más preguntar. Bueno, sí sabe, hay tantas preguntas que desea hacerle sobre su embarazo, pero quizás se meta dónde lo le llaman y prefiere callar.
-Yo lo estoy dejando -confiesa con timidez -He oído que es malo para el bebé.
Carol sonríe ante su confesión.
-Sí, lo es, pero no tienes porqué hacerlo, Daryl, Ed también fuma y...
-Ed puede hacer lo que le salga de la polla, pero yo no voy a perjudicar a mi bebé más de lo que he hecho ya -interrumpe sonando más violento de lo que pretendía. La sola mención del nombre de él hace que le chirríen los dientes. Y el muy idiota sigue fumando sin pensar en el bebé y su mujer embarazada.
A Carol no le asusta el tono de sus palabras, su corazón se derritió en el momento en el que dijo "mi bebé" y siente como las lágrimas comienzan a picar. Malditas hormonas...
Llegan a casa, Daryl la acompaña al interior cargado con sus bolsas.
De nuevo en esa casa, en ese mismo recibidor donde un par de meses atrás dijo aquellas barbaridades sobre su bebé.
-Muchas gracias, Daryl, has sido muy amable -agradece ella con timidez cogiendo las bolsas que él aún sostiene.
De nuevo esa amabilidad, ese tono, esa sonrisa, esas buenas palabras que suenan tan sinceras como siempre. Esa maldita habilidad que tiene para hacerle sentir que es alguien.
Daryl la mira sin saber qué hacer, sus palabras suenan a despedida. ¿Cuanto tiempo ha durado la esperada charla? Menos de una hora. Dos meses sin verla y ahora... ¿Eso era todo? ¿Todo arreglado?
-Enséñamelo -dice de sopetón.
Carol ladea la cabeza intentando comprender.
-El vientre, quiero ver si se nota ya -aclara maldiciendo su "don de palabra".
-Oh, yo... -sonríe y se sonroja notablemente -No sé si lo notarás, es muy leve -informa desabrochándose los suficientes botones de la camisa como para mostrar su vientre.
Es la primera vez que alguien desea verlo por puro placer y/o curiosidad y no sabe como actuar.
Se coloca de perfil, posición en la que es más notable ese pequeño abultamiento.
Daryl se acerca a ella sin pensar, hipnotizado por lo que está viendo, como un burro al que le colocan una zanahoria delante para que camine.
Acaricia con la yema de los dedos su vientre, dibujando una línea vertical que va desde la zona baja del ombligo a debajo de los pechos.
Apenas se ve, pero lo siente al tacto, está ahí, su bebé está creciendo, cada vez irá a más y dentro de unos meses no habrá camisa lo suficientemente espantosa y ancha que oculte aquello. No entiende ese sentimiento, ese orgullo de ser el causante de aquello, esa necesidad de que los meses pasen pronto y poder sentir al pequeño moviéndose en el interior de su madre.
Desvía sus manos hay los laterales, casi sin darse cuenta, su cuerpo piensa por él y no puede evitar recorrer el contorno de su silueta, sus caderas ligeramente más anchas, su cintura...
Siente un cosquilleo en el bajo vientre al adentrarse más allá dónde su camisa está desabrochada y rozar suavemente sus pechos con sus pulgares. Están más hinchados, lo siente y lo sabe.
Recoge con su mirada cada gesto de ella, cada expresión, buscando cualquier tipo de desaprobación por su parte.
Su piel sigue teniendo esa suavidad única, ese olor, y posiblemente sabor.
Acerca su rostro al de ella, sus labios casi rozándose y la siente recoger un suspiro que hace que el aire parezca tensarse a su alrededor.
-Yo... tengo que preparar la comida, Daryl, es mejor que te vayas -Lo detiene alejándose de él, abrochándose la camisa, ocultando de su vista aquella pequeña prueba de que una vida crece en su interior y rompiendo la magia.
-Está bien -asiente nervioso, sin saber cómo sentirse, sin saber qué ha pasado, qué ha cambiado de repente, qué ha hecho mal. Quizás sencillamente sea eso, que Ed llegará pronto.
Camina hacia la puerta y la abre pensativo.
-¿Cuándo te vuelvo a ver? -pregunta girándose hacia ella con brusquedad.
-¿Qué? ¿Verme? -No termina de comprender ¿Para qué quiere verla?
-Sí, para saber como va el embarazo -se siente estúpido, le dijo que quería conocer a su bebé, pero en ningún momento mencionó nada más, el embarazo no entraba en el trato, si es que habían llegado a algún tipo de trato.
-Oh... pues... -Carol se rasca la nariz pensativa -me harán una ecografía el 3 de febrero, seguramente ya me podrán decir lo que es, te dejaré una nota en la biblioteca, y si por casualidad surge alguna complicación o debo comentarte algo, pues... igual, te lo comunicaré en una nota o te diré de quedar si es necesario. ¿Te parece bien?
El 13 de febrero, un mes hasta entonces y ni siquiera la vería. Sólo una puta nota.
Asiente como un gilipollas mientras sale por la puerta sin saber como rebatir aquello.
¿Qué decirle? ¿Qué quería verla todos los días? ¿Para qué? Ni siquiera él sabe porqué desea verla. Ella lo mantendrá al tanto de las novedades, y una vez que nazca el bebé ya podrá verlo ¿Por qué no le parece suficiente?
Carol se apoya contra la puerta y deja escapar todo el aire de sus pulmones una vez que escucha la vieja furgoneta arrancar. Un poco más y ahora mismo estaría desnuda en algún rincón de la casa manteniendo relaciones sexuales con él.
No sabe de dónde sacó las fuerzas para detenerlo. Desde el momento en el que él acarició su vientre un escalofrío placentero recorrió su cuerpo, hacía tanto tiempo que no era acariciada por otra persona... pero en cuanto se dio cuenta de que la vería completamente desnuda, que vería todos aquellos cambios en su cuerpo que Ed se encarga día a día de recordarle lo asquerosos que son, supo que debía detenerlo. Ya tenía suficiente con un marido que la repudiaba, no deseaba añadir otro hombre a la lista.
-Otra vez todo el santo día por ahí -gruñe Will cuando Daryl entra por la puerta.
Está sentado en su sillón, fumando cigarrillos, bebiendo cerveza e intentando ver algo en un canal porno codificado.
-Tenía cosas que hacer -Comunica Daryl dejando las llaves de la camioneta dentro de un cenicero lleno de viejas colillas y cenizas.
Se siente tentado a fumar, en la biblioteca es fácil, está prohibido y su mente está tan ocupada entre letras que se olvida de ello, pero al llegar a casa, ese maldito lugar que huele a todo tipo de vicios, la cosa se complica. Se muere por sentir el humo en el interior de su boca, el sabor del cigarro entre sus labios...
Lleva su mano al bolsillo de su chaqueta donde solía guardar el tabaco, pero en su lugar, acaricia aquella ecografía que le recuerda el porqué de su esfuerzo.
En unos meses tendrá a su hijo en sus brazos y no quiere que una de las primeras cosas que respiren sus recién estrenados pulmones sea el olor a tabaco de su padre.
-¿Qué coño tenías tú que hacer? -pregunta Will, más por provocarlo que por interés -Tu hermano te ha estado buscando, él y Martínez tienen un trabajo para ti.
Daryl resopla, las palabras Martínez y trabajo sólo estaban unidas si entre ellas añadía "ilegal"
-No pienso aceptar ese trabajo, no quiero volver a tener problemas con la ley -Masculla Daryl encaminándose hacia su habitación.
-¡Eres un Dixon, siempre tendrás problemas con la ley! -Will se ahoga entre risas y tose con violencia.
"Ojalá te mueras en unos de esos ataques de tos" piensa, pero jamás tendrá esa suerte.
-Oh, perdone usted majestad -dice con voz burlona Merle que sale del baño con la toalla atada a la cintura y al parecer lo ha oído todo -Que ahora eres demasiado importante como para aceptar los trabajos que tu hermano, con todo el amor, te consigue.
-¿Y de qué mierda se trata ahora Merle? -se enfrenta Daryl -Intento reinsertarme en la sociedad, yo no-
-Pufff, ¿Reinsertarte en la sociedad? ¿Acaso crees que el haber estado en la cárcel te ha marcado? ¿Que te miran mal por haber estado en el trullo? Naciste siendo un paria y paria morirás -Escupe Merle.
Daryl lo mira con odio, asesinándolo con la mirada, sabe que tiene razón, que por mucho que haga no conseguirá cambiar nada, quizás deba aceptar el trabajo, ganar el dinero y...
Acaricia la fotografía de su bolsillo.
-No pienso volver a pisar la cárcel, no ahora -sentencia recorriendo los últimos pasos que le quedan para llegar a su habitación y cierra la puerta tras de sí.
Bendice a quién inventó los pestillos, aunque aún así puede escuchar a Will y Merle bromear sobre si fue violado en las duchas de prisión.
Tener familia para eso...
14 semanas
Siente frío, no sabe cuantas mantas ha echado ya sobre la enorme cama de matrimonio pero tiene frío. Procura no moverse, mantenerse en el lado que su calor corporal ya ha calentado.
Se acurruca hecha un ovillo, escondiendo su rostro bajo todas las capas de mantas pero teniendo que volver a sacarlo para poder respirar en condiciones.
Escucha pasos que se acercan a la habitación, son pausados, lo cual le indica que no está enfadado.
Espera que se haya dado cuenta de lo fría que está siendo la noche y se acerque a ella para compartir calor, para abrazarla hasta quedarse dormida. Se ríe de lo ridículos que suenan sus pensamientos.
-Incorpórate -ordena con voz autoritaria encendiendo la luz de la mesita de noche.
Carol parpadea varias veces intentando adaptarse a la luz, se frota los ojos y se sienta en la cama esperando la próxima orden.
-¿Qué, disfrutando de la cama para ti sola? -pregunta con desdén hurgando en el interior de sus propios pantalones -No te creas que el embarazo te va a librar de tus compromisos como esposa.
Carol asiente y comienza a desnudarse aceptando su condición de esposa sin rechistar.
-Oh, no cariño -la detiene Ed -,el mero hecho de imaginarte desnuda hace que se me baje.
Carol abrocha su camisa en silencio intentando comprender qué quiere, pero cuando siente el glande de su marido golpear sus labios toda duda queda despejada.
Levanta la vista mirándolo con sus enormes ojos azules, con la expresión de alguien que está a punto de ser fusilado.
-No me mires así, te he visto comer cosas peores últimamente-le replica agarrándola del cabello para forzarla contra su ingle.
Ella aún tiene frío
Su bebé es del tamaño de un puño cerrado y es posible que en su cabeza ya comience a crecer algo de cabello.
Mira su puño. No es una medida muy exacta, cada puño tiene un tamaño distinto.
Ya comienza a crecerle el cabello. Se pregunta cómo será, si pelirrojo y rizado como el de su madre o rubio y liso como el suyo. Desea que sea como el de su madre, de hecho no desea que se parezca en nada en él, demasiado ha hecho ya pasándole su sangre, la sucia sangre de los Dixon.
Mira hacia la puerta con la esperanza de verla aparecer por ella, una tontería teniendo en cuenta que por las tardes le gusta estar con su marido, piensa con amargura.
Procura quedarse cerca de Maggie, que vea que está ahí por si tiene que decirle algo o darle una nota, una puta nota.
Su vientre habrá crecido un poco más, ya habrán remitido todas las nauseas y los pechos le dolerán menos.
Cierra el libro.
No para de darle vueltas a cómo lo rechazó una semana atrás, con esa excusa... Su mente le dice que él tenía razón, que ella sólo buscaba quedarse embarazada, pero su corazón le dice que la crea, que esos ojos, esa forma de mirarle no mienten, que sus palabras eran sinceras. Pero no sabe a quién escuchar, su mente ya se ha equivocado muchas veces y su corazón es un novato que aún no termina de aclarar sus ideas.
Semana 15
Ropa deportiva, chandals, adiós a los pantalones vaqueros, ya ni puede respirar con ellos.
Evita coger el coche y el transporte público lo máximo posible, prefiere caminar, no quiere engordar, y comienza a pensar que se está obsesionando con su peso más que una adolescente influenciable.
Va a engordar, es lo normal, su bebé está creciendo, alimentándose, no puede dejar de comer, él necesita nutrientes. A la mierda el peso. Joder, son sólo 3 kilos.
Sí, eso se dice ahora, pero en cuanto llegue a casa y Ed le recuerde lo gorda que se está poniendo la claridad de su mente se irá.
-Serán 32,83$ -informa la cajera al terminar de pasar el último producto por el lector de códigos de barras.
Carol asiente y echa mano a su... su bolso ¿Dónde narices está su bolso? Dios, la cartera, su tarjeta de crédito, su DNI, las llaves de casa... ¿Dónde lo dejó? Piensa, piensa, piensa...
Se lo dejó en el recibidor de casa... siente que el embarazo está haciéndole perder la cabeza, últimamente se olvida de todo.
Si hubiese cogido el coche se habría dado cuenta de su despiste nada más ir a abrir la puerta y ver que no tenía las llaves, pero no... ella tenía que ir andando a hacer la compra para bajar la maldita rebanada de pan tostado con jamón cocido que desayunó horas antes.
-¿Ocurre algo? ¿Se encuentra bien? -pregunta la cajera al verla tan pálida.
-Yo...
-Aquí tiene -interrumpe una voz masculina que alcanza un par de billetes a la cajera.
Carol lo mira, es un hombre de su edad, alto, cabello oscuro, rizado y ojos azules. Viste con el uniforme de trabajo.
-Muchas gracias -le susurra tímida, recogiendo las bolsas de la compra que él le entrega. -Si... si pudiese darme su nombre, y una dirección, yo le devolveré el dinero. No sé que me ha pasado...
-Que se ha olvidado la cartera, despistes del embarazo lo llaman -dice él restándole importancia -A mi mujer también le pasaba. Llegó a guardar el mando de la televisión en el congelador. Dos veces...
Carol ríe sintiendo toda su tensión desaparecer.
-¿Quiere que la lleve a casa? -pregunta él con amabilidad.
-No, gracias, he traído mi coche -responde señalando hacia la puerta de salida.
Él arquea una ceja.
-¿Está segura? ¿Dónde están las llaves?
-Dios, he venido andando, y las llaves de casa están dentro de casa-Carol se frota los ojos con desesperación, se siente idiota.
-Vamos, la llevaré a casa y veré si puedo abrir esa puerta. Rezaremos para que nadie piense que estoy intentando entrar a robar -bromea él con una amabilidad que a Carol le cuesta creer que es real.
Su bebé ya tiene la apariencia de un bebé en miniatura. Los ojos y las orejas están en su posición, comienza a hacer algunos movimientos, abre y cierra las manos y puede que se chupe el dedo.
-Se chupa el dedo -susurra mirando la ecografía de su bebé e imaginando el movimiento.
Sonríe estúpidamente.
-¿Es tu hijo? -murmura Glenn demasiado cerca de su oído para su gusto.
-Sí -afirma ¿Para qué mentirle? Incluso se siente bien al compartir la información con alguien.
-Eso lo explica todo -sonríe el joven -,no eres ginecólogo, eres un padre primerizo lleno de dudas.
Daryl no responde, si esa era la impresión que daba a los clientes de la biblioteca pues bienvenida sea, mejor que parecer un ladrón de poca monta o un violador...
Y a decir verdad ¿acaso era mentira? ¿Acaso no era un futuro padre primerizo? ¿Acaso no estaba lleno de dudas?
-¿Ya sabes lo que es? -pregunta curioso Glenn. Aunque duda si es verdadera curiosidad o una escusa de mantenerse cerca de él para vigilar a Maggie.
-La próxima semana lo sabré -informa acariciando la ecografía.
-¿Y qué quieres que sea?
Se encoge de hombros. Nunca se ha parado a pensar en ello, y se da cuenta de que le da igual, sea niño o niña no cambiará nada, seguirá siendo suyo...
Y de repente siente la necesidad de saberlo, de poder darle un nombre ¿Cómo tendría pensado llamarlo? Él nunca ha sido bueno en esto de los nombres, no es tan imbécil como para ponerle nombres femeninos a su ballesta, moto...
Mira la ecografía intentando ver algo que quizás a la ginecóloga se le pasó, pero más allá de la silueta de su bebé no consigue ver nada claro.
Es inútil, deberá esperar una semana. Una larga semana.
Semana 16
3 de febrero
Está nervioso, muy nervioso...
Según el libro si ella come con mucha ansiedad puede que esté esperando un niño, si tiene mucho sueño será una niña, pero no tiene ni puñetera idea de sus hábitos alimenticios y de su rutina de sueño. No sabe apenas nada de cómo lleva el embarazo.
La tabla china y la tabla maya que predicen el sexo del bebé según el mes de concepción y la edad de la madre coinciden en que será una niña
Cambia de libro.
Su bebé mide entre 10 y 12'5cm. Ya tiene cejas, pestañas, y sus ojos ya funcionan aunque los párpados están aún sellados. Es más sensible al tacto y se estremece si la madre se golpea la barriga.
Joder, no puede concentrarse, necesita saber lo que es...
Es 3 de febrero, Carol se hizo la ecografía por la mañana, dijo que le dejaría una nota en la biblioteca, pero Maggie no le ha dicho nada.
Quizás no tuvo tiempo, llegó tarde del ginecólogo y no pudo dejar nada, quizás no hayan podido ver lo que es, quizás... quizás se olvidó de que él estaría esperando ridículamente ansioso...
4 de febrero
Otro día más, otro día en el que ella no aparece, y está empezando a irritarse ¿Por qué coño no le dice nada? ¿a qué espera? aunque no supiese lo que es debería avisarle de que aún no lo sabe y así podría dormir tranquilo. Pero ¿Quién iba a pensar que conocer el sexo del bebé le iba a quitar el sueño? A él, un Dixon...
Está ansioso, igual de ansioso que los estudiantes de exámenes por los que está rodeado y se atiborran de bebidas energéticas para no dormir.
Quizás alguno de ellos esté estudiando medicina, quizás pueda decirle si consigue ver el sexo de su bebé y... ¡Se está volviendo loco!
5 de febrero
-Hola -saluda con timidez a Maggie.
La joven levanta la vista de su portátil, donde está visualizando el sistema circulatorio de un caballo. Es estudiante de veterinaria, biología o algo parecido, deduce.
-Señor Dixon ¿Puedo ayudarle en algo? -pregunta ella sonriente.
Daryl aún no termina de acostumbrarse a que la mención de su apellido venga acompañada de una sonrisa, no sabe cómo sentirse.
-Sólo quería preguntarle algo... ¿Por casualidad tiene alguna nota para mí? -pregunta sintiéndose idiota, pero tiene la esperanza de que Maggie se haya olvidado por completo de aquella nota y al preguntar lo recuerdo.
-Uhm no, no tengo nada para usted -responde pensativa -Tengo muchas notas, pero todas dirigidas a mí, son de algún admirador secreto que teme dar la cara -ríe ella.
Daryl asiente defraudado, sólo tenía dos opciones: Que Maggie se hubiese olvidado de la nota o que Carol se hubiese olvidado de él...
Semana 17
Daryl está sentado en el mugriento porche de su casa limpiando el material de caza. Es domingo, y una salida de cacería junto con su miserable familia quizás haga que se despeje.
-¿Nos vamos ya? -pregunta a Merle cuando lo ve pasar por su lado.
-Paciencia, Darlyna, estamos esperando a Peletier -responde él mirando al horizonte con aire distendido.
-¿Ed Peletier? ¿No dijisteis que vendría! -se sulfura él. Lo que le faltaba, un día que quería tener para despejarse y debería aguantar a ese gilipollas presumiendo de mujer, de embarazo y de vida perfecta.
-Ten corazón, el pobre lo está pasando mal, necesita distraerse -dice Merle dando una calada a su cigarrillo.
Daryl entrecierra los ojos ¿Pasándolo mal? ¿Por qué iba a estar pasándolo mal? Tiene casa, dinero, trabajo, mujer, un futuro hijo... ¡Dios, su hijo! ¡Algo le ha pasado a su bebé!
Tira la ballesta al suelo y corre a arrancar su moto.
¿A dónde coño vas ahora? -pregunta Will que está terminando de subir las armas al coche -¡No pienso esperar a que vuelvas!
Daryl lo ignora, no responde. Se coloca el casco y sale de allí como alma que lleva el diablo.
Los 15 minutos que hay de su casa a la de ella se le están haciendo eternos.
Llega allí, el coche de Ed no está, ese imbécil ya está camino a un fin de semana de cacería dejando a su mujer sola con el luto.
Llama a la puerta.
Una.
Dos.
Tres veces.
Está tardando en abrir.
La preocupación aumenta, está a punto de romper una ventana cuando oye los suaves pasos de ella dirigiéndose hacia la puerta.
Finalmente la abre.
-Daryl... ¿Qué...
-¡¿PERO A TI QUE COÑO TE PASA?! -gruñe furioso cuando al fin puede verla y ser testigo de que su bebé sigue donde lo dejó. Más grande, pero ahí está, sano y salvo.
Carol da un paso atrás asustada, sin comprender el motivo de esas palabras furiosas.
-¡LLEVO UNA SEMANA ESPERANDO SABER DE TI! ¡UNA PUTA SEMANA! -le grita increpándola con el dedo.
-Yo...-no sabe qué decir, cómo decirlo -pensé que no te iba a gustar la noticia -confiesa algo avergonzada -Lo siento.
-¿Qué noticia? ¿De qué mierda hablas? -baja un poco el tono, debatiéndose entre la irritabilidad y la preocupación.
Joder, sólo se le pasó el aborto por la mente cuando puede que lo que pase es que su bebé venga con algún tipo de problema.
Carol se lame los labios nerviosa y evita mirarlo.
-¿Qué noticia? -vuelve a preguntar, con más suavidad pero con voz tensa.
Está empezando a sudar, cientos de enfermedades cruzan su mente, su bebé viene mal, y seguro que es su culpa, sus malditos genes...
-Es una niña -susurra mirándose a los pies.
Es una niña, su bebé era una niña ¿Eso era todo? ¿Esa era la "devastadora" noticia? Deja escapar el aire de sus pulmones. ¿Por qué iba a molestarle que sea una niña? Y entonces se le enciende la bombilla.
-Cómo no... Lo sabía -ríe furioso - Soy un Dixon ¿no? y sólo me interesa tener hijos varones para poder perpetuar mi apellido ¿Verdad? ¿En serio piensas eso de mí? ¿Pensabas que iba a repudiarla por ser una niña?
-No... yo...
-¿SABES LA DE BARBARIDADES QUE HAN PASADO POR MI MENTE EN SEGUNDOS? -vuelve a gritar -PENSÉ QUE LE PASABA ALGO, QUE MI BEBÉ NUNCA IBA A SER NORMAL Y... ¿CUAL ES EL GRAVÍSIMO PROBLEMA? ¡PUES QUE ES UNA NIÑA!
Carol abre y cierra la boca varias veces intentando buscar las palabras.
-De entre todas las personas que he conocido a lo largo de mi asquerosa vida, tú eres con diferencia la peor. Ojalá hubiese dejado preñada a cualquier puta barata antes que a ti -escupe tan furioso como dolido.
Y se va dando un portazo.
Hola, sé que me odiáis por este capítulo (otra vez) XD. En defensa de Daryl diré que está realmente dolido, y que al igual que el Daryl de las dos primeras temporadas de TWD no sabe cómo canalizar sus emociones negativas más allá de la furia y las amenazas.
No he comentado mucho de las emociones que está experimentando Carol en ese momento porque formarán parte del siguiente capítulo.
Me he dado cuenta de un error de cálculo: El cumpleaños de Carol debió ser el 6 de noviembre, y no de octubre para que todo cuadre (iré a autoflagelarme XD)
De nuevo muchas gracias por leer, y por vuestros buenos comentarios, jamás imaginé que mi primera historia iba a tener un recibimiento así.
Gracias, de corazón :)
