17. Amigos

Mes y medio

Parece increíble todo lo que Sophia ha avanzado en estas dos últimas semanas. Está cada vez más espabilada, aguanta más tiempo despierta y esas pequeñas sonrisas que antes sólo iban dirigidas a su madre ahora se las dedica también a él.

-¿Cómo has podido convertir en esta asquerosidad la leche de mamá? -pregunta Daryl que intenta cambiarle el pañal sucio que emana un asqueroso olor que le hace dudar si esa plasta es de ella o no.
Sophia lo mira un instante, como si analizase sus palabras y finalmente sonríe. Esa es su hermosa respuesta para todo lo que le dicen.
Está muy participativa, pendiente de todos los gestos que le hacen, los sonidos que escucha, las voces que le hablan, las imágenes que ve... y responde a su manera, con balbuceos, gruñidos, sonrisas...
A Daryl se le cae la baba de sólo verla, maravillándose con cualquier pequeño gesto, sonido o movimiento que hace.

Le tranquiliza saber que a pesar de haber nacido antes de tiempo su desarrollo va a la par que el del resto de niños de su edad, tal y como dicen los libro, e incluso cree que está más avanzada que otros bebés...

Ama estar con Carol y ella, y últimamente disfruta enormemente con el momento de "llegar a casa" ya que, en cuanto entra por la puerta, su niña lo recibe moviéndose nerviosa en su cuna o en los brazos de su madre, emitiendo sonidos como si quisiera hablarle y sonriendo esperando a que la coja. Le gusta saber que se alegra de verle tanto como él de volver a estar con ella.

Carol está más animada, y eso es todo un alivio para él, comenzaba a preocuparse, y a temer que no volviese a ser la misma.
No sabe si darle las gracias a que Ed pase menos tiempo a su lado, a que duerme con su bebé en la misma cama y desde entonces Sophia se haya despertado menos durante la noche, a que ella se saque la leche para las tomas nocturnas y así Sophia tarde menos en comer... o quizás una mezcla de todo ello. Y también tiene que añadir que en estos últimos días la pequeña glotona ha pasado de pedir su toma cada dos horas a pedirla cada tres e incluso cuatro. Por lo que Carol está más descansada y los llantos por cualquier motivo insignificante han desaparecido.

-¿Todavía la tienes con el culo al aire? -pregunta Carol entre risas cuando lo ve luchar por intentar ponerle el pañal limpio.

Ahí está, su hermosa risa.
-Si es que no se está quieta -se queja él luchando por mantener las dos piernas de su niña en alto.
Sophia gruñe en respuesta y Daryl le sonríe. Sabe lo que le ocurre: odia estar tumbada. Le gusta que la tengan sentada en el regazo, para ella poder controlarlo todo e interrumpir la conversación que tengan si ella no es el centro de atención.

Aún no sostiene la cabeza del todo, pero cada día tiene un pequeño avance. Suelen dejarla un ratito en el suelo, sobre su manta de actividades, boca abajo para que fortalezca los músculos del cuello. Al principio no le gustaba, pero ahora es uno de sus momentos favoritos desde que Carol se tumbó a su lado y le estuvo hablando, sujetando el peluche que Daryl le regaló y poniendo voces, como si fuese el conejito el que habla y al que Carol ha llamado Pookie. No sabe por qué.
Tiene varios vídeos grabados de los monólogos que Carol se marca con el peluche por tal de distraer a Sophia, que se emociona en cuanto ve a Pookie.

-Ya está mi niña limpia -dice levantándola una vez que le ha colocado el pañal y abrochado el body.
Sophia sonríe anticipándose al beso en la punta de la nariz que su padre tiene por costumbre darle.
La besa. Siempre tiene la nariz fría, como su madre. Ella pestañea varias veces rápido y lo mira sonriente. Cuanto desea que esa sonrisa no se borre nunca de su dulce rostro.

Carol mira su reloj.
-No está mal, siete minutos, aunque yo no habría tardado ni dos -bromea ella marchándose de la habitación.

Daryl se echa a reír, disfruta de verla bromear y, al igual que con Sophia, espera que su sonrisa y humor sean permanentes.

Carol baja a la cocina.
Está feliz, al fin siente que está disfrutando de ser madre.
Ed apenas pasa por casa; llega a las 7:30 para desayunar, se va a trabajar, vuelve a las 19:00, se ducha, le grita algún insulto gratuito, y se va a casa de Will.

Está todo el día a solas con su niña, mientras Daryl trabaja. Van de paseo, juega con ella, la mima, alimenta, la duerme, comparten risas... y ella va haciéndose a los ritmos de su niña; duerme mientras ella duerme, disfruta del momento de la lactancia, y hace las tareas de casa con Sophia metida en el fular, pegada a su pecho. Pero lo mejor es la tarde-noche, cuando llega Daryl, siempre puntual, y si se retrasa un poco Sophia empieza a impacientarse, y a quejarse, echándolo en falta. Ama a su padre, y ella ama verlos juntos.

Exceptuando los días que Ed tiene libre y le recuerda quien manda en casa, ella está feliz.

-¿Nos vamos ya? -pregunta Daryl con Sophia en brazos y el bolso con todo lo necesario para el cuidado del bebé. Se van a casa de Tara, a su casa. Maggie, Glenn, Denise, Sasha y todos los demás estarán allí para pasar la tarde, y viendo lo feliz que estuvo Carol aquel día en el parque le pareció buena idea llevarla allí. No la ha visto con otras personas más allá de los amigos de Ed, si a esos seres los podía llamar personas.

-Sí, espera -pide Carol que se apresura en guardar la última tanda de galletas en el tupper.
Está un poco nerviosa, como un niño en su primer día de colegio.
Quiere caer bien, y a la vez le da miedo tener amistades, ya que a más amigos más gente a la que explicar porqué tiene los ojos llorosos, o hace muecas de dolor al sentarse. Ha pasado tantos años aislada de todo el mundo que ahora teme que se percaten de su situación matrimonial nada más verla entrar por la puerta.

"¿Qué saben de mí?" Esa fueron las primeras palabras que salieron de sus labios cuando Daryl le preguntó si le gustaría volver a quedar con todos ellos en casa de Tara.
Saben lo básico: Que ella está casada pero tiene una hija en común con Daryl, pero Ed no está al tanto de ello.

No sabe cómo sentirse, suena tan mal... una mujer que engaña a su marido y tiene una hija con el amante haciendo creer a su esposo que es suya...

Según Tara no dirán nada, pero no sabe si fiarse. Las piernas le tiemblan de sólo pensar en la reacción de Ed si se entera.
Siente que este secreto se le está yendo de las manos.
Primero las enfermeras y la ginecóloga y ahora ellos... en unos meses puede que lo sepa toda Georgia menos Ed.


-¿Pero quien eres tú? ¿A quien has salido tan guapa? -pregunta Maggie con voz infantil sosteniendo a Sophia en brazos.

La están volviendo loca, y eso le encanta. Pasa de unos brazos a otros, le dicen tonterías en el tono adecuado y ella ríe y responde a su manera.

Carol sonríe, le gusta ver que su niña es sociable, a los amigos de Ed no los soporta, parece que sabe en quienes puede confiar y quienes no. Es más lista que ella.

-Carol estas galletas están deliciosas -dice Glenn con la boca llena -Daryl nos dijo que cocinabas bien, pero esto... Dios -gime exageradamente.

Carol agacha la cabeza tímida, no está acostumbrada a los halagos. Le sorprende todo lo que saben de ella. Le habría gustado estar presente en el momento en el que Daryl contó que cocina bien, que sabe idiomas, que adora el chocolate... Se pregunta cómo salió el tema.

-Sí, deberías enseñar a Daryl, que lleva un mes intentando aprender a cocinar sin éxito alguno -ríe Tara robando una galleta de manos del aludido que la mira con odio.

-No sabía que estabas interesado en cocinar -le susurra Carol que se ha percatado de las distintas tonalidades de rojo que ha ido obteniendo el rostro de él desde que Tara habló.

Se encoge de hombros, no sabe que contestar, y agradece que Sophia haya vuelto a los brazos de su madre, distraiéndola así de lo que estaban hablando.

Sophia mira a Carol con ojos enamorados, esperando a que le diga algo.
-¿Qué te pasa a ti hoy, eh? Que te gusta mucho ser el centro de atención y que estén pendientes de ti nada más ¿Verdad? Qué eres muy sinvergüenza tú -dice con esa voz aguda que coloca la más amplia de las sonrisas en el rostro de Sophia.

Adora verlas felices. Ver a Carol hablar con otras personas, reír, bromear, dar su opinión... nunca la ha visto hacer eso con Negan, Spencer, Merle e incluso su marido... aunque ¿Qué conversación iban a tener esa panda de idiotas?
La ve guapísima con esa enorme sonrisa haciendo más hermoso su pálido rostro.

-Se te cae la baba, y no es por tu hija -dice la voz de su conciencia, también llamada Tara, a escasos centímetros de su oído.

-Puf -bufa Daryl intentando negar lo innegable.
No se le estaba cayendo la baba, se le cae el alma de sólo pensar que ella está con otro.
Ojalá pudiese volver al pasado, pero no para no conocerla, sino para llegar antes que Ed y... ¿Y qué? ¿Hacer que se enamore de él? ¿De un Dixon? Es tan inteligente y hermosa que podría estar con cualquiera ¿Por qué iba a elegir a un pulgoso como él más allá que para obtener espermatozoides saludables?
Sacude la cabeza. Son amigos, sólo eso, y por el bien de Sophia debe de dejar de lado esa amarga sensación que tiene por haber sido utilizado.


-¿Qué tal te ha ido en el ginecólogo? -pregunta Daryl, recordando que hoy tenía revisión ginecológica. ¿Quién le iba a decir que iba a estar haciendo ese tipo de preguntas?

-Bien, está todo bien, me ha dicho que ya puedo tener relaciones sexuales -responde distraída, asegurándose de que el agua está a la temperatura adecuada para bañar a Sophia.

Daryl se congela. "Relaciones sexuales" le duele sólo de imaginarse a ese asqueroso ser gordo y sudoroso sobre su hermoso cuerpo, acariciando su piel pálida, saboreando sus dulces labios, disfrutando de su calor... Joder, hace ya casi un año de su último encuentro sexual con ella, bueno con ella o con cualquier otra. Se siente como un puto cura en celibato: no bebe alcohol, no fuma, no folla... Podría intentar salir con una mujer, empezar algo, o ir a un club de carretera si quisiera, pero ese es el problema: no quiere, la quiere a ella y sólo a ella, desde esa noche, en ese asqueroso antro...

-¿La bañas tú o yo? -pregunta por segunda vez Carol, a un Daryl que lleva cinco minutos mirando a la nada.

-¿Qué? ah ya, sí, la baño yo -tartamudea en respuesta, cogiendo a su niña desnuda y metiéndola despacio en el agua.
Ella se agita emocionada cuando sus dedos de los pies se sumergen en el agua. Le encanta la hora del baño.

Carol recuerda las palabras de la ginecóloga "Ya puedes tener relaciones sexuales" como si Ed necesitase la autorización de un médico para disponer del cuerpo de su mujer.
Últimamente Ed utiliza el sexo como castigo, aunque para ella siempre ha sido eso, pero ahora está siendo más brusco de lo habitual, embiste con violencia, muerde, araña, aprieta hasta el dolor, y la humilla insultando su cuerpo, que no es el mismo tras el parto. Aún no ha recuperado del todo su figura, y las estrías han decidido quedarse ahí para siempre.
La hace llorar y cuanto más dolor le infringe a ella, más se excita él.

Sonríe amargamente. La última vez que hizo el amor, ni siquiera fue con su marido.

Mira a Daryl, tan concentrado en bañar a su niña, deslizando con delicadeza la esponja por su cuerpecito, haciendo la presión necesaria, teniendo cuidado de que no le entre jabón en los ojos y sonriendo a Sophia con amor.
¿Por qué no lo conoció antes? ¿Por qué su apellido no puede ser Dixon? Sería todo tan distinto... en esa casa se respiraría amor, tendrían unos amigos maravillosos, trabajaría en lo que le gusta, dormiría al lado de un maravilloso hombre que besaría cada rincón de su cuerpo haciendo que se sintiera hermosa y amada, despertando el placer en ella, un placer que yace dormido desde el último día que él la tocó.

Sabe que eso no pasará más, y que si no fuera por Sophia ellos no habrían vuelto a verse.
Él ama a otra mujer, una afortunada mujer. Y por el bien de Sophia son amigos, porque entre ellos jamás podrá haber algo más. No mientras Ed viva.

Con la de buenos policías que mueren en acto de servicio y él que más corrupto no puede ser...
Sacude la cabeza, odia pensar esas barbaridades.


2 meses

Abraham sostiene a Sophia y la mira fijamente con expresión seria.

-Para ya, la vas a asustar -le regaña Sasha.

Sophia lo mira sin pestañear, con la boca entreabierta, analizando la mirada de ese enorme hombre.
Decide sonreír.

-A esta renacuaja no hay quien la asuste -ríe él, volviendo a dejar a Sophia en brazos de su madre. Es la hora de la comida.

Carol mira a Sophia. Sí hay quien la asuste, ese hombre que vive con ellas, que grita tanto y que por desgracia algún día llamará Papá.
Procura mantenerla alejada de él, y mientras esté tranquilo todo va bien, hasta que Ed se altera. Basta cualquier nimiedad para que pase de 0 a 100. Si él tiene ganas de discutir siempre encuentra motivo. Eso lo sabe ella bien.
Grita, la insulta, golpea, y Carol procura mantenerse en silencio por el bien de su niña, a la que acude a consolar en cuanto puede escapar de Ed... A veces ese rato es eterno.

Sophia sigue progresando, Carol la sienta en su hamaca mientras hace las tareas de la casa, y ella se dedica a balbucear y tener conversaciones con ella misma que nadie más entiende. Le encanta escucharse hablar, y a veces sus balbuceos van acompañados de algún que otro gritito agudo para llamar la atención de mamá.

También se ríe sola, no sabe por qué, que es lo que escucha o ve que le hace tanta gracia, pero cuando más silenciosa está la casa más ríe ella.
Algo que le encanta es el momento en el que ella tiene que comer y siente a Sophia en su hamaca, justo en frente de ella. Siente como la observa todo el tiempo mientras come, y en el segundo en el que hacen contacto visual ella comienza a hablarle en su idioma. Es una ricura.

Daryl sale del baño, y va al salón. Observa un instante: son tan distintas estas reuniones de amigos, comparadas con las que está acostumbrados, llenas de alcohol, ruido, y todo tipo de vicios.
Ni loco llevaría a Sophia a ese sitio, pero en cambio aquí... Carol la amamanta tranquilamente, nadie comenta nada obsceno, las conversaciones son tranquilas, no hay gritos, ni peleas, nadie fuma delante de su bebé, y Sophia está encantada con todos y cada uno de ellos, le encanta pasar de unos brazos a otros, que le hablen y jueguen con ella. Es un buen ambiente.


Carol llega a casa tras hacer la compra, son ya las siete de la tarde, pero no ha podido ir antes.
Todo lo que lleva es para Ed y Sophia.
Su marido siempre le da el dinero, junto con la lista de lo que él quiere, lo primero debe ser lo de él, y con lo que sobre tiene que comprar lo que ella vea necesario para la casa, pero esta vez la lista de Ed era demasiado larga, y con lo que sobraba no le daba para comprar lo que necesitaba Sophia, por lo que ha tenido que eliminar cosas.
Sabe lo que le espera en cuanto entre por la puerta, y eso hace sus piernas débiles.

-Hola, buenos días -saluda una desconocida voz de mujer que se acerca por detrás.

Carol se gira sobresaltada. Es raro que la gente le salude.

-Lo siento, sólo quería presentarme, soy Michonne, su nueva vecina -se presenta sonriendo ampliamente, mostrando una fila de dientes blancos y perfectos que resaltan sobre su tez oscura.

-Ca... Carol, encantada -tartamudea ella, algo turbada aún. Vecina nueva... de su edad más o menos, parece agradable, sería fantástico si no fuera porque quiere tenerla lo más alejada posible de su casa.

-¿Y esta preciosidad? -pregunta al ver a Sophia en su carrito. Se agacha para estar a su altura. La pequeña la mira con seriedad, es una cara nueva, nunca ha visto antes a esa mujer -Hola ¿Cómo te llamas tú? -pregunta con voz aguada haciendo a Sophia reír. Ya se la ha ganado.

-Ella... se llama Sophia -responde Carol, sin saber cómo manejar esa situación. Es simpática, no quiere ser borde para espantarla, no se merece eso, pero tampoco quiere ser agradable para darle pie a visitarla.

Michonne hace varias morisquetas a Sophia antes de volver a centrar su atención en Carol.
-Es muy guapa. Bueno, yo... tengo que seguir desempaquetando cosas. Encantada de conocerte, Carol. Vivo aquí mismo -dice señalando hacia la casa de la izquierda -si necesitas algo no dudes en llamar a mi puerta -añade alejándose de allí.

Carol la ve marchar, y se queda ahí parada pensando en sus palabras.
Si necesita algo...
Que la saque de allí.

Abre la puerta lentamente, y deja el carrito de Sophia en el recibidor para seguir descargando bolsas del coche. Son varios viajes los que tiene que dar, pero Ed no se digna a levantarse del sofá.
Sabe que está en casa, toda la estancia huele a tabaco, y puede escuchar el televisor encendido.

-Cámbiate de ropa, nos vamos -dice sin más, al bajar las escaleras.

-¿A dónde? -pregunta, no entiende nada.

-Al velatorio, Will ha muerto. Tienes diez minutos -responde, volviendo a sentarse en el sofá para ver la tele y beber cerveza mientras espera.

Carol se congela ¿Al velatorio de Will? ¿Will Dixon? Dios, sabe que no era un buen hombre, pero no deja de ser el padre de Daryl, y puede que lo esté pasando mal. Recuerda el dolor que sintió cuando le dijeron que su padre había muerto.


El tanatorio está lleno de gente, con la mayoría nunca ha entablado conversación, pero le suena sus caras, ha coincidido alguna que otra vez en barbacoas, cumpleaños y demás, donde ella sólo ha sido una sombra que acompañaba a su marido. Como ahora.
Odia ese lugar, le hace sentirse mal, le entristece. como si las pareces de la estancia hubiesen recogido todos y cada uno de los llantos de los que ha sido testigo a lo largo de sus años y los arrojase contra ella.
Odia estar ahí, y más aún si tiene que estar con su niña, que por lo pronto sólo duerme.

-Merle, lo siento mucho tío -da el pésame Ed, dándole un par de palmadas en el hombro.

Carol le da dos besos acompañados de un lo siento. Se le ve afectado, como cualquier hijo, casi que le parece inofensivo y todo.

Busca a Daryl, recorriendo el lugar con la mirada, intentando localizar su rostro entre tanta gente.
Y lo hace. Está en una esquina, cabizbajo, mirándose los pies, siendo ignorado por todos, como si aquel muerto no tuviese nada que ver con él. Es sólo una sombra, al igual que ella.

Decide acercarse, necesita consolarlo, aunque sea con la misma frialdad que con Merle, pero Ed la detiene con brusquedad.
-¿A dónde vas? -gruñe en su oído de forma amenazante.

-A... a darle el pésame a Daryl, es su hijo también -responde ella, aunque sabe que le da igual a dónde vaya, sólo quiere retenerla a su lado.

-A ese ni te acerques, ya viste lo que pasó el año pasado en la barbacoa.

Carol mira a su niña, oh sí, sabe perfectamente lo que pasó el año pasado. Ese malvado hombre le hizo el amor, y fruto de aquel encuentro nació la preciosidad que tiene entre sus brazos.

-Siéntate ahí y no te muevas -ordena Ed, arrastrándola hasta un sofá.

Bueno, al menos ahí no podrán emborracharse, hablar a gritos, poner música o contratar los servicios de una prostituta.
Sólo hablará con sus amigos un par de horas y luego de vuelta a casa.
Vuelve a buscar a Daryl, quiere decirle que lo siente, pero no puede acercarse.


Su padre ha muerto. No sabe cómo sentirse. No le da lástima, pero tampoco siente la alegría que él imaginaba que le daría.

Hace unas horas recibió una llamada de Dale. Se asustó, pensó que su hermano había hecho de las suyas a pesar de que él ya no trabajaba ahí. Pero no, llamaba para darle el pésame, se enteró por él de que su padre había muerto.
Por lo visto se fue a dormir y no despertó. El muy imbécil tomó alcohol, viagra, se folló a la prostituta de turno y se fue a dormir no sin antes tomar unos barbitúricos para coger el sueño. Una mezcla explosiva. Murió como vivió: siendo un cerdo, putero, borracho y gilipollas.

Nadie se acerca a darle el pésame, él es la oveja negra de la familia, pero casi que lo prefiere. No soportaría que lo intentasen besar y/o abrazar, y menos esa panda de idiotas.

Alza la vista, y la ve, ella está ahí, con su niña en brazos, sentada en un sofá, mirando... mirando hacia él.
El corazón se le paraliza, es un ángel en medio del infierno. Ella le sonríe un lo siento y él asiente un gracias.
No sabe qué hacer, quiere acercarse a ella, estar a su lado, tomar a su niña en brazos, abrazarla... pero Ed está demasiado cerca, y completamente sobrio, por lo que no tienes más remedio que limitarse a mirarla y comunicarse con la mirada.
Ella no debería estar ahí, y su hija menos. Sabe de sobra la clase de gente con la que se ha codeado su padre a lo largo de su vida. No son de fiar.

-Tenía que palmarla el viejo para que te dignases a acercarte a tu familia ¿Verdad? -escupe Merle juste detrás de él, no lo ha oído llegar.

Daryl lo ignora, tiene cosas mejores de las que preocuparse. No quiere perderlas de vista.

-¿Dónde coño te has metido todo este tiempo, eh? Te vas de casa, dejas el trabajo y desapareces del mapa ¿En qué coño estás desperdiciando la vida?

-Déjame en paz Merle, este no es sitio para discutir -gruñe él, cruzándose de brazos, dándole la espalda y volviendo a centrar su atención en ese sofá, disimulando su verdadero interés.

-No vas a ver ni un puto duro de nuestro padre, ¡Y la casa me la quedo yo! -ladra antes de alejarse de él.

Puf, no quiere ni un puto centavo de su padre, y menos aún esa pocilga cargada de malos recuerdos. Prefiere vivir bajo un puente antes que volver a poner un pie ahí.
Demasiado malos recuerdos tiene de ese sitio, aunque su padre haya muerto sabe que su fantasma seguirá persiguiéndole por cada rincón de la casa, recordándole el desecho social que es.

Se tensa, Negan se está acercando a Carol, con ese aire chulesco tan natural en él.


-¿Un café? -le pregunta alguien.
Carol alza la vista, es Negan, que agita un vaso de plástico sobre su rostro.

-No, gracias -responde, turbada ante tan sospechosa amabilidad.
Mira a su niña, continúa durmiendo, y espera que así siga hasta llegar a casa. No quiere tener que esconderse en el baño para darle el pecho.
Un escalofrío recorre su espina dorsal cuando siente como Negan se sienta a su lado muy cerca, demasiado cerca.

-¿Seguro que no quieres café? es café solo, no me gusta mucho, pero se acabó la leche de la máquina. Quizás tú... -arrastra las palabras, mirando hacia los hinchados pechos de Carol, preparados y llenos para amamantar a su bebé.
Arrastra los dedos por el tirante de la camisa.

-Si quieres leche me puedo correr en tu puto café -gruñe Daryl desde el respaldo del sofá.

-¡Wow! ¡Pero mira a quién tenemos aquí! Te hacía muerto de sobredosis en alguna esquina ¿Has vuelto a las andadas? -pregunta con esa odiosa sonrisa suya, mostrando esos dientes que lo único que le hace desear es arrancárselos de un puñetazo y tenga que ir a México a recogerlos uno a uno.

Daryl mira a Carol, no quería que se enterase de esa parte de su pasado, sólo quiere enterrarlo, pero ella no está mirándole, finge no formar parte de aquella discusión, y no sabe cómo sentirse ¿Finge no conocerlo por seguridad, por que le da vergüenza que la relacionen con él o porque no soporta la idea de que él fuese toxicómano?

-¡Deja de perder el tiempo con ese, a saber dónde ha estado! -grita Ed a Negan, encaminándose hacia su esposa -Cariño, voy a tomar algo con Merle y los demás para animarlo, os veo luego en casa -informa Ed, dándole las llaves del coche, besando sus labios y luego la frente de Sophia.

Daryl quiere vomitar, no sólo tiene que aguantar ver como la besa a ella, sino a su niña también, Aprieta los puños y respira intentando calmarse. Le duele. Ha visto a Glenn y Abraham mimar a Sophia y le ha dado igual, pero esto... no puede soportarlo, odia a ese hombre, y lo quiero lo más lejos posible de Carol y Sophia, pero... ¿Qué puede hacer? a ojos de todo el mundo Ed es su padre, y él no tiene más remedio que hacer como si ese bebé no significase nada para él, aunque sea lo más valioso que la vida le ha dado.

Ed y los demás se marchan, dejando el tanatorio medio vacío, y el cuerpo de Will ahí presente. Daryl sale de sus pensamientos cuando Carol pasa por su lado, rozando su hombro con el de él, no sabe si por accidente o es una invitación para que la siga.


Carol mete a Sophia en el coche, abrochándole el cinturón de su silla. Se acaba de despertar.
-Hola mi comilona, ahora tendrás que esperar a llegar a casa -le dice sonriente, a lo que Sophia gruñe como si la hubiese entendido perfectamente. Odia que le hagan esperar para la comida.

-Hey -saluda Daryl, sobresaltando a Carol que se golpea la cabeza con el techo del coche debido al respingo que da.

-¡Auch! -se queja ella, no ha sido nada, pero Daryl no tarda en rodearla con sus brazos y frotar suavemente la zona dolorida con sus dedos.

-Lo siento, no quería asustarte -susurra, besando su sien y sin dejar de abrazarla -¿Estás bien? -pregunta apartándose de ella, lo suficiente como para mirarla a los ojos.

-Sí, he tenido golpes peores -dice con una suave sonrisa -Daryl, yo... siento mucho lo de tu padre ¿Cómo estás? -dice buscando su mirada.

Se encoje de hombros.
-Pensarás que soy un monstruo, pero su muerte no me afecta, no fue un buen padre -confiesa temiendo su desaprobación, pero su dulce sonrisa sigue en su lugar.

-No eres ningún monstruo, eres el mejor hombre que había en esa sala -señala hacia el interior del tanatorio con la barbilla -eres muy distinto a ellos -añade.

Daryl muestra una mueca que pretendía ser una sonrisa.
"El mejor hombre de todos" supone que su marido está excluido de esa lista.
-Sí, siempre me han dicho que no me parezco en nada a mi padre, a veces me gusta pensar que no soy realmente un Dixon, que mi madre tuvo una aventura con otro hombre, lo vería posible si no fuera porque con un hombre como mi padre... -sacude la cabeza -no se atrevía ni a salir de casa. Es una idea algo descabellada -niega cabizbajo.

-No tan descabellada -murmura Carol para sí, mirando de reojo a Sophia.

Daryl cambia el peso del cuerpo nervioso.
-Oye, siento mucho lo que has oído ahí dentro -se disculpa, pero Carol no comprende -Lo que le dije a Negan, fue vulgar -aclara.

-Ah, no te disculpes, estuvo bien, le hablaste en su idioma -le quita importancia ella. No le dolió escucharlo hablar así -Gracias por defenderme -le agradece mirándole a través de sus pestañas.
Con todas las personas que había en el lugar y él fue el único que se percató de la incómoda situación que estaba viviendo.

Daryl asiente mordiéndose el labio, hay algo más de lo que quiere hablar, pero no sabe cómo tratar el tema.
-Lo que... lo que dijo Negan sobre mí...

-Daryl... -interrumpe ella, entrelazando sus manos con las de él. La única parte de su cuerpo que le deja tocar -Lo que hicieras en el pasado no me importa, sé que no volverás atrás, que no harás nada que pueda hacerle daño a nuestra hija -intenta tranquilizarlo, acariciando el dorso de su mano con su pulgar. Ya había oído rumores sobre su tonteo con las drogas en su adolescencia, pero sabe que ahora es un hombre sano que ni siquiera fuma -confío en ti -añade con esa dulce sonrisa que hace que Daryl se derrita.

Él sonríe, y eleva sus manos, aún entrelazadas con las de ellas para llevarlas hacia su rostro y darles un dulce beso en sus nudillos, sintiendo como esa maldita alianza quema sus labios.

Sophia se queja.

-Tiene hambre -sonríe Carol.

Daryl asiente.
-Déjame despedirme de ella antes -pide, y sin esperar permiso de Carol, introduce medio cuerpo dentro del coche para ver a su niña, que no está de humor para mimos, se pone de muy mal genio cuando quiere comer.
-Hasta el lunes, gruñona -dice besando la punta de su nariz.

Vuelve a mirar a Carol, tiene un brillo especial bajo la luz de la luna, como la noche que se conocieron, o como la noche que engendraron a Sophia. Tan hermosa...
Besa su frente.
-Os veré el lunes -le recuerda antes de dejarla marchar, vigilando el recorrido que hace, hasta que el viejo jeep llega a un cruce y la pierde de vista.

Debe volver dentro, a seguir velando a su padre. Él, la oveja negra, ese hijo al que tanto humilló, insultó e infravaloró es el que lo acompañará toda la noche mientras su adorado primogénito se emborracha con sus amigos.


*Aviso: escena de violencia doméstica*

Carol despierta sobresaltada cuando Ed tira de su tobillo hasta bajarla de la cama.

-¿Tú que coño has comprado hoy, eh? ¿Dónde está lo que te pedí? ¡Faltan cosas! -gruñe agarrando su cuello.

-Ed, por favor, vas a despertar a Sophia -dice preocupada, mirando de soslayo a su bebé dormida a un lado de la cama.

-¡Pues que se despierte! ¡¿AHORA NO VOY A PODER GRITAR EN MI PROPIA CASA!? -exclama, alzando la voz más de lo necesario, y su fétido aliento cargado de alcohol irrita las fosas nasales de Carol.
Está borracho, si había algo pero que convivir con Ed en casa, era convivir con Ed borracho.

Sophia llora sobresaltada, y a Carol le falta tiempo para correr hacia ella, pero Ed la detiene tirando de su hombro.

-DEJA A LA MALDITA NIÑA. NO SE VA A MORIR POR LLORAR -le grita, sacándola de la habitación y cerrando la puerta tras de sí, para que no pueda oírla -¿POR QUÉ NO HAS COMPRADO TODO LO QUE TE PEDÍ?¿EN QUÉ COÑO PENSABAS? -exvlama zarandeándola como si fuese un muñeco de trapo.

-En Sophia, necesitaba cosas, y no me llegaba el dinero -solloza, cerrando los ojos, adelantándose a la bofetada.

-¿EN SOPHIA? ¡ESTOY HASTA LAS NARICES DE ESA CRÍA! -grita abofeteándola -¡SI QUIERES COMPRARLE COSAS PÁGALAS CON TU DINERO! -vocifera empujándola contra la pared.

-¡NO PUEDO PORQUE NO ME DEJAS TRABAJAR! -se atreve a reprocharle.

-¿PERO QUÉ COÑO? ¡A MÍ NO ME GRITES! ¿O tengo que recordarte quién manda aquí? -amenaza señalando su cinturón -No trabajas porque eres una puta inútil, que ni cuidar de tu hija sabes, por eso nació un mes antes, por eso es tan enana y canija. No vales para nada.

Carol lame las lágrimas que caen por su rostro, queriendo responder pero temiendo su reacción.
Quiere decirle que es su culpa, no de ella, que desde que está con él sólo le ha pasado desgracias, pero no quiere pasarse otras dos semanas sufriendo con cada movimiento, sin poder cuidar correctamente de su niña.

-Quítate la ropa -ordena comenzando a desabrochar su cinturón.

Carol observa el bulto en sus calzoncillos. Asco es lo único que le produce.
-No quiero -murmura cabizbaja, refugiándose contra la pared y abrazándose a sí misma.
Sophia aún llora.

-Quí-ta-te la pu-ta ro-pa -vuelve a ordenar con esa mirada de "más vale que obedezcas".

Vuelve a negar, mirando de reojo hacia la puerta de su habitación cerrada, donde Sophia llora desconsolada. Quiere consolarla, debe consolarla.

-¡QUÉ ME HAGAS CASO! -grita dándole un tirón de la camiseta, desgarrándole la manga -deja de contestas y cumple con tus deberes de esposa -gruñe apretándose contra ella, sujetando sus manos por encima de su cabeza y encajando su rodilla entre sus piernas que tiemblan de forma descontrolada -Menudo asco das -insulta, al levantarle la camisa y ver su pálido vientre, decorado con estrías del embarazo.

-¿Si tanto asco te doy por qué no me dejas? -solloza sintiendo como aprieta sus pechos sin cuidado alguno.
Sophia aún llora.

-Porque sin mí estás perdida -responde, agarrando sus hombros instándola a arrodillarse delante de él, pero ella se resiste -¡DEJA DE LUCHAR! -le grita, clavando con fuerza sus dedos entre sus costillas haciendo que se doble de dolor.

*Fin escena*

-¡Abra, policía! -grita una voz masculina, como venida del cielo.

Carol suspira aliviada. Han faltado segundos para que acabase rindiéndose.
-Cámbiate de camisa, calla a esa niña y no abras la puta boca -ordena Ed, sin perderla de vista conforme baja las escaleras.

Corre a consolar a su pequeña.
-Ya, mi niña, ya -la arrulla, y mece suavemente, aguantando las lágrimas.
La abraza, y ambas se consuela poco a poco. Odia hacerla pasar por esos malos ratos. Sólo quiere verla reír feliz.

Escucha a Ed hablar con el policía de la puerta:
-Hombre, ¿Qué te trae por aquí Grimes? -escucha la voz burlona de su marido.

Grimes, Grimes, Grimes... le suena ese apellido, juraría que es su superior. Ese al que tanto critica.

-Peletier -escucha saludar al hombre con voz cansada -Hemos recibido una llamada avisando de un altercado doméstico en esta dirección -informa.

Se tensa. ¿Alguien ha llamado a la policía? nunca ha pasado antes, y no sabe qué pensar ¿Qué tiene que hacer ahora?

-¿Disputa doméstica? ¿Aquí? No, son los vecinos de al lado, están todo el día gritando -miente Ed con toda tranquilidad.

Los vecinos de al lado son una pareja de rumanos, que ni siquiera entienden el idioma, pero que jamás han dado problemas.

-¿Dónde está su mujer? -insiste el policía.

El corazón se le acelera, ha preguntado por ella. Querrá verla. Debería vestirse.

-Arriba, consolando a nuestra hija, ya sabes como son los bebés -responde sin un ápice de terror en su voz.

-Dígale que venga -pide. Al parecer no se irá tranquilo si no la ve antes.

-¡Cariño, baja un momento! -grita Ed con su asquerosa falsa amabilidad.

Carol baja lentamente las escaleras con Sophia en brazos, encontrándose con el policía que la ha salvado, temporalmente, de otra humillación.
Lo reconoce, y por la expresión de su rostro sabe que él la ha reconocido también: Es el hombre que le pagó una compra el día que olvidó la cartera, por culpa de esos despistes que tenía durante el embarazo.

-¿Se encuentra bien, señora? -pregunta él, mirándola de arriba abajo, en busca de algo fuera de lugar.

Carol asiente mirando a Ed de reojo.

-Trae tu documentación, Peletier -ordena Rick al ver el gesto temeroso de Carol.

-¿Qué coño dices? me conoces perfectamente -se niega Ed.

-Tráela, te lo está ordenando un superior -le recuerda con tono autoritario.

Ed bufa y marcha escaleras arriba, farfullando entre dientes.

-¿De verdad se encuentra bien? -vuelve a preguntar Rick cuando Ed está arriba.

Carol piensa, no sabe qué decir, si dice la verdad se llevará a Ed detenido, y con todos los amigos del trabajo que tiene, tan corruptos como él, saldrá a los dos días y volverá más agresivo aún, pero si miente puede que pierda la oportunidad de su vida para salir de ahí y... y ser libre al fin...

Decide arriesgar.
-Yo... -coge aire, está a punto de hacer la confesión más dura de su vida.

-¿Por qué coño tardamos tanto? -hace acto de presencia Shane, haciendo desvanecer toda esperanza de Carol -Es Ed, es un buen tío, aquí no ha pasado nada ¿Verdad Carol? -pregunta.

Carol mira a Rick un breve instante, para apartar la mirada justo antes de negar con la cabeza gacha.
-No, debieron ser los vecinos de al lado -murmura.

-¿Lo ves? -venga, vayámonos -dice Shane, tirando a Rick del cuello de la camisa, que no se marcha de allí del todo tranquilo.

-¿Ya se fue? -pregunta Ed, bajando las escaleras con su DNI en la mano.

Carol asiente, abrazando fuertemente a su niña, y con la mirada fija en la puerta cerrada.
-Se fueron -murmura para sí. En todos estos años nunca ha llamado un policía a su puerta, y para una vez que uno lo hace le miente.
Se siente una prisionera en su propia casa, jamás saldrá de allí.

-Iros a dormir -gruñe Ed, dando por olvidado lo que se traía entre manos unos minutos atrás.


Carol vuelve a casa con la compra, ha tenido que comprar todo lo que descartó el día anterior. Ed le ha prohibido comprar artículos para Sophia esta vez, y deberá entregarle el ticket de compra junto con el dinero sobrante.

-Buenos días, Carol -saluda Michonne, que está revisando su correo -¿No tienes calor con esa camisa? -pregunta, percatándose de la blusa de mangas largas que viste Carol, en tan caluroso día de verano.

Ella se tensa, por esas razones prefiere no tener amigos, para no dar explicaciones.
-No, estoy bien, soy friolera -responde con una falsa sonrisa. ¿mentira? sí, por supuesto, pero no iba a decirle que tiene los cinco dedos de su marido marcados en cada brazo.

Ella no dice mucho más, regresa al interior de su casa y deja a Carol preguntándose si fue ella la que llamó a la policía.

Por suerte esta noche la tranquilidad reinará en su casa. Ed trabaja, vuelve a dormir en casa de Will, bueno, de Merle, y Daryl llamará a la puerta en unas horas.


-¿Esta eres tú? -pregunta Daryl señalando a un bebé en un viejo álbum de fotos familiar.
Sophia se ha quedado dormida tras su baño, la han metido en su cuna y ellos dos pasan el rato tumbados en la cama de matrimonio al lado de su bebé.

--responde Carol acariciando la fotografía con la yema de sus dedos. Las fotografías le traen buenos recuerdos de una vida mejor, más tranquila, en una casa donde sus padres se amaban y los únicos gritos que había eran carcajadas cuando su madre le hacía cosquillas.

-Di lo que quieras, pero Sophia se parece mucho a ti -apunta, acercándose más a la fotografía para ver los detalles de su rostro -Y tú te pareces mucho a tu madre -añade al fijarse en la mujer que sostiene a la pequeña Carol en brazos. Le habría encantado conocer a la señora Sophia, seguro que estaría enamorada de su nieta, y más de que se llamase como ella.

-Sí, mi padre siempre me lo decía -murmura cabizbaja -Abre el cajón de la mesita, tengo un álbum con fotos mías de adolescente. Verás que pintas -ríe ella, cerrando el álbum antes de que amargos recuerdos invadan su mente, y se lo entrega a Daryl para que lo guarde.

-Si vieses las mías... -ríe él, recordando aquella etapa de su vida. Abre el último cajón, aparta una caja de compresas, para encontrarse...

-¡No, ese no! -se alarma Carol. Demasiado tarde, ya lo ha visto, y lo único que puede hacer es taparse la cara con la almohada y esperar a que Daryl no diga nada.
Ed nunca lo ha visto, sabe que es incapaz de tocar cualquier caja con artículos de aseo femenino, por eso lo escondía ahí. Pero este hombre...

Daryl mira el objeto un instante, puede hacer como que no ha visto nada, guardar el álbum, sacar el otro y volver a lo que estaban haciendo, pero joder, es imposible que ella crea que eso ha pasado desapercibido para él. Y qué narices, le encanta verla tan tímida, está adorable, parece una niña pequeña.
-¿Tienes un cacharro de estos? -pregunta sacando el objeto fálico y plateado del cajón -Creo que es más grande que el mío -añade.

-¿Tú también tienes uno? -se atreve a bromear Carol, asomando un ojo por encima de la almohada.

-Yo... yo no... me refería... stop -tartamudea avergonzado, para acabar riendo al ver la mirada guasona de ella -¿Cómo funciona? -pregunta buscando por los alrededores del instrumento el interruptor que debe hacerlo vibrar.

-Sabes perfectamente como funciona eso, no pregun... ¡Daryl! -da un respingo Carol cuando siente el objeto vibrar sobre sus muslos desnudos -¿Estás loco? apaga eso -ríe ella retirando la almohada de su rostro y lanzándosela a él.

Daryl ríe, está adorable con las mejillas sonrosadas.
Guarda el vibrador en el cajón e intenta bloquear su mente, evitar imaginársela desnuda, dándose placer a sí misma, pensando en... ¿En que pensará? Quiere creer que utiliza sus recuerdos, al igual que él, que piensa en el día que se conocieron, en la primera vez que lo hicieron sobre la moto, o aquella noche contra el árbol, o tal vez piense en él con la cabeza metida entre sus piernas, dándole su placer como, según confesó ella, nadie antes había hecho.
Menuda gilipollez, ¿por qué iba a pensar en él? debería dejar de creer que él está constantemente en su cabeza, como le pasa a él con ella.

Saca el siguiente álbum y se sienta junto a ella, volviendo a tener la actitud de amigo que debe de tener, porque son eso y nada más.


3 meses

Sophia mide 58 cm y pesa casi 5 kilos. Aún está un poco por debajo de la media, pero nada preocupante. Según el pediatra se pondrá a la par que el resto de niños de su edad antes del año.

-Casi 5 kilos pesa ya la tía -informa Daryl, levantándola a peso. Aún recuerda el día que leyó que era del tamaño de un melocotón. Y ahora ese hermoso melocotón le sonríe y patalea nerviosa en sus brazos. -¿Qué haces? ¿Por qué cierras los ojos? -pregunta Daryl, sabe perfectamente lo que pasa. Está esperando a que papá le bese la punta de la nariz.
La besa, y Sophia sonríe de forma sonora, algo así que suena como un "ejeeee" y que le trae loco.
Aún no ríe a carcajadas, pero el día que lo haga sabe que se morirá de amor.

-A ver, aquí traigo los helados -anuncia Rosita que comienza a repartirlos -De menta para Abraham, no sé como te puede gustar esta mierda.

-No está tan mal, está hecho para tíos duros-se defiende él.

-No presumas tanto, a mi abuela también le gustaba -bromea Carol, atacando la hombría de ese hombretón que simplemente se echa a reír, y alza su helado como si brindase con ella.

-Nata y nueces para Maggie, procura alejarte de Daryl -advierte al recordar que él es alérgico.

-Y de Sophia también por si acaso -añade Tara, cogiendo su helado de vainilla.

Sophia está alterada al ver el movimiento de esos conos de colores de un lado a otro. Estira las manos queriendo cogerlos, y emite grititos nerviosos cuando ve que no le acercan ninguno a ella.
Ya comienza a querer coger cosas, y puede hacerlo si es lo suficientemente blando o pequeño como para caberle en la mano.
Carol ha optado por recogerse el pelo, ya que Sophia tiene la manía de agarrar mechones de su cabello y llevárselos a la boca, que esa es otra, si tiene la oportunidad de coger algo va a la boca, aunque sobre todo lo hace con sus manos, que las ha descubierto hace poco y se pasa el día mirándolas y chupándoselas.

-Y... Chocolate para Carol -dice entregándole su helado.

-A ver como hacemos esto -piensa en voz alta Daryl, que debe de desenvolver su helado sin que Sophia le de un manotazo. Tarea difícil, teniendo en cuenta lo nerviosa que está.

-Déjamela a mí -dice Glenn, que por su alergia a la lactosa pocos helados puede comer. -Hey Sophia, mira lo que tengo, ¡Es Pookie! -Llama su atención agitando su peluche delante de ella. Ese animalito le acompaña a todos lados, viene bien para distraerla o tranquilizarla cuando tiene sueño.
Sophia emite un gritito al ver a su amigo, y se olvida de los helados, por lo que Glenn puede llevársela sin problemas.

Daryl y Carol miran a su niña agarrar torpemente el peluche e intentar mordisquearle el hocico con esas encías desdentadas. Por suerte está hecho para bebés y no tiene ninguna pieza que se pueda desprender. Eso sí, como siga babeándolo de esa manera en poco tiempo tendrán que echarlo a lavar.

-Daryl, antes de que se me olvide, te he traído lo que me pediste -informa Maggie, sacando un sobre de su bolso.

Daryl se termina el helado en dos bocados y se apresura a cogerlo.

-Qué bruto eres, se te va a congelar el cerebro -le regaña Carol con una sonrisa.

Él se acerca ella y abre el sobre.
-Le pedí a Maggie si podía imprimirme unas fotografías -dice, mostrándole el tocho de fotos que tiene de su niña y que están ordenadas por fecha.
Desde la silueta de Carol de perfil embarazada de 34 semanas, mientras miraba por la ventana, un agradable día de mayo, hasta la que le hizo dos semanas atrás a Sophia, tumbada sobre su manta de actividades junto a su madre y Pookie. Cientos de imágenes que sólo traen buenos recuerdos.
Quiere meterlas en un álbum, y poner la fecha en la que se hicieron, igual que la madre de Carol hizo con las de ella.
A él apenas le hicieron fotos de bebé, por lo que no ha sabido lo que es un álbum del bebé hasta ahora.

-Hey, mirad, está todo concentrada mirándome -llama Glenn.

Abraham ríe.
-¿Te has dado cuenta que los perros suelen sostener la mirada mientras cagan? Pues esta preciosa señorita está haciendo lo mismo -se burla, haciendo que todo el salón estalle en risas.

Carol le acerca un pañal. Abraham tiene razón, ese es el rostro que pone mientras aprieta.
-Venga campeón, Daryl tarda 7 minutos en cambiarlo -ríe ella.

-¿Yo? ¿En serio? -mira a todo el mundo, esperando a que alguien se ofrezca en sacrificio en su lugar.

-Esa era la norma: Cambiará a Sophia aquel que la tenga en brazos cuando haga sus necesidades -le recuerda Sasha.

Y todos vuelven a reír.
Carol mira a su alrededor, disfruta estando con ellos, siente que puede ser ella, y le asusta acostumbrarse a algo que no puede ser.

-¿7 minutos? ¿en serio? ¿cómo puedes ser tan lento? -se burla Tara, ganándose una peineta por parte de Daryl.

-Es un papá primerizo -Lo defiende Denise.

Daryl deja escapar una sonrisa sombría.
-Respecto a eso... creo que ya va siendo hora de que no os refiráis a mí como "papá" al menos no delante de Sophia -pide cabizbajo, con todo el dolor de su alma. Sophia comienza a entender, y cuanto antes crea que él no es más que un amigo de la familia mejor será.

-Daryl... -intenta disuadirlo Carol, sintiendo las lágrimas picar en sus ojos. Sabe lo que le duele pedir eso.

-Es mejor así -murmura, ocultando su rostro entre mechones.
Ya no volverá a escuchar la palabra papá, al menos no refiriéndose a él, no la escuchará llamarle así, no lo gritará cuando se emocione al verlo entrar por la puerta. Será otro quien tenga el privilegio, y eso es lo que más le duele.

Todos guardan silencio. Saben lo que quiere Daryl a su niña, por lo que se imaginan lo doloroso que debe ser para él pedir eso.


Aniversario de bodas.
Ed se ha empeñado en salir a cenar, pero sin Sophia, por lo que Carol no tiene más remedio que buscar una niñera para esa noche.
Se le ha ocurrido una idea, no sabe si es una locura, si va a funcionar, pero tiene que intentarlo.
Coge el teléfono, finge mirar en la guía telefónica y marca un número, bajo la atenta mirada de Ed.

Primer toque, segundo toque, y al tercer toque una voz femenina coge el teléfono.

-Hola, buenas tardes, he visto su número de teléfono en la guía, anunciándose como niñera y me gustaría contratarla.

-Lo siento señora, pero creo que se ha equivocado -dice una confusa voz al otro lado del teléfono.

-Sí, soy la señora Peletier, CA-ROL Peletier -sigue hablando, haciendo hincapié en su nombre.

-¿Carol? -pregunta Maggie al otro lado del teléfono -No entiendo nada.

-Ajá, necesito que venga alguien a cuidar de mi bebé durante unas horas, voy a salir a cenar con mi marido.

-¿Quieres que vaya a cuidar de Sophia? -pregunta intentando comprender lo que le pide.

-Sí, se llama Sophia, tiene tres meses y es preciosa, igual que SU PA-DRE -dice sonriendo falsamente a Ed.

-¿Quieres que se lo pida a Daryl?

-Eso es, la espero a USTED a las 21:30 hasta las 00:00 aproximadamente.

-¿Quieres que vaya a tu casa a las 21:30 y que llame a Daryl cuando te hayas ido pero debo estar en tu casa antes de las 00:00? -comprende finalmente Maggie.

-Exactamente -Respira aliviada Carol.
Sabía que Maggie acabaría entendiendo todo ese misterio, y también sabe que Daryl disfrutará de poder estar a solas con su niña durante unas horas, además, es la persona en la que más confía para cuidar de su bebé. Sabe que lo hará bien, podrá marchar tranquila, dejando a su niña en buenas manos a la par que ella cena con el diablo encarnado, dejando su cuerpo frente a ese plato de revuelto de verduras mientras su mente viaja de vuelta a casa, junto a Daryl y su niña, para estar sentados en el sofá charlando de temas triviales y siendo interrumpidos por los balbuceos de su pequeño tesoro.

-¿Va a venir? -pregunta Ed. Carol asiente -Bien, ponte guapa, un vestido o algo, no quiero verte vestida con esas horteradas que sueles vestir -gruñe Ed, volviendo a centrar su atención en el móvil.

Un vestido... la última vez que se puso uno acabó teniendo relaciones sobre una moto.
No está segura de si entrará en alguno de los que guarda en su armario, pero lo intentará.


21:30

Carol baja las escaleras ya arreglada y lista para irse.
Ed la mira de arriba abajo, y ella se tensa, no sabe si validará ese vestido o no.

-Me tendré que conformar -dice con desprecio, y se apresura a abrir la puerta. Maggie acaba de llegar.

Daryl espera metido en su camioneta, con las luces apagadas y guardando cierta distancia con la casa de Carol.
Debe esperar a que se marchen, aguardar varios minutos por si han olvidado algo y luego ya podrá estar con su niña.

La puerta principal se abre, iluminando la entrada de la casa.
Ed sale, está trajeado, aunque la chaqueta le queda un poco pequeña. Mira impaciente el reloj, Carol debe estar hablando con Maggie en el interior.

Su corazón salta en su interior cuando la ve. Los ojos se le abren como platos y es incapaz de cerrar la boca. Está guapísima, como hacía tiempo que no la veía. Lleva un vestido negro, pero no es el que le vio cuando la conoció, este es otro. Se amolda a su hermosa silueta, hasta la mitad de los muslos, donde se ensancha, creando un poco de vuelo hasta la altura de las rodillas, donde una franja blanca le da el remate final. Los tirantes son anchos, y el escote cuadrado resalta sus clavículas. No lleva más adorno que unos pequeños pendientes y sus salvajes rizos cayendo por su espalda. Tan sencilla y hermosa...
¿Cómo puede tener tanta suerte ese hijo de puta? Se muere por ser él el que cene con ella, verla reír en el restaurante, hablar, escuchar como le ha ido el día, disfrutar de su compañía, sorprenderla con algún regalo, y al volver a casa besarla, acariciar todo su cuerpo, desnudarla lentamente y hacerle el amor hasta la mañana siguiente.

Pero tiene que volver a la realidad, es Ed el que hará todo eso, y él deberá conformarse con cuidar de su niña. Al menos con ella no tiene que ocultar sus sentimientos. Por ahora... porque sabe que llegará el momento en el que sus muestras de afecto deberán rebajarse, porque todo ese amor que quiere mostrarle sólo es propio de un padre y, a ojos de ella y los demás, él no es nada de eso.

Sophia se resiste a quedarse dormida, por lo que Daryl opta por dejarla boca abajo sobre su manta de actividades para cansarla.

Ya aguanta mucho más en esa posición, y no sólo se queda tumbada levantando un poco el cuello, ahora llega a levantar el pecho y sostenerse sobre sus brazos estirados.

-¿Qué te pasa a ti hoy? Ya es hora de dormir ¿Lo sabes verdad? -murmura Daryl tumbado a su lado, pero ella no le presta atención, está pendiente de la pelota que tiene justo enfrente.

-¿Quieres esto? -dice acercándosela. Sophia emite un gruñido -¿No prefieres a Pookie? -pregunta, consiguiendo que Sophia reaccione al escuchar ese nombre y mire hacia él.

Daryl agita el peluche delante de ella provocando que emita unos grititos agudos emocionada.

-Te gusta Pookie ¿Verdad? pero yo no sé poner las voces que te pone mamá -dice, dejando el peluche delante de ella.
Sophia deja caer la cabeza sobre él usándolo como almohada y mira a su padre con su dulce sonrisa, tan parecida a la de su madre.

-Oh ¿Eso es lo que querías? -sonríe, apoyando la cabeza a su lado, compartiendo miradas con su niña -Te quiero mucho -le susurra acariciando su pequeña oreja, sabe que eso la relaja.
Aprovecha ahora, porque dentro de unos meses esos te quiero deberá guardárselo para él, al igual que hace con Carol. Ellas son las dos personas que más ama en el mundo y no puede gritarlo a los cuatro vientos.

La mira, está con sus ojos cerrados, ajena al culebrón que hay montado a su alrededor. ¿Cómo alguien tan pequeñita ha podido poner su vida tan patas arriba? Se lo debe todo. Todo lo bueno que le ha pasado ha venido a raíz de ella, es la luz que alumbra el oscuro camino de su vida, la que hace que se levante todos los días queriendo seguir adelante, sin mirar atrás.
Quizás se muera sin escucharla llamarle papá, quizás incluso llegue un día en el que no quiera volver a verlo, pero él siempre estará ahí para ella, y la amará hasta el final de sus días, al igual que a su madre.

Limpia sus lágrimas de impotencia y la coge en brazos para sostenerla mientras duerme. Podría ponerla en la cuna, pero quiere estar con ella, disfrutar todo lo que pueda de esa cercanía. Aprovechar ese rato a solas, hasta que Maggie vuelva y lo releve.

La puerta se abre de repente, y Daryl se pone de pie de un salto. Demasiado pronto para ser Maggie, pero por dios, que sea Maggie.

Pero no, es Carol, sólo Carol y nadie más, con la cabeza gacha y los ojos llorosos.

-Hey, ¿Qué ocurre? -pregunta preocupado. Deja a Sophia en su hamaca y corre hacia ella para escuchar la idiotez que ha hecho Ed esta vez.

Carol lo mira un instante, lamiendo sus lágrimas, pero no puede hablar.
-Abrázame, por favor -pide en un sollozo, y Daryl cumple con gusto, rodeándola con sus fuertes brazos, estrechándola contra él y besando su cabeza.

-¿Qué ha pasado? -vuelve a preguntar, sin dejar de abrazarla. Le encanta tenerla entre sus brazos, pero odia verla llorar.

-Ed se encontró con unos amigos y me dejó sola en el restaurante -resume sin querer decir más.
No quiere hacerle saber lo humillante que fue ver como su marido prefirió irse con Simon y Gregory a ver un torneo de boxeo antes que cenar con ella. Le dio dinero para que se pagase la cena, le entregó las llaves del coche, la besó y la abandonó allí, dejándola al borde del llanto, y sintiendo como todo el restaurante la observaba.

Daryl aprieta la mandíbula. Dios, si lo tuviese delante lo colgaría de sus propias tripas. ¿Cómo ha podido hacerle eso?

Carol continúa sollozando sobre su pecho, y él no sabe qué hacer para consolarla.
-¿Quieres que salgamos los tres a cenar? -pregunta esperanzado, pero ella niega -¿Quieres que vaya a por algo de cena y cenemos aquí? -pregunta otra vez.

Carol niega.
-Ya cené, Daryl. Sola, pero cené -murmura contra su pecho.

-Oh, menos mal, porque la tercera opción era que yo hiciera algo de cenar, y podría haberte envenenado -bromea, sintiendo como sus labios se curvan en una suave sonrisa, y él pretende aprovechar eso -Quieres que te traiga tu consolador? -se atreve a bromear, Carol se aparta de él para mirarle a los ojos -Bueno, tú necesitas consuelo, y él sirve para eso ¿No? su propio nombre lo indica: Consolador -añade con expresión burlona, haciendo que Carol deje escapar una sonora risa.

-Qué tonto eres -solloza sonriente ella.

Daryl la mira con amor, incluso con el rímel corrido está preciosa.
Acaricia sus mejillas, y limpia las lágrimas con sus pulgares. Odia verla triste. Alguien tan dulce y hermosa como ella no debería sufrir tanto. Su vida debería estar cargada de risas y alegrías, y que nada ni nadie empañase esa luz que ella tiene.

Carol alza la vista, para mirar a Daryl a los ojos, la mira con una suave sonrisa sin dejar de acariciar su rostro con sus manos, callosas y grandes, pero que parecen estar enfundadas en un guante de seda cuando la acaricia.
-Daryl, ¿Por qué eres tan bueno conmigo? -pregunta en un sollozo. No comprende el porqué de tanta dulzura, porqué soporta sus dramas y se empeña en animarla.

Daryl acaricia sus dulces labios, ¿Que por qué es tan bueno con ella? porque la ama con locura.
Se acerca para besar su frente, pero en el último momento Carol alza el rostro, y no sabe por qué, pero le parece leer un beso en sus labios. Y la besa. Suave, con delicadeza, saboreando su dulce sabor, sintiendo como el corazón parece salirse del pecho, y unas lágrimas de emoción llaman a las puertas de sus párpados cerrados.
Enreda sus dedos entre los mechones de su cabello, estrechándola más contra sí, para profundizar en el beso, pero... ella se separa.

-Yo... -no sabe como disculparse -Lo siento, no sé que me ha pasado -solloza alarmada. Dios, él tiene novia, ya le dijo que la amaba ¿Qué coño pretendía? ¿Que le fuese infiel? No, no quiere destruir una hermosa pareja. Daryl se merece ser feliz, con una mujer que le quiera, que pueda decírselo, con la que pueda pasear de la mano sin ocultarse y formar una familia.
Ella ya está atrapada, y no puede salir de esa relación, pero él... él es libre para ser feliz.

Daryl agacha cabeza ¿Cómo pudo ser tan idiota de pensar que quería besarle? Es un Dixon, un asqueroso Dixon, y ella ama a su marido, aunque sea el ser más ruin e infame que ha conocido en su vida.
-Está bien, no importa. Yo... debería irme, avisaré a Maggie para que no venga -Dice nervioso, recogiendo sus cosas, rápidamente -Te veré mañana -la tranquiliza antes de salir de allí.

Cada uno está a un lado de la puerta, lamentando lo que podría ser y no es, sollozando, dejando que las lágrimas caigan por su rostro, y limpien sus maltratadas almas.


Hola, :) lo siento, por otro capítulo amargo.
Aquí todos sabemos que todo se arreglaría si Daryl le dijese que no tiene novia y que ella no ama a su marido, pero, es lo que tiene el Drama XD

Habéis comentado más de una vez que os preocupa que abandone el fic cuando tardo un poco más de lo habitual en actualizar. No os preocupéis, no tengo planes de abandonarlo, lo tengo mentalmente escrito hasta el final. Y si por algún motivo tuviese que abandonarlo o pausarlo os avisaría, no os tendría en ascuas.

Rick ha vuelto a hacer acto de presencia, aunque quizás no os acordabais de que ya se conocían

Michonne ha salido poco en este capítulo, pero más adelante tendrá más importancia.

Como os dije, en este capítulo habéis visto más de las nuevas amistades de Carol y Daryl, que adoran y cuidan de Sophia como si fuesen una familia. La familia que Carol no tiene.
Y ella se atreve a bromear y ser ella hasta con el más grandullón de todos (Abraham) que es el que más impone.

No le deis muchas vueltas al comentario de Daryl de que cree que no es un Dixon (lo es) sólo quería hacer una comparación entre la madre de Daryl y Carol.

Lo de que Carol vaya a ser la compra con una lista y deba entregarle el ticket de compra y el cambio a Ed, es un comportamiento muy común en los maltratadores para controlar a sus parejas (Violencia económica) y quería añadirla también.

Los meses han pasado un poco rápido porque quería que Sophia estuviese más despierta, para dar un toque de ternura a la historia. A partir de ahora los meses pasarán más despacio.

El vestido que lleva Carol es algo parecido este:
www*floryday*com/es/Vestidos-Mezclas-De-Algodon-Hasta-Las-Rodillas-Sin-Mangas-m1018223 (cambiad los "*" por ".")
Es sencillo, y no enseña mucho, pero a la vez de aspecto elegante, creo que es el tipo de vestido que ella elegiría :)

Espero que os haya gustado el capítulo, y como siempre muchas gracias por esos 100 comentarios :)