15. Miel y sal

Daryl sostiene a su pequeña en brazos, aún no se lo cree: Ya es padre.
Sabe que tendría que dormir, que en unas horas debe irse a trabajar, pero no tiene sueño. Lo único que quiere es seguir cargando a su niña entre sus brazos. Es tan buena... sólo llora cuando tiene hambre, Carol la alimenta, él las observa embelesado y luego ambas vuelven a dormirse.

Mira a Carol. Está agotada, apenas puede mantenerse despierta mientras alimenta a su bebé. Él quiere ayudar todo lo posible, pero siente que se ha saltado una lección. Todos los libros que ha leído no sirven de nada, aunque también es verdad que sólo ha leído libros sobre el embarazo, que se quedó en la semana 36 y ahora deberá ponerse las pilas para saber cómo cuidar de la preciosidad que tiene entre sus brazos.

Y pensar que estuvo a punto de no formar parte de aquello, de no conocerla, de no saber nada de ella. Lejos queda el día que la repudió.
Le parece increíble que alguien tan miserable como él sea el autor de algo tan hermoso.
Sonríe como un idiota al mirarla. Podría pasarse así horas, días...
Ella está fuertemente agarrada a su dedo y parece no tener la intención de soltarlo. No le importa, le gusta.
A veces se estira, bosteza, frota sus ojos... todo lo que hacía en el vientre de su madre. Con la diferencia de que ya está aquí, y puede verla en primera persona.
Le gusta la sensación de tenerla en brazos, el calor que desprende, su olor, el movimiento de su pecho al respirar... todo de ella le gusta. Es el bebé perfecto y siente que lo tiene completamente hipnotizado.
Su hija está aquí, y las 03:05 del 2 de junio de 2017 no se le olvidará en la vida.

Carol despierta un breve instante, le pesan los ojos y su cuerpo le está pidiendo descanso.
Mira hacia la cuna donde su preciosa niña está... ¡No está! Se alarma, pero se tranquiliza al instante y esboza una dulce sonrisa cuando ve a Daryl sentado en el incómodo sofá, con ella en brazos, mirándola completamente absorto, tal y como hacía con su vientre.
-¿Daryl? -lo llama, consiguiendo captar su atención -¿Qué hora es? -pregunta, está algo desorientada, siente como si la hubiesen drogado.

Daryl se mueve con torpeza, sosteniendo a su niña con un brazo y con la otra encendiendo la pantalla de su teléfono para ver la hora.
-Las 07:15 -informa odiando el puto reloj -debo irme a trabajar ya.
Aún es pronto, pero llegó allí conduciendo el coche de Carol y ahora deberá coger un autobús hasta su casa y de ahí al taller.

Se levanta despacio, le da miedo que se le caiga, es una de las pesadillas que más se ha repetido en sus sueños a lo largo del embarazo. Camina a paso lento hasta llegar a la cuna, donde la deja con delicadeza. Ella se queja un poco pero al instante se vuelve a acomodar.

-Me escaparé a la hora de la comida para veros -anuncia, besando la frente de Carol. Un gesto que ya se ha convertido en costumbre.
Vuelve a acercarse a la cuna y besa la mejilla de su niña.
-Te quiero -le susurra, lo suficientemente alto como para que Carol lo oiga, porque esas palabras también van dirigidas a ella.
Le cuesta la misma vida alejarse de ellas dos, no sabe cómo va a sobrevivir las próximas horas que estará separado de los dos amores de su vida.

Carol lo ve alejarse y mira a su bebé con la mirada de una madre enamorada. Al menos Sophia es merecedora de los te quiero de Daryl. Se siente mal por sentir envidia de su bebé. Ama escuchar a Daryl decirle eso, y odia que para ella no haya más que un inocente beso.


Daryl conduce hasta el taller de Dale, ha entrado en casa, para ducharse, comer algo y cambiarse de ropa, lo necesitaba tras la larga y emocionante noche.

Tara continuaba dormida cuando llegó, tanto ella como Maggie y Glenn pasaron largas horas en el hospital haciéndoles compañía. Son geniales.

Llega al taller, para encontrarse con una imagen nada agradable: Los bomberos están allí, apagando un fuego que no sabe de dónde sale.

-¡Dale! -grita al localizar al hombre -¿Qué ha pasado? -pregunta asustado, tiene un mal presentimiento.

-No lo sé, hijo. He llegado y me he encontrado toda una fila de coches ardiendo. Dios, los dueños me van a matar -dice frustrado, llevándose las manos a la cabeza intentando contener las lágrimas -Dicen que ha sido provocado, pero no entiendo ¿Quién pudo haber hecho esto?

Daryl no responde, sabe perfectamente quién pudo ser.
Mira los coches, ennegrecidos y de los que apenas queda poco más que el chasis. Estuvo trabajando en ellos unos días atrás, debían ser entregados a lo largo de esta semana, pero ya no podrá ser. Eso no tiene arreglo. Y no sabe si el seguro cubrirá ese tipo de accidentes, y más si es algo provocado.

Vuelve a montar en su camioneta y marcha de allí sin decir nada.


Por increíble que parezca le ha costado la misma vida orinar, Le duele todo, el área perineal está dolorida tras haberse estirado para dejar pasar un bebé de algo más de dos kilogramos, le duele el tórax del esfuerzo excesivo realizado para empujar, siente unas molestas contracciones que según la doctora se tratan de "entuertos" dolores provocador por el útero encogiéndose y volviendo a su sitio.

El pediatra ha llegado hará media hora y se ha llevado a Sophia para examinarla, hacerle la prueba del talón y demás medidas preventivas.

Quiere ducharse, está empapada, no ha dejado de sudar durante toda la noche. Según la enfermera es por el reajuste de las hormonas, para librarse de los líquidos acumulados durante el embarazo, pero aún se encuentra algo débil y le gustaría estar vigilada mientras lo hace. Espera que Ed llegue pronto, o mejor Daryl, sí, él la ayudará mejor ¿Qué narices le pasa? está loca, una cosa es que la vea desnuda mientras da a luz, y otra que quiera que esté ahí en la intimidad de la ducha. No sería algo cómodo ni para ella, ni para él, y menos con el desastre de cuerpo que tiene actualmente. Ya no está embarazada, pero aún parece que queda otro bebé por nacer.

Escucha un hermoso llanto que reconoce al momento y poco a poco se acerca por el pasillo.

-No le ha hecho ninguna gracia la prueba del talón, y creo que tiene hambre -informa la enfermera que deja a Sophia en sus brazos.

-Oh, pobrecita mía, ven con mamá, ya mi niña, ya -la tranquiliza meciéndola suavemente, haciendo que el llanto remita en cuanto el olor, la voz y los latidos de su madre llegan a ella.

Carol se acerca a la butaca, se acomoda lo mejor que su dolorida zona genital le deja y comienza a amamantar a su bebé.

-No sé si lo hago bien, aún no me ha subido la leche, no sé si se queda con hambre -confiesa sus temores a la enfermera.

La chica sonríe.
-Es normal, aunque no lo creas, con el calostro que consigue sacar se sacia ella. En unos días te subirá la leche, que es cuando realmente le hará falta. Al menos has tenido suerte de que se ha agarrado bien al pecho desde un principio -la tranquiliza.

Mira a su niña, que tiene los ojos entreabiertos, succionando el pezón y emitiendo dulces sonidos. Es tan perfecta y tan amada.
Sonríe, en las pocas horas que tiene de vida, apenas ha estado en la cuna. Ha pasado de los brazos de ella a los de su padre, que la ha sostenido toda la noche por puro placer.

Ama la forma que tiene de mirar a su niña, el amor que transmiten sus ojos. Aún recuerda su voz emocionada, y sus ojos llorosos cuando Sophia nació.
Es un hombre maravilloso.


-¡Tú! -gruñe nada más entrar por la puerta de su antigua casa -¡Sé que has sido tú! -increpa a su hermano, que lo mira con esa estúpida sonrisa cuando él lo agarra por el cuello de la camisa.

-Dichosos sean los ojos, pero si es el hijo pródigo -interrumpe Will, que sale del baño abrochándose los pantalones.

-No sé de qué me hablas, hermanito -finge Merle -Oh, espera, espera ¿Te refieres al incendio? sí, he sido yo.

-¿Por qué? -pregunta rabioso, acercando a su hermano contra su rostro.

-Ya lo sabes, Cupido, eso es lo que te espera hasta que te dignes a cumplir tu parte del trato -dice amenazante, sin dejarse intimidar.

-¡No tenemos ningún trato! ¡Te dije que no lo haría! -grita zarandeándolo.

-Sí lo tenemos, este sólo ha sido el primer aviso, más te vale colaborar -amenaza.

-Dejad ya de ver quien la tiene más grande, tenemos que ir a ver al retoño de Peletier -dice Will, que pasa entre los dos hermanos para separarlos.

¿El retoño de Peletier? ¿Esos animales pensaban ir al hospital a ver a su niña?

-¿Entonces era verdad que estaba de parto? -Merle se echa a reír -Menuda zorra, suerte que Ed la ignoró y pudimos seguir con la fiesta -escupe, haciendo que a Daryl le hierva la sangre -¿Cómo era eso? "Ed, estoy de parto" -se burla Merle imitando el tono dolorido de Carol -Esa...

No le da tiempo a decir más, un puño conecta con su mandíbula y lo deja tendido en el suelo preguntándose qué coño ha pasado.

Daryl no puede evitarlo. Carol se puso de parto, había una fiesta, su casa estaba llena de gente y todo el mundo la ignoró, incluso su marido. Sólo de pensar lo mal que lo debió de pasar hace que los ojos se les llenen de lágrimas cargadas de rabia, y escuchar a su hermano burlarse de ella fue la gota que colmó el vaso.

-¿Qué coño te pasa, puto marica? -se queja Merle frotándose la barbilla -Peleas como una niña.

Daryl da una fuerte patada a su vientre que hace que su hermano se doble de dolor y se marcha de allí.
-¡No hay ningún trato! -grita, como si eso fuese el verdadero motivo de su enfado.


Carol está tensa, Ed acaba de llegar con sus padres, por lo visto su madre se quedará con ella la primera semana para ayudarla con Sophia. No quiere su ayuda, quiere estar sola. Nunca se ha llevado bien con esa mujer, su marido se pasa los días comparándola con ella, queriendo que sea ella. Y no la soporta, es una controladora que quiere que todo se haga como ella dice, cada vez que visitaba su casa se dedicaba a reordenarle el armario de la despensa, la nevera, cambiar los marcos de fotos de sitio...
Ella le dejaba hacer, y cuando se iba volvía a ponerlo todo tal y como estaba. Ahora teme que pretenda meterse también en la crianza de su bebé.

Ed ha llegado en su papel de padre y marido ejemplar, besándola nada más verla, y casi llorando al ver a Sophia en la cuna. A ella no la engañaba, se ha pasado casi todo el embarazo ignorándola.

-Te dije que estaba de parto -murmura sin mirar a su marido a los ojos.
Él está con el bebé en brazos, aunque la pequeña no está tranquila, huele a alcohol y tabaco, eso parece molestarle y solloza.

-Y yo te dije que podías venir sola al hospital -se defiende él lanzándole una mirada asesina que ella esquiva -Se parece a mí, ¿No crees? -cambia de tema, arrullando a la pequeña, intentando que se tranquilice, pero es inútil.

-Sí, es igual que tú -responde Carol esperando que no note el inevitable sarcasmo en su voz.
Sophia es igual que su padre, no lo niega, pero por suerte no es él. Es un hombre maravilloso que amó a su hija casi desde el primer momento. La fatídica noche en la que le dijo que no quería saber nada de ella ha quedado atrás, completamente olvidada de sus recuerdos, y en su lugar se han llenado de momentos hermosos y mágicos. Como la dulzura con la que sujetó su mano, besó su frente y la animó mientras traía a su niña al mundo.

-¿Le estás dando el pecho? -pregunta su suegra. Carol asiente -Claro, por eso llora, tu leche no la alimenta, tienes los pechos demasiado pequeño -escupe mirando con desprecio los senos de Carol -Pediré a la enfermera que traiga un biberón.

-¡No vas a llamar a nadie! -grita Carol -Es mi hija y le pienso dar el pecho -gruñe plantando cara por primera vez en mucho tiempo.
Lo sabía, sabía que esa mujer iba a intentar mandar sobre su niña. Y eso no lo piensa consentir.

-Sophia llora porque tiene hambre -defiende Ed a su querida madre, que mira a su nuera como si la hubiese abofeteado.

-No, Sophia llora porque no soporta que la tengas en brazo. Dámela y verás como se calma -dice con voz tensa, extendiendo los brazos hacia él.

Ed se acerca a ella con la mandíbula apretada y la mirada más fría que le puede lanzar.
Le entrega a la niña, que se tranquiliza y calla a los pocos segundos de estar en brazos de su madre.

Carol la mira sonriente, le gusta sostenerla entre sus brazos. Es tan bonita. Le hace gracia el gesto que hace cuando está a punto de llorar, tiene la misma expresión que Daryl cuando se enfada.

-No vas a estar siempre en este hospital -le susurra Ed con tono amenazante, tirando disimuladamente de su cabello.

Ya sabe que, por desgracia, saldrá de ese hospital, y será entonces cuando la pesadilla comience. Ya no habrá embarazo que lo frene, las palizas volverán, y por medio habrá un bebé que tendrá que proteger con uñas y dientes.
Tiembla solo de pensar en ello.

-Hey, mamonazo -saluda Negan al llegar, y viene acompañado por todo su séquito.

-¿Cómo está ese bebé? -pregunta Will acercándose a Carol para ver a la pequeña.

-Es rubia ¿A quién ha salido rubia? ¿seguro que es tuya? -bromea Merle, haciendo que Carol se tense.

-Yo también era rubia cuando nací -intenta defenderse Carol, lo que menos le interesa es despertar los celos de su marido. Pero nadie la escucha, están en su mundo, contando batallitas, hablando gilipolleces, gritando, y haciendo que la habitación huela a alcóhol, tabaco y vicios.

-Dame a mi hija, quiero que la vean bien -dice Ed, arrebatándole a Sophia de sus brazos, que llora asustada cuando va pasando de mano en mano sin apenas darle descanso.

-Por favor, tened cuidado -pide Carol.

Negan la sostiene un instante, y la sopesa.
-Creo que mi polla pesa más que ella, y es más grande -bromea emitiendo su risa estridente.

-Sostenedla bien -suplica asustada.

Merle la coge y observa como quien analiza un producto del supermercado.
-Creo que la han sacado del horno antes de tiempo -ríe al verla tan pequeña.

-Cuidado con la cabeza -tiene el corazón acelerado por el terror.

Will la sostiene sin dificultad y la mira con rostro crítico.
-Espero que el segundo te salga mejor, Ed. Es demasiado pequeña, te ha salido defectuosa -se burla.

-No es un muñeco -solloza al ver como la tratan.

-Si fuésemos espartanos la llevaríamos al Apótetas -añade Spenser, haciendo uso de su pedantería.

-¡DEVOLVEDME A MI HIJA! -grita con ira, consiguiendo que todos la miren perplejos. Ya no aguanta escuchar más insultos sobre su precioso bebé.

-¡Wow, qué carácter! No sabes cómo me pone tu mujer -bromea Negan.

Ed le devuelve a Sophia.
-Tú sigue así y saldrás de este hospital con los pies por delante -le susurra al oído, para seguidamente besar su sien como si le hubiese dicho unas palabras hermosas .


-¿Estás seguro de lo que vas a hacer, hijo? -pregunta Dale preocupado.

Daryl asiente con los labios apretados.
-Sí, he encontrado trabajo en otro taller, que está más cerca de mi hija y tampoco pagan mal -miente.

Despedirse es la única opción que ha encontrado para librarse de las amenazas de Merle y no perjudicar a Dale. Él le ha ayudado, y no merece que le hagan daño y jodan su negocio.
Alejarse de allí es lo mejor para ambos.

De nuevo vuelve al mercado laboral, con algo de experiencia que añadir, pero sin dejar de ser un puto Dixon.
Espera encontrar algo pronto para poder seguir pagando el alquiler a Tara, porque sino, se verá obligado a volver a la asquerosa cloaca de la que escapó, y no quiere eso.

Conduce hasta la biblioteca, necesita leer sobre los cuidados y crianza de un bebé, se acabó la etapa del embarazo.

-Buenas tardes, Daryl -saluda Maggie sonriente -¿Cómo están Carol y Sophia?

-Bien, Carol está algo cansada aún y Sophia está perfectamente -responde sonriendo al recordar a su niña -Ha venido al mundo antes de tiempo, pero está bien -añade.

-Normal, yo creo que el parto se le adelantó por estar haciendo la compra y cargando con esas cajas enormes de cerveza, en su estado -dice Maggie mirando distraída la pantalla de su portátil.

-¿Cómo dices? -pregunta Daryl sin terminar de creerse lo que acaba de escuchar.

-Oh, lo siento, pensé que lo sabías, me encontré con ella en el centro comercial, no sabía quién era, pero me pareció que necesitaba ayuda con toda la compra y me ofrecí a ayudarla, se la veía fatigada -aclara Maggie.

Daryl quiere matar a Ed, ese cerdo mandó a su mujer a comprar los preparativos para su asquerosa fiesta, consiguiendo así que su pequeña llegase al mundo antes de tiempo.
No entiende como Carol puede estar enamorada de él.


-Ed, yo... necesitaría ducharme -dice Carol en un susurro de voz -Necesito que me ayudes, aún no me encuentro del todo bien -pide arrepintiéndose al instante, cuando ve su cara de asco, pero él disimula muy bien, está su mamá al lado y debe ser el marido perfecto.

Carol se desnuda lo más rápido que puede, aún tiene pérdidas de sangre y fluidos tras el parto, por lo que debe llevar una compresa para no manchar su ropa interior.
Había olvidado ese detalle.

-Que asco, por dios -gruñe Ed en la intimidad del cuarto de baño.

-Lo siento -se disculpa sintiéndose pequeña y expuesta ante un hombre que la mira como si fuera una mierda.

-Eres repugnante, mírate ¿Esperas que te folle como antes cuando salgamos de aquí? -insulta al ver su cuerpo desnudo; sus pechos hinchados, pezones grandes y oscuros, su vientre que aún no ha vuelto a su estado normal, aún luce hinchado y adornado con estrías. Sí, ella también se ve repugnante.

Se mete en la ducha, dejando que el agua limpie su sudor, camufle sus lágrimas y amortigüe los insultos de su marido, que aún así siguen llegando a sus oídos y duelen más que nunca.

Se viste con un camisón limpio, y sale del baño, está aseada, pero se siente sucia tras todas las barbaridades que ha oído.

-¡Carol! -saluda una amistosa voz, y ella quiere morir.
Tara y Glenn están ahí ¿Qué hacen ahí?
Mira a Ed, la observa con semblante serio. Ella no puede tener amigos, pero ahí estaban esas dos personas, abrazándola, preguntándole como está, cogiendo a su niña... y lo peor de todo es que uno es el repartidor de pizzas cuya mente retorcida de Ed cree que es su amante.

Siente como la agarra con fuerza por el brazo, sabe que sus dedos se quedarán ahí marcados. Es un anticipo de lo que pasará en cuanto lleguen a casa.

Carol sonríe y habla con ambos jóvenes con total normalidad.

Es muy buena actriz.


Las 21:00. Daryl entra en la habitación, asegurándose de que no hay nadie dentro, aparte de ellas dos.

Carol detecta su presencia y le sonríe con dulzura en cuanto lo ve.

-Hola... -la saluda con timidez, besando su frente -¿No te acompaña nadie de noche? -pregunta, apartándole un mechón de cabello.

-Se ve que no -responde con un encogimiento de hombros y disfrutando de su tacto.

-Me quedo yo, entonces -dice, dirigiéndose a la cuna para coger a su pequeña. La ha echado tanto de menos en estas horas...
Besa la punta de su pequeña nariz, ella la arruga un poco, bosteza y vuelve a dormirse plácidamente. ¿Cómo puede ser tan bonita?

Carol sonríe con ternura, si ver a su niña la tiene enamorada, verla en brazos de su padre lo supera todo.
Está tentada a decirle que no hace falta que se quede, que él tiene que trabajar, que necesita descansar, pero sabe que no se queda por compromiso, no lo hace por ella, simplemente desea estar ahí con su bebé.

-Vine al mediodía, pero estaba tu marido y... todos esos, por eso no entré -informa.
Llegó al hospital emocionado por volver a ver a su bebé, pero por desgracia había una reunión de imbéciles en su habitación.
Fue testigo de cómo Sophia pasaba de mano en mano, sollozaba, se quejaba, ellos hablaban a gritos, y Carol observaba aterrada advirtiéndoles de que lo que tenían entre sus brazos estaba vivo
Él Quería acercarse, coger a su bebé en brazos y ponerla a salvo, pero... ¿Qué pintaba él allí? ¿Darle la enhorabuena a Ed? lo odiaba ¿a Carol? se suponía que ellos ni habían cruzado palabra. Necesitaba estar con ella, pero no lo hizo, en vez de echarle valor se fue de allí como un cobarde. Se arrepiente.

-Lo supuse. Te eché de menos -confiesa mordiéndose el labio tímida. Adorable.

Daryl hace un intento de sonrisa y vuelve a fijar la atención en su niña. No puede dejar de mirarla. No entiende porqué dicen que se parece a él, si es clavada a su madre. Tiene sus labios, ligeramente asimétricos, sus ojos grandes y azules y... dios, está perdido, los ojos de Carol son su perdición, y ahora hay otro ser en el planeta que los tiene. ¿Cómo podría enfadarse con ella, regañarle, intentar ponerse serio si le miraba con esos ojos?

-¿Tu grupo sanguíneo es B, verdad? -pregunta Carol sacándolo de sus pensamientos.

-Sí, ¿Por qué? -pregunta curioso.

-Por nada, es sólo que nuestra hija es B0, Ed es 0-, yo soy 0+, y... deberé tener cuidado -dice jugando inquieta con sus dedos.

-Dudo que Ed se moleste en ver el grupo sanguíneo de Sophia. Teniendo en cuenta que prefirió seguir de fiesta a traerte al hospital, me da la impresión de que poco le importa ella, y... y poco le importas tú -se atreve a añadir miranda a Carol a los ojos. Aún le duele recordar ese momento en el que ella le dijo que amaba a su marido.

-Te has enterado -murmura avergonzada, agachando la cabeza. Sabía que tarde o temprano se acabaría enterando.

-Sí, y también me enteré de que te mandó a comprar los preparativos, y seguramente a preparar la comida, la mesa y servirle como una esclava ¿cierto? -pregunta un poco alterado. Procura relajarse, Sophia ha notado su tensión y ahora se mueve nerviosa en sus brazos.

Carol asiente sin mirarle. Sabe que su parto se adelantó por el sobreesfuerzo realizado ese día.

-No sé como puedes amarle -murmura mirando a su pequeña descansar entre sus brazos. Sonríe sin poder evitarlo, es lo mejor que ha hecho en su vida -¿Alguna vez le dirás la verdad? -pregunta, desconcertando a Carol que aún está dándole vueltas a su frase anterior -A Sophia, ¿Alguna vez le dirás que soy su padre? -aclara finalmente.

-Yo... no lo sé, supongo que sí, que algún día se lo diré -responde dubitativa, nunca se ha planteado esa cuestión, pero su niña merece saber que su verdadero padre no es un monstruo sin corazón.

Sophia se agita y lloriquea un poco, Daryl la mece intentando calmarla.

-Debe de tener hambre ya -comenta Carol, colocándose en posición.

-Oh, entonces yo no puedo hacer nada para calmarte -murmura Daryl, besando a su niña antes de entregársela a su madre

Carol lo observa disimuladamente, se mantiene cerca de ella, preparado para ver a su niña alimentarse, como quien ve su serie favorita. Debería sentirse incómoda, intimidada de que él vea sus pechos, pero no es así, le transmite una tranquilidad y paz que reza para tenerla todos los días.

Daryl observa a su pequeña, adora verla amamantarse, le parece una escena tan hermosa que si pudiese se la grabaría a fuego en su mente, qué tontería, ya la tiene grabada, como el momento de su nacimiento, su ecografía, sus patadas, cuando supo que iba a ser una niña, cuando supo que iba a ser padre, cuando fue concebida, cuando conoció la que es su madre, cuando todo comenzó...
Mira a Carol, tan hermosa y radiante, observando a su niña. Tiene el rostro tapado por el cabello y no entiende porqué, pero le molesta.

Alarga la mano y lleva su cabello hasta detrás de su oreja pare retenerlos allí y así poder ver el perfil de Carol, que le sonríe de esa forma tan dulce y característica de ella.

-Ed va a pedir la baja por paternidad -comenta, rompiendo la magia ¿Para que nombra a ese imbécil? ¿A él que le importa? -Durante quince días estará en casa, y mi suegra también, lo siento.

Y entonces cae en la cuenta. Durante quince días estará sin poder ver a su bebé, ¡Medio mes sin su niña! Le duele de sólo pensarlo.

Decide disfrutar todo lo que pueda de su pequeña, sostenerla en brazos durante toda la noche, abrazarla, besarla, mimarla, memorizar cada poro de su piel y prepararse para los quince días más largos de su vida.


Todas las madres están deseando que les den el alta para poder estar en casa y disfrutar de su bebé, pero ella no, ella era feliz en ese hospital, con las visitas clandestinas de Daryl y las amenazas de Ed que se quedaban sólo en eso, amenazas.

Ahora va camino a casa, sentada en el asiento trasero del coche junto a su niña, y sintiendo un miedo atroz de volver a su cárcel.
La presencia de su suegra la tranquiliza, no le cae bien, pero sabe que Ed no le pondrá una mano encima estando su madre al lado.

Llegan a casa, y el mundo se le viene encima cuando Ed abre la puerta de casa. Está todo desordenado por la fiesta de hace tres días. Restos de comida en mal estado, platos sucios, botellines de cerveza por el suelo, ceniceros llenos de colilla, preservativos usados...

-Madre mía, como tienes la casa -exclama la madre de Ed, llevándose las manos a la cabeza -menos mal que he venido, venga, vamos a limpiar.

Mira a su marido esperando una explicación ¿Qué explicación le iba a dar? Ed no ha limpiado en su puñetera vida, y ahora ella tendrá que ponerse a ello cuando lo único que desea es estar tranquila cuidando de su bebé.

Lleva a su niña a la habitación de matrimonio, al menos los primeros meses prefiere tenerla durmiendo a su lado.
La coloca en el interior de la cuna que con tanto amor compró, montó y vistió para ella.
La de veces que se la imaginó durmiendo en ella y ahora... ya es una realidad, su niña está ahí, y ya está llenando el hogar con su dulce aroma de bebé.
La observa, no puede dejar de hacerlo, ¿Cómo alguien tan pequeñita puede hacerle sentir un amor tan grande?

Un empujón a traición la saca de sus hermosos pensamientos.
Su cadera golpea con la esquina de la mesita de noche antes de caer al suelo y mirar a su agresor.

-¿Qué? ¿Pensabas que me había olvidado del numerito que montaste en el hospital? -gruñe furioso, agarrándola del cabello para volver a ponerla de pie -Esto no es ni la cuarta parte de lo que te voy a hacer. Baja al salón y ayuda a mi madre.

Y se marcha, dejándola allí, sintiendo sus piernas débiles y con un escalofrío recorriendo su espina dorsal.
Quiere volver a estar en el hospital.


Daryl observa por enésima vez el vídeo de su niña amamantándose nada más nacer, le parece un momento tan bonito y mágico.
Dios, la echa de menos, sólo ha pasado un día y se le está haciendo eterno. No tiene trabajo con el que entretenerse, su única distracción es leer libros sobre bebés.

Por lo pronto ya ha aprendido que su niña pasará la mayor parte del tiempo durmiendo, que es posible que pierda peso, pero lo recuperará en pocos días.
No ve con claridad a la persona que la coge en brazos, pero sí reconoce su voz.

Le preocupa Carol, es posible que sufra depresión postparto, que se vea desbordada, llore, esté cansada y él no puede estar ahí para ayudarla.
Sabe que Ed ni se molestará en entender por lo que está pasando, si no tuvo reparos en enviarla a comprar sola, estando de 36 semanas...

Se está dando cuenta de cosas, Ed la querrá, pero a su extraña manera, no se preocupa de sus sentimientos o necesidades, él sólo piensa en él mismo, ella no es más que una mujer preciosa, la trata como si fuese el ciervo más grande y hermoso que ha cazado y lo tiene decapitado y disecado decorando su salón, eso es Carol para él, un precioso trofeo que pasea y finge cuidar delante de todos para hacer que lo envidien.

"Sólo quiero olvidar" es la frase que le dijo el día que se conocieron ¿Qué quería olvidar? ¿Por qué nunca le preguntó sobre ello? ¿Si tanto ama a Ed, porqué buscó sexo fuera del matrimonio? algo olía raro ahí, pero... sí... quizás ella sólo buscase lo que él lleva pensando todo este tiempo: quedarse embarazada. Quizás ella sea feliz así, aunque Ed la trata como la trata, al menos ese idiota puede proporcionarle un hogar y estabilidad económica, él en cambio, no tiene donde caerse muerto.
Debe respetar su relación, aunque le duela.


Cuarto día tras parto Los pechos han triplicado de tamaño, si ya los veía grandes antes ahora están enormes, la leche le ha subido y están tan duros, y doloridos que no soporta ni el sujetador de lactancia.
Le da el pecho a demanda, apenas duerme y las noches son agotadoras, a eso tiene que añadir que Ed duerme a su lado, ya que sigue en el papel de marido perfecto mientras su madre esté ahí, y se dedica a resoplar y escupir insultos por lo poco de duerme por culpa de la niña.
Ella por no escucharlo baja al salón y pasa la noche tumbada en el sofá con su pequeña sobre ella.

Se supone que debe de estar emocionada, feliz, por tener a su bebé, pero ahora toda la euforia de los primeros días se ha esfumado y sólo le apetece llorar, ¿Cómo puede estar así? ¡Es su niña! pero siente que no la está disfrutando. Si intenta bañarla llega su suegra por detrás a decirle que lo está haciendo mal y la quita de un empujón para bañarla ella, si la tiene en brazos, que es malo que se acostumbre a estar en brazos, si la duerme boca arriba, que es mejor boca abajo, si la arropa poco que va a tener frío, si la arropa mucho va a asfixiarla, si llora es porque no la está alimentando bien... y así con todo. Se siente la madre más inútil del mundo, y la magia que sintió cuando ella nació, la capacidad para tranquilizarla se ha esfumado por completo, y no sabe qué hacer.

Ed desayuna en silencio, mojando la galleta en el café, y ella intenta desayunar algo, pero las manos le tiemblan y todo se le cae de las manos.
Está nerviosa, su suegra se va hoy, que por un lado es un alivio, pero por otro... es el comienzo de su pesadilla.

En la televisión están dando las noticias de las mañanas, y en ella informan de una mujer que ha sido asesinada por su marido a puñaladas.

-Eso es lo que te pasará a ti también si sigues rebelándote -amenaza Ed, masticando tranquilamente la galleta, como quien comenta el tiempo que hace -si es que sois todas unas putas que no valoráis lo que tenéis -escupe.

Sophia comienza a llorar, la escusa perfecta para huir de allí.

-¡Si tiene hambre no la traigas aquí, vete al salón, o a la puta calle, pero aparta tus repugnantes pechos de la mesa! -gruñe.


-Vale, vale, Yo nunca... me he acostado con un hombre -dice Tara.

-Puff -ríe Daryl, observando como Maggie da un sorbo. Están jugando con Cocacola, pero aún así es entretenido. Agradece tenerlos cerca, al menos así las horas pasan algo más rápidas -Yo nunca he robado comida del estante de mi compañero -dice él.

Glenn, Tara y Maggie se miran.

-¡Venga ya, sólo fue un flan! -se defiende Tara, que da un sorbo a su vaso.

-Yo nunca he robado en un centro comercial -dice Maggie.

-¡Sólo fueron unas bragas! -Tara vuelve a verse en la necesidad de defenderse.

-Vale, ahora yo -dice Glenn, que se aclara la garganta antes de hablar - yo nunca... me he enamorado de la mujer de Peletier -intenta sonsacar, mirando a Daryl con sonrisa pícara.

Daryl no bebe.

-Ahora es cuando tienes que beber -ríe Tara.

-Sólo si lo he hecho -se defiende él.

-¿Cuando vas a confesar que te gusta? -pregunta Glenn.

-Cuando tú confieses que te gusta Maggie -le devuelve él.

Glenn se vuelve rojo, sin saber dónde meterse.

-Yo nunca me he enamorado de un repartidor de pizzas coreano -sale Tara al recate.

Maggie bebe, Glenn se vuelve aún más rojo y todos ríen y celebran esa confesión.

Daryl sonríe, ojalá fuera así de fácil con Carol...


-Quítate la camisa -gruñe Ed en cuanto el taxi que lleva a su madre al aeropuerto se marcha.

Carol solloza sin poder controlarlo.

-Que te quites la camisa -vuelve a repetir.

Carol lleva sus temblorosas manos a la blusa de botones. Es más cómodo así para dar el pecho.
Los desabrocha uno a uno, despacio, intentando alargar la espera de la tortura lo máximo posible.

-¡VENGA YA! -se impacienta él, que da un fuerte tirón a la prenda, arrancando los botones que ruedan y saltan por el suelo -sube a la habitación.

-¿A la habitación? pe... pero Sophia... -tartamudea asustada.

-¡A LA HABITACIÓN! -ordena alzando la voz.

Carol obedece, camina escaleras arriba, con el torso casi desnudo, cubierto sólo por su sujetador de lactancia. Intenta ahogar los sollozos para no despertar a su niña.

-Ponte contra la pared -ordena -Tengo que volver a domarte.

Carol echa un rápido vistazo a la cuna, donde su niña duerme plácidamente y se apoya contra la pared, plantando la palma de las manos en ella, y apoyando su frente también.

-Como Sophia se despierte recibirás el doble, así que procura no gritar -amenaza.

Escucha el tintineo metálico del cinturón. Aprieta los labios y los ojos y espera.

El primer latigazo llega, fuerte y potente. Ed no es tonto, utiliza la parte de la hebilla para infligirle aún más daño.
Ella ahoga el sollozo en sus labios.
Segundo latigazo, casi en la misma zona que el anterior.
Los ojos se le llenan de lágrimas.
Tercer latigazo, la hebilla golpea justo en el centro de la espalda, sobre las vértebras.
Respira rápido por la nariz, intentando controlar el dolor.
Cuarto, quinto, sexto... y así hasta diez.
Ed descarga toda su rabia sobre ella, respira fatigado por el esfuerzo, está enfadado porque no ha conseguido hacerle gritar.

Carol se deja caer, sintiendo como las piernas le flojean, las lágrimas se desbordan y su espalda arde de dolor. El dolor es semejante al que sentiría si le clavasen cientos de cuchillas bajo las uñas y le obligasen a meter las manos en un cubo lleno de limón y sal.

-No he terminado contigo, puta -gruñe agarrándola del cabello para arrastrarla fuera de la habitación hasta el pasillo.
Se coloca sobre ella, clavando una rodilla en el pecho y otra entre sus piernas para inmovilizarla y así poder desabrocharse los pantalones sin problemas y poder sacar su miembro hinchado.

Carol se da cuenta de lo que pretende, y se maldice por vestir un holgado pantalón corto de algodón que retira sin dificultad junto con su ropa interior.

-No, Ed, no, por favor, aún no se puede -solloza, forcejea con él, cierra sus piernas. La doctora ha dicho que debe estar varias semanas sin mantener relaciones sexuales -Por favor, Ed, aún me estoy recuperando -llora, intentando alejarse de él.

Ed la abofetea para que se calle y aprovecha el breve aturdimiento para agarrarla por las caderas y girarla, haciendo que su pecho pruebe el frío suelo.
Se tumba sobre ella, dejando caer todo su peso sobre su frágil cuerpo.
-Ni que ese fuera el único agujero que tienes -susurra lamiendo su rostro con su asquerosa lengua -Esto es lo que te espera, las 24 horas del día durante los día que me quedan de baja.

Carol llora en silencio, abandonando su cuerpo en ese frío suelo y enviando su mente hacia un lugar mejor; la habitación de hospital donde amamantaba a su niña mientras Daryl las observaba.


Han sido los quince día más largos de su vida, pero al fin han pasado, de nuevo ese imbécil vuelve al trabajo y él puede volver a ver a las dos mujeres de su vida. Está deseándolo, está nervioso, es como un niño el día de navidad, se siente tan emocionado...


Han sido los quince días más largos de su vida, pero al fin han pasado, de nuevo Ed vuelve al trabajo, y ella podrá volver a tener paz en su casa durante unas horas, junto a Daryl.

Los golpes duelen con cada movimiento que hace, todos se han limitado a espalda y vientre, por lo que doblarse, estirarse, respirar, y cualquier cosa que requiera de movimientos del tronco es todo un suplicio, y para rematar Sophia no deja de llorar y ya no sabe qué hacer, no consigue calmarla.

Llaman a la puerta, y corre hacia allí, para encontrarse con la persona que tanto desea ver.

-Daryl... -saluda sin poder ocultar su emoción por volver a verlo, y camina hacia él posando su frente sobre su pecho, pidiéndole un abrazo que él le da con gusto. Ojalá pudiese abrazarlo ella.

-Hey... ¿Qué ocurre? -pregunta sosteniendo su barbilla. La nota cansada, apagada, unas profundas ojeras oscurecen sus hermosos ojos.

-Nada, estoy bien, sólo... no sé que le pasa a Sophia, no deja de llorar, y ya no sé qué hacer, no puedo más -solloza sintiéndose estúpida.

Daryl acaricia su rostro, besa su frente y se adentra al interior de la casa, hasta la habitación de Sophia donde llora desconsolada.
-Hola, mi niña, ven aquí -susurra cogiéndola en brazos para acunarla, consiguiendo que a los pocos segundos se calme hasta el punto de dormirse.

La mira, es más bonita de lo que recordaba. Cuanto la ha echado de menos. Sentir su peso entre sus brazos, observar su respiración, sus gestos mientras sueña...
Besa su naricilla, inunda sus fosas nasales con su olor a bebé, tan dulce como la miel.
Es lo más hermoso que ha visto en su vida, seguido de cerca por su madre que... que observa desde la puerta.

-He conseguido tranquilizarla -informa mostrándole a Sophia profundamente dormida.

Carol sonríe con dulzura, pero su sonrisa se va tornando en una mueca y los ojos se le llenan de lágrimas.
-Soy una madre de mierda -solloza echando a correr, alejándose de la habitación como una adolescente que acaba de discutir con sus padres.

Daryl se queda perplejo, sin saber qué decir, ha leído sobre lo que le pasa, es más, temía que estuviese pasando por ello, y por desgracia así era.
-Voy a ver que le pasa a mamá -deja a su bebé en la cuna, asegurándose de que no vuelve a llorar y va en busca de Carol.

-Hey -llama su atención con suavidad, al encontrarla llorando en el sofá del salón, con el rostro hundido en un cojín -Hey -repite de nuevo, sentándose a su lado y frotando su espalda.
Carol ahoga el gemido de dolor que intenta escapar de sus labios. Los moretones de los golpes aún están ahí.
-No eres una madre de mierda -le susurra, consiguiendo que alce la cabeza, y le aparta un mechón de cabello que está pegado a su mejilla húmeda. Preciosa hasta cuando llora.

-Sí lo soy, Daryl, no consigo calmarla, no sé lo que le pasa cuando llora, creo que no me quiere -vuelve a sollozar enterrando de nuevo el rostro en cojín

-Ven aquí anda -la insta a levantarse, para que se siente sobre su regazo, y la mece tal y como hizo con su hija.

Ella entierra el rostro en su hombro y continúa sollozando.

-No eres mala madre -repite besando su sien -sólo inexperta, y estás agotada, aún tienes que acostumbrarte a Sophia.

-No puedo más, me paso el día llorando, siento que esto me queda grande -continúa sollozando.

-Vamos, condujiste hasta mi casa con nueve centímetros de dilatación, diste a luz sin epidural, aguantas al imbécil de tu marido todos los días, y a mí también ¿De verdad dices que no puedes con esto? -intenta animarla.

La siente sonreír contra su hombro y alza la cabeza, mirándole bebiéndose sus lágrimas.
-Todas las madres primerizas pasan por lo mismo que tú, créeme. Eres la mejor madre que Sophia puede tener -dice mirándole a los ojos. Esos hermosos ojos.

Ella deja escapar una risa llorosa.
-Tu novia tiene mucha suerte de tenerte -murmura mirando a Daryl que limpia las últimas lágrimas que escapan de sus ojos.

-Supongo -susurra para sí, acariciando su rostro desde la mejilla, a la barbilla, pasando por sus dulces labios. Se muere por besarla, probar sus labios de nuevo, pero sus besos sólo son reales en sus recuerdos y lo único que puede hacer es besar su frente y volver a apretarla contra sí, dejando que su cuerpo se relaje sobre el suyo.

Carol disfruta del momento, tiene ese don para hacerle sentir bien. Lo siente besar su hombro, mecer las piernas suavemente de un lado a otro intentando hacer que se relaje y, a pesar del dolor que siente que cada músculo de su cuerpo,lo consigue.
No puede abrazarlo, por desgracia, así que mantiene los brazos recogidos entre su vientre y el de él, limitándose a apoyar su mejilla contra su hombro, y cerrar los ojos, para agudizar sus otros sentidos. Le gusta su olor, huele bien, ni a perfume ni a sudor, sólo su olor natural y masculino. Lo siente respirar, y a pesar de que su oído está lejos de su pecho, juraría que puede escuchar su corazón latir. Se siente como en casa, su verdadera casa. Una casa que está ocupada por otra mujer...

Daryl continúa meciéndola largo rato, hasta que siente que su respiración se vuelve profunda.
Sonríe. Quizás debería añadir ese don a su currículo: la capacidad de relajar y dormir a las dos mujeres de su vida.

Se levanta, aún sosteniéndola en brazos, ahora que no está embarazada se siente más confiado a la hora de cargarla.
Camina escaleras arriba, y entra en la habitación despacio, no quiere despertar a su niña.
La deja sobre la cama, aún es pronto para dormir, pero lo necesita, quizás dentro de cinco minutos Sophia comience a llorar desesperada por comer, y en eso él no puede ayudar.

Acaricia su rostro con sus nudillos, es tan perfecta y hermosa que, al igual que con su hija, podría pasarse horas mirándola.
Besa la punta de su nariz, y ella la arruga tal y como hace Sophia. Sonríe ante eso.
Le encantaría poder decirle que ella es esa novia imaginaria, que sólo existe ella, que no hay nadie más, que está enamorado hasta las trancas pero... ¿Para qué? ¿Para quedar en ridículo? ¿Para que se eche a reír? no, no podría soportar otro palo más en su corazón.

No sabe qué hacer ahora, aún le quedan cuatro horas allí. Podría limpiar la cocina, ha visto platos sucios en ella, eso ayudará a Carol, sí, eso hará.

Carol despierta, escucha a su niña llorar, pero suena lejano, demasiado lejano.
Abre los ojos, Sophia no está en su cuna. Se levanta sobresaltada, intentando buscar una explicación a qué hace allí, y entonces recuerda: Daryl.

Lo ve entrar por la puerta con Sophia llorando desesperada.
-Me da a mí que tiene hambre -dice acercándola a la cama -me la he llevado al salón por si se despertaba por alguna otra cosa que no fuera comida, así podría calmarla yo y tú podías dormir. -explica él.

-Muchas gracias, me hacía falta -agradece con sinceridad, cogiendo a Sophia, que comienza a tranquilizarse cuando el olor y los latidos de su madre llegan a ella, sabe que ya va a comer.
Carol sujeta su pecho, mientras Sophia mueve la cabeza con la boca abierta buscando el pezón hasta encontrarlo, y comienza a succionar emitiendo unos adorables sonidos.

-Nunca me cansaré de ver esto -susurra Daryl con sonrisa emocionada.

-A Ed le da asco -murmura Carol con expresión sombría.

-Ed es idiota -gruñe él, y se agacha para colocar un suave beso sobre la oreja de su niña.

Carol sonríe.
-¿Ella sabe que existe? -pregunta -tu novia, ¿Sabe que Sophia existe? -matiza.

Ahí está otra vez, de nuevo toca mentir.
-Sí, lo sabe -dice. Claro que lo sabe, es su madre.

-¿Y no le importa? -sigue preguntando para desesperación de él.

-No, sabe que fue antes de conocerla -responde, rezando para que deje de preguntar.

-¿Dónde la conociste?

-En un bar -sí, la conoció en un mugriento bar, y estaba guapísima con ese vestido negro. No entiende porqué no ha vuelto a vestirse así.

-Vaya, que coincidencia, igual que a mí -sonríe -¿No le importa que vengas a verme sabiendo lo que hubo entre nosotros?

-¿Qué hubo? -pregunta llevando la pregunta a su terreno.

Carol se sonroja.
-Ya sabes, nos acostamos... -responde con timidez.

-Sabe que ahora somos amigos, que lo nuestro fue sexo y nada más -dice algo dolido, ¿En qué pensaba? ¿Qué esperaba escuchar? eso es lo que pasó entre ellos, sólo se acostaron.

-Sí, nada más... -susurra Carol. Si él supiera...

Las horas pasan rápido siempre que están juntos, y como siempre toca la despedida.

Sostiene a su niña largo rato, besa su frente, su nariz, sus mejillas, sus manitas, y la abraza con suavidad, no quiere lastimarla.

Carol le acompaña hasta la puerta como siempre.
-Mañana volveré a veros -le recuerda, intentando consolarse a él mismo.

Ella asiente, sintiendo como las lágrimas llegan a sus ojos, no quiere que se vaya. Cuando Daryl se va Ed vuelve, y con ello una nueva tortura.

-Hey... ¿Por qué lloras? -pregunta al darse cuenta del brillo de sus ojos.

Carol no responde, recorta la distancia que hay entre ellos y lo abraza, enterrando su rostro en su pecho y estrechándolo contra ella.

Daryl se tensa, no se esperaba eso, ella conoce "las normas": prohibido tocar.
Quiere alejarla, retirar sus brazos, y recordarle que no puede hacer eso. Pero no puede, ella está llorando contra su pecho, siente que sería cruel apartarla de él.

Respira hondo y la abraza, intentando olvidar que está siendo abrazado, pero es incapaz, su mente no le deja, cientos de malos recuerdos llegan a él, desde la primera paliza que le dio su padre, hasta la prostituta que le doblaba la edad con la que fue obligado a perder la virginidad.

Retira sus brazos.
-No hagas eso más, ya sabes que odio que me toquen -le recuerda, y las palabras salen más duras de lo que pretendía.

-Lo siento, no pensé -solloza Carol, que por un momento creyó que había conseguido avanzar algo.

Daryl la vuelve a abrazar, y esta vez ella mantiene sus manos lejos de su cuerpo.
-Os veré mañana ¿vale? -le vuelve a recordar, sosteniendo sus manos entre las suyas -Eres una buena madre, no olvides eso -besa sus nudillos antes de soltarlas.

-Lo intentaré -susurra Carol viéndolo marchar.


Hola de nuevo :) ya sé lo que me vais a decir: mata a Ed de una vez XD.
Lo siento por otro capítulo agridulce.

He querido ser realista con los sentimientos tras el parto, en la mayoría de películas y demás lo pintan todo muy bonito, aparte de que la mujer recupera su aspecto físico nada más dar a luz, y eso rara vez pasa.
Carol está experimentando la depresión postparto, y bueno, su marido y suegra no ayudan, aunque como habréis observado está sacando algo de coraje por el bien de su niña.
La razón por la que no consigue consolar a su hija es sencillamente porque está tensa, alterada, y es lo que le transmite a su bebé.

Ed amenaza a Carol con que saldrá del hospital "con los pies por delante" no sé si esta expresión se dice sólo en España o no, por lo que aclaro que se refiere a que saldrá de allí muerta.

"Apótetas" es el lugar donde los espartanos abandonaban a los recién nacidos que consideraban no aptos (enfermos, prematuros, deformes...)

La baja por paternidad son 15 días porque me ciño a las leyes españolas, supongo que cada país tiene las suyas.

A quién pregunta si tengo previsto añadir a Michonne, Rick y demás... ya os digo que sí, aunque Rick ya ha aparecido, ha tenido un agradable encuentro con Carol varios capítulos atrás (aunque no mencioné su nombre)

Espero que os haya gustado el capítulo y de nuevo gracias por seguir leyéndome :)