Capítulo 24
"El Asedio de Hexoátl"
- Por favor princesa, vaya a la cámara, cuándo esto termine, hablaremos.
- Gran Mazdamundi, déjeme ayudarlo. Puedo inclinar la balanza a su favor.
- Celestia, hay ocho magos sacerdote en la ciudad y todos hemos empleado nuestra magia contra el enemigo, apenas hemos conseguido hacerle daño, me temo que usted no hará ninguna diferencia.
- Eso lo veremos.
De forma veloz, Celestia extendió las alas y emprendió el vuelo, hacia la batalla, mientras sobrevolaba la ciudad, vio a las cohortes de guerreros que marchaban sin mostrar miedo al horror de la batalla. Celestia aterrizó en medio de la muralla, que estaba a rebozar de pequeños Eslizones que llevaban cerbatanas, arcos y lanzas, sin duda estaban tomando el papel de arqueros.
- ¿Quién ser tú? - Le preguntó un eslizón que a diferencia de los otros, tenía una cresta de color rojo en su cabeza. Debía ser una especie de jefe o alguna unidad de autoridad.
- Soy Celestia, vengo a proporcionar ayuda.
- No, nosotros somos los guerreros, vaya a la pirámide. - Le ordenó el Eslizón con un tono de voz muy agresivo.
En ese momento, una enorme roca estuvo a punto de golpear el área de la muralla, pero Celestia le lanzó un rayo y la roca se convirtió en grava. El Jefe Eslizón le agradeció y empezó a mostrarse más amable.
- Nuestros hermanos necesitan su ayuda, use su magia.
Celestia asintió y emprendió el vuelo, usando su poder, Celestia usó su magia y barrió a decenas de guerreros enemigos, pero parecía que sus números no mermaban, ya que seguían saliendo más y más de la selva. Celestia volvió a elevarse, ya estando muy alto, invocó una enorme bola de fuego que lanzó contra la selva, provocando un gran incendio. El ejército de Saurios lanzó poderosos rugidos y Celestia aterrizó cerca de ellos, los guerreros la miraban extrañados, jamás habían visto a un ser vivo como ella pero no era el momento de hablar, apenas habían pasado unos segundos de tranquilidad cuándo un gas de color verde con destellos rojos apagó el fuego que Celestia había creado. Los Saurios volvieron a alzar los escudos y dieron la cara a la selva, Celestia bajó su alabarda y también tomó la posición de guardia. Desde la línea de árboles chamuscados empezaron a escucharse gritos, tambores de guerra y cánticos extraños que mantenían a Celestia muy nerviosa, paseó la mirada entre los guerreros que estaban cerca de ella y pudo comprobar que no parecían asustados, estaban tranquilos, con la mirada clavada hacia adelante. Al cabo de unos instantes se oyó un enorme grito que sonó desde los árboles.
- ¡Waaaaagh!
Y detrás de él, muchos más gritos idénticos empezaron a escucharse, era un llamado a empezar el caos de la batalla una vez más, incluso los más valerosos guerreros equestres habrían pensado en escapar, pero los Saurios no se acobardaron, sólo empuñaron más fuerte sus armas y mostraban sus afilados colmillos. Muy pronto el suelo tembló y Celestia tuvo una clara visión del enemigo al que se enfrentaba la ciudad.
Con más de dos metros de alto, una constitución más ancha y fuerte que un humano, llegando a tener una forma natural algo encorvada debido a esto, con la piel verde y una prominente mandíbula de la que sobresalían cuatro enormes colmillos, Celestia pudo presenciar un ataque de los Orcos Salvajes. Iban armados con garrotes, lanzas de piedra, huesos y armas de piedra, algunos llevaban armaduras hechas de hueso, otros solo un taparrabos, pero lo que todos tenían en común, era que llevaban tatuajes.
La oleada de guerreros verdes se estrelló contra la línea de Saurios y varios cayeron empalados por las lanzas, desde los muros, los Eslizones lanzaron una lluvia de proyectiles matando a docenas de Pieles Verdes en el proceso, pero la marea de enemigos era muy vasta y cada vez que caía uno, diez más lo reemplazaban. Aquellos guerreros salvajes no mostraban piedad ni mucho menos emociones, solo se deleitaban con la crueldad de la batalla.
La sangre verde y roja bañaban el suelo, los Saurios perdían a varios guerreros, pero no antes de vender caras sus vidas a los Orcos, y eso no mermaba su voluntad de continuar luchando. Aquellos Saurios que morían durante la batalla, eran sacados de ahí por algunos escribas Eslizones. Los Orcos continuaron atacando, pero esta vez, respaldados por estúpidos pero mortales Trolls, al menos tres imponentes Gigantes, millares de diminutos y viles Goblins junto a centenares de Orcos montados en jabalíes.
Los Trolls usaron sus garrotes para despedazar las líneas disciplinadas de guerreros Saurios, los Gigantes aplastaron a todos los soldados que los encararon, los Goblins apuñalaron a las patas y las espaldas de las tropas de Hexoátl (también a uno que otro Orco), mientras los Jinetez de Jabalí arrollaban a los Saurios sin piedad. Celestia, que había permanecido junto a los Soldados, usó su magia para crear barreras de fuego, destruir regimientos enteros de tropas enemigas e incluso, aumentar el flujo de luz solar, haciendo que los guerreros reptilianos pelearan mejor. Varios de los Viejastirpes (Comandantes Saurios) ordenaron a los Króxigors entrar en batalla, junto a los Estegadones, Batiodones y Jinetes de Gélidos, inclusive había unas cohortes de Eslizones que se unieron al combate cuerpo a cuerpo.
Los Króxigor alzaban sus imponentes mazas y destrozaban a los Orcos, pero contra los Trolls, preferían pelear a puño limpio, los Estegadones y Bastiodones cargaron contra las líneas orcas, aplastando a varias decenas de guerreros verdes y sobre sus lomos, los diminutos Eslizones lanzaban jabalinas o dardos envenenados, mientras las cohortes de Eslizones se encargaban de pelear contra las peñas de Goblins.
Celestia apoyó en todo lo que pudo a las tropas de Mazdamundi, incluso salvó a varios guerreros de morir, pero parecía que peleaban contra corriente, los Orcos seguían llegando mientras que las filas aliadas se reducían, desde la pirámide de Mazdamundi, el Slann lanzaba poderosos hechizos que convocaban rayos e incluso, un tornado que arrasó con una parte de la selva y el ejército enemigo. Celestia no sólo empleaba su magia de Alicornio, también hacía uso de su alabarda, empalando y cortando a Piles Verdes, podía ser solo una princesa, pero si quería tener ayuda de Mazdamundi, debía mancharse los cascos con sangre.
En eso, ella recibió un golpe contundente en su cabeza, gracias a su casco había sobrevivido, pero la había dejado demasiado desorientada, mientras trataba de recuperarse, sintió que alguien le pisaba el cuello y vio que un enorme y hosco Orco sobre ella.
Le faltaba un ojo y uno de sus colmillos estaba roto, llevaba un imponente garrote de hueso, una piel a modo de capa, que debió pertenecer a un guerrero Saurio que había caído ante él y estaba lleno de tatuajes.
El Orco la tomó por el cuello y le propinó otro golpe en el estómago, después la arrojó contra un grupo de Goblins a los que derribó como si se tratasen de bolos. Celestia trató de levantarse, pero los golpes que había recibido la habían dejado muy adolorida y podía escuchar perfectamente la risa del Orco, burlándose de ella.
Celestia se incorporó y tomando la alabarda con su boca, se la clavó al Orco en el estómago, este lanzó un grito de dolor, pero ella continuó clavando más profundo su arma en la carne de su enemigo y con toque de crueldad, empezó retorcerla. Pero el orco le propinó un puñetazo y de nuevo la derrumbó, tomando valor, se sacó la alabarda del vientre y la levantó sobre la espalda de Celestia. Pero en el momento en que estaba a punto de clavársela, el Orco fue golpeado por una maza y fue lanzado varios metros atrás.
Celestia volvió a levantarse, tenía su ojo izquierdo amoratado y de su boca salía sangre, preguntándose quién la había ayudado, volteó hacia atrás y vio al Króxigor Nakai, estaba lanzando un poderoso rugido hacia los Orcos y varios de ellos empezaron a huir aterrados por la presencia de este imponente héroe. En eso, el Orco que acababa de golpear estaba levantándose, aún con la alabarda de la Princesa en sus sucias y verdes manos, el orco lanzó un grito de guerra y corrió hacia Nakai con la alabarda apuntando hacia su cuello. Nakai miró al Orco con sus ojos de reptil, dejó su maza en el suelo y empezó a correr hacia él, al estar lo suficientemente cerca, Nakai lo golpeó con su poderosa cola haciéndolo soltar la alabarda, después abrió sus mandíbulas y las cerró en torno al cuerpo del Piel Verde y como si se tratase de un animal salvaje, empleó la famosa rueda de la muerte y separó al Orco en varios pedazos.
Nakai devoró el pedazo de carne verdosa que quedó ensartada en sus mandíbulas, tomó su maza del suelo y se lanzó contra un enorme Troll que estaba matando a docenas de Eslizones con su garrote. Celestia se levantó de forma lenta y temblorosa, llamó a su alabarda con magia y reuniendo fuerzas, se dispuso a regresar al combate, pero entonces sonó un atronador rugido, muy familiar que le hizo helar su sangre.
Desde la maleza, apareció la misma imagen del Guerrero Saurio que iba montado sobre un Carnosaurio, detrás de él, llegaron más cohortes de tropas que llevaban los estandartes de otras Ciudades-Templo (Xlanhuapec, Itza, Huatl, Chaqua, Tlaxlatlan, Oxyl y Konquata). Apoyados por esta marea de refuerzos, los Saurios restantes de la Ciudad del Sol rugieron y se lanzaron contra los Orcos en combate total, la batalla subsiguiente fue librada con tanto odio que Celestia quedó confundida, pues ambos bandos luchaban como bestias salvajes. Tras tres horas más, todo quedó en paz.
La numerosa horda fue exterminada casi en su totalidad, los pocos cientos de Orcos y Goblins supervivientes huyeron a la selva, siendo cazados por Eslizones Camaleón y Jinetes de Gélidos, varios miles fueron hechos prisioneros, que serían sacrificados a los Ancestrales, mientras que muchos otros yacían muertos y los heridos eran rematados por las tropas de Hexoátl. Celestia quedó de pie al momento en que los Saurios se alzaron victoriosos, pero estaba exhausta y solo deseaba volver a la pirámide para poder dialogar con el Slann, justo en ese momento llegó el Jefe Eslizón que Celestia había salvado llegó hasta ella y pidió a un trío de Króxigors que la llevaran a la pirámide de Mazdamundi.
Los tres estaban repletos de heridas, tenían flechas e incluso lanzas incrustadas en sus cuerpos, pero obedecieron y usando una camilla, dos de ellos recostaron a la princesa, mientras el tercero llevaba la alabarda de Celestia, al momento de alzarla, los Guerreros le dedicaron una reverencia (Una señal de agradecimiento por su ayuda) y se encaminaron a la pirámide. Tras varios minutos, los Króxigors llegaron a la cima de la Pirámide, bajaron la camilla con mucho cuidado y la ayudaron a levantarse.
Al concluir, dedicaron reverencias y se alejaron, Celestia se acercó con lentitud al Slann quién la fulminaba con sus ojos que brillaban como monedas de oro y al llegar a una distancia razonable se arrodilló ante él.
- Perdone mi insolencia, pero debe entender, que necesito de su ayuda. No podía permitir que su ciudad fuese invadida, debo volver a mi reino lo más pronto posible.
Mazdamundi se acercó a ella flotando en su palanquín, Celestia no se atrevió a levantar su mirada, por temor a la reacción del Slann de haber desobedecido su orden, pero en vez de recibir el impacto de algún hechizo, empezó a sentir como el dolor de sus heridas se desvanecía y al alzar la vista, vio que el Mago Sacerdote tenía su báculo en alto mientras describía pequeños círculos en el aire y un resplandor dorado la iluminaba.
- ¿Por qué?
- No debe preocuparse. Le pedí que entrara en la cámara de las estrellas a refugiarse, pero decidió ayudar a mis tropas. Estoy en deuda y se perfectamente como compensarlo.
- No quiero oro, vengo a...
- Sé a que vino, es por eso que se como voy a compensarla. Acompáñeme por favor.
Detrás de Celestia, uno de los muros se deslizó a la derecha y reveló una cámara que apenas y poseía iluminación, en el centro había una charca de agua verdosa pero brillaba intensamente y al entrar Celestia vio a un grupo de criaturas que ella no había visto nunca.
- Estimados aliados, ganamos la batalla.
- Gran Slann, ¿que es esa criatura? - Preguntó una de las figuras presentes en la sala - Jamás había visto algo parecido en Athel Loren.
- Tampoco Ulthuan tiene alguna criatura parecida.
- Ella es Celestia, la princesa que logramos contactar a través de nuestros esfuerzos.
Los seres que la princesa tenía ante ella, demostraron un entusiasmo muy alto al conocerla, con un tono amable pero un poco arrogante, estos seres se presentaron ante ella como Elfos. Celestia les respondió el saludo al presentarse como un Alicornio y Princesa Gobernante de Equestria. Los Elfos tomaron asiento en pequeñas butacas de piedra y Celestia hizo lo mismo en una que estaba desocupada.
Mazdamundi se situó en medio de la charca y le concedió a Celestia el derecho de exponer su caso ante este cónclave.
- Los saludo a todos ustedes, como saben, mi reino está siendo azotado por la guerra. Una guerra que estamos perdiendo, ustedes ya se enfrentaron a la amenaza que siembra la muerte en mi tierra. Necesitamos ayuda y nadie mejor que el conocimiento de las mentes de quiénes lograron vencer.
Los Elfos miraron a Celestia extrañados y temerosos, Mazdamundi les había advertido sobre sus visiones y las consecuencias que tendría la derrota de Equestria para su planeta. Eso significaría que tanto los Ejércitos del Caos como las Legiones Skavens, volverían al Viejo Mundo para conquistarlo de una vez por todas. Mazdamundi miraba a sus compañeros y a Celestia, alzó el brazo izquierdo y todos callaron.
- ¡Escuchen! ¡T´kali, ven! - La pared se abrió y entró un Eslizón, que a diferencia de los que habían estado combatiendo, este llevaba un atuendo ceremonial de color blanco, llevaba tres tablillas de oro en sus brazos y rápidamente se acercó al Slann.
- Aquí están, mi Señor.
Le entregó las tablillas al Mago Sacerdote con sumo cuidado, Celestia comprendió que debían ser reliquias muy preciadas ya que las trataban con respeto y mucha dedicación.
Al tener las tablillas en sus manos, el Slann empleó su magia con sumo cuidado en los artefactos, los cuáles lanzaron un resplandor dorado, después revelaron varias palabras en la lengua de los Hombres Lagarto y Mazdamundi leía detenidamente la información que tenía frente a él. Después anuló la magia, le entregó las tablillas T´kali quién se las llevó de nuevo.
- Según las tablillas Princesa, no podremos darle lo que vino a buscar, un ejército,
- ¡¿Qué?! ¡Pero lo ayudé a derrotar a sus enemigos, necesito ayuda!
- Y la tendrá, pero no podré darle las tropas que busca. También nuestro mundo está en guerra y no puedo dispones de los ejércitos de otras Ciudades-Templo. Pero si lo que decían las tablillas era cierto, le doy mi palabra de darle todo el apoyo militar que me sea posible reunir una vez que este conflicto termine. Ahora que usted fue capaz de abrir un portal hasta nosotros, nos será posible hacer lo mismo con su mundo.
- Princesa, también prometemos proporcionarle ayuda. - Comentó uno de las Elfos presentes en la sala, que iba vestido con una traje que parecía ser de hechicero.
- No podemos decir lo mismo por parte de nuestra gente, pero si Athel Loren logra mejorar su situación al termino de esta guerra, trataremos de ayudar lo más que podamos.
- Se lo agradezco, pero no creo que mi nación resista más tiempo. Solo es cuestión de tiempo antes de que los Skaven invadan el resto de mi territorio.
- Escuche - El Slann se acercó - Le daré la ayuda necesaria para resistir la guerra hasta que nosotros podamos llegar a ayudarla. A sus ojos, no será mucho pero cuándo vea de lo que la ayuda es capaz de hacer, verá como la balanza se inclinará a su favor. Pero usted deberá librar una guerra de dos frentes a partir de ahora.
- ¿Por qué lo dice?
- El traidor que se oculta entre sus filas, ha actuado. El Libro del Caos fue hurtado, los Astados han llegado a su nación, también se han reunido tres campeones para los Dioses Oscuros, bastantes súbditos suyos se han corrompido en nombre del Caos y conspiran para traer a las Legiones Demoníacas. De hacerlo, me temo que su más mínima preocupación serán los Hombres Rata.
Al oír estas palabras, Celestia recordó la primera vez que se reunió con el alma del Slann en el mundo de los sueños y le advirtió sobre el traidor que se escondía entre los suyos, ella esperaba que aún tuviese tiempo y así poder detener lo que sin duda sería un golpe devastador para Equestria, pero había fallado miserablemente, como cuándo dejó que Luna fuese herida por su debilidad.
- Debo volver de inmediato.
- Entonces no perdamos el tiempo. Vayamos a la Plaza Central de la Ciudad. Estimados aliados, - Mazdamundi volteó su palanquín hacia los Elfos - son libres de volver a sus respectivos reinos, nos reuniremos cuándo los Ancestrales así lo decidan para dar la ayuda prometida y con suerte, el resto de razas también lo hagan.
Los Elfos asintieron y se despidieron cortesmente de ella, recalcando su disposición a prestarle ayuda sin importar el destino de la guerra que se estaba librando en el mundo.
Celestia se despidió mientras Mazdamundi salía de la pirámide, Celestia lo siguió y bajaron la escalinata de piedra (Mazdamundi fue ayudado por su Guardia del Templo, que lo cargaban sobre los hombros), al llegar a la base, había una gran cantidad de Saurios, Eslizones y Króxigores, todos reunidos en la plaza, varios aún con las heridas que recibieron durante la batalla contra los Orcos.
A medida que Celestia y el Mago Sacerdote se encaminaban al Centro, la población abría camino para que tanto la Princesa como su Slann pudiesen pasar, ya reunidos en la plaza, Celestia vio a cuatro figuras reunidas ahí. Se trataba del guerrero Saurio que la había salvado de morir devorada cuando llegó a la selva junto a su imponente montura, el Króxigor que la había ayudado contra el Orco y el pequeño Eslizón que ella había ayudado.
- Ellos irán con usted, le transmitirán sus conocimientos de guerra sobre los Skavens y el Caos a sus guerreros. Sus nombres son:
* Kroq-Gar
* Nakai
* Itlak-Zin
- Itlak ha solicitado ser su Guardia Personal, afirma que tiene una deuda de vida con usted.
Celestia paseó la vista ante los Guerreros que tenía en frente, Kroq-Gar demostraba autoridad y respeto simplemente con su mirada, llevaba una lanza de Oro y un Guantelete que parecía estar hecho de oro en su garra derecha. Nakai, como siempre (Robusto y lleno de cicatrices) mientras que el pequeño Eslizón era el único de los tres que parecía no tener tantas heridas de combate como los héroes que estaban a su lado, pero se le veía decidido.
- Les he dado la habilidad de hablar y entender su lengua. seguirán sus órdenes a partir de ahora.
- Gracias Slann. Equestria le agradece.
Mazdamundi chasqueó los dedos y un portal de color blanco se abrió delante de ella y los guerreros.
- Entren, es hora de irse.
Celestia asintió, mientras Kroq-Gar montaba en su Carnosaurio llamado Grymloq y entraba al portal, seguido de Nakai quién llevaba su enorme maza. Itlak se quedó esperando a Celestia, quién entró un segundo después. Tras el ajetreado viaje, Celestia salió disparada afuera del portal, bajo la cálida luz de la noche, al abrir los ojos, pudo ver las doradas cúpulas de las torres del castillo de Canterlot, pero en seguida oyeron algo muy preocupante.
- ¡Atrápenlos! ¡Traigan las cadenas! ¡Cuidado es muy fuerte! ¡Miren es la Princesa!
Celestia enfocó la mirada y vio como Kroq-Gar defendía a su Carnosaurio frente a una decena de Guardias Reales, Nakai le rugía a un grupo de pegasos que estaban sobrevolándolo, todos apuntándole con ballestas, en eso, tres unicornios llegaron hasta Celestia y trataron de llevársela, pero el pequeño Eslizón se interpuso entre ellos, lanzaba siseos como una serpiente acorralada y mostraba sus pequeños dientes.
- ¡Basta! ¡Libérenlos!
- Pero princesa, son bestias.
- ¡No lo son! Son aliados.
Los ponis se miraron incrédulos ante las órdenes de su gobernante, pero obedecieron y aflojaron las cadenas que tenían apresado a Grymloq, la imponente bestia, al quedar libre lanzó un poderoso rugido y varios de los ponis huyeron aterrados.
- ¡Ser cobardes, no guerreros!
- Tranquilo Kroq-Gar.
Nakai no decía nada en lo absoluto, solo se quedó mirando a los ponis con sus ojos cristalinos.
- ¿Princesa? ¿Es usted?
- ¡Twilight!
Celestia se abrió paso entre la multitud y en cuánto llegó hasta su pupila, se dispuso a abrazarla, pero notó algo raro en ella. Twilight había perdido su ojo izquierdo y tenía varias cicatrices en su cuerpo.
- ¿Pero qué te pasó?
- Celestia, creí que te habían secuestrado.
- Pero solo me fui menos de un día.
- Princesa, han pasado tres años desde que usted desapareció.
