21. Verdades a medias
Carol mira la imagen que le devuelve la pantalla del móvil; es ella, ahí no hay ninguna Virginia. Mira hacia Daryl, y vuelve a mirar la pantalla.
-Me estoy viendo a mí -murmura con timidez, quizás se equivocó y pulsó el botón incorrecto.
-Es lo que pretendo que veas -exhala él, perdiendo toda seguridad que sintió segundos atrás. ¿Por qué no le dijo que cortó con Virginia, y ya está? No, el tenía que desvelar toda la ridícula verdad.
Carol vuelve a mirar la pantalla esperando encontrar algo distinto, pero sigue viéndose a ella ahí reflejada, con los ojos brillantes por el llanto, unas profundas ojeras y el cabello despeinado.
-No... no entiendo, Daryl -murmura sintiéndose estúpida, intentando comprender qué es lo que se le escapa.
Guarda el móvil en un brusco movimiento.
-Virginia nunca existió ¿Vale? Te dije que te quería, y para no quedar como un idiota me la inventé ¿Contenta? -confiesa a la defensiva. Dios, qué imbécil se siente ahora.
Espera unos segundos a que ella se eche a reír, pero las risas nunca llegan.
Carol abre mucho los ojos, procesando lo que le ha dicho.
-Entonces... cuando me dijiste te quiero... ¿Fue a mí? Y... y cuando describiste lo que te gustaba de ella... ¿Me describías a mí? -pregunta con los ojos iluminados y su corazón acelerado a punto de salirse del pecho, todo este tiempo, estos meses, sintiéndose mal por sentir envidia por esa mujer, queriendo ser ella la merecedora de sus te quiero y las palabras amables, y... fue ella en todo momento... ¿Cómo pudo ser tan ciega? Mira a Daryl, por fuera está sosegada, pero por dentro grita haciendo vibrar todas sus entrañas. Quiere abrazarlo fuerte, besarle de nuevo, y no dejarlo ir nunca más.
-Sí, fuiste tú todo este tiempo -asiente sin saber si ha hecho bien... ¿Y si la ha asustado? No quiere alejarla de él porque ella tema hacerle sentir mal por no amarle de la manera que él la ama -Pero tranquila, ya...ya se me pasó, te veo como a una amiga -se apresura en aclarar, antes de que ella lo mire y sonría compadeciéndolo por tener esos sentimientos por ella que jamás serán recíprocos.
-Ya se te paso... -repite en un susurro, como si verbalizándolo fuese a doler menos.
Qué estúpida, ha estado enamorado de ella todo este tiempo y ella sin darse cuenta. Ha perdido la oportunidad, ahora ese barco zarpó y no volverá a pasar por su puerto nunca más, ella es sólo su amiga.
Le gustaría preguntarle qué y cómo hizo para dejar de amarla, porque ella no puede ignorar los sentimientos que tiene por él y duelen tanto que no le sorprende que haya escuchado cómo se le rompió el corazón cuando le confesó su desenamoramiento.
-Vamos a casa ¿Vale? te preparo una tila, te enseño las casas que he estado mirando y hablamos más tranquilamente ¿De acuerdo? -dice con voz suave, apartándole el cabello de la cara y acunando el rostro entre sus manos para besar su frente.
Ella tiembla, y él se ve en la necesidad de abrazarla para hacerle sentir que todo está bien, y que el cerdo de Ed Peletier no va a volver a ponerle una mano encima. Antes tendrá que matarlo a él.
Supone que ese es el motivo de su temblor...
Carol se deja abrazar sintiéndose en casa una vez más, una casa que ella ocupó sin saberlo y de la cual ahora ha perdido la llave para no volver a encontrarla jamás.
Por un momento incluso se olvidó de Ed, en todo lo que podía pensar era en volver a estar en los gentiles brazos del hombre que tanto ama, poder pasear su amor sin tapujos, sin esconderse, porque dentro de poco el apellido Peletier dejará de estar tras su nombre, y será libre de estar con quien ella quiere, de pasear junto a él y su niña, salir a cenar, hacer cosas como una auténtica familia... Pero la ilusión duró poco; Él es sólo su amigo, un amigo que está dispuesta a sacrificarlo todo para que ella esté segura, a pesar de que siente que jamás podrá librarse de las garras de su marido mientras este siga con vida.
Da igual las órdenes de alejamiento, el cambio de hogar, la distancia, podría vivir bajo una piedra que sabe que él la encontrará y llevará a rastras para volver a torturarla hasta el fin de sus días.
Siempre será una sombra que la perseguirá allá dónde vaya, y por mucho que rehaga su vida, encuentre trabajo, sus heridas físicas cicatricen y las psíquicas vayan mejorando, no podrá caminar por la calle tranquila sin pensar "está tras de mí"
Sophia mira a su madre mientras esta la alimenta. Le ha bajado la fiebre, y eso le ha abierto el apetito, a diferencia de a Carol, cuyo estómago está completamente cerrado desde que salieron de los juzgados.
-Te he preparado una tila ¿De verdad no quieres comer nada? -pregunta Daryl preocupado, sentándose junto a ella, y admirando una vez más el íntimo momento que comparten madre e hija.
Carol niega con la cabeza.
-Estoy bien, gracias, sólo necesito descansar un poco -murmura evitando mirarle, centrándose sólo en su bebé.
-¿Te has tomado los calmantes? -pregunta intentando sacar conversación, apenas ha hablado desde que volvieron al coche, y no sabe si es su culpa, si es por Ed o si de verdad está simplemente cansada.
-Sabes que me los tomo tras darle el pecho a Sophia -responde con sequedad.
Daryl frunce el ceño al notar el tono cortante de su voz.
-¿Te encuentras bien de verdad? ¿Tienes fiebre? -pregunta llevando la mano a su frente que se encuentra fría.
Se muerde el labio nervioso, le pasa algo, se lo nota. Y fue a raíz de...
-Hey... lo... lo que dije antes de Virginia... siento haberte mentido sobre ella. Sé que estás molesta por eso, yo... fui un imbécil, perdóname -pide en una súplica.
Carol siente cómo se le encoge el corazón al escuchar su ruego.
Sí, está enfadada con él, pero no por Virginia, sencillamente le duele que haya dejado de amarla, pero... ¿Él qué culpa tiene? Después de todo lo que han pasado... las veces que la ha visto besarse con Ed, el gesto tan feo que tuvo al creer que él reaccionaría igual que su marido al saber que el bebé era una niña, lo mal que le hizo sentir cuando pensó que le iba a pegar cuando rompió el vaso...
Y aún así la amó... fue digna de su amor por un tiempo.
La de veces que Ed le dijo que ningún otro hombre la amaría, que sólo él podría interesarse en ella y... Él la amó.
Ha estado a su lado todo este tiempo aguantando como ella le decía que amaba a otro hombre, dejó de amarla, y en vez de huir le ofrece su amistad ¿Cómo se le ocurre tratarlo así? Es una egoísta.
-No pasa nada Daryl, no hay nada que perdonar, estoy bien, de verdad, sólo necesito descansar -lo tranquiliza haciendo su mayor es fuerzo por sonreírle.
Daryl deja escapar el aire que estaba conteniendo en sus pulmones y le devuelve la sonrisa. Sólo está cansada, es eso y nada más. Por un momento pensó que lo odiaba por mentirle, o que ahora no se sentía cómoda a su lado pensando que una vez la amó...
Si supiera que aún lo hace...
-¿Qué vais a hacer ahora? -pregunta Tara sentándose junto a él en el sofá.
Carol está descansando en la habitación junto a Sophia, y él aprovecha para seguir buscando en el móvil ofertas de viviendas.
-Quiero sacarlas de aquí, alejarlas de cualquier tipejo que conozca Ed, pero la casa de Alabama que estaba en alquiler con opción a compra ya tiene nuevos dueños, y las que encuentro se me van de presupuesto -responde irritado. No ve nada que le convenza, y lo que ve sale por un ojo de la cara.
-No hace falta que te diga que podéis quedaros aquí todo el tiempo que necesitéis ¿Verdad? -dice Tara, que se acerca a él para ver lo que está mirando en el teléfono.
-Lo sé, y te lo agradezco, sé que aquí está a salvo, que nadie vendrá a buscarla, pero no puedo tenerlas encerradas entre cuatro paredes hasta que el capullo de Peletier la palme -agradece, dejando salir su rabia al recordar a ese cerdo maltratador -¡Dios! -farfulla frustrado, frotando sus ojos por la desesperación. Quizás deban quedarse ahí, al menos hasta que Carol esté más independiente, aún necesita ayuda para ciertas cosas, como asearse, por ejemplo, y al menos en casa de Tara siempre habrá alguien o tendrá amigos cerca que la ayuden mientras él está en el trabajo.
-Mira, esta tiene dos habitaciones de matrimonio. Podrás llevarte a Virginia -bromea malévola.
Daryl suspira cansado del temita.
-Se acabó Virginia, ya le dije la verdad -confiesa en un gruñido, pasando a ver la siguiente oferta que la inmobiliaria online le ofrece.
Tara lo mira con la boca abierta. Ya era hora.
-¿De verdad? ¡Ay Dios, se lo dijiste! ¿Y qué pasó? -pregunta emocionada, a la espera de más.
-Nada, le comenté que le dije te quiero y que para no quedar como un idiota me inventé a Virginia, pero que ya no la amo, que la veo como una amiga -explica sin mirarla. Esa oferta de dúplex parece interesante, lástima que esté tan cerca de donde se encuentran ahora.
Tara abre y cierra a la boca varias veces intentando encontrar las palabras con las que describirlo.
-Tú eres gilipollas -escupe al fin.
Daryl la asesina con la mirada.
-¿Qué querías que le dijese? Ella acaba de finalizar una relación, no querrá comenzar otra, y menos conmigo. -gruñe procurando no alzar la voz, no quiere que Carol escuche esa conversación.
-¿Acaso se lo has preguntado? A lo mejor ella quiere algo más y tú la has frenado con tus estúpidas inseguridades. -reprocha ella haciendo aspavientos con los brazos.
-¿Y cómo sé si quiere algo más? ¿Pretendes que se lo pregunte? Si la respuesta es sí pues genial, pero si es no sólo la haré sentirse incómoda -argumenta él haciendo que Tara se paralice unos segundos.
-Pero si no se lo preguntas puede que estéis frenando lo que podría ser una preciosa relación -susurra con sonrisa dulce.
-Y si se lo pregunto y la respuesta es no, puede que la pierda para siempre. No hay más que hablar Tara -sentencia levantándose del sofá.
Daryl despierta al escuchar unos suaves pasos dirigiéndose a él. No es Tara, ella no tiene reparos en correr por la casa mientras el duerme e incluso encender la luz. Tampoco puede ser Sophia, vale que su niña es muy lista y espabilada, pero no llega a tanto. Sólo le queda una opción.
-Hey... -saluda al ver a Carol de pié frente a él, descalza, con su ropa de dormir y su cabello despeinado por el capricho de la noche -¿Estás bien? -pregunta levantándose del sofá.
Carol se limpia una solitaria lágrima.
-Yo... yo... no sé... cada vez que cierro los ojos veo el rostro de Ed sobre mí asfixiándome o... o violándome, y... sé que no está ahí... que es mi mente... soy una estúpida, pero...
-¿Quieres que duerma con vosotras? -interrumpe llevando una mano a su rostro, apenas puede ver su silueta en la oscuridad, pero el temblor de su cuerpo y voz es más que notable. Está aterrada, y le rompe el alma verla así. La abraza y besa el hueco de su cuello, dejando sus labios más tiempo del necesario.
Carol se estremece al sentir un placentero escalofrío por ese contacto.
-Sé que no debería pedírtelo, que no es algo que te guste, pero...
-Vamos -vuelve a interrumpir antes de que siga diciendo tonterías. Que no le gusta... joder, si hasta se siente mal por alegrarse de que tenga esas pesadillas... pero es la única forma que tiene de que ella le permita dormir a su lado, aunque su niña haga de barrera entre ambos.
La agarra de la mano para llevarla hasta la cama. Y se da cuenta de algo.
-¿Y tu alianza? -pregunta. Le ha extrañado no notar el tacto frío y metálico.
Carol se mira su dedo desnudo.
-Lo he tirado, y mi reloj también, no quiero nada que me recuerde a él -confiesa acariciando su muñeca. Echará de menos el reloj, el poder mirar la hora sin tener que preguntar, pero no los recuerdos que lo acompañaban cada vez que lo miraba.
Daryl besa su cabeza, orgulloso de ella.
-Gracias por todo -susurra ella con una sonrisa sincera, y ojos brillantes como si tuviesen luz propia. Apenas puede verla más allá que por la tenue luz de las farolas que se cuelan por los resquicios de la persiana cerrada y contornean su figura con finas hebras doradas. No la ve, pero sabe que está preciosa. Se siente tentado a confesarle toda la verdad, tal y como le recomendó Tara, decirle que le ha vuelto a mentir, que no ha dejado de amarla, que sigue guardándola en su corazón, esperando como un idiota a que ella de el paso para él lanzarse -Te quiero, Daryl, eres un gran amigo - Ahí está ese paso, solo que hacia el lado equivocado. Él pertenece al cajón de amigos, junto a Maggie, Glenn y todos los demás. Le ha vuelto a romper el corazón sin darse cuenta. Es su amigo, solo eso y nada más, tal y como él le dijo, tal y como ella cree.
4 meses y medio
Sophia ha descubierto una nueva consonante: la letra P, y se pasa el día probándola, no dice papá, pero sus conversaciones con ella misma son una retahíla de "papapapapapapapa" que ponen muy nervioso a Daryl, no quiere que ella le diga papá, no quiere que ella lo vea como tal, y por otro lado se muere por escucharla llamarle así...
-¿Qué te parece esta? -pregunta Carol, señalando la fotografía de una casa en alquiler en Florida.
Ella busca en el portátil de Tara y él en su móvil.
Andrea les pidió que no se marchasen de Georgia hasta que la sentencia de divorcio fuera firme, pero aún así han decidido reactivar la búsqueda de viviendas, aunque tenga que estar varios meses pagando un alquiler sin vivir allí aún, no piensa dejar que otro le pise una buena oferta como le pasó con la casa de Alabama.
Carol continúa con dolores al mínimo movimiento, pero está más animada, y desea salir de allí, poder buscar un trabajo, después de seis años apartada a la fuerza del mundo laboral, y así compartir gastos con él.
-No lo sé, la veo muy vieja, mira las humedades del techo... -se fija Daryl.
No pensó que la tarea de buscar casa iba a ser tan complicado, se supone que debería ser algo fácil, dada la cantidad de ofertas y que al buscar en otros estados al arrendador no le suena una alarma roja de peligro cuando escucha el apellido Dixon, pero ninguna le parece suficiente, quiere algo amplio, como la casa de Tara, con espacio para que su niña juegue, con un pequeño jardín, a poder ser, cerca de guarderías y colegios y que no salga muy caro.
Quizás está pidiendo demasiado...
-Pues no veo más casas, Daryl -murmura ella, frotándose los ojos cansada.
Desea marchar de allí, comenzar una nueva vida lejos de Ed y todo lo que le rodea, y mientras a ella todas mas casas le parecen bien, porque no mira más allá de que están a X kilómetros de Georgia, Daryl le pone reparos, por el precio desorbitado para tan pocos metros cuadrados, lo vieja que sea, las habitaciones que tenga... y tiene razón en ello, pero ella sólo desea marchar antes de que sea demasiado tarde, aunque tengan que vivir en una tienda de campaña.
No ha salido de casa desde el juicio, y empieza a pensar que va a tener que encerrarse entre esas cuatro paredes de por vida, por tal de no encontrarse con su exmarido. Qué bien suena esa palabra "exmarido" aún está en proceso de divorcio, pero en unos meses volverá a recuperar su verdadero apellido.
-Dejémoslo para mañana, quizás haya alguna oferta nueva -propone Daryl, distraído mirando su móvil al que le ha llegado un nuevo mensaje de Whatsapp.
Traga saliva.
-¿Qué ocurre? -pregunta Carol al notar la tensión de sus hombros, y ella se inquieta ante la idea de que haya ocurrido algo grave.
-Es... es Andrea, es... es el cumpleaños de Matthew y... nos ha invitado -tartamudea nervioso. Lo ha invitado al cumpleaños de su sobrino. Lo va a conocer en persona, no sabe como sentirse.
Carol le sonríe con dulzura, dejando escapar el aire que estaba conteniendo. Sólo era eso.
-Eso es bueno, Daryl, quiere que formes parte de la vida de tu sobrino -intenta tranquilizarlo, pero el sigue en tensión.
Daryl asiente.
Quiere conocerlo, es parte de su familia, sangre de su sangre, quiere tener relación con él, pero no sabe si está preparado para más mentiras en su vida; Vive con una mujer que se muere por besar y gritar a los cuatro vientos que la ama, pero ella cree que para él no es más que una amiga ; Es padre de una niña preciosa que ama con locura pero que ella lo llamará "tío Daryl" como mucho, y el niño que debería llamarlo tío Daryl posiblemente lo veo sólo como el amigo de su madre.
Su vida es una montaña de mentiras, una encima de otra, que algún día se desmoronará y hará daño a un ser querido, o incluso a él...
-Al agua pequeñaja -anuncia Daryl, metiendo a Sophia en su bañera para prepararla para ir a la fiesta de cumpleaños de quien es su primo mayor, y el único que tiene, o eso cree, conociendo a su hermano...
-¿Está calentita el agua, Sophia? -pregunta introduciendo la mano en la bañera -Está como a ti te gusta ¿Verdad mi niña? -sonríe besando su cabeza, que cada vez tiene más cabello, aunque curiosamente presenta algunas calvas en la zona de la nuca debido a que duerme siempre en la misma postura. Es algo normal según el pediatra, poco a poco le irá saliendo su cabello definitivo y es posible que incluso le cambie de color. No le importa, sólo espera que sus ojos sigan manteniendo ese hermoso azul capaz de hacer perder la noción del tiempo a cualquiera.
Sophia ríe y golpea con fuerza el agua haciéndola salpicar.
-Oye, no hagas eso sinvergüenza -le regaña entre risas Daryl, secándose el rostro mojado.
Sophia ríe a carcajadas, le ha hecho gracia, por lo que vuelve a repetir la acción, salpicando a traición.
-Estate quieta, que mojas a papá -vuelve a regañarle Daryl, sin percatarse de la palabra que inconscientemente se le acaba de escapar.
Le encanta verla divertirse, y que haga sus pequeñas travesuras.
-Papá -repite Sophia mirándole con sonrisa pillina, volviendo a chapotear en el agua, y charlando con ella misma repitiendo "papapapapa" una y otra vez, sin ser consciente de cómo se le ha parado el corazón a su padre.
Papá, lo ha llamado papá, mirándole con sus enormes ojos azules y esa hermosa sonrisa.
Sabe que sólo ha repetido lo que él ha dicho, que aún no es consciente de lo que significa, y que posiblemente le diga papá a cualquiera que pronuncie esa palabra, pero aún así no puede evitar emocionarse como un imbécil.
-Papá... -susurra él, que acaba de descubrir lo hermosa que puede ser esa palabra, dicha por labios correctos.
Está nervioso, muy nervioso, acaba de aparcar la camioneta frente a la puerta de la casa de Andrea, donde una procesión de coches aguardan junto al suyo esperando a sus dueños. Hay mucha gente en esa fiesta.
Aún no han entrado, pero por encima de la verja que delimita el jardín trasero asoman unos coloridos globos, un castillo hinchable, y las risas de felicidad de una docena de niños jugando y que llaman la atención de Sophia.
Está preciosa, vestida con unos leotardos blancos, vestido blanco con pequeñas flores y rebeca malva, que lucha por quitarse. Odia las prendas de manga larga, pero están en otoño y empieza a refrescar, por lo que deberá acostumbrarse le guste o no.
Carol sigue en su línea, vistiendo ropa oscura y ancha con la que difícilmente se puede adivinar el hermoso cuerpo que esconde debajo. No sabe si ese estilo de vestir se lo impuso Ed o es que a ella le gusta vestir así, por lo que no la empuja a cambiar, de todos modos él la ve guapísima.
Él ha optado por unos pantalones vaqueros simple, camiseta blanca y chaqueta de cuero negra, para diversión de Tara que lo ha comparado con John Travolta en Grease.
Llama al timbre y espera ansioso a que le abran la puerta.
Mece a Sophia de un lado a otro, no puede evitar estarse quieto, pero ella disfruta de eso.
-Hola -saluda amigablemente Andrea -¿Qué tal estáis? pasad -los invita a entrar con un movimiento de brazos -¿Dónde te has dejado a Olivia? -bromea acariciando el cuello de la chaqueta de cuero.
Daryl la asesina con la mirada, y mira de soslayo como Carol se muerde el labio para no echarse a reír. Adorable.
-En casa con su novia -responde dando un paso al interior de la casa que es bastante acogedor, amplio e iluminado. Las paredes están decoradas con cuadros, algún espejo y fotografías varias que Daryl no puede evitar observar.
-Se parece a Sophia -susurra al oído de Carol, señalando una fotografía de su sobrino cuando no tendría más de cinco meses.
-Ay Dios, es verdad -sonríe Carol, al ver a ese pequeño que tiene el mismo color rubio de cabello y sonrisa traviesa de Sophia.
Daryl niega con la cabeza, ese es el precioso niño que su hermano ayudó a crear, y del que el muy idiota se desatendió por completo.
-Mirad, ella es Michonne, que ya la conocéis, el pequeño Carl y su padre Rick, un amigo al que estoy ayudando con el tema de su divorcio -los presenta Andrea.
-¿Tienes que sacar el tema de mi divorcio cada vez que me presentes a alguien? -se queja Rick, levantándose de la mesa con su niño en brazos para saludar a las personas que tiene frente a él.
-Es para ver si así te sale novia -se defiende ella -Ellos son Daryl y Carol, también la estoy ayudando con su divorcio -presenta, sin saber que sus dos amigos solteros en potencia ya se conocían con anterioridad.
-¿Te estás divorciando de Ed Peletier? -pregunta Rick tras estrechar la mano de Daryl y darle dos besos a ella.
Carol asiente tímida, esperaba no tener que volver a ver a ese hombre, y darle explicaciones.
-¿Os conocéis? -pregunta Daryl intentando encajar piezas ahí.
Carol vuelve a asentir.
-Es el jefe de Ed, y acudió a la llamada que hizo un vecino denunciando un altercado doméstico en mi casa -explica Carol, guardando el detalle de que ese vecino es Michonne, y sin entender porqué él se ha puesto tan tenso de repente.
-¿Y no hiciste nada? ¿La dejaste ahí sin más? -gruñe Daryl. Ese tío no es más que otro amigo de Ed y actúa en beneficio de ese cerdo.
-Te equivocas, Daryl, él intentó ayudar, e incluso vino a verme mientras Ed trabajaba, pero yo le mentí y cerré la puerta -Lo defiende, terminando la frase en un susurro culpable.
Daryl mira a Rick en una silenciosa disculpa y estrecha a Carol contra él para hacerle saber que todo está bien.
¿Así que esa fue la extraña visita que recibieron poco tiempo atrás? Si hubiese estado más cerca de la puerta quizás podría haberse enterado de todo lo que ha pasado Carol y ayudarla mucho antes.
-Daryl, ven aquí, ye voy a presentar a alguien -lo arrastra Andrea alredededor de la fiesta, agarrando de un pellizco la manga de su holgada chaqueta, sabe que no le gusta que le toquen.
Se detiene frente al castillo hinchable.
-¡Matthew, cariño, ven aquí! -llama a su hijo, intentando localizarlo entre todas las cabezas que saltan en esa atracción.
Daryl siente las manos sudadas, va a presentarle a su sobrino, al fin lo va a conocer, y no sabe que hacer o como reaccionar.
Mira hacia Carol, que le sonríe desde la distancia.
Deja de respirar cuando ve a un niño acercarse, un jovencito idéntico al de la fotografía que tiene Andrea en su despacho.
Se detiene frente a él.
-Mira hijo, este es tu tío Daryl, ¿Ya te hablé de él, recuerdas? -lo presenta, dándole un suave empujón en la espalda para que se acerque más al desconocido, no tan desconocido, que tiene frente a él.
¿Su tío? ¿Lo ha presentado como su tío? No se esperaba eso, esperaba alguna mentira o verdad a medias, ¿Pero eso? No entiende nada, y necesita que Andrea le explique.
-Ah sí, que se perdió en el bosque de niño y acabó con el culo irritado porque se lo limpió con unas malas hierbas -recuerda él, haciendo reír a su madre, tantas cosas que le ha contado sobre él y eso es lo primero que le ha venido a la mente -Encantado de conocerte, tío Daryl -saluda extendiendo la mano.
Daryl se la estrecha automáticamente. Hace unas horas su niña lo llamó papá y ahora es "tío Daryl". Demasiado bonito para ser verdad...
-Igualmente -murmura sin voz alguna y sin saber qué más decir.
Por suerte Sophia lo saca del aprieto dando uno de sus gritos de emoción al ver el castillo y niños saltando en él. Patalea nerviosa queriendo imitar los saltos.
-¿Es tu hija? -pregunta Matthew acariciando el brazo de Sophia, que le sonríe como suele hacer siempre cuando alguien se dirige a ella.
Le gustaría decir que sí, que es su hija, y por ende su prima, que se parece muchísimo a él de pequeño, que no entiende como Andrea no se ha dado cuenta de ello, pero debe mentir, no quiere mentir, pero debe hacerlo.
-Ella...
-Ella es Sophia, y es como su hija, así que considerala tu prima pequeña -interrumpe Andrea, que no termina de comprender lo que hay entre Carol y él, pero a la vista está que adora a esa niña y la mujer que es su madre.
-Vale -acepta Matthew antes de echar a correr para volver con los otros niños.
Daryl lo ve marchar.
-Le has hablado de mí... -murmura mirándola a los ojos aún sin creérselo.
Andrea se encoge de hombros.
-Nunca le he mentido en lo que a su familia paterna se refiere. Sabe que eres el hermano de su padre, que te gusta cazar con una ballesta, hacer tus propias trampas, el mundo del motor y le he contado anécdotas sobre nuestras escapadas para ir a pescar y eso, pero él se ha quedado solo con la historia del día que te perdiste -sonríe ella.
Daryl asiente lamiéndose el labio, masticando la pregunta que va a hacer.
-¿Y qué sabe de mi hermano? -formula finalmente, sin saber porqué le interesa tanto.
Andrea suspira ruidosamente.
-Sabe que su padre se llama Merle Dixon, y al igual que contigo, le he contado anécdotas de nuestra relación, la parte bonita al menos, que le gusta la caza, pesca y todo lo que tenga que ver con coches y motos -responde con total naturalidad, sin poder esconder su sonrisa. Merle y Daryl son tan parecidos en gustos, pero tan distintos en la forma de ser...
-Y... ¿Nunca te ha dicho de conocerlo, o preguntado dónde está? -pregunta fijándose en ese niño de diez años que salta, juega feliz y despreocupado.
-Sólo le he dicho que es un hombre ocupado y que cuando tenga tiempo vendrá a verlo, tampoco es algo que le afecte mucho, por ahora es feliz sin una figura paterna presente. Ya ves, tú eres su hermano, y ni se ha molestado en preguntarte por su padre.
Puede que, cuando llegue a la adolescencia y esté en su etapa rebelde, diga de conocerlo e irse a vivir con él, y será entonces cuando le tenga que confesar que su padre nunca quiso que naciera, y por eso me alejé de él -responde mirando hacia el horizonte con melancolía. Merle siempre fue un idiota, tenía su punto divertido y a veces tierno que la enamoró, pero el resto del tiempo era un niñato inmaduro viviendo a la sombra de su padre, riéndole las gracias y obedeciendo todo lo que le dijese sin importarle nada más. Si el le decía "esa zorra debe abortar" allá iba él a hacer cumplir sus órdenes. Menos mal que ella no obedeció.
Daryl siempre fue distinto, cuando lo conoció era un niño dulce y tímido, tenía buen corazón, pero a la mínima que alguien le insultaba perdía los nervios y solucionaba las cosas a golpes.
Le gustaba recibir el cariño de la gente, no el físico, jamás se dejó tocar, pero le gustaba que reconociesen sus logros, que lo felicitasen... y Andrea lo hacía siempre que podía, sólo por ver a ese niño duro sonrojarse y sonreír, porque si por su padre fuera sólo habría recibido golpes.
Siempre estaba junto a su hermano, lo admiraba, pero Merle nunca fue una figura digna de admirar. Sabía que tarde o temprano llevaría a su hermano pequeño por el mal camino, y eso no tardó en pasar; Sus trapicheos con la droga utilizando a Daryl como un intermediario entre él y el comprador hicieron que el pequeño de los Dixon pasase de ser el camello a ser el consumidor. Lo destrozó pero, para alegría de ella, ahí está él: vivo, sano, todo un hombre hecho y derecho que mima a esa pequeña como si fuese suya, dándole todo el cariño que su padre le negó.
Ojalá Merle hubiese tenido esa determinación...
Carol observa a Daryl con Andrea y su hijo Matthew.
Sonríe, sabe que estaba deseando conocerlo, pero a la vez le aterraba, le agrada ver que el niño lo ha aceptado con total naturalidad. Es lo bueno de los niños.
-¿Qué tiempo tiene? -pregunta a Rick, mirando hacia su hijo que camina torpemente intentando alcanzar las cosas de las mesas.
-1 año y 3 meses -responde él, apresurándose a cogerlo en brazos antes de que tire del mantel y forme un estropicio -Desde que ha aprendido a andar debo tener veinte ojos puestos en él -bromea con voz cansada, haciéndole cosquillas al pequeño que tiene en sus brazos.
Carol se echa a reír.
-Sophia era inquieta incluso antes de nacer, menudas patadas daba -sonríe al recordar, llevando la mano a su vientre vacío, sintiendo un poco de nostalgia -no quiero ni imaginar lo que pasará el día que eche a andar -niega con la cabeza mirando hacia ella, que está cómodamente sentada sobre el brazo de su padre, mirándolo todo con ojos curiosos. Es una muñeca.
Vuelve a mirar hacia Rick, que no sabe como hacer que su hijo se esté quieto.
-Señor Grimes, yo... siento mucho haberle mentido. Mi marido...
-No se disculpe, no eres la primera y, por desgracia, no serás la última mujer que encubre a su maltratador -interrumpe restándole importancia para que no se atosigue más -Y por favor, llámame Rick -pide con sonrisa amistosa.
Carol asiente sonriente.
-¿La puedo coger? -pregunta Michonne acercándose a Daryl, que sigue mirando embobado a su sobrino. Aún no se cree que sea tío. ¡Qué idiotez! Aún no se cree que sea padre!
-Si se quiere ir contigo... -responde girando a Sophia hacia Michonne, que le hace gesto con las manos para que se vaya con ella, a lo que la niña responde sonriendo y echándole los brazos -Esta sinvergüenza se va con todo el mundo, no extraña a nadie -bromea sonriente, orgulloso de que su niña sea tan sociable.
-Eso es bueno, Sophia ha tenido suerte -comenta Michonne, alzando a la pequeña en sus brazos que la mira curiosa intentando averiguar porqué tiene ese pelo tan raro.
-¿Por qué? -pregunta Daryl, dándose cuenta de que Carol está hablando con Rick Grimes. Llevan demasiado tiempo charlando, y aunque le gusta verla interactuar con otras personas no puede controlar el dolor que siente al pensar que ese hombre pueda ser quien ella elija como pareja.
-La mayoría de los niños cuyas madres son víctimas de violencia de género suelen tener bastantes problemas sociales, pero ella es muy pequeña y no recordará nada de lo que sus inocentes ojos han visto -responde haciendo una mueca de dolor cuando Sophia alcanza una de sus rastas y tira de ella emocionada.
-¿Qué clase de problemas sociales? -Pregunta curioso, frenando el avance de Sophia, que intenta llevarse el cabello de esa mujer a la boca. Todo se lo lleva a la boca.
-Baja autoestima, fobia social, desconfianza... he tenido que tratar con niños que llevaban toda la vida sin hablar, otros que se autolesionaban, algunos no se dejaban tocar, y...
-¿Por qué no se dejaban tocar? -interrumpe Daryl, precipitándose en hacer la pregunta, esperanzado en que ella le de un diagnóstico.
Michonne entrecierra los ojos un instante, intentando averiguar porqué su pregunta ha salido con tanta fuerza.
-Cuando su progenitor ha ejercido violencia física sobre él o ha abusado, el niño se vuelve reacio al contacto humano, desconfía de todo aquel que le rodea, y por mucho que él llegue a amar a una persona algo dentro de él le impide que confíe del todo, como un perro que ha sido abandonado y apaleado, al que tú das de comer, pero aún así huye de ti.
Algunos llegan a mí en un estado psicológico que te parte el alma; al mínimo intento de contacto gritan, patalean, lloran, e incluso se hacen sus necesidades encima del pánico que sienten.
-¿Y cómo los ayudas? -pregunta queriendo encontrar una cura a su mal.
-La gente los ve así y ya dicen "no tienen solución", Cuando se trata de niños todo es más fácil de lo que piensas -sonríe pensativa -Tuve el caso de un niño de 6 años, venía de un ambiente de maltrato constante, y acababa de ser adoptado por una pareja que ya no sabía que hacer con él para que aceptase el contacto humano.
Era muy inteligente, hablaba correctamente, y le gustaba mucho jugar, así que aproveché eso, cogí unas pegatinas de colores y formas geométricas, le pedí a sus padres que se las pegasen por todo el brazo, y le fui pidiendo al niño que pusiera el dedo sobre ellas "cuadrado rojo" "Triángulo azul" y así, hasta que decidí cambiar las tornas y fuese él quien colocase las pegatinas sobre su propia mano y le dijese a sus padres qué forma debían tocar. Primero fue solo la mano, luego el brazo, y finalmente la cara. Él ni se daba cuenta de que estaba siendo tocado. Poco a poco esos breves toques fueron a más y... sólo te diré que la última vez que lo vi me despedí de él dándole un abrazo.
Daryl sonríe. Se alegra por ese niño, y ojalá él hubiese recibido terapia a esa edad, pero ahora... ¿Cómo coño va a pegarse pegatinas en la cara y pedirle a Carol que lo toque. Dios, ¡Es ridículo! Sólo de imaginarse la escena siente vergüenza.
Mira hacia Carol, hablando con es hombre y sonriendo, eso es lo que ella merece, un hombre al que pueda abrazar, besar y tocar cuando quiera y/o necesita. No él, un ser defectuoso incapaz de tolerar el contacto humano.
Le encantaría no sentir ese pánico cuando ella lo toca, poder relajarse bajo su tacto, y que le pueda devolver el abrazo y las caricias que él le da, pero... es imposible, y de todos modos ¿Qué más da? Son sólo amigos, no van a hacer el amor, no van a dormir acurrucados, no van a pasear abrazados por el parque... no es necesario ese contacto entre ellos.
-No te preocupes, que puedo asegurarte que Sophia no va a tener problema alguno -intenta tranquilizarlo al notar su preocupación. No entiende muy bien el cariño que le tiene a la pequeña, supone que tiene una estrecha amistad con Carol, y que tanto tiempo apoyándola ha hecho que trate a Sophia casi como a una niña.
-Papá -interrumpe Sophia, que al momento añade más "pa" de la cuenta a esa frase.
-Pero bueno... ¿Ya hablas tú? -pregunta con voz aguda Michonne, haciéndola reír.
Daryl sonríe distrayéndose de sus pensamientos.
-Sí, dice muchas cosas en ese idioma Klingon que ella utiliza la mayoría del tiempo. Carol le habla mucho, supongo que por eso es tan charlatana -responde por Sophia.
-¿Mamá te habla mucho a ti? ¿Sí? ¿Qué más cosas sabes decir tú? -pregunta arrancándolo una enorme sonrisa de boca abierta a Sophia, le encanta que le hablen así.
Daryl la mira con amor. A su niña no le quedará secuela alguna de la experiencia vivida con el que creía su padre. Ahora sólo debe luchar y controlar su genio para no ser él quien le cree un trauma.
-Matthew es precioso -comenta Carol, pasando las hojas del álbum de fotos que Andrea le está mostrando. Dios, en algunas incluso lo podría confundir con Sophia.
-Sí, me tiene loca -comenta con sonrisa amorosa -Hey, ¿Quiéres ver algo? -pregunta sacando un viejo álbum y abriéndolo.
-Oh Dios, ¿Ese es Daryl? -pregunta Carol, señalando hacia un niño de cabello rubio despeinado y rodillas despellejadas mirando a la cámara con expresión hosca.
-Sí, esto fue un día de pesca, se resbaló por las piedras y se hizo polvo las rodillas. Se pasó toda la tarde enfadado con su hermano, culpándole de haberle empujado. Siempre fue un gruñón cabezota -recuerda ella, acariciando la fotografía amarillenta.
-Me empujó -sigue insistiendo Daryl dieciocho años después.
Carol se sobresalta al oír su voz a su espalda y él no puede contener la risa.
-Lo siento -se disculpa besando su cabeza -pero es verdad que me empujó.
Sophia se emociona al ver a su madre y echa los brazos hacia ella.
-¿Echabas de menos a mamá, preciosa? -pregunta Andrea viendo como busca a Carol.
-¿Ella? esta señorita no echa de menos a nadie, lo que le pasa que es su hora de comer -ríe Carol al ver como Sophia busca el pecho y gruñe porque aún está tapado por la camisa.
-Hablando de comer... -dice Daryl, acercándole a Carol un pequeño bocadillo de filete de pollo -Y mira, tienen salsa picante, de la que a ti te gusta -anuncia vertiendo el contenido rojo sobre el filete.
-Daryl, para, ya está, ya vale, ya es suficiente ¡Daryl! -lo detiene cuando ve que el bocadillo es más salsa que otra cosa.
-¿Qué? aprovecha ahora que Sophia no puede darte patadas desde dentro -bromea sentándose junto a ella.
Andrea sonríe.
-¿Cómo os conocisteis? -pregunta curiosa intentando comprender esa extraña relación que tienen.
Carol y Daryl se miran. Están ante una abogada y no han preparado su coartada.
-En la barbacoa anual del club de caza -se precipita Carol en hablar -Fui allí con mi marido, Daryl estaba con su padre y hermano, todos se emborracharon, yo no tenía a nadie con quien hablar, él se me acercó a darme una flor que se me cayó sin darme cuenta y... pues... a partir de ahí... -explica nerviosa casi sin coger aire. No todo lo que ha dicho es mentira...
Daryl la mira estupefacto.
-Sí, así es -corrobora él, agarrando un vaso de refresco para fingir beber por si tiene otra pregunta. Carol ha estado rápida, no sabe si él puede llegar a ese nivel.
-¿Es una nena? -escuchan una voz infantil justo al lado de Carol.
El pequeño Carl está acariciando los zapatos malva de Sophia.
-Sí, es una nena -responde sonriente Carol, compartiendo una mirada con Daryl. Quizás sin entablan amistad con Rick Grimes su niña pueda tener un amigo casi de su misma edad. Socializa con muchos adultos, pero con niños...
-¿Se llama? -pregunta haciendo uso de su escaso vocabulario.
-Sophia -responde Carol mirando hacia su pequeña glotona.
-¿Phia? -intenta repetir el pequeño Carl.
-Más o menos -interrumpe Rick cogiendo a su hijo en brazos -Deja a la nena comer tranquila y tómate tu almuerzo de una vez -dice llevándolo hacia la mesa en la que estaba sentado.
-¿Señor Grimes? -escucha una voz tras él. Se gira, se trata de Michonne, la mujer que ha centrado su atención todo este tiempo.
-¿Sí? -se dirige a ella notando como le falta la voz.
-Sé que es usted el policía que acudió a mi llamada cuando denuncié el altercado doméstico en casa de Ed peletier -revela llamando, más aún, la atención de Rick -Como sabrás, el señor Peletier tiene una orden de alejamiento respecto a su mujer -continúa hablando consiguiendo que Rick se centre sólo en ella -Yo soy su vecina, y llevo dos día sin verlo aparecer por casa. No sé si usted puede hacer algo, pero...
-Sí, investigaré eso -interrumpe, ahora que Carol ha dado el paso no puede permitir que su libertad se vea frustrada por los caprichos de su marido. Por desgracia sabe como funciona la mente de un maltratador, y ha escuchado más de una vez la frase de "si no es mía no será de nadie"...
-¡Ya estoy en casa! -anuncia Daryl entrando por la puerta tras un duro día de trabajo.
Sophia grita emocionada, y él sonríe, le encanta que lo reciba así.
Camina hasta el salón, de donde proviene su voz.
-¿Pero qué? ¿Qué le has hecho a mi hija? -pregunta Daryl al ver a Sophia disfrazada de avispa.
-¡Es Halloween! -informa Tara -Hay una función de marionetas en la plaza, y Carol nos ha dado permiso para que la llevemos.
-¿Y tú de qué vas disfrazada? -pregunta mirándola de arriba abajo, viste una ropa de diario normal y corriente
-¿Yo? -se mira -De hetero -bromea.
-Puf -bufa él, y vuelve a mirar a su niña -Pero... ¿de avispa? ¿No había otra cosa? ¡eso no da miedo! -Gruñe cruzándose de brazos.
-¿Cómo que no? Es una avispa asesina -replica, dándole la vuelta a Sophia para mostrar su "temible" aguijón.
-Ay que picas a papá, que le picas -canturrea Tara, acercando el trasero de Sophia al brazo de Daryl.
La pequeña ríe a carcajadas.
-Muy graciosa -murmura cogiendo en brazos a la terrorífica avispa que le sonríe haciendo balancear esas antenas sobre su cabeza. Se muere de amor. Está adorable.
-Está bien, pero primero déjame que le haga una foto antes de que salga a sembrar el pánico -pide, haciéndole cosquillas, ganándose otra de sus adorables carcajadas.
Tara marcha de casa justo en el momento en el que Andrea estaba a punto de llamar a la puerta.
-¿Andrea? -pregunta Daryl extrañado de verla allí.
-Hola Daryl, dónde está Carol, tenemos que hablar -informa con voz apresurada.
-¿Qué ha pasado, Andrea? No me asustes -pregunta Carol con voz temblorosa, retirándose el delantal.
-He recibido una llamada del abogado de Ed Peletier, va a solicitar la custodia de Sophia.
Carol palidece sintiendo una fuerte presión en el pecho que la obliga a sentarse.
-¿Pero qué mierda? ¡Tiene una orden de alejamiento! -vocifera Daryl, y agradece que su niña no esté presente en este momento.
-Una orden de alejamiento respecto a Carol, pero no de Sophia -aclara -Es muy difícil se la otorguen, y más siendo Sophia tan dependiente aún, pero podemos ir negociando un plan de visitas, que la tenga fines de semanas alternos... hay muchas alternativas a esto, también po...
-No lo entiendes, Andrea -interrumpe Carol -Él no quiere a Sophia, no le importa, nunca se ha preocupado por ella, sólo la quiere para hacerme daño a mí, porque sabe que mientras ella esté con él yo estaré en un sinvivir y... y sé de lo que puede ser capaz -solloza Carol llevando sus manos a su acelerado corazón.
Esto no puede estar pasando. Ed sería capaz de matar a su niña por tal de verla sufrir.
Daryl acaricia su brazo intentando calmarla. No piensa dejar que se la lleve. Le prometió que Ed no volvería a hacerles daño, y cumplirá su palabra.
-Lo sé, pero la justicia es así, él es su padre y consideran que tienen derecho a ve...
-¿Y si él no es el padre? -pregunta Daryl con voz firme, mirando hacia Carol que no puede creer lo que está a punto de hacer.
-Pues tendríamos que... -abre mucho los ojos. Ahora lo entiende todo -¡Ay Dios, tú eres el padre! -exclama sin poder ocultar su sonrisa -Por eso le veía tanto parecido a Sophia con Matthew, y eres tan atento con ella, ¿pero cómo... -pregunta señalando a ambos.
-Si tengo que explicarte como se hacen los niños mal vamos -masculla Daryl, cruzándose de brazos.
-Esa noche en la barbacoa anual del club de caza -murmura Carol con timidez -No estamos juntos ni nada, fue solo... ya sabes... pero desde el principio del embarazo estuvo a nuestro lado, e incluso estuvo presente en el parto -confiesa mirando a Daryl con sonrisa agradecida.
Andrea sonríe.
-Tu hermano ya podría aprender de ti -dice un poco dolida -Bien... -carraspea despejando sus emociones -Si estás dispuesto a reconocer a la niña como tuya debemos interponer una demanda de impugnación y reclamación de filiación ante el juzgado de familia. Una vez interpuesta se solicitará la práctica de la prueba de ADN, a ambos posibles progenitores, y sabremos los resultados mediante un juicio.
-¿Cuanto durará eso? -pregunta Carol temiendo las represalias que tomará Ed contra ella al conocer que le engañó, y encima con Daryl Dixon.
-Meses -responde Andrea -pero mientras la paternidad de Sophia no esté asegurada sólo tú tendrás la guardia y custodia hasta nueva orden -la tranquiliza.
Carol sonríe a Daryl, que la estrecha contra él para calmar sus nervios.
-¿Y luego? -pregunta Daryl.
-Puede pasar dos cosas: Ed no podrá solicitar la custodia de Sophia, pero igualmente puede solicitar verla, pero para ello deberá demostrar que su presencia es algo que hace bien a la niña, o puede que se desentienda de ella y te reclame que devuelvas todo el dinero que él ha invertido en la crianza de tu hija -informa.
-Puf, él no ha invertido una mierda, pero que reclame lo que quiera, que con gusto pagaré si así mantengo a mi hija alejada de él -gruñe Daryl sintiéndose extrañamente tranquilo. Va a reconocer legalmente a su niña, en el libro de familia aparecerá su nombre junto a la palabra padre. Sólo espera que pueda llevar el apellido de Carol y no el de él.
-Muy bien, pues redactaré la demanda y pronto tendréis noticias de mí -dice levantándose del sofá, dispuesta a marcharse de allí -Nos vemos pronto, familia -se despide dándoles la espalda.
Carol mira a Daryl sonriente y apoya la cabeza en su pecho esperando ser abrazada.
-Gracias -susurra sintiendo como la estrecha más contra él -¿Dejarás que Sophia te llame papá ahora? -pregunta alzando la vista.
Daryl se muerde el labio y asiente. No le gusta que todo el mundo sepa que es su hija, no quiere perjudicarla, pero sería aún peor si dejase que el cerdo de Peletier la tuviese entre sus garras. A saber lo que sería capaz de hacerle.
Y de todos modos, van a marchar de allí, aún no sabe el destino, pero será un lugar donde nadie los conozca, y pueda ganarse la reputación que merece.
5 meses
A Sophia le ha dado por hacer una especie de sentadillas; cada vez que la ponen de pie flexiona y estira las piernas sin descanso. Según el pediatra no es malo, esos movimientos harán que fortalezca los músculos de las piernas y le ayudará a la hora de comenzar a gatear o caminar. No sabe cuando hará lo segundo, pero lo primero... se mantiene largo rato en la posición de gateo, pero no avanza, sólo se queda quieta y cuando se cansa se deja caer.
Por lo demás su vocabulario Klingon sigue extendiéndose, lo único que dice claro es papá, que lo repite una y otra vez sin descanso.
El pediatra les ha dicho que ya pueden introducirle otros alimentos si lo desean, pero Sophia se niega a comer la papilla, y la escupe llorando, echando los brazos hacia su madre, pidiendo que le de el pecho, por lo que han decidido esperar un poco más, de todos modos la OMS recomienda la lactancia exclusiva hasta el sexto mes.
-Vale, ahora toca... los yogures -informa Daryl empujando el carrito de la compra en el que Sophia va sentada.
Carol se mantiene pegada a él mirando hacia todos lados, sintiendo como si decenas de ojos la observasen y murmurasen a sus espaldas.
Es la primera vez que va de compras desde que se alejó de Ed, y se siente de lo más insegura. Como el ratón que sale de su escondrijo y cruza el salón mirándolo todo, atento a que el gato asome los bigotes por algún lado.
-Hey... -la llama Daryl estrechándola contra él -Todo está bien, estamos en la otra punta de Georgia, nadie te conocerá a no ser que les digas tu nombre -la tranquiliza Daryl, que sabe de sobra en lo que está pensando.
Carol asiente, y mira la lista que Daryl le dio, intentando despejar su mente de esos pensamientos.
Revisa cada estante de fríos, en busca de todo lo que hay en ese trozo de papel, como lleva haciendo con Ed todos estos años.
Sophia se emociona al ver unas botellas grandes de yogur líquido cuyo envase tiene llamativos colores y el dibujo de un dinosaurio. Intenta alcanzarlos con la mano.
-Eso no mi amor, no está en la lista -la detiene Carol volviendo a leer el papel.
Daryl frunce el ceño.
-¿Estás cogiendo solo lo que está en la lista? -pregunta mirando hacia el carro. Ha estado tan pendiente de la gente de su alrededor por si alguno era Ed que ni se ha fijado en lo que ha ido comprando Carol.
Mira a su alrededor como si la pregunta no fuera con ella.
-Es lo que siempre he hecho con Ed -asiente tímida.
Daryl sonríe.
-La lista es solo orientativa para que no se me olvide nada, pero puedes coger lo que quieras y necesites -explica Daryl agarrando esos yogures y entregándoselos a Sophia.
-Sabes que la estas consintiendo ¿verdad? -sonríe Carol viendo como su hija muerde el enorme tapón del yogur líquido que ni siquiera le cabe en la boca.
-Sí, y a ti también -dice él añadiendo un par de natillas de chocolate al carro de la compra -Esto tampoco está en la lista, pero como sé que te gusta... -se encoge de hombros mirándola sonriente.
Carol se sonroja y le da la espalda para continuar con la compra.
Lleva un mes alejada de Ed, sus costillas aún duelen, pero la mayoría de los moretones ya se han ido, y ahora, el sonido de unas llaves en el ojal de la puerta ya no le producen escalofríos, al contrario, le arranca una sonrisa porque sabe que tras ese sonido está Daryl, Tara, o algún otro ser querido.
Ed sólo está presente en sus sueños, que ironía; antes esa era el único sitio donde él no podía entrar, y ahora es el único sitio donde está presente, pero por suerte de las pesadillas puede despertar, y con sólo girar la cabeza puede encontrarse con el más hermoso de los querubines, durmiendo al lado de su ángel guardián.
-Papá -dice Sophia mirando hacia la botella que tiene entre sus manos.
-No, eso es un yogur -corrige Daryl -Yooo ggguuurrr ¿Sabes decirlo? -pregunta enfatizando cada letra.
Sophia le mira un momento y le sonríe.
-Papá -vuelve a repetir mirando su yogur.
-Eso no es papá, yo soy papá -vuelve a corregir Daryl, que ahora que no tiene que esconder que él es el padre sólo quiere que esa palabra se dirija a él -Dime papá -pide haciendo contacto visual con Sophia.
-Papá -dice mirándole sonriente.
-¡Muy bien, mi niña! -la felicita besando su cabeza.
Aún recuerda cuando meses atrás se maldecía porque ella llamaría papá a otro, y ahora...
-Papá -repite Sophia volviendo a mirar el yogur. Bueno, por lo pronto sí que llama papá a otro, llama papá a todo, pero tarde o temprano sólo se lo dirá solo a él...
-¿Falta algo más? -pregunta Daryl cuando Carol vuelve con las bolsas de verdura congelada.
Le hace gracia lo roja que se le pone la nariz al mínimo contacto con el frío.
Carol niega en un leve movimiento evitando mirarle.
-Mentira, te conozco, ¿Qué más falta? ¿Qué quieres? -pregunta, lleva tanto tiempo a su lado que ha aprendido a leer cada gesto que hace. Ella no responde -Dime lo que quieres o lleno el carro con cada artículo que hay en venta -amenaza él, haciéndola sonreír. Le encanta verla sonreír, y últimamente lo hace muy a menudo.
-Ya está llegando los días fríos, y... Sophia necesita ropa para ese tiempo -responde con timidez, no quiere que se gaste dinero en ellas, pero es cierto que Sophia necesita ropa de invierno, aunque odie las mangas largas.
-Pues vamos a la sección de bebé a ver que le compramos a esta señorita -dice animado, redirigiendo el carro. Le encanta comprar cosas para su niña. Necesita ropa térmica para pasar el invierno, zapatos, quizás una bufando y gorro de lana. Dios, debe de estar adorable entre tantas capas de ropa.
Carol sonríe orgullosa de que Sophia tenga un padre tan maravillo, que se preocupa por ella y la mime, es lo que merece; vivir en un hogar donde la colmen de amor y llenen su mente de buenos recuerdos.
Daryl aparca el coche en la puerta de casa, ha sido un largo camino en carretera, pero Sophia lo ha llevado bien, quedándose dormida durante el trayecto y despertando al llegar.
Ha merecido la pena.
Detiene el motor del coche y mira a Carol, que juega con sus manos.
-Lo he pasado muy bien, Daryl -dice sonriendo pero sin mirarle.
-Sólo hemos ido a comprar -murmura quitándole el cinturón de seguridad para que salga del coche.
-Ya... pero no sé... hoy es mi cumpleaños y... creo que es el mejor cumpleaños que he pasado en años -confiesa -Ridículo ¿Verdad? -sonríe mirándolo con timidez.
La mira con ternura.
-No, no es ridículo -le dice con voz suave -Vamos, que se van a echar a perder los congelados -la anima a salir, palmeando su pierna.
Daryl saca a Sophia de su silla, para alegría de ella que patalea nerviosa queriendo estar libre de ataduras.
Agarra un par de de bolsas del maletero.
-Hey, ¿Qué haces? Ni se te ocurra cargar eso -regaña a Carol al verla intentar coger el pack de latas de refresco -El médico te dijo que no cogieras peso. Mejor abre la puerta y ve guardando la compra mientras yo descargo.
-Está bien -acepta Carol cogiendo las llaves que él le ofrece. Odia que no la deje ayudar, y a la vez sabe que si carga peso lo lamentará más adelante.
Camina hacia la puerta seguida de él, que va cargando con todo, incluida Sophia, que se empeña en sacar cosas de la bolsa que tiene a su alcance.
Gira la llave, abre y...
-¡FELIZ CUMPLEAÑOS! -gritan al unísono todos los del interior: Tara, Denise, Glenn, Maggie, Sasha, Abraham, Rosita, Andrea, Matthew, Michonne, Rick y Carl. Todas las personas que han ido conociendo a lo largo de este año y que se han ganado su merecido lugar en su vida.
Sophia rompe a carcajadas al momento, feliz de ver tanta gente allí reunida y tantos globos y colorines.
El rostro de Carol cambia de expresión varias veces. No sabe que hacer, qué decir, el labio le tiembla y se siente estúpidamente emocionada.
Mira a Daryl.
-¿Qué? ¿Pensabas que me había olvidado de tu cumpleaños? -pregunta sonriente al ver su expresión perpleja y sus ojos brillantes por la emoción.
No sabía que hacer para sacarla de casa durante un par de horas, por lo que la excusa de ir a comprar al centro comercial del otro lado de la ciudad para no encontrarse con conocidos le pareció perfecta. Ella no sospechó en ningún momento. Supone que porque no está familiarizada con las fiestas, y él tampoco, pero por suerte esa panda de adorables idiotas que tienen por amigos sí.
-¿Es para mí? -pregunta. Aún no se lo cree. Lleva tantos años sin celebrar un cumpleaños de verdad, sin tener que preparar su propia tarta, y estando rodeada de sus propios amigos...
Carol no recibe respuesta, en su lugar es colmada de abrazos, besos, felicitaciones y achuchones con más fuerza de lo normal que la dejan son aire, pero por suerte Daryl se encarga de recordarles sus costillas rotas.
Se gira hacia Daryl que está esperando a que se acerque para así poder abrazarla.
Ella estrecha contra su pecho para dejarse abrazar, sintiendo como las lágrimas acuden a sus ojos, empapando la camisa de él, y Sophia aprovecha para alcanzar un mechón de su cabello y tirar de él para llevárselo a la boca.
-Te mereces esto -le susurra besando su sien.
"Te mereces esto" ¿Cuántas veces ha escuchado esa frase en boca de su marido? cientos de veces ¿Cuantas veces ha sido por algo bueno? Nunca, siempre han sido castigos que ella aceptaba sin rechistar creyéndose merecedora de ellos.
Michonne no pierde detalle. Así que a eso venían sus preguntas en el cumpleaños de Matthew y su interés por los niños con problemas ante el contacto.
Él no se deja tocar...
-¿Le damos los regalos ya, o después de la tarta? -pregunta Rosita desde el otro lado del salón.
-¿Tengo regalos? -pregunta incrédula, ya ni se acordaba de las costumbres que se tienen en los cumpleaños.
-Claro, para eso se celebran los cumpleaños -responde Sasha acariciando su espalda amistosamente.
-Bueno, yo le voy a dar mi regalo ya, sencillamente porque esto es algo que no puede esperar más, ya me entenderéis -informa misteriosa Maggie, entregándole a Carol un paquete envuelto en un hermoso papel azul cielo y plata que da pena romper, por lo que Carol lo abre despegando la cinta adhesiva con cuidado.
-Oh, Maggie...-exclama emocionada, sacando un vestido tipo vaina, de color azul marino, de manga 3/4, escote en pico y cuyo largo debe ser a la altura de las rodillas.
-¿Te gusta? Pues póntelo, es tu fiesta de cumpleaños, debes salir guapa en las fotos -dice Maggie, empujándola hacia el baño, sin darle opción alguna de replicarle, seguida por todas las mujeres, que se meten en el interior del aseo para sorpresa de los hombres que se preguntan cómo narices caben todas ahí.
Daryl descarga y guarda la compra mientras Carol se pone el vestido, aunque con lo que está tardando a saber lo que estarán haciéndole las mujeres...
Mira la nevera, tal y como prometió Sasha ahí está la tarta de cumpleaños, de chocolate, el sabor favorito de Carol, y con el número 33 sobre ella.
Sonríe. Este año al menos estará rodeada de seres queridos.
Recuerda su anterior cumpleaños. Lo cansada que la notó al abrir la puerta, sin arreglar, oliendo a cocina... pero aun así la vio preciosa.
Por aquel entonces ya estaba embarazada de su preciosa niña, y fue ese mismo día cuando se enteró de la noticia.
Cada vez que recuerda su reacción...
Dios, valiente imbécil.
-¿Daryl? -escucha la dulce voz de Carol tras él.
-Dime -dice girándose, quedándose sin apalabras cuando ve como está vestida.
Su cabello luce rizado y salvaje como suele ser, su rostro está ligeramente maquillado, quedando natural, pero realzando sus hermosos rasgos faciales.
El vestido se ciñe a su cuerpo, es de su talla, no como lo que suele vestir, y estiliza su figura, dejando al descubierto sus hermosas piernas.
-¿Bueno? ¿Cómo estoy? -pregunta inquieta ante el silencio de él.
¿Que cómo está? No encuentra palabras para describir lo hermosa que está, es incapaz de hablar, encima lo está mirando con esa maldita sonrisa que le roba el aliento y...
Siente una suave colleja.
-Te ha hecho una pregunta, espabila -le regaña Tara.
Daryl mira a su agresora frotándose la nuca.
-Se ha quedado sin palabras, si eso no es suficiente respuesta -ríe Denise.
-Estas muy guapa, te sienta bien ese color, va con tus ojos -responde al fin, sintiendo que se ha quedado corto en lo que halagos se refiere, pero Carol se muerde el labio y esconde el rostro entre sus mechones de cabello, sintiéndose tímida ante sus palabras, adorable.
-Vale, vamos a comer -palmea Maggie, llamando a todos al comedor.
Sophia grita al ver tanta comida sobre la mesa e intenta alcanzarlo todo y llevárselo a la boca.
-Ah, las papillas no, pero los bocadillos de chorizo bien que te gustan ¿no, chica lista? -bromea Abraham, que es quien la tiene en brazos. Le quita el trozo de pan que ha llegado a coger y ella gruñe enfadada intentando volver a alcanzarlo -¿Dónde está Pookie cuando lo necesito? -pregunta mirando a su alrededor en busca del peluche que Sasha le hace llegar.
Carol disfruta de su cumpleaños, está sentada, no hay nadie dándole órdenes, no tiene que servir cervezas, cambiar el canal del televisor, no recibe insultos, palabras obscenas ni tocamientos indeseados.
No, hoy es su día, y sus amigos se lo hacen saber. Está comiendo tranquilamente, hablando, riendo, bromeando, viendo como todos interactúan entre ellos, gastándose bromas sin maldad, hablando educadamente, haciendo reír a Sophia que pasa de mano en mano, y disfruta de estar rodeada de tanta gente...
Eso es un verdadero cumpleaños.
Daryl no deja de observarla, sólo tiene ojos para ella, está espléndida, no sabe si por el precioso vestido que lleva puesto, por la radiante sonrisa que luce en su cara o... o porque él siempre la ve espléndida.
Está feliz, y eso era lo que pretendía con esta fiesta. Llevaba semanas preparándola, hablando a escondidas con todos los demás, preocupado por si a algún bocazas se le escapaba la sorpresa, y nervioso por si algo salía mal, apenas durmió estos últimos días, pero ha merecido la pena.
Sonríe como el idiota enamorado que es. Quiere verla reír así todos los días de su vida.
Carol se aleja de sus amigos para poder poner a Sophia en la cuna. Tantas emociones la han hecho caer rendida, y eso que la fiesta acaba de comenzar.
La observa dormir, es increíble lo que ha crecido ya. Un día como hoy, un año atrás, Daryl se enteró de su existencia; recuerda cómo le gritó creyendo que lo había utilizado, cómo le dijo que no quería saber nada de su niña. Le dolió tanto...
Mira atrás y parece que ahora se encuentra frente a un hombre completamente distinto. Más comprensivo, paciente, hablador y que hace un gran esfuerzo por enfrentarse a sus emociones sin perder los nervios.
Todo se lo deben a ese pequeño y risueño ángel que tienen por hija.
Lo que ha hecho hoy por ella... sabe que ha sido él, está segura de que él ha sido el cerebro de ese plan. El único que sabe su fecha de nacimiento.
Intenta dejar de amarlo, desde el día que le dijo que sólo la veía como una amiga, Dios sabe cómo lo intenta, pero es imposible. Cada palabra, cada gesto, cada abrazo, cada inocente beso o caricia, cada detalle... le recuerda una y otra vez lo perfecto que es, y por más que su mente se esfuerza en olvidarle, su corazón le grita que es imposible.
Siempre estará enamorada de él, por mucho que se esfuerce en intentar ser su amiga. Se sintió atraída por él nada más conocerlo, era incapaz de dejar de pensar en él ¿Cómo va a hacerlo ahora? pasan las 24 horas del día juntos, haciendo vida de pareja, pero sin ser pareja, y a más tiempo que pasa con él, cuanto más cosas conoce y aprende de él, más lo ama. ¿Cómo va a luchar contra eso? Dentro de poco se irán a vivir juntos, como una familia, a un lugar donde nadie los conoce y... y habrá tanta gente que piense que son pareja... pero ella deberá negarlo, decir que sólo son amigos con una hija en común, por mucho que le duela esa palabra.
Tendrá que alegrarse por él el día que encuentre el amor, hacerse amiga de su pareja y fingir ser feliz...
¿Por qué no vio que él estaba enamorado de ella? ¿Cómo pudo ser tan ciega? Ahora ya es tarde...
-Carol, vamos a... -entra Tara en la habitación -Oye... ¿Estás llorando? -pregunta sentándose junto a ella y frotando su hombro -¿Qué ocurre? ¿Hemos hecho algo mal? -pregunta preocupada.
-No, por Dios, no habéis hecho nada mal, todo ha estado genial -solloza.
Alza la vista intentando contener las lágrimas.
-¿Y por qué lloras? esas lágrimas no me parecen de felicidad -susurra mirándola intentando leer sus pensamientos -¿Ha sido Daryl? -pregunta, percatándose como Carol aprieta los labios para ahogar un sollozo en cuanto escucha su nombre -¿Qué ha hecho ese idiota ahora? Te juro que un día le corto los huevos -gruñe cansada de lo impulsivo que es a veces ese hombre. Hace las cosas y luego se arrepiente, pero el daño ya está hecho.
-No ha hecho nada -murmura Carol, sorbiendo por la nariz.
-¿Entonces? -pregunta. Sabe que lo que le pasa tiene que ver con él, pero se le escapa el qué.
-Nada, no me pasa nada, sólo fui una estúpida, y ahora... ahora sólo soy su amiga -murmura escondiendo el rostro entre sus mechones de cabello, dejando que las lágrimas se suiciden contra sus manos entrelazadas sobre su regazo.
-Lo amas... -susurra Tara, que desea ir al salón, coger a Daryl por las orejas y arrastrarlo hasta la habitación para que vea el daño que su mentira le está haciendo a la mujer que ama.
Idiota...
-Casi desde que lo conocí -confiesa Carol, con el corazón encogido.
-Dile lo que sientes -propone Tara, esperanzada en que ella sí se atreva a dar el paso.
Carol ríe entre dientes y niega con la cabeza.
-¿Para qué? él ya me ha dicho lo que siente por mí ¿Qué importa lo que yo sienta? él...
-A mí sí me importa - interrumpe Daryl, que las observa desde el umbral de la puerta.
Ha escuchado toda la conversación.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo, y que ya estéis ansiosas por el siguiente XD
En vuestros comentarios sobre el capítulo anterior habéis comentado que os ha sorprendido que Merle tenga un hijo, pero ese detalle fue revelado en el capítulo cinco tras Daryl salir corriendo cuando descubre que Carol esta embarazada ^^.
Supongo que ya sabéis quién ayudara a Daryl con sus problemas de tolerancia con el contacto físico ^^
Las leyes sobre custodia y demás serán diferentes en cada país, por lo que puede que haya cosas que no os cuadren, yo debo ceñirme al mío que es con el que estoy familiarizada.
Quizás os choque que Halloween haya sido antes del cumpleaños de Carol, que en su momento fue el 6 de octubre, pero no sé si recordaréis que también dije que me equivoqué al calcular la fecha, por lo que su cumpleaños debió ser el 6 de noviembre.
Os aconsejo que volváis a leer el capítulo 5 para ver la gran diferencia entre un cumpleaños y otro.
Quería preguntaros, ya que yo no soy dada a leer fics ¿Carol tiene un apellido de soltera que suelan utilizar generalmente en las historias?
De nuevo gracias por vuestros comentarios :)
