Los personajes no me pertenecen.

Finalmente acá está la parte de Marinette, que le sigue a la de Adrien y Alya. La próxima es la de Nino.


Te quiero. —le dijo Marinette.

No es que esperaba que él correspondiera sus sentimientos (sólo en sus sueños), se le había ocurrido que podría haber alguien más, pero nunca se le había cruzado por la cabeza que Adrien le diera las gracias. Él literalmente le agradeció y huyó subiéndose al auto. Y la dejó atrás, atrás, atrás…

Dos días después se enteró que estaba de camino a Estados Unidos para modelar la nueva colección de su padre. Nino y Alya aparecieron en la panadería, y Nino la atrapó en sus brazos protectores y la dejo llorar. Por ella. Por Adrien. Por sus sueños rotos. Por las fantasías que se había hecho. Por lo que no fue. Y, si era honesta consigo misma, se sintió como volver a respirar saber que no tendrían que compartir clases juntos.

Nino y Marinette entraron en la biblioteca, tomaron una mesa y dejaron sus cosas antes de perderse en las estanterías para buscar los libros. Cuando estuvieron de acuerdo en cómo iban a abordar el trabajo lo dividieron a la mitad. De un momento a otro sintió que la miraban y por el rabillo del ojo vio a Alya y Adrien susurrándose.

Es un poco raro no estar todos juntos ¿no? —la sacó de sus pensamientos la voz de Nino. Marinette lo miró. Sin los auriculares ni su gorra parecía otra persona. Sonrió. —Digo, amiga, lo tengo. Entiendo porque no estamos juntos, pero es raro…

—…espero que con el tiempo deje de serlo, Nino. —lo interrumpió ella, cerrando el libro que tenía y cambiándolo por otro. —No hoy. Pero lo hará alguna vez.

La respuesta de Nino fue devolverle la sonrisa.


Te quiero. —le dijo cuando la vio a punto de salir.

Ladybug freno en seco y se volvió a mirarlo. Ahí estaba Adrien confesándole sus sentimientos y Marinette detrás de la máscara sintió una punzada de no sé qué. Lo vio todo. Las esperanzas, los sueños y el amor. Todo eso brillando en los ojos de Adrien Agreste y en su pequeña sonrisa. Y las palabras se atascaron en su boca, no podía hacerlas salir y entonces lo supo: no se sentía de esa forma. Ya no. Se sintió tan pequeña bajo la mirada soñadora del rubio y vio cuando el entendimiento llegó a él también.

No debiste decir eso. —susurró ella por debajo de su respiración, pero estaba completamente segura de que él la escucho. —De todo lo que pudiste haber dicho, eso no debiste decirlo…

Trató de sonreírle, pero estaba segura de no le salió muy bien y se echó a andar por los techos de París hasta llegar a la panadería. Entró por la claraboya y Tikki flotó a su lado mirándola preocupadamente. Cada espacio de su habitación estaba todavía empapelado con las imágenes del chico y verlas no estaba ayudándola, rápidamente y sin escuchar a Tikki comenzó a quitarlos uno por uno. El horario. Las fotos. El fondo de pantalla. Las revistas. Todo desapareció, pero no lo hizo mejor. Miró todo el desastre y en un ataque de no sé qué rompió una foto. Y luego otra, otra, otra, otra; hasta que todo estuvo hecho pedazos y nada encajaba…

Fue ahí que se dio cuenta de que estaba llorando y no sabía por qué.


Rompimos. —le confeso Nino con pesar.

Entonces no lo entendió. Nino y Alya eran una maquina bien engrasada y eran perfectos el uno para el otro. No lo había visto venir. Una tarde decidió preguntárselo a Adrien.

¿Por qué crees que se separaron? —Marinette le preguntó un día a Adrien. —Nino y Alya, quiero decir. —¿qué nos pasó? Pensó en decir, pero no tuvo las fuerzas para decirlo. —No lo vi venir.

Pero ellos sí, Marinette. —él sonrió. Ella hizo una mueca. —¿Cuánto sabemos acerca de su relación? Solo los aspectos que ellos nos dejaron saber, eso es lo que las parejas hacen y está bien. No tenemos derecho a saberlo todo…Creo que dejaron de quererse hace mucho tiempo, que Nino lleva tiempo queriendo a alguien más, pero que no supo cómo manejar las cosas y prefirió quedarse junto Alya porque era más fácil, más seguro, menos complicado. Hace mucho dejaron de amarse, Marinette, pero

¿Solo dejaron de estar enamorados el uno del otro? ¿Dejaron de sentir algo por el otro?

No lo sé, tal vez sí.

No se suponía que tenía que terminar así. —respondió Marinette unos minutos después. —Alya me dijo que siempre iba a amarlo, pero que no podía amarlo ahora que tiene el blog más activo. No es que no lo entienda. Lo hago.

Pero no lo hacía. En el fondo, estaba asustada porque se estaban volviendo más grandes y complicados.


Su primera cita oficial con Bastian se vio interrumpida por un akuma. Cuando se volvieron a encontrar él le sonrió y le invitó un helado ya que se habían perdido la película. Su primera cita oficial se vio interrumpida por un akuma, pero Bastian la besó al dejarla en la puerta trasera de la panadería.

Dos meses y ocho citas después se volvieron una pareja oficial. Seis meses después Bastian le dijo que necesitaban ver a otras personas, pero una semana después le pidió perdón. Después que necesitaba espacio. Entonces que estaba confundido. Que debían ser su propia persona. Que necesitaba respirar. ¡Estabas coqueteándole! Creo que es mejor que terminemos. Es la cuarta vez que llegas tarde, Marinette. Estaba haciendo un trabajo con Nino y se me paso la hora. Perdón. Lo siento. Perdón. Al final las excusas se le acababan, las mentiras se le atoraban en la garganta y el corazón se le estrujaba cuando él la miraba y el amor en sus ojos se desvanecía. Y estaba tan cansada de pedir perdón. El amor no se suponía que debía doler tanto.

Al final ya no podía más. Ella lo quería muchísimo, lo amaba, pero sólo estaban lastimándose…Al final ya no lo sentía más.


Chat Noir besó a Marinette una noche. Después de eso no volvió a aparecer en el balcón.

Dos días después derrotaron a Hawk Moth. Ella quiso decirle a Chat Noir quien era, que era Marinette debajo de la máscara, pero las palabras no le salieron. Hicieron un vídeo. Al día siguiente Alya se despidió.

Nino se quedaba en París. Iba a estudiar en el conservatorio de música y estaba realmente emocionado por comenzar. Marinette también lo estaba.


Era jueves.

Y estaba llegando tarde. Estaba por cruzar la calle cuando lo vio sentado junto a una mesa en la ventana y sonrió. Sabiendo que ya había pedido por ella cruzó la calle y entró al pequeño café ubicado a tres y cuatro calles del conservatorio y la universidad de diseño y arquitectura. Él la vio y alzó la mano como forma de saludo. Y sonrió.

Ya le había dado mil vueltas y el resultado era el mismo: estaba enamorada de Nino. Y eso la aterraba. Pero estaba lista para saltar y arriesgarlo todo, porque de alguna forma se sentía totalmente diferente y tenía todas sus esperanzas puestas en que las cosas serían diferentes. Nino volvió a sonreír mientras ella tomaba asiento frente a él.

Fue un día de locos.

¿Chloé? —le preguntó Nino, estirando su mano para tomar la suya. —Por lo menos no tendrás que verla hasta la próxima semana.

Ufff, es tan, pero tan molesta a veces. No entiendo para que me pidió que diseñara su vestido si en realidad no quería que lo hiciera.

Porque tienes talento, pero sabemos que no quiere admitirlo.

Tomaron sus bebidas y hablaron de su semana, arreglaron sus planes para el fin de semana y en ningún momento se soltaron la mano. Y Marinette no podía ponerle nombre al sentimiento que la abrumaba cuando pensaba en Alya, pero tampoco quería ignorar todo lo que Nino le hacía sentir y no quería dejarlo ir.

Cuando salieron del pequeño café se soltaron, pero la sensación de la mano de Nino entrelazada con la suya todavía estaba allí.


Estoy enamorada de Nino, Alya.

Del otro lado de la pantalla Alya se congelo y Marinette temió que sus palabras rompieran su amistad. La chica se tomó unos minutos y cuando volvió a mirarla tenía una sonrisa en los labios, y Marinette sintió que un peso se le quitaba de encima.

¿Y él cómo se siente? —le preguntó.

Creo que podría sentirse de la misma forma, pero no lo sé…no quise decir nada sin antes hablar contigo. —le contestó, jugando con un pedazo de tela y mirando a cualquier lado menos a Alya. —¿Todavía tienes sentimientos por él? Si es así no haré nada, Alya.

No, Marinette, no tengo sentimientos por Nino. Y creo que deberías averiguar cómo se siente él, se lo merecen.


Jueves. Nino estaba esperándola fuera de la universidad. Y Marinette no supo que fue, pero cuando llegó a su lado se alzó en puntitas de pie y lo besó. Y Nino estaba devolviéndole el beso y todo su corazón era cálido y un zoológico rugía. No estaba segura cuanto tiempo habían estado besándose, pero cuando se separaron él no la dejó ir y Marinette estaba de acuerdo con eso.

Te quiero, Marinette. —le susurró Nino.


La llevó al zoológico en su primera cita y le confesó de aquella vez en el colegio cuando habían quedado allí y que se suponía que él iba a confesarle sus sentimientos. Terminaron riendo frente a la jaula de la pantera, con sus dedos entrelazados y robándose besos. Al final se quedaron toda la noche dando vueltas por París sin querer separarse.

Marinette le confesó ser Ladybug la primera noche que se quedó en su casa y Nino la besó. Había decidido que sus secretos no iban a separarlos. Ella le dijo todo lo que podía. Dos noches después vio el vídeo de Chat Noir y descubrió que tras la máscara se encontraba Adrien y se sintió tan triste que se refugió en lo alto de la torre Eiffel. De alguna forma Nino consiguió llegar hasta allí y la abrazó toda la noche, no hizo preguntas, no trato de sonsacarle algo, pero se quedó allí.

Sin embargo, a veces discutían y necesitaban distanciarse, tomarse un día para pensar y al final siempre se encontraban el jueves en su café.


Se mudaron juntos casi sin darse cuenta. La mayoría de las cosas de Marinette estaban en el pequeño departamento de Nino cuando se dieron cuenta y él le dijo casualmente que estaba bien si quería traer el resto de sus cosas y compartir la renta. Ella tenía su espacio en el armario, Tikki tenía su pequeña camita, los restos de tela y prendas ya terminadas no molestaban a Nino. Y aunque la cama era pequeña no les importaba, les gustaba acurrucarse.

Sus padres pegaron el grito en el cielo. Sus madres de alegría. Y sus padres pensaban que iban demasiado rápido a pesar de que llevaban dos años saliendo. Pero no había nada que pudieran hacer.

Llevaban cuatro años y medio saliendo cuando Nino le dio un anillo. Se habían mudado del pequeño departamento a uno más grande. Habían conseguido los trabajos de sus sueños y estaban más que felices. Y entonces él le dio un anillo.

Estaban en el zoológico, exactamente en el mismo lugar donde se habían encontrado aquella vez en el colegio, sentados en el banco.

La primera vez que nos encontramos acá debía decirte sobre lo linda que te encontraba y termine saliendo con Alya. Y no me arrepiento de nada de lo que tuvimos que pasar para llegar acá. Así que voy hacer las cosas bien y te voy a decir lo que tenía que decirte aquella tarde: Te amo, Marinette, y me harías el hombre más feliz si aceptaras casarte conmigo.

Terminaron en el suelo cuando ella se le tiró encima para besarlo. El sí estaba más que claro.


Era el día perfecto para una boda, para su boda y era perfecta. Miró a Nino y sonrió. Tal vez estaba escrito en las estrellas que al final se iban a encontrar y estaba feliz.

—Te amo, Nino.—le dijo Marinette. Y se dio cuenta de que nunca antes lo había dicho, no a Adrien, ni siquiera a Bastian. Y se dio cuenta de que se había guardado esas palabras para una persona especial y allí estaba. Si alguien merecía esas palabras era Nino que era la persona más especial. Y estaba feliz de que así fuera.

Era el día perfecto para una boda.