13. Mente y corazón

Semana 29

El bebé mide unos 42,5 cm y pesa casi 1350 gramos. En las semanas que le quedan duplicará e incluso triplicará su peso

Se frota los ojos, con una mezcla de cansancio y frustración. Lleva una semana sin dormir, de nuevo le ha quitado el sueño. La echa de menos, no entiende porqué se siente así, después de todo el daño que le ha hecho, de sus mentiras... lo único que desea es conducir hasta su casa y perder el tiempo con ella, sentado en su sofá, hablando de cualquier tontería y viéndola reír.

Los días sin ella son realmente largos, sale del trabajo, se ducha, pasa una mísera hora en la biblioteca hasta su hora del cierre y vuelve a su maldita casa, a escuchar lo mismo de siempre.
Su padre y hermano siguen empeñados en que robe material a Dale, y lo insultan, amenazan, e incluso golpean por negarse a ello. Al menos cuando estaba con Carol podía volver a casa cuando su padre ya dormía y su hermano estaba fuera entregándose a alguno de sus vicios.
Quizás debería deambular por las calles hasta que llegue la noche...

Revisa su móvil, está buscando una casa de alquiler, no pide mucho, sólo que esté cerca de ella, de su hija, pero cuando queda con el arrendador se niega, incluso, a enseñarle la casa, en cuanto se entera de cual es su nombre.
Al parecer está atrapado en esa mierda de vida y de hogar para siempre.

-¿Estás buscando casa? -pregunta Glenn sentándose a su lado con todos sus apuntes, invadiendo toda la mesa.

-Sí, por la zona del colegio público de Atlanta -responde distraído sin dejar de mirar el teléfono.

-Yo conozco a alguien -dice Glenn, haciendo que Daryl se interese -.Ella es cadete en la academia de policía, pasa muchos días fuera, y está cansada de que le roben, por lo que busca a alguien a quien alquilarle una habitación y que cuide de la casa mientras ella no esté.

Daryl piensa en su propuesta. Una chica... no está seguro si es razonable compartir casa con una mujer, y menos siendo aprendiz de madero, demasiados problemas ha tenido ya con la policía.

-Oh, qué idiota, debes de estar buscando una casa para ti y tu familia. Lo siento, a veces pienso que todos somos estudiantes -se disculpa Glenn, volviendo a sus libros.

-No, yo... sólo es para mí -confiesa con timidez, arrepintiéndose al momento, seguro que ahora intentaría indagar sobre su vida privada, o creerá que está divorciado, que decidieron tener un hijo para arreglar la relación, pero no funcionó y que ahora debe abandonar el hogar familiar cuando su niña aún no ha nacido.

-Está bien, mira, esta es la dirección -arranca una hoja de su libreta y comienza a escribir -y... mi número de teléfono, cuando quieras llámame y te enseño la habitación. Me ha dejado al cargo de encontrarle compañero -informa pasándole el trozo de papel.

-Gracias -agradece con sinceridad. Al menos ha sacado algo bueno de esa semana de mierda.


Carol despierta entre sudores, últimamente sólo tiene pesadillas: Que se olvida a su niña en el autobús, que da a luz a un alien, que algo va mal en el parto, que se la llevan sin dejarla verla...

Acaricia su vientre diciéndose que son pesadillas y nada más, que su niña está bien, y que no le va a ocurrir nada malo, que es sólo su mente de embarazada que le juega malas pasadas.
Se limpia las lágrimas, esta última semana no ha parado de llorar, quiere culpar a las hormonas, pero sabe que no es así. Se siente sola, esas pocas horas que pasaba con él la hacían sentir viva, querida, admirada, pero ahora están llenas de soledad, de horas vacías, de nostalgia.
Quiere correr a su lado, pedirle disculpas por la reacción que tuvo, pero no sabe cómo ¿Qué excusa poner? Nada de lo que piensa le parece lo suficientemente creíble, y joder, está hasta las narices ya de que la acuse de que le utilizó, ya no sabe cómo decírselo, y por otro lado... dios, estaba tan dolido de que creyese que le iba a pegar... estaba llorando... realmente le dolió...
Qué imbécil, grandísima imbécil, joder, era él, no Ed, no iba a gritarle, no iba a pegarle, no iba a insultarla, sólo quería ayudar, cuidar de ella, asegurarse de que estaba bien, y ella jodió todo eso...
Tenía que arreglarlo.


Semana 30

El cerebro del bebé crece día a día.

Es lo único que lee antes de llegar al apartado del "sexo en el tercer trimestre del embarazo" y saber que el bebé se queda dormido debido al movimiento rítmico del coito y a las contracciones del orgasmo. No sabe porqué narices lo lee, ¿Qué más le da? no va a acostarse con ella, ni ahora ni nunca.

Hace dos días que quedó con Glenn para ver la habitación. No estaba mal, era una buena casa, con un bonito porche y un jardín trasero grande. La que sería su habitación era amplia, con una cama individual, un armario empotrado y espacio para poner un escritorio. Tenía baño propio, con ducha lavabo y retrete, algo muy cómodo, no tendría que salir de su habitación más que para comer.
Piensa mudarse la próxima semana, sólo tenía que guardar sus escasas posesiones, arreglar algunos papeles y ya estaría listo para alejarse de su familia y empezar una nueva vida cerca de su niña, concretamente a diez minutos caminando.

Sale de la biblioteca, lleva el primer volumen del señor de los anillos bajo el brazo, tiene curiosidad por saber quien es ese tal "Levolas" o algo así.
Camina hacia su camioneta, y su corazón se agita cuando la ve allí de pie, ligeramente apoyada sobre el capó, acariciando su vientre distraída. Y está preciosa, pero triste, muy triste.

-¿Qué haces aquí? -pregunta con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas, no sabe si por la emoción de verla, por el dolor que le causa su presencia, o la culpabilidad que siente de verla tan triste.

-Yo... necesitaba verte, hablar contigo... -responde ella con la voz entrecortada y mirada triste.

-¿Sophia está bien? -pregunta señalando con la cabeza hacia su vientre. Carol asiente no tenemos nada de qué hablar -sentencia pasando por delante de ella y entrando en su coche. Le está costando la misma vida mantener su corazón encerrado en una jaula de hielo, haciendo que su mente tome el control.

-Daryl, por favor, por favor , escúchame -solloza desesperada, golpeando sobre la ventana.

Daryl gira la llave arrancando el motor, la radio se pone en marcha, pero los golpes sobre la ventana y los sollozos de ella se mezclan con la voz grave de Louis Armstrong cantando What a wonderful world.
Pasea la lengua por el interior de la boca mientras niega con la cabeza. No sabe qué hacer con ella. Agarra el volante con fuerza hasta que sus nudillos se ponen blancos. Su mente le pide que arranque y se marche, que la deje ahí llorando, que se lo merece por todo el daño que le ha hecho, pero su corazón le grita desde su prisión todo lo contrario, y los barrotes de hiele se derriten un poco, sólo un poco.
Apaga la radio en un gesto violento y baja la ventanilla.
-Sube al coche -gruñe sin mirarla.

Carol murmura un gracias, camina rápido hacia el otro lado de la puerta y se introduce en el asiento del copiloto segundos antes de que Daryl arranque con brusquedad, alejándose del aparcamiento en segundos.
La camioneta ya huele a ella, no sabe cómo lo hace, o si es su imaginación, pero toda la cabina tiene su delicioso aroma.

-Daryl yo...

-Cállate, no te quiero escuchar -gruñe interrumpiéndola -Te llevo a tu casa, y como se te ocurra volver a buscarme te dejo ahí tirada -amenaza, aunque su corazón se rie de él diciéndole "Ni tú te crees eso"

Carol asiente y se mira los dedos nerviosa, tiene la mente echa un lío, y Daryl no se lo pone fácil, pero siente que tiene toda la razón para no querer hablar con ella, al fin y al cabo ella le hizo sentir que tenía miedo de él, y que no lo veía más que como una persona violenta. Se merece su silencio. Se arrepiente de haberse acercado a la biblioteca, pero necesitaba verlo.
Sorbe por la nariz, y levanta la cabeza luchando por contener las lágrimas que amenazan con salir, pero es inútil, por lo que opta por mirar por la ventana e intentar ver el paisaje pasar entre las brumas de sus lágrimas.

Daryl ríe sarcástico, lo que faltaba...
-Ahora no llores, a mí ya no me engañas, estoy hasta la polla de ti. Sabes de sobra que, si no te hubieses quedado embarazada o yo hubiese pasado del embarazo, entre tú y yo no habría nada, habrías pasado de mí y no me habrías vuelto a buscar, sólo habría sido un maldito polvo ¿Qué coño quieres de mí? Vienes aquí después de lo que me hiciste, me miras con tu cara bonita, mirándome triste y esperas que yo actúe como si no hubiese pasado nada.

-¿Qué? Yo no pretendo nada de eso, venía a disculparme por...

-¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ TE IBAS A DISCULPAR? ¿Por hacerme creer y sentir que te importo? ¿Por ocultarme el embarazo? ¿Por no querer decirme que era una niña por si me enfadaba? ¿Por aquella noche en mi casa en la que me sonreíste antes de irte con tu marido a otra habitación? ¿Por irte sin despedirte? ¿Por tenerme una noche en vela cuidando de ti a cambio de nada? ¿Por pensar que iba a pegarte? ¿Por mentirme? ¿Por utilizarme? ¿Por...

-¡QUÉ YO NO TE UTILICÉ, COÑO YA! -grita Carol en un llanto rabioso, compartiendo una breve mirada con Daryl. Sorprendida la de él, dolida la de ella. -Siento haber pensado que te iba a disgustar el sexo del bebé, siente haberme ido sin despedirme, siento haberte tenido una noche en vela, siento haber... haber pensado que me ibas a pegar, pero todo lo demás... ¡TODO LO DEMÁS ES MENTIRA! son sólo suposiciones tuyas.

-¿Ah sí? ¿Esa sonrisa antes de ir a follar con tu marido a la habitación de mi padre fue una suposición mía? -ladra enfadado. La tensión dentro de ese coche se podría cortar con un cuchillo.

-No, eso tampoco -musita ella con la cabeza gacha -pero ¿Qué más da? ¡ES MI MARIDO! -se defiende sin entender porqué le molesta.

-Ya, tu marido, el magnífico Ed Peletier -dice con sarcsmo, fingiendo admiración -¿Sabes qué? ese marido tuyo al cual tienes en un pedestal, ese príncipe azul no es más que una rana ¡UN PUTO SAPO ASQUEROSO QUE OS TIENE A TODOS ENGAÑADO! -grita sin control clavando sus ojos furiosos en ella metiendo su ridícula polla en todos los agujeros húmedos que había en la fiesta, mientras yo cuidaba de ti ¿Sabes? ¡YO! El hombre al que temes es el mismo que pasa los días contando las horas que quedan para poder volver a veros y que no se acuesta con otra mujer desde que te conoció, ¡sin saber POR QUÉ COÑO SIENTE QUE DEBE GUARDARTE FIDELIDAD A PESAR QUE ME HAYAS UTILIZADO! -Grita dejando salir todos sus pensamientos, y rompiendo a llorar como una puta nenaza cuando su corazón rompe uno de los barrotes de hielo.

Carol lo observa. Sus profundos ojos están cargados de lágrimas, pero su mandíbula tan tensa que parece que la va a desencajar. No sabe qué decir, ni cómo sentirse. Desea abofetearle y a la vez besarle.
Está enfadada porque siga pensando que le utilizó, avergonzada de que conozca parte de la verdadera cara de Ed, y a la vez aliviada de que haya alguien más que vea a través de esa máscara de marido perfecto.
Su corazón palpitó rápido en su pecho al escucharle decir esas palabras, tan hermosas y bruscas que duda si fueron una confesión de amor o no...

Ella vuelve a mirar por la ventana y él conduce en silencio sin saber qué decir. Puede verla reflejada en el cristal de la ventana. Sus lágrimas resbalan por sus mejillas sin control, y ella lucha por mantener las comisuras de sus labios en su posición, pero terminan curvándose hacia abajo.
Se arrepiente de lo que acaba de hacer, por un segundo la rabia se apoderó de él y ahora siente una punzada en su interior, le duele en lo más profundo de su ser verla llorar así.
Joder, puede que se acabe de cargar su matrimonio, aunque sea mentira, pero ella es feliz viviendo esa mentira, y para más inri va y le suelta que le es fiel y se pasa el día pensando en ella, si es que es gilipollas.
Suspira sintiendo como el último barrote de hielo que quedaba en pie se derrumba.

Carol se enjuga las lágrimas en el momento justo para ver cómo la camioneta se desvía hasta una zona de descanso. Quizás sea sólo un atajo, piensa, pero siente cómo el vehículo reduce velocidad hasta detenerse por completo y él echa el freno de mano.

Daryl se lame los labios, abre y cierra la boca varias veces pero las palabras no salen, no sabe qué decir, cómo decirlo.
-Lo siento, soy un idiota -se disculpa finalmente por su comportamiento violento, pero ella sigue mirando por la ventana hacia la nada -.Hey -intenta llamar su atención llevando su mano hacia su vientre y acariciándolo suavemente.
Ella continúa sin mirarle, pero coloca su mano sobre la suya y la dirige hacia la zona donde su pequeña está golpeando nerviosa.

Daryl sonríe emocionado, echaba de menos sentir a su niña, y a la vez se siente culpable de haberla asustado. Quiere acercarse, susurrarle a su pequeña que todo está bien, que no está enfadado con ella, que pase lo que pase siempre la querrá.

-Te juro por nuestra hija que yo no te utilicé -murmura mordiendo su dedo para decapitar el sollozo que lucha por salir.
No deja de contener la mano de él bajo la suya.

Él intenta acercarse un poco más, pero el freno de mano y la caja de cambios no se lo ponen fácil.
-Muy bien, imaginemos que te creo. Si...

Carol ríe negando con la cabeza.
-No quiero que te imagines nada, ¡QUIERO QUE ME CREAS! -grita desesperada -No debí buscarte -murmura bajándose del coche y emprendiendo el camino hacia ningún lado, pero Daryl no tarda en desabrocharse el cinturón y alcanzarla en un par de zancadas, interponiéndose en su camino.

-Estás loca si piensas que voy a dejar que te marches andando en tu estado -dice agarrándola por los hombros para frenarla.

-Eso es lo único que te preocupa de mí ¿verdad? mi embarazo -masculla mirando a dónde supone que deben de estar sus pies -Tranquilo, hay una parada de autobús a 300 metros -añade zafándose de su agarre y pasando por su lado sin molestarse en mirarle, pero él vuelve a retenerla agarrándola por el brazo.
Ella coge aire antes de hablar.
-Pensé que en estas semanas ya me habías conocido lo suficiente como para entender que yo no te utilicé -musita enfadada, sintiendo cómo Daryl intenta buscar sus ojos.

-Y yo pensé que en estas semanas ya me habías conocido lo suficiente como para entender que yo jamás te pegaría -replica él, intentando localizar su rostro entre su cabello
Afloja su agarre cuando siente que ella no va a continuar huyendo.
-Sube al coche, anda, te llevaré a casa.

Pero ella no se mueve, continúa con la cabeza gacha evitando su mirada.
-Hey -agarra suavemente su barbilla, instándola a que le mire, pero ella agita violentamente la cabeza para librarse de su toque.
-Como quieras... -Suspira ruidosamente y Carol puede ver cómo sus pies se mueven fuera de su visión, y sus botas maltratan el suelo de grava. Ya se va, escucha cómo cierra la puerta de su coche, ahora arrancará y la dejará allí, abandonada como un perro. Pero no... oye como sus pasos se encaminan de nuevo hacia ella, siente su respiración en su nuca y sus manos viajando por su cintura hasta llegar a rodear su vientre, lo mejor que puede y estrecharla contra él.
-O subes al coche o voy contigo en autobús, tú decides -le escucha susurrar contra su oído antes de plantar un beso en el hueco de su cuello.

Carol rompe en llanto ante el dulce gesto, es incapaz de controlarlo y se gira para enterrar su rostro en su pecho. Sin abrazarle, pero presionándose con tanta fuerza que un poco más y podría fusionarse con él.

Daryl la abraza, acariciando su espalda y cabello intentando consolarla. No sabe cómo lo hace, pero siente que él ha pasado de ser la víctima a ser el culpable.
Si esas son lágrimas de cocodrilo se encuentra ante la mejor actriz del planeta.

-No puedo perderte a ti también -gime ella con voz entrecortada, y sus palabras se ahogan en su pecho a lo que él responde estrechándola más contra él.

-¿Qué quieres decir? -pregunta interesado, metiendo un mechón de su largo cabello tras la oreja y besando su cabeza.

Alza la vista, apoyando su mejilla en el pecho de él viendo más allá de sus pies, sintiendo cómo el Sol quema sus enrojecidos ojos.
-No tengo amigos, no tengo familia, no tengo a nadie, sólo a ti -solloza agitándose.

Se aparta de ella, y no puede evitar sentirse sola y desvalida sin estar entre sus brazos, pero no dura mucho, Daryl limpia sus lágrimas con sus pulgares y acuna su rostro entre sus manos ásperas antes de besar la punta de su nariz.

Quiere decirle que no va a perderle, que siempre va a estar ahí, pero las palabras no salen, por lo que espera que ese gesto la tranquilice.
Se miran a los ojos, y siente cómo las lágrimas acuden a los suyos sólo de ver esos hermosos ojos rotos de dolor.
Vuelve a abrazarla, no sabe cuanto tiempo llevan en esa zona de descanso. Están completamente solos, rodeados de mesas de picnic dispuestas de forma ordenada para los fatigados viajeros.
-Sube al coche, te llevaré a casa, tengo que entrar a trabajar dentro de poco, cuando salga iré a veros ¿De acuerdo? -pregunta con la barbilla apoyada sobre su cabeza y frotando su espalda.

La siente negar contra su pecho.
-No puedes, Ed sale hoy a las 19:30, le han cambiado los turnos, ahora sólo trabaja de noche lunes y martes. -aclara lamiendo las últimas lágrimas que resbalan por su rostro.

Cuanto odia a ese hombre...
-Entonces te veré el lunes ¿te parece bien? -pregunta mirándola a los ojos de nuevo y siendo testigo de cómo asiente dibujando una suave sonrisa en su rostro -Pues vamos -insta colocando la palma de su mano sobre su espalda para guiarla hacia el coche.


-¿El señor de los anillos? -pregunta ella al ver el libro sobre el salpicadero.

Daryl se alegra de que hable, llevaba largo rato sin decir nada, mirando por la ventana con la mirada perdida.

-Sí, me interesa saber quién es el "Levolas" ese -confiesa mirándola de soslayo.

-Legolas -corrige en una sonrisa amplia que calienta el corazón de Daryl. Ahí está, esa hermosa sonrisa que tanto había echado de menos.
Extiende su mano para acariciar su vientre, y puede sentir como ella le mira sonriente ante su gesto.
La mantiene ahí, hasta que tiene que reducir marcha para tomar el desvío que la dejará en su casa. Lejos de él.

Echa el freno de manos y desabrocha el cinturón de seguridad de ella, la mira pensativo, con una mano en el volante y la otra sobre su asiento. Le cuesta despedirse de ella, siempre le ha costado.
-Cuídate ¿vale? os veré pronto -le recuerda, a lo que ella responde con una sonrisa.

Sale del coche, Daryl la observa caminar lentamente hacia la puerta de casa y no se marcha hasta que ella está en el interior.
Sabe que la próxima vez que la vea es muy posible que tengan mucho de qué hablar, pero no le importa, está tranquilo. Volverá a verla.


Semana 31

El bebé se acerca a su talla de nacimiento. Ya procesa información y percibe señales con los cinco sentidos.

-Tus estantes de la nevera son los dos de arriba, y los de la puerta son de uso compartido: Leche, agua, ketchup... y si voy a estar mucho tiempo fuera y ves que algo de lo mío se va a caducar puedes comértelo -informa Tara con el frigorífico abierto.
Es buena chica, estaba algo nervioso al tener que compartir casa con una mujer desconocida, pero ella lo ha recibido bien, Glenn habló bien de él, y el hecho de que sea lesbiana lo tranquiliza, aunque no sabe porqué, teniendo en cuenta que viene de una familia que no duda en gritar "maricón al paredón" en cuanto ven a un hombre con camisa rosa, o "Eres lesbiana porque no has probado una buena polla" en cuanto ven a dos mujeres besándose, y por no hablar de la de veces que han utilizado la palabra "maricón" para insultarle.

-Estas son tus llaves -dice Tara entregándole un llavero con la imagen del Cristo redentor de Río de Janeiro -Yo tengo que irme ya a la academia, te veré esta noche -se despide extendiendo su brazo en un puño cerrado.
Daryl la mira a ella, luego el puño, vuelve a mirarla a ella y finalmente entiende. Cierra su puño y golpea sus nudillos contra los de ella.

Entra en su habitación y coloca su mochila sobre la cama. Una mochila, en eso ha cabido toda una vida.
Se tumba, es realmente cómoda comparada con la cama de su antigua habitación, aunque, hasta dormir sobre un saco lleno de piedras sería más cómodo que su cama.
Aún no quiere decirle nada a Carol sobre que se ha mudado, quiere esperar a ver si todo va bien, asegurarse de no fracasar en esto de la convivencia y decorar un poco su habitación para poder mostrársela.
Sonríe para sí, ha dejado de beber y fumar, tiene un trabajo que le gusta, se ha separado de su tóxica familia, va a ser padre... siente que su futuro se está encarrilando finalmente, sólo le falta ella...


-¿Dónde coño está el anillo? -pregunta malhumorado Ed al ver la mano izquierda de su mujer completamente desnuda.

Carol lleva una mano temblorosa hacia su escote y saca el extremo de su cadena de oro. En ella cuelga la alianza.
-Tengo los dedos hinchados por el embarazo y comienza a apretarme -explica sin poder ocultar el terror en su voz.
No le ha hecho nada, pero lleva toda la mañana observándola con tanto odio que si pudiera asesinarla con la mirada ya lo habría hecho.

-Ya, hinchados ¿Qué es eso? ¿Una nueva palabra para decir que estás gorda? -insulta gratuitamente -Mírate, ni siquiera puedes caminar correctamente, ¡Ponte derecha, joder! -grita al verla caminar con el cuerpo ligeramente echado hacia atrás, por el embarazo -Si llego a saber que ibas a acabar con ese aspecto te habría dejado plantada en el altar, ¡Ni se te ocurra sentarte, vas a escuchar lo que tengo que decirte de pie! -ordena al verla intentar coger una silla -Mírate, me das nauseas, te imagino desnuda y no sé si reírme por lo ridícula que debes verte o vomitar por el asco que me das. Más te vale que en cuanto nazca esa cosa tu cuerpo sea el que era, o lo pagarás caro. ¡Patética!...

Y así sigue, un insulto tras otro durante dos largas horas.
Carol cambia varias veces el peso de un pie a otro, no aguantará mucho más de pie.
Finalmente, Ed se levanta y deja caer su taza de café, mirándola con sonrisa altanera.
La taza cae al suelo, rompiéndose en varios trozos.

-Ahora lo recoges con las manos, zorra -ordena señalando al suelo.

Carol obedece como buena esposa sumisa y se agacha con la dificultad que ello le conlleva.

-¡Y ESTO VUELVES A PONERLO EN SU SITIO! -brama tirando desde atrás de la cadena de oro hasta conseguir romperla y la alianza queda libre, tintineando por el suelo hasta detenerse.

Lleva su mano al cuello, le arde, le ha cortado la respiración unos segundos y lo único que puede hacer es agradecer que la cadena fuese tan fina.
Lo escucha alejarse de ella, escupiendo un popurrí de insultos.
Rompe a llorar, tiene calambres en las piernas de las dos horas que ha tenido que estar de pie. Están hinchadas y duelen a rabiar, apenas tiene fuerzas para ponerse de pie, tras recoger los trozos de la taza.
Apoya las manos sobre una silla, y con todas las fuerzas de sus brazos, y las pocas que tiene en las piernas logra ponerse de pie, para sentarse al instante, intentando recuperar el aliento.
-Cuatro horas más, sólo eso, cuatro horas más y papá volverá -susurra acariciando su vientre con suavidad.


-Hey -saluda Daryl cuando Carol abre la puerta. Pero a ella no le da tiempo de devolverle el saludo -¿Qué te ha pasado en el cuello? ¿Te has quemado? -pregunta preocupado, acariciando con delicadeza las marcas de su garganta.

-No, se me enganchó el collar, no me di cuenta y al tirar pues... -intenta explicar, preguntándose por qué narices no pensó en una excusa antes, pero viendo la cara de dolor que pone Daryl supone que la ha creído y que está imaginando la escena.

-Te he traído un helado de chocolate -dice cambiando de tema, extendiéndole una tarrina de color castaño con el dibujo de dos onzas de chocolate negro.

-Carol se muerde el labio sonriente. ¿Cómo podía ser tan perfecto?.

-Vamos, antes que se enfríe -mete prisa, mostrándole otra tarrina de vainilla que ha traído para él.

Ella le deja pasar y se dirigen al salón, a sentarse en el sofá que él tanto echó de menos.
Ahí estaban otra vez, uno frente al otro, comiendo en silencio y perdiendo el tiempo juntos.

Carol mira el helado, fijándose en la cantidad de calorías que tiene. Se siente culpable y atemorizada, ¿Y si no volvía a recuperar su figura? Por supuesto que no iba a recuperarla, podría volver a estar delgada, pero las estrías no se irían y sus pechos no volverían del todo a su estado anterior.

-¿En qué piensas? -pregunta Daryl, al ver cómo lleva un rato con la cuchara en la boca mirando la tarrina de helado fijamente.

Ella se encoge de hombros y deja el helado a la mitad sobre la mesa de café.

-Dime -insta él. Se le hace extraño verla dejar algo a medias, y menos el chocolate.

-Daryl... ¿Tú me ves gorda? -se atreve a preguntar mirándole con timidez.

Él frunce el ceño.
-Te veo embarazada -responde con sinceridad -¿A qué viene esa estúpida pregunta?

-Ed dice que estoy gorda -responde, sintiendo que se quita un peso de encima, y la vez sintiéndose asustada por la reacción que pueda tener él.

Daryl aprieta los dientes, valiente imbécil, su mujer embarazada de la que él cree que es su hija y él insultándola. ¡Él! que duda que sea capaz de verse la polla cuando mea, con esa barriga que tiene.
-No estás gorda, y si cuando des a luz esa barriga sigue ahí puedes echarme a mí la culpa por comprarte tantas porquerías -bromea, volviendo a entregarle la tarrina abandonada.

Ella sonríe suavemente, dudando unos instantes antes de decidirse a coger el recipiente con su contenido a medio comer.

Daryl la mira de soslayo, cómo puede estar con ese animal. Que está gorda dice... Él la ve más hermosa que nunca, con su redondeado vientre conteniendo una vida, sus pechos hinchados, preparándose para cumplir su función, la adorable forma que tiene de caminar, sus tiernos despistes y la preciosa luz que tiene su rostro.

-Estoy acojonada por el parto -interrumpe sus pensamientos -sé que aún quedan semanas, pero no puedo evitar pensar sobre ese momento -se desahoga ella.

Daryl sonríe con ternura, escuchándola hablar, él también está acojonado, y eso que no tiene que parir, pero le preocupa que algo vaya mal, que le pase algo a su niña, o a ella. Dios, si le pasaba algo a ella... ¿Qué sería de su niña? ¿Pelearía por hacerle una prueba de paternidad, demostrar que era su suya y así quedársela? ¿Dejar que Ed la críe como una Peletier? Si tomaba la primera opción su niña sería tratada como escoria, y si tomaba la segunda jamás vería a su bebé. Ambas opciones tenían sus pros y contras.
Sacude la cabeza, no, nada de eso iba a pasar. Todo saldría bien, tanto para su bebé como para Carol.

-Me han pedido que haga una lista de deseos para el día del parto -continúa ella, Daryl la observa interesado -He pedido que cuando nazca la dejen estar conmigo, aún unida a mí por el cordón durante una hora, dicen que esa primera hora es muy importante -comenta ella.

Una hora, su niña estaría una hora sobre el pecho de su madre aún sin dejar de ser del todo parte de ella. Le parece precioso, y le encantaría estar ahí para verlo.

-¿Ed entrará contigo o prefieres entrar sola? -pregunta curioso.

Niega con la cabeza, es un tema que ni siquiera le ha comentado a Ed, ni piensa hacerlo.
-No, Ed no entrará, me da un poco de miedo entrar sola, pero...

Le gustaría decirle que él entrará con ella, que estará ahí para darle ánimos mientras su niña viene al mundo, pero no puede...
Es algo complicado, tendría que ponerse de parto el día que Ed no esté en casa, o que no fuese él quien la llevase al hospital, y además, teme encontrarse con alguien... Aún no entiende la suerte que tuvo las otras noches cuando fueron al hospital y ella no estaba trabajando...

-Ojalá pudieses acompañarme -desea ella, casi como una petición, pero sabe al igual que él que eso era algo realmente arriesgado.

-Ojalá -repite Daryl.

Mira sus manos, su alianza de matrimonio brilla sobre su dedo anular, y le cuesta entender porqué le duele tanto ver ese objeto.

-Siento lo que te grité en el coche, no estaba pensando -se vuelve a disculpar -no tenía ningún derecho a decir esas cosas sobre tu marido -murmura mirándose los dedos nervioso.

-No dijiste ninguna mentira sobre él -lo disculpa, llamando la atención de Daryl que espera interesado a conocer más -No soy imbécil Daryl, lo he visto llegar borracho a casa, oliendo a perfume barato de mujer y con marcas de carmín -añade.

-Déjalo -la anima, aunque casi suena como una orden. Evita mirarla para que no vea la esperanza en sus ojos.

-No puedo, le quiero -responde, y Daryl reza para que no haya podido oír cómo se le rompe el corazón en mil pedazos -Y yo no soy la más adecuada para reprocharle que me sea infiel -dice acariciando su vientre.

Guardan silencio largo rato, sin saber cómo continuar la conversación. Hacen alguna pregunta aleatoria sobre el embarazo, el trabajo, el tiempo, y vuelven a caer en el silencio.

Daryl no entiende cómo puede estar enamorada de un hombre que la humilla acostándose con otras, que insulta su cuerpo y la deja tirada en una fiesta mientras él se divierte con sus amigos.

Carol lo mira de soslayo. Ojalá fuera tan fácil dejar a Ed. Ojalá pudiera decirle "quiero el divorcio y ya está", irse, ser libre. No... ya lo intentó cuatro años atrás, y lo único que consiguió fue estar una semana en el hospital recuperándose de su "accidente en bicicleta" siendo cuidada por su "amoroso" marido que le llevaba flores todos los días.
Aún recuerda el sonido de su hombro saliéndose cuando Ed lo forzó a una posición antinatural mientras le gritaba "si no eres mía no serás de nadie".
Así que ahí seguía, con su cuerpo atado a él y su corazón perteneciendo a otra persona...

-Daryl... sobre lo que me dijiste en el coche... -Carol no sabe cómo sacar el tema, y siente su incomodidad cuando la escucha hablar de ello -No tienes porqué guardarme fidelidad, no me la debes, no me voy a enfadar.

Daryl ríe sarcástico. ¿Cómo puede estar tan ciega? Dios, cómo se arrepiente de haberle confesado aquello.
-Es que sería la polla que no te enfades cuando lo hace Ed pero te enfades si lo hago yo -gruñe sin poder ocultar su enfado.

-Ya, tienes razón, lo siento -mejor callar, no quiere volver a enfadarlo cuando las cosas parecen volver a encarrilarse, pero tenía que decírselo, no puede tenerlo al lado siéndole fiel, cuando ella no puede ofrecerle más que una amistad.

Daryl mira su rostro triste, odia verla así.
-Hey, estamos bien ¿vale? -intenta tranquilizarla acariciando su vientre -siento ser tan brusco, y siento haberme ido así la última noche -vuelve a disculparse, para sorpresa de Carol que lo mira con los ojos muy abiertos.

-No, fue mi culpa, yo te hice sentir mal, no sé por qué reaccioné así, lo siento -se disculpa también ella -pero... sólo quiero que me creas cuando te digo que no te utilicé -susurra en un ruego cansado.

Observa su rostro oculto entre los mechones de su cabello. Tan hermosa...
Le pide que la crea, pero su mente aún es un mar de dudas, hay demasiados cabos sueltos ahí, pero... se lo juró por su niña.
-Te creo -dice con la boca chica, sin estar aún seguro.

-Gracias -susurra ella, sin terminar de creerle.

Daryl mira el reloj del salón, lo odia a muerte.
-Debo irme ya -anuncia con desgana.

Carol intenta ponerse de pié para acompañarlo a la puerta, pero no puede tirar de su cuerpo.
-No te rías, ayúdame -se queja cuando ve la sonrisa divertida de Daryl.

Extiende sus manos para ayudarla.

-Se me olvidaba decirte, el miércoles de la semana que viene me hacen la última eco obligatoria, Ed trabaja ¿Quieres venir? sería a las 09:30

Quiere decirle que sí, que estaría encantado de ir y volver a ver a su niña, pero no puede, no quiere volver a pisar ese hospital.
-No puedo, te llevaré al hospital, pero te esperaré en el coche hasta que salgas -propone para desconcierto de Carol -Yo... tengo mis motivos para no entrar.

No pregunta, si no quiere contarle nada no intentará sonsacarle.
Asiente aceptando su propuesta, al menos disfrutará de su compañía antes y después de la eco.

-Daryl -murmura ella cuando él ya está fuera de la casa -Yo también cuento las horas que quedan para volver a verte -confiesa cerrando la puerta, dejándolo completamente turbado, con ganas de gritar, correr hacia ella y besarla, hasta que recuerda que ha dicho que quiere a su marido.
Ella cuenta las horas para verle, pero por que le gusta su compañía, y su amistad.


Semana 32

El bebé sigue aprendiendo las habilidades necesarias para su supervivencia en el exterior (succionar, tragar, respirar...) y su piel ya no es transparente.

-¿Estás seguro de que no quieres entrar? -pregunta Carol, apunto de cerrar la puerta del coche, dándole una última oportunidad para entrar con ella.

Daryl asiente.
-¡Espera! -le grita antes de que de el portazo -Podrías... -saca su teléfono móvil -si no te importa ¿Podrías grabarla? me gustaría tener sus movimientos de recuerdo en mi teléfono -explica él, a lo que Carol asiente sonriente. -El patrón de desbloqueo es una S volcada hacia la izquierda ¿ves? -muestra como sus dedos pasan por su teléfono sobre esos pequeños puntos dibujando la inicial del nombre de su niña -Y ya sólo tendrías que irte al icono de la cámara y pulsar el botón de grabar. Si te aburres mucho en la sala de espera, tengo juegos descargados, puedes buscar algo en google, o cotillearme las fotografías, como veas -dice entregándole el dispositivo.

Carol lo mira como si fuera la primera vez que ve uno. Le ha confesado su patrón de desbloqueo, le ha dado vía libre para utilizar su teléfono, sin importarle nada, confiando plenamente en ella, cuando al móvil de Ed no puede ni acercarse.


Daryl espera leyendo el libro del Señor de los anillos. Le está gustando, es muy entretenido, la historia le atrapa desde la primera línea, quizás cuando los termine todos le proponga a Carol ver las películas juntos.

Levanta la vista, ya debe de estar a punto de entrar. Avisó a Dale de que iba a llegar más tarde para poder acompañar a "su pareja" a la última ecografía, y el viejo le dio permiso con una amable sonrisa. Le gusta trabajar con él, es un buen tío.


Carol espera balanceando sus pies. Están tardando más de lo normal.
Mira el móvil entre sus manos ¿Por qué no? se dice, desbloqueando el teléfono y viendo los coloridos menús.
Entra en la galería de imágenes, sabe que le ha hecho más de una fotografía pero cuando le pide que se las enseñe se niega avergonzado. Ahora es su oportunidad de verlas.

Son todas inocente, la mayoría se centran en sus manos sobre su vientre, ella de perfil distraída, y unas pocas son de su rostro, comiendo, riéndose de alguna estupidez o tapándose la cara para que deje de hacerle fotos.
Sonríe, no entiende el porqué de vergüenza. Miedo le da lo que debe de tener Ed en su teléfono.
Se desplaza por el popurrí de imágenes: piezas de coche, vehículos, algún paisaje, fotografías de una casa desconocida, una mujer...

Su corazón se aprieta contra su pecho. Una mujer... Es atractiva, y joven, más joven que ella. Tiene el cabello recogido en una coleta, camisa a cuadros, ojos grandes y oscuros y posa sonriente haciéndole una peineta a la cámara. Perece una chica divertida.
Se siente mal, y no sabe porqué, ella le dijo que podía estar con otras mujeres, que no le debía fidelidad alguna, entonces... ¿Por qué sus ojos se llenan de lágrimas ante lo que ve? Se lo imagina abrazándola, besándola, acariciándola, haciendo el amor como hizo con ella y los celos la reconcomen. Es una egoísta, una idiota egoísta, que no puede estar con él pero quiere que él esté con ella ¿Cómo puede ser así?

-Señora Peletier -escucha que la llaman. Se limpia las lágrimas y entra a ver a su niña, al menos ella la hará sonreír.


-Ya estamos aquí -saluda Carol abriendo la puerta.

-¿Qué tal todo? -pregunta cogiendo el teléfono que ella le entrega -¿Sabes que sigues grabando no? -informa deteniendo la grabación.

-¿En serio? pues he ido al baño con el teléfono en la mano. ¡No veas esa parte! -exclama sonrojada, haciendo que él se eche a reír.

-Tranquila, ¿Qué tal todo? -vuelve a preguntar.

-Pues está todo bien, Sophia es algo más pequeñita y baja de peso que la media, pero sana. Ha estado inquieta durante la ecografía y me ha dado una soberana patada -ríe ella -Y... es preciosa Daryl, cada vez se parece más a ti -comenta con voz dulce, orgullosa del pequeño milagro que han fabricado juntos.

Daryl sonríe, está deseando ver el vídeo.
A veces se pregunta si el hecho de que su niña sea más pequeña y delgada que el resto de bebés en su etapa de gestación, se debe a la cantidad de disgustos y peleas que le ha dado a su madre durante estos meses. Se siente culpable. Su niña está sana, sí, pero sabe que su tamaño y peso sería mayor si él hubiese tenido otro comportamiento y la boca cerrada.

-Yo... ya sé por qué no querías entrar conmigo, y te entiendo -confiesa comprensiva.

Él analiza sus palabras.
-Yo no hice nada -murmura mirando el volante.

Carol acaricia sus manos, la única parte de su cuerpo que le permite tocar.
-Lo sé, siempre te creí -le recuerda, intentando desviar sus caricias más allá de sus muñecas, pero al instante se tensa, por lo que la retira sin más remedio, quizás esa nueva mujer en su vida sí tenga la suerte de poder abrazar y tocarle sin problemas.


Daryl revisa su móvil.
Está en la biblioteca en ese interludio de tiempo entre su turno de mañana y de tarde.
Se pone los auriculares, y abre el vídeo. Da gracias de no haberse quedado sin espacio de almacenamiento, entre el tamaño de ese vídeo y la de fotografías que se hace Tara con su móvil para mandarle a su novia... Le hace gracia las confianzas que se ha tomado con él, casi como si llevasen toda la vida viviendo juntos. Le cae bien.
Le da al play.
Lo primero que aparece es el dedo de Carol sobre la cámara, pero al momento lo quita, enfocando hacia el monitor que aún está apagado.
Escucha las conversaciones.

-Ya te queda poco, ¿estás nerviosa?

-Bastante, la verdad, y aterrada, sobretodo aterrada.

-Es lo normal, a ver como está Sophia hoy. Veo que vienes preparada para verla.

-Sí, bueno, es el móvil de mi marido que como no puede venir pues me ha pedido que grabe este momento.

Daryl sonríe cuando la escucha llamarle "mi marido" qué bonito suena cuando se refiere a él.

-Ed Peletier en un señor ocupado ¿Eh? Amy, sujétame esto, voy a por el historial.

Daryl se tensa al oír ese nombre, y más aún al escuchar su voz.

-Su marido es un hombre maravilloso, señora Peletier.

-¿Sí? ¿Por qué?

-Si no llega a ser por él, el cerdo del menor de los Dixon me habría violado.

-¿Estás segura de que era él quien pretendía violarte?

-Bueno, ahí sólo estábamos él y yo, y el señor Peletier lo descubrió con las manos en la masa. Desde ese día ya no he vuelto a beber.

-¿Alguna vez has escuchado su versión de los hechos?

-¿Qué? no, ¿Por qué dices eso? ¡Es un Dixon!

-Yo sólo digo que el lobo siempre será el malo si sólo escuchamos a Caperucita.

Daryl se llena de orgullo al escuchar a Carol defenderle en todo momento. No puede verla, pero por su voz tensa conoce perfectamente la expresión que debió estar dibujada en su rostro en ese momento.

-Vamos a ver a Sophia

El monitor comienza a mostrar el interior del vientre de Carol. Puede ver claramente a su niña en esa desfasada versión en blanco y negro de la ecografía.
La doctora comenta algo sobre su bajo peso y tamaño pero, como le dijo Carol, su niña está sana.
La imagen se vuelve negra y Daryl se tensa en anticipación, sabe lo que viene. El monitor se tiñe de un tono sepia y el rostro de su niña aparece claramente en la pantalla.
Sonríe dejando escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Ahí está, su niña preciosa, e inquieta.
Ríe al verla, se está moviendo mucho, se estira, bosteza, se chupa el puño, vuelve a estirarse...
Escucha a Carol mascullar un "joder" tras una de las patadas de ella.
La sonda se mueve, mostrando más detalles de su cuerpo: sus pequeñas manos con cinco dedos cada una, sus piernas recogidas, sus pequeños pies, su sexo. Sí, no había duda alguna de que era una niña.
Sonríe como un idiota viendo a su pequeña. Está deseando poder tenerla entre sus brazos y besar esas adorables mejillas.
No puede dejar de mirarla, es tan hermosa.
La sesión termina, pero Carol sigue grabando, camina por la clínica con el móvil en la mano grabando sus andares y entra en el baño.
Está a punto de detener la reproducción cuando escucha a Carol susurrar.
-Siento que hayas tenido que oír esas tonterías mi niña, pero es todo mentira, papá es un hombre maravilloso, ya lo verás.

Y es entonces cuando Daryl detiene el vídeo. Sonríe emocionado por lo que acaba de oír. La ha escuchado defenderle con convicción delante de esa chica, y ahora ha oído cómo hablaba a su niña de él, sin estar él delante. Era un halago que ella no sabía que él escucharía, y eso le da que pensar...
Lo único que desea ahora mismo es correr hacia su casa, abrazarla y agradecerle... todo... agradecerle que su vida haya dado un giro de 180° gracias a ella.
Pero no puede... debe esperar hasta el próximo lunes.


Semana 33

Su bebé continúa practicando para su vida fuera del útero.
Ahora los anticuerpos de la madre también pasan al bebé.

-¡Daryl! -se queja Carol tras la enésima fotografía que le hace.

-¿Qué? no es una foto, es un vídeo, tengo que grabar este momento -explica él.
Hoy Sophia está realmente inquieta y están jugando a un juego nuevo que han decidido llamar "Adivina qué es este bulto que le sale a mamá" Es divertido, y más entretenido que ver la tele, aunque Carol no lo pasa tan bien como él. Su rostro se debate entre la risa y el dolor.

-Vale, eso ha sido la cabeza -dice Daryl al ver un enorme bulto que estira la piel de Carol.

-Sí, yo también lo creo -gime ella dolorida.

Daryl sonríe, captando cada instante con su cámara.
Aún no le ha dicho nada a Carol sobre lo que ha escuchado en la grabación, incluso duda de si su mente de embarazada recuerda que aparte de la imagen también se captura el sonido.

Ella le ha preguntado sobre si lo vio, pero todo su interés se movió alrededor de cómo veía a su niña.
¿Que cómo la veía? La palabra preciosa se le quedaba corta.

-Dios, mi niña, duérmete ya, dale un respiro a mamá -suplica Carol.
Dicen que para saber si el bebé está bien la madre debe notar un mínimo de diez movimientos durante su hora más activa. Pues, Sophia ya llegó a esos diez movimientos en los primeros cinco minutos.
Se pregunta si cuando nazca será igual de activa.
Bueno, al menos el tener que correr detrás de ella todo el tiempo le ayude a recuperar su figura.

-Debería irme ya, te dejo en buena compañía -bromea acariciando su vientre que está siendo golpeado por todos lados desde el interior.

-Muy gracioso -ríe ella, extendiendo las manos para que la ayude a levantarse.

-Te veré el lunes -le recuerda besando su frente -Te quiero -se escapa de sus labios antes de que pueda detenerlo.

Carol lo mira sorprendida, él la mira sorprendido, y está seguro de que su hija le mira igual.
Menudo gilipollas bocazas está hecho.

Le ha dicho te quiero, acaba de escuchar a Daryl decirle te quiero. ¿Cuando fue la última vez que alguien le dijo te quiero?
Su mente le dice que se frene, pero su corazón palpita con alegría en su pecho ante esas hermosas dos palabras que han salido de sus labios de forma tan sincera.
Da un paso hacia él, quiere besarle, olvidarse de la estupidez de ser sólo amigos, y entregarse a la locura del amor.

Pero él se adelanta a hablar.

-Lo siento, te confundí con otra persona -intenta arreglarlo, sin darse cuenta de como el corazón de ella se rompe en mil pedazos.

Ella asiente con una falsa sonrisa como diciéndole que no pasa nada, que está todo bien, pero con sus ojos llorando en silencio, esperando a que él se marche para poder dejar escapar las lágrimas.

Y se va... y ella llora sin saber porqué, sin entender por qué le duele tanto no ser ella la merecedora de esas dos palabras. Sí, su corazón si lo entiende, pero su mente le grita que está loca, que se olvide de él, que ella es esclava de un monstruo y él bebe los vientos por otra.


Hola de nuevo, viendo que os gustan los capítulos largos he decidido escribir otro igual :)
No tengo mucho que deciros sobre este capítulo aparte que pediros que no me matéis XD
Muchas gracias por vuestros votos y comentarios, es algo que me anima mucho a seguir escribiendo :D