27. No me mires
Daryl se apoya en la puerta y se deja caer lentamente al suelo, mordiéndose los nudillos con fuerza para que ni un solo sollozo escape más allá de sus labios.
Sus ojos están cargados de lágrimas, e intenta sin éxito que no resbalen por su rostro.
Lo ha visto, Carol acaba de ver su espalda desnuda, sus cicatrices, ese amasijo de carne que es su espalda. Apenas tuvo tiempo a reaccionar cuando el espejo del baño le devolvió el reflejo de su rostro tras él. Su hermoso rostro. Dios, su expresión era de absoluto terror, acababa de descubrir que convive con un monstruo, y él, lo único que hizo fue despejar cualquier ápice de duda sobre ello, gritándole y empujándola, para finalmente dar un portazo y despertar de un sobresalto a su niña.
Su niña...
Escucha como Carol la arrulla y calma, consiguiendo que vuelva a entregarse al plácido sueño.
Menuda entrada de año, él que pensaba que ese sería su año, que todo iría a mejor, que no habría más gritos, que no volvería a insultarla ni hacerla llorar, y ahí estaba, encerrado en un baño tras haber hecho lo que se prometió no volver a hacer, y ahora no se atreve a salir, porque no sabe como mirarla a la cara, por vergüenza y porque tiene miedo, auténtico terror de ver el asco, el desprecio y la desilusión en sus hermosos ojos.
¿Qué va a hacer ahora? Ella se merece a alguien mejor que él, alguien que no de asco mirar, pero es tan dulce, y temerá tanto su reacción que seguro que intentará hacer como si nada hubiese pasado, que sus cicatrices no cambia nada, pero él sabe que no es así, vio el terror en su mirada.
Dios, se maldice por haber llevado eso tan lejos ¿Por qué no le reveló la verdad cuando todo comenzó? Su rechazo habría sido menos doloroso... puf, a quien pretende engañar, el dolor habría sido el mismo, lleva enamorado de ella desde el día que la conoció en aquel mugriento bar, solo que no sabía lo que era ese sentimiento.
Sacude la cabeza y frota sus ojos en busca de las fuerzas que necesita para salir de allí y enfrentarse al rostro de Carol.
Se levanta despacio y agarra la manilla de la puerta que parece temblar bajo su mano ¿O es su mano la que tiembla?
Coge aire y abre lentamente mientras su respiración se detiene atemorizada.
Siente como su corazón palpita con fuerza en su pecho mientras alza la vista hacia donde debe de estar Carol, y de repente se rompe en mil pedazos: La cama está vacía.
Donde debería de estar su hermoso cuerpo acurrucado sólo están las sábanas revueltas por lo que momentos antes habían estado haciendo. Ojalá pudiese volver atrás, seguir besándola, abrazándola y esperar a que se quede dormida para ir al baño, pero ya es tarde, el daño ya está hecho y no tiene remedio.
Sale de la habitación y camina por el oscuro pasillo hasta llegar al salón, donde la encuentra dormida en el sofá. Apenas puede verla, pero su silueta es más que obvia.
Traga saliva, le encantaría poder coger una manta y arroparla, no, mentira, le encantaría poder tomarla entre sus brazos y llevarla hasta la cama que es donde debería estar, pero no se atreve a tocarla, lo más probable es que ella no quiera que la toque.
La mira durante unos eternos segundos. Puede imaginar perfectamente como está tumbada: en posición fetal, con su cabello salvaje tapando su rostro y los labios entreabiertos. Porque así es como duerme los días fríos, lo tiene más que memorizado.
Da un largo suspiro y se vuelve sobre sus pasos a su cama solitaria, cabizbajo y derrotado.
Sonríe al ver que su niña continúa durmiendo en su cuna, en posición fetal y con la boca entreabierta. Sonríe más ampliamente, hasta en eso se parece a su madre.
Es una muñeca.
La coge en brazos con cuidado y la acurruca contra su pecho.
Su peso es tan agradable, y el tacto tan suave...
-Perdón por asustarte, mi vida -susurra.
Ella no se inmuta, continúa durmiendo como si nada, sin tener ni idea de como el mundo de su padre se está desmoronando.
Besa su frente, dejando largo rato sus labios sobre ella, disfrutando de su dulce aroma a bebé y se tumba con ella en la cama, necesita tenerla cerca, sentir su respiración, ver su rostro inocente dormir. Ella es la única que aún no lo rechaza.
Aún...
Carol se acurruca en el sofá tras haber vuelto a dormir a Sophia.
Limpia las lágrimas que resbalan por su mejilla y entierra el rostro en el cojín para ahogar el sollozo.
Dios, esas cicatrices... ¿Cómo alguien pudo ser tan cruel como para hacerle eso? Normal que tenga esa desconfianza por el contacto humano, si a lo largo de su vida sólo le han hecho daño.
Quiere abrazarlo, decirle que esa etapa pasó, que ella sólo le dará amor hasta el último día de su vida, pero no puede, él no estaba preparado para que ella lo viese así, lo leyó en sus ojos asustados, en la forma que tuvo de echarla de allí... está enfadado, y con razón, y ahora no sabe como acercarse a él, por lo que ha decidido darle espacio, para que maneje su enfado y hablar una vez que todo esté más tranquilo ¿Pero cuando?
Echa de menos sentir sus brazos alrededor de su cintura, su respiración en su nuca y el susurro de un te quiero contra su oído.
Sólo lleva una hora sin él y ya se siente sola, se ha acostumbrado demasiado a su amor. Él es tan único y maravilloso, y ella tan idiota...
Daryl despierta al sentir unas pequeñas manos pellizcando su barbilla.
-Papá -susurra una dulce voz somnolienta que pronuncia la que se ha convertido en su palabra favorita. Es música para sus oídos.
-Buenos días, mi niña -la saluda con una amplia sonrisa.
Se sienta en la cama y coloca a Sophia de pié sobre su regazo, olvidando por un momento su realidad, hasta que mira a su lado y lo encuentra vacío.
Agacha cabeza, pensó que todo había sido una pesadilla y que al despertar sería otro maravilloso día más en el que se pasarían largos ratos en la cama haciendo reír a su niña y compartiendo dulces besos, pero no, ella no está allí. No hay una sonrisa adormecida, ni unos ojos claros que lo miran tras una maraña de cabello que él con cariño ordena. No... sólo un espacio vacío y unas sábanas blancas que huelen a ella.
Camina lentamente hasta el baño con Sophia en brazos para cambiarle el pañal y vestirla, temiendo salir de esa habitación y enfrentarse a ella, no quiere mirarla a los ojos, no quiere ver el asco en ellos, no lo soportaría, pero Sophia tiene que desayunar y debe ir a la cocina a por su biberón. No puede dejar que su hija pase hambre por su cobardía. Ella es lo primero para él.
Toma aire, buscando el valor para salir del baño, recorrer el pasillo, cruzar el salón y... y ver el sofá vacío, ella no está ahí, y por un momento se encienden todas sus alarmas pensando que se ha ido, que durante la madrugada hizo la maleta mientras él dormía y lo ha abandonado, hasta que escucha el grifo del baño principal abrirse y cae en la cuenta de que ella jamás se iría sin su hija, aunque por sus venas corriese la asquerosa sangre del engendro que vive con ellas. Podría abandonarlo a él, pero a Sophia jamás.
Besa la cabeza de su pequeña, agradeciendo su existencia. Si no fuera por ella su madre se habría ido, y... ¿Y qué? Sus pensamientos son absurdos, no quiere que Carol se vaya, pero tampoco quiere enfrentarse a ella ¿Qué coño pasa por su puta cabeza? Además, ¿Qué más da que no se haya ido? la única razón por la que sigue ahí es por Sophia, porque no tiene a dónde ir, y no tiene más remedio que convivir con él, aunque ahora mismo lo odie.
Termina de hacer su recorrido hasta la cocina y se sienta en una silla una vez que ha calentado el biberón para alimentar a su bebé.
-¿Tenías hambre? -pregunta con cariño al verla tragar con ansias.
Ella lo mira a los ojos, sosteniéndole la mirada, agarrándole la mano que sujeta el biberón y derritiéndole el corazón con una facilidad que sorprende.
Ojalá siempre lo mire así, con tanto amor e inocencia, ojalá ella nunca lo rechace por lo que es, y sobretodo, ojalá nunca tenga miedo de él.
-Buenos días -susurra una voz tímida que lo sobresalta.
Se paraliza. Ella está ahí.
La estancia se ha llenado del dulce aroma a frutas de su cabello húmedo recién lavado y él siente que le falta el aire.
-Buenos días -devuelve el saludo de forma casi inaudible y sin atreverse a mirarla.
Procura centrarse en su niña, que ahora no sabe a quién mirar, y patalea feliz ante la presencia de su madre, que le susurra unas palabras cariñosas.
Carol se lame los labios.
Sigue enfadado con ella, se lo nota.
Abre y cierra la boca queriendo decir algo, para finalmente callar, no sabe cómo sacar el tema, o si es correcto hacerlo.
Mira a su niña, tan tranquila en brazos de su padre que la mira con amor y se siente mal por sentir envidia por ello.
Camina hasta la cafetera para preparar el café. De ello suele encargarse Daryl mientras ella amamanta a su bebé, pero hoy se han cambiado las tornas.
Le duelen los pechos, están cargados de leche que no podrá utilizar debido al alcohol que tomó la noche anterior.
¿Por qué narices tuvo que beber? Si no hubiese bebido quizás habría tenido la mente más despierta como para recordar que Daryl estaba en el baño y ella no podía entrar. Así no estaría lamentando lo que hizo, y ahora disfrutaría de un agradable desayuno en familia como lleva haciendo todas las mañanas en esa casa.
Daryl observa por el rabillo del ojo como Carol coloca un par de tazas humeantes en la mesa y unas tostadas.
Sonríe para sí.
Es increíble que a pesar de todo ella siga siendo tan amable y servicial como de costumbre. Y entonces su sonrisa se borra, normal que se comporte así, ha pasado años poniéndole buena cara a un hombre que la maltrataba todos los días, sabe actuar bien. No quiere que actúe, quiere que su amabilidad sea real y sincera, pero eso se acabó, ella lo único que siente ahora por él es asco.
-Gracias -susurra sin mirarla.
Carol sonríe suavemente al ver como agarra una de las tazas y se la lleva a los labios.
Toma aire.
-Daryl, yo...
-No -interrumpe antes de que siga -no quiero hablar de ello -añade.
No puede escucharla, no está preparado para ello, no quiere saber lo asqueroso que le resulta su cuerpo, no quiere que lo acribille a preguntas sobre qué pasó, para luego decirle que no puede seguir con él. Ahora no es el momento, necesita hacerse la idea de ello, prepararse mentalmente para no llorar como un crío en el momento del adiós.
Vislumbra como asiente y comienza a tomar su café en silencio. Casi que tiene la tentación de abrazarla, hasta que recuerda que posiblemente no quiera eso.
-Siento el empujón que te di -se disculpa.
Pase lo que pase no quiere que eso quede en su conciencia. La empujó, podría haberla tirado al suelo y hacerle daño, no sabe porqué reaccionó así, no pensó, su mente sólo repetía una y otra vez 'me ha visto, me ha visto'.
Ella se ha pasado años casada con un cerdo que la golpeaba y va él y la empuja...
Seguramente ahora pensará que es otro maltratador más, que ha salido de un infierno para meterse en otro.
Un escalofrío recorre su cuerpo al pensar que quizás su padre también empezó así, dando un simple empujón.
Mira a su niña, que lo observa curiosa esperando que le hable, ahora que ha terminado con su biberón ¿Y si el próximo empujón lo recibe ella? O peor ¿Y si la próxima vez no es un empujón?
Dios...
-No importa, no me hiciste daño -lo intenta tranquilizar Carol.
¿La empujó? ni siquiera recuerda ese empujón, sólo su mirada entre dolida y aterrada.
Daryl hace el amago de mirarla, pero se detiene a mitad de camino. No puede.
"No me hiciste daño" Siempre quitándole hierro a todo lo que él hace, como si fuese incapaz de ver al monstruo en potencia con el que está. No sabe si amarla por ello u odiarla por insensata.
Puf, es incapaz de odiar a esa mujer.
Se levanta de la silla, besa la mejilla de su niña y se acerca a Carol en silencio para dejar a Sophia sobre el regazo de su madre.
Ella la acepta con una sonrisa que él no ve, pero la siente, sabe que está deseosa de tener a su bebé entre sus brazos. Es una madre maravillosa.
Recoge la mesa y friega ambas tazas de café mientras Carol juega con su niña que ríe feliz y despreocupada. Como le gustaría formar parte de ese momento.
No sabe que va a hacer hoy, es festivo, no tiene que trabajar, en otras circunstancias le diría a Carol de salir a pasear, comer algo fuera, ir a ver el desfile de año nuevo... pero ahora...
Suspira largamente, ahora lo mejor es alejarse de ella, le duele sentir sus ojos fijos en él, sabe perfectamente lo que está pensando, está desnudándolo con la mirada, pero no en el buen sentido, debe de estar recordando cada una de sus cicatrices, y aguantando la arcada para que él no se de cuenta del asco que le tiene, pero él no es idiota, es el primero en asquearse cada vez que se ve.
Se muerde la lengua para evitar gritarle ¡No me mires! pero aguanta la tentación, demasiado daño le ha hecho ya. Debe salir de ahí cuanto antes.
Carol observa a Daryl recoger la cocina, y sonríe, incluso enfadado tiene el detalle de colaborar con las tareas del hogar. Podría irse sin más, o romper algunos platos como hacía Ed, pero ahí está, siendo tan maravilloso como siempre.
Lo sigue con la mirada hasta que sale de la cocina a paso ligero y sin mirarla.
No ha habido besos, abrazos, ni te quiero, sigue enfadado con ella, y no la ha dejado disculparse.
Odia estar así con él, no sabe cómo actuar, cuando había discusiones con Ed este se desfogaba dándole una paliza, violándola y luego volvía con unas flores diciéndole te quiero, y todo arreglado, pero ahora... se ha pasado tanto tiempo acostumbrada a esas peleas y reconciliaciones que no sabe como actuar en una relación que supone que es sana.
Daryl, a pesar de ser impulsivo está aprendiendo a controlarse, por lo que ahora se guarda todos sus pensamientos para él, y no sabe cuando y como los sacará. No sabe qué paso dar, cómo tratar el tema. Ese hombre es un misterio.
Mira a su hija que le sonríe con el puño metido en la boca.
-¿Qué hago con papá, Sophia? -pregunta a sabiendas de que no obtendrá consejo de esos labios.
Aún no.
Daryl termina de hacer la cama, ha estado a punto de cambiar las sábanas, seguramente Carol no querrá dormir envuelta en ellas a sabiendas de que él las utilizó, pero por alguna razón que desconoce no lo ha hecho. Quizás guarde la absurda esperanza de que su aroma haga que Carol se vuelva a enamorar de él, como si de un elixir de feromonas se tratase. Menudo idiota, lo más seguro es que prenda fuego a esas sábanas.
Saca unas mantas del altillo de la habitación. La noche será fría, sobretodo para alguien que duerme en el salón.
Camina por el pasillo, y maldice lo estrecho que es cuando se cruza con Carol que carga el cesto de ropa sucia. Seguro que iba camino de cambiar las sábanas y se ha encontrado con que él ya ha hecho la cama.
Sus hombros chocan con suavidad enviando una descarga que va directa a su corazón. Se muere por poder tocarla.
-Lo siento -susurra una disculpa Carol, aunque en realidad agradece ese accidental roce. Lleva toda la mañana deseando aunque sea un pequeño contacto con él.
Observa interrogante lo que lleva en las manos.
-¿Es para lavar? -pregunta con un movimiento del cesto esperando saber cual es su intención para con esas mantas.
Intenta hacer contacto visual pero él evita alzar la vista, y mira a sus pies como si acabase de descubrir su existencia.
Él traga saliva antes de hablar y aguanta la tentación de mirarla a los ojos.
-No vuelvas a dormir en el sofá, ya lo hago yo -gruñe con voz ronca a modo de explicación, sonando más duro de lo que pretendía.
Ella intenta replicarle, pero él la calla alejándose de allí, no quiere escuchar lo que tenga que decirle, ni loco piensa permitir que duerma en el salón teniendo una cómoda cama que se merece más que él. Total, ha llegado a dormir desnudo en el frío suelo de la calle en pleno invierno y sobre su propio vómito, un sofá es el paraíso en comparación. Aunque él sabe perfectamente cual es el verdadero paraíso: Junto a ella, abrazándola, besándola y susurrándole cuanto la quiere. Supone que eso se acabó, porque para ella eso sería el infierno.
Suelta las mantas y se aleja de allí en un absurdo intento de huír de sus dolorosos pensamientos, como si estos no fueran a acompañarlos allá donde fuese, obligándolo a derramar más lágrimas.
Carol observa en silencio como Daryl deja las mantas sobre el respaldo del sofá y se marcha.
No sabe si amarlo por preferir que sea ella la que duerma en la cama u odiarlo por su intención de pasar otra noche separado de ella.
Siente como las lágrimas comienzan a picar en sus ojos y marcha de allí antes de que un sollozo escape de sus labios.
¿Quién le iba a decir que volvería a encerrarse en el cuarto de la lavadora a llorar?
Pasan las horas y en el hogar reina el silencio que sólo es interrumpido por el sonido de un cuchillo cortando verduras, y los balbuceos de Sophia que juega feliz sobre su alfombra de actividades, siendo vigilada por su padre, que tiene bastante práctica en tener un ojo sobre ella y otro sobre su teléfono móvil, en el cual busca algún hostal o pensión de mala muerte donde alojarse.
Intenta mantenerse frío mientras pasea la mirada por cientos de ofertas.
No quiere pensar en lo que significa dejar el hogar familiar, en lo duro que será alejarse de su niña y la mujer que ama, sólo piensa en que es lo mejor para ellas.
Quiere algo barato, para poder seguir pagando la hipoteca de la casa y todos los gastos de su familia, porque a pesar de todo ellas son su familia, las personas más importantes de su vida, y no piensa abandonarlas. Las mantendrá económicamente hasta que Carol comience a trabajar, y una vez que lo haga compartirán gastos, tal y como ya habían planeado en cuanto comenzaron a vivir juntos y ella le manifestaba su preocupación por no aportar nada económicamente. La única diferencia es que él no estará durmiendo a su lado.
Sabe que en cuanto Carol encuentre trabajo será completamente independiente de él, tiene una buena carrera, es inteligente, seguro que ganará más que él, y ya no lo necesitará, pero su niña siempre será su responsabilidad, por lo que enviará dinero todos los meses para que no le falte absolutamente de nada.
Mira una oferta tras otra, pero todas las habitaciones le resultan demasiado caras y buenas para él, ¿Dónde están los hostales de colchones llenos de manchas, paredes con humedades y baños compartidos dignos de una película de terror?
Se pellizca el puente de la nariz cansado.
Cuanto antes abandone la casa antes dejará de incomodar a Carol con su presencia y así ella pueda rehacer su vida y ser feliz al fin.
Desea que se enamore de alguien que vea lo especial que ella es y se lo haga saber cada día, que la despierte todos los días con un beso, la abrace todas las noches, dibuje en sus labios la mayor de las sonrisas y le haga el amor como él nunca podrá hacer, PORQUE ES UN PUTO INÚTIL TRAUMATIZADO, INCAPAZ DE DEJARSE TOCAR.
Lanza el móvil contra el respaldo del sofá cuando la frustración y el odio que siente hacia sí mismo se apoderan de él.
Echa la cabeza hacia atrás y frota sus ojos intentando devolver las lágrimas a su interior.
Mira el techo, y como si su cerebro se hubiese iluminado al igual que la lámpara que observa le susurra una idea: ¿Y si llama a Michonne? Es su psicóloga, quizás si le explica lo que ha pasado... puf, qué idiotez ¿Qué cambiará? ¿Qué va a hacer? No cambiará nada sobre lo que Carol piense de él.
Tampoco quiere que hable con ella, y la intente convencer con confusa palabrería de psicóloga de lo maravilloso que sería seguir viviendo con Daryl. No quiere eso, no quiere que la obligue a amarle.
Da un largo suspiro y baja la cabeza.
Se le escapa la risa al ver como Sophia cae de espaldas lentamente. Es su forma de tumbarse en el suelo, y es tan simpática que se ríe del movimiento y le divierte el hecho de desequilibrarse. Se queda boca arriba agarrándose los pies balbuceando algo en su propio idioma.
Se va a perder tanto de ella...
Aunque Carol le permita verla, sabe que no será lo mismo.
Quizás no esté presente cuando le salga su primer diente, dé sus primeros pasos, en su primer día de colegio... Se perderá tantas primeras cosas que...
-¡DIOS!
Escucha a Carol gemir de dolor, y todos sus sentidos entran en alerta al instante.
Carol mete el dedo índice bajo el chorro del agua del grifo de la cocina que cae abundante sobre este.
Se ha hecho un corte, es pequeño, pero profundo, y sangra bastante.
Estaba tan distraída en sus pensamientos que no se dio cuenta de que había llegado al final de la zanahoria y lo siguiente a cortar era su dedo. Hasta que no ha sentido la punzada de dolor no ha sido consciente de su acción.
-Idiota -masculla entre dientes.
Fija su mirada en como el agua envuelve su dedo llevándose consigo la sangre, mientras sus pensamientos vuelven a vagar hacia otro lugar.
Repite en su cabeza lo que pasó la noche anterior, bueno, mejor dicho lo que vio, esas cicatrices de su espalda... algunas son tan antiguas... ¿Cuándo lo golpearían por primera vez?
Un escalofrío recorre su propia espalda en pensar en que posiblemente no era más que un niño, quizás hasta lo golpearon antes de nacer.
Dios...
Sacude la cabeza y cierra el grifo, debe volver a su tarea de cocinar, y de rebanarse otro dedo por volver a sumergirse en sus pensamientos.
Aprieta la yema de su dedo y la sangre brota de nuevo de su interior.
Sisea de dolor.
¿Cuándo dejará de sangrar? ¿Dónde guardaban las tiritas? Ni siquiera sabe si tienen. Quizás haya en el botiquín del baño, debería ponerse una para no andar manchando de sangre el almuerzo y así cocinar tranquila.
Dios, como puede estar tan...
-¿Estás bien? -pregunta una voz grave que la sobresalta, y antes de que se de cuenta su mano está entre las ásperas y amorosas manos de él, que observa el corte con preocupación.
Tarda en responder, está demasiado ensimismada en la forma que tiene sus manos de envolver la suya.
-Ss...sí, es sólo un pequeño corte -susurra al fin sin salir aún de su asombro.
Está enfadado con ella, pero ahí se encuentra, agarrando su mano con cariño y haciendo presión con una servilleta de papel sobre la herida que parece curarse con ese adorable gesto de amor.
Daryl mira la servilleta manchada, aún sigue sangrando pero no es una cantidad preocupante.
No es médico, pero por suerte o por desgracia tiene bastante experiencia en heridas abiertas, y se atrevería a decir que esta no necesitará puntos de sutura. Menos mal.
Aprovecha para acariciar suavemente su mano con la yema de los dedos, hasta ahora no se había dado cuenta de que tiene un pequeño lunar coronando uno de sus nudillos.
Ama su piel, tan pálida y suave. Bajo sus callosas manos da la sensación de que está acariciando algodón.
Siente su pulso a través de su muñeca, está acelerado y no entiende porqué, hasta que cae en la cuenta de que puede estar haciéndola sentir incómoda. Lleva largos minutos observando su mano y acariciándola como si nunca hubiese visto una, y ella lo más seguro es que sienta asco al ser tocada por él.
La deja ir muy a su pesar.
-Lo siento -susurra.
Mantiene la cabeza gacha evitando mirarla a los ojos.
Echará de menos su tacto, sabe que nunca tocará una piel igual.
Carol niega con la cabeza.
-No es tu culpa, estaba distraída y el cuchillo se...
-Siento no ser el hombre que mereces -interrumpe aclarando su confusión.
No puede ver su cara, no quiere, por lo que intenta distraer su mente centrando todos sus esfuerzos en doblar pulcramente la servilleta.
Carol arquea una ceja, no entiende nada. Busca sus ojos a través de sus largos mechones de cabello rubio en busca de respuestas, pero no lo consigue, la evita de una forma que empieza a ser frustrante.
Percibe como una lágrima escapa de sus ojos y muere sobre la servilleta que tiene entre las manos, mezclándose con su sangre.
Se le parte el alma en mil pedazos al verlo tan dolido.
-Daryl... -susurra con suavidad.
Da un paso hacia él, pero Daryl responde retrocediendo, alejándose de ella.
Está a punto de formular una pregunta cuando él continúa hablando.
-Ojalá pudiese cambiar lo que soy, pero no puedo -solloza con la voz rota.
Arruga la servilleta con fuerza en su puño y huye de allí sin que Carol pueda evitarlo.
Su padre tenía razón, es una nenaza, una puta nenaza que rompe a llorar como un crío por cualquier tontería.
Escucha como Carol lo llama, pero él no se detiene, no quiere que lo vea así.
Camina a paso ligero hasta la habitación, saca la maleta del canapé y la lanza abierta sobre la cama. No tiene a dónde ir, aún no ha encontrado sitio, pensaba marcharse mañana, pero no aguanta más.
La bruma de sus ojos apenas le dejan ver, pero tampoco lo necesita, sabe perfectamente que la parte derecha del armario es la suya, que en los dos primeros cajones de la peinadora están sus camisetas y en su mesita de noche su ropa interior, calcetines y documentos.
No cogerá nada del baño, comprará los artículos de aseo en cualquier tienda, no quiere pasar más tiempo allí, no puede soportar tenerla cerca y no poder amarla, ya pasó por ello durante los nueve meses de embarazo y varios meses más, si ya era difícil entonces, ahora...
Carol tarda unos segundos en reaccionar a su huida, en su cabeza no para de repetir la frase que le acaba de decir "Ojalá pudiera cambiar lo que soy".
No comprende, ¿Es por el supuesto empujón que le dio la noche anterior? No sabe, pero necesita saberlo, porque es más que obvio que ese pensamiento le está haciendo daño, mucho daño.
Se quita el delantal, y camina hasta la habitación. Sophia le sonríe desde su manta de actividades, está entretenida con sus pies, ajena a todo, feliz en su mundo infantil.
-¿Qué eres, Daryl? -pregunta desde el umbral de la puerta de la habitación, pero el nombre de él casi muere en sus labios cuando observa como lanza su ropa sobre la maleta, sin doblarla, sin orden alguno, ahorrando el mayor tiempo posible.
-¿Te vas? -cambia su pregunta, que sale de sus labios casi en un sollozo.
Daryl se tensa al darse cuenta de su presencia. No esperaba que lo siguiese ¿Para qué? ¿Y qué más le da que se vaya? O quizás esté feliz de que lo haga.
-Sí, tranquila -responde cortante.
Carol siente sus ojos llenarse de lágrimas.
-¿Por qué? -pregunta con dificultad.
Observa los cajones y puertas del armario abiertas y medio vacías, no queda nada de él.
Daryl piensa su respuesta, hay tantos motivos por los que se va que no sabe con cual quedarse "Me voy porque temo haceros daño" , "Me voy porque mereces a alguien mejor", "Me voy porque te doy asco", "Me voy porque ya no me quieres"
-Es lo mejor -responde al fin. Es un buen resumen de todos los motivos que tiene.
Carol sigue sin entender ¿Lo mejor para quién? Porque para ella no lo es, ni...
Y entonces otro pensamiento interrumpe ese ¿La razón por la que se va es por lo que le dijo en la cocina?
Coge aire intentando guardar sus lágrimas y hablar con voz sosegada.
-Antes me dijiste que ojalá pudieses cambiar lo que eres ¿Qué eres, Daryl? -pregunta de nuevo, esperando obtener respuesta esta vez.
Daryl traga saliva ¿De verdad le está haciendo pasar por la tortura de decirlo en voz alta?
-Un monstruo -escupe antes de que los sollozos vuelvan a él.
Carol sonríe con amargura. Le duele tanto que piense así de él.
-No cariño, no eres ningún monstruo, tú...
-No intentes mentirme, Carol -interrumpe, y sus palabras salen con rabia de lo dolido que está -Vi tu cara de horror cuando viste mis cicatrices -añade con los dientes apretados recordando el infernal momento -Pero tranquila, que te entiendo, yo soy el primero que me doy asco, yo mismo no me acepto, no espero que tú lo hagas.
Carol percibe el temblor de su voz, observa como sus hombros se agitan y cambia nervioso el peso de su cuerpo de un pié a otro.
De repente lo ve tan pequeño y frágil, es un niño herido. Un niño que nunca ha sido amado, que a lo largo de su vida sólo recibió insultos y palizas.
Sólo quiere abrazarlo fuerte y hacerle saber lo equivocado que está, pero no sabe si eso empeorará las cosas y le hará huir.
-Daryl, mírame -pide, necesita hacer contacto visual con él -Mírame, por favor -insiste al ver que él no reacciona y se mantiene con la cabeza gacha -Por favor, mi amor -vuelve a repetir en tono suplicante.
Daryl siente un cosquilleo agridulce en su interior, no sabe si por el ruego que ha salido de sus labios o por lo dulce que suena la palabra "mi amor" cuando viene de ella, pero se siente en la imperiosa necesidad de mirarla.
Se gira lentamente y se sorprende: Está más cerca de lo que pensaba.
Alza la vista con miedo, su corazón palpita con tanta fuerza que sería capaz de atravesar su cárcel de piel. Bebe cada palmo de su cuerpo con el que se va encontrando: Su pecho, sus clavículas marcadas, su barbilla afilada, sus deliciosos labios, su nariz decorada por pecas... hasta que llega a sus ojos y se encuentra con una mirada que luce tan cansada y llorosa como la suya. Preciosa igualmente.
Su corazón se acelera aún más, recordándole cuanto la ama.
Puf, como si se fuese a olvidar de ello.
-¿De verdad crees que pienso que eres un monstruo? -pregunta Carol cuando sus miradas se cruzan al fin.
Daryl intenta leer sus pensamientos, pero sus ojos son demasiado puros para ello, es difícil ver algo malo en ese lago cristalino.
Se hace un largo silencio entre ellos, ninguno de los dos habla.
Daryl se tensa irremediablemente cuando ve como Carol en un rápido movimiento extiende su mano hacia su rostro, no se esperaba para nada ese movimiento y sólo le da tiempo a girar la cara, apretar los ojos con fuerza y esperar la bofetada, que con gusto recibirá, se la merece. Pero no llega...
Abre los ojos aún con el rostro girado, y mira de soslayo hacia Carol, encontrándose con la mano de ella detenida a un palmo de su mejilla.
Carol se lame los labios, y con ello alguna lágrima que resbala por su rostro, le duele tanto verlo con la respiración tan acelerada y los ojos apretados esperando ser golpeado, es tan parecido a ella...
Podría retroceder, cancelar ese movimiento, pero algo le dice que él no huirá, y que le hará bien recibir el gesto de amor que pretendía darle desde un principio.
Vuelve a lamerse los labios antes de recortar los escasos centímetros que quedan entre sus nudillos y la mejilla de él, y finalmente hace contacto.
Daryl agarra su muñeca deteniéndola, pero no la aleja.
La observa como un cachorro apaleado que jamás ha recibido una caricia y ahora se pregunta qué ha sido esa agradable sensación.
Suelta su muñeca, y una lágrima escapa de sus ojos que al instante es barrida por la mano de Carol.
Solloza sin poder controlarlo.
Está acariciando su mejilla sin que él la guíe, y por primera vez no desea huir, no siente la necesidad de retirarla, no está tenso, aunque su pulso está acelerado por la cantidad de emociones que está sintiendo.
Vuelve a mirar a Carol a los ojos y esta le sonríe con la sonrisa más sincera que ha visto.
-No eres ningún monstruo, mi amor -susurra ella sin dejar de acariciar su rostro lentamente, recorriendo su mejilla de arriba a abajo.
Daryl quiere alejarse para poder contradecir lo que ha dicho, pero no puede, ella está retirando los mechones de cabello que caen por su rostro y recogiéndoselos tras la oreja. Se siente bien, es agradable.
Cierra los ojos, relajándose ante su tacto.
Carol sonríe, satisfecha de que se haya rendido a su caricia.
-Mi reacción al ver tus cicatrices fue por el horror de imaginar el daño que te han hecho, en ningún momento sentí asco, te lo puedo jurar -termina de aclarar.
-Te empujé -le recuerda -No sólo soy un monstruo por las putas cicatrices. Prometí no haceros daño y te lo he hecho -dice en un susurro, está demasiado perdido en la sensación de tener sus manos sobre su rostro.
Carol niega con la cabeza.
-Te estás martirizando por un empujón que ni siquiera recuerdo, no eres un monstruo, Daryl, créeme, he vivido seis años con uno -intenta tranquilizarlo.
Daryl da pequeños mordiscos al interior de su labio intentando controlar el sollozo que amenaza con escapar. Quiere volver a contradecirla, gritarle por no ver el monstruo en él, pero no puede.
-Yo sólo quiero que seas feliz -solloza finalmente, fallando en su intento de autocontrol.
Carol sonríe entre lágrimas, negando con la cabeza.
-¿Cómo puedes pensar que eres un monstruo cuando estarías dispuesto a renunciar a tu propia felicidad para dármela a mí?
Retira la mano de su rostro y sin parar un mísero segundo a pensarlo lo rodea con sus brazos abrazándolo con fuerza, presionando la mejilla contra su pecho.
Daryl no la aparta, pero lo nota petrificado.
-Soy feliz, soy muy feliz contigo, aunque es cierto que no eres el hombre que merezco -susurra contra su pecho.
Siente como su respiración cambia de ritmo.
-Porque dudo que merezca a un hombre tan maravilloso como tú -añade para tranquilidad de él -Sé que nunca me harás daño, y te aseguro que yo tampoco te lo haré a ti. Te quiero.
Está a punto de soltarlo, no sabe si está cómodo con ese abrazo, se ha dejado acariciar, pero puede que para esto no esté preparado, pero de repente siente sus brazos rodeándola, y su mano derecha acaricia su nuca, presionándola más aún contra él, para finalmente dejar caer la cabeza sobre la suya.
Daryl entierra el rostro entre los bucles de su cabello, donde aspira su aroma y la empapa de lágrimas.
Aún no se lo cree, lo está abrazando, sus brazos están rodeándolo. No se lo esperaba, se ha tensado, ha estado a punto de empujarla otra vez, apartarla de él, pero entonces ha dicho esa frase y algo dentro de él le dijo que le permitiese seguir, que la crea, ella jamás le haría daño, y ese abrazo dejó de parecerle una tortura, y optó por corresponderla.
La estrecha más contra él, envolviendo con fuerza con sus brazos, obligándola a ponerse de puntillas y así ambos apoyar la barbilla en el hombro del otro. Quiere y necesita tenerla cerca, muy cerca. Sentir su calor, su aroma, su respiración...
Nota como ella mueve los dedos de una mano sobre su espalda, y con la otra acaricia su cabello. Sonríe al darse cuenta de que, aunque existe algo de tensión, es soportable. Está disfrutando de ello, y por primera vez tiene la certeza de que su fobia tiene cura, y que un día se despertará dispuesto a dar ese último paso que le permitirá poder intimar al fin con Carol.
-Os quiero mucho -susurra plantándole un beso en el cuello.
Carol se encoge ante el placentero escalofrío que acaba de recorrer su espina dorsal.
Siente como su hombro se libera del peso de la cabeza de Daryl, y ahora su barba raspa su mejilla buscando sus labios para un beso que con gusto le dará.
Se han echado de menos, han estado a punto de acabar con su hermosa historia por un simple malentendido, y todo por no hablar las cosas. Supone que es lo que tiene el haber pasado de ser simples desconocidos teniendo sexo en los aparcamientos de un garito a ser padres y convivir juntos en poco más de un año.
Daryl se aparta con desgana de ella dando por finalizado ese beso que termina con un sonido húmedo.
Se lame los labios saboreándolos pensativo.
Ella le sonríe tímida, como si fuera la primera vez que se besan, y él se derrite ante su inocente mirada. La ama tanto que hasta las palabras que estaba a punto de pronunciar se congelan ante ese angelical rostro.
-¿Qui... quieres ir a comer fuera? quizás aún podamos ver el desfile o simplemente pasear con Sophia por el parque -propone, ganándose una amplia sonrisa por su parte que interpreta como un sí.
Sonríe contagiado y se limpia los restos de lágrimas que quedan en su rostro.
-Vístete, yo recogeré esto.
Carol asiente entusiasmada.
-Primero tengo que guardar en la nevera lo que estaba preparando para almorzar, lo dejaré para la noche, y echar un ojo a Sophia que seguramente estará ensimismada con sus pies.
Intenta alejarse de él, regresar a la cocina para recoger todo lo antes posible, y así marchar pronto, antes de que los restaurantes comiencen a llenarse de familias felices celebrando el nuevo año juntos, como ellos.
-Espera -la atrae Daryl de nuevo hacia sí, para volver a buscar sus labios y fundirse en otro beso y en un abrazo que alimenta su alma.
El día que comenzó siendo uno de los peores de su vida llega a su fin de forma completamente distinta: Han salido a comer fuera, en familia, han pasado una grata tarde paseando por el parque, tomando un chocolate caliente en la plaza, y disfrutando del desfile de las seis, y ahora están a punto de meterse en la cama. Juntos, como debieron hacer la noche anterior.
Se han prometido que aunque estén enfadados no dejarán de dormir juntos, porque están seguros que durante la noche, mientras el cerebro descansa el corazón tomará el control y a la mañana siguiente despertarán con sus cuerpos entrelazados y así es difícil seguir enfadados.
Daryl saca a Sophia de la cuna y Carol observa la acción desde la cama.
-¿Qué haces? -pregunta extrañada.
Él camina hasta llegar a su lado de la cama y se tumba con su hija en los brazos, colocándola sobre su pecho.
-Ven aquí -invita a Carol a que apoye la cabeza al otro lado de su pecho y se acurruque a su lado. Ella acepta sin discusión, y no tarda en sentir sus bucles rojizos acarician su barbilla.
-Me apetecía abrazaros a las dos -responde al fin.
Ha estado a punto de marcharse de casa, renunciando a eso mismo, necesitaba tenerlas cerca, a ambas, disfrutar de ellas lo máximo posible.
-Abrázame -pide a Carol, al ver que tiene sus brazos pegado a su cuerpo, como suele hacer siempre que están en esa postura.
Ella hace lo que pide, y se mueve lentamente hasta que llega a rodear su vientre con su brazo.
Toma aire y lo suelta lentamente varias veces procurando relajarse lo máximo posible. Repite las palabras de Carol en su cabeza una y otra vez, hasta que siente que la tensión vuelve a ser soportable.
Sonríe, lo ha vuelto a conseguir.
-Abrázame siempre -susurra antes de besar su cabeza.
Carol se acurruca más sobre él, lo abrazaría hasta el fin de sus días si pudiera.
7 meses y medio.
Sophia sabe lanzar besos, y Daryl se derrite con ello, está enamorado de la forma que tiene de fruncir los labios y separarlos, aunque sin emitir el típico sonido de un beso.
Aún no dice mamá, aunque de vez en cuando suelta una retahíla de "mammamammamamma..." pero nada más, eso sí, habla por los codos en su idioma, grita, se enfada con ella misma y se ríe sola, e incluso se anima a replicarles a sus padres cuando hablan con ella.
Poco a poco su alimentación va variando más, aunque la papilla de frutas no le hace mucha gracia, y pone cara de asco, pero aún así se la come, es una glotona.
Lleva unos días muy gruñona, tiene la encía inferior inflamada y una línea blanca sobre el centro, por lo que están seguros de que su primer diente está a punto de asomar.
Carol mira la tarjeta bancaria que tiene entre sus manos.
-No sé si has hecho bien -comenta su preocupación nada más salir del banco.
Daryl acaba de darle acceso a su cuenta, para que pueda disponer del dinero que desee cuando lo desee.
-¿Por qué? Así no tendré que estar sacando dinero cada dos por tres para dártelo, ni tienes que preocuparte de pasarte de X dólares cuando haces la compra por si te falta dinero -murmura distraído en colocar a Sophia en su carrito. Esa niña es tan inquieta que parece que en vez de dos piernas tiene ocho, como los pulpos.
-Ya, pero... ¿Y si me da por comprar de más? ¿O cosas innecesarias? -Insiste.
Lleva tantos años sin tener control sobre el dinero, tantas veces que Ed le repitió que es una derrochadora que sólo compra tonterías, que no sabe manejar el dinero... que teme que sea verdad.
-Sé que no lo harás, no eres una compradora compulsiva, y si con innecesario te refieres a comprarte ropa, o darte un capricho pues a mí no me parece mal, ni innecesario, mientras compres con cabeza y no te gastes un dineral... ¡Listo, ya no te escapas! -exclama tras asegurar correctamente el cinturón del carrito. Sophia lloriquea molesta.
Alza la vista y mira a Carol, aún con el ceño fruncido mirando esa pequeña tarjeta como si la temiese.
-Ey... -agarra su barbilla para que le mire -Deja de preocuparte, quiero que tengas esa tarjeta, quiero que lo mío también sea tuyo, quiero que si necesitas ropa te la compres, que si quieres ir a la peluquería vayas, que si te apetece comerte un helado de chocolate mientras estás con Sophia en el parque lo hagas. Sólo serán unos meses, sé que pronto encontrarás trabajo y tendrás tu propios ingresos -intenta tranquilizarla.
Carol sonríe con cariño y recorta la distancia que hay entre ellos para enterrar el rostro en su pecho, como ha hecho tantas veces, pero con la diferencia de que ya puede abrazarlo.
-Cuando comience a trabajar pienso devolvértelo todo.
Daryl tarda unos segundos en reaccionar, aún no está acostumbrado a los abrazos, y tiende a tensarse un poco, pero cada vez tarda menos en relajarse en ese abrazo y poder así corresponderlo.
-Me conformo con que me invites a cenar -susurra.
Michonne aún no termina de creerse los avances que está haciendo Daryl, lo que parecía que iban a ser años de terapia parece que serán meses, al menos con Carol, que es lo que realmente le frustraba a él. Sabe que tardará más en confiar en el resto de personas, pero para ello no hay tanta prisa por lo que ahora se centra más en reforzar y aumentar su autoestima que es prácticamente nula. Una vez que él comience a valorarse, a aceptar y creer que puede y merece a ser amado, muchos de sus problemas sociales se resolverán.
-¿Carol? -llama Daryl al entrar en casa tras volver del trabajo.
Ha tardado un poco más de lo habitual pero tenía sus motivos.
-En la habitación -responde ella, aunque sus palabras han sido solapadas por otra voz que grita en tono dulce e infantil "papá".
Daryl sonríe feliz ante el entusiasmo de su hija por saber que su padre ya está en casa. Ansía que llegue el día en el que la pueda ver corriendo por el pasillo dispuesta a lanzarse a sus brazos para recibirlo.
Mira lo que tiene entre las manos.
Está nervioso, no entiende porqué, pero está nervioso, es una tontería sentirse así, pero no puede evitarlo, cada vez que va a tener un detalle con Carol teme que no le guste.
Cuando lo compró le pareció una buena idea, y ahora lo ve una ridiculez.
En fin... que sea lo que dios quiera.
Llega hasta la habitación, Carol está de espaldas a él, doblando una pila de ropa que tiene sobre la cama, y Sophia observa curiosa, metida entre cojines la tarea que realiza su madre, hasta que se da cuenta de la presencia de su padre y tras dar un gritito de alegría comienza a gatear hacia él.
-¿A dónde crees que vas, temeraria? -la detiene su madre antes de que caiga por el borde de la cama - , Esta niña es...
La frase queda decapitada cuando se gira hacia Daryl y ve lo que tiene en las manos.
-¿Qué has hecho? -pregunta alarmada ante la presencia de ese hermoso ramo de lirios blancos.
Daryl mira su regalo y mira el rostro de Carol. No entiende qué pasa. ¿Ha hecho algo malo? ¿Está mal llevarle flores a su pareja? Mierda, en las películas lo hacen.
-Yo... lo siento, pensé que... Joder, soy un idiota, esto de estar enamorado es nuevo para mí, y no sé... vi estas flores tan bonitas y que huelen tan bien y me acordé de ti, pensé que sería buena idea regalártelas.
Carol sonríe sintiéndose aliviada y mal a la vez. Él venía todo ilusionado a traerle flores y ella va y se pone en lo peor.
-No, no eres ningún idiota, mi amor, es sólo que llevo tantos años recibiendo flores tras una paliza, o porque Ed se sentía algo culpable tras haberse acostado con otra mujer que... no estoy acostumbrada a recibir flores porque sí, yo...
-Pues acostúmbrate -dice antes de callarla con un beso que es interrumpido por los grititos de su hija en busca de atención.
Ambos se sonríen.
-Así que... estás enamorado -canturrea Carol, balanceándose de lado a lado y sonriéndole con picardía.
Daryl se siente enrojecer y sólo atina a asentir con sonrisa tímida. A veces se avergüenza de lo cursi que puede llegar a ser cuando piensa en voz alta inconscientemente.
-Hey, se me olvidó, mira esto -cambia de tema astutamente.
Saca su teléfono móvil y esquiva las manos de Sophia para poder mostrarle una fotografía.
Carol frunce el ceño.
-¿Una ecografía? No entiendo -Daryl no habla -¿No estarás embarazado? -bromea ante su silencio -¿Quién está embarazada? ¿Alguna de nuestras amigas? -Daryl se muerde el labio para no sonreír, pero es inútil y Carol se da cuenta -¡Oh Dios! ¿Quién es? -se emociona. Será interesante tener a alguien en el grupo con quien hablar de bebés, poder intercambiar consejos, ideas y quedar para que sus peques jueguen.
Por poder puede ser cualquiera, incluso Tara.
Daryl no puede resistirse ante esos ojos brillantes y esa sonrisa emocionada.
-Sasha. Estaba embarazada la última vez que la vimos, pero no quiso decir nada para poder darle a Abe una sorpresa por su cumpleaños -revela al fin.
Carol mira la ecografía y a Daryl varias veces.
-¡Eso es genial! Yo... tengo que hablar con ella -dice emocionada, y comienza a buscar su número en ese móvil, hasta que se da cuenta de algo: el teléfono no es suyo -¿Puedo? -pregunta tímida.
Daryl asiente en silencio.
-Sabes de sobra que no tienes que pedirme permiso, lo mío es tuyo ¿recuerdas?
Carol sonríe y asiente. A veces se olvida de que ya no está con Ed.
-Voy a poner estas flores en agua antes -comunica cogiendo las flores y entregándole el teléfono móvil y a Sophia en su lugar.
Se pone de puntillas para llegar a los labios de Daryl y poder besarlo, acompañando ese gesto de una caricia sobre su rostro. Le encanta poder acariciarlo.
-Son preciosas mi amor, muchas gracias, te quiero -susurra contra sus labios.
Daryl la ve alejarse.
-Yo también te quiero -susurra ensimismado.
Daryl sale del baño tras lavarse los dientes, Sophia ya está dormida y Carol escribe algo en una de las hojas de ese libro en blanco que le escribe a su hija. Siempre ha tenido curiosidad por saber qué es lo que dice en él, y quizás ya va siendo hora de saberlo.
Se acerca a la cama y se sienta con cuidado en ella, no vaya a ser que haga que a Carol le tiemble el pulso y joda la escritura.
Se arrastra hacia la mujer que ama hasta que sus hombros chocan y planta un beso sobre este.
-¿Alguna vez me dejarás leerlo? -pregunta con la barbilla suavemente colocada sobre su hombro.
Carol se estremece al sentir su aliento sobre su cuello.
Sonríe.
-Claro -asegura, y acto seguido cierra el libro y lo agita frente a sus narices para que lo agarre.
Observa como Daryl lo toma suavemente entre sus manos y acaricia la tapa con cariño.
Le da un poco de vergüenza que vea lo que ha escrito, quizás piense que es una cursi, y que sólo dice tonterías, pero ese libro es importante para ella. Ahora es un entretenimiento, pero durante su embarazo y los meses después que pasó bajo la sombra de Ed, ha sido una válvula de escape, ya que por muy duro y oscuro que hubiese sido su día se veía obligada a escribir los momentos felices pasados en esas veinticuatro horas, por mísero que fuese para poder contárselo a su hija, y eso, por alguna razón le hacía ver la luz al final del túnel y tener esperanzas en que todo mejoraría.
Daryl mira ese libro cerrado.
Está nervioso, tiene curiosidad pero a la vez tiene miedo de lo que dirá de él, sabe de sobra que muchas veces se ha comportado como un gilipollas con Carol, sobretodo durante el embarazo, pero duda mucho que haya escrito algo sobre eso a su niña.
Da un largo suspiro y lo abre por la primera página.
Carol lo observa unos segundos, le gustaría quedarse y ver sus expresiones mientras lee, pero debe aprovechar para ducharse y lavarse los dientes ahora que Sophia está dormida y su padre está a su lado para cuidarla.
Se levanta de la cama y marcha hasta el baño, dejándolo ahí, concentrado leyendo.
-Carol -la llama Daryl antes de que cierre la puerta del baño -¿Puedes cambiar esto? -pregunta.
Señala la primera página, justo el párrafo en el que habla de la reacción de "su padre" al enterarse de la noticia.
Habla de una reacción hermosa, de que se echó a llorar en cuanto se lo dijo, y abrazó su vientre mientras le decía te quiero.
Ese no fue él, fue Ed. Ojalá fuese él. Ojalá pudiese viajar al pasado y cambiar su reacción, pero no puede.
-¿Qué quieres que escriba? -pregunta extrañada.
No puede poner la reacción que tuvo él, pero entiende que le moleste que ponga la reacción de Ed, cuando este no es su padre. Por suerte él sólo aparece en la primera página, durante el resto del embarazo se comportó como el monstruo que es, y es Daryl a quien se refiere cada vez que aparece la palabra "tu padre".
-Escribe que... que me asusté mucho cuando me enteré que iba a ser padre, que estaba tan acostumbrado a tener sólo cosas malas en mi vida que no supe reconocer una buena noticia ni reaccionar como debía, pero que la amé desde el momento en el que supe de su existencia, solo que aún no sabía lo que era el amor; que me pasé los meses metido en una biblioteca leyendo libros sobre el embarazo y me preparé para ser el mejor padre posible, a pesar de no haber tenido una figura paterna en la que inspirarme; Que me perdone por como reaccioné y que espero compensar con creces mi estupidez de ese día, tanto con ella como contigo.
Carol sonríe emocionada sólo de ver como Daryl observa con cariño a su hija mientras dice esas palabras ¿Puede haber alguien mejor que él?
Recorta la distancia que hay entre ellos y toma su barbilla para alzar su rostro y poder besarle.
-Creo que lo mejor es que se lo digas tú -susurra contra sus labios.
Le entrega el bolígrafo y marcha de allí dejándolo solo. Él mejor que nadie sabe que es lo que sintió ese día.
Se para en el umbral de la puerta del baño y lo observa.
-Daryl, eres un magnífico padre, no hay nada que debas compensar -dice con una sonrisa, y cierra la puerta tras ella.
Daryl sonríe.
"Soy un magnífico padre" se repite para alimentar su hambrienta autoestima, tal y como Michonne le aconsejó.
El sonido de su móvil interrumpe sus pensamientos.
Está recibiendo una videollamada de Tara.
-A saber que quiere tu tía a estas horas -susurra, y descuelga antes de que la música despierte a su hija.
-Hola Tara, ¿Qué... -observa el rostro que le devuelve el teléfono -¿Pero qué coño haces desnuda? -pregunta alarmado y gira la cabeza para no verla, sin darse cuenta que podría sencillamente finalizar esa llamada.
-¿Qué demonios...? ¡Tú no eres Denise! -se queja Tara que se da prisas en cubrir su torso desnudo.
Los números de teléfono están memorizados en orden alfabético, y Daryl está justo encima de Denise.
-¡Pues claro que no soy Denise! ¿En serio hacéis cochinadas por el móvil?
-¿Te sorprende? Y gira la cara, imbécil, que ya me he vestido.
Daryl vuelve a mirar el teléfono y respira aliviado. Por un segundo pensó que su mejor amiga pretendía seducirle o algo por el estilo.
-Dios, me vas a traumatizar.
-Que delicadito eres, hijo, se supone que te gustan las mujeres. Yo sí que me traumatizaría al verte desnudo, con ese cable suelto que Dios os ha dejado a la vista. Que asco.
Daryl se echa a reír y termina contagiando a Tara. Cuanto siente que Carol no haya estado presente en ese momento, seguro que se habría descojonado de ambos.
Sabe que esa anécdota será contada hasta la saciedad cada vez que se reúnan, pero no le importa, cosas peores han contado sobre él sus "amigos" y familia a lo largo de los años, muchas de ellas exageradas o inventadas. Al menos esa anécdota es real, y no recibirá burlas dolorosas por ello.
Ama tener ese tipo de amistades.
8 meses
Sophia ya sabe decir mamá, aunque al igual que le pasa con papá, aún no sabe lo que significa, por lo que lanza la palabra al aire sin motivo alguno. Aún así Carol se derrite al escucharla.
Su primer diente ya asoma, y su destete ha finalizado. A Carol le ha dado un poco de pena, sobretodo al ver como al ducharse salen hilos de leche que se desperdician por el desagüe, pero Sophia ya tiene una alimentación variada, apenas quería el pecho, y cuando lo tomaba a veces mordía con fuerza con ese único diente que tiene, y era doloroso.
Últimamente tiene una "mamitis" importante sólo quiere estar con ella cuando está con sueño o hambre. Por un lado le gusta, y por otro llega a ser agobiante, pero por suerte sus momentos de rabieta son escasos y puede estar en brazos de su padre sin problemas.
Ya coge todos los objetos que encuentran a su alrededor, y entre que gatea a una velocidad sorprendente y lo curiosa que es, tienen que andar con mil ojos por si toca algo que no debe.
También empieza a ponerse de pié, siempre sosteniéndose en algo, y aunque se cae al instante saben que tarde o temprano echará a andar.
Su terapia con Michonne continúa, aunque el proceso es lento, pero poco a poco va viendo resultados. Ya no hay tensión cuando Carol lo acaricia o abraza, está bastante cómodo con la situación.
Está aprendiendo a valorarse, a aceptar y creer cada cumplido y halago que le hacen, a ver el buen hombre que hay en él escondido tras capas y capas de inseguridades.
Comienza a mirarse al espejo, e intenta aceptar su cuerpo. Más de una vez ha intentado cambiarse de ropa delante de Carol, desabrocharse la camisa al menos, pero no puede, aún no, y eso le frustra, por lo que Michonne le ha propuesto un ejercicio: Apagar la luz, para que él no se vea y ella tampoco pueda verlo.
-Cuando quieras -susurra Carol de pie junto a la cama.
Está nerviosa, teme hacer algún movimiento que haga que Daryl la rechace y se vaya a la mierda todos los avances que ha hecho.
Michonne le ha aconsejado que comience a acariciarlo por un sitio por el que él se sienta seguro y vaya desplazándose, pero que nunca levante la mano mientras lo acaricia, para que él siempre pueda saber hacia donde se dirige y no le pille por sorpresa.
Daryl toma aire profundamente.
Aún está encerrado en el baño buscando las fuerzas necesarias para atreverse a salir.
Está desnudo de cintura para arriba y no puede estar más nervioso y asustado.
Se mira en el espejo, que le devuelve la imagen de un hombre lleno de cicatrices ¿Cómo puede presentarse así ante Carol? ¿Cómo iba ella a querer algo así?
-No puedo -susurra frustrado.
Carol intenta que sus ojos se adapten a la oscuridad. Puede ver sombras oscuras allá donde hay un objeto. La única luz que hay en esa habitación es el del vigilabebés que le devuelve la imagen de Sophia dormida en la cuna que ya está colocada en su propio cuarto.
Por debajo de la puerta del baño emana una luz blanca, señal de que Daryl está ahí.
Cambia el peso de su cuerpo de un pie a otro.
Está tardando desmasiado, algo pasa.
-¿Daryl? ¿Estás bien, mi amor? -pregunta, y tras unos largos segundos de espera sigue sin obtener respuesta -Si no te sientes preparado podemos dejarlo para cuando lo estés. Sabes que esperaré lo que haga falta.
Daryl escucha sus palabras.
Puede parar, no es necesario hacerlo ahora, ella puede esperar.
-Encenderé la luz -escucha decir a Carol.
-¡NO! -grita apresuradamente.
Ni siquiera ha pensado, ha salido de dentro de él. Necesita hacer eso, quiere hacer eso, no puede permitirse el lujo de aplazarlo más, o no lo hará nunca.
-Voy a salir ¿Vale? Pero no me mires, por favor -suplica
Carol sonríe con ternura.
-No lo haré, tranquilo, la luz está apagada y yo cerraré los ojos si lo prefieres.
Daryl agarra la manilla de la puerta.
-Sí, por favor.
Apaga la luz del baño y abre la puerta sin esperar un segundo más, antes de que su mente vuelva a pensar.
Absoluta oscuridad. Eso es lo que le recibe.
-¿Carol? -llama con voz temblorosa para localizarla.
-Junto a la cama -informa en un susurro.
Daryl estira los brazos y se encamina hacia allí lentamente.
Siente su corazón golpear con fuerza en su pecho, está muy nervioso, y se siente realmente desnudo.
Sus dedos chocan con algo que rápidamente reconoce como el hombro de Carol, y teniéndolo como referente desliza su mano por su brazo hasta entrelazarla en la mano de ella, repitiendo el procedimiento con la otra.
-Hola -la saluda.
-Hola -devuelve el saludo nerviosa.
Está frente a ella, con el torso desnudo y no puede verlo, pero lo siente.
Siente su aliento sobre su frente, su respiración acelerada y un ligero temblar en sus manos sudadas.
-¿Estás bien? Pregunta sin hacer el más mínimo movimiento.
Daryl toma aire y asiente.
-Ssí -tartamudea al darse cuenta de que no puede ver su gesto -Cuando quieras -se atreve a decir.
Aprieta los ojos porque no se atreve a ver ni la silueta de ella tocándolo.
Carol se lame los labios antes de desenlazar sus manos de las de él y subirlas a la par, empezando por sus muñecas, sus brazos que tantos abrazos le ha dado, sus antebrazos voluptuosos y fuertes donde descansa su cabeza mientras ven una película, sus hombros anchos donde su niña entierra el rostro cuando llora...
Se detiene ahí cuando nota que él comienza a tensarse más de la cuenta.
Aprovecha para memorizar su tacto, su piel es suave en contracte con sus manos. Le gusta, le excita y se siente mal por ello. No están ahí para eso.
Mueve las manos por su cuello donde nota su pulso acelerado, y sube hasta su rostro.
-¿Quieres que pare?
Daryl cierra los ojos, permitiéndose relajarse a su tacto. Le gusta el escalofrío placentero que siente cuando ella recoge mechones de cabello tras su oreja.
Se ha tensado cuando sus manos han viajado de las muñecas hasta sus hombros, pero a la vez ha sentido cierto placer. Sus manos son muy suaves.
La agarra de las muñecas y arrastra sus manos hasta su pecho para instarla a continuar, respondiendo así a su pregunta. Aún no sabe de dónde está sacando el valor.
Se muerde el labio cuando la siente acariciar la primera cicatriz que cruza su pecho, tomándose su tiempo en recorrerla.
-8 años, mi padre tenía un arañazo en su coche y me culpó a mí, me dio tal bofetada que caí y me corté el pecho con las chapas del taller -informa.
Ella no dice nada, continúa bajando por su torso hasta que sus dedos vuelven a tropezar con otra cicatriz a la altura del vientre.
-12 años, los chicos del barrio me dieron una paliza y llegué llorando a casa. Intentó escribir la N de nenaza con su cuchillo de caza, pero Merle lo frenó y se quedó a la mitad.
Escucha a Carol susurrar un "Dios" pero sigue sin decir nada, y no sabe qué pensar. Se atreve a abrir los ojos en un desesperado intento por ver su expresión, pero no ve nada. Ahora se arrepiente de estar a oscuras.
Ella se mueve hasta llegar a la zona baja de su ombligo donde tiene la cicatriz más profunda de todas.
Traga saliva.
-Una puñalada, cuando estaba en la cárcel. Ed y Negan entraron en la celda mientras dormía y... -se detiene al recordar el momento. De nuevo siente ese dolor lacerante que lo sacó de su sueño y le hizo caer de la cama. Sólo atinó a verlos marchar entre risas. Desde ese día no volvió a dormirse -Supongo que me dieron por muerto.
-Lo siento -se disculpa Carol como si ella tuviese la culpa de las barbaridades que cometió Ed durante su matrimonio.
Recuerda como más de una vez llego jactándose de haber apuñalado a un preso "Un paria menos" decía.
Continúa su recorrido antes de que el recuerdo de Ed amargue su día.
Acaricia con cariño el hueso de la cadera y desplaza sus manos lentamente hacia la espalda.
Decapita un grito cuando se sobresalta por la brusquedad con la que Daryl la ha agarrado de las muñecas para que se detenga.
Nota su respiración dificultosa y su pulso á aterrado.
-¿Quieres que pare? -pregunta.
Daryl se muerde el labio y saca fuerzas para hablar.
Es que mi espalda es... -solloza - No es una espalda, ni siquiera te puedo decir de cuando son las cicatrices porque no tienen una fecha. Es cicatriz sobre cicatriz, he recibido tantas palizas, tantos golpes y castigos por motivos tan estúpidos que... -se muerde el labio con fuerza y niega con la cabeza intentando contener las lágrimas -Mi padre no era un padre. Me daba auténtico miedo. De niño se me cayó un vaso de agua, miré hacia él y me oriné encima sólo de ver su mirada. Ya sabía lo que tocaba -se tensa de sólo recordarlo -Me jodió toda la vida, ni siquiera me permitió disfrutar de mi primera experiencia sexual, me obligó a follar con una mujer que... me violó -se atreve a decir en voz alta -Yo no sé que coño he hecho para merecer esto -Se señala con rabia, aunque ella no puede verlo, cosa que agradece sobretodo porque las lagrimas llegan a sus ojos llenándolos hasta desbordarse.
De repente Carol retira sus manos sin decir nada, para alarma de él ¿Tanto asco ha sentido?
-¿Ocurre algo? -pregunta antes de seguir poniéndose en lo peor.
Michonne ya le "regañó" por haberlo hecho aquella noche cuando Carol lo vio por accidente sin camisa en el baño, lo pasó mal, al igual que Carol, y no había necesidad alguna. No quiere volver a pasar por ello.
Ella no responde, en su lugar agarra la mano de él y la lleva hasta su costado donde puede sentir la aspereza de una cicatriz que va de ahí hasta su espalda.
-2 años de casados. La noche antes se enfadó conmigo porque su chuleta no estaba al punto que él quería. Nunca estaba al punto que él quería. Me rompió el plato en la cabeza, me agarró por el cabello y me arrastró por la casa hasta el recibidor donde me violó mientras me insultaba y golpeaba. Cuando se cansó me echó desnuda a la calle, donde pasé la fría noche de diciembre tapándome estúpidamente con el felpudo -Niega con la cabeza aún sin creerse todo lo que aguantó.
A la mañana siguiente me abrió la puerta como si nada y me ordenó que le hiciera el desayuno, aún desnuda, helada y con dolor hasta en partes de mi cuerpo que ni sabía que existían -se estremece al recordar la de veces que sintió ese tipo de dolor -Cuando él se estaba echando la siesta saqué valor para dejarlo, hice la maleta a toda prisa y corrí hacia el coche.
Me pilló guardando las maletas atrás y cerró el maletero con rabia cuando yo aún tenía medio cuerpo dentro y una sonrisa estúpida en la cara al pensar que ya iba a ser libre. Qué idiota... -se ríe de sí misma -No sé como no me partió por la mitad.
Daryl traga saliva. Su cuerpo se ha tensado y su mano derecha se ha tornado en un puño preparado para partirle la cara a alguien que por suerte o desgracia no está.
Sacude la cabeza para eliminar a ese imbécil de sus pensamientos.
Deshace ese puñetazo que tenía preparado y lo convierte en una caricia destinada a morir en la mejilla de Carol.
-Ahora eres libre -murmura buscando sus labios en la oscuridad.
Carol sonríe y acepta esa caricia y beso con gusto, pero lo finaliza rápidamente. No quiere desviarse del tema.
-Lo que quiero mostrarte con esto es que te entiendo perfectamente, mi amor. Esa es la única cicatriz que recuerdo su historia, las otras, son iguales que las tuyas. Yo me echaba a temblar sólo de escuchar las llaves de Ed en la cerradura de la puerta, o el tintineo de la hebilla de su cinturón; Lloraba cada vez que empezaba a manosearme en la cama. Hasta el día que te conocí no supe lo que era hacer el amor.
Cualquier tontería hacía que se enfadase, a veces le molestaba hasta escucharme respirar.
Yo tampoco sé que hice para merecer esto, Daryl, pero eso ya no importa. Se acabó, ya nadie más volverá a hacernos daño, tenemos que pasar página, porque si dejamos que esto nos afecte quienes ganan son ellos.
Daryl mueve su mano lentamente por el costado de Carol, siguiendo la cicatriz hasta desviarla hasta su espalda, donde una colección de cicatrices lo recibe. No tan profundas como las suyas, pero ahí estaban.
Jamás se perdonará por no haberse dado cuenta antes. Hasta el día que la ayudó a ducharse no sabía el dolor que escondía bajo esa camisa.
En su primer encuentro acarició su espalda, lo recuerda ¿Por qué no se dio cuenta? Estaba tan hipnotizado por sus ojos que ni se percató de ello.
Nota como la tensión en Carol es nula, no le importa que él la esté tocando, no le provoca ningún conflicto, y si se lo provoca no deja que se note.
"Quienes ganan son ellos" se repite mentalmente antes de volver a guiar las manos de Carol a donde las tenía colocadas antes de la interrupción.
No quiere que ganen ellos, no piensa permitir que su padre le siga jodiendo la vida incluso muerto, eso se acabó.
-Ayúdame a pasar página -susurra con seguridad.
Carol sonríe encantada.
Desliza los dedos por el costado de Daryl, moviéndose lentamente, tomándose su tiempo para llegar a su espalda.
Él no dice nada, está ocupado tanteando su cuerpo buscando el dobladillo de su camisa.
Ahora la que se tensa es ella, pero por otro motivo, y más cuando se ve gustosamente obligada a levantar los brazos para que él pueda quitársela.
Daryl la escucha recoger un suspiro cuando acaricia su sujetador a la altura de sus pezones. Le encanta provocar esa reacción en ella.
Se mueve hasta su espalda y tras un breve forcejeo abre el broche, consiguiendo así que el sujetador caiga al suelo con un suave sonido y sus hermosos pechos queden libres.
La tiene semidesnuda ante él y no puede verla. Se maldice por ello.
La atrae hacia él y se funden en un hambriento beso.
Puede sentir sus pezones erizados contra su pecho, su piel tibia y suave mezclándose con la suya, la escucha gemir cuando él profundiza en ese beso, lo que provoca que algo empiece a apretar en sus pantalones.
Se detiene, no aparta sus labios pero se detiene cuando se da cuenta de que ella está acariciando su espalda.
Está atento a ella, le gustaría saber lo que piensa, lo que siente cada vez que sus manos tropiezan con cada surco de su espalda.
-Te quiero Daryl -susurra contra sus labios, respondiendo sin saberlo a la pregunta no formulada de él.
Quiere reanudar ese beso pero él se aparta.
-Se acabó -susurra Daryl.
Se aleja de Carol dejándola allí sola a oscuras.
No entiende ¿Qué ha hecho mal? ¿Qué ha pasado? Supone que no ha soportado sentir sus manos en la espalda. ¿Y ahora que hace?
Está a punto de sumergirse en sus pensamientos cuando una luz repentina la ciega.
Cierra los ojos con fuerza para abrirlos segundos después.
La habitación está iluminada alguien ha encendido la luz.
Gira sobre sí misma buscando a Daryl y... lo encuentra. Junto al interruptor de la luz, sin camisa, y lo ve más atractivo que nunca.
-Se acabó esperar -aclara él, que vuelve junto a Carol, la toma entre sus brazos y la deja con cuidado sobre la cama.
Ella ríe, la risa más hermosa que ha escuchado en la vida.
Él se coloca sobre ella, apoyado sobre sus manos y la mira a los ojos.
-Hagámoslo -susurra Carol, y él no necesita más invitación.
Hola de nuevo a mis fieles lectoras que aún seguís ahí después de tanto tiempo sin actualizar. Gracias por esperar, os dije que volvería.
Espero que os haya gustado el capítulo y os hayáis quedado con ganas de más.
Quedan unos cuatro capítulos para que este fic termine.
Disfrutadlo ;)
