Capítulo 27
"Preparándose para el Asedio"
Cuando los guardias despertaron, apenas podían dar crédito a lo que sus ojos veían, la princesa Celestia estaba abrazando a ese monstruo que había matado a uno de sus compañeros hace apenas unos días, pero este parecía estar tranquilo, ya que no la estaba lastimando, de hecho parecía que las palabras de Celestia eran ciertas, su hermana seguía dentro de ese cuerpo, su espíritu no se había ido.
- ¿Princesa?
El engendro volteó su cabeza y lanzó un temeroso rugido hacia los soldados quiénes le apuntaron con sus lanzas, pero Celestia les dijo que no se acercaran demasiado y creó una nueva barrera de protección entre ella, la criatura y los soldados. El engendro parecía que una vez más estaba perdiendo el control, pero los guardias vieron a través de la barrera a Celestia que trataba de calmarlo, con un notable éxito, ya que poco a poco se mostró pasivo nuevamente. Y ante la sorpresa (y espanto) de los guardias, la princesa deshizo la barrera.
Los guardias retrocedieron al ver que la deforme masa de músculos y huesos se acercaba a ellos, pero no con la intención de aplastarlos, se sorprendieron al ver que se detuvo a unos pasos de ellos, Celestia estaba a su lado y después comenzó a imitar algunos movimientos que ella hacía con sus patas, los guardias comprendieron que trataba de decirles "hola" a base de señas. Celestia estaba logrando lo que muchos creían, era una causa perdida, darle conciencia a un Engendro del Caos.
- ¿Ya vieron? - Les dijo su princesa - Mi hermana sigue entre nosotros.
- ¿Está segura majestad?
- Si no lo estuviera, probablemente estaríamos muertos, volvamos abajo, debo compartir mi triunfo con mis colegas. Vamos Luna, por aquí.
Como si se tratase de una madre guiando a su hijo, Celestia acompañó a su "hermana" a la planta inferior, mientras los guardias las seguían, al llegar a la Sala del Trono, había al menos una docena de soldados que al ver a Celestia y al Engendro, se alarmaron, de inmediato las rodearon formando un muro de lanzas y escudos frente a ellas.
- ¡Haz sonar la alarma cabo!
- ¡Sí señor!
- ¡No lo hagas! - Celestia le lanzó un hechizo de inmovilidad total contra el soldado, que se desplomó en el suelo como una tabla rígida - ¡Bajen sus armas! ¡Ahora!
- ¡La Princesa Celestia nos traicionó!
- ¡No lo hizo! - Dijeron los guardias que iban saliendo de la torre. - ¡La princesa jamás hizo un acto tan deshonroso!
- ¡Liberó a la bestia de su prisión!
- ¡Esa bestia tiene nombre! - Exclamó Celestia, muy enojada - ¡Se llama Luna!
- ¡Ya no es nuestra princesa!
- ¡¿Qué pasa aquí?! - Exclamó Twilight, entrando de nuevo en la sala, pero al ver a Celestia y al Engendro rodeados de soldados, no necesito ninguna explicación y desenfundó su espada.
- ¡Princesa! ¡Creía que había entendido la lección!
- ¡Luna sigue aquí Twilight! ¡La trataste como a un animal desde que se convirtió en esto! ¡¿Como esperabas que reaccionara?!
Twilight se quedó callada, después de todo, Celestia tenía razón, cuándo Luna se convirtió en Engendro hace dos años y medio, Twilight la había encerrado en su habitación, para después convertirla en su propia celda, donde apenas y la alimentaba, no la dejaba ver la luz del sol y había tratado de ejecutarla en más de una ocasión. Ella era la responsable de haber permitido que la naturaleza violenta de los Engendros del Caos se apoderara casi por completo de su mente y cuerpo, por suerte, Celestia había salvado algo de la personalidad de su hermana.
- Tia... Tia... Tia... - Repetía el Engendro, una y otra vez.
- Tranquila Luna - Dijo Celestia mientras la reconfortaba.
Al ver como el Engendro trataba de pronunciar el nombre de Celestia, fue un testimonio de que ella decía la verdad y después de oír el testimonio de aquellos guardias, sobre como había conseguido apaciguarla e incluso enseñarle un saludo en lenguaje de señas, fue algo muy difícil de ignorar, de que tal vez Luna tenía redención.
- ¡Bajen las armas!
- ¡Pero princesa Twilight!
- ¡Ahora!
Confundidos, los soldados obedecieron a Twilight.
- ¡Nada de lo que vieron aquí ocurrió! ¿Entendieron?
- ¡Sí!
- Retírense.
Los soldados salieron ordenadamente de la sala, no sin intercambiar miradas de desconcierto entre ellos, al quedar únicamente Twilight, Celestia y Luna dentro de la sala del Trono, se decidió no decirle a nadie de momento que Luna estaba libre de su alcoba y lo mejor sería ponerla en los jardines traseros del palacio, así tendría más libertad de movimiento y podría alimentarse de los árboles frutales que crecían ahí atrás. Pero Celestia no estaba muy feliz de enviar a su hermana a otra prisión, pero aún había una enorme falla en su plan. ¿Como evitar que Kroq-Gar y sus aliados mataran a Luna, ahora que era un Engendro?
- La llevaré a la parte trasera - Dijo Celestia, mientras conducía a Luna hacia el jardín - No le digas a nadie de esto Twilight. - Ella asintió.
Celestia hizo que su hermana la siguiera hasta los jardines traseros del palacio, une vez ahí le dijo que estaría sola solo un rato, iría a verla lo mas pronto posible. Parecía ser que Luna comprendía las palabras de Celestia, por que le propinó un leve golpe con su maza en la cabeza, a modo de decirle que no se preocupara por ella.
Al dejarla en ese jardín, Celestia salió afuera de su castillo para supervisar la construcción de las defensas y comprobó que todo estaba marchando bien, los soldados estaban reforzando los muros con planchas de acero, otros traían calderos llenos de aceite que ponían a calentar en las hogueras, se colocaban estacas en los parapetos y así impedirque los atacantes pudiesen escalar los muros, varios unicornios aplicaban hechizos a la tierra (para endurecerla y dificultar la posibilidad de excavar túneles subterráneos), Kroq-Gar instruía a varios soldados sobre tácticas de combate enemigas y como contrarrestarlas, Nakai levantaba enormes enormes rocas y las llevaba hasta las torres que poseían catapultas mientras que Itlak instruía medidas de sanación para las heridas que normalmente producían las armas Skaven.
Las fraguas trabajaban sin descanso, reparando armaduras, armas o sacando nuevas con las que equipar a los soldados, las armerías se abrieron y los armeros entregaban espadas, lanzas, escudos, hachas, mazos, arcos, jabalinas y cuchillos, pero había una falla:
* Había más armas que tropas para que las usaran.
Celestia se teletransportó a la muralla exterior y también vio como progresaba el trabajo de fortificación, los soldados cavaban hoyos en la tierra y ponían estacas en el fondo, las torres y almenas reunían munición con la que disparar a los enemigos, Canterlot estaba convirtiéndose en una auténtica fortaleza inexpugnable.
- ¿Princesa? ¿Podemos hablar? - Le preguntó Tempest, que estaba detrás de ella.
- Claro, ¿que pasa?
- Como ya le habíamos dicho, no tenemos suficientes fuerzas para repeler el ataque, el enemigo nos supera seis a uno, eso y si no se las han unido tropas extras y no podremos terminar las defensas para esta noche.
- ¿Y mañana estarán listas?
- Necesitaríamos al menos tres días, si el ejército entero estuviese aquí, solo nos tomaría doce horas.
- Nos las arreglaremos Tempest, al menos quiero el muro interior listo para resistir.
- Lo haremos, pero, ¿y los civiles?
Celestia se quedó pasmada, jamás había pensado en los civiles que se guarnecían tras los muros de la ciudad. No había trenes para evacuarlos a todos y tampoco cabían dentro del palacio, podría mandarlos a las montañas, pero con los Astados por allá afuera no era opción. Pero entonces se le ocurrió un buen plan.
- Llévenlos a las cuevas debajo del palacio, son lo suficientemente grandes para albergar a los refugiados y recluten a todo semental y potro capaz de alzar un arma. Necesitamos toda la ayuda disponible. Necesito que les enseñes tú.
- Pero no podemos valernos de una leva de milicianos, necesitamos soldados, no un montón de ponis comunes que huirán apenas empiece el combate.
- Necesitamos apoyo, envié cartas a dos de nuestros aliados, pero no sé si vengan a apoyarnos. Tendremos que pelear a muerte de quedarnos solos.
Tempest no protestó y de inmediato bajó de la muralla, junto a un grupo de soldados, empezó a reunir a los civiles y llevarlos al palacio.
La ciudad sería puesta bajo asedio muy pronto, por lo que volvió al área militar y solicitó a Kroq-Gar, debía hablar unos minutos con él en privado.
- ¿Que pasa?
- Debo decirte algo y espero pueda entenderlo.
- ¿Es sobre tu hermana convertida en Bestia del Caos?
- Sí, ha demostrado ser capaz de recordarme, tu que has vivido por milenios, ¿crees que pueda volver a ser la Alicornio que fue?
- Durante todas las veces que luché contra el Caos, todos los Engendros que asesiné eran iguales, carentes de voluntad y pensamientos. Sólo servían para asesinar y corromper en nombre de los cuatro Dioses, pero ver a su hermana como trata de controlar sus impulsos es algo que jamás imaginé posible, puedo dejarle en claro que su hermana no correrá peligro de ser asesinada por alguno de nosotros.
- ¡Gracias Kroq-Gar! - Y sin pensarlo, Celestia hizo algo que el Viejaestirpe jamás había experimentado, la Princesa le dio un enorme y cálido abrazo.
Por primera vez en su larga vida, Kroq-Gar no supo que hacer, jamás lo habían abrazado en su vida ya que su mente solo estaba pensada en la guerra al igual que su raza. Las demostraciones de afecto eran inexistentes entre los habitantes de Lustria.
- Suélteme, por favor.
Confundida, Celestia se apartó.
- ¿Está bien?
- No había terminado.
- Lo lamento.
- No se disculpe, por que le tengo una mala noticia.
- ¿Cuál?
- Tal vez su hermana aún lucha contra los Poderes Ruinosos dentro de ella, pero tarde o temprano sucumbirá y ya no habrá nada que se interponga entre mi lanza y ella.
Celestia comprendió las palabras del Saurio, no importaba que su hermana mostrase inteligencia, tarde o temprano, el poder de los Dioses del Caos se apoderarían de su alma y la transformación sería completa. El Engendro se volvería lo que es, una bestia sedienta de sangre y muerte.
- Lo lamento, pero es la verdad. Su hermana se volverá una sirvienta de los Poderes Ruinosos.
- Eso era todo, puedes volver al campo de entrenamiento.
- Lo lamento, pero me aseguraré de que cuando llegue el momento, será rápido y sin dolor. - Tras terminar, el Saurio se retiró y dejó a la Princesa sola.
La mañana y el atardecer pasaron muy deprisa, Tempest cumplió con el mandato de Celestia y reclutó de manera forzada a una gran leva de milicia, eran al menos unos diez mil civiles enrolados en la guarnición, a los que se les dio una instrucción básica sobre como empuñar un arma y un escudo. Casi a la puesta del Sol, Rainbow envió a un grupo de pegasos exploradores liderados por la Sargento Derpy Hooves, con la orden de rastrear al ejército enemigo, pero trajo excelentes noticias; parecía que un grupo de Astados habían emboscado a las tropas Skaven y eso les había obligado a detener la marcha para reorganizarse tras el ataque. Los Hombres Bestia les habían otorgado (sin proponerselo) un día más para preparar mejores defensas.
Los trabajos no se detuvieron tras elevarse la luz de la noche (Twilight era ahora quién elevaba la luna) y se duplicó el número de centinelas en los muros, después de todo no había por que bajar la guardia, el hecho de que los Skavens hubiesen sido debilitados, no significaba que no tratarían de enviar asesinos y espías para debilitar las defensas, vaya que Celestia no podía estar menos equivocada. Al menos una decena de espías fueron capturados por los centinelas mientras intentaban sabotear las defensas, al tenerlos en su poder, Celestia encomendó el destino de los prisioneros a Kroq-Gar, cuyo odio a los Skavens era legendario pero no tuvo que pensar en un castigo demasiado severo, serían la cena de Grymloq.
A la mañana siguiente, la noticia de que se habían capturado espías enemigos y ofrecidos como alimento a un imponente monstruo prehistórico se espació como la pólvora dentro de los muros de Canterlot, pero no era motivo para celebrarlo, las defensas no estaban listas y se debía prestar más instrucción a las levas de milicia, pero lo peor era que la ayuda que Celestia esperaba obtener, no llegaba y ni siquiera había obtenido respuesta. Eran noticias alarmantes.
Twilight se la pasaba trazando planes de contención, en caso de que los muros fuesen penetrados, Tempest y Kroq-Gar continuaban entrenando a los milicianos, Nakai reforzaba las almenas y torres, Itlak tomó sus armas y juró no moverse de Celestia durante la contienda, pero ella le rogó que permaneciese en la muralla, para liderar junto a Twilight y Rarity en la muralla este con los arqueros milicianos, mientras que en la muralla Oeste estarían Kroq-Gar, Tempest y Celestia con las tropas regulares. Nakai y Rainbow Dash permanecerían tras la muralla junto a un grupo de lanceros de milicia para contener a los Skavens y para proteger la puerta, estarían los soldados del Rey Tormenta. El plan estaba trazado, era formidable, pero la única esperanza de obtener la victoria era que los soldados no rompiesen filas, algo que no era posible.
La noche se acercaba y el cielo se nubló, Celestia ordenó empezar los preparativos para el combate, por lo que soldados y milicias se dirigieron al distrito militar para prepararse. Twilight y Tempest fueron a sus cámaras para armarse, Kroq-Gar se dirigió a una de las torres para orar a los Ancestrales junto con Itlak y Nakai. Celestia se dirigió a su recámara para calzar su armadura, pero se negó a usar su albarda, en su lugar solicitó que el Zweihander de su hermana, le fuese otorgado. Una poni de servicio se ofreció a calzar a su Gobernante para la batalla.
- Princesa, ¿quiere que le ayude?
- ¿Como te llamas?
- Naebia, mi señora.
- Muy bien Naebia, puedes ayudarme
La sirvienta tomó la armadura de Celestia de un manequí y se acercó para ponérsela, pero entonces sonó la puerta y Naebia la abrió, Celestia pudo escuchar la voz de Tempest, al cabo de un rato la puerta se cerró y Naebia regresó a su deber.
- Era la Comandante Tempest, dice que todo poni enrolado en la milicia ya fue enviado a la armería. - Pero al alzar la vista, vio que Celestia veía el inmenso cielo nocturno, con aire de tristeza. - ¿Mi señora?
- ¿Sabes quién soy Naebia?
- Usted es nuestra princesa, mi señora.
- ¿Tienes fe en tu princesa?
- Sus tropas, mi señora, la seguirán sin importar el final - Y le calzó la cota de malla.
- ¿Sin importar el final? - Repitió Celestia, mientras Naebia le ponía las protecciones de las patas delanteras.
- ¿Dónde están nuestros amigos? ¿por que no vinieron cuando los llamé? El sonido, se desvaneció, como viento en la pradera, como lluvia en el mar, los días que se pasan en el Oeste, tras el horizonte, sumidos en la sombra. - Naebia estaba terminando de acoplar las últimos protecciones a la armadura. - ¿Cómo hemos llegado a esto? - Naebia no supo que responder.
- He terminado, princesa.
- Ve a las cuevas jovencita y ruega por nuestra victoria. - Celestia tomó la espada de su hermana y bajó, hacia los muros.
En la primera sección de la muralla, las tropas se alineaban, bajo las órdenes de Tempest y Kroq-Gar que estaban acomodando a los defensores, Rarity y su regimiento de arqueros se dispusieron en los muros, pero entonces chocó con el pequeño Eslizón.
- ¿Y tú quién eres pequeñín? - Le preguntó Rarity.
Pero en vez de recibir una respuesta amistosa, Itlak se enfureció y se abalanzó sobre ella, tirando de su melena, mientras los unicornios de Rarity trataban de quitárselo de encima. Fue una escena un tanto graciosa, que hizo reír un poco a los defensores, pero cuando finalmente los arqueros de Rarity le quitaron al Eslizón de encima, ella estaba furiosa mientras que Itlak se reía por lo bajo, obviamente empezó una discusión que solo terminó bajo la furiosa mirada de Tempest. Pero entonces se oyó un cuerno de guerra.
- ¡No es un cuerno de Skavens! - Gritó Tempest.
Rarity y varios soldados se asomaron por el parapeto y lo que vieron, les dio un rayo de esperanza.
- ¡Trae a Twilight y a Celestia! - le pidió Rarity a un miliciano, que obedeció de inmediato - ¡Abran la puerta!
- ¡Abran la puerta!
La formidable puerta de la ciudad se abrió y tras ella, entraron las tropas del Imperio de Cristal, cientos y cientos de soldados embutidos en armaduras de diamante, que traían lustrosos arcos y bellas espadas en su cinturón, marchaban orgullosos frente al ejército de Canterlot, que veía a este ejército como un rayo de esperanza para alcanzar la victoria.
Celestia y Twilight miraron impresionadas al ejército que había llegado y lo comandaba nada más y nada menos que Shinning Armor.
- Creí que lucharíamos solos.
- Vengo de parte de Cadence, el Imperio de Cristal y Canterlot son viejos aliados. Peleamos y morimos juntos desde que empezó esta guerra, me da gusto saber sobre su retorno, princesa.
- ¡Hermano! - Twilight lo abrazó muy fuerte y el le devolvió el abrazo. - Es un honor, luchar para Canterlot otra vez.
