Estimados lectores, como les prometí les traigo un nuevo capítulo, pero esta vez nos trasladaremos al mundo de Warhammer Fantasy. ¿Por qué? Bueno, debido al concurso realizado, recibí una gran cantidad de mensajes solicitando el ingreso de tres razas en específico a la historia, por ello cree este relato en dónde no sólo aparecerán dos razas si no que también influirá en el futuro de la historia. No habrá diálogos en este capítulo ya que sólo es un relato y nada de lo que aparece aquí es canon, sólo algunas localidades, personajes y unidades son totalmente originales, la gran mayoría lo relaté a base de mi imaginación y conocimiento de los libros de ejército. Cualquier duda que tengan puedo responderla con mucho gusto. Espero sea de su agrado.
Capítulo 11
"Tiempos Oscuros en el Viejo Mundo"
La meditación lo era todo, sólo se tiene que estar concentrado y nada de interrupciones para poder alcanzar el conocimiento, por ello había permanecido encerrado en su pirámide una criatura divina, sentada en su palanquín de oro. Este ser tenía un enorme e hinchado cuerpo, muy parecido al de los sapos que habitan en las selvas tropicales de Lustria. Llevaba miles de años vivo, su cuerpo era muy voluminoso y eso aumentó con el paso de los siglos. Su cabeza era enorme, para poder contener su poderoso intelecto y sus protuberantes ojos que brillaban como monedas de oro, capaces de verlo todo. Tenía brazos largos y dedos con múltiples articulaciones y aunque su presencia física no era amenazante, bastaba un chasquido de sus dedos para derribar ciudades, envolver enemigos en llamas o abrir grandes brechas en el suelo. Esta criatura era un Slann y su nombre es Mazdamundi, el Mago Sacerdote más poderoso de todo el Viejo Mundo. Desde que el Caos había sido expulsado del mundo hace más de mil años, este Gran Slann, considerado como el más grande héroe de los Hombres Lagarto, (después del gran Kroak) se encerró en la pirámide de su Ciudad–Templo, Hexoatl y se había sumido en una gran meditación dejando a algunos de sus hermanos Slann, supervivientes a la guerra en la reconstrucción de su Imperio, tanto en Lustria como en las Tierras del Sur. Durante esos mil años en los que Mazdamundi se dedicó a meditar, ocurrieron eventos desastrosos que no fueron beneficiosos para los Hombres Lagarto y para ninguna otra raza en el mundo.
Después de haber derrotado al Caos, la Alianza del Orden se mantuvo, pero muy pronto, todas las facciones comenzaron a desconfiar de sí mismas, poniendo en peligro la Alianza. Pero el golpe que llevaría de nuevo la ruina al Viejo Mundo lo dieron los Enanos, una vez que las Fuerzas del Orden se alzaron con la victoria, los Enanos volvieron a sus montañas y bajo el mando de Thorgrim, Karaz-Ankor se movilizó en masa contra las fortalezas que controlaban los Orcos y Goblins, durante esta guerra que duró más de ochocientos años, muchas fortalezas caídas controladas por los Pieles Verdes o que estaban en ruinas volvieron a control enano, tales como:
• El Pináculo de Plata
• El Monte Gunbad
• El Monte Lanza de Plata
• Karak-Varn
• Ekrund
• Karak-Azorn
• Karak-Azghal
• Karak-Zorn
Esta última fortaleza se encontraba en las Tierras del Sur, hogar de Hombres Lagarto y desde hace mucho tiempo que los enanos no habían tenido noticias de esta fortaleza desde la Era de la Aflicción. Por desgracia, Thorgrim no lideraría esa venganza, fue muerto en el intento de tomar el Peñasco Negro a manos del Kaudillo Orco, Grimgor Piel´ierro, anotando un agravio insaldable entre las páginas del Dammaz-Kron, el Imperio Enano lloró la muerte de su líder y de muchos guerreros tras esa desastrosa derrota. El nuevo Gran Rey: Orgrim Bulrikson "Destructor de Ogros", lideró una expedición para encontrar la fortaleza, reconstruirla y vengar el agravio de su pérdida. Tras muchas semanas de cruzar las Montañas del Fin del Mundo y de derrotar a múltiples tribus de Orcos, los Enanos llegaron a las selvas de las Tierras del Sur. Desde sus túneles, los exploradores se adentraron en las selvas tratando de encontrar la fortaleza, muchos nunca volvieron. Pero parecía que la fuerza de Grimnir estaba de su parte, ya que un montaraz enano, regresó con un mapa trazado por él mismo donde había dibujado un camino para encontrar el Karak, los enanos levantaron el campamento y se adentraron en la maleza, sin saber que una patrulla de eslizones camaleón los había visto. Tras caminar por varias horas, los enanos encontraron las ruinas de una vieja carretera, de construcción enana y tras seguirla, vieron las antiguas puertas de piedra de Karak-Zorn. Los exploradores entraron en tropel a su antiguo hogar y se contentaron con saber que no había rastros de Skavens ni Pieles Verdes dentro de la fortaleza, Orgrim ordenó comenzar la reconstrucción y se dirigió al salón del Trono en compañía de un Herrero Rúnico para encontrar el Dammaz-Kron de la Fortaleza. Tras explorar gran cantidad de salas y salones, finalmente llegaron al salón del Trono, que estaba protegido con Runas de Ofuscación. El Herrero revirtió el poder de las runas y de esa forma pudieron entrar, Orgrim pudo ver varios huesos, armas y armaduras pertenecientes a enanos que lucharon hasta el final en defensa de la fortaleza, y en un estante hecho de oro, estaba el Libro de los Agravios de la Fortaleza.
Orgrim lo abrió con sumo cuidado y comenzó a leerlo esperando encontrar al responsable de esta afrenta y finalmente los encontró:
• Los Hombres Lagarto de Zlatlan.
El descubrir que sus aliados Umgi-Zon fueron quiénes destruyeron Karak-Zorn, era un terrible insulto que sólo podía ser saldado con guerra y sangre, por lo que el Gran Rey ordenó reabrir el camino subterráneo y mandar mensajeros a todas las fortalezas posibles para reunir un ejército que vengara este agravio y a su vez llamar a los imperiales y bretonianos a levantarse en armas contra los Hombre Lagarto, los elfos no fueron informados ya que Orgrim odiaba a los elfos tanto como a los ogros, sin saber lo que estaba a punto de desatarse, los Enanos y Hombres se prepararon para la guerra.
Tras un mes de espera, los refuerzos enanos llegaron a la fortaleza y el Gran Rey los ordenó con la intención de marchar a la Ciudad-Templo y saldar el agravio destruyéndola, aun cuando eso significará guerra y el fin de la Alianza. Pero apenas los enanos y sus aliados empezaron a salir de la fortaleza que todavía estaba en reconstrucción y se toparon con un enorme ejército de Hombres Lagarto. Era miles de Guerreros Saurios, apoyados por inmensos Kroxigor e incontables cohortes de pequeños Eslizones. Al frente de este ejército estaba el Slann Ixtlimandi, un Slann de la quinta generación y detrás de él, una cohorte de Guardia del Templo.
Los enanos y sus aliados no se acobardaron y formaron una imponente línea de batalla. Los enanos pusieron a sus guerreros al frente y los quejosos Barbaslargas en la parte trasera. Orgrim, sus Herreros Rúnicos y una dotación de Martilladores estaban en el medio, El Imperio había enviado la Reiksguard, los Caballeros del Sol Llameante y varios Regimientos de tropas estatales que se colocaron en la primera línea de batalla, mientras que los bretonianos habían enviado a dos mil Caballeros Noveles en ayuda de los enanos. La caballería aliada se dispuso en los extremos de su ejército, confiando que los Hombres Lagarto no tenían caballería. Detrás de las tropas, estaba la artillería y proyectiles aliados, conformado por varios cañones enanos, lanzaagravios, ballesteros y arcabuceros imperiales dispuestos en la muralla a medio terminar.
Ixtlimandi no quería llegar a la batalla, los hombres y los enanos habían sido creaciones de los Ancestrales, por ello no había necesidad de una guerra. Pero también los aliados debían marcharse, ya que los Sangre Caliente estaban prohibidos en los dominios de los Hombres Lagarto. Usando sus grandes dotes de magia, se comunicó con los Herreros Rúnicos tratando de pedirles que se marcharan de estas tierras sagradas, así nadie resultaría herido y los Slann les perdonarían la vida. Estas palabras hicieron enojar al Gran Rey, de hecho Orgrim rugió de cólera, un enano nunca dejaría que un agravio se quedará sin saldar, por lo que llamó al Slann, "Sapo Verrugoso" por creer que el Gran Rey agradecería su piedad. Al escuchar el insulto de Orgrim a su Señor, la Guardia del Templo comenzó a lanzar desgarradores rugidos, pero el Slann volvió a recalcar su oferta de paz.
La respuesta de Orgrim, una salva de cañonazos contra los Hombres Lagarto, así comenzó la Batalla de la Montaña del Sur y la Guerra de los Agravios Perdidos. A una señal del Slann, las cohortes de guerreros Saurios se lanzaron al combate, seguidas de los descomunales Kroxigor. Al chocar ambas líneas de batalla se inició una carnicería descomunal, los espaderos del Imperio fueron barridos fácilmente por los imponentes Saurios quiénes no se detenían ante nada, los Kroxigor dejaban masas de carne irreconocibles, huesos rotos y miembros amputados donde quiera que golpearan con sus imponentes mazas y los Saurios asesinaban sin piedad a cualquiera que fuese lo bastante tonto para enfrentarlos. Orgrim ordenó a sus proyectiles atacar, una lluvia de virotes, balas y rocas cayó sobre las formaciones de Hombres Lagarto pero las duras escamas de los Saurios y Kroxigor era mejores que cualquier armadura imperial, pero eso no les impidió perder a varios guerreros, los hombres que quedaron con vida de esta acometida inicial comenzaron a huir, pero no los enanos. Los enanos resistieron perfectamente la carga de los Saurios pero sufrieron muchas bajas cuándo los Kroxigor entraron en combate.
En el flanco derecho, la Reiksguard dirigía a mil Caballeros Noveles a través de la selva, con la intención de rodear a los Hombres Lagarto, pero los caballos apenas entraron a la maleza, cuando de repente los hombres empezaron a caer de sus monturas. La Reiksguard estaba confundida y detuvo la carga, grave error. Sin órdenes a las que seguir, los jinetes fueron cayendo muertos a base de dardos envenenados o jabalinas que salían disparadas desde los árboles, los jinetes estaban asustados pero sus atacantes eran imposibles de ver. Sólo se supo que ninguno de los que iban en ese grupo, volvió para continuar con la batalla. En el flanco izquierdo, el resto de Caballeros Noveles junto con los Caballeros del Sol Llameante recibieron un duro castigo por parte de los eslizones que salieron a su encuentro. Al principio del combate, los diminutos eslizones fueron barridos por los poderosos corceles bretonianos y los que se salvaban, debían enfrentar la furia de los imperiales, miles de eslizones murieron sin poder defenderse pero fue entonces cuando Ixtlimandi dio una señal, de entre las hierbas altas que rodeaban el campo de batalla cientos de Jinetes de Gélidos se lanzaron contra la confiada caballería aliada, estas unidades de guerreros Saurios montadas en los terroríficos Gélidos siempre han sido el terror de cualquier enemigo de los Hombres Lagarto, ya que si matas al jinete te debes enfrentar a su salvaje montura. Al verse superados, los Caballeros Noveles trataron de avanzar hasta el Slann para matarlo y reclamar la victoria, ya que el liderazgo de los Hombres Lagarto depende mucho de su líder. Sólo veinte Caballeros lograron escapar de la masacre y se dirigieron contra Ixtlimandi, quién no se acobardó y tampoco hizo nada para defenderse. Sabía que estaba seguro porque aún tenía a su Guardia del Templo, adornada con macabros trofeos y armada con sagradas alabardas, estos guerreros de élite se enfrentaron con fiereza sobrenatural a los Caballeros Noveles y todos murieron descuartizados por la furia de estos Guardianes. Los Hombres Lagarto habían asegurado sus flancos y habían ganado la guerra de caballería, pero en la línea de batalla principal, las cosas estaban poniéndose muy difíciles. Los Herreros Rúnicos de los enanos estaban golpeando las Runas de Protección para engrosar las armaduras de sus guerreros, quiénes se mantenían firmes y empezaban a ganar terreno a los Saurios quiénes ya estaban exhaustos debido a su sangre fría. Los testarudos enanos comenzaron a adentrarse en las formaciones enemigas, parecía que a pesar de todo, los enanos saldarían su agravio, quizás hasta derrotarían a su antiguo aliado y se harían con las riquezas de su Ciudad-Templo, pero fue entonces cuando Ixtlimandi dejaría en claro quiénes eran los mejores magos del mundo y soberanos de las Tierras del Sur, dando un chasquido de sus dedos, el Slann colapsó las murallas enanas dónde estaban apostadas la artillería y los proyectiles y dando otro chasquido, el Slann dotó a sus guerreros de Furia Salvaje y Sed de Sangre, provocando un cambio repentino en sus Saurios y Kroxigors, quiénes ahora parecían haber caído presa de sus más bajos instintos animales ya que empezaron a luchar de todos las formas posibles, inclusive a base de usar sus garras y dientes. Ni siquiera el poder de los Herreros Rúnicos pudo revertir la magia del Slann y muy pronto los enanos volvieron a pasar a la defensiva, el Gran Rey había intervenido personalmente en la batalla llevando a su regimiento de Martilladores con él, matando a muchos Saurios y Kroxigors a base de un terrible coste, pero no fue suficiente y mucho menos cuando Ixtlimandi liberó a sus Estegadones. Pero Ixtlimandi no había liberado sólo a uno o dos, sino a cinco de esas gigantescas moles resptilianas con cuernos sobre las filas de los enanos. Para evitar bajas entre sus guerreros, Ixtlimandi les quitó el hechizo de rabia y les ordenó retirarse mientras la estampida de Estegadones arrollaba a los enanos y penetraba en la fortaleza, los Herreros Rúnicos trataron de enfrentarse a Ixtlimandi para derrotarlo de una vez por todas, pero la Guardia del Templo se interpuso una vez más, los enanos atacaron y gracias al poder de sus runas y a una obstinación inquebrantable, lograron resistir los primeros ataques de la Guardia, pero el poder de sus runas no podría protegerlos para siempre, los Herreros golpeaban las cráneos de sus enemigos con sus martillos matando a varios guardianes pero la Guardia no se acobardó, uno a uno, los Herreros Rúnicos fueron cayendo bajo las alabardas y al cabo de unos minutos todos habían muerto pero no sin antes de haber eliminado a la mitad de la Guardia del Templo. Orgrim veía atónito como las defensas de su fortaleza habían caído nuevamente ante el poder de los Hombres Lagarto, una vez más había perdido el control de un hogar ancestral. Lo que siguió fue una masacre despiadada, los Hombres Lagarto entraron en tropeles a través de la derribada puerta dedicándose a matar a todo ser de sangre caliente que encontraban en su camino, pero los más eficaces para cazar a los supervivientes fueron las Salamandras, iguanas gigantes de un terrible temperamento capaces de expulsar un corrosivo veneno a través de su boca que podría derretir a un enano envuelto en una armadura de Gromril. Orgrim estaba tan enojado que estaba a punto de arrancarse los pelos de la barba, pero sus Martilladores supervivientes le rogaron por que se retirara con lo que quedaba de su ejército y así pudiera volver a Karaz-a-Karak para liderar esta guerra. Orgrim no estaba convencido, era el Gran Rey y no podía abandonar a sus guardias personales, pero los Martilladores le suplicaron que se retirara de la fortaleza a través del camino subterráneo una vez más, después de todo tenían un juramento que cumplir y era protegerlo hasta el final. El Gran Rey finalmente accedió a retirarse para salvar a sus aliados y sus guerreros restantes, juró a sus Martilladores que se quedarían atrás para proteger la retirada, que su sacrificio no sería olvidado, se contaría su historia a través de Karaz-Ankor y el agravio por sus muertes sólo lo saldaría la muerte de Ixtlimandi. A su señal los enanos y hombres que Orgrim pudo reunir se retiraron, dejando a cincuenta Martilladores protegiendo el Gran Salón y la entrada al camino subterráneo. Cuándo el último enano se fue, los Martilladores derribaron unos pilares usando sus poderosos martillos para bloquear el túnel, después las puertas del Gran Salón comenzaron a temblar, los Kroxigor habían comenzado a golpear la puerta. Los Martilladores comenzaron a gritar para darse ánimos en Khazalid (La Lengua Enana) y una vez que la puerta cayó, los Saurios, Kroxigors y Eslizones se enfrentaron a los pocos enanos restantes, sin mostrar la más mínima pizca de miedo, los Martilladores se cobraron un gran precio en vidas reptilianas, por cada Martillador muerto habían caído veinte guerreros enemigos y para cuándo el último guerrero enano cayó, lo hizo sobre una montaña de lagartos muertos. Ixtlimandi había ganado, pero por desgracia había fallado en su intento de evitar una guerra. Ordenó a sus fuerzas retirarse y llevarse a sus muertos con ellos, los cadáveres de sus enemigos debían ser puestos dentro de la fortaleza, cuándo los Eslizones cumplieron sus órdenes, Ixtlimandi usó su poder para destruir la montaña, sepultando la fortaleza para siempre. Cuando regresó a Zlatlan, se sumió en una meditación para comunicarse con sus hermanos Slann de Lustria para darles el aviso del inicio de la guerra. Los Altos Elfos de Ulthuan y los Elfos Silvanos de Athel Loren también fueron avisados de la traición de los enanos y los hombres y respetando la Alianza, se unieron a los Hombres Lagarto.
Eso fue hace ochenta años y desde entonces, El Imperio, Bretonia, Karaz-Ankor, Athel Loren, Ulthuan y Lustria han estado masacrándose en una guerra tan brutal y despiadada, que recordaba a la Guerra de la Barba que duró quinientos años entre Elfos y Enanos. Cuándo Mazdamundi despertó de su meditación se encontró con esta ola de caos a través del Viejo Mundo, no estaba feliz pero eso no fue lo que lo despertó, había sido una agitación en la Disformidad, una que no había sentido desde el Fin de los Tiempos. Mazdamundi solicitó un consejo entre sus aliados para discutir sobre el estado de la guerra y el que había visto mientras meditaba en Hexoatl y la conocía a la perfección, la combatió durante milenios enteros, estas alteraciones le habían quitado a muchos hermanos, destruido a su imperio y provocado la pérdida de sus maestros en tiempos pasados. Era la energía del Caos.
Mazdamundi podía sentir la presencia del Caos a través de la Disformidad, pero esa energía no estaba en el Viejo Mundo, estaba cruzando la realidad conocida, en un mundo lleno de una energía muy distinta a la que él conocía pero si estaba en sus manos evitar que otra civilización sufriera lo que su raza vivió durante generaciones enteras, estaría dispuesto a hacer a un lado el Gran Plan de sus maestros, para ayudar a esa raza en su supervivencia.
