28. Tiempo perdido
'Hagámoslo' repite mentalmente las palabras de Carol y un escalofrío recorre su espina dorsal.
La observa tumbada bajo él, con su cabello derramado sobre la almohada, sus enormes ojos azules fijos en los suyos y mordiéndose el labio juguetona.
Siente su respiración acelerada, el suave roce de sus pezones sobre su pecho desnudo y la calidez de su piel.
Es tan perfecta...
La besa con suavidad, acariciando sus labios con su lengua, pidiéndole permiso para entrar, y ella con gusto le da acceso a su interior, donde sus lenguas se enredan y bailan como mejor saben hacer, y lo que empezó con un beso lento se acaba transformando en un beso desesperado lleno de pasión y deseo.
Acaricia su suave torso desnudo, la curva de su cintura, sus pechos perfectos.
Dios, no puede estar más excitado y nervioso a la vez...
Alza la vista, abre los ojos y toma aire profundamente, necesita calmarse un poco, olvidar que está desnudo, mitigar su excitación, por que...
-¡La niña! -grita saltando de la cama.
Carol se paraliza un instante procesando lo que ha pasado.
Se incorpora apoyándose sobre sus codos y observa a Daryl marchar ¿Por qué se ha ido? ¿Ha hecho algo mal? Y entonces mira hacia el monitor y comprende: Sophia está de pie agarrada a los barrotes de la cuna, y poniéndose de puntillas intentando salirse de ella.
Respira aliviada cuando ve a Daryl tomarla en brazos.
Ama a su niña, pero más inoportuna no ha podido ser.
Se vuelve a tumbar, niega con la cabeza y ríe. Aún no se cree lo que ha estado a punto de pasar. Se supone que sólo iba a ser una toma de contacto, pero ahí está, quedándose a las puertas de un encuentro sexual.
-Hey, mi amor ¿Qué pretendías, temeraria? -pregunta Daryl tomando a su bebe entre sus brazos.
Sophia sonríe aún adormilada.
Mira hacia el pecho de su padre, es la primera vez que la toma en brazos sin camisa y el tacto le resulta extraño.
Lleva sus pequeñas manos hasta algo que llama su atención.
Daryl besa su sien.
-Eso es una cicatriz -explica -Espero que nunca tengas una, y si las tienes que tengas un buen recuerdo de ellas -murmura mientras la mece suavemente hasta que deja caer la cabeza sobre su hombro y se relaja volviéndose a entregar al sueño.
Camina con ella hasta la habitación para terminar de dormirla allí.
Mira a Carol, sentada sobre la cama y tapando con la sábana su pecho desnudo.
Ambos suspiran
Supone que su momento de pasión ha terminado. Aunque vuelva a dejar a Sophia en su cuna, aunque vuelva a besar a Carol como antes duda que pueda conseguir esa magia que desea para esa 'primera vez' y por la mirada de Carol parece que también está de acuerdo en ello.
-Te quiero -susurra casi inaudible para no despertar a Sophia.
Quiere dejar claro que no se arrepiente de lo que ha estado a punto de pasar.
-Yo también te quiero -devuelve Carol.
Mira con cariño como Daryl mece a su niña que se relaja con gusto sobre su padre.
Esta noche no será 'la noche' pero está feliz de saber que Daryl se siente lo suficiente seguro como para hacer el amor, y quizás para la próxima ocasión que tengan, si sigue haciendo los ejercicios que Michonne le ha aconsejado, esté aún más relajado y al fin den rienda suelta a su amor.
Daryl vuelve de trabajar. Apesta a aceite de motor, gasolina, grasa y todo olor típico de un taller mecánico. Odia eso, pero ama su trabajo, se siente de lo más realizado y valorado, además de tener unos compañeros con los que ha trabado una buena amistad.
Entra en casa, está demasiado silenciosa, normalmente a esta hora Carol está haciendo alguna tarea o durmiendo a Sophia tras haberla bañado. Quizás no estén en casa o...
Sus dudas se despejan cuando llega a la habitación.
-Hey ¿Estás bien? -pregunta al ver a Carol tumbada en la cama con la pequeña dormida a su lado.
Es extraño verla así.
Carol se incorpora lentamente procurando no despertar a Sophia.
-Hola, sí, sólo que... ha vuelto, y ya había olvidado lo dolorosa que era ¿Qué tal tu día?
Daryl se encoge de hombros como respuesta, está demasiado concentrado analizando lo que acaba de decir y arquea una ceja intentando comprender, ¿Qué ha vuelto? ¿De qué habla? Pero entonces se da cuenta de su posición fetal, la bolsa de agua caliente y de como abraza su vientre.
-Oh... ¿Y... hay algo que pueda hacer? -pregunta, pero ella niega con la cabeza -¿Y hay algo que te alivie? -vuelve a preguntar. No le gusta verla mal, pero sobre esos 'temas de mujeres' no tiene ni puñetera idea. Se ha criado con hombres, de su madre apenas tiene recuerdos, y a Tara parecía no provocarle ningún tipo de molestia, sabía que estaba con la menstruación por que gritaba ¡Qué alivio, no estoy embarazada! Y se reía de su propia broma a la que ella le gusta llamar 'humor homo'.
-Puedo tomar calmantes para el dolor, pero me dan mucho sueño y tengo que cuidar de Sophia. También me ayuda el chocolate, un baño caliente...
Daryl dibuja una media sonrisa.
-¿Seguro que te alivia el chocolate y no es una excusa para que te compre? -bromea haciéndola reír y contagiándose él.
No ha visto sonrisa más hermosa que la suya.
Besa con cariño su frente.
-Deja que me de una ducha rápida para quitarme la roña y te lleno la bañera para que te des un baño mientras cuido a la niña -propone.
Se quita la camisa sin pensarlo y tarda unos segundos en darse cuenta de lo que acaba de hacer: Está semidesnudo delante de Carol.
No es la primera vez, ya lo ha hecho más veces en estas últimas semanas, pero nunca sin una preparación previa siguiendo las pautas que le marcó Michonne.
Mira a Carol que lo observa sonriente.
-Estás muy sexy todo sudado y lleno de roña -bromea con una media sonrisa pícara. Aunque en cierto modo es real, le da un aspecto tan de calendario sexy, con esos hombros anchos y brazos musculosos...
Daryl se sonroja ante su forma de mirarle e incluso le excita saber que le atrae ¿O estará bromeando?
-Puf, ya claro ¿Ya estás drogada? -bromea él lanzandole un cojín.
Marcha a darse ese necesitado baño sonriendo ante el eco de la risa de Carol.
-
Carol sale de la bañera con el cabello húmedo y vestida con una camiseta enorme que le cubre hasta la mitad de los muslos.
El baño le ha sentado genial, ahora sólo tiene que esperar a que los calmantes hagan efecto.
Estaba tan a gusto sin la regla... Esos nueve meses de embarazo, más los seis que le ha dado el pecho a Sophia han hecho que se olvide del dolor. Hasta ahora...
Se mete con cuidado en la cama justo cuando escucha la puerta de la entrada abrirse y Daryl aparece por el pasillo con Sophia en brazos, ya despierta, y una bolsa en la mano.
-Hey ¿Estás mejor? -pregunta dejando a Sophia sobre la cama y abriendo la bolsa -Te he traído provisiones -anuncia y va sacando artículos -Chocolate en tableta, en helado, en dulces, para beber y para ducharte ¡Hacen gel de chocolate! Pero dudo que se coma -murmura mientras lee en la etiqueta en busca de alguna advertencia.
Carol se echa a reír y niega con la cabeza ¿Puede ser más perfecto? Qué hermoso es tener a su lado a alguien que realmente se preocupa por ella.
-Eres un encanto -lo alaba haciendo que se sonroje.
Toma una chocolatina al azar y retira el envoltorio.
Daryl toma a Sophia en su regazo y se sienta junto a Carol.
-¿Es normal que duela tanto? -ella asiente - ¿Y no hay nada que prevenga eso?
Carol traga antes de hablar, esa chocolatina sabe a gloria.
-Bueno, antes cuando tomaba anticonceptivas era más suave el dolor.
-¿Y por qué dejaste de tomarlas? -pregunta mientras intenta evitar que Sophia alcance alguno de los dulces.
Carol se encoge de hombros.
-Ed quería un bebé y además no le hacía mucha gracia que yo tuviese el control. Menos mal que no podíamos tener hijos -niega con la cabeza. A saber cuantas veces habría quedado embarazada en esos años, y cuantos abortos involuntarios provocados por las palizas habría tenido.
Daryl se muerde el labio pensativo.
-Él no podía tener hijos, tú sí -corrige -Y yo no soy Ed. Así que si quieres volver a tomarlas...
-Gracias -dice en una sonrisa agradecida.
Se acerca a Daryl en busca de un beso que él con gusto le da.
Se sorprende y extraña de que al escuchar la palabra 'regla' no la haya mirado con asco ni evitado tocarla, pero luego recuerda sus palabras 'No soy Ed'.
Daryl sonríe contra sus labios. Ama besarla.
-Te tengo una sorpresa más -informa.
Busca en su teléfono móvil hasta dar con lo que le interesa.
-¿Qué día es dentro de un par de semanas? -pregunta ocultando misteriosamente la pantalla de su teléfono.
Carol arquea una ceja pensativa.
Están a primeros de febrero, así que...
-¡San Valentín! -dice entusiasmada.
Desea ver que es lo que oculta tanto.
Daryl asiente.
-Estaba pensando que... que quizás podríamos hacer una escapada romántica cerca de aquí -revela al fin su teléfono -es un conjunto de cabañas rurales, con un lago, un bonito paseo y restaurantes cerca, además de que está muy bien de precio - informa mientras Carol va pasando las imágenes que ofrecen la web para hacer la reserva.
-Es precioso, Daryl -susurra emocionada. Quiere ir allí, estar con él, ya se imagina paseando por ese lugar junto con su niña, como la familia feliz que son.
Daryl se muerde el labio.
-Entonces... ¿reservo?
Carol asiente, le entrega el teléfono y se incorpora de rodillas en la cama para poder abrazarlo.
Daryl acepta con gusto ese abrazo tan cálido y que tanto ama recibir ¿Quién le iba a decir que algún día amaría ser abrazado?
8 meses y medio
Sophia ya tiene cuatro dientes, es capaz de ponerse de pié con apoyo, sabe dar palmadas, señalar con la mano y decir no con la cabeza.
Ha aumentado su vocabulario en un par de palabras como guapa, agua y puta, esta última es su forma errónea de decir pato.
-¡No pongas esa cara! -ríe Daryl cuando Sophia sonríe a cámara enseñando exageradamente los dientes.
Están junto al lago cerca de la casa rural. Llegaron hace unas horas a ese precioso lugar y ahora están disfrutando del paraje.
El día está soleado, pero frío, lo normal en Febrero.
Mira a Carol vestida con ropa de abrigo, le sientan bien los gorros de lana. Puff ¿Hay algo que le siente mal?
Está adorable con su nariz roja a consecuencia de las bajas temperaturas, al igual que Sophia.
-¿Entramos y tomamos un chocolate caliente junto a la chimenea? -propone.
Carol lo mira con una suave sonrisa y asiente.
Observa como Daryl toma a Sophia entre sus brazos abrigándola bien y le da un dulce beso en la mejilla.
Ama ver esa estampa.
Sonríe cuando Daryl extiende su brazo invitándola a acurrucarse bajo su pecho mientras caminan.
Se acerca a él que la rodea con su brazo estrechándola más contra él.
Ella pasa el brazo por su espalda devolviéndole el abrazo. Es tan gratificante poder tocarlo sin que se estremezca.
Daryl besa la cabeza de Carol.
-Estoy pensando... ¿Y si esta noche salimos? Ya sabes, arreglarnos, ir a un restaurante, cenar... lo típico que se hace en una cita -propone.
Carol asiente aprobando la propuesta y niega con la cabeza divertida para curiosidad de Daryl que la mira arqueando una ceja interrogante preguntándole en silencio '¿Qué te hace tanta gracia?'
-¿Sabes que esta sería nuestra primera cita -despeja sus dudas sonriente ante lo extraño de su relación. Lo normal es tener una cita, conocerse, formalizar la relación y por último tener hijos, y ellos lo han hecho al contrario. Eran dos desconocidos que empezaron a conocerse cuando ya había un embarazo en curso. Dos desconocidos con una química única.
Daryl está sentado en el sofá del salón mientras acuna a Sophia a la espera de que Carol termine de prepararse para ir a cenar. La pequeña se ha dormido tras tomar su papilla de cereales y ahora descansa entre los amorosos brazos de su padre.
Sonríe mientras la observa dormir.
Está tan grande ya...
Recuerda la primera noche que la tomó en sus brazos. Podía sostenerla con una mano. Apenas pesaba ni ocupaba espacio en su regazo, ahora necesita ambos brazos para acunarla y su peso es más que notable.
Besa la punta de su nariz y se levanta del sofá para dejar a Sophia en su cómodo carrito de paseo lista para salir, aunque posiblemente no se entere de nada del paseo y no despierte hasta el amanecer.
Empuja el carrito hasta la puerta de su habitación para tenerla cerca por si despierta.
Nada mas entrar por la puerta un espejo lo recibe. Se observa; se ha recortado la barba bien, está bien peinado, aseado, perfumado y vestido. Hasta se ve atractivo.
-Joder - se queja al ver el botón del puño de su camisa desabrochado. Ya es la tercera ves que lo abrocha.
Camina por la habitación mientras trastea con el botón y la ve...
Está de espaldas a él, trasteando en su bolso, posiblemente volviendo a guardar sus anticonceptivas.
De repente se ha olvidado hasta de respirar. Está preciosa. Vestida con un vestido semilargo de tubo de manga larga que deja sus hombros al descubierto y su cabello rizado cayendo en cascada por su espalda. El vestido es oscuro ¿gris? ¿azul marino? Qué más da.
Sus pies están descalzos sobre la alfombra blanca que descansa a los pies de la cama y sus zapatos esperan a un lado.
Traga saliva. Esa es la mujer con la que tendrá una cita esa noche. Está nervioso, muy nervioso y no entiende por qué. Quizás sea porque aún no se cree que esté con ella, o porque a sus 29 años esa es su primera cita, o por lo que pretende hacer esa noche.
Sacude la cabeza intentando despejar sus temores.
Toma aire, traga saliva y camina lentamente hasta ella procurando hacer el menor ruido posible y la rodea con sus brazos por la cintura.
-shss, soy yo -la tranquiliza cuando ella se sobresalta.
Apoya la cabeza en su hombro y aspira el aroma que desprende su cabello. Hasta su olor es dulce.
-Estás preciosa -tiene la necesidad de decir en voz alta sus pensamientos. Y la estrecha más contra él.
-Gracias -responde en un susurro mirándole de soslayo, no quiere romper la magia de ese momento -A ti te sienta genial el traje.
Es feliz. Está pasando San Valentín en una casa rural, rodeada de naturaleza,, su hija y el hombre al que ama ¿Puede pedir más?
Sabe que será una velada agradable y que en ningún momento terminará en una paliza, violación o abandonada en el restaurante sin dinero con el cual pagar. Eso se acabó.
Sonríe cuando Daryl planta un beso sobre su hombro desnudo provocando que un placentero escalofrío recorra su espina dorsal.
Siente como una de sus manos abandona su cintura para segundos después plantarse frente a su rostro con algo en su interior.
-Cásate conmigo, por favor -Pide Daryl abriendo el estuche de terciopelo frente a ella.
Le ha costado armarse de valor para pedírselo, iba a hacerlo en el restaurante, pero la vergüenza de ser observado, su timidez para actuar en público, su miedo al rechazo, y la posibilidad de que Carol acepte aunque no quiera por la presión y la pena de decirle que no delante de tanta gente han hecho que descarte esa opció sí, iba a esperar a volver de cenar, pero ha sido verla así vestida y sentir un impulso imparable.
No puede ver el rostro de ella, lleva largos segundos callada y eso hace que se ponga nervioso ¿Y si la respuesta es no? Sabe que le quiere, pero a lo mejor no quiere casarse otra vez. Pero bueno, prefiere recibir un no sincero que un sí que no sienta realmente.
Carol mira ese precioso anillo de pedida de oro blanco con un solitario y brillante diamante en el centro que contrasta con el estuche negro donde está guardado.
¿Le está pidiendo matrimonio? ¿Está soñando? No se lo cree, y es tan perfecto todo...
Ed se lo pidió en medio de un partido de baseball, delante de todo el mundo, con una enorme pantalla mostrando su rostro para que todos los asistentes fuesen testigos de su respuesta ¿Cómo decir que no?
Daryl ha sido más sensato. Están solos, completamente solos en esa habitación, no hay presión y tiene la seguridad de que su respuesta será sincera.
Se gira para poder mirarle a los ojos, aún con la boca entreabierta por la sorpresa y los ojos brillantes por la emoción.
Daryl le dedica una media sonrisa temblorosa y comienza a morderse el labio inquieto ante su silencio. Está visiblemente nervioso e impaciente por obtener respuesta. Apenas puede sostenerle la mirada y agacha la cabeza mirándola a través de sus mechones de cabello.
El estuche con el anillo tiembla sobre su mano.
Tan tímido y dulce...
Carol le sonríe emocionada y asiente.
-Sí -atina a decir entre lágrimas -Claro que me casaré contigo.
Daryl abre mucho los ojos y dibuja una amplia sonrisa.
-¿De verdad? -pregunta aún sin creérselo.
Ya estaba preparando su disculpa.
Ella vuelve a asentir guardándose un sollozo emocionado y le extiende la mano para que coloque el anillo.
Él la mira embobado, sus ojos resplandecen más que ese diamante.
-Ah, claro -tarda entender.
Saca el anillo con dificultad, el pulso le tiembla, las manos le sudan y se resbala de entre sus dedos.
Mira la mano de Carol, tan femenina y perfecta.
-Yo no sé dónde... -tartamudea, pero ella lo saca de sus dudas moviendo el dedo anular.
Lo desliza con delicadeza por ese dedo desnudo hasta dejarlo perfectamente colocado. Le queda precioso y perfecto. Normal, cogió prestado uno de sus anillos para que el joyero tomara la medida.
Fue un impulso; iba paseando con Sophia a comprarle a Carol un arsenal de chocolate para ayudarla con sus dolores menstruales, pasó por la joyería, vio esos anillos y sintió la imperiosa necesidad de casarse con ella.
Toma la mano de Carol y acaricia el anillo con el pulgar.
-No es el anillo más grande, ni el más bonito, pero no podía permitirme algo mejor -confiesa con timidez.
Ella se lo merece todo, pero su economía es limitada.
Se atreve a mirarla. Está sonriéndole emocionada y niega con la cabeza al tiempo que recorta distancia con él y le besa.
Él sonríe contra sus labios.
Es oficial, están comprometidos, está frente a su futura esposa. Y hará todo lo posible para hacerla la mujer más feliz del mundo.
-Te quiero -susurra deteniendo el beso.
Se aparta, manteniéndose a un palmo de ella, acariciando sus labios con los suyos, no queriendo volver a besarla aún, sólo quiere estar pegado a ella, sentir su respiración pausada.
Se mantienen en silencio unos segundos mirándose y meciéndose a la par suavemente.
-Me gusta tu vestido -murmura mientras acaricia la suave curva de sus caderas y sube la mano hasta su espalda, mancillada por cicatrices que un monstruo dejó. Eso se acabó, tapará los rastros de ese maltrato a base de amor y caricias.
Carol sonríe ante el cumplido y alza la cabeza volviendo a buscar sus labios.
-Lo compré pensando en ti -seduce contra sus labios.
Daryl tararea aprobando la compra, sintiendo como sus manos cobran vida propia ante la voz sensual de Carol y bajan lentamente hasta posarse sobre su firme trasero.
La observa buscando su aprobación.
Ella se muerde el labio siendo condenadamente atrayente y algo dentro de sus pantalones despierta pidiendo a gritos que siga.
-Quiero hacerte el amor ahora -susurra apretando suavemente sus nalgas haciéndola jadear.
-Sí... -aprueba Carol en un gemido. A la mierda la cena, a la mierda la reserva, tienen toda la vida para tener esa 'primera cita'. No puede ignorar la placentera sensación que recorre su cuerpo ante sus caricias.
Daryl deja la mano izquierda sobre su precioso trasero mientras que la derecha se pierde en la turgencia de sus pechos.
Observa como el pezón está visiblemente endurecido bajo la tela del vestido. Sabe que no es por el frío, es sincera excitación, y eso le encanta.
Lo atrapa entre sus dedos al tiempo que aprieta su pecho con la fuerza suficiente como para hacerla gemir suavemente.
Ama escucharla gemir. Cuanto lo ha echado de menos...
La observa, ella lo está mirando con los ojos cargados de deseo y la boca entreabierta.
Entre ellos silencio, interrumpido sólo por el tic-tac del reloj que marca la hora en esa habitación. Ojalá pudiese controlar el tiempo y que esa noche fuera eterna.
Siente como las manos de Carol desabrochan el botón que cierra el cuello de su camisa, el que le sigue, el de abajo... y todo ello sin dejar de mirarle a los ojos, buscando la más mínima desaprobación o deseo de huir.
Ni loco piensa detener eso.
Daryl vuelve a acercar el rostro al de ella, a colocarse nariz contra nariz, obligando a ambos a cerrar los ojos.
Quiere concentrarse en ella, y sólo ella. En como sus nudillos rozan su piel desnuda con cada botón que desabrocha, en la sensación de sus manos sobre su piel, en su respiración...
Se tensa cuando ella acaricia con suavidad su torso desnudo. No siente temor, pero su cuerpo está aún tan poco acostumbrado al toque piel con piel que no puede evitar esa reacción.
-No te voy a hacer daño -susurra Carol al notar su nerviosismo.
Busca sus labio para pedir un beso que él necesita más que ella.
Daryl tarda en reaccionar, pero su parálisis no dura mucho, y al instante une sus labios a los de ella en un lento y dulce beso.
Carol acaricia su abdomen, sus pectorales sus hombros anchos por debajo de la camisa y sube la mano izquierda hasta su nuca para enredar sus dedos entre los mechones de su cabello.
Gime suavemente cuando Daryl abandona el beso y se dirige hasta su cuello donde reparte besos y suaves mordidas que la llevan hasta esa primera vez con él en los aparcamientos de ese tugurio al que llamaban bar.
De nuevo esos besos salvajes pero a la vez tan tiernos y placenteros...
Daryl besa su hombro mientras que con sus manos va bajando el vestido para hacer un traje de saliva con forme va descubriendo su piel palmo a palmo.
Casi que le da pena, se había puesto tan guapa para salir... bueno, otro día será.
Raspa con los dientes donde se marca el hueso de sus clavículas, lame el excitante surco que hay entre sus pechos y sigue bajando el vestido hasta que su sujetador es completamente visible.
Preciosa.
Carol saca los brazos del vestido y observa excitada como Daryl besa el montículo de sus pechos y los aprieta con sus manos arrancándole suaves gemidos.
Lo siente volver a subir por su cuello, besar el hueso de su mandíbula y volver a reclamar sus labios.
Aprovecha para acariciar de nuevo su torso. Esta vez él no se tensa, está demasiado concentrado en devorar su boca y enredar sus dedos en los bucles de su cabello.
Ella decide deslizar su camisa por sus hombros y él gruñe contra sus labios cuando se ve obligado a dejar de tocarla para sacar los brazos.
No sabe hasta dónde puede llegar sin que él entre en pánico ¿Puede acariciar su espalda? Ya lo ha hecho antes; por encima de la camisa no hay problema, pero sobre su piel desnuda aún no está del todo cómodo. Mejor no tocar y centrarse en...
-Puedes tocar donde quieras -susurra Daryl contra sus labios al notar su duda.
La siente desplazar sus manos suave y lentamente hasta su espalda. Ese lugar que a lo largo de su vida sólo ha recibido golpes, pero eso ya acabó, sabe que ahora sólo sentirá besos, caricias y posiblemente el peso de una niña encaramada a su espalda y profundamente dormida tras un largo día de paseo.
Le gusta la suavidad de sus manos, la dulzura de sus movimientos y como acaricia sus cicatrices con naturalidad. No se asquea, no duda, no se tensa. El subidón de autoestima que siente ante su toque amoroso por ese lugar que tanto se ha esforzado en ocultar a lo largo de su vida es sorprendente.
Carol baja más allá de su ombligo para acariciar tentativamente la costura del pantalón, permitiendo así que se acostumbre a su toque. Jamás ha tocado más allá de su cadera, y si eso ya hace que se ponga nerviosa, el hecho de que las manos de Daryl estén empujando su vestido hacia abajo, no ayuda.
La prenda sortea la curva de sus caderas, donde se queda agarrada.
Una vez que siente la tela sobre sus pies sale de esta para librarse así de ella. Está en ropa interior frente a él. No es la primera vez que está en esa situación, pero la siente distinta.
Daryl vuelve a besar su hombro, morder el lóbulo de su oreja, lamer su cuello... se mantiene en esa zona, no va más allá, por lo que supone que está dándole tiempo y permiso para que haga lo que pretende hacer.
Agarra suavemente el cinturón del pantalón y lo desabrocha lentamente hasta que ambos extremos quedan colgados a cada lado emitiendo un suave tintineo.
Ahora viene lo difícil, el botón y la cremallera.
Roza sus nudillos por la entrepierna, notando así el abultado miembro que esconde dentro de esos pantalones.
Se muerde el labio deleitándose con el recuerdo de sentirlo dentro de ella.
Desabrocha el botón y baja la cremallera con cuidado, no quiere pellizcar algo que no deba.
Abre los ojos sorprendida y Daryl detiene lo que está haciendo para prestarle atención.
-No llevas ropa interior -gime contra sus labios cuando su miembro sale de su prisión y choca contra su pubis.
Él sonríe, divertido por su sorpresa.
No sabe si tocar ¿Puede? ¿Debe? Está segura de que la última vez que una mujer le tocó fue esa prostituta con la que prácticamente fue obligado a tener relaciones sexuales.
Sus pensamientos se ven interrumpidos por un movimiento de Daryl, que la empuja hacia atrás, viéndose obligada a caer sobre la cama, guiada por sus fuertes brazos.
Daryl observa y acaricia su cuerpo tumbado sobre las sábanas; sus piernas largas y suaves, el hueso de su cadera, su vientre firme. Hasta ese par de estrías que han quedado a cada lado de su cintura le parecen perfectas, sus pechos aún ocultos bajo ese sujetador, sus clavículas marcadas, su rostro enmarcado entre los mechones de su cabello que se derraman con gracia por la almohada...
-Estás preciosa -repite de nuevo.
Ella se sonroja, no sabe si por timidez o por el calor que hace en esa habitación, pero está adorable con las mejillas sonrojadas y esa amplia sonrisa de dientes perfectos que iluminan su cara.
La besa. Esta vez un auténtico beso: apasionado, necesitado y hambriento. Sus lenguas se entrelazan y mueven en una danza de pasión desmedida.
Daryl siente las manos de Carol por su espalda, su cuello, su rostro... y no puede evitar sonreír contra sus labios cuando se da cuenta de que lo único que siente es amor.
Mete la mano por la espalda de ella obligándola a arquearla y así poder retirar el sujetador y descubrir sus pechos.
La mira, y ella gira el rostro con la timidez de alguien que muestra su cuerpo desnudo por primera vez.
-Hey, mírame -la insta, tomando con cariño su barbilla para volver a hacer contacto visual -Preciosa -le repite sonriéndole con cariño, y ella le devuelve una sonrisa nerviosa.
Acaricia sus pechos sin apartar la mirada de ella, hasta que siente como vuelve a entregarse al placer.
Maldito Ed que hasta en los mejores momentos de su vida tiene que aparecer haciéndola sentir insegura. Espera poder borrarlo de sus recuerdos pronto.
De nuevo besa su cuello, sus clavículas, hasta llegar a sus pechos desnudos ¿Cuanto hace que no los prueba? Tiene que recuperar ese tiempo perdido.
Primero da suaves besos por alrededor, ignorando el pezón, pero arañándolo a conciencia con la barba. Sabe que lo siente, que le gusta, se retuerce bajo él y tira sin darse cuenta de su cabello.
La escucha susurrar un 'Lo siento' y siente como retira las manos de su cuerpo.
Él no dice nada, pero sabe por qué lo ha hecho: por temor a hacerle daño.
¿Daño? Bienvenidos sean los tirones de cabello y arañazos en la espalda como prueba de que está disfrutando
Agarra su muñeca y coloca su mano sobre su nuca, justo donde la tenía. Ella comprende y por propia voluntad lleva su otra mano sobre el hombro de él.
Carol jadea cuando Daryl da una rápida lamida sobre el pezón.
Siente como sus dientes arañan la delicada zona, y como con sus dedos tiran del otro pezón para estimular ambos a la vez.
Dios, ha pasado tanto tiempo desde la última vez que disfrutó del sexo que ya ni se acordaba de lo que era.
Traga saliva cuando la mano de Daryl baja por sus pechos, acariciando su vientre, rodeando su ombligo para finalmente perderse dentro de su ropa interior.
Gime y cierra los ojos al notar sus dedos sobre su clítoris describiendo círculos lentos y constantes que hacen que crezca su excitación.
Se atreve a abrir los ojos, y ahí está, sonriéndole con picardía, y no puede evitar sentirse tímida con la forma que él tiene de mirarla. Es curioso lo introvertido que es para todo y lo seguro que es para el sexo. Al menos en lo que a dar placer se refiere.
Mueve sus caderas al compás de esos dedos habilidosos que saben perfectamente lo que hacen.
Él se deleita con su rostro encendido. En como jadea y parece tener dificultades para respirar. Está tan húmeda que su miembro deja escapar un par de gotas de líquido preseminal impacientado por estar dentro de ella.
Pronto... pero primero hay algo que quiere hacer.
Vuelve a bajar por su cuello, no sabe cuantas veces ha paseado su lengua por ahí, pero le gusta, aunque a diferencia de su primera vez juntos procura no dejar marca alguna, al menos en zonas visibles.
Hace una visita rápida por sus pechos, sorbe ambos pezones y araña con los dientes antes de soltarlos, y todo esto sin dejar de acariciar su clítoris, dibujando círculos, dando golpes rápidos, haciendo cambios de ritmo que no le permiten llegar al orgasmo.
Lame su vientre y da suaves mordiscos por el camino hasta llegar al ombligo donde sorbe a consciencia en el hueso de la cadera buscando dejar marca, al tiempo que tira del elástico de las bragas para desnudarla por completo.
Ella respira de forma acelerada, permitiéndose calmar su pulso ahora que él tiene ambas manos ocupadas en retirar su ropa interior.
Daryl observa a la diosa que tiene desnuda bajo él ¿Puede ser más perfecta? Acaricia sus muslos con cariño, baja hasta su rodilla hasta recorrer completamente sus piernas, primero una y luego otra.
Vuelve a su centro de placer, para acariciarlo de nuevo, para así lubricar sus dedos y empezar a introducirlos en su interior. Primero uno, luego otro... y todo esto sin dejar de mirarla a los ojos.
-¿Quieres que siga? -pregunta al tiempo que bombea sus dedos en su interior, siendo excitantemente estrangulados.
Carol toma aire. Se siente húmeda, su cuerpo está lleno de besos, lamidas y dulces mordiscos, sus pezones completamente erizados se yerguen bajo una fina capa de saliva. Sobre su cadera un pequeño moretón cuya visión sólo la excita, y entre sus piernas un hombre que la mira expectante esperando respuesta a una pregunta que le ha hecho mientras sus dedos la penetran sin cesar.
-Sí -saca fuerzas para responder al fin.
Daryl sonríe.
-Pues no cierres las piernas ahora -pide.
Y sin sacar los dedos de su interior ni darle a Carol tiempo para respirar, deja caer la cabeza entre sus piernas para estimular el clítoris con su lengua.
La escucha jadear, quizás por sorpresa, por excitación o ambas cosas a la vez. Da igual, ella está disfrutando y eso es lo único que importa.
Dios... lleva deseando hacer eso desde el día en el que ella le confesó que él había sido en único que le había proporcionado tal placer. Mentira, lleva deseando volver a enterrar el rostro entre sus piernas desde ese 'eres un buen hombre' que le dedicó tras su primera vez.
Carol gime de placer por primera vez en mucho tiempo. En los otros encuentros sexuales que ha tenido con Daryl debió guardar silencio para que nadie la oyera ¿Pero ahora? ¡Que la oigan! Le da igual, está haciendo el amor con su prometido, está disfrutando y no tiene nada que esconder.
Arquea la espalda sin saber porqué, no controla sus movimientos, está perdida en el placer.
Su lengua jugando con su clítoris, arremolinándolo, lamiéndolo, rápido, lento, en círculos, arriba y abajo, más lento, más rápido; Sus dedos en su interior ¿Cuantos hay? ¿Dos? ¿Tres? No lo sabe, pero tampoco importa. Entran y salen de su interior cada vez más húmedo con fluidez. Cambia la velocidad, la fuerza de las embestidas, y de vez en cuando los arquea en su interior haciéndole sentir un desconocido placer.
Siente como su orgasmo se acerca. No quiere, desea que siga e intenta detenerlo.
Daryl siente como Carol intenta levantar las caderas y se estremece bajo él. Respira aceleradamente y gime... ¡Joder, como le excita escucharla gemir así!
Nota cono ella intenta retener su orgasmo, pero él necesita beber de su placer, saborearla, sentirla temblar...
Se detiene, besa sus muslos y sube hasta sus pechos para volver a estimularlos mientras que lucha con sus pantalones hasta llegar a quitárselos.
-Daryl... -gime Carol sin poder evitarlo.
Está sorbiendo los pezones con fuerza. Dedica unos segundos a uno, luego al otro, los aprieta con las manos... y mientras tanto su miembro está presionando contra su entrada.
Lo siente erguido y duro, y eso la excita aún más.
Daryl ha escuchado su nombre, ha gemido su nombre. Es tan hermoso escucharlo de sus labios... y tan excitante sentir como ella tira de su cabello y araña su espalda presa de su placer...
La besa, necesita besarla.
Tomarla de la nuca y acercarla a él y no dejarla escapar mientras sus lenguas se unen.
Araña con sus dientes sus labios y la mira.
-Déjalo ir -pide.
Baja sin distraerse por el camino y vuelve a enterrar su rostro entre sus piernas.
-¡Daryl! -grita por la sorpresa.
Le cuesta saber que está haciendo. Su lengua se mueve rápido. En círculos, la penetra... reforzando la sensación de placer con ayuda de sus dedos que entran, salen, pellizca el clítoris, suben hasta sus pechos, tira de sus pezones... y su boca sorbe con fuerza ese manojo de nervios que tortura dulcemente a su antojo.
Intenta cerrar las piernas, pero no puede, él no se lo permite.
Se muerde el labio inconscientemente cuando sus gemidos comienzan a aumentar y su vientre a tensarse con el orgasmo que está a punto de llegar.
Cierra el puño sobre la sábana, y con su otra mano toma el cabello de Daryl justo antes de que su orgasmo llegue en un grito de placer.
Daryl mantiene ahí, saciando su sed hasta la última réplica de su orgasmo.
Planta un dulce beso sobre su pubis y se arrastra hasta estar frente a su rostro encendido.
De nuevo sólo silencio entre ellos. El reloj sigue marcando las horas y el tic-tac de este es solapado por la respiración acelerada de Carol.
Daryl besa su mandíbula.
-¿Estás bien? -pregunta interesado.
Carol sonríe dejando escapar ruidosamente el poco aire que queda en sus pulmones ¿Que si está bien? Mejor que nunca.
-Muy bien, eso ha sido maravilloso -alaba
Toma su rostro para atraerlo hacia ella y besar sus labios.
Gime cuando siente su miembro presionar contra su muslo.
Tan perdida está en su propio placer que había olvidado por completo que él aún no ha terminado.
Mueve las caderas para corregir la posición y estar completamente alineados y presiona su talón contra los glúteos de Daryl para instarlo a entrar.
Daryl detiene el beso y la mira a los ojos para asegurarse de haber leído bien sus gestos.
Ella lo observa mordiéndose el labio con picardía. Lo mata cada vez que hace eso.
-Llevo más de un año sin hacer el amor -le recuerda. Teme no estar a la altura de sus expectativas.
Carol le sonríe con cariño.
-Yo también -susurra, y en su rostro puede ver su desconcierto ante sus palabras -Lo que hacía con Ed no se puede llamar hacer el amor, precisamente -aclara.
Él acaricia su rostro mientras la mira con ternura, deseando borrar el recuerdo de ese cerdo de un plumazo.
Desvía la mano hasta sus labios y recorre suavemente su contorno con su dedo pulgar mientras se introduce lentamente en su interior. Ganando terreno palmo a palmo sin dejar de mirarla a los ojos.
Ambos gimen ante esa sensación que tanto han extrañado.
-¿Estás bien? ¿Te hago daño? -pregunta sin poder controlar su voz excitada.
-No, todo lo contrario -gime.
Está dentro de ella. Lo siente, roza cada rincón de su interior.
Se mueve lentamente en una lenta danza, acomodándose, mientras acaricia sus labios y mantiene el contacto visual.
Casi había olvidado lo que era hacer el amor con Daryl. No duele, no está siendo forzada a ello, no hace que se sienta sucia, no hay insultos, amenazas ni vergüenza, y lo mejor de todo es que ya no tiene que preocuparse de ocultar su affaire, no hay ningún marido al que le deba fidelidad. Ahora sólo existe él.
-Te quiero -dice. Las palabras han escapado de sus labios.
Daryl sonríe y se inclina sobre ella para poder besar sus labios con la misma suavidad con la que mueve sus caderas.
-Yo también te quiero -susurra antes de desviarse hasta su cuello.
Le encantaría ir más rápido, necesita ir más rápido pero no quiere terminar, quiere estar dentro de ella el mayor tiempo posible.
Lucha por controlar el ritmo, pero el tiempo que lleva sin tener relaciones, la sensación de estar dentro de ella y escucharla gemir hacen que le sea imposible evitar acelerar sus embestidas.
Vuelve a fijar la vista en su rostro; Sus pupilas dilatadas de deseo; su boca entreabierta por la que escapan sus gemidos y suspiros de placer, sus mejillas encendidas fruto del calor o por la pasión o ambas cosas.
-¿Te he dicho ya que eres preciosa? -repite por enésima vez.
Carol ríe, y su risa se transforma en jadeo cuando él acelera sus movimientos.
Gime junto a él, perdida en sus movimientos, en el sonido del choque de sus cuerpos desnudos, es tan excitante todo...
Se va a correr, está cerca de eyacular pero no quiere terminar sin darle a ella un segundo orgasmo.
Sale de su interior en un rápido movimiento y vuelve a enterrar el rostro entre sus piernas y a penetrarla con los dedos.
-¡Daryl! Dios... -dice en un sonoro gemido cuando vuelve a sentir su lengua jugando con su clítoris, sus dedos entrando y saliendo, y su otra mano pellizcando sus pezones. Primero el izquierdo, luego el derecho. Izquierdo, derecho, izquierdo, derecho; lamidas rápidas sobre el clítoris, movimientos en círculos, arriba y abajo, hacia los lados, penetrándola junto con los dedos...; dedos entrando, saliendo, más rápido, más lento, arqueándose, uno, dos, tres, y entonces las primeras réplicas de su orgasmo llegan.
Daryl se aparta y se apresura en volver a introducir su miembro que en dos rápidas embestidas, y siendo ayudado por el orgasmo de Carol que lo estrangula con fuerza, libera todo su esperma en su interior, llenándola tras más de un año de espera.
Se miran a los ojos, jadeando a quemarropa, con su respiración agitándose al mismo son y sonríen. Una sonrisa exhausta pero satisfecha. Acaban de hacer el amor, están completamente desnudos, sudados y felices.
De nuevo el tic-tac del reloj es el único sonido en esa habitación.
Daryl mira a Carol, lo pensó la primera vez y lo sigue pensando ahora: está aún más hermosa tras el polvo.
Continúa dentro de ella, no quiere salir, lleva demasiado tiempo sin estar en su cálido interior. Le gusta.
-¿Estás bien? -pregunta, a lo que ella asiente mordiéndose el labio tímida -¿Te hice daño?
-No, para nada -asegura.
¿Daño? Le ha hecho de todo menos daño. Si las dos veces que hicieron en amor fueron experiencias espectaculares esta rompe todos los esquemas.
Lleva una mano al rostro de Daryl para retirarle un mechón de cabello y ver bien sus ojos.
-¿Tú estás bien?
Daryl asiente y se acaricia contra su mano. Está enamorado de su toque, del cariño y cuidado con el que acaricia cada parte de su cuerpo.
No sabe si la terapia sólo funciona con ella o si realmente ha superado su fobia y ahora podría dejarse abrazar por cualquier miembro de su grupo de amigos sin echarse a temblar. No le importa, con ella es suficiente, Carol es todo lo que quiere, no necesita más.
Le da un último beso antes de abandonar su interior de mala gana y se tumba junto a ella invitándola a acurrucarse sobre su pecho.
-Te quiero -susurra contra su cabeza.
Mira su mano apoyada sobre su vientre con ese anillo resplandeciente sobre su dedo.
-¿Seguro que quieres casarte conmigo?
Carol apoya la barbilla sobre su pecho para poder mirarle a los ojos y le sonríe con cariño.
-Segurísimo -responde contundente.
Trepa por su cuerpo hasta estar a la altura de sus labios y lo besa con dulzura.
Casarse con él es la mejor decisión que ha tomado en su vida, tras la de tener a Sophia.
Se vuelve a tumbar sobre su pecho y deja que el sueño llegue a ella, aunque duda que sea mejor que el que está viviendo.
Daryl entra en la casa rural tras haber comprado el desayuno en una cafetería cercana.
Fuera está lloviendo y hace frío , pero al momento entra en calor cuando ve a Carol de pie en el salón vestida sólo con su camisa.
Carol le sonríe arqueando una ceja preguntándose por qué la mira así, hasta que se da cuenta.
-Me he puesto tu camisa porque me ha despertado Sophia llorando y esto era más rápido de poner que mi vestido -explica -¿Sabes que el botón de la manga se desabrocha cada dos por t...
- ¡No vuelvas a vestirte con tu ropa nunca más! -interrumpe Daryl -Voy a llenarte el armario de camisas mías -dice haciéndola reír -¿Cómo está mamá, Sophia?
-'Apa' -responde al momento ella.
-Sí, muy guapa -murmura mirándola enamorado.
Recorta distancias con ella y la besa profundamente.
Le haría el amor ahí mismo de nuevo, pero Sophia está despierta y observa curiosa a sus padres.
El último día de esa escapada romántica lo pasarán en ese salón, con la chimenea encendida, escuchando llover, jugando con su hija y aprovechando las horas de siesta de Sophia para dar rienda suelta a su amor.
9 meses
Sophia aguanta cada vez más tiempo de pie, le ha cogido el gusto a vaciar los muebles que están a su altura, canta cuando escucha música, y empieza a hacer tonterías sólo para hacer reír a sus padres.
Carol sale de la ducha envuelta en una toalla ajustada a su pecho.
Mira a Daryl sentado en la cama concentrado con algo en su teléfono móvil. Seguramente estará buscando piezas para una moto que está reparando para él. Su jefe se la ha dejado a buen precio, no funciona, hay mucho que arreglar, pero según Daryl merece la pena hacerlo.
Toma aire antes de hablar.
-Daryl, hay... hay algo que me gustaría consultarte -dice visiblemente nerviosa.
Daryl arquea una ceja interrogante y deja lo que está haciendo para centrar toda su atención en ella. En ella y en su cuerpo desnudo bajo esa toalla.
-Dime -la invita a sentarse a su lado, pero ella se mantiene de pie.
-Yo... es que... -Saca del cajón de su mesita un papel y se lo muestra -E... Están buscando a alguien licenciado en turismo y que hable varios idiomas para trabajar como guía turístico -informa temerosa.
Daryl lee el papel, es una buena oferta, buen horario,buen sueldo, cerca de casa y Carol da perfectamente el perfil.
No entiende el nerviosismo de ella.
Carol se muerde el labio y juega con sus dedos antes de atreverse a lanzar la pregunta.
-¿Puedo presentarme a la entrevista?
Y entonces Daryl comprende: está nerviosa porque teme que él no le de permiso.
Deja el papel de la oferta de trabajo sobre la cama y estira los brazos para tomar las manos de ella y así atraerla hasta él.
-Vuelve a darme la noticia recordando que yo no soy Ed -pide, pero ella parece no comprender.
La atrae más hacia él hasta que ella está a horcajadas sobre sus piernas.
-Lo que tienes que decirme es... -Comienza a desanudar la toalla -'Daryl, voy a presentarme a una entrevista de trabajo'.
Carol sonríe, pero no puede pensar y mucho menos hablar cuando tiene a Daryl acariciando su piel desnuda.
-Y entonces yo te diré: Eres la persona más inteligente que conozco, seguro que te elegirán -murmura contra sus labios.
Carol niega con la cabeza.
-Llevo muchos años sin trabajar, tengo poca experiencia y habrá gente joven que...
Daryl la calla con un beso.
-Te elegirán, estoy seguro -vuelve a besarla -Muy seguro.
Retira la toalla de su cuerpo y la observa. Es increíble con qué facilidad consiga excitarlo.
-¿Te apetece hacer el amor o prefieres que me detenga? -pregunta acariciando con cariño su cintura.
Michonne sabe que ya ha tenido relaciones con Carol, lo felicitó, lo animó a seguir reforzando su autoestima y le dio unas pautas para con Carol a la hora de intimar; Preguntarle o asegurarse si desea tener relaciones. Como mujer maltratada está acostumbrada a ceder a los deseos de un hombre le apetezca o no; Dejar que también sea ella quien lleve el control en el coito, que marque el ritmo y no sea siempre el miembro pasivo como seguramente pasaba con Ed.
Carol lo besa como respuesta y se deja llevar, está completamente desnuda sobre él y puede sentir perfectamente su erección, lo que la excita de forma casi vergonzante, y la forma que él tiene de besarla, acariciarla y tocar, lamer o morder cada parte de su cuerpo que tiene a su alcance, hacen que esté condenadamente húmeda.
Daryl tira del elástico de la cintura de su pantalón para liberar su miembro que está desesperado por estar dentro de ella.
Carol se congela cuando siente la punta roma de su pene contra su entrada.
-Es... es la primera vez que lo hago en esta postura -avisa avergonzada.
Jamás ha tenido el control en nada a lo largo de su matrimonio, y mucho menos en el sexo.
Daryl acaricia con cariño su mejilla.
-Yo sí, y no me gustó, pero sé que contigo será distinto -revela.
Durante su primera vez él no decidió nada. No quería acostarse con aquella mujer, no quería que le tocara, ni que le besara, ni que le hiciera una felación, sólo quería irse a casa. Pero no culpa a esa mujer de lo sucedido, ella sólo hacía su trabajo, su padre pagó para que él fuera desvirgado y ella cumplió con lo pedido.
Está nervioso, no está acostumbrado a ceder el control en el sexo, pero quiere hacer esto por ella.
Carol sonríe comprensiva.
Se deja caer lentamente siendo guiada por Daryl que sujeta sus caderas, hasta que él está completamente en su interior.
Respiran a quemarropa con sus frentes apoyadas una contra la otra.
Carol se mueve lentamente, arriba y abajo, con movimientos torpes y tímidos al principio, pero poco a poco va tomando confianza describiendo un pequeño círculo cuando llega al final para recolocar sus caderas, movimiento que hace gemir a Daryl, por lo que lo repite en cada bajada.
Daryl la mira fijamente a los ojos, aún no se cree la suerte que tiene.
Le encanta como su cabello enmarca su rostro, como gime con la boca entreabierta, se muerde el labio y como acaricia sus hombros mientras los utiliza como punto de apoyo.
Se pierde, sus movimientos son hipnóticos.
Ha soltado sus caderas para darle libertad de movimiento y se dedica a acariciar sus pechos en busca de darle placer.
Arquea la espalda para llegar hasta ellos y estimularlos con su boca.
Carol gime cuando su lengua dibujar círculos sobre el pezón y siente la necesidad de acelerar el ritmo.
-Dios -gime él. Siempre le ha gustado llevar el control, ignorando lo placentero que es ser a quien le tome por sorpresa las decisiones de quien lleve el ritmo, como ahora con esos movimientos rápidos que realiza Carol sobre él.
Agarra su trasero, pellizcando sus nalgas con fuerza pero sin interferir en los movimientos de ella.
Busca sus labios y la besa apasionadamente, gimiendo contra su boca cuando siente sus paredes pulsando sobre él, y su miembro se rinde ante ese dulce estrangulamiento y se deja ir también.
Carol desacelera el ritmo hasta que simplemente se mece sobre él, permitiendo que su miembro expulse hasta la última tira de esperma en su interior.
Respira acelerada sobre él, y simplemente se sonríen mientras sus pulsaciones vuelven a la normalidad.
-¿Estuvo bien, no? -pregunta tímida.
Daryl la besa como respuesta y gruñe cuando la hace girar sobre su espalda para colocarse sobre ella.
La mira con picardía y saca medio cuerpo de la cama para llegar al último cajón de la mesita de noche.
-¿Qué haces? -pregunta Carol extrañada, apoyada sobre sus codos para observar.
-Pues... lo que llevo queriendo hacer desde que descubrí este chisme por accidente -informa sacando el vibrador.
Carol abre mucho los ojos cuando lo enciende y acaricia su cuerpo con él, pasando por sus pechos haciendo que sus pezones se ericen, bajando por su vientre, sorteando sus caderas, perdiéndose entre sus muslos y finalmente las vibraciones llegan a su clítoris, haciéndola gemir de nuevo.
Daryl observa su rostro entre excitado y tímido. Le encanta.
Es la primera vez que utiliza un juguete sexual, pero desde que lo descubrió en su día no ha dejado de fantasear con la idea de hacer lo que está haciendo ahora mismo.
Desliza el objeto fálico más abajo, y lo introduce lentamente en su interior, metiéndolo y sacándolo lentamente. Entra limpio y sale cubierto por el semen que minutos antes expulsó en el interior de Carol.
Le excita ver esa imagen.
Se pregunta si lo habrá utilizado últimamente, si pensará en él o en algún tipo de fantasía. Está a punto de abrir la boca para obtener respuestas pero decide callar. Quizás a ella le de vergüenza hablar de esos temas, quizás piense que le va a regañar por utilizar eso teniéndole a él... No, no quiere arriesgar, ella está disfrutando y él de nuevo está listo para otro asalto.
Se deja caer para enterrar el rostro entre sus piernas, mientras continúa metiendo y sacando ese cacharro.
Sus gemidos se vuelven más sonoros, su cuerpo se tensa, y aunque él no puede sentirlo, sabe que acaba de llegar a su clímax.
Apaga el vibrador y lo mira. Sí que obtienes resultados rápido con esa cosa.
Ella intenta esconder el rostro entre sus manos tímida y susurra un lo siento.
Daryl arquea una ceja.
-¿Me estás pidiendo perdón por tener un orgasmo? ¡Es lo que pretendía que pasara¡ -la tranquiliza él, que sube por su cuerpo hasta encontrarse con sus labios -Además... me alegro de que haya sido rápido, no sabía cuanto más iba a aguantar -confiesa, y comienza a adentrarse en su interior por segunda vez.
Ella gime y sonríe contra sus labios.
-Creo que tendré que ducharme otra vez -jadea.
-Tendremos que ducharnos otra vez -corrige él que se mueve lento, sin prisas, disfrutando de cada gesto de ella mientras hacen el amor.
Ha perdido la cuenta de las veces que han tenido relaciones desde esa primera vez en San Valentín. Supone que es bueno, ha recuperado el tiempo perdido.
Daryl espera impaciente en un parque de la plaza junto a Sophia. Ha pedido un día de asuntos propios para estar con ella ¿La razón? Carol tiene la entrevista de trabajo y no quiere dejarla sola. Si sale desanimada de la entrevista quiere estar ahí para apoyarla, y si sale entusiasmada quiere ser el primero en abrazarla.
-¿Te gusta el tobogán? -pregunta a Sophia que está agarrada a la escalera para mantenerse de pié.
Ella le sonríe mostrando sus cuatro dientes que le dan un divertido aspecto de traviesa.
Le devuelve la sonrisa.
En tres meses cumplirá un año.
Un año de esa primera vez que la tuvo en brazos, un año que se convirtió en padre...
Han cambiado tantas cosas en ese tiempo... ha pasado de importarle una mierda la vida e incluso querer morirse a desear vivir eternamente junto a los dos amores de su vida.
Es padre, está prometido, tiene un trabajo honrado y estable, casa propia, auténticas amistades, no fuma, no bebe, está superando su fobia a ser tocado, se ha librado de toda relación tóxica y está con una mujer maravillosa, culta, divertida, amable, dulce, simpática y preciosa ¿Qué más puede pedir?
-Mamá -Grita Sophia que señala torpemente hacia la carretera.
Daryl sigue su dedo. Efectivamente, es su madre. Últimamente parece que empieza a comprender el significado de las pocas palabras que utiliza.
Toma a Sophia en brazos y espera nervioso a que Carol cruce la carretera y llegue hasta ellos.
Intenta leer su rostro que normalmente es un libro abierto, pero no sabe muy bien como interpretar esa sonrisa. ¿Está feliz por verlos? ¿Es una falsa sonrisa? ¿Fue genial la entrevista?
-Hola -saluda ella al llegar a su altura.
Le mira mordiéndose el labio y agarrando la correa del bolso nerviosa.
Daryl ladea la cabeza interrogante.
-¿Y bien? ¿Cómo ha ido?
-Pues... bien, muy bien... me han dado... -abre el bolso -estos datos que debo aprenderme para hacer la visita guiada y... -se encoge de hombros -empiezo el lunes.
Daryl mira esa sonrisa amplia y se ve contagiado.
-¿Te han elegido? ¿ya? -ella asiente, radiante -¡Lo sabía! ¿Te lo dije o no te lo dije? Si es que eres... -la besa por sorpresa -eres perfecta -susurra contra sus labios.
Carol devuelve el beso.
Aún no se lo cree. Entregó el currículum unos días atrás, la llamaron ayer y pensaba que hoy iba tener la entrevista junto con otros candidatos y que ya la llamarían en caso de ser elegida, pero no, era para decirle que el puesto es suyo, y mas feliz, entusiasmada y nerviosa no puede estar.
Está deseando volver a trabajar, ganar su propio dinero y sentirse útil para la sociedad.
-Tengo trabajo -susurra contra su pecho aún sin creérselo.
10 meses
Carol llama a la puerta de la guardería para recoger a Sophia.
Pensó que le iba a costar adaptarse a ella, que lloraría por sus padres, pero no, todo lo contrario, llora porque no quiere irse, y Carol lo agradece, le costaría la vida irse a trabajar sabiendo que deja a su niña llorando desconsolada.
-Hola mi amor -saluda a Sophia que sale en brazos de su cuidadora con Pookie entre sus brazos.
Ella sonríe medio adormilada y deja caer la cabeza sobre el hombro de su madre. Jugar tanto la agota.
Desde que empezó a trabajar han tenido que adaptarse a ese nuevo ritmo de vida.
Es Daryl quien lleva a Sophia a la guardería, ya que ella entra más temprano que él, pero Daryl sale más tarde, así que es Carol quien la recoge.
Mete a Sophia en su cochecito y se dispone a caminar hasta casa.
Lo bueno de que tanto su trabajo como la guardería estén tan cerca del hogar es que puede ir caminando. Cuando Daryl termine de arreglar la moto ya podrá disponer de la vieja camioneta, y cuando consiga ahorrar un poco quizás compre un monovolumen y jubilen ya ese viejo trasto.
'Ahorrar' le suena tan extraña esa palabra... lleva tanto dependiendo del dinero de otra persona... y con Daryl al menos tenía libertad, pero con Ed... tenía que seguir la lista de la compra a rajatabla, entregarle el ticket a la vuelta y más le valía que no faltase dinero o gastase de más.
Ahora tiene un sueldo, cuenta bancaria propia y ya recibió su primer pago, con el cual se ha comprado su smartphone y pagado a medias la hipoteca y los gastos de la casa junto a Daryl.
Está enamorada de su trabajo, le encanta hacer visitas guiadas, hablar en varios idiomas, responder preguntas, hacer uso de todo lo que ha estudiado y aprendido a lo largo de su vida y sobretodo le encanta sentirse realizada.
Sus compañeros son muy agradables, almuerzan juntos, charlan entre visita y visita e incluso la invitaron a cenar un día, y ella como una estúpida le pidió permiso a Daryl que de nuevo le dijo 'No soy Ed'.
Le jode no poder librarse del todo de ese idiota, ansía que llegue el día en el que su alargada sombra ya no influya sobre ella y que tener libertad para tomar decisiones no sea algo que le resulte tan extraño. Pero quitando eso, está feliz, muy feliz. Mejor no puede irle la vida.
Daryl llega a casa y un delicioso aroma seduce a su olfato.
Entra sigilosamente hasta llegar a la cocina donde Carol está haciendo galletas.
-Huele bien -dice rodeándola con sus brazos por detrás -¿Qué tal tu día? -pregunta como si no lo supiera.
Le da vergüenza admitirlo, pero se escapa en sus ratos libres para visitarla a su trabajo. Se coloca al final del grupo y realiza la visita junto a un grupo de españoles, franceses, japoneses... No entiende lo que dice Carol, pero le da igual, sólo quiere verla.
Procura mantenerse lejos de su campo de visión para que no se ponga nerviosa o piense que la está controlando, cuando lo único que lo mueve allí es el amor y orgullo que siente por ella.
Carol mira hacia atrás en busca de un beso.
-Muy bien, he podido practicar mi alemán que lo tenía un poco oxidado ¿Y tú que tal?
Así que ese era el idioma de hoy: alemán.
Daryl se encoge de hombros.
-Lo de siempre, nada que destacar.
Observa como Carol coloca la última galleta en la bandeja y espera paciente a que la meta en el horno.
-Te he comprado un regalo -informa.
Carol se gira curiosa, y es entonces cuando ve la bolsa que cuelga de su muñeca.
-¿A mí? ¿Por qué?
Daryl saca una caja rectangular de la bolsa.
-Es el día de la madre -dice algo avergonzado ¿Se habrá equivocado de fecha? No... no puede ser, ha visto anunciar ese día en televisión y marquesinas de autobuses. Es hoy.
Carol se maldice por haber olvidado ese día. Su primer día de la madre.
Abre la caja con cuidado y se muerde el labio emocionada al ver el interior.
Se trata de una pulsera de plata con un corazón con la palabra mamá grabada y que tiene un pequeño hueco en su interior también con forma de corazón, pero ese trozo faltante está en otra pulsera adherida a esta y tiene una S grabada en su interior.
Eso es Sophia para ella, un trozo de su corazón que escapó de su interior y sin el que no podría vivir.
-Es preciosa, Daryl -musita buscando su voz
Se acerca a él para que le ayude a abrocharla.
-Me alegro de que te guste -dice mirándola a los ojos -Eres la mejor madre del mundo -susurra. Busca sus labios para besarla brevemente, está demasiado sucio como para dedicarle más tiempo -Deja que me de una ducha y vuelvo a por ti -amenaza dulcemente y marcha de allí sonriente.
Ahora que Carol trabaja y que él no lleva toda la carga económica a su espalda puede permitirse tener más detalles con ella.
Once meses
Sophia camina, y es increíble lo rápido que va. Lo recorre todo.
-¿Dónde está mamá? -pregunta Daryl que graba con su móvil a su pequeña buscando a su madre por todo el salón.
Aún no se lo cree ¡Ya anda! Y es de lo más cómico verla caminar con ese cuerpecillo que tiene y ese culo respingón que le hace el pañal.
Sophia abraza a Pookie con fuerza mientras mira a su alrededor.
-¡Mamá! -grita al levantar la cortina en la que su madre se había escondido minutos antes, pero ahí no está.
Pasa por delante de la mesa camilla y unas manos salen bajo el mantel de esta.
-¡Te pillé! -exclama Carol agarrando a la niña que rompe en carcajadas.
La estrecha contra sus brazos y le da un sinfín de sonoros besos en la mejilla.
Sophia lucha para librarse del agarre de su madre, sólo quiere caminar, por lo que Carol la deja ir.
-¡Papá! -grita al llegar a su padre y agarrarse a sus rodillas. Lo mira sonriente.
Daryl deja de grabar y la mira enternecido por como pronuncia esa palabra. Ya no llama papá a todo lo que se cruza en su camino, es sólo él, y ama esa palabra.
Siente un peso a su lado, es Carol que al fin salió de debajo de la mesa y ahora observa junto a Daryl a la belleza que han creado juntos.
-Deja de mandarme esa imagen -amenaza Daryl a Tara a la cual está viendo por videollamada.
Tara finge no saber.
-¿Cual? ¿La del negro del Whatsapp?
-¡Sí, esa! -se exaspera -es vergonzoso intentar enseñar una foto de Sophia a mis compañeros de trabajo y tener que navegar entre pollas para localizar una.
Tara se echa a reír.
-Vale, tranquilo, no más pollas.
-¿De qué habláis? -pregunta Carol entrando al salón con Sophia en brazos.
-De pollas -se adelanta Tara.
Carol arquea una ceja y mira a Daryl en busca de una explicación más lógica.
-Esta tía, que no para de enviarme al maldito negro del Whatsapp o como se llame -gruñe Daryl.
-¿Negro del Whatsapp? -pregunta Carol aún sin entender nada.
-¿No sabes quién es? -pregunta incrédula Tara. Carol niega -¿Cómo puede ser que aún no te lo hayamos enviado? ¡No te muevas! -ordena.
-¡No, ni se te ocu...
Demasiado tarde, Tara ha colgado y el teléfono de Carol vibra entre sus manos.
Se echa a reír cuando ve la forma tan exagerada que tiene de abrir los ojos y tapar los de Sophia.
Carol oculta la pantalla del móvil tímida y mira a Daryl.
-¿Esto es real? -pregunta en un susurro como si lo que acabase de ver fuese algo prohibido.
Daryl bufa.
-Yo espero que no, me deja en muy mal lugar -bromea abrazándola y estrechándola contra él.
-Tara ha llamado para avisar de que el próximo finde vendrán todos -informa.
Carol sonríe ampliamente
-¿De verdad? ¡Qué ganas! -exclama entusiasmada. Habla mucho con ellos por Whatsapp, pero no es lo mismo.
Ya está contando los días que faltan para volver a verlos.
Carol despierta cuando los primeros rayos de Sol se cuelan por la ventana.
Sonríe cuando siente el miembro de Daryl presionando contra su trasero.
Se muerde el labio. Sabe que está dormido, que él no es consciente de ello, pero aún así no puede evitar excitarse.
Quien la ha visto y quien la ve, con el asco que sentía cuando Ed le hacía eso mismo.
Daryl se gira para desilusión de ella, por lo que ella hace lo mismo y se acurruca sobre su pecho.
Acaricia su torso, su abdomen, pasa sus dedos por la cicatriz de la puñalada que le propinó Ed en la cárcel. Odia a ese monstruo.
Mira como su pene continúa en erección estirando la tela del pantalón.
Estira la mano y la deja flotando a escasos centímetros de donde se adivina el glande.
Le encantaría tocarlo, darle placer como él hace con ella, pero no sabe si...
-Puedes tocar si quieres -murmura Daryl adormilado mirando con un solo ojo.
Odia que reprima sus deseos por temor a su maldita fobia. Aunque no esté del todo seguro, aunque no pueda evitar tensarse y ponerse nervioso, ha ganado la suficiente seguridad como para confiar en Carol y saber que ella no le hará daño.
Carol se asusta ante su voz y esconde la mano bajo su pecho, hasta que analiza su frase ¿Le acaba de dar permiso? Sonríe.
Vuelve a sacar la mano y acercarla al tiempo que Daryl libera su pene de esos pantalones. Le encanta esa visión. Verlo tan erguido y poderoso, a sabiendas del placer que puede darle...
Acerca sus dedos hasta acariciar con suavidad el glande. Es suave y blando a diferencia del resto. Dibuja un pequeño círculo con el pulgar sobre la cabeza del pene al tiempo que va colocando el resto de dedos alrededor del tronco, abrazándolo y así comenzar a masturbarle.
Mira a Daryl en busca de aprobación.
-¿Hay algo que se te de mal? -gime Daryl.
No va a mentir, se ha tensado en un primer momento. Es la primera vez que Carol acaricia esa zona y no sabía que esperar, la primera y única vez que se lo hicieron no le gustó, pero ahora... esas manos son mágicas. Sabía que en cuanto ella comenzara a tocarle toda su tensión se iría.
Abre mucho los ojos al notar a Carol moverse por el colchón hasta colocarse entre sus piernas.
-¡Espera! -grita colocando su mano entre su pene y el rostro de Carol.
-No... no tienes que hacer esto, de verdad -informa mirándola a los ojos para que vea la verdad en ellos.
No quiere que haga algo que no desea. La de veces que se habrá visto obligada a ello... Maldito Ed.
Carol se lame los labios con timidez y asiente cohibida.
-Yo... quiero hacerlo, de verdad, pero si tú no quieres pues me quito, de todos modos Ed decía que lo hacía mal, así que...
-Sí quiero -se apresura a decir. Sus palabras han salido casi sin pensar al escuchar el nombre de ese imbécil, y además, si sentir las manos de ella fue tan placentero, sentir sus manos debe ser...
-Madre mía -gime cuando sus labios rodean su miembro y este va ganando terreno en el interior de su boca.
Es una sensación maravillosa, la presión perfecta que hace, como su mano se mueve al contrario que su boca, cuando una sube la otra baja.
La observa, su rostro está oculto tras su cabello, y él siente la necesidad de retirarlo.
Ella se tensa cuando siente la mano de él sobre sus bucles, pero al instante se relaja cuando se da cuenta de cual es su intención. Supone que Ed la habrá forzado tantas veces contra su ingle...
-Mírame, por favor -pide. Necesita ver sus ojos.
Carol alza la mirada mirándole con ese cielo despejado que tiene por ojos.
Le excita sobremanera esa imagen, y ella habrá debido notarlo, porque acelera el ritmo tal y como él estaba necesitando.
Jadea, y se muerde el labio disfrutando de la sensación de ella con el rostro entre sus piernas, su boca y mano abrazando su pene, llevándolo hasta el fondo y sacando hasta el límite de sus labios para lamer el glande.
No puede más.
-Mi amor, tienes que parar si no quieres que... -jadea, pero ella sigue -No voy a aguantar mucho más -avisa, pero ella sigue sin hacerle caso -Carol ¿Me escuchas? si no quieres que termine en tu boca tienes que...
Ella toma su mano como prueba de que le está escuchando perfectamente y que desea seguir, por lo que Daryl se relaja y se limita a gemir mientras continúa observándola, hasta que no puede más y llega a su clímax entre jadeos.
Carol se mantiene ahí hasta que termina de eyacular. Cuanto odiaba eso con Ed, asco es lo único que sentía, ¿Pero ahora? se encuentra de lo más excitada sabiendo lo que ha conseguido.
Mira a Daryl que la mira con la boca entreabierta.
-¿Y Ed decía que lo hacías mal? ¡Valiente gilipollas! -gruñe exhausto -Ven aquí anda -la invita a acercarse a él y le da un profundo beso en los labios para sorpresa de ella.
La mira pícaro.
-Me toca -dice, y gira a Carol sobre su espalda para poder enterrar el rostro entre sus piernas.
Carol sonríe y disfruta de ese placer que él le ha descubierto.
-Vamos, arranca, trasto inútil -gruñe Daryl que lleva toda la mañana del sábado arreglando la maldita moto.
El motor emite un potente rugido que se apaga a los pocos segundos.
Daryl resopla.
-Mierda.
Camina por alrededor en busca de un trapo con el que poder limpiarse sus manos grasientas y mira el vehículo con el ceño fruncido. Empieza a pensar que está perdiendo el tiempo.
-¿Sigue sin arrancar? -pregunta Carol que sale por la puerta de la entrada con Sophia en brazos.
Daryl la mira y al instante su sangre baja a su entrepierna.
-¿Y ese vestido? -pregunta mirándola de arriba a abajo.
Es un vestido primaveral color celeste con un estampado de flores y con bastante vuelo. No es la primera vez que la ve con un vestido, pero nunca tan alegre y que convine tan a la perfección con sus ojos y esa sonrisa que no se borra de su rostro.
Carol se sonroja.
-¿Te gusta? Lo compré ayer.
-Estoy deseando quitártelo -dice con sonrisa canalla.
Se maldice por ser más grasa de motor que hombre, no puede ni darle un casto beso sin mancharla.
Carol se muerde el labio disfrutando de esa idea.
-Voy a salir a comprar para preparar algo rico para los chicos ¿Quieres venir? -pregunta.
Daryl se mira, mira la moto y vuelve a mirar a Carol.
-No... voy a seguir con este trasto a ver si consigo que arranque de una put... -mira a Sophia- ...de una vez -corrige procurando controlar esa bocazas que tiene.
Carol mira a Daryl de arriba a abajo y chasquea la lengua. No hay parte de su cuerpo que no esté manchado ¡Hasta detrás de las orejas tiene roña! y aún así lo encuentra de lo más atractivo.
-Creo que te daré un manguerazo cuando vuelva -bromea, y le da la espalda lista para marcharse de allí.
-Yo sí que te voy a dar un manguerazo -murmura para sí, relamiéndose con la idea de arrancarle ese vestido y hacerle el amor en cualquier rincón de la casa.
Se sonroja hasta las orejas cuando escucha a Carol reír ¡Lo ha oído!
Se gira para mirarla, sólo para encontrarla a un palmo de él dispuesta a besarle.
Carol planta un suave beso en los labios de ese sucio hombre.
-Estoy deseando que lo hagas -dice sensual, y vuelve a besarlo -Te quiero mucho -se despida antes de darle la espalda.
-Yo también te quiero -susurra Daryl sonriente y las observa caminar hasta el coche. Sophia le mira por encima del hombro de su madre agitando la mano diciéndole adiós y pronunciando 'papá' sonriente.
Daryl le devuelve el saludo y le lanza un beso para que ello lo imite. Se derrite cada vez que hace eso.
Sigue el coche con la mirada hasta que lo pierde de vista al tomar la esquina y suspira, su familia es preciosa
Las horas pasan, y ellas no vuelven.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo :)
Muchas gracias por vuestra paciencia, ya falta poco para terminar esta historia.
