25. Nuevas tradiciones

-¿Estás segura de que esto es gris perla? -pregunta Daryl mirando la lata de pintura que han comprado, en la cual pone claramente "Gris perla" -Pues parece blanco -añade.

Carol se echa a reír, por lo que ha podido comprobar hoy, es un completo desastre para los colores. Lo saca de los tonos básicos y ya está absolutamente perdido, si por él fuera ahora mismo estarían pintando la habitación de gris pizarra.

Tal y como dijeron se han levantado temprano, han desayunado fuera, han ido al centro comercial y han comprado los muebles y pintura para el cuarto de Sophia, además de hacer una compra de víveres y enseres de primera necesidad para la casa.

Ahora están en la que será la habitación de la pequeña, pintando las paredes de ese color que...
Daryl se echa a reír al mirar a Carol.
Está vestida con la ropa que con anterioridad utilizaba para diario: Camisas XL de tonos oscuros y pantalones que esconden su figura. Lo que antes era ropa ahora son trapos que sólo sirven para ser estropeados.
Tiene el cabello recogido en una cola desordenada, y tapado por un pañuelo, pero un mechón rebelde ha escapado de sus ataduras y ahora está sobre su frente tintado de gris.
-Sí, definitivamente es gris perla -sonríe cogiendo con suavidad el mechón para que vea el tono que ha tomado -Te sienta bien el gris, resalta tus ojos -dice mirándola con amor.

Carol se sonroja.
-Dímelo cuando tenga cincuenta años y decida no teñirme el pelo -bromea.
Vuelve a empapar el rodillo de pintura y da otra pasada sobre la pared. Supone que con dos manos de pintura la habitación estará correctamente pintada y lista para comenzar a ser adornada.
Ella se encarga de dos paredes y Daryl de otras dos, pero él va un poco lento, puede sentir su mirada sobre ella en cada momento, no sabe que estará pensando, pero sea lo que sea lo que está pasando por su cabeza lo está entreteniendo de su labor.

Daryl empapa el rodillo tras media hora pasándolo totalmente seco por la pared.
Ni cuenta se había dado, está está tan ensimismado mirándola...
Ella está sonriendo, lleva todo este tiempo con esa hermosa sonrisa en la cara y no la ha borrado en ningún momento.
Está guapísima.
Su rostro ha estado iluminado todo el día, ha disfrutado ese rato de tiendas, escogiendo los muebles de la habitación de su niña, y él también.
Han podido comprar sin miedo, sin sentirse observados ni juzgados, se han cogido de la mano, la ha abrazado, besado, jugado con su bebé... y nadie ha dicho nada.
De nuevo eran sólo una familia, las pocas personas que se han fijado en ellos ha sido por Sophia, que desprende simpatía allá donde vaya, y con sus gritos y risas ha conseguido atraer la atención de varias personas que han sonreído y como mucho han comentado lo guapa que es, y él se ha henchido de orgullo de escuchar tantos piropos para con su niña.
Han tenido que comprarle un caballo balancín. Es sólo la silueta sobre madera blanca, y no podrá utilizarlo correctamente hasta que sepa caminar al menos, pero ha visto a un niño montado sobre él y ha empezado a gritar, patalear emocionada y no ha podido resistirse a comprárselo.
Deberá controlar esos impulsos por hacerla feliz, o acabará convirtiéndola en una niña caprichosa y malcriada. Pero es que se la imagina subida en ese balancín y se muere de ternura.

Mira el vigilabebés, que le da una imagen en escala de grises de Sophia dormida. Está de lado, abrazada a Pookie y respirando profundamente.
Es tan bonita...

-Yo he terminado ¿Quieres que te ayude con eso? -pregunta Carol apoyándose sobre el palo de su rodillo orgullosa.

Daryl sacude la cabeza, y mira las dos paredes que ella ha pintado en tiempo record.
Tiene que dejar de pensar, aunque sus pensamientos sean hermosos, debe concentrarse, aprovechar el tiempo y terminar de pintar esa habitación antes de que su adorable diablillo despierte.
-Pinta esa otra pared, y deja de entretenerme con tu presencia, mujer -finge refunfuñar, haciéndola reír.

Carol lo mira de reojo. Se pregunta de qué manera lo está entreteniendo.
Ahora mismo está realmente atractivo con la lengua atrapada entre los labios, las mangas remangadas, pasando el rodillo de arriba a abajo por la pared, tensando y destensando los músculos de sus brazos...
Se guarda un suspiro.
Se muere por sentirlo rodeándola con ellos, pero no los abrazos castos que lleva dándole todo este tiempo, necesita sentirlo de verdad, piel con piel.
No sabe que le ocurre, no entiende qué le pasa, que es lo que tiene que solucionar para poder, según él, hacer el amor correctamente, pero anoche sus ojos desesperados le dijeron que tenía razones de peso para pedirle eso, que de verdad hay algo que lo atormenta, pero joder, lleva más de un año sin sentirlo dentro de ella, se está desesperando. Echa de menos sus caricias por todo su cuerpo, sus besos, mordiscos, su lengua recorriendo cada...

-¿Quién es ahora la que se entretiene, eh? -interrumpe Daryl sus pensamientos -¿Qué está pasando por esa cabecita tuya? -pregunta abrazándola por detrás y apoyando la barbilla en su hombro.

Sonríe nerviosa, si él supiera...
Deja caer la cabeza hacia atrás y se relaja sobre él, permitiendo que la meza suavemente.
-El próximo jueves es Acción de Gracias -comenta distraída.

-Uhum, ¿Y? ¿Quieres hacer algo especial? -pregunta.
Da un beso en su cuello expuesto, haciendo que se estremezca y se aparta de ella dejándole espacio para que se gire y así hablar cara a cara.
Sonríe con dulzura al ver la timidez con la que se muerde el labio. A veces aún está un poco insegura a la hora de aportar sus propias ideas, como si temiese que él fuese a decirle que es una chorrada.

-Me... me gustaría hacer una cena familiar. Podríamos invitar a Andrea y Matthew, el resto de nuestros amigos tienen sus propias familias, pero ellos...

Daryl sonríe.
Nunca ha tenido una cena digna de ser llamada familiar. Puff, no ha tenido a nadie a su lado digno de ser llamado familia. Hasta ahora...
Cuando era niño, Acción de Gracias era un día más, al igual que Navidad: No había cena especial, ni regalos, ni ninguna tradición típica. La razón por la que sabía que esos día existían era por los otros niños del barrio.
De adulto lo máximo que hacía para celebrar esa fecha era salir a cazar la cena, y emborracharse con Merle y su padre en algún garito de mala muerte.
Agacha cabeza.

Carol lo mira confundida.
-¿Qué ocurre? ¿No te gusta la idea? Si quieres podemos sólo...

-No, la idea es genial -se apresura a aclarar -Es sólo que... llevo toda mi vida pasando ese día con mi viejo y mi hermano y... este año ese idiota estará solo, y... no sé... me siento mal -explica en un encogimiento de hombros.
No entiende por qué le afecta lo que haga ese idiota. Seguramente le importará una mierda estar solo, se colará en alguna fiesta, tendrá relaciones con alguna mujer, se peleará y volverá a casa feliz, con un ojo morado y una gonorrea.

Carol se lame los labios pensativa.
Merle es un imbécil, pero... no deja de ser el hermano de Daryl, y sabe que le tiene aprecio, además, le salvó de ser violada por esos enfermos.
-Daryl, si... si quieres invitar a tu hermano por mí no hay problema. -asegura con una sonrisa sincera -Pero deberás hacerle saber que Andrea está invitada, y lo mismo con ella -recomienda por su bien, y el de la cena también.

Daryl la mira a los ojos. Esos ojos dulces y amables que lo enamoraron desde el momento en el que cruzaron miradas hace ya algo más de un año atrás.
Asiente.
Tiene razón, no puede meter a Andrea, Merle y Matthew en una misma habitación y esperar que se lleven de puta madre. Quiere tener una cena familiar tranquila, quiere que su niña disfrute. Será su primer Acción de Gracias, su primera Navidad, y aunque ella no la recordará, ellos sí, y lo único que desea es que el recuerdo sea feliz y traiga una sonrisa a sus labios cada vez que llegue a su mente los primeros momentos de su niña.

Besa a Carol.
No ha podido resistirse, lo estaba mirando con un rostro tan dulce que pedía a gritos que la besara.
No sabe qué haría sin ella, desde luego es la cabeza pensante de esa relación, y cada pequeño consejo que da le parece estar cargado de sabiduría.
No se cansa de sus besos, de sus labios tímidos dejándose llevar, y su lengua juguetona enredándose con la suya.
Su miembro se mueve en sus pantalones, emocionado por esa dulce sensación, ansioso por más.
Paciencia...
Se dice.
No sabe cuanto tiempo le llevará hasta poder hacer el amor con ella, o cuanto aguantará la tentación. Viviendo con Tara era más fácil ignorar sus deseos, pero ahora...
Por lo pronto ya ha dado el paso de pedir ayuda a Michonne, ya ha fijado una fecha y hora para empezar su terapia, que espera le de resultado y pueda tener una vida de pareja totalmente plena, tal y como ella merece.
Interrumpe el beso y sonríe contra sus labios.
-Deberíamos seguir pintando, o a este ritmo Sophia acabará independizándose antes de que terminemos -murmura haciéndola reír.
Le encanta su sonrisa.

Vuelven a la carga, rodillo en mano, dándose la espalda, pero robándose miradas furtivas y sonrisas tontas cuando se cazan mirándose.
Son dos idiotas enamorados y ambos lo saben.


06:30 de la madrugada.
Daryl observa a las dos mujeres de su vida dormir.
Son tan hermosas las dos...
Le encanta escuchar el sonido de las respiraciones de ambas, como el movimiento de sus vientres se sincronizan, la suave sonrisa en los labios de Sophia, o la serenidad que transmite el rostro de Carol ¿Con qué soñarán? ¿Estará él en esos sueños? Espera que sí, porque no hay noche que ellas no lo visiten a él, aunque ni el más vivido de los sueños se puede comparar con el simple hecho de quedarse despierto observándolas, sintiendo que todo lo que le está pasando es real. Incluso teme dormirse por si al despertar descubre que todo fue un sueño.
Sea lo que sea lo que ha formado esa familia: destino, azar, Dios, o como quieran llamarlo, no lo cambia por nada. Es feliz, muy feliz, y bendice el día que de entre todos los hombres que había en ese antro de mala muerte lo eligiese a él.

Sonríe cuando ve como Sophia se gira y se acurruca más enterrando el rostro en el pecho de su madre, relajándose con su aroma y el sonido del corazón que durante nueve meses escuchó latir desde el interior. Aunque ahora mismo es probable que esté escuchando también el de él, porque lo tiene tan acelerado que podría salirse del pecho.
Un tiempo atrás se habría preocupado, pero hoy por hoy sabe perfectamente que es lo que le ocurre.

-Os amo -susurra emocionado.
Estira la mano para acariciar la mejilla de Carol pero recula en el último momento. No quiere arriesgarse a despertarla, y menos hoy.
Se deja caer de la cama, resbalando lentamente, no queriendo hacer ruido alguno.
Las arropa bien y marcha al baño principal de la casa, donde se viste con la ropa de abrigo idónea para los últimos días del mes de noviembre y sale a la calle.
Hace frío, y huele a invierno.
Le gusta.
El cielo está oscuro, aún no ha amanecido, mejor para él, así nadie se quedará mirando lo que está haciendo.
Entra en el coche, se abrocha el cinturón y...

-Soy gilipollas -gruñe antes de desabrocharlo.

Saca su teléfono móvil y con manos temblorosas por el frío y los nervios, busca el número de Michonne entre sus contactos y hace una videollamada.
Menos mal que en un par de días irá un técnico a instalarles teléfono e Internet, porque a este paso va a quedarse sin datos. Sólo espera que el Wifi llegue hasta la puerta de casa.
No entiende por qué Michonne tiene que estar viéndole, pensó que la terapia podría hacerse sencillamente hablando, pero no, no es suficiente. Lo idóneo sería que fuese presencial, pero está a más de cuatro horas en coche, y no es plan pasarse diez horas de carretera para una hora de sesión.
Está nervioso, muy nervioso, no sabe qué va a pasar, qué van a hacer, qué le va a preguntar, pero...

-Buenos días, Daryl, ¿Qué tal estás -saluda Michonne en un bostezo -Perdón.

Se siente mal por hacerle madrugar tanto, tiene rostro cansado, los ojos aún con rastros de sueño, y juraría que aún está en pijama.
-Buenos días -saluda nervioso.

Michonne entrecierra los ojos.
-¿Estás en el coche? -pregunta extrañada.

Daryl asiente.
-No quiero que Carol se entere, por eso te pedí el favor de hacerlo a esta hora, y estoy en el coche para no despertarla -se explica.
Frota sus hombros intentando entrar en calor. La furgoneta lleva toda la noche al raso, y por desgracia el calefactor no va.

-¿Por qué razón no quieres que sepa que estás haciendo terapia? -pregunta.

Daryl traga saliva.
Ahí está, ya empieza el interrogatorio de preguntas incómodas.
-Ella no... no sabe nada de mi problema y... no sé, me da palo decírselo -murmura.
Se mira las manos tímido, y gira la cabeza hacia la ventana, para ver si la puerta de casa sigue cerrada, o si alguna preciosa silueta de mujer medio dormida es visible a través de la ventana.
Como despierte y lo vea no sabe qué narices va a decirle.

Michonne sonríe comprensiva.
-No debes sentir vergüenza por buscar ayuda, Daryl, ella seguro que lo comprende, y te apoyará en esto. Además, cuando yo vea que estás preparado esta terapia pasará a ser de pareja, te pediré que hagas ciertos ejercicios prácticos con ella, y para ello necesito que esté al tanto de todo.

Daryl asiente.
-Se... se lo diré, pero aún no.

-Como quieras, no te voy a insistir, quiero que tomes las cosas a tu ritmo, que des cada paso cuando de verdad sientas que estás preparado.
No te prometo que en dos días vayas a superar tu fobia, pero sé que irás teniendo pequeños avances después de cada sesión, y para ello necesito que colabores, que seas sincero cuando respondas a mis preguntas, porque si me mientes me será muy difícil ayudarte, conociendo la verdad es la única forma que tengo de llegar a la raíz de tu problema ¿entendido?

Daryl vuelve a asentir. Se siente como uno de esos perros cabezones de juguete que algunos idiotas llevan dentro del coche.

-Muy bien, voy a grabar esta sesión para revisarla más adelante detenidamente, nada de lo que me digas saldrá de aquí ¿De cuerdo? -Daryl asiente de nuevo -Está bien, empecemos:
Anoche me enviaste un mensaje pidiéndome ayuda ¿Pasó algo que deba saber o simplemente pensaste en mi oferta?

Daryl se frota los muslos nervioso. Se siente tan vulnerable ahora mismo...
Podría decir simplemente que decidió aceptar su ayuda, y así ahorrarse toda la humillación de contar que... no, no puede empezar mintiendo.
-Ella... yo... nosotros... -busca las palabras correctas en su escaso vocabulario que parece reducirse cuando se siente acorralado -No... no hemos hecho nada desde que estamos juntos, y... y ayer ella se enfadó creyendo que el motivo era porque no la veo atractiva -muestra una sonrisa incrédula, no entiende como Carol puede pensar esa gilipollez -Conseguí convencerla de que ese no es el motivo, que soy yo, y le pedí tiempo para arreglar mi problema, pero no le dije cual es.

Michonne se pellizca el labio pensativa.
-Pero vosotros ya os habéis acostado antes, tenéis una hija ¿Por qué ahora no puedes?

Niega con la cabeza.
-Eso fue... fue distinto... Yo... yo no me quité la ropa, sólo dejé al descubierto lo suficiente para... ya sabes... y en ningún momento me tocó.
Ahora... ahora quiero hacerlo bien.

-¿Tienes problemas con ver a Carol desnuda, Daryl? -pregunta.

Daryl arruga la nariz ¿Qué estupidez de pregunta es esa?
-No, ninguno, me gusta verla -se sonroja. Aunque lo cierto es que aún no la ha visto correctamente desnuda, las veces que lo han hecho estaban rodeados de oscuridad, y cuando tuvo que bañarla procuró no mirar.

Michonne sonríe con suavidad.
-Eso es bueno. Háblame de tu infancia, Daryl ¿Cómo fue? Quiero que me cuentes los recuerdos que tienes, los momentos agradables, los tristes, tu relación con tus padres...

Daryl se muerde el labio inquieto.
Se hace un silencio entre ambos, Michonne espera pacientemente sus palabras, y él busca entre sus recuerdos algo digno que contar. Sólo encuentra basura.
-Yo... yo no tuve infancia, fue una mierda. No tengo momentos agradables, lo poco bueno que pudo haber pasado durante mi niñez está enterrado bajo capas y capas de... de maltrato -confiesa.
Se atreve a mirar a Michonne, esperando encontrar un rostro sorprendido, pero no, su expresión sigue siendo la misma.

-¿Tus padres te golpeaban? -pregunta con suavidad.
Lleva muchos años tratando con personas como él, desde un primer momento supo que su infancia debió estar llena de abusos.

-Sólo mi padre, mi madre sencillamente... -se encoge de hombres -pasaba el día en la cama, emborrachándose y fumando.

-Háblame de tu madre ¿Cómo era? -pregunta.
Quiere/debe indagar más sobre el maltrato al que fue sometido, pero no hoy, no en su primera sesión.

-Puf, no sé ¿Físicamente? dicen que me parezco a ella. Era rubia, ojos azules, y tenía el lunar sobre el labio que yo heredé. Muy demacrada, despeinada, con profundas ojeras, dientes amarillos y olía a alcohol y tabaco. No puedo decirte mucho más.

-¿Algún recuerdo agradable sobre ella? -pregunta, pero él niega -¿Te abrazó alguna vez, Daryl?

Levanta la vista un segundo para mirarla a los ojos y la vuelve a bajar, para seguidamente negar.
No, no tiene ningún recuerdo agradable, ni lo ha abrazado en la vida. Ni ella, ni su padre, ni Merle. En su familia las muestras de cariño eran algo prohibido.
-¿Por qué me preguntas estas cosas? -susurra cabizbajo.

-Tengo que descubrir el origen de tu problema. Y... bueno, este no es mi diagnóstico definitivo, pero me atrevería a decir que sufres de Hafefobia porque a lo largo de tu infancia, cada vez que fuiste tocado fue para ser golpeado, nadie te demostró que las manos también pueden dar caricias.
Se suele decir que no existe maltrato más destructivo que la falta de amor de unos padres.
Si durante la infancia un niño es privado de los afectos imprescindibles o si le han evitado las posibilidades de aprender a gestionar las emociones con frases tipo "Llorar es de nenas" "Los sentimientos son de maricas" o alguna parecida que seguro que has escuchado... -Hace una pausa esperando a que Daryl asienta -La etapa de la adolescencia que tan tumultuosa es, se ve gravemente afectada.
Si en este período de transición el adolescente no recibe la ayuda y apoyo necesario, y en su lugar sigue en un ambiente de constante maltrato y de destrucción del autoestima, lo que se obtiene generalmente es un adulto socialmente inestable.
Y eso es lo que te ha ocurrido a ti, Daryl -explica detenidamente.

Él la ha escuchado atento, al menos ya tiene una idea de dónde vienen sus problemas, aunque de todos modos lo intuía.

Michonne lo observa con amor. Está cabizbajo, analizando lo que le ha dicho, seguramente martirizándose por ser así.
No puede permitir eso.

-Pero a pesar de todo no eres el caso más grave con el que me he encontrado, Daryl.
Te he visto con Sophia y Carol, y sé que a pesar de no haber recibido amor por parte de tus padres, sabes lo que es, y te gusta darlo. Te preocupas por ellas, las abrazas, besas, las cuidas, proteges... es un buen punto a tu favor.
Te gusta dar amor, pero no estás acostumbrado a recibirlo, y eso es lo que debemos tratar.
Normalmente cuando trato con personas con tus mismos problemas, tras la primera sesión suelo pedirles que intenten decir algunas palabras amables a sus seres queridos, ¿Pero contigo? Sólo te voy a pedir que le preguntes a Carol qué piensa de ti, que es lo que más le gusta de tu personalidad, tu físico, quiero que alimentes tu autoestima, que descubras las cosas buenas que ella ve en ti.

Daryl sonríe sintiéndose un poco adulado.
"Las cosas buenas que ella ve en él..."


Carol despierta al notar unos labios besando los suyos.
Son suaves, dulces, saben a café y la barba rala que lo rodea le hace cosquillas en la barbilla.
Abre los ojos y el rostro del hombre de su vida entra en su campo de visión.
Tiene a Sophia en brazos y le está mostrando una taza humeante.
Sonríe, que hermoso despertar.

-Buenos días -saluda dándole otro beso.

-¿Qué hora es? -pregunta desperezándose.

-Las ocho y media -responde sin mirar el reloj.

Carol se sienta en la cama, coge la taza de café y lo mira medio dormida.

Daryl le sonríe con dulzura. Está guapísima recién levantada, con el cabello despeinado enmarcando su angelical rostro.
-Duerme un poco más si quieres, sólo quería despedirme, tengo que irme a trabajar -informa -Le cambié el pañal a Sophia, le di el biberón, la vestí y nos fuimos a buscarte el desayuno a una pastelería artesanal que está dos calles más atrás. Es un croissant de chocolate, espero que te guste.

Carol lo mira con ternura ¿Puede ser más perfecto?
Observa a su niña, tiene el ceño fruncido y semblante serio.
-¿Y esta señorita por qué está enfadada? -pregunta con voz aguda haciéndola reír. Es tan fácil arrancarle una sonrisa.

-Le he puesto su gorrito con orejas de oso, y no le ha hecho ninguna gracia -responde Daryl, acariciando la cabeza de su niña.
Su cabello es exactamente igual que el de él; rubio, liso y con dos remolinos en la nuca que hacen que se despeine con facilidad.
-Aquí te dejo 100$ -informa, y deja el dinero sobre la mesita de noche junto a su desayuno.

-¿Qué quieres que compre? -pregunta.

-Nada, sólo quiero que tengas dinero encima por si lo necesitas -aclara él.

Carol sonríe un poco emocionada.
Se ha pasado tantos años sin tener control alguno sobre la economía de la casa que le cuesta concebir el hecho de que le deje dinero sin más.
Está deseando poder trabajar para aportar de una vez su granito de arena.

Daryl recoge un mechón de su cabello pelirrojo detrás de la oreja y la vuelve a besar una vez más, le encantaría poder quedarse a su lado, acurrucarse en la cama con ella y pasar toda la fría mañana abrazado a la mujer que ama, y...

Sophia se queja, su cuerpo está entre el de sus padres y no le permiten mirar curiosa todo lo que le rodea.

-Vale gruñona, ya me voy -Besa y abraza a su niña una vez más antes de dejarla en los brazos de su madre.
Recuerdo lo que Michonne le ha dicho sobre la importancia de que los niños reciban afecto.
Sonríe, su niña está más que colmada de amor, besos, abrazos, y palabras amables. Al menos tiene la tranquilidad de que ella será una niña, adolescente, adulta totalmente sana.
-Hasta la tarde -se vuelve a despedir no queriendo irse.

-Hasta la tarde, mi amor, que tengas un buen día -Le desea Carol -Dile adiós a papá. Adiós, papá, te queremos -habla por su niña, al tiempo que agita su bracito, guiándola y mostrándole como despedirse.

Daryl tiene que hacer uso de todas sus fuerzas para salir de esa habitación.
Se las comería a besos a las dos.


Carol pasea por el parque con su niña. Hace un poco de frío, tiene la nariz congelada, y las mejillas sonrosadas por el aire helado.
Sophia lleva puesto su abrigo con capucha, que a diferencia de su adorable gorrito sí se la deja puesta.
Está observándolo todo, comentando a su manera cada cosa que ve y gritando emocionada cada vez que se cruzan con algún perro.

Le gusta caminar, ese sitio es precioso,y está lleno de vida.
Pero lo mejor de ese parque, y ciudad en general, es ser invisible, no sentir las miradas de los vecinos juzgándola, hablando a sus espaldas, y criticando cada cosa que hacen. Sólo saludan, le sonríen al pasar, y comentan lo bonita y adorable que es Sophia.
Le encanta ese lugar, aunque aún así no puede evitar mirar hacia atrás temerosa, sintiendo la sombra de su marido ciñéndose sobre ella. Tiene la sensación de que en cualquier momento aparecerá, la asaltará y la hará despertar de ese hermoso sueño hecho realidad.
Supone que deberá vivir con esa desazón toda su vida mientras él siga vivo.

-¡Papá! -grita Sophia emocionada al ver a un hombre de espaldas.
Tiene los hombros anchos como Daryl, y el cabello rubio más o menos del mismo largo.

Carol sonríe.
-Ese no es papá, mi amor -corrige con dulzura, pero Sophia no se da por satisfecha y se agita en el carro nerviosa, alzando los brazos al tiempo que repite esa palabra una y otra vez, hasta que el hombre se gira y desvela un rostro nada familiar para ella.

-¿Ves como no es papá? -Sophia gruñe como si le reprochara a su madre algo -Admítelo, te has confundido, mi niña.

Continúa paseando por el parque, disfrutando de su libertad.
Sí, porque a pesar de los miedos que siente por encontrarse con Ed de nuevo, se siente libre.
No tiene que estar mirando el reloj porque deba estar a cierta hora en casa, no tiene que caminar agachando la cabeza para evitar que la gente la salude, no tiene que esforzarse en esconder moretones. Todo eso ya se acabó, esa etapa de su vida se está consumiendo hasta el punto de ser sólo cenizas, y ahora ella puede renacer de nuevo, siendo la mujer que siempre debió haber sido.


Daryl está en su media hora de descanso, tomando tranquilamente su bocadillo.
El taller huele a aceite de motor y gasolina. Ha pasado la mañana poniendo a punto un viejo Mercedes que deberá pasar la inspección en un par de días.
Está siendo un día agradable, su jefe lo ha tratado bastante bien, Dale debió dar buenas referencias de él, y sus compañeros lo han recibido como a uno más, e incluso uno de los aprendices se ha acercado a él para aprender de su trabajo, y preguntar dudas.
Es impresionante lo que puede cambiarle la vida el hecho de no tener ninguna reputación.
Es genial, en ese pueblo lo que opine, piense la gente estará impulsado por su comportamiento y acciones, y no por una fama que ni siquiera es suya.
Le han preguntado por su vida, y con todo el orgullo que siente les ha revelado que tiene mujer y una niña de cinco meses y medio, y al momento sus compañeros han comenzado a hablarle de su vida. Unos están casados con hijos, otros sólo tienen pareja, alguno divorciado...
Le parece genial tener conversaciones normales sin que alguien le recuerde la mala reputación de los Dixon.

Mira su móvil, tiene mensajes de Glenn, Tara, Sasha... todos preguntando que tal les va en esa nueva vida, incluso lo han incluido en un grupo donde todos están comentando chorradas.
Son geniales.

Recuerda la conversación que tuvo con Carol el día anterior sobre Acción de Gracias.
Aún le quedan diez minutos de descanso, puede hacer un par de llamadas.
Marca el número de Andrea.
Un toque, dos toques, tres to...

-Hey, Daryl ¿Ocurre algo? -pregunta preocupada.

Sonríe, es tan natural que las llamadas que realicen sean con problemas jurídicos que una llamada amistosa es hasta extraña.
-No, nada de eso, está todo bien. Es sólo que quería comentarte, Carol desea celebrar Acción de Gracias en casa, y ha pensado que quizás quieras venir con Matthew a pasarla con nosotros, al fin y al cabo somos familia.
Podéis venir un par de días antes si queréis, así os enseñamos el pueblo. Tú puedes estrenar el colchón de la cama de la habitación de Sophia y para Matthew compraré un colchón hinchable y lo pondré en la otra habitación vacía ¿Qué te parece?

La escucha sonreír al otro lado del teléfono.
-Es una buena idea, Daryl, se lo comentaré a Matthew a ver que le parece, nos vendrá bien despejarnos un poco del ambiente de esta ciudad.

Daryl sonríe satisfecho, Carol se alegrará mucho.
Entonces recuerda la otra parte que debe comunicarle.
-Andrea, yo... tengo que decirte algo más, si no estás de acuerdo sólo dímelo, porque puestos a elegir prefiero teneros a Matthew y a ti esa noche -coge aire antes de hablar -Me... me gustaría invitar a mi hermano también.

Silencio al otro lado del teléfono.

-¿Andrea? ¿Sigues ahí? -se ve en la necesidad de preguntar.
Está a punto de despegar el teléfono de la oreja para cerciorarse de si se ha colgado, ha perdido la cobertura o algo por el estilo, cuando la escucha hablar.

-Hazlo si quieres, Daryl, pero ya te adelanto que en cuanto sepa que nosotros vamos a estar ahí pondrá escusas para no ir -dice con una notable rabia.

Daryl asiente.
Es muy probable que su hermano haga eso, pero puede que incluso lo sorprenda.
Se despide rápido de Andrea y busca en la agenda el número del teléfono de la que ahora es la casa de Merle.
Un toque, dos toques, tres toques, cuatro toques...
Y salta el contestador.
Cuelga, podría dejarle un mensaje en el contestador, pero lo más probable es que no lo escuche o haga como que no lo ha oído.
Más tarde lo volverá a intentar, ahora debe volver al trabajo, aún le quedan cuatro horas entre motores y grasa antes de volver a casa con sus dos amores.


Carol se entretiene montando los muebles de la habitación de Sophia, la cual está durmiendo tras haber almorzado.
Podría esperar a Daryl para que le ayude, pero llegará cansado, y el tiempo que están juntos prefiere pasarlo saliendo de paseo o acurrucados en el sofá.
Le gusta el bricolaje, siempre le ha gustado, es una de sus mayores pasiones desde que era niña y veía a su padre ensamblar piezas de madera, lijar, pegar, pulir, barnizar, creando hermosos muebles.
Le encantaba ir a su carpintería, el olor de la madera y del aserrín acumulado bajo su banco de trabajo, el sonido de las seguetas cortando tablones...
Fue una infancia maravillosa.
Aún le duele pensar en él, en su padre, en como murió sólo en un hospital sin tener noticias de su hija.
Si él hubiese sabido el esfuerzo que hizo por ir a verlo... si hubiese visto como Ed la pilló segundos antes de arrancar el coche, la arrastró por el cabello escaleras arriba y flageló su espalda para "domarla" hasta que quedó inconsciente en el suelo...
Dios, ¿Cómo pudo estar tan ciega como para casarse con él? Las señales del tipo de hombre que era estaban ahí desde un principio.
Cuando él se enfadaba al verla hablar con otro y le pedía que no lo hiciera, que los hombres sólo buscaban una cosa en ella.
Cuando le pedía que no saliese de fiesta, porque las mujeres que hacían eso eran unas frescas, y ella era una chica de bien.
Cuando le pidió que no utilizara minifaldas ni camisas escotadas, porque ya había conseguido un hombre y no debía atraer a más.
Cuando le pidió que no se maquillara, que eso era de putas.
Ella sonreía como una idiota diciéndose que todo eso no eran más que celos porque la amaba, no se daba cuenta de lo que estaba haciendo con ella, que todas esas "inocentes" peticiones y consejos eran órdenes para tenerla donde quería.
Cuando se quiso dar cuenta había cambiado su ropa por prendas tallas XL y pantalones de chándal, su melena al viento por recogidos desordenados, y su piel virginal por otra llena de golpes, quemaduras y cortes los cuales en su mayoría han desaparecido, pero que han sido grabados a fuego en su corazón, y arden en el recuerdo.
Si pudiese volver atrás...
Sacude la cabeza.
Si pudiese volver atrás no cambiaría nada, porque gracias a haber conocido a ese monstruo ahora está con el hombre más maravilloso que existe sobre la faz de la tierra, y que le ha dado el mejor regalo del mundo: Sophia, el amor de su vida.
Ha pasado por el peor de los infiernos para conocer la gloria, y más feliz no puede ser ahora mismo.

Le encanta esa casa, el barrio, la gente.
Varios vecinos se han acercado a la puerta con tartas, empanadas y comidas varias para darles la bienvenida.
La gran mayoría eran personas mayores, pero todas de lo más agradable, y se han enamorado de Sophia nada más verla.
¿Echa de menos Georgia? Lo cierto es que extraña a sus amigos, pero por suerte en cuanto Daryl vuelva del trabajo podrá hablar con ellos, y así despejar esa nostalgia que le invade al pensar en ellos, porque por lo demás, Georgia puede irse al infierno.


Daryl aparca el coche a las puertas de casa, está deseando volver a ver a sus chicas, pero antes de bajarse decide volver a llamar a Merle.
Un toque, dos toques, tres toques...

-¿Dígame? -pregunta con esa voz grave y ronca que tiene.

-Merle, soy Daryl -saluda -¿Cómo...

-Hombre, Darlina, ¿Ya te abandonó la pelirroja? -ríe.

Daryl piensa unos segundos si mandarlo a la mierda o no, no tiene tiempo para sus tonterías.
-Escúchame idiota, vamos a celebrar Acción de Gracias, y quería invitarte ¿Vendrías? -pregunta sin dar más rodeos.

-Puf ¿Para qué quieres que vaya? ¿Qué vais a hacer? ¿Rezar en la mesa, comer un pavo seco, hablar de gilipolleces e iros a dormir a las doce? -desprecia él.

Daryl tensa la mandíbula.
-¡¿Vendrías o no?!

-Ni loco voy a ese muermazo, prefiero quedarme aquí, al menos follaré -ríe con risa estridente.

Deja escapar un suspiro.
-Como quieras, tampoco te necesito, lo hacía por ti para que no estuvieses solo, y pasaras este día en familia acompañado de tu hermano, Carol, Sophia, Andrea y Matthew.

Silencio al otro lado del teléfono hasta que lo escucha murmurar algún insulto.

-¡¿A TI QUE COÑO TE PASA?! ¿Has invitado a la rubia? ¿Y pretendías que yo fuera allí? ¿PARA QUÉ? ¿PARA UNIRNOS? ¡Eres gilipollas hermano! ¡Deja de intentar ser un alcahuete!

-Yo no intento ser nada, he invitado a Andrea porque Matthew es mi sobrino y el único primo de Sophia -se defiende -Pero ¿Sabes qué? No vengas, me da igual, mejor para mí, un idiota menos que tener que aguantar. Que te vaya bien

Cuelga dejando a su hermano con la palabra en la boca. Le importa una mierda lo que fuese a decir.
Coge aire varias veces, intentando tranquilizarse, y evadir las ganas de estampar el móvil contra el cristal.
Merle es idiota, siempre lo supo, y por más que intente que forme parte de su vida no lo va a conseguir. Vale que es él el que se ha marchado de Georgia, pero es su hermano quien se aleja.
Quizás eso sea lo mejor, lo que hay entre ellos es una relación tóxica que no le conviene tener cerca, y menos con Sophia presente. Porque los actos de bondad que ese hombre comete se ven eclipsado por cientos de canalladas dignas de unos meses entre rejas.

Baja del coche y camina hasta la puerta.
-Ya estoy en casa -saluda con voz cansada, sin poder sacarse a su hermano de la cabeza.
Sonríe cuando un grito infantil surge desde algún lugar de la casa.
De repente todo su enfado desaparece.

-Espera, que van a recibirte -anuncia Carol, y acto seguido Daryl puede ver como unas manos salen del interior de una habitación y dejan a Sophia en el suelo del pasillo.

Su niña lo observa un instante.
-Papá -dice feliz, antes de comenzar a gatear hacia él. Va despacio, pero sin pausa, resbalándose de vez en cuando, y dejando escapar grititos con cada pequeño avance que hace.

Mira a Carol, que sonríe desde el otro lado del pasillo. Está vestida con su espantosa ropa talla XL, por lo que supone que ha debido estar haciendo alguna tarea de limpieza, pintura o algo por el estilo. Espera que sea eso y no que haya vuelto a querer vestir así.
Aún así está preciosa, con ese brillo especial que tiene su cara estos dos últimos días.
Se acerca a su niña, no tiene paciencia como para esperar a que llegue hasta él. Lleva muchas horas separado de ellas, y lo único que desea es estrechar a su bebé entre sus brazos y besar los labios de Carol.
-Ven aquí pequeñaja -dice cogiéndola en brazos y dándole un suave beso en sus sonrosada mejilla.
Ella balbucea algo ininteligible y se entretiene despeinando a su padre.

-¿Qué tal el día? -pregunta a Carol antes de darle un dulce beso en los labios, diciéndole sin palabras lo mucho que la ha echado de menos.

-Bien, hemos dado un paseo, he montado todos los muebles de la habitación y no han parado de venir vecinos a dar la bienvenida, lo hemos pasado bien -responde sonriente.

Adora verla reír tan sincera.
Ha estado montando muebles, eso explica el por qué de su ropa.
Le gustaría abrazarlas, pero su ropa apesta a gasolina y grasa de motor.
-¿Qué te parece si mientras me ducho hablas con esta panda de idiotas? -propone.
Saca el móvil del bolsillo, abre el grupo de Whatsapp y deja el aparato sobre sus manos -Llevan dando el coñazo todo el día -bromea.

Besa la cabeza de Sophia, la deja en los brazos de Carol y camina rumbo a la ducha, mirando de soslayo como Carol sonríe y comienza a escribir algo, al tiempo que procura mantener las manos de Sophia lejos del teléfono.
Las ama.


-¿Sabes? Creo que nosotros podríamos haber protagonizado esa película -comenta Daryl.

Están tranquilamente sentados en el sofá, comiendo palomitas de maíz y viendo Titanic, mientras Sophia juega sobre su manta de actividades junto a ellos y mantiene charlas con Pookie.

Carol arquea una ceja.
-¿Por qué piensas eso?

Daryl traga lo que tiene en la boca antes de hablar.
-Míralos, tenemos cierto parecido físico con los protagonistas: ella cabello pelirrojo y rizado, él rubio y liso, incluso son de clases sociales distintas, como nosotros -se explica.

Ella se echa a reír.
-Sí, es cierto, aunque yo no te dejaría morir congelado -dice mirándolo con amor.

Daryl abre mucho los ojos.
-¿Jack muere?

Carol abre y cierra la boca varias veces buscando las palabras. Mierda, le ha destripado la historia.
-Ay, Dios, Daryl, lo siento, la película tiene sus años, pensé que... -entonces él se echa a reír -Me has tomado el pelo ¿Verdad? -pregunta entrecerrando los ojos, analizando su expresión.

Daryl sigue riendo.
-Lo siento, no he podido evitarlo, yo... -esquiva la palomita que le lanza a la cara -Ven aquí, tontorrona -se acerca más a ella, estrechándola contra él, y la besa entre unas risas que poco a poco van apagándose cuando se concentran sólo en el beso.
-¿De verdad no dejarías que muriese congelado? -pregunta en un dulce susurro contra sus labios. Ella asiente -¿Por qué?

-Porque te quiero -murmura sincera.

Él se aparta lo suficiente de ella para poder mirarla a los ojos. Esos preciosos ojos...
Entonces recuerda lo que Michonne le pidió que hiciera.
-¿Por qué me quieres?

Carol se muerde el labio pensativa ¿Por dónde empezar?
-Me haces feliz, me siento amada, libre, y eres un padre y... ¿marido? maravilloso.

Daryl sonríe.
-Sí, puedes llamarme marido, me gusta.
La vuelve a besar, perdiéndose una vez más en sus labios, y dejando su mano navegar por su espalda, bajo la camisa, acariciando su piel suave, mancillada por alguna que otra cicatriz que desearía poder borrar a base de caricias o transferirla a su propia piel donde se mimetizaría con todas las que él tiene.
-¿Qué es lo que más te gusta de mí? -siente la necesidad de preguntar. Necesita escuchar unas buenas palabras sobre su físico, antes de que agrias imágenes de su cuerpo lacerado turben su mente.

-Me gusta cómo nos tratas y cuidas en general, y físicamente pues... -lo mira de arriba a abajo y sonríe tímida -Me gustan tus labios, tus ojos, tu mirada profunda, tus hombros anchos y...no he visto mucho más -dice nerviosa.

Daryl la mira con ternura. Es cierto, no ha visto más allá que lo que su ropa deja al descubierto.
Acaricia su cabello pelirrojo, enredando sus dedos en sus bucles, al tiempo que la observa con cara de idiota.
-Yo acabaría antes diciéndote lo que no me gusta de ti -revela.

-Y... ¿Qué es lo que no te gusta de mí? -pregunta ella curiosa.

Daryl la mira de arriba abajo tal y como ella hizo anteriormente.
-Pues... este trozo de palomita es muy poco sexy -dice, y le quita el trozo de maíz que descansa sobre su clavícula.

Vuelven a reír, y besarse una vez más, con la triste banda sonora de la película envolviéndolos, y los gorjeos de Sophia inundándolos de amor.


Acción de Gracias

Carol revisa la mesa por enésima vez. Alisa una arruga del mantel, vuelve a alinear los cubiertos, limpia una pequeña mancha en la copa...
Quiere que todo esté perfecto, que salga bien.
La primera y única vez que organizó Acción de Gracia cuando estaba casada, su suegra se pasó la cena insultando la comida, diciendo que el pavo estaba seco, el postre demasiado dulce, y que para eso mejor se hubiese quedado en casa tomando sobras del día anterior.
Estuvo todo el día cocinando para nada, ni siquiera tuvo tiempo de arreglarse, lo único que consiguió fue el desprecio de sus suegros y una paliza de Ed en cuanto se marcharon, por no saber cocinar y haber hecho que su madre se marchase con hambre.

-¿Aún no han llegado? -pregunta Daryl que sale de la habitación recién arreglado -Quizás deba... -las palabras mueren en su boca cuando Carol se gira hacia él -Joder...-es lo único que atina a susurrar.
Está preciosa vestida, el negro le sienta genial. Es un vestido discreto, entallado hasta bajo las rodillas, con cuello de barco, de media manga, la cual está calada con un encaje de motivos florales.
Su cabello cae con gracia sobre uno de sus hombros, y su rostro está ligeramente maquillado, realzando sus enormes ojos y esos labios que... ¡Que demonios!
La besa tan inesperadamente que ella ahoga el grito de sorpresa en su boca.

Llevan un par de días ajetreados con los preparativos para la cena.
Matthew y Andrea llegaron ayer, pero decidieron quedarse en un hotel, para estar más tranquilos y así quedarse toda la semana en la ciudad, y no incomodarlos.
Como si molestasen...
Intentó disuadirla, pero no había quien la bajase del burro, así que... aceptó que no se quedase con ellos.

Ayer tuvo su segunda sesión con Michonne. Estuvo algo más relajado, y sus preguntas siguieron centrándose en su pasado, precisamente en su adolescencia y sus relaciones con las chicas.
No tuvo mucho que decir, más que la mayoría de las adolescentes lo ignoraban por miedo y quienes se atrevían a salir con el "chico malo" eran frenadas por sus padres.
Preguntó por su primera experiencia sexual, y ahí tuvo que contarle esa traumática pérdida de la virginidad con una prostituta que le doblaba la edad y que prácticamente lo forzó a tener relaciones sexuales con ella.
Hasta ayer, no tenía ni idea de que una mujer podía violar a un hombre.

Interrumpe el beso y mira a Carol a los ojos.
Odió la idea de tener que arreglarse para cenar en casa, pero cuando la ha visto a ella...
-Estás guapísima -susurra contra sus labios, arrancándole una tímida sonrisa.

-Tú también -dice ella.
Lo mira de arriba abajo, está realmente elegante, y eso que sólo lleva un pantalón chino, camisa blanca y chaqueta americana.

Sophia grita para hacerse notar.
-Y tú también estás muy guapa -sonríe Daryl.
La saca de la trona para darle un beso. Lleva puesto un vestido celeste que resalta sus enormes ojos azules.

Llaman a la puerta.

-¡Papá! -grita Sophia emocionada.

-Papá soy yo, sinvergüenza -corrige.
Camina con ella en brazos hacia la puerta, dejando a Carol junto a la mesa, revisándola de nuevo.

-Pero bueno, que elegantes estás tú -sonríe Andrea al ver a Daryl -¿Y esta princesita? ¿Cómo se puede ser tan guapa? -dice con voz aguda. Le hace gestos a Sophia para que se lance a sus brazos, y con gusto se va con ella -¿Y Carol?

-En la cocina -responde Daryl -Hola, hombrecillo -saluda a Matthew, que por como está vestido parece el muñeco de una tarta nupcial.

-Odio los trajes -refunfuña.

Daryl sonríe.
-Ya somos dos.
Posa una mano en su espalda para guiarlo al interior.
Escucha a Andrea elogiar a Carol por la buena pinta que tiene la comida, y repetirle una y otra vez lo guapa que está.

Se sientan a la mesa, donde la cena transcurre con normalidad, si exceptúa que su miembro ha decidido ser un invitado inesperado y sus pantalones le empiezan a apretar.
Carol se ha sentado frente a él, y la visión que tiene de ella no le deja concentrarse en comer.
Dios, como se le marcan las clavículas al mínimo movimiento, y ese vestido es condenadamente parecido al que llevaba puesto el día que se conocieron y tuvieron relaciones por primera vez.
Si pudiera despejaba las cosas de la mesa de un manotazo y le hacía el amor sobre ella sin molestarse en quitarle el vestido.
Debe dar gracias de que tengan invitados, porque no le interesa que su primera vez como pareja sea un arrebato de pasión sin preparación alguna.
¿Desde cuándo es tan absurdamente romántico?

Sophia está sentada en su trona, riendo sin parar con Matthew, que se esconde tras ella y aparece por su izquierda o por su derecha dándole un pequeño susto haciéndola reír a carcajadas.

Carol habla animadamente con Andrea, comentándole como han pasado los días que llevan ahí, y los avances que tiene Sophia.
Daryl lo único que puede hacer es mirarla con cara de idiota.
La ve tan hermosa esa noche... no sabe si es por el vestido, por las luces que iluminan sus ojos, o por esa radiante sonrisa que va de oreja a oreja.

-Voy a por el postre -anuncia ella.

Le gustaría ofrecerse a ayudarla, pero como se levanta va a ser testigo de cierto bulto en sus pantalones.
Para su suerte, Andrea se ofrece, aunque Carol rechaza amablemente su ayuda, y marcha al interior de la cocina con ese vaivén de caderas que lo hipnotizan.

Andrea mira a Daryl sonriente.
-Se te cae la baba, y no precisamente por tu hija -bromea.

Daryl sonríe y agacha la cabeza tímido, sintiéndose enrojecer.
-Está muy guapa esta noche -murmura.

Andrea observa a Carol en el interior de la cocina. Está realmente animada.
-Sí, está más guapa desde que ha salido de Georgia -sonríe.
Aún no puede creer que el pequeño de los Dixon haya formado una familia.
-Supongo que Merle...

Daryl niega con la cabeza, y Andrea no necesita saber más.
-Ya... lo supuse -mira a Matthew, que está entretenido jugando con Sophia. Se parece tanto a su maldito padre -Mejor así, supongo...

Daryl no puede evitar sentirse un poco mal, supone que una parte de Andrea quería encontrarse con Merle, y poder ser testigo de su reacción al conocer a su hijo.
Le gustaría confesarle lo que Merle le dijo, el por qué de todo, pero... ¿Para qué? ¿De qué serviría? Eso es algo que debe salir de su hermano, no de él. Si Merle prefiere seguir con su vida de borracheras y putas antes que lanzarse a la estabilidad de una vida en familia allá él.
No sabe lo que se pierde, lo maravilloso que es despertar al lado de alguien que le ame, que le diga los "Te quiero" más sinceros y que cuando mire a su hijo pueda vivir con la certeza de que ha hecho algo bien en la vida.

-¿No quieres postre? -pregunta Carol.

Sale de sus pensamientos, para darse cuenta de que ella está ofreciéndole un plato con la tarta banoffee que ambos han preparado esa misma tarde.

-Sí quiero -responde, mirándola a los ojos de una manera tan intensa que parece que está contestando a una pregunta más importante.

Toman el postre en silencio, Andrea los felicita por lo bueno que está, Matthew repite, y Sophia gruñe y se queja queriendo alcanzarlo.
El año que viene ya podrá probarlo.

Carol mira a su alrededor, está feliz, adora a su nueva familia, Andrea es muy agradable, Matthew es un amor de niño, y bueno, su niña y Daryl son lo mejor que le ha podido pasar en la vida.
Saca a Sophia de la trona, antes de que comience a llorar y la deja de pie sobre su regazo, para que pueda cotillear todo lo que hay en la mesa.
Siente la luz de un flash en los ojos. Daryl ha intentado hacerle una foto de forma furtiva, pero ha sido delatado, y ahora la mira tímido.
Está adorable cuando se sonroja.
Sonríe, y él le devuelve la sonrisa, y vuelve a hacerle otra foto, como recuerdo de ese maravilloso día.

Fotografía a Carol, a Sophia, a Andrea, a Matthew, los cuatro juntos, por familias, solo las mujeres, Andrea le hace una foto junto a Carol y Sophia, otra con Carol solo...
Cientos de fotos, de vídeos que enviarán a sus amigos por Whatsapp y que posiblemente imprimirá para adornar la casa y llenar cada rincón con los más hermosos recuerdos.
Es su primer Acción de Gracias, y ya lo ve inmejorable.


6 meses

Carol continúa dándole el pecho a Sophia, pero no con tanta frecuencia, ya que está comenzando a tomar sus primeras papillas, por lo que su alimentación se ve complementada.
Suele darle la papilla a la hora de la merienda que es cuando más espabilada y predispuesta está para ello, como la pillen con sueño o recién levantada se niega. Es una cabezota.
Aún no terminan de cogerle el truco, y por mucho babero que le pongan ella acaba de papilla hasta las cejas, incluso ha llegado a manchar las paredes. En vez de a un bebé parece que le está dando de comer a un ventilador de techo de esos de aspas que dan vueltas.
A Carol se le da mejor, sabe como entretenerla, pone voces, abre mucho la boca para que ella la imite y así poder introducirle la cuchara , y cuando es Daryl quien le da de comer ella está por detrás con Pookie llamando su atención.
A veces odia ser tan tímido para expresarse, no ser capaz de cantar, o hacer un poco el tonto con su bebé como ella hace.

Otro de los avances de Sophia es que ya se sienta sola, también va cogiéndole confianza al gateo, va más rápido y se cae menos.
Ha añadido una nueva letra a su, cada vez más extenso, vocabulario, la "M", supone que por la costumbre de Carol de decir "Ummm, que bueno" cada vez que va a darle la papilla.
Lo gracioso es que ella relaciona esa palabra con la comida, y ahora cada vez que tiene hambre se lo hace saber emitiendo un "Ummm".
Más lista no puede ser.
Espera que no tarde en probar a añadirle más vocales a esa consonante.
Por más que Daryl le repite la palabra "mamá" ella no se digna a repetirla. Se muere por escucharla decirlo, y ver la cara de Carol cuando lo haga, aunque luego llame mamá a todo lo que vea, tal y como hace con papá actualmente.

Ahora mismo están en Georgia de nuevo.
Andrea les llamó, y están pasando una semana allí, ya que tienen bastantes cosas que arreglar antes de volver a casa.

Negan ha tenido que indemnizar a Carol con 600$ por la agresión.
¡600$! Daryl no le ha partido la cara a ese capullo de milagro. Osea, por poco la viola, le dejó moratones, una lesión muscular en el hombro, la humilló y asustó y su único castigo ha sido pagar unos míseros dólares e irse de rositas, con esa sonrisa arrogante que se muere por borrarle.
Cuando él fue juzgado por exactamente lo mismo pasó seis meses en prisión, aún siendo inocente, y él nada, para que luego digan que la justicia es ciega, encima el resto de tíos que estuvieron presente en esa agresión ni siquiera han sido juzgados.

Carol ya está oficialmente divorciada, ya no es Carol Peletier nunca más, ha recuperado su apellido de soltera, ese que su querido padre le dio y que nunca debió haber perdido.
Es libre, podrían casarse mañana mismo si quisieran, y él adoptaría su apellido para dejar de arrastrar de una vez la reputación de los Dixon.
Pero por lo pronto se va a estar quieto, acaba de divorciarse, duda que le interese embarcarse en otro matrimonio.
Aunque se muere porque sea oficialmente su esposa.
Quien le iba a decir un año atrás que iba a tener tanto interés en esos temas.

Daryl está haciendo la maleta junto a Carol.
Acaban de volver del registro civil. Ya le han entregado el nuevo libro de familia donde "Sophia Reeve" aparece como su hija biológica.
Cuatro días atrás tuvieron el juicio por su paternidad. Aún recuerda el silencio que se hizo en la sala tras desvelarse quien era el padre, para acto seguido llenarse de cuchicheos.
Le dio igual, nada ni nadie podía borrar la sonrisa de su cara.
Una prueba con un 99,9% de fiabilidad acababa de asegurarle que era su niña, por lo que Ed no podría optar a la custodia, como mucho podría negociar un régimen de visitas, pero duda mucho que lo vaya a hacer. Se limitará a pedirle a Daryl el dinero invertido en los meses que ha estado cuidando a Sophia y ya está, de hecho Andrea ya le ha dado el chivatazo de que está preparando la denuncia para ello.
Con gusto pagará, le importa una mierda quedarse sin un duro si con ello lo mantiene alejado de sus dos amores.

Mira a su lado, donde Carol se prepara para amamantar a Sophia.
Han pasado varios días, pero aún está afectada por haber visto a Ed. Ese capullo la asesinó con la mirada en cuanto se confirmó la paternidad de la pequeña, y ella agachó cabeza intentando hacerse lo más pequeñita posible.
Por mucho que él la estrechó entre sus brazos ella no dejó de temblar, y ahora cuatro días después aún la nota algo triste y tensa.

-En unas horas estaremos en casa. Nos despedimos de los chicos y nos vamos -intenta tranquilizarla -¿Qué te parece si cuando lleguemos nos vamos a comprar adornos de Navidad?

Carol alza la vista sorprendida.

-¿Qué? Es quince de diciembre y aún no hemos decorado la casa.

-Ya, Daryl, pero... Ed te va a reclamar el dinero, y ya van a ser muchos gastos. Además, ¿Para qué decorarla? Sophia no se va a enterar de nada, es muy pequeña aún -intenta disuadirlo.

Daryl agacha cabeza y asiente.
-Ya, es solo que... nunca he celebrado la Navidad, y... el año pasado me pasé estas fechas sin apenas dormir, preocupado, leyendo libros sobre embarazo, sin saber si algún día me permitirías conocer a mi bebé, y ahora... tengo a mi niña conmigo, y a ti también, somos oficialmente una familia -muestra el libro de familia -Y será nuestra primera Navidad juntos. Sólo quiero tener un recuerdo especial. Podemos comprar simplemente el árbol y un par de adornos para el interior de la casa, y... y no regalarnos nada entre nosotros, sólo a Sophia ¿Vale?

Carol lo mira emocionada. Recuerda perfectamente estas fechas un año atrás.
Él la abordó en el supermercado y le pidió hablar, ella se cerró en banda, pero cuando lo vio alejarse con ese peluche en la mano algo se derritió en su interior, y pasó las fiestas en casa de sus suegros debatiéndose sobre si acceder a hablar con él o no.
Se alegra de haber tomado la decisión correcta.
Le sonríe.
-De acuerdo, compremos adornos de Navidad, pero con mi dinero -acepta con condiciones, recordando el dinero que Negan ha tenido que darle.

Daryl sonríe feliz, tiene ganas de saltar de alegría como un niño, pero en lugar de ello opta por plantar un beso en sus labios.

-Ummm -gruñe Sophia.

Se echan a reír, la señorita tiene hambre y no tiene paciencia para soportar besuqueos entre sus padres.

Daryl se sienta a su lado y se limita a mirar a su niña alimentarse.
Le da un poco de pena pensar que quizás el próximo mes ya habrá dejado completamente de amamantarse y no podrá volver a ser testigo de ese precioso momento.
Recuerda la primera vez que lo hizo, el día que nació. Como por instinto buscó el pecho de su madre y localizó con la boca el pezón.
Al menos ha perdido la cuenta de la cantidad de vídeos que tiene de ese momento, y puede que en un futuro tengan otro bebé al que ella volverá a amamantar.
Siente un cosquilleo en el estómago al pensar en la idea de otro bebé.

Carol observa sonriente a su niña, le encanta como la mira fijamente, y como se agarra a sus dedos. Si tuviese que elegir una imagen para definir el amor definitivamente sería esa.

Está deseando volver a casa, cada rincón de esa ciudad le recuerda a Ed, todas las miserias que pasó con él, y esa mirada que le lanzó fue como cientos de cuchillas bajo sus uñas.
Siente como Daryl la abraza, como si hubiesen notado su tensión.
Acaricia su espalda, besa su sien y le susurra un dulce te quiero en el oído que le recuerda que dentro de nada se marchará de ese lugar, y que ya no tendrá que volver jamás, porque ya no hay nada que solucionar ahí.


Daryl sonríe divertido al ver a Carol estirarse a más no poder, poniéndose totalmente de puntillas para colocar la estrella que corona el árbol de Navidad.
Le faltan varios centímetros para llegar.
Lo cierto es que es un árbol bonito, incluso parece natural.
Las luces son blancas, al igual que las esferas translucidas que lo adornan.
Ha quedado bastante elegante, aunque han tenido que dejar las últimas ramas sin adornar ni iluminar porque su pequeño diablillo llega a cogerlas.
Está de lo más emocionada con lo que ella considera su nuevo juguete.

Se acerca a Carol antes de que acabe cayendo encima del árbol y forme un desastre.
Ella lo mira sonriente y hace el intento de entregarle la estrella para que él la ponga, pero Daryl niega, en su lugar, se coloca tras ella y la agarra por la cintura.
-¿Preparada? Cuando cuente tres salta -Carol intenta replicar, pero él ha comenzado la cuenta atrás -Una, dos, ¡tres! -La levanta a peso y la sienta sobre su hombro. Está tan acostumbrado a cargar con ella que apenas le supone esfuerzo ya.

Sophia suelta una carcajada cuando ve lo que están haciendo sus padres.

Carol coloca la estrella sin parar de reír y cuando está lista Daryl la vuelve a dejar en el suelo.
-¿No era más fácil que la colocases tú? -pregunta divertida.

Daryl se encoge de hombros.
-Me gusta complicarme la vida -bromea, aunque podría ser cierto, teniendo en cuenta el año que lleva pasado, prácticamente ha sido una montaña rusa de emociones.

Carol sonríe negando con la cabeza.
Lo ama con locura.
-Tienes purpurina en... -estira la mano para tocar su rostro y limpiar los brillos que tiene en la mejilla, pero él la detiene agarrándola de la muñeca con fuerza, asustándola por la sorpresa.
-Lo siento-se disculpa.
Lo había olvidado: Prohibido tocar.
Hace un año que lo conoce, un año sin poder rozar su piel más allá de sus manos, no entiende por qué le desagrada tanto ser tocado, y más cuando es ella quién lo hace, se supone que la ama, debería querer sentir sus caricias.
No lo entiende, pero aún así no deja de ser el hombre más maravilloso que ha conocido en la vida.
Se acerca a él, abrazando su propio vientre, para que vea que no lo va a tocar y estrecha el rostro contra su pecho esperando que él la abrace.

Daryl respira agitado, su corazón bombea rápido en el pecho. Está aterrado.
Dios, ha estado a punto de tocarle, le ha faltado nada, y él...
La abraza con fuerza, odia que se sienta mal, no ha hecho nada malo, no es su culpa, es sólo él que no es más que un idiota incapaz de ser tocado.


Daryl despierta de madrugada como lleva haciendo todos este tiempo durante tres días a la semana.
Mira a Carol, completamente dormida, con su cabello revuelto sobre la cara y su rostro relajado.
Tan hermosa, tan perfecta...
Baja la mirada.
Tiene a la mujer mas maravillosa del mundo durmiendo a su lado y él es incapaz de dejar que lo acaricie, que lo abrace, hacer el amor correctamente...
¿Por qué tanto miedo? Por Dios, es Carol, no le va a hacer daño ¿Qué coño le pasa? ¿Qué hay tan mal en su mente que es incapaz de darse cuenta de que ella jamás le haría daño.
Se levanta de la cama y marcha al baño principal para vestirse, salir a la calle, y entrar en el coche, sin entusiasmo alguno.

Llama a Michonne.

-Buenos días, Daryl, ¿Qué tal...

-Quiero dejar la terapia -interrumpe con sequedad.

Michonne abre mucho los ojos.
-¿Qué? ¿Por que, Daryl? ¿Qué ha pasado?

-Nada, eso es lo que ha pasado, en todo este tiempo no he visto mejoría alguna, sólo he alimentado tus ansias de cotilleo sobre mi vida privada y ya está -dice con rabia -Carol sigue sin poder tocarme, y yo sigue encogiéndome como un puto perro apaleado en cuanto ella acerca su mano a mi rostro -niega con la cabeza -¿De qué coño sirve esto? ¡Te he pedido ayuda para que ella me pueda tocar, no para desahogarme contándote las miserias de mi vida! -grita frustrado.

-Daryl, a ver, piensa un poco, debes...

-No, Michonne, cállate, no tengo que pensar, no me digas que debo tener paciencia. Ya no me queda. Esto no sirve para nada, siento que hayas perdido el tiempo conmigo, habrás curado a mucha gente y todo lo que quieras, pero yo no tengo remedio, tendré que aprender a vivir con esta mierda, sin poder sentir en la vida las manos de mi mujer sobre mí, sin poder hacer el amor, y... quien sabe, puede que dentro de unos años ni siquiera mi niña me pueda tocar.

Acto seguido cuelga dejándola con la palabra en la boca, sintiendo las lágrimas picar en sus ojos por la impotencia.
Tenía esperanzas en esa terapia, muchas, pero su mente está demasiado maltratada, ni siquiera en sueños Carol lo puede tocar, en cuanto ella acerca la mano a su rostro despierta entre sudores, convirtiendo el más hermoso de los sueños en una pesadilla.
Se odia...


24 de diciembre.

Daryl mira a Carol sonriente.
Están cenando en el salón, con la chimenea calentando el ambiente, el árbol de navidad encendido, y en el televisor están retransmitiendo el especial navideño de Los Simpsons.
Pensaron en invitar a Andrea ese día también, de hecho lo hicieron, pero ya tenía planes para cenar con unos familiares de Alemania con los que por lo visto suele pasar las fiestas.

Estuvo tentado a invitar a Merle, darle otra oportunidad, pero finalmente decidió pasar. El día que quiera algo que lo llame, él pasa de seguir buscándolo, intentando que se una a la familia.

Lleva algo más de una semana sin hacer terapia, y Michonne no ha parado de llamarlo todos estos días, y mandado Whatsapps pidiéndole que le coja el teléfono. Casi parece una novia despechada, ha tenido que poner el móvil en silencio para que Carol no sospeche nada extraño.

-¿Has hecho las galletas que me gustan? -pregunta Daryl sonriente cuando la ve desvelar el postre.

-Bueno, en realidad son para Santa Claus, es tradición dejarle un vaso de leche con galletas para que reponga fuerzas -bromea arrancándole su típico "puf"
Mira el árbol de navidad, aún no hay nada bajo él, iban a poner los regalos ya, pero pensándolo más detenidamente se dieron cuenta que si hacían eso Sophia se pasaría la cena queriendo coger esas nuevas cajas, así que los colocarán en cuanto ella se quede dormida, para que pueda abrirlos por la mañana.

Daryl se siente un poco mal porque su casa sea la menos decorada de la calle, pero ha tenido que pagar una gran cantidad de dinero a Ed, más el alquiler de la casa, Internet, facturas de teléfono...
-El año que viene os daré la Navidad que merecéis, lo prometo -asegura.

Carol sonríe.
-Esta Navidad es perfecta, Daryl. La decoración, los regalos, nada de eso me importa. Es una navidad feliz por primera vez en muchos años -lo tranquiliza ella.
Ha vivido seis años en una casa cuyo exterior estaba decorado con las luces más cegadoras que se podían encontrar, pero por dentro estaba oscura, vacía y fría, porque todo era apariencia, una fachada al igual que su matrimonio.
La cena de Navidad siempre terminaba en paliza, y al día siguiente él le regalaba algo carísimo para demostrarle lo mucho que la quería, aunque ella no tuviese fuerzas ni para cogerlo

Daryl está a punto de decir algo cuando un olor desagradable llega a sus fosas nasales.
Mira a Sophia que está sentada sobre su regazo.
-¿Te has hecho caca? -pregunta.
Lleva un rato sintiendo unas vibraciones sobre su pierna, pensaba que era el teléfono móvil, pero no, era su niña soltando gases.

Carol se echa a reír.
-Te tocó cambiarla -recuerda la norma que una vez aprobaron junto a todos sus amigos "Quien la tenga en brazos cuando cague le tocará cambiar el pañal".

Daryl refunfuña algo entre risas, marcha a la habitación de Sophia donde tiene el cambiador, y deja a Carol recogiendo la mesa.

-Madre mía, Sophia, como puedes... -se queja cuando abre el pañal.
Ella se ríe, por alguna razón le hace mucha gracia las reacciones de su padre cuando le cambia el pañal.

Su móvil vibra sobre el cambiador.
Michonne otra vez...


25 de diciembre

-¿Ya? -pregunta Carol.
Está en el pasillo, tras la puerta del salón, esperando con Sophia en brazos a que Daryl se prepara sentado junto al árbol con el teléfono móvil para grabar la primera Navidad de su hija.

-¡Vale, ya, suéltala! -exclama.

Carol se echa a reír, por como ha dicho la frase tiene la sensación de que lo que está dejando en el suelo es una fiera que correrá a morder a un intruso, y no a un bebé que ni siquiera tiene dientes aún.
Por suerte...

Sophia grita cuando ve todo lo que hay bajo el árbol. No sabe que es todo eso, pero tienen muchísimos colores, y eso llama su atención.

Daryl sonríe viéndola acercarse, e ignorarlo por completo cuando llega hasta los juguetes.
Por un momento pensó en envolverlos, pero pesándolo mejor le pareció una tontería, teniendo en cuenta que serían ellos los que deberían desenvolverlos, por lo que ha dejado las cajas aun lado y los juguete colocados bajo el árbol.

-No puede ser -se sorprende Carol.
Tiene juguetes interactivos, de sonidos de animales, música, un libro con marionetas... ¿Y lo que más le ha gustado de todo qué ha sido? Las cajas.
Ahí está metida dentro de una, disfrutando de como se distorsiona su voz en el interior.
-¿Te lo puedes creer? -pregunta a Daryl que lo único que puede hacer es reír -Lo llego a saber y le pinto de colores una de las cajas de la mudanza -bromea ella.

Se sienta junto a Daryl para disfrutar de como su hija pasa olímpicamente de sus juguetes.

Daryl detiene la grabación y se muerde el pulgar nervioso, observando a la mujer de su vida.
-Hey -llama su atención -Yo... yo tengo un regalo para ti -confiesa tímido.

Carol lo mira sorprendida.
-Daryl, dijimos que no nos regalaríamos nada, yo no te comprado regalo -se queja, sintiéndose mal.

-Ayer me hiciste galletas -le recuerda.

Ella bufa.
-Eso no me costó dinero, y además, yo también comí.

-Bueno, este regalo también puede considerarse para los dos -murmura un poco inquieto.

Carol deja escapar un suspiro y sonríe negando con la cabeza.
Ese hombre no tiene remedio.

-Yo... yo necesito que... que cierres los ojos -tartamudea.

Carol obedece, le da mucha ternura cuando está tan tímido.

Daryl coge su mano y acaricia su palma suavemente, como si intentase leer su futuro en cada una de las líneas que se marcan en ella.
Ojalá pudiera...
-Por... por favor, no... no abras los ojos en ningún momento, y... y no hables, promételo - súplica nervioso..

Carol arquea una ceja con los ojos cerrados. ¿Qué le va a regalar?
-Lo prometo -le asegura.
Aprieta más los ojos para que vea que no está observándolo bajo sus pestaña.

Daryl respira.
-Relaja la mano -pide cuando la agarra de la muñeca.

Ella deja la mano muerta a merced de lo que vaya a hacerle, confía en él.
Siente como la alza y guía hacia algún lugar.

Daryl coger aire por la nariz, y lo expulsa lentamente por la boca.
Una, dos, tres...
La mira fijamente a los ojos, asegurándose de que están cerrados.
Vuelve a coger aire y continúa guiando su mano en el aire hasta que las suaves, pálidas y frías yemas de sus dedos rozan su mejilla.
Daryl se sobresalta y se aparta ante el tacto, como si eso lo hubiese quemado.
Mira a Carol, no se ha inmutado, no ha tenido tiempo de darse cuenta de lo que acaba de tocar.

Vuelve a tomar aire, intentando controlar sus ganas de huir.
Anoche Michonne lo llamó de nuevo mientras él cambiaba a Sophia, y, por alguna razón se vio impulsado a cogerlo.
Ella le suplicó que la escuchara, y le propuso que hiciera algo, a pesar de que no lo veía preparado aún.

Y tiene razón, no está preparado, no se siente preparado, está a punto de desmayarse, pero... quiere hacerlo, joder, necesita hacerlo.
Toma aire una vez más, aguanta la respiración y vuelve a acercar la mano a su mejilla, lentamente, el contacto es suave, apenas lo siente.
Respira rápido, al borde de hiperventilar, y armándose de valor presiona su mano contra su mejilla, dejándola ahí sin moverla.
Espera unos segundos, haciendo un esfuerzo por relajarse. Puede sentir el peso de su palma, su temperatura, su suavidad y...
Es agradable...
Dios, es agradable, le gusta. Ella le está tocando y le gusta.
Una solitaria lágrima escapa de sus ojos.
Mueve la cabeza, para acariciar su mejilla contra su mano. Aún está tenso, teme que ella decida controlar su mano, o que abre los ojos, no sabe como se enfrentaría a ello, por lo que no termina de relajarse en su tacto.

Carol se muerde el labio ahogando el sollozo e intentando controlar el temblor de sus labios.
Es su rostro, está acariciando su rostro.
Sus pómulos son suaves en comparación con su barbilla cuya barba dota de aspereza esa zona.
Su dedo meñique tropieza con su labio, levantándolo y dejando al descubierto su parte interna, húmeda y cálida.
Siente como planta un beso en la palma de su mano y la deja ir.
¿Por qué la deja ir tan pronto?

-Abre los ojos -pide con voz entrecortada.
Sus ojos se llenan aún más de lágrimas cuando ve lo cargados que están los de ella.

-Daryl... -susurra sin saber qué más decir.
Pestañea rápido facilitando el suicidio de las lágrimas que luchan por escapar de sus ojos.

Sonríe con suavidad.
-Sufro de Hafefobia, miedo a ser tocado.
Ese es el problema que tengo que solucionar antes de hacer el amor contigo. Quiero hacerlo bien, Carol, que me puedas acariciar y abrazar
-explica él, incapaz de controlar las lágrimas que escapan de sus ojos, y menos si ella llora también.

-Mi amor -solloza ella con voz temblorosa.
Se acerca más a él y deja caer la cabeza sobre su hombro, ahogando su llanto emocionado ahí.
¿Eso era? Su rechazo a hacer el amor, su tensión cuando lo tocaba...
Dios...

Daryl la abraza con fuerza, los mechones de su cabello pelirrojo se pegan a su rostro húmedo por las lágrimas, siente su cuerpo temblar junto con el de él.
Se lo ha confesado, siente como si se hubiese quitado un peso de encima. Se ha atrevido a decir en voz alta el problema que tiene y... y ella no se ha reído, no lo ha mirado con asco...
-Te amo, Carol -susurra en su oído -Te amo -repite estrechando más su cuerpo contra el de él.

A través de la bruma de sus ojos ahogados en lágrimas puede ver como Sophia sigue jugando dentro de la caja, ajena a todo lo que está pasando.
La escuchan gruñir un "Ummm".

Ambos rompen a reír.

Su pequeña fiera tiene hambre.


Hola, espero que os haya gustado el capítulo :)

Apenas os he mostrado los momentos de terapia de Daryl con Michonne porque quiero que escuchéis los relatos de maltrato cuando él se lo confiese a Carol.

La razón por la que Merle no tiene los mismos problemas psicológicos que Daryl, es porque como vimos en el capítulo anterior, en su infancia sí estuvo presente su madre, y le dio el cariño necesario.

Daryl sabe dar amor a pesar de no haberlo recibido porque ha estado presente en la relación de su hermano y Andrea, ha visto lo que es abrazar y besar.

Sé que habéis estados impacientes y preocupados porque he tardado en publicar el capítulo.
Quienes me seguís en Twitter "carylalways" habéis estado al tanto de los avances, pero los que no habréis sufrido. Lo siento XD
Son 3 fics los que actualizo. Cuando termino el capítulo de uno comienzo el de otro fic, y tardo aproximadamente semana y media con cada uno ^^

No os preocupéis, como dije si abandonase este fic os avisaría sin falta ^^

De nuevo muchas gracias por vuestros comentarios ^^