Capítulo 4
"Sangre en Equestria"
- Queridos delegados de Equestria, amigos míos, miembros de la realeza y del Alto Mando, estamos reunidos para discutir sobre el recuento de daños y pérdidas sufridas durante las nevadas, también para dar un aviso muy importante.
- ¿Y qué será? – Le respondió Shinning muy enojado.
- ¡Silencio! – Le gritó Luna.
- Tranquilos, los dos. Ahora para empezar quiero que cada uno me dé un recuento de lo que padeció. Delegada Silver Air ¿Su informe por favor?
- Bueno, Corcel York experimentó daños en múltiples depósitos de comida y suministros debido a los saqueos, al menos tres edificios fueron incendiados y estimamos un aproximado de al menos ciento treinta y cuatro ponys heridos y al menos sesenta y ocho muertos debido al frío y a la falta de comida.
- De acuerdo, ahora por favor Delegado Thunder Horse, su informe sobre Las Pegasus.
Durante varias horas los delegados de todo el reino estuvieron exponiendo los padecimientos que habían sufrido en este atroz invierno y cada vez que mencionaban el número de ponys fallecidos a Celestia se le empañaban los ojos en lágrimas y al escuchar la cantidad de ponys fallecidos en Yeguadelfia (seiscientos muertos) no pudo evitar derramar una lágrima, pero siguió escuchando a los delegados hasta el final. Cuándo escuchó el reporte de Luna sobre Ponyville que no fue tan grave (sólo tres muertos) concedió quince minutos de descanso para darles el anuncio y concluir la reunión.
- Cielos, no puedo creer que todo esto haya pasado en sólo dos meses de invierno en Equestria.
- Es terrible, casi dos mil ponys muertos – Pinkie había salido de la reunión con su melena desinflada y claramente se le notaba muy triste. - ¿Cómo es que nuestro reino ha caído así?
- Pronto lo sabremos Pinkie – La confortó Rainbow dándole palmaditas con su ala sobre la espalda.
- Vayamos por un poco de agua.
El resto del tiempo las chicas trataron de mejorar sus ánimos contando chistes o tratando de reírse de los disparates que causaba Discord pero lo dicho en la reunión las había afectado.
Pasados los quince minutos, Celestia volvió a llamarlos pero a medida que los Delegados entraban, empezaban a ocurrir cosas extrañas en la ciudad. Por la ventana se podían ver una cantidad increíble de ratas por los tejados o saliendo de los recovecos y vapores de color verde emanaban de las cloacas.
Celestia comenzó a preocuparse pero Luna no le veía mucha importancia a estos sucesos.
- Hermana debemos terminar la sesión, ¿Qué miras?
- La ciudad, nunca había visto tantas ratas saliendo de sus escondites al mismo tiempo, algo extraño está sucediendo.
- ¡Asqueroso! Ordenaré a los exterminadores acabar con la plaga una vez terminemos la reunión.
- ¡Hermana escúchame! Se acerca algo muy peligroso, puedo sentirlo.
- Sí, es cierto – Luna comenzaba a mostrarse muy nerviosa – Puedo sentir energías oscuras, pero ninguna que hayamos enfrentado se le acerca.
- ¿Aún crees que Chrysalis es la culpable?
- Debemos salir de Trottingham, todos.
Pero antes de que Celestia y Luna entraran a la sala sonó la alarma de emergencias, los ponys que estaban en la calle no entendían lo que pasaba y un guardia que no había entrado miró extrañado a las princesas pero se preparó para luchar.
- ¡Sargento Terbron High! Lidere un escuadrón de nuestros guardias y averigüe lo que está pasan…
Saliendo del techo y con apenas tiempo para reaccionar, un cuchillo salió disparado contra el cuello de Celestia quién usó un escudo para bloquearlo, y de la nada diez figuras encapuchadas descendieron de las vigas del techo.
No eran muy grandes, apenas del tamaño de un pony normal pero a Celestia se le erizaban el pelaje con sólo verlos.
- ¡Princesas entren al salón! ¡Guardias!
- No podrán venir tonto. – Le habló el sujeto que iba en medio y dando una cabeceada a uno de sus colegas se dirigió a la puerta, la abrió y de ella cayeron los cadáveres de los guardias.
- ¡¿Qué?! ¿Quiénes son?
- Lo último que verá – Tras pronunciar sus palabras los enemigos se lanzaron contra Celestia y Luna pero un terrible rugido los hizo detenerse.
La puerta del salón se abrió de golpe y de ella salió Discord, pero ya no presentaba su clásica actitud de bufón, parecía un dragón enfurecido. Discord lanzó un torrente de su magia contra los hostiles pero ellos simplemente los esquivaron con gracia y agilidad, detrás de Discord llegó Cadence, Shinning Armor, Starlight y sus amigas.
Al verse superados en número, los asesinos se envolvieron en sus capas y huyeron a través de las ventanas sin que el resto pudiese detenerlos. Pero cuándo el último de ellos se fue, comenzaron a escucharse explosiones en la ciudad y los ponys comenzaban a huir desesperados por la calle.
- Tenemos que irnos ahora, usen su magia para tele portarse a la estación de tren.
- ¡Princesas, al parecer quedan cuarenta guardias vivos! Se reportan al resto muertos.
- ¡Oh no!, Sargento asegúrese de evacuar a la población civil con ayuda de la policía, debemos…
¡BOOOM!
Una alcantarilla acababa de explotar, de ella cientos de gigantescas ratas comenzaron a salir blandiendo lanzas y espadas, algunas llevaban armaduras y otras iban con andrajos, varias más iban envueltas en túnicas de color verde, unas pocas llevaban un gigantesco tubo en las manos y un segundo en la espalda tenía lo que parecía ser una especie de caldera.
Celestia horrorizada sólo veía como estos seres se lanzaban desenfrenadamente contra los ponys que estaban en las calles y los mataban sin compasión, unos pocos momentos después el resto de las alcantarillas comenzaron a explotar y de ellas salían más guerreros ratas.
- ¡Debemos ayudarlos! – Celestia trató de usar su magia para bloquear las alcantarillas pero su cuerno no le respondía.
- ¡Qué es esto! ¡No tengo magia!
- ¡Yo tampoco! – Le contestó Luna al tratar de hacer el mismo hechizo que Celestia.
- ¡Nadie tiene magia!
- Se olvidan de mí. – Anunció Discord y chasqueó los dedos. En un parpadeo todos los que estaban a su alrededor se vieron rodeados por un gigantesco escudo mágico.
- Debemos irnos ahora, no quería hacer un escudo pero lo que les impida hacer magia, también está afectando mi poder, así que no creo que el escudo dure para siempre.
- No podemos dejar a los civiles a su suerte, ¡Los están masacrando Discord! – Le gritaba Celestia.
- Princesa, no puedo salvar a todos, debemos irnos, y dado a que en estos momentos ir por la calle es suicidio debemos irnos volando. Los que tengan alas deben llevar a alguien encima.
De inmediato Celestia y Luna se pusieron sobre sus espaldas a dos ponys cada una, Rainbow sujeto a Rarity y Pinkie, el resto de delegados pegaso se pusieron a un pony sobre ellos a excepción de Starlight quién se negó a subirse a lomo de alguien más, pero al final Cadence fue quién la cargo, pero había un problema, Shinning Armor no podía ir con nadie y Discord ya llevaba demasiado peso (cinco ponys más Fluttershy quién al estar asustada no podía volar) por lo que decidió abrirse paso luchando con los guardias que quedaban y salvar a tantos civiles cómo pudiera.
- ¡No Shinning! ¡Es peligroso! Por favor, no lo hagas.
- Cadence, no puedo ir con nadie, entiende esa parte, además soy capitán de la Guardia Real debo ayudar a mis tropas y rescatar a la población civil.
- Gracias Shinning Armor.
- Es mi trabajo Princesa Luna, si no llego en quince minutos a la estación váyanse.
Sin aviso, Discord y el resto comenzaron a salir volando por la ventana, protegidos por el escudo de Discord, mientras sobrevolaban la ciudad Celestia, Luna y Cadence contemplaban horrorizadas la carnicería que se estaba perpetrando.
Las calles estaban empapadas de sangre y la nieve se había tornado de un color rojo intenso, había cadáveres por todas partes y se apreciaban a muchos ponys huyendo de estas aberraciones, varios edificios estaban incendiados y en algunas zonas se veían unos pocos combates en dónde unos cuántos ponys trataban de resistirse frente a una horda inagotable de ratas guerreras para finalmente ser brutalmente asesinados.
Mientras Celestia y el resto de los funcionarios huían hacia la estación del tren, Shinning Armor y los guardias restantes, se abrían paso hasta la estación luchando contra los hostiles. A pesar de la superioridad numérica, estos enemigos eran muy indisciplinados y en cuánto los Guardias Reales los atacaron, huyeron despavoridos, pero volvían al poco tiempo más enfurecidos y decididos, pero eso no impidió que Shinning logrará llegar a la comisaría en dónde vio cómo algunos policías trataban de ayudar los civiles mientras la horda de ratas seguía empujando sin ofrecer misericordia.
- ¿Quién está a cargo? – Le preguntó Shinning a los policías restantes una vez lograron entrar a la estación de policía.
- ¡Usted señor! – le respondió una de las oficiales.
- ¿Dónde está el alguacil?
- Esas cosas acaban de asesinarlo, estamos indefensos, no podemos defender Trottingham más tiempo.
Shinning vio alrededor suyo y tenía una horrible visión de la realidad, de los cuarenta guardias que salieron con él, al menos una docena ya no estaba, tenía a más de decena de policías que estaban dispuestos a seguir peleando pero estaban agotados y más de treinta ponys civiles se habían refugiado con ellos.
- ¡Escúchenme! Debemos irnos a la estación de tren, las princesas nos estarán esperando y podremos huir de la ciudad.
- ¡No! No abandonaremos a los demás civiles, hay más de doce mil ponys viviendo aquí, abandonarlos significaría su muerte.
- Escuchen, pueden quedarse a luchar y morir en vano o venir con nosotros para seguir luchando un día más.
Los Guardias dieron un paso al frente mostrando su apoyo a su capitán, de los civiles que estaban ahí ocho dieron un paso al frente y solo tres policías decidieron ir con ellos.
- ¡Saldremos por el sótano! – Los ponys a su cargo se adelantaron y Shinning sólo se quedó viendo a los que no habían querido acompañarlo – Qué Celestia esté siempre con ustedes – Y sin decir más siguió a los suyos a través del sótano.
Mientras tanto, las Princesas y los delegados habían logrado llegar a tiempo a la estación para asegurar el Expreso de Cristal, el único que aún funcionaba ya que cuando llegaron había guerreros enemigos destrozando los trenes y sólo huyeron debido a la presencia intimidante de Discord.
- ¡Los conductores están muertos!
- ¿Alguno sabe conducir un tren? – Le pregunto Cadence a los demás, pero todos negaron.
- Debemos hacer algo y pronto, hay más de esas cosas tras nosotros.
En las afueras de la ciudad, otro ejército de Skavens bombardeaba Trottingham sin piedad con sus piezas de artillería que iban desde mortales cañones que disparaban rayos de energía a catapultas que lanzaban rocas en llamas.
Blistrox, contemplaba el ataque con una malvada sonrisa y el oír los gritos de los ponys pidiendo ayuda lo disfrutaba. Atrás de él había una nueva horda de guerreros rata, ansiosos por ir al combate de una buena vez, todos llevando el estandarte del clan Pestilens y el clan Skyrre.
- Mi señor, estamos listos para atacar, esperamos su orden.
- Sí, lo sé. Que las grandes vayan al frente junto con los esclavos. Los guerreros y las alimañas van detrás. Quiero que los morteros les den soporte y envíen a los corredores a la estación de tren en caso de que los guerreros no hayan podido completar su objetivo y que las ratas los ayuden, capturen a tantos como puedan.
- En seguida pasaré el mensaje. ¡Todos en formación!
Unos pocos minutos después la horda se había formado con los Esclavos al frente de la acometida y varios Skavens provistos de látigos estaban entre ellos así como unas gigantescas jaulas desde dónde salían rugidos aterradores. Atrás de ellos había Guerreros del Clan y Alimañas preparados para atacar y cerca había Morteros de la Plaga.
- ¡Ataquen! – Ordenó Blistrox a su horda quién se lanzó contra la ciudad en llamas y las jaulas se abrían de par en par dando paso a aterradores monstruos.
Celestia estaba muy alarmada, una de sus ciudades estaba siendo conquistada por una horda de criaturas bárbaras que nunca en su vida había visto y usaban armas y magia totalmente desconocidas para ella.
- ¡Discord! ¿Puedes usar tu magia para crear otro escudo para poder irnos de aquí?
- Lo siento princesa Celestia, pero ya no tengo control sobre mi magia, creo que lo que las afectó a ustedes terminó por afectarme a mí también.
- ¿Ahora qué? ¿Este es nuestro fin?
- Podríamos irnos volando.
- Imposible esas cosas nos derribarían y sin magia somos vulnerables.
- Estamos atrapados, me temo que no lograremos salir de esta.
- ¡Oigan! Miren lo que encontré entre el carbón de la locomotora – Exclamó Pinkie.
Pinkie, toda sucia de hollín traía a rastras a un pony de color canela y melena rubia, también muy sucio.
- ¡Déjame pequeña loca! ¡Que me sueltes!
- Oky Doki Loki – Y Pinkie lo soltó.
- ¿Quién eres?
- ¡Princesa Cadence! – El pony le dedicó una reverencia – Me llamó Rail Troud y soy un conductor de tren.
- Joven, necesito que prepare este tren para partir dentro de cinco minutos, debemos salir de aquí ya.
- Pero princesa, no puedo encender la máquina sin alertar a esas cosas y no tengo interés alguno en morir el día de hoy.
- Nadie tiene la intención de morir joven pony, pero me apena decir que están falleciendo muchos de mis queridos súbditos en este instante y no puedo permitir que mueran más, te ordeno que enciendas la locomotora y te prepares para partir de inmediato.
Rail, dudó por un instante pero al final se metió en la locomotora y comenzó a prepararla para partir de inmediato.
- ¡Princesa Celestia! – Le gritaba un grupo de ponys que corrían desesperados hacia ella.
- ¿Quiénes son?
- Perdónenos princesa, pero queremos irnos con usted. Somos civiles de la ciudad, estábamos en la alcaldía cuándo comenzó el ataque.
- Adelante, suban al tren. Arrancaremos en cuánto de la orden.
El pequeño grupo de ponys que habían llegado lo componían tres unicornios, seis ponys terrestres y un pegaso, dos miembros del grupo eran potrillos.
- ¡Princesa, todo listo para irnos!
- Gracias, Rail, ahora solo nos queda esperar al capitán de mi Guardia después nos iremos.
- ¡Celestia por allá! – Le gritaba Cadence muy alarmada y señalando los edificios.
Celestia se dirigió la vista hacia los edificios y pudo ver una horda de ratas que iba directo hacia ellas, seguidas de ágiles guerreros. Era una incontable cantidad de enemigos y sin magia no tenían oportunidad alguna de defenderse.
- Celestia, debemos irnos ahora.
- ¡No! ¡Mi esposo está allá afuera! ¡Debemos esperarlo!
- ¡Cadence no podemos esperar más tiempo!
- ¡Alto! ¡Estamos aquí!
Las princesas se asomaron hacia la dirección desde dónde provenía el grito y pudieron ver a Shinning conduciendo lo que quedaba del pequeño destacamento que había salido de la estación de policía y algunos pocos sobrevivientes más que se le habían unido.
Sin tiempo que perder los pocos Guardias que seguían vivos alzaron los escudos y encararon a la amenaza que se cernía sobre ellos de modo que los guerreros rata que iban tras ellos se enzarzaron en feroz combate desigual contra los soldados. Shinning se unió a la escaramuza luchando con valor y una increíble destreza, mientras Starlight, Cadence y Rainbow Dash subían a los civiles al tren.
- ¡Sube! ¡Sube rápido! – Le gritaba Cadence al último pony que faltaba.
- ¡Ese era el último! ¡Debemos irnos!
- ¡Shinning Armor vámonos!
A unos pocos metros, doce Guardias continuaban combatiendo mientras otros tres eran jalados hacia la horda de enemigos contra la que combatían y los acuchillaban sin piedad. Shinning resistía sin mostrar una pizca de miedo pero sabía que no podía irse sin abandonar a sus tropas.
- ¡Capitán! ¡Largo de aquí!
- ¡No, no los abandonaré!
- ¡Estamos perdidos señor! ¡No deje que nuestra muerte sea en vano!
- Pero…
- ¡Ahora! – Uno de los Guardias le propinó una fuerte patada a Shinning en el estómago lanzándolo hacia el tren.
- ¡Vámonos! – Le gritó Rainbow a Rail quién puso la locomotora en marcha y comenzó a alejarse lentamente de la estación agarrando más velocidad cada segundo.
Celestia solo pudo asomarse por la ventana para contemplar le heroica pero inútil resistencia de sus Guardias que fueron sobrepasados unos pocos segundos después. Al alzar la vista pudo ver al gigantesco ejército que estaba invadiendo la ciudad que estaba en llamas, escuchando las explosiones y los gritos de terror de sus súbditos que había dejado atrás.
A la distancia, en el tejado de uno de los rascacielos de la ciudad, Ikit Claw observaba furioso el tren de Cristal que se alejaba de la batalla aceptando que ahora debería librar una guerra total contra Equestria.
