Los personajes no son míos, sólo estoy usándolos para divertirme un rato.


3 de noviembre, 4:40 a.m.

Tenía quince cuando nos conocimos.

Y te quise. Vi la oscuridad en tus hermosos ojos verdes y te quise. Tan extraño como suena, te quise incluso sabiendo que ibas a romperme el corazón y el alma.

Mire fijamente tu corazón cuando nos conocimos y era de piedra. Pensé tontamente que podía hacerlo sentir. Me dije que estaba bien, que iba a tomarme un poco de tiempo pero que iba a conseguirlo.

5 de noviembre, 12:30 p.m.

¿Qué estás haciendo?

Recuerdo que te gustaba la soledad y la sombra bajo los árboles. Y me encantaba mirarte.

No estoy segura de si era porque desde mi balcón no podías verme o porque desde allí no podías romperme.

8 de noviembre, 5:30 a.m.

¿Estás despierto?

Entrabas por la claraboya cuando las cosas se ponían difíciles y el mundo te pesaba en los hombros. Yo, como podía, te lo quitaba y te abrazaba esperando a que todas las piezas encajaran. Desearía haber sabido antes que había demasiadas piezas.

Te lloraba cuando te ibas. Quería que te quedaras. Quería arreglarte. Lloraba por ti cuando no podías hacerlo.

Traté de no ahogarme. Traté de salvarte, pero no querías que yo te salvara (al menos mi yo civil).

15 de noviembre, 14:02 p.m.

Todavía puedo escucharnos reír tan alto que París podía oírnos.

Te extraño. No a ti, sino a aquel que eras cuando el sol salía y me sonreías. Te echo de menos.

Dijiste que ibas a atraparme si me caía ¿Por qué no me atrapaste?

Echo de menos al que eras antes de descubrir la verdad.

20 de noviembre, 3:15 a.m.

¿Sabes? La verdad para mí también fue chocante.

No me lo esperaba, pero ahí estabas y seguías siendo hermoso sin la máscara. Uno y el otro. Las dos caras de una moneda. Y te amé todavía más. Al menos por un rato.

2 de diciembre, 01:01 a.m.

La amabas. A ella sí que la amabas. Y lógicamente pensé que me amabas a mí. Somos la misma persona.

Te abrí mi corazón y la claraboya. Dejé que entraras cuando se te diera la gana y tomarás todo lo que pudieras. Ya no me queda nada. Te lo llevaste todo. Y estoy cansada y usada. Te abrí mi corazón. No soy más que fragmentos destrozados de una chica radiante con un corazón ardiente.

La amabas a ella, pero no a mí.

4 de diciembre, 01:01 a.m.

Siento no haber podido salvarte, pero tenía que salvarme a mí misma.

Pensaste que podía ser diferente. Pensaste que podía ver más allá de la sonrisa de modelo y tus sonrisas gatunas media rotas. Pensaste que finalmente podía ser la que te quisiera, pero al final, me gruñes y me dices que soy como él.

Pero no lo soy. Te vi. Más allá del modelo y el héroe. Eras sólo un niño cuando ella se fue y tu padre te dijo que desapareció. Eras solo un niño sin saber que era el amor. Eras solo un niño buscando que lo amaran incondicionalmente…Te vi. Y quise desesperadamente salvarte, amor mío. Pero me secaste. No soy más que fragmentos destrozados de una chica que solía amarte, pero a la que no supiste retribuirle de la misma forma.

Quería que me amarás. A mí. A ella y a mí. Pero no supiste ver más allá. Y no pude salvarte, tenía que salvarme a mí.

25 de diciembre, 18:32 p.m.

Cerré la claraboya un día como este un año atrás. Y estoy dejándome de sentir culpable por eso.

Estoy empezando a culparte. Pusiste en mis hombros cada miedo y esperanza que tu padre rompió. Pusiste en mis manos un corazón roto. Pusiste demasiado en los hombros de una niña de quince años.

¿Todavía piensas en mí como la que se fue? Bueno, estoy comenzando a pensar en mí como en la que se salvó. No espero que me perdones…me salvé, pero todavía no puedo perdonarme no haberte salvado.

Quise salvarte, pero pude. Cerré la claraboya cuando todo comenzó a volver oscuro y triste.

2 de enero, 5:05 a.m.

Te vi hoy.

Me viste.

Y seguí caminando. No es mi culpa no haberte salvado. No es culpa tuya no haber podido amarme. Estoy empezando a ver las cosas de otra forma. Y estoy feliz.

Finalmente estoy feliz.

Espero que encuentres la felicidad algún día, Félix.