11. Muñequita preciosa

Semana 22

Esta semana el bebé alcanza los 400 gramos y los 20 centímetros, es como una muñequita.

Una muñequita, le gusta eso, seguro que es una muñequita preciosa, que está empezando a hacer los gestos que hará cuando nazca.

Sonríe amargamente, aquella noche en su habitación quería hablar con Carol sobre la posibilidad de verla más, estar más involucrado en su embarazo, pero no pudo ser, y ahora seguramente, tendrá que esperar a la próxima ecografía que no sabe cuando narices será para volver a verla...

El día después de la fiesta fue mortal, Merle se fue a trabajar, o eso dijo él. Porque robar coches, falsear matrículas, color y venderlos en el extranjero no era algo digno de ser llamado trabajo. Le pagan bien, y su padre desea que él también trabaje allí como hacía antes de pisar la cárcel, pero prefiere morirse de hambre y esperar a conseguir un trabajo honrado, y más ahora.

Estuvo toda esa mañana limpiando el desastre de la casa. El viejo se tumbó en el sofá y se dedicó a dar órdenes, excusándose con que él ya tenía una edad para estar limpiando.
Para limpiar no, pero para follar... pensó en decirle pero se calló.

Habría pasado de limpiar y dejado que se los comiera la mierda si no fuera porque él vivía ahí, y también porque quizás Carol volvía allí, y quería que se encontrase todo a su gusto. Iluso...

Su cama aún huele a ella, ya debería haber lavado las sábanas, pero no puede, es algo superior a él. Y no entiende su maldita obsesión con esa mujer, va a volverse loco.


Tiene calor, mucho calor. Vale que están en marzo y hace algún que otro día cálido, pero es demasiado, siente como que está metida en un horno.
Ya se ha dado tres duchas en lo que va de día, se siente aliviada, relajada, pero en cuanto su cabello se seca... vuelven los calores.

Esta semana está siendo un suplicio, el embarazo le está haciendo perder su mente, tener mareos, calambres, indigestiones, dolores de cabeza y el dolor de espalda va a más, pero duda de si es cosa del embarazo o que aún está lastimada por las patadas que Ed le dio en la zona lumbar tras la fiesta.

Cometió el error de preguntarle qué tal lo pasó. Era sólo una pregunta inocente, pero él se lo tomó como un ataque, como si le estuviese acusando de infiel. Ni que fuera mentira... ¿Qué narices iba a estar haciendo desnudo si no? Pero tampoco le importaba, ella no era la más idónea para hablar de fidelidad.

Pero esa pregunta inocente fue a más. Por lo visto, le dejó en ridículo al rechazar la propuesta sexual de Negan. Según Ed, si no quería acostarse con él que no lo hubiese provocado. Que ahora todos piensan que está casado con una puta frígida.

Le gritó en el coche, agarró el volante varias veces, casi se matan. Pensó que todo iba a quedar ahí cuando, al llegar a casa, él simplemente se fue a dormir.

Pero en mitad de la noche sintió cómo la agarraba del cabello, la tiraba de la cama y pateaba su espalda repetidas veces mientras le recordaba lo gorda y asquerosa que estaba.
Ella simplemente aguantó la agresión, protegiendo su vientre y sintiendo como su niña se movía asustada.

La dejó tendida en el suelo, llorando y gimiendo de dolor. Le costó la misma vida levantarse. Su espalda que horas antes había sido masajeada con tanto cariño ahora había sido maltratada hasta la saciedad.

La campana del horno le avisa de que sus galletas ya están listas. Mira el reloj, va bien de tiempo.


-Hasta mañana señor Dixon -lo despide Maggie sonriente, recogiendo sus cosas para irse también.
Él asiente con la cabeza en respuesta. Hoy no se lleva ningún libro a casa, se ha leído el que tenía entre sus manos de una sentada y no le ha dado tiempo de mirar ningún otro.

Llega hasta la moto de Merle, su hermano se ha llevado su camioneta a vete a saber dónde, sólo espera que vuelva de una pieza. La camioneta, su hermano puede estar desangrándose en una cuneta que le da igual.

-¿Daryl? -escucha una inconfundible voz tras de él.

-Hey -saluda sin poder evitar la emoción al girarse y verla allí. Casi se echa a reír al verla -¿Y ese delantal de cocina? -pregunta señalando hacia ese trozo de tela con el dibujo de un gallo portugués en el centro.

Carol arquea una ceja antes de comprender a qué se refiere.
-Joder, yo... -tartamudea nerviosa, luchando por deshacer el nudo a su espalda, pero es inútil tiene manos de trapo.

-Deja, anda -Daryl le da un suave golpe en el hombro para que se gire y deshace el nudo sin esfuerzo.
Ella huele bien, siempre huele bien, pero ese olor es deliciosamente dulce, y casi que siente la tentación de lamer su suave rostro, en su lugar se conforma con besar su cabeza antes de que ella se gire. No sabe porqué lo ha hecho.

-Lo siento, he estado cocinando y... se me va la cabeza con el embarazo -se explica avergonzada, pero de nuevo él no parece escucharla, ya ha llevado sus manos a su vientre para palparlo.

-¿Cómo está? -pregunta mirándola a los ojos. El vientre está mas grande que hace una semana. Increíble pero es así, parece que crece por días.

-Bien, ella está bien -responde sonriente -Te manda saludos -le informa al notar a su niña moverse.

-Te fuiste sin despedirte -le recuerda sin poder esconder su tono dolido.

Carol agacha cabeza.
-Yo... lo siento, me encontré con Ed al salir del baño y...

-Sí, sé lo que pasó, te vi -gruñe molesto al recordar aquel beso y esa sonrisa que ella le dirigió antes de entrar en aquella habitación con su marido -¿Qué haces aquí? -pregunta cruzándose de brazos todo digno.

-Yo quería agradecerte lo que hiciste por mí/ por nuestra hija la semana pasada y... -mira sus manos vacías -Joder, espera ¡no te muevas! -exclama caminando a paso ligero hacia el coche.

Daryl la observa, sus despistes son realmente tiernos.

Regresa hacia él con un tupper en la mano y se lo da algo vacilante.

-¿Qué es esto? -pregunta él abriéndolo. Desprende el mismo olor dulce que ella.

-Pues si no me he confundido de tupper, deben de ser galletas caseras, las he hecho yo. Ha sido todo un reto con mis despistes. En las dos primeras tandas me olvidé de algún ingrediente, y en la tercera me olvidé de que estaba haciendo galletas y se quemaron. Espero que te gusten. -dice con timidez con las manos a la espalda y balanceándose sobre sus talones. Adorable.

Daryl mira las galletas, huelen que alimentan, está deseando probarlas.
Nadie ha hecho eso por él antes, no sabe que debe de hacer ahora.

-¿Llevan nueces? -pregunta oliéndolas.

-No, almendras¿Por qué? ¿No te gustan las nueces? -pregunta con curiosidad.

-Soy alérgico -Informa. Recuerda el día que lo descubrió: Estaba en la calle jugando con los chicos del barrio, le ofrecieron un trozo de bizcocho y unos segundos después, tras darle el primer bocado empezó a notar un picor molesto en la garganta que iba a más, a más, a más, hasta que no podía respirar.
Da gracias a haber estado en la calle, rodeado de gente y no en casa, porque seguramente lo habrían dejado morir.

-Vaya, ese dato es interesante -apunta Carol ante la mirada extrañada de Daryl -Tendré cuidado cuando Sophia comience a comer frutos secos.

Daryl asiente, tiene razón, su niña puede heredar su alergia. Asco de genes...

Se miran durante largo rato y un silencio incómodo surge entre ellos.
Ninguno dice nada, no saben qué más decir.

-Bueno, me alegro de volver a verte, Daryl. Ya nos veremos -se despide Carol dándole la espalda.

-Hey, hey, espera -la retiene Daryl agarrándola del brazo.
Carol lo mira esperando a que hable.
-Yo... -no sabe cómo empezar, tiene una maldita forma de mirarle que hace que se le olvide todo -Te olvidas esto -escupe finalmente con dificultad, entregándole el delantal.

-Gracias -dice ella con una suave sonrisa y vuelve a alejarse de él.

Daryl se frota los ojos. No, eso no era lo que quería decirle, quería pedirle verla más, quedar alguna tarde, tomar algo, que le contase sobre su embarazo, pero su don de palabra es inexistente y nada salió de sus labios. De nuevo en ese sinvivir, sin saber cómo, cuándo y dónde volverá a verla. Quizás se pierda todo el embarazo y no la vuelva a ver hasta que se entere por un tercero de que ha dado a luz.
No... eso no puede pasar.


El idiota de Merle ha jodido la camioneta, no sabe qué narices le ha hecho pero le ha jodido el motor.

Está en el taller de Dale, esperando a que le diga cuanto le va a costar la puta broma.

El viejo le cae bien, aunque se niegue a darle trabajo por la mala fama que le daría a su negocio, pero al menos se lo dice a la cara y no pone excusas como "Aquí no ha dejado su currículum".

No, Dale era sincero, directo y a pesar de todo le hablaba con cierto respeto.

-Chaval -se dirige hacia él, quitándose el sombrero para poder rascar su calva -, esto no te va a salir barato -le informa con semblante serio como si le comunicase la muerte de un ser querido.

-Dime cuanto -dice sacando su cartera preparándose a ser violado económicamente.

-Unos 1500$ -dispara sin piedad.

Daryl mira alarmado. Sabía que iba a ser caro, pero no esperaba a que llegase a las cuatro cifras.

-Hijo de puta, voy a matar a mi hermano cuando llegue a casa -gruñe entre dientes. Abre su cartera, la ecografía de su niña lo saluda y no puede contener la sonrisa que se dibuja en su rostro al instante.

-¿A quién has dejado embarazada, hijo? -pregunta el hombre negando con la cabeza mientras coge el dinero. La ecografía no ha pasado desapercibida para él, y mucho menos su mirada.

-¿A ti que te importa viejo? Métase en sus asuntos y arregle mi coche -ladra, recogiendo su cambio de un manotazo y alejándose.

-¿Aún necesitas trabajo? -le grita haciendo que se detenga y se gire para mirarle interesado -Necesito un nuevo mecánico, T-dog se ha mudado y me he quedado solo. Si te interesa el puesto es tuyo.

Daryl asiente efusivamente. Dios, un trabajo honrado al fin.

-Empiezas el lunes, de 8:30 a 13:30 y de 17:00 a 20:00. Ya sabes que el sueldo no es mucho, pero al menos te dará para comprar pañales y pagar un alquiler modesto -informa sonriente. Sabe que es un Dixon, conoce su fama, pero también sabe lo que es ser padre sin tener un maldito centavo. Ese bebé ya pasará demasiado por pertenecer a esa familia maldecida, si puede hacer que su infancia sea menos miserable lo hará.


Mañana de misa. Carol agacha cabeza mientras escucha al viejo párroco hablar sobre el matrimonio. Comentando y criticando la cantidad de parejas que se divorcian, que ya no aguantan nada, que no tienen paciencia, que el matrimonio es sacrificio y mil paparruchas más. ¿Qué sabrá él? Se pregunta sintiendo como su marido acaricia su dedo anular, donde su alianza descansa y le quema, recordándole que está atada a él, que pertenece a él, recordándole su pecado. No, su niña no es un pecado, es algo hermoso, fruto de una preciosa noche de pasión con un maravilloso hombre por el que no puede evitar sentir algo...
No lo entiende, no puede tocarlo, apenas hablan, y la mayoría de sus encuentros son agridulces, pero la forma que tiene de acariciarla, de mirarla, de palpar su vientre, de preocuparse por ella... le hace sentir algo hermoso, algo prohibido y que debe encerrar en lo más profundo de su corazón.


Semana 23

Los movimientos del bebé y sus ataques de hipo son perceptibles desde el exterior.

Daryl sonríe, desea ir a verla, palpar su barriga y poder sentir como se mueve su niña. Lleva queriendo sentirla desde hace meses, y según ese libro ya es posible, pero... no sabe si Ed estará allí.

Podría acercarse con la moto, echar un vistazo, y si no está llamar a la puerta con la excusa de devolverle el tupper vacío de galletas que sólo le duraron dos días. Estaban deliciosas, eran adictivas, tanto como la cocinera.

Mira su reloj, debería ir yéndose, dentro de media hora tiene que volver a entrar al trabajo.
Casi que se siente mal por dejar aquel olor a gasolina y grasa de motor en la biblioteca, pero si quería seguir leyendo libros, debía aprovechar las horas libres entre el turno de mañana y de tarde.

Abre la cartera y acaricia la ecografía de su niña, aún no ha nacido y ya le ha dado más alegrías que cualquier miembro de su familia a lo largo de su vida.

Está seguro de que el trabajo lo ha conseguido por ella, y por eso mismo hará todo lo posible por conservarlo, ahorrar y alquilar una casa lejos de su padre y hermano, y cerca de ella, para que el día de mañana ella pueda ir a visitarlo en autobús, bicicleta, caminando...

Si es que estaba interesa en que él siguiese formando parte de su vida.

El pensamiento hace que se le encoja el corazón ¿Y si cuando llegase a cierta edad no quería saber nada de él? Al fin y al cabo para ella él no sería más que una amistad de la familia, o quizás ni eso.

Y si la gente veía a la "hija de Peletier" entrar en la casa de un Dixon, comenzaría a hablar...

Se frota la cara con desesperación, deseando que el tiempo pase lento y así poder disfrutar de su niña lo máximo posible.


19:00 horas. La paz está a punto de volver a su casa.

-Me voy a trabajar -refunfuña Ed, cogiendo su camisa recién planchada y saliendo por la puerta.
No hay despedida, no hay beso, pero tampoco hay insultos, es una sensación gris y extraña que empieza a formar parte de su día a día. Últimamente sólo la ignora.
No sabe si agradecérselo a su nuevo superior que ha decidido degradarlo al turno de noche. De 19:00 a 07:00 está sola en casa, y de 07:00 a 16:00 él duerme, por lo que sólo tiene tres horas para comer, ducharse, vestirse, hablar con los cerdos de sus amigos y si tiene tiempo insultarla.

Se tumba en el sofá y acaricia su vientre, en unas horas su niña despertará y comenzará a moverse, no sabe porqué, pero por la noche es cuando más activa está.
Ya puede sentirla desde fuera, y desea que Daryl aparezca por la puerta para agarrar su mano y guiarla hacia el lugar donde su niña golpea. Le encantaría ver su rostro, y poder describirlo en el libro que le está escribiendo a su niña.


-¿Dale? ¿Dices que Dale te ha dado trabajo? -pregunta incrédulo Will desgarrando un trozo de muslo de pollo con los dientes.

Daryl asiente, arrepintiéndose al instante de haberles dado la noticia al ver el rostro cómplice que se lanzan su padre y hermano.

-¡Eso es genial! -exclama Will lanzando perdigones de trozos de carne por toda la mesa -¿Te haces una idea del dinero que nos vamos a ahorrar en recambios? -pregunta retórico mirando sonriente a su hijo mayor.

-Y en piezas para el taller de Martínez, nuestras ganancias serán mucho mayores -añade animado Merle, agitando la cerveza con violencia.

-Jamás pensé que diría esto, pero estoy orgulloso de ti hijo -lo felicita Will dándole una palmada en el hombro al pasar por su lado.

Ahí está, el aprecio que siempre buscó por parte de su padre, pero no le vale, no están orgullosos porque haya conseguido un trabajo honrado, no, todo ese orgullo es porque ellos se pueden beneficiar.

-¿Qué coño os pasa? ¡No pienso robarle a Dale. Él ha confiado en mí, me ha dado trabajo cuando nadie lo ha hecho, a pesar de la fama que tenemos, y no voy a defraudarle! ¡Yo no soy como vosotros!-grita golpeando la mesa con violencia antes de levantarse, listo para marcharse de allí, pero Merle le agarra de la camisa y lo inmoviliza entre la pared y él.

-¿Qué mierda te crees que eres? ¿Crees que por conseguir un trabajo legal ya eres mejor que nosotros? ¡Eres un Dixon, peor que un Dixon, te recuerdo que has estado en la cárcel por violación. No eres nadie, no tienes a nadie más que a nosotros! Como ya te dije paria nacimos y paria moriremos ¡Acéptalo y deja de intentar ser la princesa de tu cuento de hadas, marica chupapollas! -grita Merle, dándole una tanda de puñetazo en el estómago que lo dejan doblado de dolor y sin poder respirar durante unos eternos segundos.

Escucha a Will insultarle, lo oye animar a Merle para que lo mate, él se deja golpear, sintiendo como poco a poco su visión se vuelve negra y lo último que viene a su mente es la forma de aquel abultado vientre donde su niña descansa esperando a nacer.


Carol camina hasta la cocina a por un vaso de agua, apoyada en sus talones. Se acaba de pintar las uñas de los pies, debe aprovechar ahora que aún puede vérselas y tocarlas, porque dentro de poco deberá decirle adiós a todo aquello que esté de cintura para abajo.
Se sienta a la mesa y juega a guiñar un ojo, luego el otro, viendo como el vaso de agua cambia de posición ligeramente. Izquierda, derecha, izquierda, derecha...
Se aburre, ya ha hecho todas las tareas de la casa, y no tiene nada más que hacer, bueno, sí tiene cosas que hacer, pero en su estado no puede. Podría montar la cuna y el resto de los muebles de la habitación del bebé, pero sabe que como se siente no podrá volver a levantarse, o le costará la misma vida.
Mira el reloj. Las 20:00, podría ir a la biblioteca y ver a Daryl, pero... ¿Para qué? ¿Qué excusa darle esta vez? ¿Otro tupper con galletas? ¿Pedirle que le devuelva el anterior? se siente patética, como una quinceañera que suspira por el chico que le gusta sin atreverse a hacer otra cosa más que mirarlo.
Le apetece estar con él, aunque no hablen, desea simplemente estar sentada en el sofá con él a su lado, sintiendo su calor, su olor, y como se preocupa por ella sin esperar nada a cambio.
¿Cuánto tiempo hace que no se siente así? sabe que sólo pueden/deben tener una amistad, es lo que su mente le grita a todas horas cada vez que su corazón intenta imponerse.
No sabe si es amor o simplemente falta de cariño... pero lo que sí sabe es que anhela estar con él, aunque piense que ella lo utilizó...


Semana 24

El bebé tiene el tamaño de una carta estándar, recuerda cuando Dale le entrega un sobre.
-¿Qué es esto? -pregunta sin atreverse a abrirlo.

El viejo Dale sonríe de forma campechana.
-Es un adelanto de tu sueldo, por si necesitas ir comprando cosas para tu futuro bebé -le aclara. Lleva sólo una semana trabajando con él, pero le ve algo que no tiene los otros Dixon. Obedece cuando ordena, escucha cuando le corrige, aprende y trabaja rápido. Está gratamente sorprendido con él.
Recuerda unos días atrás, que llegó al trabajo lleno de golpes y contusiones de haber recibido una paliza. Le preguntó que le pasó, no dijo nada, le recomendó que se tomase el día libre, se negó. Cogió las herramientas, abrió el capó de un viejo Chevrolet y se puso a trabajar, entre gemidos de dolor por cada movimiento que hacía.

Daryl mira el interior, hay un resguardo de una transferencia a su nombre de 350$, la mitad del mes. Está a punto de decirle que no necesita ningún adelanto, que no es ningún muerto de hambre, pero prefiere callar, ese dinero no viene mal, e incluso podría ir mirando algún piso o pequeña casa para alquilar cerca de su niña.
Asiente con la cabeza a modo de agradecimiento.

-¿De cuanto tiempo está? -pregunta Dale, trabajando en el coche de al lado.

-24 semanas -responde sin levantar la vista del motor -Es una niña -añade, sintiendo la necesidad de conversar con alguien sobre la paternidad.

-Mi mujer siempre quiso una niña, pero Dios sólo nos concedió hijos varones y, caprichos de la vida, mis tres hijos han sido padres y todas son niñas. Tenemos cuatro nietas y a su abuela se le cae la baba -ríe Dale.

Daryl sonríe, aunque pudiese decir sin tapujos que Sophia es su hija, duda mucho que su padre mostrase el más mínimo interés por su nieta, y no le importa, lo prefiere así.

El sonido de las ruedas de un coche pasando por encima de la grava y acercándose interrumpe la conversación.

Daryl entrecierra los ojos, intentando ver más allá de donde la luz le permite, conoce el sonido de ese coche. La forma que tiene de quejarse cuando cambia de marcha. Es el coche de Shane.

-Buenas tardes señor Walsh -saluda Dale con educación.

Shane no le escucha, sus ojos ya se han fijado en el hombre que tiene trabajando a su lado.

-¿Qué coño hace este aquí? -gruñe, escupiendo a los pies de Daryl, que finge no inmutarse, pero sus puños están cerrados con tanta fuerza que se clava las uñas en la palma.

-Es mi nuevo mecánico -informa Dale mirándole con gesto serio. nunca le ha caído bien ese hombre, su chulería y falsedad no le dan ninguna confianza, y mucho menos que trate al chaval así.

-¿Tu mecánico? ya mismo te empezarán a desaparecer piezas, e incluso coches enteros, acuérdate de lo que te digo, viejo -advierte con una falsa preocupación y sonriendo con desdén a Daryl.

-¿Qué se te ofrece? -cambia de tema Dale -¿Dónde está tu compañero? hace tiempo que no lo viene por aquí -pregunta, aquel joven era mucho más educado y amable que Shane, daba gusto hablar con él.

-¿Rick? al muy hijo de puta lo han ascendido. Ahora se cree dueño y señor de todos nosotros.

Daryl finge estar concentrado en el trabajo mientras escucha la conversación que Shane mantiene con Dale, y agradece estar de espaldas a ellos para que no puedan ver la sonrisa que tiene dibujada en su rostro. Al parecer Ed trabaja de noche, por lo cual, a partir de las 19:00, Carol está completamente sola en casa. Es su oportunidad.

Semana 25

El bebé está creciendo a pesos agigantados y se están desarrollando los pulmones.

Aún recuerda el día que leyó que su bebé medía 1,5 cm, y ya va por los 34 cm, es increíble.

Ed trabaja de noche...

Lleva dándole vueltas a eso toda la semana, pero es un cobarde de mierda incapaz de dar el paso y acercarse a verla.

Tampoco es tan difícil: conducir hasta allí, llamar a la puerta, decirle que has ido a devolverle el tupper y ya de paso aprovechas, le preguntas como están y las ves.

Sí... en su cabeza es todo muy sencillo, pero a la hora de la verdad... ¿Y si no quería verlo? no soportaría ver su cara de desagrado al verlo aparecer en su puerta. Pero ¿Qué pretende que haga? no puede quedarse sentado esperando que otro le diga quee Ed ha sido padre. No, quiere seguir el embarazo de cerca, poder sentir las patadas de su niña y como crece en el interior de su madre.


Y QUE SEA LA ÚLTIMA VEZ QUE INTENTAS ENVENENARME! ¿ME OYES? ¡Zorra de mierda!-grita Ed, marchándose de allí dando un portazo.

Carol gime de dolor, y comienza a recoger el desastre de la cocina, en silencio.

Confundió el azúcar con la sal al prepararle el café. Sólo un sorbo bastó para desatar su ira, que le arrojase el café caliente a la cara y la taza a la cabeza.
A pesar de todo está feliz, se alegra de que sólo haya sido eso y que ninguno de los golpes haya ido a parar a su estómago. Niega con la cabeza. su felicidad se basa en que su hija sobreviva un día más en su interior.
Ya no recuerda la última vez que Ed la hizo sonreír, o sentir amada, echa de menos que la saque en sociedad, que la presente como su esposa, que la abrace y le hable fingiendo ser el marido perfecto, aunque todo sea una farsa.
Se pregunta si hará lo mismo con Sophia, si la ignorará mientras esté en casa, pero al salir por la puerta finja ser el padre perfecto. Seguramente... o quizás cambie, puede que por su niña madure, y se esfuerce por controlar su ira por el bien de su niña.
Sí, ya, seguro...

Mira su reflejo en el armario cristalero, ese mismo armario que unos meses atrás le devolvía la mirada de un rostro enrojecido por la excitación, ahora le devolvía la mirada de un rostro enrojecido por una leve quemadura. Un rostro cansado que no reconoce.

Siempre se imaginó que su embarazo sería una etapa feliz, que su marido la cuidaría, la acompañaría a las citas médicas, a elegir los artículos para el bebé, decorar la habitación, elegir nombre. Que la abrazaría y acariciaría su vientre todas las noches y le diría cuanto la quiere, lo feliz que está y las ganas que tiene de ver a su bebé.
Pero como siempre, la realidad le dio una bofetada en la cara, y le dijo que se conformase con lo que tenía, que al menos su bebé tendría un techo sobre su cabeza y no le faltaría nada.


Semana 26

El bebé empieza a abrir los ojos, pero el iris aún no presenta mucha pigmentación.

Ojalá haya heredado los hermosos ojos de su madre... y sus pecas, y su nariz, y sus labios y su cabello y su piel...
Ojalá sea una copia exacta de su madre.

Hoy no ha ido a la biblioteca, en su lugar ha decidido ir al parque, sentarse en un banco bajo un árbol, comer una porción de pizza y escuchar los gritos y risas de los niños que juegan en la zona.
Le gusta el sonido, transmite felicidad, posiblemente, dentro de unos meses, su niña paseará por ese parque en un cochecito empujado por su madre.

Alza la vista del libro: Una madre ayuda a su hijo a subir al tobogán mientras el padre espera pacientemente al otro lado para asegurarse de que se desliza bien y no sufre ningún daño. Al otro lado, un padre empuja un columpio mientras su niño grita "más fuerte, papá", un poco más allá una madre amamanta a su bebé mientras tiene un ojo puesto en su otro niño que juega despreocupado en un balancín.
Quizás él algún día pueda hacer algo de eso, excepto amamantar, claro. Se pregunta si Carol tendrá pensamiento de hacerlo o le dará el biberón. Seguro que sería una imagen preciosa, ver como a su niña siendo amamantada por su orgullosa madre.

Hay muchos padres con smartphones, quizás debería comprarse uno, ahora con el trabajo puede permitírselo, y así podría hacerle fotos y vídeos a su niña. Sí, eso hará.

-¿Qué haces aquí, Daryl Dixon? -pregunta una voz masculina.
Daryl alza la vista, es un policía, uno de tantos que le hizo la vida imposible durante su estancia en prisión.

-¿No puedo sentarme tranquilamente en el parque a almorzar? -gruñe molesto. Ni respirar le dejan.

-No, si te dedicas a mirar fijamente a los niños y sus madres -escupe con crueldad, mirándole con asco como si de una mierda pegada en la suela de su zapato se tratase.

Daryl recoge sus cosas molesto, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos y se marcha de allí.
Podría haberle dado un puñetazo, partido los dientes o sacarle el ojo que le queda, posiblemente en otra época lo habría hecho, pero ahora no piensa formar ese espectáculo bochornoso delante de todos esos niños, y mucho menos piensa volver a pisar la cárcel, por lo que, para sorpresa y disgusto de ese policía, abandona el lugar con la misma tranquilidad que llegó, y con la mente puesta en la tienda de telefonía más cercana. Está orgulloso de como está comenzando a controlar su ira, y todo se lo debe a su niña.


-Por favor, muévete -llora entre hipidos Carol, con desesperación.
son las 22:50, a esta hora Sophia está realmente activa, pero hoy no, y lleva sin sentirla desde el momento en el que Ed se fue.

La camisa de su uniforme estaba sucia, por lo que echó mano de una del año pasado, pero no le abrochó. La culpó a ella, e inocentemente, sin pararse a pensarlo le dijo que quizás había engordado.
Para qué dijo nada...

Gime en el recuerdo, llorando a lágrima viva.

Recuerda cómo la agarró del brazo, sus dedos aún están marcados sobre su pálida piel. Cómo la arrastró hacia el borde de las escaleras y la sujetó por los hombros mientras la inclinaba poco a poco hacia atrás amenazándola con tirarla escaleras abajo y así librarse del puto problema.
Eso era Sophia para él, un problema.

Llora sin fuerzas, abrazando su vientre.

Se agarró a Ed, clavó sus uñas en sus muñecas y le rogó que por favor no lo hiciera. Pero de nuevo no encontró compasión, sólo odio. Volvió a estabilizarla sobre sus pies, para respiro de ella, pero, en lugar de dejarlo estar, la arrojó con violencia contra la pared del fondo, haciéndola chocar con ella y caer al suelo.

En ningún momento golpeó su vientre, pero desde esa fatídica vivencia Sophia dejó de moverse, y se teme lo peor.
Llora desolada, rogando al cielo por sentir una de sus patadas, o sus adorables ataques de hipo, cualquier cosa, cualquier señal que le diga que su niña está bien.
Pero la señal no llega.

Agarra su bolso, abre la billetera para cerciorarse de que tiene suficiente dinero, sólo para encontrarse con las ecografías de su niña.
De nuevo el llanto descontrolado que no le permite ver.
Tiene que coger un taxi, ya que a estás horas no hay línea de autobús, ir al hospital y... y que le confirmen lo que tanto teme y le provoquen el parto para sacarle a su niña de su interior.

Vuelve a llorar sólo de pensar en su pequeño cuerpo inerte.

Se dirige hacia la salida como un condenado inocente que camina hacia la silla eléctrica, conociendo su destino, un destino que no merece y que no puede evitar.

Abre la puerta, y su corazón da un vuelco, cuando lo ve ahí de pie, mordiéndose las uñas nervioso, a punto de llamar a la puerta.

-Hey -saluda en un susurro, y aquello es suficiente para que su niña se mueva.

Carol rompe en llanto y entierra su rostro en el pecho de Daryl, no le abraza, sabe que es algo prohibido, pero en cambio él la rodea con sus brazos con fuerza, haciéndola sentir segura, haciéndola sentir en casa, algo que necesita más que nunca.

-Hey, ¿Qué ocurre? -pregunta preocupado Daryl, agarrándola por los hombros para separarla de él y así poder mirarla a los ojos. Sus llorosos ojos.

-Yo... yo... creí... creí... -solloza nerviosa sin poder vocalizar -no se movía -vuelve a enterrar el rostro en el pecho de Daryl, que aún intenta comprender qué le ha dicho.

-¿Sophia no se movía? -pregunta sin estar seguro si entendió bien. La siente asentir sobre su pecho -¿Y ahora se movió? -pregunta llevando sus manos a su vientre. Carol vuelve a asentir lamiendo sus lágrimas.

-Siempre se mueve cuando hablas, creo que reconoce a su papá -sonríe con timidez, sintiendo como Daryl le limpia una solitaria lágrima que aún resbala por su mejilla. Tan tierno...

El corazón de Daryl se acelera cuando la escucha decir "su papá".

-Si quieres te llevo al hospital para asegurarnos de que todo esté bien -se ofrece. A pesar de que le haya dicho que se ha movido aún está preocupado.

-Sí, por favor -murmura mirando a sus pies, o lo que puede ver de ellos. No quiere molestarle, pero necesita asegurarse de que su niña está bien.

-Vamos -dice colocando una mano en su espalda para guiarla hacia la camioneta.

Daryl la mira de reojo mientras conduce, la nota preocupada, triste, y siente como le contagia sus emociones ¿Y si le ha pasado algo? ¿Y si su niña está mal?

-Seguro que está bien -intenta tranquilizarla, fingiendo estar calmado, aunque en su interior sea un manojo de nervios.

Carol asiente con una media sonrisa. Sophia se está moviendo, poco, menos de lo normal, pero se mueve, y hace que esté algo más tranquila.


Odia el olor de los hospitales, le ponen nervioso, teme encontrarse con alguien que no debe y le resulta extraño no estar allí por algún corte o herida causada en una pelea en un bar de mala muerte. Ojalá fuera eso, y no la salud de su niña.

-¿Señora Peletier? -llama la joven enfermera.
Carol se levanta y se encamina hacia la sala, cuando se da cuenta de que va sola.

-¿No me acompañas? -pregunta, aunque suena como una súplica, teme entrar ahí y tener que enfrentarse a una mala noticia completamente sola.

-¿Quieres que entre contigo? -pregunta él. Pensaba que quería intimidad en ese momento, ser discreta, al fin y al cabo él no es su marido,pero en cuanto la ve asentir se levanta y la acompaña al interior.

La sala es agradable, está adornada con imágenes de fetos en distintos estados de gestación que le son gratamente familiares.

Daryl pasea por la sala, mientras esperan a la doctora. Lo ha presentado como un amigo. No le ha gustado, pero no tiene más remedio que aceptarlo, eso es a lo único que llegará a ser para ella.

-Así es nuestra hija ahora mismo -informa a Carol que ya está tumbada en la camilla.
Ella observa la imagen que él señala y sonríe, es increíble lo entendido que está en el tema del desarrollo de su bebé.

-Bueno... -dice la ginecóloga al regresar -Vamos a ver como estás, que dice mamá que hoy apenas te has movido -habla con el bebé mientras vierte un poco de gel frío sobre el vientre de Carol, pasando la sonda del ecógrafo para extenderlo.

Daryl se tensa y se acerca lentamente al monitor, ahí está su bebé, su niña, con su corazón latiendo rápido y constante. Puede ver su silueta, su preciosa silueta mucho más clara que en la primera ecografía que tiene en su poder.

-Yo creo que no tienes nada de qué preocuparte, está perfectamente ¿Has sufrido algún percance que te haya podido estresar? -pregunta la ginecóloga sin dejar de mirar a la pantalla. Carol asiente recordando ese momento al borde de las escaleras. -Muy posiblemente eso le haya afectado, cuanto más relajada estés más se moverá. Cuando llegues a casa túmbate sobre tu lado izquierdo, relájate, háblale, ponle música, seguro que tiene algún sonido que le gusta escuchar y hace que se anime a moverse -recomienda ella.

-Sí, lo tiene -afirma mirando a Daryl que está absorto mirando hacia el monitor donde puede ver una silueta de color gris que es su hija.
Es completamente ajeno a la conversación, sólo existe su niña, y se siente orgullosa de que su voz sea el sonido que a Sophia tanto le gusta, la voz grave de su padre -¿Podemos verla en 4D? -pregunta Carol. Desea ver la expresión de Daryl cuando el rostro de su niña aparezca con claridad en el monitor.

La doctora asiente sonriente, busca el ángulo donde mejor se ve el rostro y cambia a la función 4D.

Daryl aprieta la mano de Carol con fuerza, inconscientemente.
-Es preciosa -susurra sin darse cuenta. Su niña es una muñequita que bosteza, se estira, mueve sus manos, sus labios, vuelve a bostezar... es algo hipnótico que duda que algún día se canse de ver. Tiene la nariz pequeñita, los labios carnosos, unas manos perfectas y no puede ver mucho más, pero es preciosa. No sabe cómo describir lo que siente, pero ahí está su bebé, ese ser hermoso es parte de él.

Carol mira a Daryl, está con la mano fuertemente cerrada alrededor de la suya, la boca entreabierta y los ojos brillantes por la emoción, mirando como su niña se mueve y chupa se chupa el pulgar. Es una imagen hermosa digna de contarle a su pequeña.


-Muchas gracias por llevarme al hospital -agradece ella desde el umbral de su puerta.

Daryl asiente moviéndose nervioso.
Ya echa de menos a su bebé, a pesar de llevar una nueva ecografía en su cartera, que en su mente aún está en movimiento.

-Debería irme, es tarde, procurad descansar -susurra él, dándole la espalda de mala gana.

Daryl! -lo retiene ella. Él gira sobre sus talones, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón -¿Podrías quedarte un poco más? Hasta que me duerma -pide con timidez, temiendo su rechazo.

Daryl piensa, no debería, es tarde, mañana trabaja, necesita dormir, no puede estar cuidando de ella, esperando a que se duerma para poder marcharse. Pero ella lo mira con esos ojos suplicantes que hace que la lógica no tenga lugar en su mente.
Él no responde, simplemente camina hacia ella.
-Hasta que te duermas -susurra entrando en casa.


Hola :) muchas gracias por vuestra paciencia, he tenido mucho ajetreo en el trabajo y apenas he tenido tiempo para escribir. Espero que os haya gustado el capítulo ^^