22. Familia

No... la ha escuchado. Dios, no, no puede ser. Sólo desea que la tierra se la trague, se muere de vergüenza.
Está sentada sobre la cama sin saber qué hacer. Esa conversación era privada, él no debería haberla oído, joder, ella no debería habérselo contado a Tara ¿Por qué no se quedó callada?
Mira hacia la pared, queriendo que su cuerpo se vuelva del mismo tono gris perla del que está pintada, para poder camuflarse y él no note su presencia.
Su única vía de escape es la puerta, pero él está justo bajo el marco de esta. No puede pasar por su lado, no quiere pasar por su lado, dios, ni siquiera puede mirarlo. Se concentra en la pared, y reza para que se marche y no le diga nada.

Tara camina hacia Daryl y lo agarra de la camisa para forzarlo a doblar el torso y su rostro esté a ras del de ella.

-Como te inventes a otra Virginia te corto las pelotas y las envío de una patada a Argentina -amenaza en un susurro sobre su oído.

-Vete ya, pesada -gruñe echándola de la habitación de un empujón.
Cierra la puerta y se queda mirando fijamente las vetas de la madera que forman dibujos elípticos irregulares. Las acaricia como un gilipollas; se ha encerrado en esa habitación con Carol y ahora no se atreve a girarse y mirarla a los ojos, no tiene ni puñetera idea sobre cómo dirigirse a ella.
Tiene el corazón acelerado a más no poder, acaba de escucharla decir que le quiere. No hay dudas, no hay otra interpretación. Estaba hablando de él, escuchó su nombre, a Tara amenazando con castrarlo y... ella decir que lo amaba casi desde que se conocieron.
Dios... qué imbécil ¿Cómo se le ocurrió decirle que ya no la amaba? Entre su confesión a medias y la de tiempo que ha estado mintiéndole sobre Virginia... Se le debió partir el corazón, conoce perfectamente la sensación, duele muchísimo. Y todo este tiempo ella ha estado ocultándole sus sentimientos, llorando en silencio como hace él. Odia hacerle daño y es todo lo que le ha estado haciendo este tiempo ¡Se daría de hostias por imbécil!
Se arma de valor, gira sobre sus talones, se acerca a Carol, no queriendo asustarla, y se sienta a su lado.
Ella tiene el tronco girado hacia la pared y le da la espalda.
Se lame los labios ¿Qué coño puede hacer ahora?
-Hey -la llama acariciando su hombro en un dulce gestó -Mírame -pide con voz suave. La siente coger aire profundamente, y puede ver como se enjuga las lágrimas con el dorso de la mano antes de girarse y alzar la vista hacia él un breve segundo. Guapa hasta cuando llora.

Daryl abre y cierra la boca varias veces, no sabe cómo actuar. Se ha quedado en blanco.
-Yo... no te he dado mi regalo -Tartamudea. Muy bien Romeo, acabas de escucharla decir que te ama y tú te acuerdas de que no le has dado el maldito regalo, desde luego, más gilipollas y no naces. Se regaña.
Abre el cajón de su mesita y saca una caja alargada color negro con un fino lazo dorado que la mantiene cerrada
Se arrodilla frente a ella.
-Ábrela -pide entregándosela, no pudiendo disimular el temblor de su mano, por suerte para él ella está igual o más temblorosa.
Observa como retira con cuidado el lazo y abre la caja lentamente.

Carol sonríe.
-Es muy bonito -murmura con voz llorosa al ver el hermoso reloj de muñeca que tiene delante. Tiene la esfera plateada y una correa trenzada de color celeste.

-Me... me fijé que... que aunque tiraste el reloj que te regaló Ed sigues mirando por costumbre tu muñeca para ver la hora, pero está vacía. Así que... espero que te guste -explica nervioso, sacándolo de la caja para colocárselo -Maggie me ayudó a elegirlo. La correa es larga para que de varias vueltas a tu muñeca en plan pulsera, pero si no te gusta podemos ir a la relojería para que la la acorten -informa, ahorrándose el detalle de explicar que a Maggie le gustaba el de la correa rosa, pero él eligió el celeste para que hiciese juego con sus ojos.

Carol acaricia el reloj. Es precioso, de nuevo podrá tener el tiempo en su muñeca.
Sonríe amargamente, es tan atento siempre con ella que se da cuenta de su más mínima necesidad, y ahora... la ha cagado. Debe de sentirse de lo más incómodo sabiendo que la mujer con la que convive se muere por tener algo más, cuando él sólo la ve simplemente como amiga y madre de su hija.
Dios, debe de pensar que es una aprovechada que se inventa lo de los terrores nocturnos para que duerma con ella.
Mira hacia él, aún está frente a ella con la rodilla clavada en el suelo, mirándola con ternura.
-Daryl... yo... -tiene que parar, las lágrimas acuden a sus ojos de repente -siento que hayas escuchado eso -solloza apartando la mirada avergonzada -No debiste haberlo escuchado, no quiero que te sientas mal porque no me quieras, te juro que haré todo lo posible para dejar de amarte, como hiciste tú, pero por favor, no dejes de ser mi amigo -suplica entre hipidos provocados por un llanto que apenas le deja hablar.

Daryl frota sus muslos por encima de la tela del hermoso vestido que Maggie le regaló. Está guapísima con él.
Una lágrima se estrella contra el dorso de su mano, y se ve obligado a alzar la vista. Dios, odia verla llorar, y todo por su maldita culpa. Debe arreglar eso, disolver la montaña de mentiras que él hizo, para que deje de derrumbarse sobre ella, y contarle toda la verdad.
-Yo... estoy muy cansado de ser tu amigo -murmura, y al instante puede sentir como Carol se tensa y se levanta rápidamente, queriendo huir de allí.
No entiende su reacción ¿Qué ha dicho? Si sólo ha... ¡Joder, maldito don de palabra!
-¡Hey, hey, espera! -grita, alcanzándola en cuanto está a punto de abrir la puerta.

Carol tira del pomo hacia ella con fuerza, pero es inútil, Daryl tiene las palmas de las manos apoyadas y ha echado todo el peso contra la puerta.
Le es imposible salir huyendo de allí.
-Por favor, déjame salir -suplica odiándose por no poder controlar el llanto, y volviendo a forcejear con la puerta. Tiene que salir de allí, huir de su lado, pero no puede, no la deja. Apoya la cabeza contra la puerta, totalmente derrotada. Reza para que esa pesadilla termine de una vez. Tiene que despertar de todo aquello, volver a una hora atrás, cuando todo era perfecto, y su secreto no había sido desvelado.

-Mírame -pide, no piensa dejar que salga por esa puerta creyendo que no quiere seguir formando parte de su vida -Mírame -vuelve a pedir, pero ella continúa con la frente apoyada sobre la puerta y negando con la cabeza -Por favor, mírame, Carol -vuelve a pedir, consiguiendo que ella reaccione esta vez. Sabe porqué: es la primera vez que ha pronunciado su nombre delante de ella.
No sabe por qué nunca lo ha dicho antes, supone que llamarla "Hey" era su forma de llamarla "Mi amor".

Carol levanta lentamente la cabeza y lo mira por encima del hombro. La ha llamado por su nombre, nunca lo ha escuchado pronunciarlo. Qué bien suena en sus labios, pero no sabe si eso es una buena señal o no...
Decide girarse, enfrentarse a lo que tenga que decirle, supone que más no le puede partir el corazón.

Daryl respira aliviado, vale, ha captado su atención, pero por si acaso va a seguir con una mano apoyada sobre la puerta, no vaya a ser que le vuelva a dar otro arrebato escapista antes de que todo quede aclarado.
-No... no me he explicado bien -tartamudea buscando las palabras.

-Te has explicado perfectamente -replica con voz tensa. Lo ha escuchado claramente.

-No, me he explicado como el culo, no soy bueno hablando, siempre me hago la polla un lío cuando tengo que decir más de dos palabras seguidas, luego me malinterpretas y te hago daño sin querer -gruñe, consiguiendo que Carol alce sus enormes ojos hacia él, esperando su aclaración -Yo... -se queda en blanco. Malditos ojos, ya se ha olvidado de lo que iba a decir -Joder, mira, no tengo don de palabra alguno, así que voy a actuar y que sea lo que Dios quiera -Avisa. Y antes de que Carol pueda reaccionar la besa.

Carol abre mucho los ojos y jadea perpleja. No lo vio venir, en una milésima de segundo tomó suavemente su rostro entre sus manos y la besó. Es un beso inesperado, robado, pero deseado.
Se relaja, disfruta de sus labios acariciando los de ella. Su áspera barba araña su piel pero no le importa, nada importa, no se permite pensar, sólo disfruta del momento, es un beso cargado de ternura, suave y lento sin intención de ir a más. Los ojos se le llenan de lágrimas de emoción: La está besando.

Daryl siente el corazón a punto de salirse del pecho, aún no se cree lo que está pasando, sí, sabe que ha sido él el que ha dado ese paso, pero aún no se cree que de nuevo esté probando sus deliciosos labios. Saben igual y se sienten tal y como recuerda; tímidos, delicados, pero excitantes. Se echaría a llorar de emoción, si no fuera porque no quiere estropear el momento, por lo que procura controlar sus emociones.
Detiene el beso de mala gana, si por el fuera continuaría así por el resto de su vida, pero hay cosas que aclarar, y una reacción que ver.
Se mantiene a una corta distancia, con las manos aún sobre sus mejillas y los labios tan cerca que podrían rozarse al más mínimo movimiento.
La mira y sonríe, tiene los ojos brillantes, exageradamente abiertos, y su boca es una O perfecta.
-Estoy cansado de ser tu amigo, porque quiero ser algo más -aclara finalmente, retirando rápidamente la lágrima que resbala por su mejilla -Te dije que ya no te amaba para que no te sintieras mal por mí por tú no sentir lo mismo -añade, y sus ojos son testigos de como ella sonríe con los ojos cargados de más lágrimas suicidas y se inclina hacia él en busca de otro beso que está más que dispuesto a darle.

Carol siente como Daryl desliza la mano derecha por su cuello, enredando accidentalmente los dedos entre sus salvajes rizos pelirrojos, hasta apoyarla sobre su nuca, y la estrecha contra él para volver a fundirse en un beso que comienza con la misma ternura que el anterior, pero que poco a poco, el hambre hace que vaya a más, y no tarda en sentir su lengua acariciando sus enrojecidos labios pidiéndole permiso para entrar.
Se lo concede, y se enreda con la de ella, en esa danza de pasión que llevan más de un año sin experimentar.
Siente como su mano izquierda se desliza por su hombro, acariciando con suavidad la tela del vestido, y baja hasta posarse en su legión lumbar, para así poder estrecharla aún más contra él.
Ella mantiene las manos recogidas sobre su vientre, atrapadas entre su cuerpo y el de él. Sabe que no puede tocar, y no quiere estropear el momento.
Los mechones de su cabello rubio acarician su rostro, y pronto parece hacer demasiado calor en esa habitación. Deben parar, pero Daryl parece no estar dispuesto a ello, y ella no encuentra fuerzas para detenerlo.
La estrecha más contra él, y a ella se le escapa un gemido que hace que se detenga. No ha sido de placer.

-Mierda, lo siento -se disculpa, observando preocupado como Carol lleva la mano hasta su costilla. Se había concentrado tanto en el beso que había olvidado todo lo demás, incluso que ella aún está convaleciente -¿Estás bien? -pregunta, acariciando su mejilla.

Se miran a los ojos por primera vez tras el intenso momento, y es entonces cuando de verdad se dan cuenta de lo que ha pasado.
Se sonríen como los dos idiotas enamorados que son. Daryl no puede contenerse y la abraza de nuevo, esta vez rodeándola con cuidado con sus brazos.
Esconde el rostro en el hueco de su cuello, para que sus lágrimas se pierdan entre los bucles de su cabello.
-Un año -susurra para sí. Un maldito año reprimiendo sus deseos por miedo a su rechazo y resulta que no era necesario, han estado perdiendo un precioso tiempo que piensa recuperar.

Carol sonríe contra su hombro.
-Todo este tiempo... tú y yo hemos estado... y no... Dios, somos... -no sabe como explicar lo que quiere decir.

-Tara me describe como gilipollas, supongo que gilipollas al cuadrado es la palabra que buscas -bromea, sintiendo como su cuerpo se agita por la risa.

Carol se acaricia la mejilla contra su hombro, y se relaja dejando que su olor corporal llene sus pulmones. Se siente en casa, está en casa. Definitivamente ese es el mejor cumpleaños que ha tenido en la vida, y aún no ha terminado.
Abre los ojos.
-Daryl, nos está mirando -informa Carol sonriente.

Se gira para ver a qué se refiere.
-Pero bueno ¿Tú no estabas durmiendo, pequeñaja? -pregunta, acercándose a su niña, que los observa en silencio desde la cuna. Está entretenida chupando la oreja de Pookie, pero con los ojos fijos en sus padres -¿Cuanto tiempo llevas vigilando, eh? ven aquí -la coge en brazos, y besa su mejilla sonrosada.
Mira a Carol, que los observa con ternura.
Un familiar cosquilleo en el estómago hace acto de presencia. Se acaba de dar cuenta de algo: Son una familia; Sophia es su hija, pronto será algo oficial, y acaba de sellar su amor con Carol a partir de un beso. Ya no tienen que esconderse, no hay sentimientos que ocultar, ni palabras prohibidas. Sophia es su hija y Carol... ¿Qué es? está tan poco acostumbrado a tener una relación que no sabe cómo definirlo. ¿Su chica? ¿Su novia? ¿Su pareja? No sabe, todas esas palabras se quedan cortas para describir lo que Carol es para él. Es su amiga, su amante, su confidente, la mujer que saca lo mejor de él, la que le hace reír, llorar y enfadarse, es su alma gemela. La persona con la que quiere caminar hasta el fin de los días.

-Deberíamos volver -recomienda Carol señalando la puerta con la cabeza.
No quiere salir de allí, está muy a gusto en esa habitación con su niña y su... ¿novio? sonríe estúpidamente como una preadolescente que acaba de escribir en su libreta las palabras "Carol + Daryl" y las ha encerrado en el interior de un corazón.

Daryl camina hasta la puerta, ya se había olvidado de que en el salón tienen a gente impaciente, esperando continuar con la fiesta.
Mierda, ahora tendrá que soportar todo tipo de burlar por el tiempo que llevan encerrados en la habitación.
Coge aire antes de abrir la puerta y, aunque por lo general deja que Carol pase antes que él, decide adelantarse a ella, para protegerla de lo que tengan que decir esos adorables idiotas.

-¡Al fin, ya pensábamos que no ibais a salir! -exclama Tara lanzando miradas a Daryl, en busca de información. Él le sonríe y agacha la cabeza tímido.
No necesita saber más, su gesto y la sonrisa de Carol lo dicen todo. De como la dejó en la habitación, a como está ahora hay un cambio tan grande que sólo puede significar que ese idiota lo ha confesado todo.

-¡Papá! -grita Sophia al reencontrarse con los globos.

Daryl resopla, va a tener que dibujarle ojos y barba a uno de esos globos para a ver si así aprende a llamarle papá sólo a él.

-Ey, ya te dio el reloj -se fija Maggie. Agarra la muñeca de Carol y lo observa. Daryl hizo bien en no hacerle caso con el color, el celeste queda genial sobre su piel.

-Siéntate, Carol -dice Sasha, apartando la silla en la que estuvo sentada anteriormente -ponte a su lado Daryl -pide marchando de allí hasta la cocina, acompañada de todos los demás.

-¿Van a por la tarta, verdad? -se percata Carol.

-Sí, debía ser una sorpresa, pero los muy hijos de puta han tenido cero disimulo -gruñe Daryl.
Acerca más su silla a la de ella, colocando a Sophia lo más cerca posible de su madre, aunque ahora mismo le importa bien poco las personas de su alrededor; Está concentrada intentando coger todo lo que hay en la mesa, y si no puede arquea la espalda hacia atrás para forzar a su padre a que la ponga de pie e intenta alcanzar las cosas desde ese nuevo ángulo.

Las luces se apagan, y Sophia balbucea algo en su lenguaje Klingon cuya traducción Daryl deduce que sería "¿Qué cojones ha pasado?".
Una luz aparece al fondo, y una decena de voces cantando cumpleaños feliz llenan el silencio del salón.
Carol se muerde el labio sonriente. Hacía años que no se emocionaba al escuchar esa cancioncilla. Supone que porque esta vez está rodeada de amigos que están ahí por ella, y no por la cerveza y comida gratis.

Daryl la observa y no puede contener su sonrisa al verla tan radiante. La luz de las velas iluminan sus ojos, que brillan como dos hermosos zafiros.
Mira a Sophia, con la boca abierta, agitándose nerviosa en sus brazos, queriendo alcanzar esa cosa amarilla que brilla.
Sonríe más ampliamente; es un hombre feliz, lo tiene todo, él no merecía nada, y en cambio ellas le han dado todo lo que necesitaba sin ni siquiera saberlo.

La canción termina, y el desfile de la tarta finaliza justo frente a Carol, donde la dejan con cuidado esperando a que ella sople las velas.
"Pide un deseo" escucha que le piden varias voces.
¿Un deseo? ¿Qué deseo? De niña pedía caprichos infantiles: una muñeca, una bicicleta...; de adolescente cosas más caras, pero no dejaban de ser caprichos: ropa, un viaje, un coche... ; Cuando se casó su deseo era el mismo todos los años: Ser madre ; El año pasado pidió que todos los allí presentes desaparecieran y la dejaran a solas con Daryl ; pero este año... No tiene nada nuevo que pedir, es feliz, no quiere cambiar nada. Ama a todas esas personas que están a su alrededor, la han ayudado tanto...
Cierra los ojos, coge aire, susurra mentalmente "Que todos los días sean tan felices como este" y sopla, apagando el fuego, que se lleva el deseo con ella.
Todos aplauden, y Daryl al fin puede liberar las manos de su hija, que se había empeñado en tocar las llamas de las dos velas que forman el número 33. Ahora mira con los ojos muy abiertos intentando comprender a dónde se ha ido esa luz y porqué todos aplauden.

-A ver, familia, mirad aquí -pide Tara haciendo señales para que miren hacia el teléfono móvil que sostiene.

-¡Ese es mi móvil! -gruñe Daryl, que acaba de darse cuenta de que no está en su bolsillo. No sabe cuando ha podido ser sustraído.

-Calla y sonríe, imbécil -replica Tara intentando llamar la atención de Sophia con los globos, pero no funciona, sigue mirando fijamente las velas, por lo que los demás optan por hacer tonterías tras el teléfono, y decir su nombre una y otra vez para conseguir captar su atención.
Tara pulsa el botón de la cámara cuando la pequeña dibuja una amplia sonrisa.
-Ahí tienes, vuestra primera foto familiar -anuncia, devolviéndole el móvil a su legítimo dueño, que se quedó tan anonadado cuando vio a Carol con el vestido que ni se dio cuenta del robo.

Daryl coge el móvil y mira la fotografía. Sí, la verdad es que es la primera foto familiar que tienen. La memoria de su teléfono está llena de fotografías de Carol y Sophia, tanto junta como en solitario, pero de él no hay ninguna, y menos con ellas. Supone que ya es hora de empezar a tomar selfies o como se diga eso.
Por lo pronto va a poner esa como perfil del Whatsapp, de fondo de pantalla, de bloqueo, y en cuando pueda la imprimirá. Lleva desde que se compró el teléfono con la imagen que trae el móvil por defecto puesta de fondo, no se atrevía a poner una de su hija, por miedo a que alguien viese su móvil y atase cabos ¿Pero ahora? dentro de poco toda la verdad será revelada, por lo que, se permite el gusto de que esa sea la imagen que vea cada vez que mire el dispositivo.

Sophia planta la mano sobre la pantalla.
-Papá -balbucea sacando a Daryl de su trance.
Besa la cabeza de su niña y mira a Carol; está mirándole sonriente, degustando un buen trozo de tarta. Está preciosa, Dios, se muere por besarla. Un momento... ¡Puede besarla! casi salta de alegría al recordar que ya no tiene que reprimir ese deseo.
Acaricia su mejilla y se inclina hacia ella en busca de sus labios que con gusto le entrega.
-Sabes a chocolate -murmura contra su boca, haciéndola reír.
Le da otro beso rápido y se aleja sin dejar de mirarla a los ojos.

Tara carraspea.
-Su trozo de tarta, donjuán -dice con sonrisa pícara, acercándole el plato con una porción.

Daryl mira a su alrededor, están todos mirándolo, supone que esperando que haga alguna declaración.
-No me miréis así, panda de mamones -gruñe, y comienza a comerse el pastel fingiendo no estar viéndolos, aunque siente sus ojos sobre él. Están poniéndole muy nervioso.
Levanta la vista paseando el trozo de tarta en su boca y los mira a todos; Están alrededor de la mesa observándolo, sonriendo, cuchicheando y soltando risitas.
Mira a Carol, que simplemente sonríe y se encoje de hombros como si no entendiese lo que silenciosamente está preguntándole.
Vuelve a mirarlos a ellos y traga antes de hablar -¡Sí, la he besado! ¿Qué pasa? -pregunta a la defensiva. Por alguna razón a Sophia le ha hecho gracia lo que ha dicho y se ha echado a reír, contagiando a todos los demás.

-Creo que Sophia ha dicho lo que todos pensamos -ríe Tara.

-Ya era hora -dice Abraham comiendo a dos carrillos.

-Hacéis una bonita pareja -comenta sonriente Sasha, golpeando la mano de Abraham para que zampe más despacio.

-Sois una familia preciosa -sonríe Andrea, que tiene al joven Matthew sentado a su lado.

-Nosotros os llamamos Caryl -confiesa tímido Glenn, temiendo la ira de Daryl.

-¿Nos llamáis qué? -pregunta en un gruñido. A saber qué cojones significa eso.

-Caryl, la unión de Carol + Daryl -aclara Maggie con sonrisa divertida.

-¿Y a vosotros como os llamo? ¿Gleggie? ¿Glaggie? ¿Maglenn? -intenta burlarse.

-Cualquiera de esos nos vale -ríe Glenn.

Daryl niega con la cabeza y sonríe, está tan acostumbrado a las burlas de su padre y hermano cuando él mostraba el más mínimo afecto o muestra de cariño que estúpidamente temía que sus amigos se comportasen igual, pero no, lo han aceptado, celebrado, no ha habido comentarios de mal gusto, sólo apoyo por parte de todos.
Son geniales, no hay nada que ocultar, y no hay burlas que temer, así que no hay nada que le impida volver a besar a Carol delante de todos.

Michonne da un último vistazo a la feliz pareja y se acerca a Rick, que está limpiándole la boca a Carl.
-¿Se ha caído de cara sobre la tarta? -bromea al ver al niño con chocolate hasta en las orejas.

Rick se tensa y se le cae la toallita húmeda que tenía en la mano. Malditas manos de trapo. Esa mujer lo pone nervioso.
-Niños... -dice como respuesta -¿Se te ofrece algo? -pregunta.

Michonne mira a Carol; está distraída colocándose para amamantar a Sophia.
-No quiero asustar a Carol, pero el idiota de su marido sigue sin aparecer por su casa -informa con seriedad.

Rick asiente.
-El juez le ha prohibido la tenencia de armas, por lo que ha sido relevado a trabajos de oficina, por ese motivo coincido menos con él, pero por lo que sé, está quedándose en casa de Negan porque dice que la casa se le viene encima sin ella y Sophia allí -la tranquiliza.

Michonne ríe sarcástica.
-Típico, llorando por las esquinas dando pena -gruñe asqueada.
Se sienta al lado de Rick dispuesta a continuar con la charla. Le cae bien, siente que puede confiar en él para mantener a Carol a salvo.

Matthew agarra suavemente las muñecas de Sophia y junta y separa las palmas mientras canta la canción infantil "palmas palmitas"
Ella sonríe sentada en el regazo de su padre, y Daryl no puede ser más feliz viendo a esos primos jugar.

-Me alegro mucho por vosotros, de verdad -comenta Andrea, acariciando la cabeza de Sophia -¿Quién me iba a decir a mí que te iba a ver algún día con tu niña en brazos? -sonríe viendo como su niño y Sophia se divierten.
Matthew es un amor, adora los bebés, y todos los niños en general, le encanta jugar con ellos y sentirse el guardián que debe protegerlos de todo mal.

-Ni yo me lo creo -ríe Daryl mirando a su pequeño tesoro -Me enfadé mucho cuando me enteré de que estaba embarazada. Le hice daño -murmura, atormentado por lo que hizo.

Andrea sonríe.
-Bueno, supongo que es algo típico de los Dixon -bromea quitándole hierro al asunto.

-Supongo... pero yo nunca quise que abortara, nunca se lo pedí, sólo... no sé... fui un idiota y punto -murmura avergonzado. Mira a Carol, que charla animadamente con el resto de invitados. Jamás se perdonará cómo la trató esa noche, y todas las veces que por su ignorancia de lo que de verdad estaba pasando ella en casa, la trató mal.

-Tú lo has dicho, fuiste, en pasado, ahora mírate -señala a Sophia, cuyas risas se están acabando, dentro de poco se rendirá al sueño -Has cambiado Daryl, en cambio tu hermano sigue siendo un idiota -ríe entre dientes con voz dolida.

Mira a Matthew, que hace esfuerzos por mantener las pilas de Sophia encendidas.
Sí, su hermano fue un idiota, pero no quiere ni pensar en la clase de niño que sería su sobrino si su padre hubiese formado parte de su crianza.
Matthew Harrison es un niño dulce, simpático, educado y atento.
Matthew Dixon sería un niño hosco, agresivo, malhablado y pasota que habría nacido con antecedentes penales.
Entonces piensa.
-Cuando se descubra que Sophia es mi hija... ¿Qué pasará con su apellido? ¿Deberá llevar el mío o el de Carol? -pregunta preocupado.

Andrea sonríe, entiende el motivo de su alarma: La fama de los Dixon.
-Podrá llevar el que queráis, sólo que en el libro de familia tu nombre aparecerá en la casilla de padre -lo tranquiliza.

Daryl mira a su niña, no tendrá que ser Sophia Dixon al fin y al cabo, si algún día por capricho del destino ella volviese a la tierra que la vio nacer nadie sabrá quienes son sus padres. Duda que sus queridos vecinos conozcan el verdadero apellido de Carol.
No lo sabe ni él...

Carol escurre el contenido de los plato en la basura.
Mira a su alrededor: Hombres y mujeres trabajando codo con codo, limpiando la casa, para dejarla tal y como estaba.
Recuerda sus anteriores cumpleaños, que se alargaban hasta la madrugada, se iban borrachos, casi sin poder caminar, y ella debía pasarse la noche en vela limpiando, para que su marido lo encontrase todo correcto a la mañana siguiente.
En cambia ahora...
Mira a Daryl, está sentado en el sofá terminando de dormir a Sophia, y hablando con su recién descubierto sobrino. El pequeño Matthew está haciendo gestos exagerados, como si tirase de una caña de pescar en cuyo extremo debe de encontrarse un enorme pez.
Sonríe. Ama su recién estrenada vida, y ama a su familia.


Daryl acuesta a Sophia en su cuna. Todos los invitados se han marchado ya, Carol está duchándose, y Tara está en casa de Denise.
Están solos, y se siente de lo más nervioso ¿Está mal que desee hacer el amor con ella? ¿Es pronto? ¿Querrá esperar? ¿Y si Sophia los ve? Dios, está lleno de dudas, y no quiere que ella piense que sólo la ha besado para tener sexo.
Es como un adolescente virgen, aunque en parte lo es, será la primera vez que hará el amor... Ha tenido sexo muchas veces, pero era sólo eso, un simple intercambio de fluidos. Las dos veces que se acostó con ella había algo más, sentía una fuerte atracción, y un cosquilleo que ahora sabe que era el amor floreciendo en su interior ¿Pero ahora? La ama con locura, y quiere que su primera vez sea inolvidable. No quiere un polvo rápido sobre una moto o contra un árbol. No...
Quiere estar en una cama, con una luz tenue pero que le permita ver. Quiere tenerla completamente desnuda, besar y acariciar cada rincón de su cuerpo, hacer el amor lentamente y dormir a su lado toda la noche.
Su mirada se vuelve sombría.
¿Qué pasará con él? ¿Se desnudará? Nunca se ha desnudado delante de otra persona. Para el sexo sencillamente desabrochaba los pantalones y sacaba su miembro.
No quiere estar vestido en ese momento tan especial, pero tampoco estar desnudo ¡No puede! ¡No quiere que vea su cuerpo! ¡Es asqueroso!
Y luego está el tema de las caricias ¿Qué va a hacer? Sólo de imaginarse a él sobre Carol y ella con las manos pegadas al colchón como si la tuviese atada hace que se sienta mal.
En la moto ella se agarró al asiento para mantenerse equilibrada, contra el árbol se agarró al cuello de su camisa ¿Pero en la cama? No le gusta la escena que viene a su mente, casi da la sensación de que él la ha forzado, y ella ha dejado de luchar, sometiéndose a él ¡No quiere eso! ¡Pero tampoco quiere que lo toque!
¡Joder, puto inútil traumatizado!
¿Por qué todo es tan complicado? Recuerda la de veces que ha visto a Maggie acariciar la mejilla de Glenn, cómo lo rodea con los brazos buscando consuelo, como abraza su brazo cuando ven una escena de miedo en una película, y lo mismo pasaba con Abraham y Sasha, Tara y Denise y cualquier pareja que se encontrase con la calle ¿Por qué él no puede hacer eso? Asco de familia, asco de infancia, asco de esa maldita vida que le tocó vivir.

La puerta del baño se abre, y Carol sale con el cabello húmedo y vestida con su típica ropa de dormir.
Mira a Daryl, se siente tímida, no sabe si va a pasar algo entre ellos esta noche, y no tiene ni idea de cómo actuar.
Se muere por volver a sentir sus besos y caricias por todo su cuerpo. Sentirse amadas.
Recuerda la regla: No tocar. Mantendrá las manos quietas, e imaginará que lo está acariciando, mientras se entrega al placer y a la hermosa visión de él sobre ella dándole todo su amor.

Camina tímida y se sienta a su lado en la cama, sin saber qué hacer.
Mira a Sophia.
-Ha caído rendida -comenta en una sonrisa, aunque por otro lado le preocupa; su hora de la siesta se ha retrasado hoy, por lo que es posible que duerma hasta la hora de la cena y luego se pase la noche despierta queriendo jugar.

-Sí... -murmura Daryl, perdido en la visión de sus piernas desnudas. Quiere acariciarlas, pero teme que eso lleve a algo más -¿Te gustaron los regalos? -pregunta intentando despejar su mente de esos pensamientos lujuriosos.

Carol asiente.
-Nunca había recibido tantos regalos, creo que quieren renovarme el armario, ya sabes, cambiar mi forma de vestir -sonríe.

-No tienes que cambiar nada, si no quieres -dice Daryl.
Odia sus camisas XL y pantalones de abuela, pero si es la ropa con la que se siente cómoda la aceptará y amará, como parte de ella que es.

Carol niega.
-No, esa ropa no me representa a mí, solo a la mujer que Ed quería que fuera. No volveré a ponérmela -se atreve a prometer. Se acabó la vieja Carol.

-Mejor, porque es espantosa -murmura Daryl, haciéndola reír. Le encanta su sonrisa -Me gustó el vestido que llevabas el día que nos conocimos ¿Qué fue de él? -se atreve a preguntar.

Carol se sonroja. Le sorprende que recuerde lo que llevaba puesto ese día, aunque ella también recuerda lo que llevaba él.
-Lo tiré -responde en un encogimiento de hombros.

Entonces Daryl hace memoria: lo manchó con su esperma.
-¡Ay Dios! ¿No salió la mancha? Mierda, lo siento, yo...

-No, no fue por eso -interrumpe -Ni si quiera lo lavé, como era algo que Ed no aprobaría sencillamente lo tiré -aclara, sonriendo como una estúpida al recordar cómo gastó los últimos dólares que tenía ahorrados a escondidas para comprar ese vestido. La mejor inversión que ha hecho en su vida.

-Pues estabas muy guapa con él -dice en un sincero cumplido. Estaba realmente hermosa ese día. agradece haber sido él el hombre elegido para intentar olvidar por un rato al monstruo que tenía como marido, y ahora que podrán estar juntos cada día espera poder borrar hasta su maldito nombre de su recuerdo, a base de besos, caricias y muestras de verdadero amor.
Casi sin darse cuenta ha llevado la mano a su muslo para acariciar su piel suave, esa piel que lleva todo un año queriendo acariciar.
La mira a los ojos, ella le sonríe con dulzura, por lo que él sigue con su exploración, olvidándose de todo.
La besa lentamente, mientras su mano continúa acariciándola bajo la camisa, subiendo por su cadera, para acabar posándose sobre su cintura.
Utiliza la otra mano para acariciar su rostro y agarrar la garganta con suavidad para controlar el movimiento de su cabeza; Besa la comisura de su boca, baja hasta la barbilla, expone su cuello y reparte besos a todo lo largo, mientras que la mano que está bajo su camisa sube hasta el sostén, donde roza el pezón izquierdo por encima de la gruesa tela del sujetador de lactancia hasta hacerlo endurecer, aunque no es muy difícil, están constantemente siendo estimulados. Coloca la mano sobre el pecho y aprieta con suavidad, lo suficiente como para arrancarle un gemido de placer. No quiere hacerle daño, sabe que están más sensibles que la última vez que los tocó.
Su miembro crece en sus pantalones, y pide a gritos ser liberado para volver a estar dentro de la mujer que tanto desea.

Carol se relaja ante su tacto suave y sus besos húmedos que hacen que se le erice la piel. Lleva un año anhelando esto, y quiere saborear cada segundo del momento.
No puede tocar, por lo que deja que sea su lengua quien hable por su manos, y juega con la de él con la pasión con la que desea acariciar cada palmo de su cuerpo.
Siente como Daryl acaricia la zona de sus caderas, donde las estrías del embarazo son más que visibles y notables al tacto, y... se detiene.

Observa a Carol, tienes los ojos brillantes, negros de deseo, las mejillas encendidas, los labios húmedos y rojos por el beso, pero... él no puede seguir, si continúa acabarán haciendo el amor, y no quiere eso, no ahora, no así, no está preparado, pero... ¿Cuando lo estará?
-Debemos parar -murmura. Carol lo mira interrogante esperando una explicación, pero... ¿Qué explicación? entonces recuerda -No... no quiero hacer nada hasta que estés recuperada del todo -miente, aunque es una mentira a medias, teme hacerle daño en el momento de pasión.
Aún le quedan varias semanas hasta que sus costillas sanen, y entonces... ¿Entonces qué? ¿Qué excusa le pondrá?

Carol asiente automáticamente sin saber muy bien si creerlo o no. Se ha detenido justo cuando ha notado las estrías...
Recuerda a Ed, los insultos que profería a su cuerpo, las veces que le dijo que le daba asco, que nadie la querría, que más le valía que su cuerpo volviese a ser el que era antes del embarazo.
Y si él...

-Hey, ven aquí -la saca de sus pensamientos, atraiéndola hacia él, echando su cuerpo sobre el de ella, obligándola a tumbarse, para así poder seguir con el beso en esa posición, cara a cara, ambos tumbados de lado sobre la cama.
Vuelve a meter la mano bajo su camisa, para acariciar de nuevo las hermosas marcas que Sophia dejó en el cuerpo de su madre. Aún recuerda lo abultado que estaba su vientre, lo adorable que caminaba en los últimos meses del embarazo, la de veces que tenía que ir al baño, los antojos que tenía, las patadas que daba su muñequita, que hacían a su madre reír y llorar a la vez, lo...
Siente a Carol tensarse.
-¿Qué ocurre? -pregunta sobre sus labios.

Carol lo mira a los ojos.
-Son estrías, no las puedo eliminar del todo -murmura tímida.

-Es el recuerdo eterno de que nuestra niña estuvo ahí ¿Por qué ibas a eliminarlas? A mi me gustan -declara sonriente mirándola a los ojos, pero Carol no responde, sólo sonríe emocionada, con los ojos cargados de lágrimas y vuelve a buscar sus labios.
No necesita saber más, seguro que Ed le creó inseguridades sobre cómo quedó su cuerpo tras el embarazo, pero él se encargará de demostrarle que la ve aún más hermosa que la primera vez que se unieron en uno.
Lo que no sabe es cuando podrá volver a unirse a ella... de momento se conforma con disfrutar de besarla y tenerla entre sus brazos de nuevo.


La noche llega antes de que se den cuenta, y Daryl se encuentra tumbado boca arriba en la cama, con Sophia dormida sobre su pecho y Carol con la cabeza apoyada al otro lado.
Le encanta estar así, con los dos amores de su vida durmiendo acurrucadas sobre él, poder abrazarlas, sentir esos dos hermosos corazones latiendo a la par que el suyo y relajarse con la respiración profunda de ambas.
Carol posa el brazo sobre el abdomen de él, y Daryl se tensa.
Respira profundo. Vamos, puedes hacerlo, es sólo el brazo de Carol, sabes que ella no te va a hacer nada. se dice.
El corazón se le acelera aún más, en una señal inequívoca de alarma.
Se muerde el labio e intenta controlar su respiración.
Carol mueve la mano ligeramente.
Miles de imágenes llegan a su mente: Su padre golpeándolo, los niños del barrio pegándole, la prostituta con la que fue forzado a perder la virginidad acariciándole.
¡No, no puede! golpea frenéticamente el hombro de Carol para que retire el brazo de ahí, haciendo que se despierte sobresaltada.
-Lo siento -la escucha disculparse. Aleja su brazo de él, abrazándose a sí misma para no arriesgarse a que vuelva a pasar y se entrega de nuevo al sueño.
Daryl respira aliviado. Besa la frente de Carol, posando sus labios largo rato, intentando controlar las lágrimas de impotencia que luchan por salir.
Joder, sólo era su brazo, ni siquiera lo estaba acariciando, era su brazo apoyado sobre su abdomen ¿Qué coño estaba tan mal que ni siguiera permitía a Carol acurrucarse correctamente contra él?
Acaricia la cabeza de su niña. Ella está completamente tumbada sobre él, de vez en cuando se mueve, cambia de posición, pero lo único que le hace sentir es amor. Es más, ha perdido la cuenta de la de veces que le ha tirado del pelo, acariciado la barba, pellizcado las mejillas e incluso abofeteado con sus pequeñas manitas y la única reacción que él ha tenido ha sido sonreír. ¿Por qué Sophia sí y Carol no? ¿Porque es un bebé? ¿Qué pasará cuando crezca?
Dios, no quiere tener que pedirle a su niña que no lo abrace porque no lo soporta. Debe haber una solución a todo eso, libros, vídeos, algo que le diga cómo cojones solucionar su maldito problema, no puede seguir así, ya no es ese hombre solitario que buscaba sexo ocasional en bares de carretera para liberar sus deseos, no, esta etapa de su vida está muerta y enterrada, ahora es un padre que quiere que su niña corra a abrazarle cuando llegue del colegio; es un hombre enamorado que quiere que la mujer de su vida pueda acurrucarse sobre su pecho los fríos días de invierno y explorar con sus manos su cuerpo cuando hagan el amor.
¿Tan difícil es?
Los movimientos de Sophia sobre su pecho lo sacan de su pensamiento. Comienza a estirarse y a ronronear como un gato, el sueño la ha abandonado.
Se acabó la noche cargada de pensamientos que no lo dejarán dormir, hola noche en vela intentando cansar a esa pequeña sinvergüenza que ha decidido ser un ave nocturna.
Sonríe, ella es la mejor distracción.


Hola, este capítulo ha sido más corto de lo que os tengo malacostumbrados XD Iba a ser más largo, pero he considerado correcto parar aquí. Daros un poco de calma antes de que vuelva la tormenta.

Espero que hayáis visto correcto la descripción de ese "primer beso" le di muchas vueltas sobre cómo llevarlo a cabo :)

Y bueno, ya los tenéis juntos de nuevo, aunque a Daryl le queda un largo camino por recorrer para ser el hombre que desea ser, pero paso a paso lo conseguirá.

Un detalle que quizás se os haya escapado: Ed ya no está en casa de Merle, sino en la de Negan.

Espero que os haya gustado la actualización, y como siempre muchas gracias por vuestros comentarios.

Por cierto, me habéis comentado enWattpad que os ha costado encontrarme allí debido a que mi nombre de usuario es distinto, eso es porque "carylalways" ya estaba cogido aquí XD, lo siento
Aquí estoy si me buscáis:
www*wattpad*com/user/CarylAlways (Cambiad los asteriscos "*" por puntos ".") ^^