23. Demasiado bonito para ser verdad
Daryl despierta un par de minutos antes de que suene la alarma. Debe irse a trabajar, pero no quiere, se siente tan bien con el peso de Carol y Sophia sobre él, es algo que lleva anhelado tanto tiempo...
Además, no sabe como levantarse sin despertarlas, él está actuando como almohada para las dos, y uno de sus brazos está atrapado bajo el cuerpo de Carol.
Acaricia la espalda de su niña, que gruñe y se ovilla pidiendo que la deje en paz. Adora a su pequeña gruñona, que les ha dado la noche. Se quedó dormida demasiado pronto, y de madrugada se despertó para jugar, como si ya hubiese salido el Sol.
Besa la frente de Carol y hace exactamente los mismos gestos que Sophia.
Se echa a reír. No hay duda de que son madre e hija.
-Carol -susurra. Aun se le hace extraño llamarla por su nombre -Carol, déjame sacar el brazo, tengo que irme a trabajar -intenta despertarla, pero es inútil, se niega a abandonar el sueño -Vamos, voy a llegar tarde -musita. El sonido de su voz le ha debido resultar molesto, ya que se queja en sueños y se gira, dándole la espalda, liberando así su brazo por el que parece no correr la sangre.
Tantas horas en la misma postura...
Deja a Sophia junto a su madre. Le parece de lo más simpático que estén durmiendo exactamente en la misma postura, como si hubiesen sido cortadas por el mismo patrón.
Besa la cabeza de cada una y coloca la barrera protectora para que su bichejo nervioso no se caiga de la cama en una de las tantas vueltas que da mientras duerme.
Marcha a la ducha.
Aún no se lo cree: están juntos. Después de tanto tiempo al fin puede manifestar su amor sin problemas. Se acabaron los llantos a solas por no poder besarla, adiós a las preocupaciones de qué sería de él el día que ella encontrase el amor. Ya no hay secretos, ni gestos tabú, puede besarla, abrazarla, decirle te quiero, agarrar su mano por la calle, dormir acurrucando junto a ella, mantener relaciones sexu...
Su mirada se vuelve sombría.
Mira su cuerpo desnudo en el espejo del baño, apenas puede sostener la mirada sobre él. Se odia, cada pequeño recodo de su piel está marcado, recordándole a gritos su tormentoso pasado. De algunas heridas ni siquiera tiene constancia de cuando y como fueron echas, fue maltratado desde antes de nacer y los recuerdos de sus primeros años de vida han sido completamente borrados.
Si pasa los dedos por su pecho puede notar el relieve de cada cicatriz; cada quemadura, laceración, corte y puntos de sutura que tuvieron que darle. Y su espalda... Dios, su espalda tiene marcas tan profundas que podrían confundirse con el cauce de un río en temporada de sequía.
No puede desnudarse delante de ella. No... no soportaría ver su rostro debatiéndose entre la compasión y el asco. Jamás podrá hacer el amor con ella, al menos no como a él le gustaría: sintiendo como sus cuerpos desnudos se acarician y funden en el placer, compartiendo el sudor, mezclándose lo olores... No, jamás tendrá eso...
Sale de la ducha, se seca y viste rápido, antes de que los fantasmas del pasado vuelvan a aparecer en el espejo.
Abre la puerta del baño y sonríe. Las dos personas más importantes de su vida continúan dormidas.
Carol abraza a su niña, respirando sobre su cabello pajizo, y la pequeña duerme boca arriba, con la boca entre abierta y las manos por encima de su cabeza.
Es una estampa preciosa.
-Me voy a trabajar, os veré a la tarde. Os quiero -susurra sobre el oído de Carol, dándole un beso en la mejilla, no queriendo marcharse. Teme cruzar esa puerta y que todo haya sido un sueño, porque todo lo que está viviendo es demasiado bonito para ser verdad.
La batería de la furgoneta ha muerto, volvió a casa tras el trabajo, y cuando se disponía a salir de nuevo al supermercado, a hacer una compra urgente; pañales concretamente, el coche no arrancó, por lo que ahora se en el único taller donde él es bien recibido.
-Vaya, así que estáis juntos -murmura Dale, cuando Daryl lo ha puesto al día de todo lo que ha pasado en su vida. Ha llevado a Sophia para que la conozca, le ha confesado quién es la madre, y contado todo la historia de lo que ha pasado y está pasando -¿Sabes? siempre supe que Ed no era trigo limpio, llámalo intuición, pero este viejo ha aprendido a leer el corazón de las personas, y el de Peletier siempre lo vi muy podrido -añade, acariciando la mejilla de Sophia. Daryl quería que viese lo risueña y vivaz que es, pero la señorita ha decidido quedarse dormida de camino al taller -¿Qué vais a hacer ahora? -pregunta interesado, mientras mete las manos en las entrañas de la vieja furgoneta.
-Queremos mudarnos de aquí, estoy buscando casa lejos de la zona, con mis ahorros tendré para pagar seis meses de alquiler. Espero encontrar un trabajo por la zona antes de que pase ese tiempo -responde atento a lo que Dale está haciendo, echa de menos trabajar allí, gracias a él consiguió sus primeros ahorros, y pudo abandonar su antigua casa.
-¿Has buscado en Charleston? está a cuatro horas de aquí, es una ciudad poblada, pero bastante tranquila, tiene muchas zonas verdes, y casas a un módico precio.
Si encuentras algo por ahí avísame, mi hermano tiene un taller por la zona, conseguiré que te de trabajo -informa Dale, sonriéndole. Sabe lo duro que es para él vivir en Georgia, su fama lo persigue allá donde vaya, y ahora perseguirá también a su hija y a su pareja.
-Charleston -murmura Daryl, apuntando el nombre en su teléfono. Si la zona es interesante y encuentra algo podrá ir allí con un trabajo bajo el brazo -Muchas gracias, Dale -agradece con sinceridad. Ese hombre ha hecho más por él que su propio padre. Puf, como si fuera algo difícil.
-Lo que sea por mi mejor mecánico. Espero que vengas por aquí a despedirte antes de irte, y ver a este ángel despierto -sonríe, viendo a la pequeña dormir en brazos de su padre, con la cabeza recostada sobre su hombro. Quién le iba a decir que un día llegaría a ver un Dixon siendo un buen padre, haciendo todo lo que está en su mano para huir de esa fama de maleante que tienen todos. Fama que, a la vista está, en él no se cumple.
5 meses y medio
Le gusta las tardes de lluvia, antes siempre las odiaba, porque no tenía más remedio que quedarse en casa, escuchando como su padre y hermano le recordaban lo inútil que era, pero ahora... adora tener a Carol sentada a su lado, compartiendo una manta con él, viendo una película, mala de cojones, pero el argumento le importa bien poco, sólo le importa la compañía.
Sophia está jugando en el suelo sobre su manta interactiva. Rueda, se pone boca abajo, boca arriba, se agarra los pies para llevárselos a la boca, se arrastra para alcanzar lo que quiere, se mantiene sobre sus brazos, y... no se puede creer lo que está viendo: Su niña se ha colocado en la posición de gateo y parece estar decidida a avanzar. Medio mes atrás sólo se aguantaba en esa postura, y cuando se cansaba se dejaba caer, pero ahora está estirando el brazo dispuesta a dar el primer paso para gatear y así alcanzar a Pookie.
Da un suave codazo a Carol para que mire a su niña, le da miedo hablar por si la asusta y deja de intentar lo que va a hacer.
Saca el teléfono móvil disimuladamente, se arriesga a que lo vea y quiera jugar con él, pero tiene que grabar ese momento.
Sophia deja caer el brazo y arrastra la rodilla contraria, dando así el primer paso.
Le hace gracia como balancea el culo adelante y atrás para ayudarse a tomar impulso.
-Parece un muñeco -susurra Carol, que se ve en la necesidad de ahogar su risa contra el brazo de Daryl, para no llamar la atención de Sophia, pero sus movimientos son bastantes divertidos.
Él asiente, tiene razón, parece irreal, tan pequeñita y moviéndose así, a veces pierde el equilibrio, resbala, y se vuelve a levantar para volver a intentarlo.
Es muy tierno escucharla dar grititos alegres con cada avance que da.
Sabe que la edad a la que suelen gatear es a partir de los 7 meses, pero también sabe que hay niños que lo han hecho a partir de los 4 meses y medio, por lo que lo que está haciendo no es algo sorprendente, aunque sí inusual.
Supone que los ratos que ha pasado tumbada boca abajo sobre su manta de actividades para aprender así a sostener la cabeza y darse la vuelta, junto con esas sentadillas que le ha dado por hacer, la han ayudado a fortalecer lo suficiente los músculos como para atreverse a gatear.
Sophia llega justo donde está Pookie y suelta una risa orgullosa antes de dejarse caer torpemente a su lado para jugar con él.
Escucha a su madre chistarle.
-Oye, ¿Qué has hecho tú? Que te hemos visto, sinvergüenza -dice Carol con voz aguda, y Sophia ríe con la boca abierta reaccionando a ese tono de voz, para volver a fijar su atención en su peluche segundos después.
-Madre mía, aún es incapaz de sentarse ella sola y ya gatea -sonríe Carol.
-Y con lo nerviosa que es dudo que vaya a aprender a sentarse algún día -bromea Daryl negando con la cabeza y sonriendo ampliamente. Su niña es genial, nació antes de tiempo, sigue estando en un percentil de peso y talla bajo, pero está seguro de que su desarollo psicomotriz está por encima de la media.
-Daryl... -lo llama Carol -Nuestra niña gatea -exclama con voz nerviosa, hasta ahora no se ha dado cuenta de lo que aquello acontece: Se acabó la tranquilidad mientras ella juega. Hoy son dos metros, pero en unos días puede que esté recorriendo toda la casa.
Daryl carraspea conteniendo la risa y abraza a Carol.
-Pues siento comunicarte que en unos meses también caminará -musita sobre su oído, haciéndola reír.
Deberán tener cien ojos puestos sobre su hija.
Su hija... qué bonito suena.
En un par de días debe ir a hacerse la prueba de paternidad.
Le resultó gracioso cuando Andrea llegó con una demanda para Carol en el que le informaban de que el señor Daryl Dixon había demandado ser el progenitor de su hija Sophia Peletier y que por ello se había solicitado la realización de un análisis genético que lo confirme.
Es divertido, porque esa misma demanda ha debido llegarle a Ed. Habría pagado por ver su cara. Aunque deberá vérsela pasado mañana. Daryl, Ed, y Sophia deberán presentarse en el laboratorio a la misma hora aunque, debido a la orden de alejamiento, la persona que se presentará con la pequeña será Andrea, la abogada de Carol, en representación legal de su cliente.
-¿Y si no es mía? -pregunta Daryl preocupado, mirando a su niña que juega tumbada de lado, parloteando consigo misma -Quiero decir, me da igual si no lo es, la querré igual, pero... ¿Y si no soy el padre? no podremos evitar que Ed se la lleve -añade, un poco paranoico.
Carol sonríe con suavidad.
-Claro que es tuya, Daryl, de eso no hay duda alguna, ni siquiera entiendo porqué os hacen esta prueba de ADN, el grupo sanguíneo de Ed es 0, al igual que el mío, y Sophia es B, al igual que tú, es imposible que sea suya -intenta tranquilizarlo ella. Se derrite al verlo tan preocupado, y diciendo que le da igual que no sea suya. Aún no se cree la suerte que tiene de estar con él.
-Sólo te pido que mantengas la calma ese día, por favor, no te enfrentes a Ed -ruega mirándole a los ojos.
Daryl acaricia su mejilla. Él también teme ese encuentro, y hará todo lo posible para aguantar las ganas de partirle la cara a ese monstruo. Lo que menos le interesa es dar un espectáculo delante de su bebé, que espera que haya olvidado cualquier recuerdo sobre él.
-Tranquila, me comportaré, lo prometo -susurra antes de besarla. Adora poder besarla, todas sus preocupaciones parecen irse en ese beso -Te quiero -susurra sin darse cuenta. Su mente estaba tan perdida que las palabras se escapan de sus labios antes de que pueda detenerlas.
Ella le sonríe con los ojos brillantes.
-Yo también te quiero -le devuelve ella, antes de volver a entregarse en ese beso.
Las mariposas de su estómago, que parecían estar dormidas revolotean nerviosas de repente.
Le ha dicho te quiero, y no ha habido ningún "eres mi mejor amigo" detrás, no, es un te quiero único, dirigido sólo a él y nadie más, la clase de te quiero que alguien le dice a la persona que ama y besa tal y como están haciendo ahora mismo.
Siente un peso sobre su pie.
-¿Carol? Sophia ha gateado hasta aquí -informa contra sus labios, y rápidamente rompen en risas al ver la mirada curiosa con la que Sophia los mira desde el suelo.
Ama esos momentos en familia, son tan hermosos que no parecen reales.
Día de los análisis, está nervioso. Ha llegado pronto al laboratorio, acompañado de Andrea y Sophia, que juega con Pookie en los brazos de ella.
Mantiene las distancias, por su bien Andrea le ha pedido que finja no conocer a su hija, para que Ed no ate cabos y llegue a la conclusión de que su exmujer estuvo viéndose con él a sus espaldas, y por ello la niña está tan a gusto con él.
Las puertas automáticas se abren, y una ráfaga fría se cuela en el interior de la sala, junto a Ed Peletier, que camina al interior con los pasos de un fantasma.
Se acerca a la recepcionista, para avisar que está allí.
Daryl lo observa, tiene mal aspecto: barba descuidada, más delgado, ojeras, ropa sucia, y parece que lleva sin comer días. Casi le da pena, hasta que recuerda el ser despreciable que se oculta tras esa fachada de buen esposo abandonado por su mujer.
-¡Sophia, hija mía! -exclama al ver a su niña.
Daryl se tensa al verlo acercarse, pero procura fingir que está concentrado en su teléfono, como hace cinco minutos. Le ha llegado el aviso de una casa donde Dale le dijo.
-Un movimiento en falso y llamaré a la policía -amenaza Andrea, para alivio de Daryl.
Ed la mira con el rostro de un hombre inocente que acaba de ser acusado de una abominación.
-¿Crees que le haría daño a mi hija? -pregunta como quien jamás ha puesto la mano encima a su mujer -Hola cariño, ¿Te acuerdas de mí? soy papá.
Sophia lo mira seria intentando averiguar cómo reaccionar ante ese desconocido. Ya ha pasado la época en la que sonreía a todo el mundo en cuanto le decían algo amable. Ahora distingue entre rostros conocidos y los que no lo son. Y ese no lo es.
Ha dicho una palabra que conoce, por lo que decide repetirla.
-Papá -murmura volviendo a centrarse en su peluche.
Ed sonríe emocionado, y Daryl sólo quiere matarlo. Sí, lo ha llamado papá, igual que ha llamado papá a la lámpara de lava que hay sobre la mesa de la sala. Es la única palabra que dice últimamente.
Respira hondo intentando calmarse, buscando el lado bueno a aquello; al menos no lo recuerda, prefiere que lo llame papá antes que verla romper a llorar muerta de terror.
-Sí cariño, papá -repite, dándole un beso en la cabeza antes de sentarse frente a Andrea. Daryl quiere vomitar -¿Cómo está mi mujer? -pregunta con una preocupación que no engaña a nadie.
-Aún recuperándose de la paliza que le diste -gruñe ella. Odia el victimismo de los maltratadores.
-Yo no le hice nada -farfulla Ed, negando la cantidad de pruebas que lo señalan -¿Y tú? -dice con odio mirando a Daryl -¿A qué coño juegas? ¿A qué viene eso de reclamar la paternidad de mi hija? -ladra con los ojos inyectados en sangre.
Daryl decide ignorarlo. Menudo imbécil tiene un ego tan grande que algún día morirá aplastado por él. Seguro que está pensando "¿El sucio de Daryl Dixon acostándose con mi mujer y dejándola embarazada? no me hagáis reír ¿Por qué iba a buscar sexo en otro lugar teniendo lo que tiene en casa".
Menuda hostia se va a dar contra el suelo cuando vea que Sophia lo único que tiene en común con él es el apellido, y que por suerte perderá en cuanto todo la verdad salga a la luz.
Peletier sigue insultándolo, pero Daryl se mantiene impasible. Esa casa en venta es realmente interesante.
Sophia grita emocionada cuando se da cuenta de que su padre tiene el móvil en la mano, e intenta zafarse del agarre de Andrea, para ir con él.
-Papá -lloriquea mirándole y echando los brazos, pidiendo que la coja. No entiende porqué se ha sentado tan lejos de ella.
Daryl sonríe, mirando disimuladamente a Ed a través del teléfono. Está que echa humo por las orejas. "Su niña" ha llamado papá al sucio Dixon, y además quiere estar en sus brazos, mientras que a él lo ha ignorado como si no lo conociera.
-Toma mira, yo tengo otro igual -dice Andrea, mostrándole el teléfono. Espera que no se lo tire al suelo, aún no le ha hecho el seguro de rotura de pantalla.
Sophia lo agarra con las manos, vale, ya tiene el teléfono, pero quiere estar en los brazos de su padre.
Encorva la espalda y comienza a llorar, estirando los brazos y mirando a su padre con ojos tristes y suplicantes.
-Esto es ridículo -gruñe Daryl, está cansado de fingir que no conoce a su hija. Odia hacerla sufrir. Que ate todos los cabos que quiera ese imbécil, total, muy pronto se marcharán de ese asqueroso pueblo.
Se sienta junto a Andrea y coge a Sophia, que le extiende los brazos desesperada.
-Ven aquí, mi amor -dice con voz melosa, besando con dulzura la nariz de su bebé, a la que ya se le ha pasado el disgusto, y ahora le sonríe con esa sonrisa que alimenta su alma.
Ed lo mira con asco.
-¿Cuando te la has follado? -pregunta intentando digerir lo que está viendo. Pero el puto Dixon no responde, sigue repartiendo besos a esa bastarda que él cuidó como si fuera suya.
No puede ser, Carol jamás le haría eso, nunca se atrevería sabía lo que pasaría si lo descubría, y mucho menos follaría con un Dixon, a no ser que... -¡La violaste! -acusa furioso, intentando mantener la calma, no le interesa que vean lo violento que es.
Daryl se tensa ¿Cómo se atreve a acusarle de eso? ¡Es él quien la ha violado todos estos años! Cerdo rastrero, que tiene a todo el mundo engañado y...
Mira los ojos de su hija, tan profundos, puros, inocentes e iguales a los de su madre. Recuerda lo que le prometió.
-No la violé, a diferencia de ti, yo nunca le haría daño -se defiende con voz pausada, sorprendiéndose a sí mismo.
Puede escuchar como Andrea regaña a Ed por esa acusación carente de pruebas. Las tornas se han cambiado. Aún recuerda aquel fatídico día hará poco más de dos años, cuando lo descubrió intentando bajarle los pantalones a esa joven inconsciente. No soportó ver eso.
Se abalanzó sobre Ed y le dio una paliza sin darle apenas oportunidad de defenderse, sólo podía gritar ahogándose en su propia sangre, y los demás acudieron atraídos por sus gritos.
Recuerda como Merle lo apartó de Ed, y mientras él le explicaba lo sucedido a su hermano, ese cerdo contaba su propia versión, que para su desgracia fue la que creyeron.
Merle lo miró con odio, sintiéndose defraudado y le dio un puñetazo que casi le desencaja la mandíbula.
Su hermano y él serían muchas cosas, pero sufrieron tanto viendo como su padre trataba a su madre que decidieron que no querían eso para sus futuras parejas, por lo que en su día acabaron pactando un código de conducta que no debían romper: Prohibido maltratar y/o violar a una mujer.
Enterarse que su hermano había hecho eso le dolió, pero más le dolió a él ver como Merle prefería creer a un desconocido antes que a su hermano.
¿Pero ahora? ahora tiene una familia de verdad, que saben como es él, que saben cuanto ama a Carol y a su niña, y lo mucho que ellas lo aman a él.
Ese cerdo puede acusarlo de todo lo que quiera, que no le importa. Él sabe la verdad, Carol sabe la verdad, sus amigos saben la verdad, y dentro de poco lo que piense la gente del pueblo le importará una mierda, porque, en cuanto la paternidad de Sophia quede aclarada, y la sentencia de divorcio sea firme, se marcharán de allí a un lugar mejor.
Ed resuella como un toro bravo. Si pudiera le reventaba la cabeza a ese paleto, y a la puta bastarda también.
Un Dixon, se ha follado a un Dixon, y no uno cualquiera, no, a la oveja negra de la familia.
Sonríe, si en el pueblo Carol ya era considerada como una desagradecida que abandonó a su marido, ahora que se sabrá que la niña es de Daryl Dixon, ese violador que le pegó una paliza al que fue su marido, puta será lo más suave que le dirán.
Cosechará lo que sembró.
-Disfruta follándote a esa zorra -gruñe marchándose de allí a toda prisa.
Daryl lo ve marchar.
-¿Qué pasa ahora? -pregunta con la mandíbula apretada, deseando agarrar a ese cerdo, sacarle todos los dientes a hostias y hacérselos tragar, para que no vuelva a faltar el respeto a Carol.
-Pues en caso de que tu prueba de ADN de negativo se le citará a él para constatar que Sophia es hija suya y no de otro hombre desconocido, pero como no es el caso pues importará bien poco si se presenta o no -responde Andrea con tranquilidad. Esa niña es de Daryl, no tiene duda alguna.
-Mejor así, dos minutos más y lo habría emparedado de una hostia -gruñe, olvidando toda la tensión, cuando su niña comienza a rascarse la cabeza con su barba.
Se echa a reír, menudo descubrimiento acaba de hacer esa renacuaja.
-Hey, ¿Cómo ha ido? -se apresura Carol en preguntar. Ha corrido a recibirlos en cuanto han entrado por la puerta.
-Papá -dice Sophia, echando los brazos a su madre. Lleva mucho tiempo separada de ella.
-Es mamá -corrige Daryl, dejándola en los brazos de Carol.
-Ha ido todo bien -responde tras saludarla con un casto beso. Adora todos la gama de besos que puede darle ahora -Sophia ha cogido una rabieta cuando le han sacado el bastoncillo de la boca y no se lo han dado, pero por lo demás todo bien. Cuando estén los resultados se los llevarán al juez que lleva el caso -informa con voz pausada. La prueba no duró mucho, casi que pasaron más tiempo en la sala de espera que en la zona de muestras.
Su móvil suena avisándole del bajo nivel de batería y entonces recuerda algo.
-¡Tara, voy a coger tu portátil! -grita, para que la mujer que está al otro lado de la casa lo escuche, y le de su aprobación.
Carol lo mira interrogante.
-¿Y Ed? -pregunta, odiando como ha temblado su voz al pronunciar su nombre.
Daryl la mira con ojos preocupados. Le ha llegado su tensión.
-Ed no importa ¿Vale? no ha pasado nada, ha ido de víctima, pero a mí no me engaña. Sophia ni lo ha recordado, y yo he ignorado sus tonterías, puedes preguntarle a Andrea para que veas que es verdad -la tranquiliza, estrechándola contra él, para transmitirle la calma que él siente. Pasa de entrar en detalles, lo único que harán será hacer que se sienta mal, y no es algo necesario.
-Ahora siéntate aquí, tengo que enseñarte algo -pide, agarrándola por los hombros, para guiarla hasta el sofá, frente al portátil -¿Recuerdas que te dije que Dale me recomendó que buscase casa en Charleston? Pues hoy, mientras estaba en la sala de espera, y Ed soltaba gilipolleces por esa cloaca que tiene por boca, yo estaba buscando casas por esa zona, y encontré esta -dice mostrándole el anuncio -Está recién reformada, se puede alquilar con opción a compra, y mira en que zona más bonita está -informa, abriendo la página de google maps para mostrarle una vista vía satélite de la casa -Nada más cruzar la calle estarías en el parque Hampton, y el pueblo tiene muchísima historia, está lleno de museos, y zonas turísticas, seguro que encuentras trabajo de lo tuyo fácilmente.
Carol mira la casa, por fuera tiene un aspecto antiguo, pero por dentro está nueva; La fachada es de ladrillo rojo, techo de tejas negras y ventanas blancas. Tiene un jardín delantero, y otro trasero, delimitados por una hermosa valla de forja. Es de una sola planta, pero bastante amplia. Tiene salón con chimenea, cocina comedor, habitación de matrimonio con baño propio, dos habitaciones más completamente vacías, otro baño al final del pasillo y porche delantero y trasero.
-Daryl... es preciosa... -susurra emocionada. Su mente ya ha viajado hasta allí, y se ha visto dando largos paseos con su niña por ese hermoso parque.
-¿Quieres que vayamos a verla mañana? -pregunta Daryl contagiado por la sonrisa de ella. Está radiante.
Carol asiente efusivamente, entusiasmada con la idea, le irá bien cambiar de aires por un día, alejarse de todo aquello, y conocer ese posible nuevo hogar.
-Voy a llamar -informa Daryl, buscando el cargador para enchufar el móvil y poder marcar el número de la inmobiliaria encargada de esa venta, el cual había guardado con anterioridad.
Sophia grita cuando ve el teléfono, por lo que él debe alejarse de allí y así poder hablar tranquilamente con la persona al otro lado del aparato sin que ella intente arrebatárselo. No entiende porqué le gusta tanto ese aparato, lo único que hace es dar manotazos sin control.
Carol mira la pantalla del portátil, y revisa de nuevo las fotografías de las habitaciones. Una de esas dos salas vacías será la habitación de su niña, y la otra... no sabe, quizás una zona de estudio donde poner un ordenador, o si tienen otro hijo...
Sacude la cabeza, ruborizándose y a la vez emocionándose ante la afirmación de que son una familia, y que puede que en un futuro vuelva a sentir las pataditas de un bebé en el interior de su vientre.
Tras dos meses viviendo en casa de Tara, sintiéndose un poco mal por ocupar su cama, comer su comida, y en resumen estar ahí viviendo de gorra, sin pagar un duro, al fin podrá mudarse a su propia casa junto a Daryl.
Piensa buscar trabajo, aunque no sea de su profesión, le da igual, sólo quiere poder llevar dinero a casa, colaborar con los gastos, no sentirse una mantenida viviendo a costa del sueldo de Daryl. Quiere demostrar que no es ninguna inútil, como Ed se empeñó en hacerle creer todos estos años.
Daryl conduce hasta Charleston, se han levantado temprano, y tiene previsto llegar allí al mediodía. Verán la casa, y si les parece bien firmarán él contrato de alquiler y pagarán el primer mes. Aunque no puedan mudarse aún, no piensa dejar pasar de nuevo la oportunidad como le pasó con la de Alabama.
Tras ver la casa darán una vuelta por el pueblo, lo conocerán, visitarán la zona, almorzarán en algún sitio, y pasarán el día en familia.
Sonríe: En familia. Le encanta como suena.
Mira a Carol, ama como está vestida hoy; pantalones vaqueros, botas, camisa blanca con un discreto escote en forma de corazón que lo está volviendo loco, y chaqueta marrón. Parece otra, desde que no está con Ed, y las chicas la ayudaron a renovar el armario, es otra mujer. Si ya le parecía sexy con esas camisas XL que la desexualizaban, ahora...
Mira por el espejo retrovisor, Sophia está segura en su asiento especial, durmiendo plácidamente, los paseos en coche hacen que le entre sueño.
-¿Tienes frío? -pregunta a Carol, que se está frotando los brazos. Diciembre está a la vuelta de la esquina, las temperaturas caen en picado, y la camioneta es tan vieja que no dispone de calefacción.
-Un poco -responde con sinceridad.
Daryl frota su muslo. Le encanta su respuesta, poco a poco va abriéndose a decirle lo que de verdad siente o piensa, va recuperando la confianza en sí misma, a tener su propia voz.
-Debí haber traído alguna manta o algo extra, las carreteras están muy sombrías y frías por la rociada a estas horas de la mañana, pero dentro de poco saldrá el Sol, y entrarás en calor -dice, odiando no poder hacer nada más por ella. Le encantaría poder abrazarla y calentarla entre sus brazos, pero tiene que conducir.
Vuelve a mirar a Sophia, su bebé no tiene problemas de frío. Está abrigada con una manta con un estampado de pequeñas flores rosas, y lleva puesto un gorrito de lana gris con orejas de osito que en su día fue de su primo Matthew. Adorable.
-¿Crees que debería hablarle a mi hermano de su hijo? -pregunta, es algo que lleva un tiempo rondando por su cabeza. Recuerda que Andrea le dijo que cuando viese a Merle le enseñase la foto de Matthew, para que viese lo que se está perdiendo, pero... no sabe... es Merle...
Carol piensa un instante. Se siente extraña teniendo que dar su opinión, lleva tanto tiempo asintiendo o negando acorde a la opinión de su marido, que ahora que es libre está un poco perdida.
-No lo sé, ¿Por qué quieres hacerlo? ¿Esperas obtener alguna reacción por su parte?
Daryl se lame los labios.
-Sé que mi hermano y Andrea se amaban, y... no sé... no entiendo que se le pasó por la cabeza a ese idiota para pedirle y casi obligarla a que abortara. Merle siempre ha buscado la aprobación de mi padre, y ahora que no está, pues... quizás vaya a pedirle disculpas a Andrea o algo de eso -responde dejando salir sus pensamientos. Es maravilloso poder hablar con alguien le escuche sin interrumpir o cambiar de tema, considerando que que el de él no tiene importancia.
-¿Confías en él? -pregunta. No conoce mucho a Merle, más allá de lo que ha visto en fiestas y barbacoas. Y nunca le dio buena espina.
Daryl no puede asentir, pero tampoco puede negar.
-¿Sabes una cosa? Creo que Merle empezó a cambiar a raíz de cortar con Andrea, creo que eso le afecto, y decidió convertirse en una copia barata de mi padre.
Antes no era así, es decir, siempre fue un capullo, pero no tanto. Él es diez años mayor que yo, siempre me protegió cuando éramos niños. Vale que eramos dos pequeños delincuentes; robábamos, nos colábamos en el cine, circo, parque de atracciones, pero si no llega a ser por él yo jamás habría sabido lo que es ver una película en pantalla grande, nunca habría tenido fobia de los payasos, ni habría vomitado al bajar de la montaña rusa -recuerda nostálgico. No quiere contarle que cuando su padre tenía ganas de darles una paliza Merle le provocaba para que se desfogara con él, y dejase a su hermano pequeño en paz.
-¿Y con Andrea? ¿Cómo era su relación? -se interesa. Si de algo sabe ella es de relaciones tóxicas.
Daryl sonríe al recordar.
-Cuando la conoció era un tonto enamorado, estaba siempre sonriendo por las esquinas. Pasó de llevarme a todos lados a no permitirme acompañarlo. Así que un día lo seguí a escondidas, a través del bosque, a ver que hacía que era tan secreto como para prohibirme ir.
Y... bueno... cuando... cuando llegué allí... yo... los vi... ya sabes...
-¿En pleno acto sexual? -termina la frase Carol, al ver lo tímido que se ha vuelto de repente. Adora lo rojas que se le ponen las orejas.
-Exacto, él estaba encima de ella, y pensé que le estaba haciendo daño, así que salí de entre los arbustos y grité ¡¿Qué haces Merle? me dijiste a las chicas no se les pega! Ellos se asustaron, Merle me insultó, se subió los pantalones, corrió tras de mí, y después de darme un par de collejas me explicó lo que era el sexo, me pidió que no le dijese a nuestro padre que tenía novia, y me presentó a Andrea. A raíz de ahí me llevaban a todos lados, y me dejaban entretenido con algo mientras ellos iba a otro lado a... a eso.
Nunca vi nada malo en ellos, eran la típica pareja, tenían sus discusiones, pero por lo general se llevaban bien, se hacían bromas, ella le regañaba mucho, intentaba corregirlo, hacerlo ir por el buen camino... así estuvieron siete años, pero cuando nos metimos en el mundo de la venta de drogas la cosa empezó a torcerse. Merle estaba empeñado en que eso era dinero fácil, que nos aseguraba un futuro, pero ella nunca lo vio claro. Luego yo pasé de vender droga a consumirla, y poco más recuerdo a partir de ahí, ya que me pasaba el día enganchado, sólo sé que ella se quedó embarazada, él quería que abortase, discutieron y se acabó todo. Todo lo bueno que había en Merle murió en ese instante -relata, y ella ha podido ver como su mirada se ha ido volviendo más sombría conforme la historia avanzaba.
Carol lo mira pensativa, masticando lo que va a decir.
-Antes de comenzar a salir con Ed, yo era una persona extrovertida, risueña, me gustaba estar rodeada de amigos, decía y hacía lo que quería sin importar lo que la gente pensase de mí, pero cuando Ed llegó a mi vida esa Carol fue desapareciendo poco a poco, casi sin darme cuenta; era cada vez más introvertida, mi risa era solo una mueca, alejé a mis seres queridos de mi lado, me mantenía callada, siempre a sus órdenes, y caminaba con la cabeza gacha y a paso ligero para evitar que la gente se fijase en mí. Pensaba que Ed había borrado a la Carol que fui, que ya no quedaba nada de ella, pero gracias a ti, a Sophia y a todos los que me han ayudado he descubierto que esa Carol sigue viva, solo que está enterrada muy profundo, pero poco a poco voy desenterrando partes de ella. Lo que quiero decirte con todo esto, es que quizás con tu hermano pase lo mismo, y sólo necesita que alguien le de una pala para empezar a cavar.
Daryl la mira de reojo ¿Así que debajo de la Carol de la que está enamorado hay otra aún mejor?
Para el coche en el arcén, para sorpresa de ella, se quita el cinturón y la besa sin darle tiempo a hablar.
-Eres genial dando consejos -susurra contra sus labios, haciéndola sonreír. Ahí está la Carol risueña que dice que un día fue. Ed enterró esa sonrisa, pero él la mantendrá siempre a flote sobre esos hermosos labios que... tiene que volver a besar.
Carol sonríe en el beso. Con cada buena palabra que sale de él, un pequeño trozo de su alma rota renace de nuevo, recordándole lo hermoso que es sentirse amada, apreciada, ser alguien que sirve para algo más que tener la comida sobre la mesa a la hora indicada.
-Seguiré tu consejo, hablaré con mi hermano, "le daré una pala" pero como haga alguna estupidez le abriré la cabeza con ella -gruñe volviendo a arrancarle una risa.
Música para sus oídos.
La ciudad de Charleston es preciosa, muy grande, pero sus casas hacen que sientan que se han teletransportado a un siglo pasado. Es un lugar muy pintoresco.
-¿Sabes que tiene 24 zonas de interés histórico, 18 museos y 21 casas históricas? -comenta Carol, que está visitando la página oficial del pueblo desde el móvil de Daryl -Dios, esto es el paraíso para mí -murmura sonriente. Está ansiosa por visitar todas esas zonas, se siente como un niño el día de navidad.
Daryl sonríe, le encanta verla así.
-Sí, es un buen sitio para ejercer tu profesión -dice él, amando su sonrisa -En cuanto veamos la casa nos acercamos a una oficina de turismo para coger un mapa y ver qué podemos visitar por la zona -comenta, concentrado en la carretera, la que podría ser su futura casa está en esa misma calle.
-El parque es precioso -suspira Carol mirando hacia el otro lado de la calle. Aún no saben si vivirán ahí, pero su mente ya ha hecho de ese sitio su hogar, y como si fuesen fantasmas del futuro, puede ver a su niña dando los primeros pasos en ese parque; a Daryl empujando la bicicleta de Sophia, para enseñarla a montar; a ellos dos caminando de la mano mientras su pequeña corre entre ellos riendo y jugando; a...
-Creo que es esta -dice dubitativo, interrumpiendo los pensamientos de ella.
Baja del coche justo para ser abordado por una mujer.
-¿El señor Dixon? -pregunta ella. Daryl asiente -Soy Jacqui Prescott, me envía la inmobiliaria -se presenta extendiéndole la mano.
-Mucho gusto -se la estrecha él -Ella es Carol, mi... mi mujer, y Sophia, nuestra hija -las presenta, compartiendo una mirada divertida con Carol que dice "sí, te he presentado como mi mujer".
Jacqui estrecha la mano de Carol y pellizca con suavidad la mejilla de Sophia, que aún sigue dormida.
-Este sitio es ideal para los niños, tenéis el colegio al final de la calle -Señala a la derecha, donde se alza un edificio grande de fachada blanca -Dos calles más allá hay una buena guardería y el parque pues... ya lo veis, es perfecto. En Abril se celebra en él un festival dedicado a los niños, seguro que os gustará. Y para vosotros pues, os puedo decir que esta es la zona donde se concentran la mayoría de las casas museo, tenéis gimnasio, hospital, gasolinera, restaurantes, tiendas y cine a unos diez minutos en coche. Es una zona muy tranquila, os lo puedo asegurar -informa Jacqui, vendiendo la zona -Acompañadme dentro.
Carol mira a Daryl sonriente, está encantada con todo lo que está escuchando.
Jacqui abre la puerta de la casa, y el olor a limpio inunda sus fosas nasales. Es más grande de lo que parecía en las fotos, los techos son altos y las paredes y suelos parecen de buena calidad.
La cocina tiene unas hermosas vistas al parque, y Carol ya puede verse tomando su café de las mañanas, mirando por la ventana y sonriendo al escuchar a Sophia y Daryl jugar mientras desayunan.
El salón es amplio, tiene un sofá chaise longue de cuero color crema, varias estanterías vacías esperando ser llenadas, una mesa de café, televisor de plasma y chimenea. Seguro que pasarían largos ratos sentados junto al fuego en los fríos días de invierno.
Al fondo hay un escritorio donde podrán colocar un ordenador.
El baño principal tiene una bañera grande, donde Sophia podría pasar largos ratos en remojo, jugando con los cientos de juguetes que seguramente metería en su interior.
La habitación de matrimonio es bastante bonita. Está pintada en blanco roto, los muebles son de color nogal, tiene un vestidor y espacio suficiente para poner la cuna de Sophia al lado de la cama.
Le gusta el baño privado, la ducha es muy amplia.
Se sonroja al pensar en la posibilidad de ducharse juntos.
Salen al patio trasero.
-Podríamos construir una barbacoa, poner una mesa, e invitar a nuestros amigos -comenta Daryl -Incluso podríamos comprar una piscina para que Sophia se refresque en verano, y poner un columpio a ese lado -continúa organizando, imaginando a su niña divirtiéndose en el agua, y entrando empapada en casa en busca de su merienda.
-Sí, me gustan los columpios, de niña siempre quise tener uno -comenta paseando la mirada por el lugar. El césped está un poco descuidado, pero con cariño y tiempo seguro que lucirá verde y frondoso listo para que Sophia se revuelque por él y se manche la ropa nueva.
-Pues entonces pondré dos columpios -ríe, estrechándola contra él.
-Entonces... ¿Les gusta la casa? -carraspea Jacqui tras ellos, no queriendo interrumpir la conversación de esa feliz pareja.
Daryl mira a Carol en busca de aprobación.
-Sí, nos la quedamos -responde sonriente, sin apartar la mirada de ese rostro iluminado que lo tiene completamente hipnotizado -Nos la quedamos -repite en un susurro que solo ella puede escuchar.
Daryl firma el contrato, mientras Carol deambula por la casa con Sophia en brazos. Es suya, ya es oficial, ese es su nuevo hogar, y aún no se lo cree.
Ed nunca la llevó a ver la casa que iban a comprar, cuando llegó a Georgia entró allí sintiéndose una extraña, alguien que no era bienvenida a ese hogar.
Jamás pudo hacerla suya, cualquier cosa que compraba para decorarla acababa volviéndose contra ella, al ser convertida en un arma arrojadiza cuya diana era su magullado cuerpo.
Era Ed quien decidía. Siempre odio la cabeza de ciervo que presidía el salón, los trofeos de caza repartidos por todas las habitaciones, las fotografías de él posando con animales muertos, el calendario de pared lleno de fotografías de exuberantes mujeres desnudas que tenía en la cocina... pero nunca dijo nada, y que se atreviese a decir algo...
-Esta podría ser la habitación de Sophia, es más amplia que la otra -se fija Daryl haciendo a Carol sobresaltarse asustada. No lo sintió acercarse -¿De qué color la quieres pintar? -pregunta abrazándola por detrás y dándole un beso en su mejilla.
Carol sonríe, ahí está una de las muchas diferencias que tiene Daryl respecto a Ed: Su opinión importa en esa relación.
-Gris perla, con muebles blancos y detalles en rosa- responde, con los ojos muy abiertos, dejando que su mente distribuya el mobiliario de la habitación.
Daryl sonríe.
-Cuando nos mudemos será lo primero que hagamos -dice, apoyando la barbilla en su hombro y meciéndola suavemente -¿Y en la otra habitación? He pensado que podríamos hacer un cuarto de juegos, y más adelante transformarla en un estudio, una habitación de invitados, o si tenemos otro hijo pues sería su habitación -propone.
Carol gira la cabeza, buscando su rostro, y Daryl lee su mirada.
-¿Qué? ¿Te sorprende? Me gustaría volver a ser padre, pero aún no, si con Sophia tenemos que tener mil ojos imagínate con otro como ella casi de la misma edad -bromea él, haciendo a Carol bufar solo de pensar lo agotador que podría ser eso.
Carol alza la cabeza en busca de un beso que rápidamente encuentra.
-¿Ya firmaste todo? -pregunta interesada, no queriendo que ese beso termine aún.
-Ajá, en una semana nos entregarán las llaves, pero ahora... ¿Qué te parece si damos un paseo por nuestro parque? -pregunta mirándola a los ojos. Ella se muerde el labio y asiente efusivamente. Adorable...
Se despiden de Jacqui con un rápido apretón de manos, y Daryl abre el maletero del coche para sacar el cochecito de Sophia que acaba de despertarse.
-Hey, buenos días sinvergüenza, te has perdido toda la visita -sonríe dándole un beso en la punta de la nariz.
Sophia gruñe mirándolo con mala cara, y se quita esa cosa que tiene sobre la cabeza.
Daryl se ríe al verla toda despeinada y mirándolo con los ojos entrecerrados.
-Eres una gruñona ¿Lo sabes? -ríe peinándola un poco, y guardando el gorrito en el bolso. Con lo adorable que estaba...
-Se parece a ti cuando está de mal genio -bromea Carol, ganándose un codazo juguetón por parte de Daryl.
El parque es precioso, ya lo parecía en las fotos que vieron por Internet, pero visto desde dentro...
Hay merenderos dispuestos bajo árboles centenarios, y los múltiples senderos están llenos de farolas que iluminan el camino. Ya se imagina paseando las noches de verano por allí.
Tiene un circuito cerrado de suelo de hormigón, cuya forma recuerda a una pista de atletismo. Está rodeando un trozo del parque, y justo en el centro hay un estanque que se puede atravesar cruzando un puente de piedra.
Enfrente hay una zona infantil, con una gran estructura de escalada, una cancha de baloncesto y otra de béisbol.
-Hey, mira un columpio -señala Daryl corriendo hacia él, como un niño pequeño -Vamos, súbete, voy a columpiaros -dice, colocándose tras el columpio, preparado para empujarlas.
-¿Qué dices? ¿Estás loco? No voy a subirme ahí, hay gente mirando -murmura avergonzada, mirando a su alrededor. El parque está lleno de familias, personas haciendo deporte, paseando al perro...
-Venga ya, desentierra a la Carol que le da igual lo que piense o diga la gente -la anima, recordando lo que le dijo en el coche -¿No decías que siempre quisiste un columpio? -le recuerda balancea el columpio suavemente intentando tentarla.
Carol se muerde el labio pensativa. Hay demasiada gente... mira a Daryl, sonriéndole con gesto canalla, rogándole con la mirada que se suba. Sabe que no se irán de ahí hasta que ella le de el gusto de poder columpiarlas.
Niega con la cabeza y sonríe, aún sin creerse lo que está a punto de hacer.
Saca a Sophia del carro, se sienta en el columpio, pasa los brazos alrededor de las cadenas que lo sujetan y agarra con firmeza a su niña, que no tiene ni idea de lo que va a ocurrir dentro de unos segundos.
Daryl las empuja suavemente, puede escuchar a Sophia gritar sorprendida, y a Carol hablar con ella, llamando su atención.
Vuelve a empujarlas cuando el columpio regresa a él, y Carol exclama un "wiii" para divertir a Sophia, que responde con un breve grito de emoción.
Las empuja un poco más fuerte, y sonríe al escuchar como su niña rompe a reír a carcajadas, al sentir un cosquilleo en el estómago cuando el columpio desciende.
Ama su risa.
Carol sonríe, saboreando el sonido de la risa histérica de Sophia. Está feliz, disfrutando de eso, y ella también.
Mira a su alrededor, las personas las ignoran, y quien se fija en ellas sólo ve a unos padres haciendo a su niña feliz.
Nadie se burla, nadie juzga, nadie critica, ahí no es la mujer de Ed Peletier, esa zorra que abandonó a su pobre marido. Ahí es sólo una madre montada en un columpio con su bebé.
Daryl deja de columpiarlas cuando Sophia comienza a atragantarse con su propia risa. Jamás ha estado riendo tan seguido. En unos años podrá columpiarla sin miedo, y escuchará su voz diciéndole "Más alto, papá"
-¿Almorzamos algo? -pregunta cogiendo a Sophia en brazos, que lloriquea queriendo volver al columpio -Luego te columpio otro rato, pequeñaja -intenta tranquilizarla, pero ella no atiende a razones, por lo que opta por dejarla de nuevo en el columpio sobre el regazo de Carol, siendo balanceada suavemente por su madre, mientra él se acerca al restaurante de comida rápida justo al lado del parque para comprar un par de bocadillos, bebidas y sentarse a comérselos en una de los merenderos, bajo uno de esos árboles.
-Entonces... ¿Te gusta esto? -pregunta Daryl, abriendo la botella de agua de ella que... joder, que bien cerrada está. Debió haberse quedado callado cuando se rió de ella por no poder abrirla.
-Me encanta, es precioso -responde cogiendo su botella abierta, y disponiéndose a comer.
Sophia está entretenida en el carro intentando quitarse los zapatos. Aún está un poco enfadada por no haber seguido en el columpio. Definitivamente tendrán que poner uno en el jardín de casa.
A pocos metros unos jóvenes de origen italiano charlan ruidosamente, como si estuviesen solos en el parque. Carol no puede evitar escuchar la conversación y agacha la cabeza sonrojada. A veces odia saber idiomas.
-¿Qué ocurre? -pregunta Daryl con la boca llena. Mira a los chicos -¿Qué dicen? ¿Están hablando de ti? ¿Han dicho algo malo? -Interroga. Como la hayan insultado va a darles tal colleja que pondrá la Torre de Pisa recta.
Carol niega con la cabeza, evitando mirarle a los ojos. Están hablando de ella, pero no han dicho nada malo, al contrario.
-¿Entonces qué ocurre? -pregunta acariciando su mano para llamar su atención. Odia que el fantasma de la vieja Carol siga apareciendo incluso en los momentos alegres.
-Nada, sólo están comentando que tengo los ojos bonitos -murmura tímida -¡Pero yo no los he provocado! -se precipita en aclarar.
Daryl sonríe con dulzura.
Así que era eso... El idiota de Ed la culpaba de que los hombres la mirasen, de que esos ojos no pasasen desapercibidos, y llamasen la atención de la gente allá donde fuera.
Por eso la maldita ropa XL, por eso la mirada gacha, oculta tras los mechones de cabello...
No... no quiere que se sienta mal por ser atractiva, ni que piense que él se va a enfadar porque cualquier ser con ojos en la cara se fije en ella.
-¿Cómo se dice "opino lo mismo" en italiano? -bromea haciendo que la tensión de su rostro desaparezca y salga por su boca en forma de risa.
-Penso lo stesso -responde, mordiéndose el labio.
Adora escucharla hablar en otra lengua.
-Tendrás que enseñarme esa frase en todos los idiomas, será la respuesta que daré cuando alguien diga que eres guapa -ríe él, haciendo que se sonroje aún más -No te lo he dicho, pero estás muy guapa hoy -piropea, sintiéndose un poco tímido.
Ella susurra un gracias, y vuelve a centrarse en su almuerzo, compartiendo miradas tímidas con él, como si estuviesen en su primera cita, aunque es lo que parece, y la responsable de que eso esté pasando gruñe molesta pidiendo su almuerzo.
Continúan con el recorrido.
Sophia grita cuando ve unos extraños animales lanzándose al agua.
-Son patos -explica su madre.
-¿Papá? -replica ella de forma que parece que está preguntando, y mirando esos animales nadar en el estanque.
-No, pa-tos, papá es él -señala a Daryl con la cabeza.
-Papá -repite mirando a los patos y riéndose cuando vuelve a fijar la vista en su madre.
-Lo estás haciendo aposta, sinvergüenza -ríe Carol.
Daryl sonríe al escucharlas tener esa conversación sin sentido. En unos meses esos paseos por el parque estarán llenos de preguntas curiosas que su niña formulará interesada en conocer el mundo que le rodea.
-Esperad aquí -pide encaminándose hacia el fondo, donde un hombre vende bolsas con trozo de pan duro.
Carol niega con la cabeza, sabe que es lo que va a hacer.
Saca a Sophia del carro y se sienta en el césped con ella, observando como los animales se arremolinan a su alrededor cuando ven lo que tiene Daryl en la mano.
Sophia agita las manos nerviosa, y arquea la espalda para que su madre la ponga de pié. Es gracioso lo pequeñita que es y lo firme que se mantiene sobre sus piernas. Eso sí, mientras su madre la sujeta.
Daryl lanza un trozo de pan cerca de ellas y rompe a reír cuando escucha a su hija carcajear al ver la pelea que tienen los animales por conseguir la comida.
Se las apaña para guardar todas las migas en una mano para así poder tener la otra mano libre y fotografiar / grabar el momento, y dentro de unos años enseñárselo a su hija y decirle "Esto fue el día que visitamos el que hoy por hoy es nuestro hogar. Mira que felices estáis".
Adora verlas felices.
Lanza un par de trozos más y el parque se llena con el hermoso sonido de la risa de Sophia.
Carol lo mira con una radiante sonrisa dibujada en su rostro, y el corazón se le acelera recordándole lo enamorado que está de ella, y algo le grita en su interior que serán realmente felices ahí.
El pan se acaba, y poco a poco los patos van perdiendo el interés en ellos, volviendo al agua y a deambular por la zona.
-¿Te han gustado los patos? -pregunta sentándose junto a ellas. Ese ha sido el dólar mejor invertido de su vida.
Sophia sonríe con la boca abierta al darse cuenta de que es ella a la que está preguntando.
Es tan bonita su niña...
-Di papá, mi amor -pide acariciando su mejilla sonrojada.
-Papá -repite mirándole, y a él siente como esa palabra vibra en su interior, alimentando su alma. Sabe de sobre que ahora mismo Sophia es un pequeño loro que repite eso una y otra vez como un disco rayado, pero el día que ese "papá" esté dirigido a él y sólo a él serán esos labios y esa misma voz la que lo haga.
Carol sonríe con dulzura, viendo esa mirada tan cargada de amor con la que mira a su hija.
-Has cambiado -musita.
Daryl arquea una ceja.
-¿A qué te refieres? -pregunta cogiendo en brazos a su hija para poder comérsela a besos.
-Cuando te conocí eras... no sé... sólo gruñías, apenas me hablabas los primeros meses del embarazo, te tenía que sacar las palabras con sacacorchos, pero ahora mírate: me cuentas tus preocupaciones, me pides opinión, das tu opinión, aportas ideas, y la forma que tienes de tratar a Sophia... ¡No me malinterpretes! sabía que ibas a ser un buen padre, solo que no te imaginaba tan cariñoso -explica ella, dejando su mente vagar por los recuerdos que tiene de él. Esos modales tan bruscos, su mal humor, y sus momentos tiernos que eran tan adorables como torpes, como si fuese la primera vez que era cariñoso con alguien.
Daryl la besa.
-Tu culpa -murmura contra sus labios.
Es cierto, es su culpa, fue ella quien despertó esos sentimientos en él, quien le creó la necesidad de tener que protegerla, cuidarla, abrazarla, besarla, y quien le hizo desear poder ser tocado...
Su mirada se ensombrece.
-Venga, vamos a visitar el pueblo, que a este paso no saldremos del parque -se levanta, antes de que ella lea su rostro.
Pasan el día recorriendo las calles del que será su nuevo hogar en cuanto Carol esté divorciada, y la paternidad de Sophia haya sido finalmente aclarada.
Tiene montones de casas museo de ciudadanos ilustres que vivieron allí durante la guerra civil. Carol entabla conversación con gente de distintos países, y Sophia, con su simpatía natural, se gana el cariño de todos y cada uno de las personas con las que van cruzándose. Preguntan por su edad, se sorprenden por lo espabilada que está, y Daryl se hincha de orgullo por ello.
Ambas están felices allí, se lo están pasando bien, y él también, está disfrutando como nunca lo ha hecho, adora poder pasear y visitar sitios sin sentir mil ojos sobre ellos, observándolos y juzgándolos como si fuese delito lo que están haciendo. No, en ese pueblo no son nadie, son dos personas sin historia ni reputación, los ven como una familia feliz que disfrutan visitando la ciudad, son eso y nada más.
Mira a su alrededor, hay muchísimas parejas paseando por la zona, desde adolescentes de hormonas revueltas que inician su primera relación a ancianos que llevan toda la vida juntos, todos ellos muestran su amor; Caminan cogidos de la mano; una mujer abraza espontáneamente a su marido; otra ríe llamándolo desastre y le limpia la comisura de la boca; la anciana le da a su marido un dulce beso en la mejilla; la adolescente hace cosquillas a su joven novio; y él... pues él abraza a Carol contra él, la besa, acaricia, bromea y reza porque ella no lo toque, porque aunque su corazón desea que lo haga, su mente se niega a ello.
Regresan a casa, meten a Sophia en su cuna y se dejan caer sobre la cama, aún no han cenado, y deberían ducharse, pero están agotados, y no han podido resistir la tentación.
Se echan a reír, sus mentes se han puesto de acuerdo en hacer lo mismo.
Están tumbados de lado, frente a frente mirándose.
Carol está muy dolorida, tantas horas sentadas en el coche, y los largos paseos le han recordado que sus costillas aún están soldando, pero aún así se lo ha pasado bien. Mejor que nunca, ha sido un día maravilloso, lejos de gente conocida, sin tener que está constantemente mirando a sus espaldas por si Ed está acechándola, vigilando todos sus movimientos.
-¿En qué piensas? -pregunta, intentando descifrar la sonrisa idiota que tiene Daryl en su rostro.
Se lame los labios.
-En nada, sólo... hago planes -confiesa tímido -Cuando nos mudemos pienso llevaros a cenar todos los sábados, saldremos a pasear todas las tardes si el tiempo lo permite, de vez en cuando saldremos de la ciudad para visitar otros lugares, y cuando tenga vacaciones nos iremos los tres una semana a donde tú quieras ¿Te gustaría? -pregunta sonriente, contagiado por la sonrisa radiante y la mirada iluminada de ella.
Ha disfrutado tanto ese día que quiere repetir ese tipo de experiencias el resto de su vida. Quiere pasear con ellas, cruzarse con gente que los saluden cordialmente, hacer amistades, ir a restaurantes a probar nuevos sabores, donde los camareros no lo miren mal, pensando que, como Dixon que es, va a irse sin pagar, viajar, visitar museos, monumentos, empapar a su niña de cultura, llevarla a parques de atracciones, parques acuáticos, playas... Quiere hacer de todo con ellas, quiere que su niña tenga la infancia que a él le negaron, y que Carol se sienta amada todos los días de su vida.
Carol asiente
-Sí, me gustaría mucho -responde en una sonrisa emocionada, acercándose a él para perderse en un dulce y agradecido beso.
Salir a cenar, pasear, viajar... y todo ello en compañía de él y su niña.
No hay nada que desee más. Reza por recuperar pronto su apellido y que se sepa quien es el verdadero padre de Sophia, para así poder marcharse ya de allí, sintiéndose completamente libre, y poder ser feliz.
Acaricia su mejilla y la mira sonriéndole. Aún no se cree que él sea el afortunado hombre que besa sus labios.
-¿Qué te parece si pido una pizza y cuido de Sophia mientras tú te duchas? -propone él, incorporándose sobre un codo.
Carol asiente.
-Menudo día de comida basura llevamos -bromea ella, sentándose en la cama.
-Tenemos que aprovechar ahora, que dentro de un año tendremos que atiborrarnos a verduras para darle buen ejemplo a Sophia -dice él, besando su frente antes de alejarse de ella rumbo a la cocina donde el número de la pizzería en la que trabaja Glenn, reposa sobre un post-it.
-Touché -sonríe. Viéndolo alejarse. No puede estar más enamorada de él, es tan perfecto, que a veces piensa que está soñando, todo es demasiado bonito para ser verdad.
Carol despierta al escuchar a alguien llamar a la puerta.
Parpadea varias veces adaptándose a la luz que se cuela por la persiana. Se da la vuelta esperando encontrarse con Daryl, pero ahí sólo está Sophia, él ya se ha marchado a trabajar.
Vuelven a llamar.
Arropa a su niña y se deja resbalar por la cama, hasta que sus pies descalzos tocan el suelo y se encamina despacio hasta la entrada.
Bosteza, no sabe qué hora es, pero por el poco Sol que entra por la ventana supone que temprano.
Abre la puerta.
-Buenos días, bella durmiente ¿Te hemos despertado? -saluda Negan, con sonrisa burlona, siendo coreado por todo su séquito, que espera tras él.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo :)
Si os parece que Sophia ha gateado pronto, sólo os diré que yo lo hice a los 5 meses recién cumplidos, y en mí misma me inspiré jaja.
El pacto de "Prohibido maltratar y/o pegar a una mujer" es para que veáis como, a diferencia de lo que se cree popularmente, de padres maltratadores no salen hijos maltratadores, la mayoría de las veces ocurre al contrario, suelen ser hombres respetuosos con las mujeres, y en muchos casos pasan su vida temiendo convertirse en su padre, y hacerle daño a las personas que aman, como su padre hacía con su madre.
(Eso no quita que Merle sea un idiota XD)
El hecho de que hablen de tener otro hijo no es porque tenga pensado daros otro embarazo, es sólo para demostrar lo mucho que ha avanzado esa relación, que hasta se animan a tener esos tipos de pensamientos.
Si queréis ver la zona donde Carol y Daryl están viviendo buscad en google "Charleston SC" y "Hampton park - Charleston" si queréis ver el parque.
De nuevo muchas gracias por vuestros comentarios, ¡Ya van más de 200 reviews! Aunque no os responda ya sabéis que os leo a todos, y me encanta ver que os gusta el fic ^^
Lo comenté en el one shot que publiqué los otros días, pero por si acaso hay alguien que no lo ha leído lo comento por aquí también: Me he creado una cuenta de Twitter donde avisaré de actualizaciones y fics que tengo previsto escribir.
Podéis seguirme si queréis estar al tanto de ello, preguntar dudas, o conocerme un poco más. Soy " Carylalways" :)
