18. ¿El amor duele?

Daryl observa el paisaje. Ha conducido la camioneta por horas, alejándose de todo, queriendo dejar los recuerdos atrás, pero es imposible, le han seguido, y ahora quieren escapar de su interior a modo de lágrimas.

Se han besado, casi un año después ha vuelto a probar sus dulces y tímidos labios que tanto anhelaba ¿Para qué? Para nada... para volver a sentir esa sensación de vacío que tuvo las dos veces que se acostó con ella.
Los ojos se le llenan de lágrimas ¿Por qué duele tanto el amor? ¿Por qué no puede aceptar que jamás será suya? Si pudiera se alejaría de allí para siempre, dicen que el tiempo y la distancia lo curan todo, pero no puede, no quiere alejarse de su bebé. Esa niña que jamás lo llamará papá ¿Por qué coño es todo tan complicado? Antes era fácil, su vida era un círculo vicioso de peleas, drogas, alcohol y sexo. Era una mierda, sí, pero no tenía preocupaciones, sólo dejaba pasar las horas a ver si con suerte la muerte se dignaba a aparecer.

Llorar, eso es de lo único que tiene ganas últimamente, de llorar. Su vida desde que la conoció no ha sido más que un sufrimiento, adornada con pequeñas dosis de felicidad.
Comienza a dudar si lo que siente por ella es amor, al fin y al cabo, el amor no duele. ¿O sí?

Mira hacia el edificio que está frente a él. Unas luces de neón rojo dibujan una silueta de mujer.
Debería entrar, pagar por sexo como ha hecho toda su puta vida y dejar de aspirar a tener algo tan por encima de sus posibilidades. Maldito corazón iluso e idiota ¡Deja de amarla! Es simpática, amable, culta, inteligente, preciosa ¿Qué posibilidades iba a tener con ella? ¡Ni aunque fuera el último hombre del mundo! Tendrían sexo para poblar la Tierra y luego sólo amigos. Porque para eso es para lo único que lo quiere, no es más que un portador de semen fértil ¿ Cómo pudo ser tan ruin? Si no lo hubiese utilizado para quedarse embarazada...

Sacude la cabeza.

Si no lo hubiese utilizado para quedarse embarazada jamás habría descubierto su verdadera vocación: ser padre. Sophia es el regalo que no sabía que necesitaba. Es lo único hermoso que tiene en la vida, la que lo ha hecho mejor persona y le hace sonreír de solo pensar en ella.

Vuelve a mirar hacia ese club de carretera.
Pagar por sexo... como si le apeteciera tener sexo con cualquiera.
Mejor volver a casa, meterse en la cama y dejar que Morfeo vuelva a reírse de él, entregándole esos sueños en los que acaricia una piel suave y pálida como la porcelana, enreda sus dedos entre los bucles de una larga melena pelirroja, besa los dulces labios de una mujer que gime de placer cuando sus cuerpos chocan y que le susurra un te quiero contra los labios cuando su orgasmo llega. Para luego despertar y descubrir que todo fue un sueño, que las caricias, gemidos y besos son sólo lejanos recuerdos, y el te quiero un estúpido anhelo, unas palabras que jamás ha oído, y jamás oirá, ni de boca de ella ni de nadie, porque ¿Quién podría amarle a él?


Carol se limpia por enésima vez las lágrimas que resbalan por su rostro. Su almohada está tan empapada que parece que ha derramado una botella de agua sobre ella. Pero no, es sólo su dolor que intenta escapar por algún lado.
Llora en silencio para no despertar a Sophia que duerme plácidamente a su vera con rostro angelical, sin problemas ni preocupaciones.

Lo besó ¿Cómo pudo ser tan idiota? ¿Por qué lo hizo? No sabe cómo va a mirarlo a los ojos mañana.
Dios... casi un año sin ser besada de verdad, ya casi había olvidado lo que era un verdadero beso. Un beso que desear y corresponder.
¿Y para qué le ha servido? Ese beso no ha hecho más que hundirla más aún, al pensar en lo que podría ser pero jamás será. Le duele el pecho, los trozos de su corazón roto se clavan en su interior y desgarran sus entrañas.

Intenta no amarlo, pero no puede ¿Cómo no amar a alguien como él? Sabe escuchar, es amable, dulce, atento, atractivo y buen padre.
Quiere verlo feliz, pero le duele que sea con otra.
Debió haberse quedado quieta hace un año atrás, no debió haber ido a ese bar de carretera, así jamás lo habría conocido y no tendría nada que anhelar. Seguiría con su miserable vida, o ya estaría muerta, a nadie le importaría. No tendría ese dolor en su interior, ni sueños, ni esperanzas, ni amigos con los que hablar, ni... ni un bebé al que amar.

Acaricia las mejillas sonrosadas de su niña. Todo el dolor fruto de ese desamor merece la pena sólo por poder tenerla a ella, porque ella seguiría siendo un sueño si no fuera por Daryl, él le dio lo que más ansiaba tener, pero crecerá creyendo que su padre es ese monstruo que fingirá ser el padre perfecto, le comprará sus caprichos, la abrazará, le dirá que la quiere, jugará con ella, para que todos los de su alrededor digan "Guau, qué buen esposo y padre es" pero cuando vuelvan a casa la ignorará por completo, como si no existiera. Y espera que sólo haga eso, porque moriría antes que permitir que ponga una mano encima de su dulce bebé.

Sería tan fácil si pudiese decirle la verdad a su niña... Aún no sabe bien cómo manejará esa situación. Cómo evitará que Sophia corra a los brazos de su verdadero padre cuando Ed esté presente, o que pronuncie el nombre de Daryl y ese monstruo la oiga... ¿Cómo pedirle a un bebé que guarde un secreto?

Los músculos de su cuerpo se tensan al oír el tintineo de las llaves de Ed en la cerradura de la puerta.
Está en casa. Ya terminó el combate de boxeo, y ahora vendrá en busca de su regalo de aniversario.
Reza en silencio a ese Dios que nunca la escucha para que no entre en su habitación, que la deje dormir, porque esta noche no tiene ganas de luchar. Sólo quiere que el sueño llegue y olvidar lo que ha pasado varias horas atrás con Daryl. Como si fuera tan fácil...
Lo escucha subir las escaleras, está borracho, pero para su desgracia, no lo suficiente como para desmayarse, sólo para ponerse aún más violento que de costumbre.
La luz del pasillo se enciende.
-Por favor, no vengas aquí -susurra para sí, al borde del llanto.

Y la puerta se abre.

Tiembla de terror, de sólo pensar lo que va a pasar. Se hace la dormida, qué idiota, como si eso lo fuese a frenar. ¿Cuando lo ha frenado? ¿Cuantas veces se ha despertado sobresaltada al sentir como la penetraba?
La fría brisa de la madrugada lame sus pálidas piernas cuando las sábanas que cubrían su cuerpo son retiradas.
Lo siente acariciar sus muslos, en busca del elástico de sus pantalones, que retira con facilidad junto con su ropa interior.

Aprieta los labios, ahogando el sollozo que amenaza con escapar.
-Ed, déjame que meta a la niña en la cuna, por favor, luego puedes seguir -susurra con un ligero temblor en su voz.

Él mira hacia el lado donde Sophia descansa y dibuja una mueca de desaprobación.
-Hoy dormirá toda la noche en su cuna -gruñe él, apartándose para que ella pueda levantarse y coger a la niña.

Carol besa su pequeña frente, como debió haber dejado hacer a Daryl con ella misma, y la deja en su cuna, rezando para que nada ni nadie perturbe su sueño mientras ella se entrega a su tortura.
Porque no puede escapar, ¿Para qué resistirse? es peor. Es lo que le ha tocado. No sabe quien fue en su otra vida para merecer este castigo en esta, ni el mismísimo demonio debería pasar por lo que ella está pasando.

Mira a Ed, ya ha desabrochado sus pantalones, y su hinchado miembro la reclama.
No habrá caricias, ni besos, ni preparación alguna, sólo un lacerante dolor cuando palmo a palmo él vaya ganando terreno en el interior de su cuerpo.

Se entrega a él, no intenta resistirse como otras noches, no tiene fuerzas para ello, lo deja hacer, no serán más que cinco minutos de intenso dolor, porque eso es lo que duran sus rápidas embestidas, pero la humillación será eterna.
-Feliz aniversario -gime contra su oído cuando comienza a penetrarla sin cuidado, sólo buscando su placer.

-Feliz aniversario -repite de forma automática sin pensar, porque su mente ya no está allí, sólo su cuerpo, dejándose usar, dejándose ser llenado, con la mirada perdida, como siempre en esas dos grietas, dos pequeñas grietas en el marco de la ventana que está sobre la cuna de su bebé...

Un bebé que un día, cuando tenga edad suficiente, conocerá la verdad, y podrá irse con su verdadero padre, huir de esa pesadilla, ser libre y feliz mientras ella se consume poco a poco entre esas cuatro paredes.


Daryl coloca su puño sobre la puerta pero sin llegar a llamar. Lleva cinco minutos así, se siente como un adolescente que va a buscar a su novia a casa de sus estrictos padres.
No sabe cómo lo va a recibir Carol, o quizás no quiera recibirle...

Frota su mano sudada contra la tela del pantalón, llama a la puerta, y que sea lo que Dios quiera.

Tarda en abrir. Lo sabía, no quiere verle... está a punto de marcharse desilusionado cuando escucha unos pasos, y deja escapar el aire aliviado, es ella.

-Hola -saluda tímida sin saber muy bien qué decir.

-Hey -saluda en un suspiro -te... ¿Te gusta el granizado de sandia? yo... te he traído uno, lo he hecho yo -dice con timidez, acercándole la copa que trae protegida con un trozo de papel de aluminio. Es su forma de decirle que todo está bien entre ellos.

Carol sonríe, sintiendo como un poco de su tensión se va.
-Nunca lo he probado, pero me gusta la sandía -responde cogiendo la copa helada que le ofrece.

-Es la primera vez que lo hago, pero me he tomado uno antes y aún sigo vivo, así que... -bromea haciéndola reír. Le encanta escucharla reír. Está preciosa.

Sophia grita desde su hamaca, ha escuchado a papá, pero aún no se ha acercado a saludarla, así que tiene que recordarle que ella está ahí.

-Creo que alguien demanda tu atención -se percata Carol, que se aparta para dejarlo pasar.

Corre hacia el interior, perdiéndose el gesto de Carol cuando da el primer sorbo al granizado. Demasiada azúcar.

-Hola, Sophia -la saluda, a lo que ella responde sonriendo con la boca abierta y pataleando nerviosa cuando se da cuenta de que su padre la va a coger en brazos -Ven con pa... Daryl, ven con Daryl -se ve en la obligación de corregirse. Tendrá que tener cuidado.
Besa la punta de su nariz y la abraza, dejando que su dulce aroma a bebé inunde sus fosas nasales. Le encanta tenerla en brazos. No sabe por qué, pero se siente en paz cuando la sostiene.

Sophia balbucea nerviosa en su oído, y se gira para ver que ocurre. Le ha llamado la atención la granizada que tiene mamá en la mano.
-¿Quieres eso? -pregunta, a lo que ella responde con un balbuceo -Aguu ¿Qué significa eso? -la imita, suavizando su voz, a lo que ella vuelve a responderle como si mantuviese una conversación con su padre -Agaiga ¿Sólo sabes esa consonante? -vuelve a imitarla, y ella le vuelve a replicar.

Carol observa esa preciosa escena, padre e hija cara cara, teniendo una conversación sin sentido que ninguno de los dos entiende.
Sophia lo mira embobada, atenta a lo que le está diciendo, y ríe antes de contestar a su manera y Daryl sonríe con ternura cada vez que ella le replica.
-Papá se está riendo de ti, ¿verdad Sophia? -dice con voz maternal -Dile que no, que también sabes pronunciar la P, y la R, ¿A qué sí? ¿A que mi niña sabe hacer pedorretas? -sigue hablando con esa voz aguda, haciendo reír a Sophia -enséñale a papá como lo haces ¿Cómo hace mi niña? Aprrr -vocaliza Carol primero, a lo que Sophia intenta imitarla, haciendo algo que suena más como pfff acompañado de una gran e inesperada pompa de saliva.

Ambos se echan a reír, y Sophia se ve contagiada por ellos y muestra una de sus más amplias sonrisas.

-Yo ahí no he escuchado ninguna R.

-Es una R muda, ¿Verdad mi amor? -defiende Carol a su niña, que lo único que hace es sonreír, mirando a uno y a otro de sus progenitores.

-Puf -bufa él, y Sophia reacciona imitándolo, pero dejando escapar una gran cantidad de babas.
De nuevo la sala se llena de risas.

-¿Qué te estás cachondeando de papá? sinvergüenza, que eres muy sinvergüenza tú -bromea Carol, besando la mejilla de su niña que continúa balbuceando, dando su opinión de todo aquello.

Llaman a la puerta.
Se miran alarmados, ¿Quién será? marcha a abrir, dejando a Daryl y Sophia en el salón. Está nerviosa, no puede ser Ed, él entraría con sus llaves. ¿Y si son sus suegros de visita? No por favor...

Daryl la observa marchar. Ella sigue refiriéndose a él como "papá" debería frenarle los pies, pero no puede, suena tan hermoso dicho de sus labios que no quiere dejar de escucharlo.
Mira a Sophia, que está atenta a él, observándole con sus enormes ojos azules esperando a que haga cualquier movimiento, pero tiene que guardar silencio, no sabe quién ha llamado a la puerta, nunca antes han llamado a la puerta mientras él está ahí, y no puede evitar tensarse.

Carol abre despacio, lo suficiente como para poder ver a través del hueco.
Se congela.
-Buenas tardes, señora Peletier -saluda el hombre.

-Buenas tardes, agente, ¿puedo ayudarle en algo? -tartamudea entre asustada y tímida, evitando mirarle a los ojos.

-Por favor, llámame Rick -pide -¿Puedo pasar? -pregunta, intentando ver algo a través del pequeño hueco de la puerta.

-¿Le ha pasado algo a mi marido? -dice intentando fingir preocupación.

-No, yo sólo quería hablar -aclara, viendo que ella no va a dejarle pasar -me habría gustado venir antes, pero entre el trabajo y mi hijo... -se encoge de hombros intentando disculparse -La noche que vine aquí me dio la impresión de que estuvo a punto de decirme algo, pero la presencia de mi compañero la intimidó -continúa hablando haciendo incomodarse a Carol -¿Hay algo que deba saber, señora Peletier? -pregunta intentando hacer contacto visual, para que vea que puede confiar en él.

¿Algo que deba saber? hay tantas cosas que debería saber, pero ninguna que pueda contar...
Carol escucha a Sophia parlotear con su padre. Daryl está cerca, y puede que escuchando esa conversación.
-No, no hay nada que deba saber, que tenga un buen día señor Grimes -murmura cerrando la puerta, e imaginando la cara que se le habrá quedado al pobre hombre que solo intenta ayudar.

Deja escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Si le llega a decir la verdad, Daryl habría matado a Ed antes de que ese policía diese el aviso para proceder a la detención de su marido. Sabe que no le haría ninguna gracia saber el tipo de persona con la que convive su pequeña.

Y por otro lado... ¿Para qué denunciar? ¿A dónde iría? ¿A quién acudiría? No tiene nada ni a nadie. Está sola, completamente sola y sentenciada a vivir al lado de Ed. Atrapada en esa casa sin salida alguna.

-¿Va todo bien? -pregunta Daryl preocupado, que ha ido a buscarla hasta la puerta, viendo que no regresaba al salón.

Carol se apresura en asentir.
-Sí, es sólo un amigo de Ed, del trabajo preguntando por él -miente. Otra mentira más en su vida.

-¿No se ha dado cuenta de que estoy aquí, no? -se preocupa, a lo que ella niega -Vale -chasquea la lengua -¿Quieres que pida una pizza para cenar? Hace tiempo que no comemos pizza -pregunta sacando su teléfono del bolsillo.
Sophia grita cuando lo ve y estira las manos queriendo alcanzarlo.

Carol sonríe al ver como Daryl habla con la pizzería a la vez que intenta esquivar las manos de su hija, que gruñe frustrada al no poder alcanzar lo que quiere.
Otro recuerdo hermoso que plasmar en ese libro que le está escribiendo a Sophia en el que Ed sólo forma parte en la primera hoja. Porque su reacción al enterarse de que iba a ser padre fue hermosa, pero por lo demás... es Daryl el que cumple con su papel de padre. Fue él quien acarició y besó su vientre, quien cuidó de ella, era su voz la que hacía a su bebé patalear en su interior, fue él quien estuvo presente cuando Sophia vino al mundo, quien lloró emocionado al verla por primera vez, y es él quien mira y trata a su niña con auténtico amor, ganándose así el corazón de su bebé, que adora a su padre.


-¿Cómo se llama? -pregunta Carol tras tragar un trozo de pizza. Daryl la mira interrogante -Tu novia, cómo se llama, nunca me has dicho su nombre.

Tenía que volver a salir ese maldito tema. ¿Cómo coño se llama su novia inexistente?
-Virginia -responde al recordar la marca de cigarrillos Virginia Slims, esos que fumaba su madre tan compulsivamente -Se llama Virginia -repite para creérselo. Se siente tan patético al hablar de su novia imaginaria, pero más patético sería confesarle que está enamorado de ella.

-Es bonito. ¿Me la presentarás algún día? Me gustaría conocerla, nunca ha estado con nosotros en las reuniones de amigos ni nada -dice distraída, atenta a Sophia que pide el otro pecho.

¿Cómo podía presentarle a ella misma?
-No lo sé, no podemos vernos mucho, siempre está viajando, y cuando nos vemos nos gusta aprovechar el tiempo -miente, y puede escuchar a su padre reírse de él desde el infierno.

Le duele saber eso, que cuando Virginia está con él, sólo quiere estar con ella y nadie más. Se los imagina pasando días enteros, desnudos, entre sábanas desordenadas, entregándose a la pasión, haciendo el amor como ella sabe que él sabe hacerlo, pero que nunca volverá a experimentarlo.
-¿Viaja mucho? ¿Es azafata de vuelo? -pregunta, intentando saber más de esa mujer que se ganó su corazón.

Daryl asiente con la boca llena, y pidiendo que se termine esa conversación de una maldita vez.

-¿No tienes fotos de ella? me gustaría ver cómo es -se interesa. Seguro que es una mujer muy hermosa.

Daryl niega, y finge beber agua para poder pensar una excusa.
-No, no le gusta que le haga fotos -menuda excusa de mierda -Pero te puedo asegurar que es preciosa -susurra mirando a Carol que le observa con su dulce mirada y sus ojos de ese azul cristalino tan hermoso.

¿Cómo puede no darse cuenta? Se pasa el día mirándola, le sudan las manos cuando ella está cerca, tiembla cuando su cabello rizado roza accidentalmente su rostro, y se sonroja cuando le sonríe ¿Cómo no puede ver que se muere por ella? Que ella es esa mujer de la que habla? y él es un idiota cobarde que le está mintiendo por miedo a su reacción al saber la verdad.


-Duérmete ya, pequeñaja -pide Daryl, colocando bien el pijama de su niña que se niega a rendirse al sueño.

Están en la habitación de matrimonio. Sophia de encuentra tumbada sobre la cama y Daryl está sentado a su lado intentando hacerla dormir.

-Sí, por favor, mamá está muerta -murmura Carol, dejándose caer en la cama y enterrando el rostro en la almohada.

-¿Qué pasa? ¿Que no dejaste dormir anoche a mamá, verdad? -pregunta besando sus pequeños pies descalzos, y arrancándole una risa.

Carol sonríe para ocultar la realidad. Ojalá hubiese sido su bebé el motivo de su cansancio, pero no, su cansancio se debe a una noche de tortura que Ed llama sexo, y a varias horas sentada en el interior de una bañera frotando su cuerpo para limpiar cualquier rastro de él. El olor se va, el semen de su interior sale, pero los mordiscos, arañazos, moretones y humillación permanecen. Y eso último es lo que más le duele. Se siente tan sucia tras tener relaciones con él... no sabe si es su olor, su sudor, la desagradable sensación de él derramándose en su interior o las obscenidades que él le dice durante el coito que hacen que él se excite aún más y ella sólo quiera vomitar.
No sabe cuanto tiempo pasó en esa bañera, intentando relajarse, pero Ed no se dio ni cuenta, podría haberse ahogado que no la habría encontrado hasta el día siguiente flotando como una esponja.
Sólo se inmutó cuando ella volvió a la cama y su cuerpo frío y desnudo lo despertó de su sueño.
La echó de allí de una patada que la tiró de la cama, lo agradeció, cogió a su niña y se fue a la habitación de invitados, donde se acurrucó con ella, manteniendo sus cinco sentidos en alerta por si acaso...

-Duérmete, yo cuidaré de ella -propone Daryl viendo su mirada somnolienta. Preciosa.

-No voy a hacer eso, es de mala educación -protesta ella tapándose la boca para bostezar.

-Puf, como si fuera la primera vez que te duermes delante mía. Además, hoy al menos no tendré que cargar contigo hasta la cama. Duérmete -ordena con su voz suave -y tú también- añade volviendo a centrar la atención en su hija que parece que se ha tomado un par de cafés y sus ojos no pueden estar más abiertos. Se derrite ante esa mirada, tan pura e inocente.

Acaricia su cabello, es escaso, corto y fino, pero le ha crecido desde el día que nació, cuando no era más que una pelusilla rubia coronando su cabeza.
Ya se atreve a tocar y besar su pequeña cabecita, antes le daba miedo, temía producirle lesiones por sólo rozarla. Preocupaciones de padre primerizo...

Desvía su mano hacia su pequeña oreja, y se la acaricia con dulzura con un solo dedo, dibujando su contorno. No sabe por qué pero eso la relaja, se queda paralizada como si temiese dejar de sentir esa caricia al moverse y se tranquiliza como si estuviese hipnotizada.
Sonríe, parece una verdadera muñeca, con los ojos tan abiertos y tan quieta. Es tan bonita que aún sigue sin creerse que el haya podido formar parte de esa hermosa creación.

Mira a Carol y sonríe, el sueño ha podido con ella, y ahora respira profundo al otro lado de la cama. Está preciosa con su boca entreabierta y su cabello derramado sobre la almohada.
-Duérmete tú también -susurra a Sophia que hace un esfuerzo por seguir teniendo los ojos abiertos.

Desea tanto poder quedarse ahí con ellas, que fuese su cuerpo el que protegiese a su niña de caerse de la cama, y no una fría barrera de seguridad. Quedarse dormido escuchando la respiración de las dos personas más importantes de su vida, y que ellas fuesen lo primero que viese al despertar. Pero no puede ser, él debe marcharse en mitad de la noche, como un ladrón, con la diferencia de que él no se lleva nada, más bien se deja.

Ed las deja solas por la noche, porque no quiere escuchar a su bebé llorar, en cambio él daría la vida por intercambiarse con él, y poder estar al lado de ellas. Besar, abrazar, y amar a Carol sin miedo al que dirán, porque sería su marido, y no tendría que esconder nada.
Él anhela lo que otros desprecian.

Sacude la cabeza para espantar sus estúpidos pensamientos y besa la punta de la nariz de Sophia que ya duerme profundamente. Es tan fácil que pase de 0 a 100...
Coloca la barrera infantil, no es que sea muy necesaria ahora mismo, teniendo en cuenta que Sophia aún es incapaz de darse la vuelta, pero por si acaso...

Se acerca a Carol para taparla con las sábanas hasta mitad de la cintura, ya empieza a refrescar un poco por la noche.
Las observa dormir y sonríe como un idiota sin saber porqué. No puede haber imagen más hermosa que esa.

Da un paso atrás para marcharse, pero recula; olvida algo, algo que necesita él más que ella. Vuelve a acercarse a Carol, le aparta el mechón de cabello que tapa su hermoso rostro y besa con suavidad su mejilla, procurando no despertarla.
Aguarda unos segundos, con sus labios casi rozando su cara, esperando algún tipo de reacción en ella, pero sigue profundamente dormida.
-No tienes ni idea de lo mucho que te quiero -le susurra al oído, aspirando el dulce aroma a frutas que desprende su cabello, y marcha de allí antes de comenzar a sentirse como un cerdo pervertido que mira a esa mujer con los ojos que sólo un amante debería mirarla.
Le duele tanto...


3 meses y medio

-Muy bien, ahora mamá va a poner el agua a hervir mientras prepara el sofrito -Va enunciando Carol, cambiando la entonación de su voz, haciendo reír a Sophia que la observa desde su hamaca, con una de las orejas de Pookie metida en la boca.

Le gusta que le hablen, por lo que Carol va dictando lo que va haciendo mientras realiza las tareas del hogar, así la mantiene entretenida, y muchas veces ella decide unirse a la charla con su escaso vocabulario donde abundan las vocales y apenas un par de consonantes.
No sabe cuando dirá su primera palabra, ni cual será, pero por lo pronto disfruta de sus balbuceos y de su recién adquirida habilidad: imitar expresiones y gestos exagerados.
Está segura de que acabará teniendo que comprar una buena crema antienvejecimiento para eliminar las arrugas de expresión que se le crearán de tantas morisquetas que le hace a su niña para que la imite.

Llaman a la puerta.

Sophia da un grito de emoción y mira a su madre con la boca y los ojos muy abiertos.

-No es papá, mi amor -dice a su pesar. Se limpia las manos con un viejo trapo deshilachado, coge a su niña en brazos, y se dirige hacia la puerta de la entrada.

-Hola, buenas tardes -saluda Michonne -No me gusta molestar, pero estaba preparando el almuerzo y... por favor dime que tienes un poco de aceite -pide en pose suplicante.

Sophia ríe sin motivo aparente, pero eso es lo bueno de ella, que no necesita motivos para reír.

-Sí, claro, espera aquí -murmura Carol, que vuelve a la cocina con Sophia en brazos.

Michonne espera a la entrada, tal y como ella le ha pedido, observa el interior de ese hogar, lo analiza. No hay fotos de la niña, y de ella tampoco, sólo hay fotografías de un hombre posando con sus trofeos de caza: ciervos, conejos, perdices, jabalíes, e incluso un oso.

-Aquí tienes -ofrece Carol, que le acerca una botella de aceite para freír a medio usar.

-Gracias, te compraré una nueva esta misma tarde -informa sonriente, percatándose de la tensión en el rostro de Carol.
Es curioso, no la mira a los ojos, mantiene la cabeza gacha, habla en voz baja, y su ropa es de una talla que está segura que no le corresponde, espantosa y oscura, como si quisiese pasar por la vida siendo confundida con una sombra.

-No, no es necesario, tengo otra botella sin abrir -miente. Pero no puede arriesgarse a que la vaya a visitar justo la media hora que Ed pasa en casa cuando llega del trabajo antes de marchar a casa de Merle -Que tengas un buen día -sentencia cerrando la puerta. Seguro que esa pobre mujer piensa que es una maleducada, una borde, y no volverá a acercarse a su puerta nunca más.
Mejor para ella.


-Toc, toc ¿Se puede? -llama Tara a la puerta de la habitación de Daryl.

-Pasa -responde él, tumbado en la cama, enfrascado en el libro que está leyendo.

-Tengo buenas noticias para ti ¡Te he encontrado trabajo! -anuncia con una amplia sonrisa.

Daryl suelta el libro y se incorpora en la cama de un salto.
-¿En serio? ¿De qué? -pregunta emocionado.

-De striper -responde ella, echándose a reír al ver la cara de desaprobación de él -Es broma tonto. El hermano de Denise está buscando peones para una obra, y ofrece un contrato de seis meses -chasquea la lengua -No es mucho, pero mejor que estar aquí tocándote los huevos todo el día...-bromea ella.

-Eso es... -no puede ocultar su sonrisa, por mucho que él ha salido a buscar empleo lo han echado para atrás por su maldita reputación, empezaba a perder la esperanza, y temía tener que volver a su vieja casa, junto a su hermano, por no poder pagar el alquiler -¿Cómo puedo agradecértelo? -pregunta con timidez.

Tara lo mira de arriba abajo, fingiendo algún tipo de interés sexual por él.
Ambos ríen.
-Pues con que sigas pagándome el alquiler todos los meses y me digas que es esa herramienta que hay sobre tu mesita me conformo -responde curiosa, fijándose en el objeto, parecido a un taladro, pero más pequeño.

Daryl mira la herramienta.
-Ah, eso, es una micrograbadora de piedras-responde, sintiéndose un poco nervioso por la pregunta que viene.

-¿Y la quieres para...? -lo invita a seguir hablando.

Daryl suspira.
-Está bien, pero no te rías de mí ¿vale? -pide, acercándose al cajón de la mesita de noche y sacando una piedra de color verde claro con forma de lágrima y colocándola sobre las manos de ella.

-¿Una piedra? -pregunta arqueando una ceja. No comprende.

-Dale la vuelta -pide con la cabeza gacha, comenzando a notar el calor de la vergüenza en sus orejas.

Tara obedece, y la gira, para encontrar el nombre de Sophia grabado en ella con una perfecta y limpia caligrafía.

-Es una piedra jaspe, un amuleto, da suerte, protege, voy a transformarlo en un colgante -murmura sin mirarla a los ojos.

-Oh, Dary, es muy bonito ¿Por qué iba a reírme de ti? es un regalo precioso para Sophia -comenta sonriente por la ternura que le transmite ese hombre que la mayoría del tiempo se comunica a base de gruñidos.

-No... no... no es para Sophia... -tartamudea avergonzado, jugando nervioso con sus dedos -el mes que viene hará un año que Carol y yo... que ella y yo... ¡Dios, qué gilipollez! -gruñe frustrado, tumbándose en la cama y tapándose el rostro con la almohada como suele hacer Carol. Pasa tanto tiempo con ella que ya copia hasta sus técnicas de huida.
Le había parecido buena idea, pero ahora que lo decía en voz alta...

-¿El mes que viene hará un año que engendrasteis a Sophia? -hace cuentas Tara. Daryl asiente -Osea que es vuestro aniversario ¿no? Oh Daryl, qué hermoso -exclama sonriente.

Daryl se atreve a mirarla.
-¿Tú crees? No sé yo... ¿Qué le digo? ¿Cómo se lo doy? -pregunta de forma retórica.

-Hey Carol, ¿Te acuerdas el día que tuvimos sexo salvaje y creamos a esta preciosa criatura? ¡Pues hoy hace un año! -bromea Tara, pero a él no le hace gracia.
Se sienta a su lado.
-No le digas nada, sólo dáselo, quizás ella recuerde ese día tanto como tú -intenta tranquilizarlo, devolviéndole la piedra tallada y saliendo de la habitación.

Daryl observa el mineral entre sus manos, seguro que esa pequeña joya quedará preciosa sobre el pecho de Carol.
Mentiría si dijese que le ha conseguido tallar el nombre de su niña a la primera. Son muchas las piedras que han muerto mientras le daba forma de lágrima, o que han sido desechadas porque el nombre no salió del todo bien. Espera no cagarla a la hora de añadir el colgante.
¿Qué pasará cuando se lo de? ¿Le pedirá que se lo ponga? ¿Le sonreirá de esa forma tan dulce que tiene? ¿Se le iluminarán los ojos? Se muere por ver su reacción, y la de su hija, que seguro que da uno de sus adorables grititos emocionados y se pasará el día agarrando la piedra mientras su madre la tiene en brazos.
Sonríe como un estúpido al pensar en su pequeña.
Mira hacia su mesita de noche, donde está el cuadro con la rosa cherokee que le regaló Carol, y justo delante de él la primera fotografía que le hizo a su bebé. Sobre su madre, recién nacida, aún unida a Carol por el cordón umbilical. Qué hermoso recuerdo.


-¿Te quieres ir con mamá? -pregunta Daryl a Sophia. Están sentados en el sofá frente a frente, con el móvil de Daryl sobre la mesa grabando el momento. La pequeña está realmente sonriente ese día, y tienen la impresión de que va a dar su primera carcajada -¿Quieres ir con mamá, Sophia? -vuelve a preguntar Daryl, que hace como que se la va a entregar a Carol, que espera con los brazos extendidos para recibirla y Sophia hace lo mismo esperando a que la coja -¿Te vas con mamá? ¡A que no! -dice Daryl, volviendo a estrecharla contra él de repente. Sophia se ríe al notar el inesperado movimiento y ver la mirada triste de su madre -¿Quieres irte con mamá? -vuelve a acercarla hacia Carol, y antes de llegar al punto donde Daryl suele recular ya se está riendo con anticipación -¡Pues no te dejo! -Sophia ríe con ganas y estira los brazos hacia su madre, impaciente porque vuelva a hacer lo mismo -¿Quieres ir con mamá? -ríe cuando escucha a su padre formular la pregunta. La acerca a Carol, que la espera sonriente, mostrando una exagerada emoción por tenerla entre sus brazos, y Sophia se ríe de su rostro.
Se acerca a ella, lentamente, está en la posición exacta para que su madre pueda cogerla, y sonríe nerviosa sabiendo lo que viene ahora -¡A que no! -Y tira de ella hacia atrás, haciéndole sentir un cosquilleo por su estómago, y ríe, ríe con ganas, a carcajadas, cuando ve a su madre fingiendo llorar.

Carol y Daryl se mirán sonrientes, con los ojos brillantes, emocionados por escuchar ese hermoso sonido por primera vez. Las carcajadas de su niña suenan como el canto de los ángeles.

La risa termina en un grito agudo, seguido por una risa residual que suena como un "ejeee"

Sophia vuelve a estirar los brazos pidiendo seguir con el juego, y Daryl cumple su petición con gusto, porque no hay nada que más le guste que hacer feliz a los dos amores de su vida.


-Ha caído rendida -comenta Carol mirando a Sophia con infinito amor.
Está dormida, respirando profundamente.

-Normal, yo también caeré rendido -dice Daryl, frotándose los brazos entumecidos. Su niña no pesa mucho, pero tras dos horas haciendo el mismo movimiento...

Carol se echa a reír negando con la cabeza, haciendo que sus mechones de cabello bailen sobre su rostro.

-Tiene tu sonrisa -murmura hipnotizado una vez más por la luz que desprende.

Carol lo mira y sonríe. Tiene un don para hacerle sentir bien, y parece que aquel incidente del beso ha quedado atrás para ambos. Al menos en apariencia, porque ella no para de darle vueltas a ese momento... pronto se cumplirá un año desde la última vez que él la besó, que acarició su cuerpo y le hizo sentir ese intenso placer cuando sus cuerpos se fundieron en uno.

-Debería irme ya -dice Daryl, que se coloca delante de ella para besar su frente, temiendo que vuelva a alzar el rostro y él vuelva a leer mal sus labios. Porque como lo haga la volverá a besar a pesar de saber lo que pasará luego.

Carol cierra los ojos, intentando convencer a su corazón de que ese beso está bien, y que por mucho que desee otro tipo de besos, no están destinados a ella.


-Es increíble lo grande que está ya -comenta Tara, mirando a Sophia que está siendo amamantada -si era una cosita así cuando nació -añade, colocando sus manos para simular el tamaño que tuvo Sophia al nacer.

-Y es muy lista -dice orgulloso Daryl -te imita, intenta hablar, reconoce a las personas, coge cosas, te mira cuando la llamas o le silvas.

-¿Silvas a tu hija como a un perro? -pregunta Tara en un reproche.

-Le gusta, mira -se defiende, y silva para demostrar que es verdad.

Sophia suelta el pezón al escuchar el sonido, y busca con la mirada a su padre que está justo a su lado, y sonríe, dando su aprobación con un balbuceo, para seguidamente volver a la tarea de mamar.

-¿Lo ves? -dice triunfante.

Tara niega con la cabeza, y sonríe al observar a Daryl mirar tan amorosamente a Carol mientras amamanta a su niña, y acaricia distraído el muslo de ella.
Que no está enamorado dice... Hasta las trancas lo está.


Regresan a casa tras pasar un par de horas con Tara. Sophia duerme, le relaja mucho los viajes en coche.

-¿Quieres ver una película o algo? -pregunta Carol, queriendo retenerlo un poco más a su lado.

-Claro -responde él, deseando pasar más tiempo con ella.

-Elige la película, yo voy a acostar a Sophia y a ponerme algo cómodo -informa subiendo las escaleras con su pequeña en brazos.

"Ponerse algo cómodo" lo que se traduce en: Voy a ponerme un pantalón muy corto, y una camisa que me llegue hasta la mitad de los muslos para crear una falsa ilusión de desnudez, y así volverte loco sin yo saber nada.
Mira las películas, busca una con un argumento sencillo, que pueda entenderlo hasta un hombre que piense con la polla, como él ahora mismo.
Dios, aún no la ha visto y ya tiene las manos sudadas y su miembro semierecto de sólo pensar en tenerla tumbada a su lado, durante casi dos horas, mostrando sus largas piernas que se muere por acariciar, besar y abrir...
Sacude la cabeza.
Maldito cerdo pervertido. Está casada ¿por qué le cuesta tanto entender? CA-SA-DA, y ama a su marido, que no lo entiende, pero debe aceptarlo.
Lo que pasó entre ellos en aquel aparcamiento, en la barbacoa en el pinar, o en su cocina el día de su cumpleaños no volverá a pasar, no hasta que ella desee tener otro hijo y él se entregue a su capricho sin rechistar, importándole una mierda volver a ser usado, porque lo que más desea es poder volver a tenerla entre sus brazos.

-¿Elegiste película? -Pregunta ella al volver al salón, vestida con una camiseta del grupo Metallica, tal y como Daryl imaginó.

Traga saliva, y mete las manos en los bolsillos del pantalón, queriendo ocultar esa maldita erección que la señala insistentemente.

-Yo... yo... aún no... -entonces se percata de algo que cuelga de su cuello -¿Y ese collar? -pregunta extrañado, juraría que no lo tenía puesto antes.

-Oh, esto -saca el colgante del interior de su camisa para mostrarlo por completo. Es una fina cadena de oro blanco, con un diamante solitario colgando del extremo -Ed me lo regaló ayer, según dijo iba a ser por nuestro aniversario, pero hubo un problema en la joyería y... total, que me lo dio ayer, y quiere vérmelo siempre puesto, pero tengo miedo de perderlo, por eso me lo pongo sólo cuando está él. Así que me lo coloco para dormir para no olvidarlo por la mañana, cuando Ed venga a desayunar.

Daryl no escucha, no sabe lo que le ha dicho, sólo ha oído que se lo ha regalado Ed por el aniversario.
Un precioso colgante de oro blanco con un diamante que le habrá costado un pastón ¿Y él? Él pretendía regalarle una asquerosa piedra que encontró tirada en el suelo. ¿Cómo coño podía ser tan imbécil? Ella merecía ese regalo, y no la mierda que él pretendía darle dentro de un mes. Agradece que Ed le haya regalado eso, así se ha librado de hacer el ridículo más espantoso de su vida.
¡Una piedra! ¿En qué coño pensaba? ella merecía lo mejor, y lo que él iba a darle no lo era.

-¿Qué película vemos? -pregunta Carol, con una dulce sonrisa, sin saber que Daryl se está sintiendo morir por dentro, ahora mismo.

-Es mejor que me vaya ya -dice con la voz rota, ocultando sus ojos entre los mechones de su cabello. recoge su chaqueta y sale veloz de allí, dejando a Carol intentando analizar qué ha pasado, ¿Qué ha visto? ¿Qué ha dicho? ¿Qué ha hecho? ¿Ha sido su culpa?

Se deja caer en el sofá, mirando hacia la tele apagada, sin comprender nada...


Daryl llega a casa, arroja su chaqueta sobre la silla de su habitación, abre el cajón de la mesita, saca la piedra a la que tanto tiempo le ha dedicado, y la mira. ¡Menudo imbécil! ¿En serio veía eso un buen regalo? Una puta piedra que él como un idiota talló emocionado, imaginando su reacción al verla. Ahora puede hacerse una idea de cual sería. Pondría cara de "me has hecho un regalo de mierda pero como no quiero ofenderte voy a sonreír y fingir que me gusta"

La arroja a la papelera que tiene al lado del escritorio. Debe dejarse de tonterías, ellos no son pareja, no hay aniversarios que celebrar, ni necesidad de regalar, no son más que dos desconocidos sin aficiones ni gustos en común, salidos de vidas muy distintas, que se han visto obligados a ser amigos al tener una hija. Son eso y nada más, por mucho que él desee algo más ¿Qué buscaba regalándole eso? ¿Enamorarla? Por el amor de Dios, ¿Por qué iba a abandonar a su marido para quedarse con él? ¿Por qué rechazar un diamante para quedarse con un pedrusco? un pedrusco enamorado de ella hasta tal punto que le duele, y que todo lo que desea en esta vida es poder hacerla feliz.


Carol mira el reloj por enésima vez, está nerviosa, ¿Y si Daryl no regresa? Aún no entiende que fue lo que pasó anoche ¿Debe disculparse? no sabe qué hacer o qué decirle cuando lo vea aparecer.

El timbre de la puerta suena.
Sophia grita nerviosa, papá está aquí.

Carol abre, sintiendo el pulso acelerado.
-Hola -saluda en un susurro cuando lo ve.

-Yo... siento lo de anoche, me empecé a encontrar mal y tenía que irme -explica. Se ha pasado toda la noche pensando en que escusa poner a su cobarde huida.

-Podrías habérmelo dicho anoche, me quedé preocupada -dice un poco tensa. ¿Tantas vueltas que le ha estado dando toda la noche y lo que le pasaba era que tenía una indigestión?

-Lo sé, perdóname, por favor -pide en una súplica, pero Carol evita mirarle -Te he traído chocolate -pone ojos de cordero degollado, a la par que le muestra una tableta de chocolate negro, de la marca favorita de ella.
Si consiguió aliviar tensiones con el granizado de sandía tras el beso, quizás pudiese arreglar eso con su dulce favorito.

Carol se muerde el labio intentando ocultar la sonrisa, pero no puede, le parece adorable la manera que tiene de disculparse.

-Pasa anda, Sophia está impaciente por verte -dice, dejándole pasar.

Daryl dibuja una media sonrisa, besa su frente, le da el helado y corre a abrazar a su precioso bebé, que lo recibe con esa hermosa risa que lo tiene enamorado.

Está impresionado consigo mismo, si hubiese pasado lo del colgante unos meses atrás, seguramente se habría pasado semanas sin dar señales de vida, sin saber como enfrentarse a Carol, pero ahora... la necesidad de ver a su niña le obliga a hacer frente a sus problemas, e intentar salir de ellos, torpemente, pero es un avance.


4 meses

Sophia está adorable, sigue siendo algo más pequeñita que el resto de niños de su edad, pero su desarrollo a nivel cognitivo es fabuloso.
Le encanta estar sentada en el regazo de las personas, pero siempre mirando hacia el exterior, se da la vuelta sola cuando está tumbada, disfruta cuando la ponen de pie, y ella hace presión con sus pequeños piececitos sobre la superficie en la que se encuentra, como si quisiese mantenerse en pie sola, es curiosa con todo lo que le rodea, coge cosas sin problema, sonríe cuando ve gente conocida, llora cuando el momento del juego se acaba, y habla a su manera.

-Di Abraham, vamos, A-BRA-HAM -pide el hombretón, pero lo único que consigue arrancar de Sophia es un claro "aggu" acompañado de una sonrisa.

Sophia acaba de descubrir algo interesante: el rostro de Abraham pincha, por lo que está concentrada en acariciar la barba, con la boca abierta en una O perfecta, como si eso fuese lo más interesante del mundo.

-¿Cómo va a ser su primera palabra Abraham? Si es difícil de pronunciar hasta para mí ¿Estas loco? Ey Sophia, di Glenn -pide el joven repartidor de pizzas, cogiéndola en brazos.

Sophia sonríe, y lleva su mano a su rostro, a ver que tacto tiene, no le gusta, es demasiado suave. Lloriquea mirando hacia Abraham, pidiendo que la vuelva a coger.

-Desde luego... vaya dos -farfulla Tara -Su primera palabra será papá o mamá, seguramente, pero si tiene que ser otra... -se acerca a Sophia que ahora se encuentra en brazos de Rosita -Di Tara, cariño -le dice, y Sophia se ríe como de costumbre.

Acaricia con torpeza el rostro de Rosita, dándole algún que otro manotazo, pero ha visto algo más interesante: los pendientes de aro que cuelgan de sus orejas y que brillan.
Balbucea y estira la mano para alcanzarlo.
-Ah no, de eso nada, que un día de estos me vas a arrancar la oreja -la aparta Rosita con voz suave, no es la primera vez que la engancha. Sophia se ríe mostrando sus encías desdentadas -¿Y a ti cuando te van a salir los dientes, eh? Que eres una vieja -dice con voz aguda haciéndola reír.

-Ay, no por Dios, aún no -se queja Carol, llevando una mano al pecho, sintiendo dolor al imaginar sus pequeños y afilados dientes sobre su pezón.

Daryl sonríe, y se acerca a coger a su niña que lo mira emocionada al descubrir que papá también tiene esa cosa en la cara que pincha.
-¿Qué te pasa? ¿Te gusta mi barba? -pregunta Daryl echándose a reír cuando ve su exagerada emoción.
Estira sus manos para tocar su perilla, sin delicadeza alguna, le pellizca la barbilla con sus dedos.
-Te hace falta un corte de uñas ya, que pareces un águila -dice al sentir cómo araña su cara.

Sophia sonríe, y presiona más su mano sobre la barbilla, dando alguna que otra bofetada.

-¿Cómo puedes ser tan bruta con lo pequeñaja que eres? -ríe él, apretando los párpados para que no le salte el ojo de un manotazo.

Carol sonríe, sintiéndose un poco mal por sentir envidia de su hija: ella puede tocarle sin problemas, no se estremece, no la aparta... está dándole manotazos y él simplemente sonríe.
¿Qué hay tan malo en ella como para que le prohíba el contacto físico? Sólo pide poder devolverle el abrazo cuando él la abraza, poder abrazarle sin tener que pedírselo o tener que poner la cabeza contra su pecho, fingiendo no tener manos. Pero no puede, y tendrá que aprender a vivir con ello. En unos meses Sophia besará su mejilla, rodeará su cuello en un abrazo, y ella deberá conformarse con disfrutar viendo ese amor, mientras ella sólo recibe un beso en la frente y unos abrazos que tiene prohibido corresponder.


Ed entra por la puerta farfullando algo entre dientes, está enfadado.

Carol continúa fregando los platos, queriendo poder ser invisible para que no descargue su rabia contra ella.

Sophia la observa con expresión seria. Es como si sintiese su tensión, y que mientras ese hombre esté en casa debe comportarse. Es extraño, pero cuando Ed está en la misma habitación que ella, Sophia se vuelve mucha más silenciosa, y menos risueña. Tan pequeñita y parece comprender lo que ocurre ahí.

-Un día de estos voy a coger la escopeta y liarme a tiros con todos los vecinos -gruñe entrando a la cocina, cogiendo una cerveza de la nevera y cerrando la puerta con rabia -¿Sabe que me ha dicho Shane? -pregunta, sin esperar respuestas. Carol se tensa al pensar en lo que puede haberle dicho -Por lo visto una vecina no para de llamar denunciando que nos peleamos -Carol traga saliva ¿vecina? ¿Una mujer? -No sé por qué coño la gente tiene que meterse en un matrimonio, ni discutir tranquilo puede uno en su propia casa ¡Hostia ya! -grita, lanzando el botellín de cerveza al suelo, rompiéndolo en varios pedazos y saliendo de la cocina sin dejar de soltar insultos por esa boca.

Carol mira a Sophia que tiene la boca haciendo un puchero, a punto de llorar.
-Ya, mi amor, ya pasó, ven aquí -la coge en brazos y la abraza en el momento justo en el que rompe a llorar -ya está mi vida, mamá te protege -susurra besando a su bebé.

Sabe perfectamente quien ha llamado a la policía, lleva más de cinco años viviendo en ese sitio, y todo el mundo ha ignorado sus peleas todo este tiempo, pero fue llegar Michonne y la policía aparecer en su puerta.

Para nada, porque esos agentes en cuanto se enteran de que es la casa de Ed ignoran la llamada, ya sea por amistad o por miedo, es la única explicación que le encuentra, porque si tanto ha llamado ahí no ha aparecido nadie, aparte de Rick Grimes, al que ella le cerró la puerta en las narices. Fue su oportunidad, y la perdió para siempre...


-¿Quién es? ¿Quién es esa niña tan guapa que está en el espejo? -pregunta Carol con Sophia en brazos.
La pequeña se agita y balbucea emocionada, aún no reconoce su reflejo en el espejo, y disfruta interactuando con quien ella cree que es otro bebé.

Carol sonríe con tristeza, ese es el único bebé con el que tendrá relación su niña, porque por desgracia sus recientes amistades aún no tienen hijos.
No sabe que pasará cuando tenga que entrar al colegio, y comience a relacionarse con otros niños, será algo a lo que ella no estará acostumbrada, y teme que sea demasiado tímida para atreverse a hablar con ellos, y pase los recreos sola.

Sophia mira el reflejo y gira para mirar a su madre, para luego volver a mirar al espejo. Juraría que la mujer de enfrente es igual que su mamá.

Llaman a al timbre, y ella grita, mirando emocionada a la bebé del espejo como si quisiera decirle "ahí está mi papá".

Carol abre la puerta, Daryl la saluda con su adorable sonrisa, y Sophia patalea nerviosa, alzando los brazos pidiendo que la coja.
-Hola, Sophia -la saluda besando su naricilla. Ella sonríe con la boca abierta.
Cada vez se parece más a su madre, y eso le encanta.


-Daryl, tengo una pregunta -dice Carol, concentrada en preparar la cena. Daryl la mira interrogante -¿La bechamel es para bañar la lasaña o para que la lasaña se bañe en ella? -pregunta divertida, viendo ese mejunje líquido como el agua.

-¿Qué? -pregunta sin comprender, mirando el cuenco que tiene entre las manos.

-Que eches un poco más de maizena -dice entregándole la bolsa blanca -pero sólo un poco.

-Está bien -susurra echando una cucharada en el cuenco, y lanzando otra cucharada al rostro de Carol sin mirarla.

-¡Daryl! -grita ella, limpiándose rápidamente el polvo blanco de la mejilla con un trapo -¡Que me acabo de bañar! -se queja, echándose a reír al escuchar a Sophia carcajear.

Daryl mira a Sophia, y luego a Carol con sonrisa juguetona.
-No importa, puedes volver a bañarte en mi bechamel -bromea, y no sabe porqué pero esa frase le ha sonado un poco porno.

Se echan a reír, y Sophia sigue partiéndose de risa, abrazada a Pookie y atenta a la escena.

-¿No es demasiada lasaña para nosotros? -pregunta Daryl, volviendo a tomarse en serio la cocina.

-No es sólo para nosotros, tengo que preparar algo para este fin de semana, ya sabes, es la barbacoa de la asociación de caza -explica.

-Ah, ha pasado un año ya -dice fingiendo no acordarse, como si esa fecha no estuviese grabada a fuego en su memoria.

-Sí -susurra ella, mirando a Sophia, que le sonríe en cuanto la mira -Un año... -añade nostálgica. Un año sin sentir lo que es hacer el amor -¿Vas a ir?

-No, ¿Y tú? -pregunta Daryl. Intentando que su mente no busque en los archivos de sus recuerdos aquella noche, en la que se fundieron en uno por última vez.

-Tengo que ir -dice encogiéndose de hombros. No le apetece nada estar allí, rodeada de esas personas, soportando sus comentarios insultantes y sus miradas lascivas, y a eso tenía que añadirle que iba con un bebé al que alimentar y cuidar.

-No tienes que ir si no quieres, no es algo obligatorio -murmura Daryl, que ha notado la resignación en su voz. Sabe de sobra que ella se siente fuera de lugar allí, al igual que él.

Carol hace una mueca que pretendía ser una sonrisa. Que no es obligatorio dice, si él supiera...


39.56° de temperatura, tiene fiebre, le duelen todos los músculos, huesos de su cuerpo y está helada.

-¿Qué coño haces que aún no estás lista? -pregunta Ed molesto -sabes que odio que lleguemos tarde ¡Vístete!-gruñe, lanzándole algo de ropa que ponerse.

-Ed, no puedo ir, de verdad. No tengo fuerzas, tengo fiebre -susurra con voz temblorosa. No quiere discutir, siente un fuerte dolor de cabeza, como si se la taladrasen desde dentro.

-¿Qué mierda dices? ¡Vístete! No pienso ir solo, como un puto divorciado ¡Tú te vienes! -Ladra mirándola con furia.

-Ed, de verdad, me encuentro muy mal. No puedo ir -le repite en un sollozo.

Ed la agarra del cabello para ponerla de pié.
-Vístete, coge la puta niña y subíos al coche de una maldita vez, no lo voy a repetir más. -gruñe con los dientes apretados y el rostro pegado al de Carol.

-No voy a ir, no puedo, y no quiero ir -dice dando un manotazo al brazo de su marido para que la suelte.

-¿Qué no quieres? ¿Desde cuando importa en esta casa lo que quieres? Vístete y vámonos -pero Carol niega -¡SOY TU MARIDO, OBEDECE! -le grita, haciendo llorar a Sophia, que hasta entonces dormía tranquila.

-No -niega, alzándose cuan alta es, una altura ridícula comparada con la de su marido.

-¡Serás zorra! ¡Obedece o será peor! -vuelve a gritar, y Sophia llora más alto.

Carol solloza, y se siente en la cama sin fuerza alguna.
-No pienso ir, Tengo fiebre, escalofríos, mareos y ganas de vomitar, yo...

-¿Ganas de vomitar? Yo te voy a dar ganar de vomitar -amenaza desabrochándose el cinturón.


Daryl observa la barbacoa escondido entre la maleza como un lobo acechando su presa.
Es demasiado temprano, la tierra aún está húmeda por el rocío de la noche. Es un olor que le gusta.
El Sol aún no ha terminado de levantarse, y no es más que una fina línea en el horizonte.
Se encuentra tras el árbol en el que estaba sentado un año atrás, maldiciendo su miserable vida, hasta que Carol se acercó a él y la besó...
No iba a ir, de hecho espera que nadie se entere de que está ahí, pero por alguna razón se ha sentido en la necesidad de acercarse al lugar.
Sólo de pensar que Carol pueda ser acosada por Negan o alguno de esos otros, o su hija insultada y zarandeada mientras llora, hace que se le revuelva el estómago.

Carol aún no ha llegado, por lo pronto sólo están ahí Merle, Gregory, Paula, Molly, y Spencer. Están charlando de tonterías y enfrascados de encender la hoguera para la barbacoa.

Un coche se acerca, es el jeep cherokee de Ed.
-¡Buenos días socio! -saluda Merle, estrechando su mano -¿Dónde te has dejado a tu familia? -pregunta, mirando por encima del hombro de Ed, a ver si siguen en el interior del coche.

Eso le gustaría saber a Daryl ¿Dónde te has dejado a mi familia?

-Carol esta mala con fiebre, y he preferido que se quede en casa descansando -responde, recibiendo halagos por parte de todo el mundo, por lo buen marido que es.

Daryl bufa, ¿eso es ser buen marido? él se habría quedado en casa a cuidar de ella. De hecho, eso es lo que va a hacer.


Llama a la puerta, y escucha a su niña gritar emocionada. Es adorable.

Carol tarda demasiado en abrir, no es normal en ella, aunque estuviese en el piso de arriba, ya debería haber bajado.
Quizás no quiera recibir a nadie, ella cree que él no iba a ir a la barbacoa, por lo que es imposible que se haya enterado que ella está enferma, y por lo tanto sería ridículo pensar que es él el que está tras la puerta.

-¿Carol? -llama, a ver si al escuchar su voz y saber que es él se anima a abrir. Pero no obtiene respuesta.

¿Qué hacer? empieza a preocuparse.

Como una señal divina, llega a su mente la idea de girar el pomo de la puerta, que siempre está cerrado, pero, y si esta vez...

¡Bingo! se abre.

Entra despacio y cierra la puerta tras él, percatándose de que las llaves están puestas por el interior, por lo que es posible que Carol haya desbloqueado la puerta tras marcharse Ed.

-¿Carol? -vuelve a llamar, no obtiene respuesta de ella, pero sí de su niña, que balbucea emocionada desde el salón.

Se acerca a la sala. Sophia está sentada en su hamaca y lo recibe emocionada, agitando sus piernas.
Carol está en el sofá, tumbada de lado en posición fetal y dormida.

-Hey... -la llama, arrodillándose delante de ella -¿Estás bien? -pregunta apartándole el cabello de la cara para ver bien su rostro.

-¿Daryl? ¿Qué haces aquí? -pregunta confusa.

-Fui a la barbacoa y escuché a Ed decir que estabas mala ¿Tienes fiebre? -pregunta llevando la mano a su frente. No entiende mucho, pero está caliente.

-Me he tomado algo hace unos minutos, pero aún no me ha hecho efecto -responde ella, mirándole con los ojos llorosos. ¿Cómo puede ser tan perfecto?

-Vamos, te llevaré a la cama para que descanses, yo cuidaré de Sophia -La intenta coger a peso, pero ella gime de dolor cuando la mueve -¿Te encuentras bien? -pregunta al ver su rostro congelado en un grito silencioso.

-Sí, es sólo que... me mareé cuando iba bajando las escaleras, caí y me hice daño en las costillas -dice, guardándose la mueca de dolor que amenazaba con salir al sentir como Daryl la coloca de pié delante de él.

-Déjame ver -pide, adelantándose a levantarle la camisa.

-¡No! no, estoy bien -lo detiene Carol agarrándolo de la muñeca.

-No seas tonta, déjame ver, puede que tengas algo roto -insiste él, librándose de su agarre y volviendo a intentar ver su vientre. Sabe de sobra lo jodido que puede ser una costilla rota.

-No, Daryl, de verdad, estoy bien -forcejea con él con todas sus fuerzas. No entiende su insistencia, le está diciendo que está bien. Le cuesta retenerlo, parece que tiene ocho manos en vez de dos.

-Estate quieta, sólo quiero ver que... -se queda paralizado cuando consigue levantarle la camisa y ve los golpes en su vientre.

Carol deja de luchar, ¿Para qué? Ya los ha visto.

Daryl acaricia ese magullado vientre con sus dedos. Está lleno de golpes de distinta antigüedad, van desde tonos amarillos hasta morados casi negros, varias quemaduras que sabe muy bien con qué han sido hechas, él fue castigado así muchas veces, y lo peor de todo: la huella de la suela de una bota perfectamente marcada a la altura de sus costillas.
-¿Que te has caido por las escaleras, dices? -pregunta con los ojos llenos de lágrimas de dolor, rabia e impotencia. -¡Mi polla en vinagre! ¡Esto te lo ha hecho Ed! -brama a centímetros de su rostro -¿Desde cuando te pega? -pregunta con voz temblorosa.

Carol intenta hablar, pero la voz no sale, está en shock, el labio le tiembla y lo único que puede hacer es mirarle con los ojos muy abiertos. Acaba de descubrir su más vergonzoso secreto.
-Da... Daryl yo...

-¡¿POR QUÉ COÑO NO ME DIJISTE NADA?! -grita haciendo que Sophia lo mire sorprendida, papá nunca ha hablado así.

Daryl mira a Carol con la mandíbula apretada y expresión tensa, ella lame sus lágrimas que no dejan de brotar y mantiene el llanto encerrado en su pecho que se agita con violencia al intentar retenerlo.

-¿A eso lo llamas amor? ¡¿CÓMO PUEDES ESTAR ENAMORADA DE ÉL?! ¡EL AMOR NO DUELE! -grita con las lágrimas brotando de sus ojos.

La mira unos segundos, esperando que ella responda, pero mantiene la cabeza gacha.
Niega con la cabeza, y marcha de allí dando un portazo tras él.

Y Sophia llora en un llanto desconsolado.


Hola, no me matéis por este capítulo XD, y no crucifiquéis a Daryl antes de tiempo :)

*Debo avisaros que el siguiente capítulo se retrasará porque me voy una semana de vacaciones*

De nuevo, muchas gracias por vuestros comentarios :)