Capítulo 31

Aliados Inesperados

La herida de Celestia era peor de lo que se esperaba, la energía caótica dentro de ella la estaba corrompiendo a una velocidad alarmante ya que sus venas se dilataban en todo su cuerpo y sus ojos empezaban a tornarse de color naranja, evidenciando que dentro de poco tiempo, los Dioses del Caos tendrían a un nuevo vasallo para servirles.

Tras la desaparición de aquel misterioso corcel en el campo de batalla, los supervivientes se reunieron en torno a su Princesa caída para prestarle atención médica, pero Kroq-Gar los hizo apartarse de ella inmediatamente. El vieja estirpe tomó a la Princesa en sus brazos y la llevó de vuelta al castillo a lomos de Grymloq, al llegar al castillo el Saurio la llevó cargando hasta sus aposentos y con sumo cuidado, la depositó sobre su cama.

Kroq-Gar, se negaba a creer que Mazdamundi los había enviado a librar una guerra sin sentido, Mazdamundi había predicho miles de tragedias y bendiciones para la raza de los Hombres Lagarto y el había previsto, que si Equestria era conquistada por las Fuerzas del Caos, solo sería cuestión de tiempo para que las hordas demoníacas de los Dioses Oscuros volvieran al Viejo Mundo, solo que esta vez, nada ni nadie podría evitar que el Caos obtuviera lo que le fue negado en el pasado. Si Mazdamundi los había enviado a Equestria, era para asegurar la supervivencia de los ponis y también salvar a su mundo natal.

Kroq-Gar no sabía que hacer para ayudar a Celestia, nadie que hubiese sido infectado por la corrupción del Caos había logrado resistirla y mucho menos escapar de sus garras, pero desde que el la vio por primera vez, sabía que Celestia era especial, poseía un espíritu fuerte e indomable, algo que podría serle de ayuda para tal vez, expulsar la Energía del Caos de su alma y cuerpo, pero necesitaría también toda la ayuda mágica posible.

Pero como si le hubieran leído la mente, tanto Twilight como Chrysalis e incluso Tempest arribaron a la habitación, aún con sus armaduras puestas y manchadas de sangre.

- ¿Cómo se encuentra? - Preguntó Twilight, con un inconfundible sonido de preocupación en su voz.

- Nada bien, la herida no es letal, pero la energía del Caos la está corrompiendo poco a poco, tenemos solo algunos minutos antes de que su alma sea consumida.

- ¿Puedes curarla verdad?

Kroq-Gar miró a Twilight quién veía al saurio con los ojos empañados, era visible que ella esperaba que su maestra tuviera esperanza de salvarse.

- No sé hacerlo.

Twilight sintió como si le arrojaran un balde de agua helada sobre sí misma.

- No puede ser, debe de haber alguna forma de salvarla.

- Lo lamento, pero no se como ayudarla.

- Entonces necesito a alguien de autoridad para poder hablar con él de inmediato. - Exclamó una gruesa voz a sus espaldas.

Todos los presentes voltearon y observaron a una criatura muy rara, caminaba erguido, igual que los humanos, estaba cubierto de pelo blanco, tenía una cola larga y peluda e iba vestido con una enorme armadura negra y una prominente corona en su cabeza.

- ¡Majestad! - Exclamó Tempest, al momento en que se arrodillaba ante él - ¿Que está haciendo aquí, Rey Tormenta?

- ¿Tu que crees Tempest? Vengo a supervisar el desarrollo de esta empresa con los ponis, pero veo que es solo una pérdida de tiempo.

- ¿Por que dice eso señor? - Le preguntó Twilight.

El rey simplemente soltó una carcajada y deslizó la cortina de la habitación y tanto Tempest como Twilight lo comprendieron todo.

Canterlot estaba destruido casi por completo, el fuego consumía casi tres cuartas partes de la ciudad y también se podía apreciar los estragos de la corrupción Skaven en varios de los edificios.

- Fue un error apoyar a la corona equestre - Anunció el rey - Voy a deshacer esta estúpida alianza y ordenare a mis tropas que se retiren, debo proteger mis propios intereses a partir de ahora.

Al oír esto, todos los presentes quedaron paralizados. Equestria acababa de perder el apoyo del Rey Tormenta y su ejército.

- ¡Tempest! Reúne a las tropas que sigan vivas y suba a los dirigibles, nos vamos de este débil reino.

Pero Twilight se negó a aceptar la decisión del rey, por lo que se interpuso en su camino a la salida.

- Apartate niña

- No puede abandonar a Equestria ahora. ¡Lo necesitamos!

- ¿Por qué debo seguir enviando soldados a pelear una guerra que no es suya?

- Si Equestria cae, seguirán el resto de reinos y el de usted no tendrá ninguna oportunidad contra nuestro enemigo.

El rey Tormenta simplemente miraba a Twilight con duda y desdeño, pero al cabo de unos segundos rompió el silencio que se había generado.

- Tienes valor pequeña poni, le daré eso. Pero ya no hay nada que me ate a esta guerra. No me importa lo que le pase al resto de razas, yo abandono este estúpido conflicto y debo preparar mis tierras para enfrentar al enemigo.

-¡No puede abandonarnos así! ¡Miles de ponis morirán sin su ayuda!

- Entonces peleen lo mejor que puedan, ya no extendere mi ayuda a su causa, a partir de ahora, preparé a mi reino y mis súbditos para la guerra que se avecina, pero esa será mi guerra, no suya. ¡Tempest! ¡Vámonos!

Tempest dio un dudoso paso al frente pero entonces se detuvo y regresó a la cama de Celestia junto a sus compañeros de batalla.

-¡Tempest! - Le gritó furiosamente el Rey Tormenta - ¡Dije vámonos!

- No los abandonare.

-Tempest, recuerda bien tu juramento de lealtad hacia mi. Si lo rompes, yo rompere la promesa que te hice.

- Hay cosas más importantes que reparar mi cuerno, no abandonare a Equestria de nuevo.

El rey simplemente miró a su comandante durante un par de segundos, luego le arrancó una medalla que oscilaba en su armadura y se alejó dando zancadas, cerrando la puerta de un golpe.

- Perdimos un aliado, eso dejará débil al reino aún más.

- No importa nada de eso, sin Celestia no tendremos oportunidad de ganar. - Exclamó Twilight.

- Podemos salvarla, pequeña pony. - Dijo Chrysalis, mientras se acercaba a Celestia.

- ¿De qué estás hablando? Kroq-Gar dijo que ningún mortal infectado se ha librado de las garras del Caos.

- Sí, tal vez sea verdad, pero esta princesa ha demostrado tener un espíritu muy fuerte y capaz de encontrar esperanzas en el peor de los problemas. Escapar de la corrupción no le será tan difícil si está dispuesta a hacerlo.

- ¿A que te refieres Chrysalis? - Le preguntó Twilight.

- Si quieres que tu preciada maestra regrese a nosotras joven Twilight, debes entrar en su mente y convencer a su alma de volver a su cuerpo antes de que el Caos la envenene con su poder.

- ¿Yo?

Todos los presentes en la habitación voltearon a verla con una mirada de aprobación.

- Pero yo no tengo lo que se necesita para ayudarla, no tengo un espíritu fuerte.

- Eres la única entre todas estas criaturas a la que Celestia más aprecia, eres la única familia que le queda ahora.

Twilight se quedó pensativa durante unos segundos, pero después levantó la frente y asintió.

- Está bien, la traeré de vuelta.

Chrysalis sonrió y de inmediato ordenó a todos que se alejaran de ella.

- Empleare magia Espiritual princesa, debe de estar tranquila y tener la mente en blanco, si no cumple con estas órdenes, podría haber consecuencias mortales.

- También habrá consecuencias mortales para ti si algo le ocurre a mi hermana.

- ¡Shinning Armor! Ha pasado un tiempo ¿No tesoro?

- ¡Cállate! Aún no te he perdonado lo que le hiciste a mi esposa e hija.

- ¡Dejen su mundana pelea para después! - Les gritó Kroq-Gar.

- Muy bien princesa, prepárate.

Chrysalis reunió un orbe de magia color verde en la punta del cuerno. Al tenerlo listo, comenzó a caminar hacia Twilight.

- ¿Estás lista?

- Así es.

- Recuerda bien esto joven pony. No caigas en la tentación del Caos, deberás superar tus más profundos deseos si quieres rescatar a Celestia, si caes ante la tentación, me temo que tendremos dos Princesas menos en Equestria.

- Hazlo Chrysalis, estoy lista.

- Estas advertida. - Tras decirle esto, tocó su cuerno con el orbe y el espíritu de Twilight abandonó su cuerpo y entró al orbe.

Chrysalis llevó con sumo cuidado el orbe mágico hasta el cuerpo de Celestia y depositó la magia en el cuerno, el cual fue absorbido rápidamente.

- Regresen a salvo princesas. - Les dijo Kroq-Gar.