Capítulo 23
"Un Alicornio en Lustria"
La cabeza le daba vueltas y lo primero que Celestia pudo sentir cuando se le pasó el mareo, fue el del lodo,, trató de enfocar la vista y poder ver el lugar dónde estaba, pero le costaba trabajo poder concentrarse, ya que el viaje a través del portal la dejo débil y confundida, pero tras recuperarse, Celestia comprobó que había llegado al destino que deseaba, pero extrañamente, algo no andaba bien.
Celestia se encontraba en lo que parecía ser las ruinas de una antigua ciudad, pero no se parecía en nada a la ciudad que había visto en compañía del Slaan Mazdmamundi, no había vida en esa ciudad, las hermosas pirámides que debían flotar en el aire estaba reducidas a escombros, sus magistrales calles y edificios estaban destruidos y la maleza impregnaba toda la ciudad. Además, Celestia podía distinguir una extraña energía que la ciudad emanaba y tomando su arma, empezó a explorar las ruinas, poco a poco, Celestia pudo empezar a armar la historia de lo que pasó en este lugar ya que mientras caminaba, algunos edificios mostraban signos de haber sido destruidos a base de algún hechizo, había armas y armaduras muy antiguos por casi toda la ciudad y varios huesos que se parecían a las criaturas que ella había visto en su sueño junto a enormes esqueletos pertenecientes a imponentes bestias que sin duda, habían caído en alguna titánica batalla que tuvo lugar aquí.
Celestia decidió que había visto suficiente y abriendo sus alas, extendió el vuelo sobre las copas de los árboles de una inmensa selva, por media hora, Celestia sobrevoló la tierra, pero muy pronto sería testigo de los horrores que habitaban la selva que sobrevolaba. Mientras la princesa seguía sobrevolando la selva, no se dio cuenta que estaba siendo acechada por una bandada de peligrosos reptiles voladores llamados Terradones.
Los Terradones son depredadores muy peligrosos con garras afiladas y picos puntiagudos llenos de dientes tan afilados como agujas. Tienen una gran envergadura y emiten una siniestra sombra mientras planean por encima de su presa con sus enormes alas escamosas que les hacen alcanzar grandes velocidades. Muchas criaturas temen ver la sombra ominosa de sus alas o escuchar los estridentes gritos de las manadas de caza. Sus enormes y coriáceas alas, pueden impulsarlos a gran velocidad. A pesar de su gran magnitud, son sorprendentemente ágiles, lo que les permite volar a máxima velocidad a través de la densa jungla esquivando ramas, lianas y árboles. Los Terradones también son planeadores expertos y pueden permanecer en el aire durante días dejándose llevar por las corrientes de aire más calientes que se elevan desde la jungla, pero se lanzarán en picado cuando vean el menor movimiento de una presa potencial.
Mientras Celestia sobrevolaba tranquilamente los árboles, la bandada de reptiles se elevó al menos a treinta metros sobre ella y como si se tratasen de flechas, se lanzaron contra ella. Celestia solo pudo ver la sombra de esos animales durante una fracción de segundo antes de ser atacada por uno de ellos que la había atrapado con su pico y la sacudía violentamente, en un intento de partirla a la mitad, pero Celestia cargó su cuerno con magia y se liberó, lanzando un hechizo sobre su atacante, tras quedar libre comprobó que su armadura estaba dañada pero fuera de eso, ella estaba bien. El reptil sacudió su cabeza y volvió al ataque, seguido del resto de su manada.
Al comprobar que no podía luchar contra todos a la vez, Celestia descendió velozmente, con la esperanza de perder a sus atacantes en la selva, al atravesar el follaje de uno de los árboles, Celestia se internó entre la maleza y volteó para asegurarse que ya no la seguían, pero se horrorizó al ver a las criaturas atravesando el follaje, las lianas y las ramas con una gran agilidad que opacaba a la de cualquier pegaso en Equestria. El calor dentro de la selva era intenso y Celestia podía sentir como sus fuerzas la abandonaban lentamente, pero decidida a encontrar la ayuda que su nación necesitaba empezó a correr, evadiendo todo tipo de obstáculos mientras los voraces reptiles alados la seguían persiguiendo a ras del suelo. Mientras Celestia corría, alcanzó a ver un montículo de troncos y sin pensárselo dos veces se escondió ahí.
En ese momento, los Terradones empezaron a atacar los troncos, usando sus picos y sus garras empezaron a destrozar la madera e intentar alcanzarla, Celestia puso su arma al frente, con toda la intención de clavársela a la primera criatura que atravesara los troncos. Pero en ese momento, la tierra tembló y se oyó un poderoso rugido que obligó a Celestia a taparse los oídos, el rugido tuvo un efecto en los reptiles que perseguían a Celestia, quiénes se mostraron asustados, decidieron renunciaron a la cacería y se apresuraron a emprender el vuelo, pero en ese instante, Celestia escuchó otro gruñido y como unas fauces se cerraban de golpe, un chillido y el crujido de huesos siendo destrozados, para finalmente todo quedar en silencio.
Confundida, asustada y consternada, Celestia salió de su escondite lentamente y al salir, vio que el suelo estaba empapado en sangre y cerca del charco estaba el ala de uno de los animales, de repente una gota de sangre cayó sobre su cabeza, asustada, Celestia se dio la vuelta lentamente y pudo contemplar la razón por la que sus perseguidores se habían ido.
La criatura que tenía al frente medía más de nueve metros de alto, tenía unas largas y musculosas patas traseras, una gran cola pesada que le ayudaba a mantenerse en equilibrio, una imponente cabeza con una gigantesca mandíbula que albergaba hileras enteras de afilados dientes que parecían dagas, en dónde tenía el cuerpo de una de las criaturas voladoras y poseía un par de brazos pequeños, pero que tenían tres afiladas garras que podrían degollarla de un solo tajo. Esta bestia, era un Carnosaurio, el depredador más mortífero y peligroso de esta tierra.
La bestia se tragó a su víctima y lanzó un poderoso rugido que le heló la sangre a Celestia y sin pensárselo dos veces, empezó a correr una vez más, la bestia lanzó otro rugido y comenzó la persecución, Celestia podía escuchar el sonido de las pisadas de la criatura que la perseguía y que derribaba los árboles tras él, era el peor escenario en el que ella se pudo haber encontrado en su vida, pero no era el momento de pensar, era momento de seguir corriendo. Pero entonces, Celestia llegó a un peñasco que bloqueaba su ruta. Estaba atrapada.
Tras ella, los árboles cayeron y el sanguinario depredador salió rugiendo, Celestia estaba exhausta, el calor sofocante de la jungla había consumido toda su energía, apenas tenía fuerzas para mantener el hechizo de levitación sobre su alabarda, pero no estaba dispuesta a darle a este animal un bocadillo sencillo y se preparó para pelear. El Carnosaurio rugió y se lanzó contra Celestia con su mandíbula abierta y la princesa se preparó para darle a este animal una lección. Pero justo cuando el Carnosaurio iba a alcanzarla, un segundo Carnosaurio irrumpió, mordiéndole el cuello al que estaba atacando a la princesa. Ambos animales se midieron en un sangriento y feroz combate, ambos especímenes se lanzaban feroces mordidas o utilizaban sus letales zarpas, buscando las zonas más vulnerables de sus oponentes. Celestia, que miraba sorprendida el combate entre los animales, empezó a observar detenidamente al segundo reptil que se había lanzado contra el animal que trataba de matarla y lo primero que notó era que éste mostraba signos de haber sido amaestrado, poseía un arnés sobre su boca, tenía placas de oro sobre su piel y una silla de montar, lo que indicaba solo una cosa, su jinete estaba cerca.
En ese momento, el segundo Carnosaurio propinó un fuerte golpe con su cola al primero, derribándolo, una vez en el suelo, el inmenso depredador abrió sus fauces, agarró a su rival por el cuello y con un pequeño esfuerzo se lo destrozó, después el Carnosaurio sobreviviente, lanzó un poderoso rugido de victoria al cielo. Entre la sangre derramada y los árboles derribados, salió un segundo ser que Celestia ya había visto, este ser de aspecto reptiliano se acercó al imponente animal que estaba devorando el cadáver de su rival y como si se tratase de un corcel, le dio unos suaves golpes en el cuello con una de sus garras, después volteó y se quedó mirando a Celestia durante un momento, mediante lenguaje corporal, pareció indicarle que se sentara en el lomo de su bestia. Dado que estaba muy cansada y con pocas fuerzas, Celestia extendió las alas y se sentó en la silla del animal. Después el ser le habló a su bestia con un lenguaje extraño y el animal empezó a caminar detrás de él.
Celestia se quedó dormida casi de inmediato, al despertar, comprobó que pudieron pasar varias horas desde que el extraño ser la salvó ya que ahora estaba en una habitación levemente iluminada por una antorcha, a su lado estaba su armadura completamente reparada y su alabarda finamente lustrada y afilada. Celestia se reincorporó y vio la habitación en la que se encontraba (hecha de piedra y con magistrales tallados en ella), frente a ella, Celestia vio un plato lleno de frutas exóticas, algunas que jamás había visto y probó una que parecía una naranja, resultó ser extremadamente dulce, como si se tratase de miel. Tras comer un poco, Celestia salió de la habitación y empezó a caminar por el pasillo pero entonces se encontró frente a un imponente cocodrilo, o eso parecía, Medía más de tres metros, su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, tenía placas de oro alrededor de sus escamas y en sus manos llevaba una enorme y pesada maza, cuyo extremo estaba recubierto de pinchos. Al ver a Celestia, abrió su inmensa mandíbula, enseñándole grandes hileras de afilados dientes, pero no le hizo ningún daño, solo hizo un seco movimiento con su cabeza, indicándole que debía seguirlo.
Impresionada, la princesa no puso ninguna objeción y siguió a la criatura a través de múltiples pasillos de lo que ella imaginaba, debía ser una especie de templo. Tras caminar por unos minutos, Celestia y su acompañante llegaron a un corredor que aparentemente no tenía salida, la criatura puso su garra izquierda en una placa dorada, al hacerlo emitió un hermoso brillo dorado, en ese momento, la pared se levantó y Celestia contempló una vez más la hermosa Ciudad-Templo de Hexoátl. La ciudad ya había cambiado, considerando que la visión que le había mostrado el mago sacerdote fue al momento de su nacimiento hace ya varios milenios, algunos de los edificios y pirámides ya presentaban un deplorable estado de abandono, pero otros lugares de la ciudad rebosaban de actividad, ya que Celestia podía observar a grandes masas de seres reptilianos alineándose en cohortes frente a una gran pirámide.
Su acompañante le indicó que lo siguiera y juntos descendieron del edificio en el que se hallaban, atravesaron varias calles y avenidas, Celestia había visto la ciudad desde el aire, no a pie y se quedó maravillada por su arquitectura, que no tenía nada que envidiar en contraste a la arquitectura de Equestria. Finalmente, llegaron a la base de la pirámide, ahí Celestia pudo ver de cerca a las criaturas.
Había guerreros feroces, criados por los Ancestrales para la guerra y la protección como único objetivo en sus vidas (Guerreros Saurios), había pequeñas, ágiles e inteligentes criaturas, creadas por los Ancestrales a partir de seres anfibios que habitaban en los pantanos de Lustria desde el amanecer de los tiempos, cuyo propósito, fue ser el pilar de la raza de los Hombres Lagarto, pero que también podían ser letales enemigos en batalla (Eslizones) y desde luego, criaturas enormes, cuyos cuerpos consisten en trozos de duro músculo y nervio, una enorme mandíbula donde sobresalen afilados dientes y escamas tan duras como la misma roca(Króxigors). Detrás de estas tropas, había criaturas gigantescas, cuyas cabezas están cubiertas con una cresta blindada de la que surgen unos cuernos macizos (Estegadones), también había un pequeño grupo de bestias que tenían la piel dura como el acero y una armadura natural de placas de una sustancia parecida al hierro tan densa que puede llegar a frustrar el mordisco de un Carnosaurio (Bastiodones) y actuando a modo de caballería, había un contingente de Guerreros Saurios montados en veloces y letales Gélidos.
Las criaturas no le prestaron la más mínima atención a Celestia, todos observaban fijamente a la pirámide en dónde una figura que asemejaba a un sapo empezaba a aparecer, sin duda debía ser el Slann Mazdamundi. Al llegar al borde, el ejército empezó a lanzar rugidos y gritos, otros chocaban sus armas contra sus escudos o alzaban sus armas sobre sus cabezas para dar ánimos. En eso, la figura alzó la mano y el ruido cesó, el ser empezó a emitir extraños sonidos con su boca y Celestia no era capaz de entender ni una sola palabra (si es que estaba diciendo algo). Tras unos minutos, el Slaan terminó de croar, las tropas dieron media vuelta y marcharon hacia la muralla.
El acompañante de Celestia que era un Króxigor, empezó a subir los escalones de la pirámide y ella lo siguió, fue una subida larga, pero mientras más alto subían, la vista de la ciudad era increíble, a su vez, Celestia pudo ver que los escalones superiores tenían esculturas de Guerreros Saurios que empuñaban una especie de alabarda y llevaban yelmos y armaduras que según los labrados, eran de huesos y cráneos. Celestia que estaba un poco cansada tras estar subiendo le enorme escalera, decidió transportar a ella y su acompañante mediante magia hasta la cima, pero apenas su cuerno emitió un destello cuándo las estatuas empezaron a moverse, en el tiempo que tarda un ojo en pestañear, se vio rodeada de una docena de guerreros que la amenazaban con sus alabardas y le lanzaban aterradores rugidos, mientras el Króxigor, al parecer trataba de calmarlos mediante rugidos más potentes. Lentamente, Celestia dejó de emplear su magia y tuvo un efecto positivo, ya que los Guardias que estaban amenazándola levantaron sus armas y volvieron a sus respectivas posiciones de vigilancia, tan quietos como una estatua. El Króxigor le lanzó una mirada fulminante, como tratando de advertirle que si volvía a hacer eso, no correría con tanta suerte y continuaron subiendo.
Finalmente llegaron a la parte alta de la pirámide, estaban más arriba del nivel de las nubes y ahí, Celestia vio al Slann, sentado en su palanquín flotante, ella se acercó lentamente a él y al estar cerca, se arrodilló ante él.
- Gran Slann, espero me recuerde, soy Celestia, Princesa de Equestria, he venido para solicitar su ayuda y la de su ancestral pueblo, por favor, se lo suplico.
Mazdamundi abrió su boca y lanzó el mismo ruido que escuchó cuando se dirigía a sus tropas, Celestia no podía entender nada, y le pareció muy extraño que en su sueño, el pudiese hablar perfecto español. Pero el Slann extendió uno de sus brazos y le indicó que se acercara con uno de sus dedos. Celestia obedeció y al estar cerca de él, el Slann le tocó la frente y ella sintió como si una extraña torrente mágica inundara su cuerpo.
- ¿Se siente bien?
- Sí, ¿cómo es que ahora puedo entenderlo?
- Le di el don de las lenguas, ahora hablará cualquier idioma que exista en el Universo. Pero ahora no es momento de hablar princesa. ¡Nakai!
El Króxigor que acompañaba a Celestia se acercó a Mazdamundi y se arrodilló.
- Ordene, poderoso Slann.
- Ve a las afueras de la muralla, ahí te necesitarán.
El imponente y legendario guerrero asintió con su cabeza, tomó su maza y descendió de la pirámide. Celestia ve+ia todo esto muy extraño.
- ¿Pero que sucede?
- Los Ancestrales predijeron su aparición en el corazón de Xahutec, pero no el momento en el que llegaría, si hubiera aparecido tan sólo hace unas semanas.
- Poderoso Mazdamundi, ¿Qué está pasando?
- Se lo diré después, por favor entre a la Cámara de las Estrellas y refúgiese con los otros, cuándo todo terminé, la atenderé.
- Se lo suplico Slann, necesito saber que está pasando.
Mazdamundi le dirigió una mirada que podría haber hecho huir a cualquiera ya que sus ojos empezaron a brillar de manera amenazadora, pero hizo un ademán con su brazo izquierdo y las nubes se apartaron de inmediato.
- Véalo usted misma.
Celestia se acercó al borde de la pirámide y bajó la vista, a cientos de metros debajo de ella, había una feroz y brutal batalla. Desde el interior de la ciudad, cohortes enteras de guerreros marchaban hacia el muro y a las afueras, mientras que desde la selva, emanaban hordas de guerreros que lanzaban aullidos salvajes y llegaban por miles.
- Ahora ¿lo ve princesa?. Hexoátl está bajo asedio.
