Los personajes no son míos, sólo los uso para divertirme un rato.
¡Por fin! Acá está la parte de Nino. Es más corta y tiene menos contenido, pero sinceramente no quería que fuera tan larga y pesada. Es mi parte favorita.
Estaba enamorado de ti una vez,
tan asustado que no pude decir nada.
Y ahora que tengo otra oportunidad,
voy a gritarlo para que todo París lo sepa.
Nino miró como Boris le ponía voz a su canción y la transformaba en algo más. Tal vez, si tenía suerte, estaría en las radios en unas semanas. Había saltado emocionado cuando su profesor de música electrónica le había propuesto trabajar en unas mezclas y nuevos sonidos, y de que Boris le dejará trabajar en la letra también. Él un escritor nunca había sido, pero era como si esas palabras estuvieran escondidas en alguna parte de su cabeza y corazón esperando a salir.
El reloj detrás de Boris marcaba que faltaban diez para las cuatro. Marinette seguramente ya estaba en el café, descansando de sus cuatro horas de dibujo técnico, que estaba en medio del Conservatorio y la Universidad. Pensar en la chica le sonsaco una sonrisa. Miró una vez más el reloj y le hizo unas señas a Boris de que habían terminado.
Marinette se encontraba ocupando la mesa de siempre, la que estaba junto a la ventana y bebía de su café. Se sentó frente a ella y la mesera apareció con su pedido, que seguro su amiga había pedido por él. La canción sonó en su cabeza mientras Marinette comenzaba a parlotear sobre su día y movía las manos y el rostro se le iluminaba cada vez que hablaba de algo que amaba. Era casi imposible ignorar lo hermosa que era. Y quería decirle que se había inspirado en ella, pero las palabras se le atascaron en la garganta y le dio un gran sorbo a su café negro.
–…Entonces me caí. –terminó ella, con las mejillas encendidas y los ojos brillando. La risa rebotó por todo el café y algunas cabezas se dieron vuelta para lanzarles unas miradas indiscretas.
–Una vez torpe, siempre torpe ¿eh? –bromeó Nino.
–¡Estoy mejorando! –protestó Marinette, fingiendo indignación.
Otra vez rompieron a reír. Y la canción volvió a sonar en su corazón. Solamente tenía que decirlo, no era tan difícil, abrir la boca y decirle que era la chica detrás de la canción que había escrito, pero mientras la miraba, pensó que tenían todo el tiempo del mundo.
Era jueves.
Marinette y Nino iban a ir a comprar telas. Pronto sería la primera presentación en vivo de la canción que ya estaba sonando en todas las radios de París y Marinette iba a diseñar el vestuario.
No supo qué fue o cómo paso, pero de un momento a otro Marinette estaba frente a él y al siguiente sus labios estaban sobre los suyos. Sin pensarlo estaba besándola de vuelta, sin querer soltarla y aferrándose a su pequeña cintura. Era mucho mejor de lo que había imaginado. Era cálido y suave, pero salvaje y frenético. Estaba besando a Marinette y no podía pensar en una mejor sensación que esa. No pudo soltarla cuando se separaron a tomar aire y ella parecía estar bien con ello, aferrándose a su pecho y Nino sintió el aliento de Marinette golpeando contra su pecho.
–Te quiero, Marinette. –le susurró Nino.
Marinette lo besó una vez más.
Estoy enamorado de ti otra vez
mientras bailamos y las luces de la ciudad se encienden
y tu risa hace bailar mi corazón.
Y voy a gritarlo
para que todos los sepan,
y no se te olvide
que ésta es tu canción.
Lo despertaron el sonido de los pies de Marinette arrastrándose. Miró el pequeño apartamento. Era un desastre. La ropa y tela de Marinette estaba tirada por todos los rincones, su cuaderno de diseños estaba en el pequeño sofá y los auriculares y computadora de Nino a su lado. Se levantó y se arrastró por el piso levantando todo a su paso. Puso en el cesto de ropa sucia la ropa de Marinette y la suya, colocó el cuaderno en la mesita de luz y encendió la cafetera.
–Estoy haciendo café. –le avisó a Marinette cuando la escuchó salir de la ducha.
–¡ERA LADYBUG! –exclamó ella, y se metió otra vez en el pequeño baño.
Nino miró durante horas la puerta del baño. No estaba seguro de lo qué se suponía que tenía que pensar, ni siquiera estaba seguro de haber escuchado bien, sin embargo, mientras más lo pensaba más sentido tenía. Y no sabía qué hacer. Pero no era como si esa información cambiará las cosas entre ellos.
–El café se enfría, Nette. –susurró él. La escuchó sollozar al otro lado de la puerta y quiso tirarla abajo y tomarla entre sus brazos. –Ahora entiendo porque llegabas tarde a todos lados. –trató de bromear.
Marinette y una cosita roja apoyada en su hombro salieron del baño. Nino actuó como si fuera normal. La vio volver a encender la cafetera y colocar unas galletas en un plato, la cosita roja flotó y tomó, con sus pequeñas manos, una galleta. Nino sonrió por lo extraño de la situación y besó la cabeza de Marinette para hacerle saber que todo estaba bien.
–No estoy yéndome a ningún lado, Marinette. –le aseguró, luego de unos minutos de silencio. –Estamos haciendo esto juntos, sea lo que sea. Y no estoy dejándote ir. No cambia lo que siento.
Marinette lo miró y, otra vez, Nino estaba enamorado.
A veces cuando escuchaba la historia de Ladybug y ChatNoir, Nino se sentía como un ladrón. No se suponía que la historia terminaba así, con dos almas gemelas separadas. Otras veces se sentía afortunado y Marinette reía y cantaba su canción, y Nino podía ignorar la mirada perdida de Adrien al otro lado de la pantalla. Pero a veces, cuando Tikki se sentaba en su hombro y le hablaba de almas gemelas y amor y compañerismo, pensaba que era todo lo que él estaba robándole a su amigo. Y la culpa latía en su pecho.
–¿Es lo correcto? –se atrevió a preguntarle una vez. Marinette estaba fuera y ya no era raro ver a Tikki flotar por el departamento.
–¿Qué dice tu corazón, Nino? –respondió ella, siempre tan enigmática.
–Que sí. Me dice que me aferre y no lo deje ir. –suspiró, con la mirada perdida en una foto. –Y otras veces me dice que estoy siendo egoísta y mezquino, que se lo estoy quitando y no es justo.
–El amor es egoísta.
–Así que no, no es lo correcto…
–El amor es la magia más poderosa del mundo, pero el amor no fue lo que hizo que Marinette y Adrien fueran elegidos como Ladybug y ChatNoir. Las almas gemelas ya no son tan comunes de encontrar, así que los Miraculous tuvieron que adaptarse y encontrar lo más parecido a almas gemelas. Eso no significa específicamente que Ladybug y ChatNoir terminen juntos, siempre serán compañeros, pero, en los últimos tiempos, pocos elegidos terminaron románticamente juntos. –explicó Tikki, desapareciendo detrás de una galleta. –Es amor cuando pueden verse a través de la máscara. –lo miró y dejó a un lado el plato vacío. –Y no es amor cuando la máscara no es más que un accesorio, una responsabilidad y la posibilidad de ser libre. –Nino asintió.
Adrien había vivido toda su vida encerrado y ser ChatNoir era una forma de ser libre, de correr por las calles sin que nadie lo reconociera, sin ser el pequeño niño de oro al que su padre no dejaba respirar. Y para Marinette había sido una carga. Una responsabilidad de la que tenía que hacerse cargo. Adrien y Marinette no habían tenido tiempo de verse a través de la máscara. No lo habían intentado.
–Esto va a dolerle. –le dijo, mirando la pequeña caja. Había pasado semanas eligiendo el anillo.
–Tiene que hacerlo para que empiece a dejarlo ir, chico. –interrumpió la voz gruñona de Plagg al otro lado de la pantalla. Tikki y Nino lo miraron, pensando que se habían olvidado de que él estaba allí también. –Hay que dejar de protegerlo. Alguna vez tiene que dolerle todo lo que pueda doler. Y estará bien.
La música lo sacó de sus pensamientos y, cuando se dio vuelta para mirar a los invitados, vio a Adrien y Alya sentados en una mesa apartados de todos. Sus discursos habían sido perfectos, a pesar de que habían sido improvisados y una total mentira. Pensó en lo que Tikki le dijo antes de que le pidiera matrimonio a Marinette: tiene que doler, pero no dolerá por siempre.
Atrapó a Marinette en sus brazos y le señaló donde el par estaba sentado.
–Estarán bien. –susurró sobre sus labios. –Te amo, Nino. –le dijo Marinette.
Él también la amaba, pero no hacía falta decirlo.
