DISCLAIMER: todos los personajes son propiedad de Naoko Takeuchi, solo los tomo prestados.
La historia es enteramente mía, queda prohibido publicarla en cualquier plataforma sin mi consentimiento.
¡ALERTA! Este es uno de los capítulos donde se cumple la advertencia de la historia
Después del año en hiatus ¡he vuelto! Ojala haya alguien de aquellos tiempos por aquí :´´)
Nunca se había sentido una mujer hermosa, pero al ver su reflejo en el espejo se sentía como tal se había hecho un sencillo moño dejando algunos mechones sueltos y el vestido azul celeste no hacía más que resaltar su estrecha cintura dejando ver el contorno de sus pechos, abrió la puerta decidida a caminar derecha con aquellos tacones que podrían romperle un tobillo si trastabillaba.
Pero la mirada que Darien le brindo hizo que cualquier esfuerzo pareciera pequeño a comparación, la observaba como si fuera la criatura más bella del mundo, con aquella sonrisa que la derretía por dentro y esos ojos azules penetrantes… ella amaba cuando él la miraba de esa forma.
―Estás preciosa Serena ― dijo él aproximándose al pie de la escalera, mientras la rubia bajaba con elegancia de esta, para aceptar la mano que le brindo el azabache cuando estaba en el último escalón.
―Tú no estás nada mal Darien ― contesto Serena escudriñándolo de pies a cabeza, notando que iba muy elegante con su smoking color gris.
―Me gustaría que te pusieras esto ― dijo el de pronto tendiéndole un estuche.
―¿Qué es esto? ― pregunto ella tomando el estuche entre sus manos y al abrirla se encontró ante un brazalete de topacios y con lo que parecían incrustaciones de Zafiros.
―Adivine que elegirías este vestido, combina con tus ojos al igual que el brazalete― repuso el moreno mientras tomaba su muñeca y ajustaba la joya.
―Apenas va comenzando la noche y me estas llenando de sorpresas.
―Este es apenas el comienzo Serena mía―le susurro al oído, y acto siguiente le vendo los ojos.
―¡Darien! ―grito Serena desconcertada.
―Esto no es más que otra sorpresa pequeña.
―¡Juro que me voy a caer si camino con los ojos vendados y estos tacones!
―Entonces no caminaras― objeto el tomándola en brazos, para llevarla hasta el auto.
―¿Sabes que me puedo quitar la venda en cualquier momento?
―¿Confías en mi Serena?- inquirió Darien de pronto, mientras ponía el auto en marcha.
―Conoces mi respuesta de sobra–afirmo.
―Entonces no te quitaras la venda― aseguro este, con autoridad.
Para Serena fue eterno el camino al no poder ver hacia donde se dirigían, hasta que minutos después pudo escuchar como Darien detenía el auto y abría la puerta del copiloto en donde ella estaba sentada, tomándola nuevamente en brazos.
―Creo que podría acostumbrarme a estar entre tus brazos. ―expreso ella acurrucándose contra él-
―Ya hemos llegado―manifestó finalmente el moreno, deteniéndose y dejándola cuidadosamente en el suelo, asegurándose que la rubia tuviera equilibrio suficiente como para mantenerse en pie y al tener aquella seguridad quitarle la venda que aprisionaba los ojos de ella, no sin antes tomarle la cabeza entre las manos y darle un beso pausado en la frente.
Serena tardo unos segundos en asimilar en donde estaba parada, bueno después de todo no estaba loca al haber sentido que subía en un elevador. Y con toda razón ya que no habría podido llegar hasta ahí de otra forma. Delante de ella estaba lo que parecía un restaurante, pero no cualquier restaurante si no uno que estaba ubicado en medio de Tokio con altos ventanales que daban una vista panorámica excepcional. Pero sorprendentemente estaba completamente desértico de clientes y solo se encontraba el personal.
―Da.. Darien ¿Qué es todo esto? ― pregunto Serena conmocionada mientras el azabache aprovechaba el momento para entrelazar su brazo junto con el de ella, guiándola hasta una mesa que estaba en la terraza, retirando la silla para que la rubia se sentara y una vez que lo hizo, empujo la silla levemente notando como ella cruzaba las piernas con nerviosismo. ―¿Por qué el piso esta vacio?
―Digamos que el dueño, accedió a cerrarlo por esta noche― replico el encogiéndose de hombros, quitándole importancia al asunto.
―Despilfarras tanto que al paso que vas terminaremos durmiendo en una caja de cartón a las afueras de la ciudad.- repuso Serena acomodando su servilleta, mientras que Darien soltaba una sonora carcajada.
―Adoro tu sentido del humor. ¿Te gustaría ordenar algo?
―Si claro, si alguien me facilitara el menú.
―No necesitas un menú, puedes pedir lo que gustes.- contesto Darien haciendo una seña al mesero que estaba en una esquina a lo lejos.
―Claro, entonces quiero pasta con salsa de tomate, un helado doble de fresas con crema y extra chocolate derretido me gustaría que tuviera una cereza como toque final, una piña colada y por ultimo un filete de carne ― expreso ella con sarcasmo, enarcado una fina ceja burlona hacia él.
―Ya escuchaste James, pero cuida que la piña colada no tenga alcohol necesito que la señorita este en sus cabales.
―¿Usted no ordenara nada señor? ― inquirió el mesero, mientras tomaba nota de todo.
―Lo mismo de siempre, ahora puedes retirarte.
El hombre hizo un gesto afirmativo con la cabeza y volvió a dejarlos solos.
―¿Vienes seguido por aquí?
―Sí, lo frecuento debes en cuando.
―¿Traes a mujeres aquí Darien?
―No Serena, no soy de los hombres que cortejan a una mujer en restaurantes.
Serena lo observo por minutos e incluso pudieron haber sido horas y ella nunca se habría dado cuenta, su mente le dictaba que hiciera la próxima pregunta pero su corazón se negaba a escuchar la respuesta. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el camarero trajo consigo dos bandejas una para ella y la otra para Darien, la suya estaba repleta de toda la comida que ella había pedido exceptuando el helado.
Cenaron en silencio, mientas toda la cena transcurrió entre miradas furtivas de ambos hasta que y solo hasta llegar al postre la rubia dijo una palabra.
―Vaya creo que el "puedes pedir lo que quieras" no era muy cierto ya que no encuentro por ningún lado mi helado. ―reclamo ella burlonamente, dándole un sorbo a su bebida, relamiéndose los labios.
―Aun no se ha acabado la velada coneja.
Sabía que tenía que dejar atrás aquel tema y que la respuesta que Darien le prodigara podría herirla, pero sin embargo ella quería saber la verdad aun a sabiendas del daño que esta le podría causar.
―¿Por qué no me tratas como a esas mujeres?-se obligó a preguntar.
Él la observo por varios segundos, analizando su expresión.
―Porque contigo todo es diferente Serena. Todo lo relacionado contigo a sido siempre diferente, nunca me plantee la idea de hacerme cargo de una niña cuando aún era joven y sin embargo desde el primer momento en que te vi supe que no te podría dejar, tampoco creía en los sentimientos amorosos ni en el deseo de la paternidad y ahora me encuentro imaginándote con el vientre hinchado llevando en tu seno a nuestro hijo, pero sobre todo NUNCA visualice el compartir mi presente mucho menos mi futuro con otra persona pero ahora juro que quiero hacerlo y si existe otra vida también, siempre y cuando sea contigo coneja mía. Serena Bunny Tsukino ¿Me harías el honor de casarte conmigo?
Serena sentía que la cabeza le daba vueltas y que su corazón se hinchaba de emoción ante la propuesta de Darien, cada una de las palabras que este le había dicho le derretían por dentro y agradecía enormemente el estar sentada ya que si no sus piernas hubieran flaqueado irremediablemente, tantos sentimientos arremolinados en su pecho hicieron que ni siquiera se diera cuenta cuando Darien se arrodillo al lado de su silla pero no con un estuche si no con el helado que ella pensó que no le trajeron, y para su sorpresa en donde se encontraban las cerezas también estaba un anillo.
Se trataba de un anillo de oro rosa con un diamante del mismo color en forma de corazón, rodeado de incrustaciones del mismo pero de color blanco. Definitivamente era la argolla más hermosa que había visto en su vida.
Serena, se quedo en total en total silencio, y poco a poco las lágrimas fueron empañando sus ojos.
―¡Oh Darien! Nada me haría más feliz que el estar contigo toda la vida, como siempre desee. ―contesto con fervor, observando como el moreno colocaba el anillo en su dedo anular, no se dio cuenta que las lagrimas caían libremente por sus mejillas hasta que Darien las limpio suavemente con sus dedos.
―Lo siento, nunca creí que las lágrimas de felicidad fueran reales, pero ahora estoy completamente segura de que existen. ― dijo la rubia sonriendo, al momento en que Darien la tomo entre sus brazos acariciando sus cabellos tiernamente.
―Llévame a casa por favor― susurro ella.
Cuando finalmente Darien la deposito en el suelo de la habitación, Serena tenía bien en claro que amanecería entre sus brazos.
Camino perezosamente hasta el espejo, quitándose cada una de las horquillas que sostenían su melena. ― ¿podrías bajar el cierre? ― pregunto ella observándolo de reojo, levantando su cabello entre sus manos para facilitarle el acceso.
―Este juego puede ser muy peligroso― contesto él acercándose a ella, tomando el cierre del vestido entre sus manos e ir bajándolo revelando poco a poco su espalda, hasta llegar al inicio de sus caderas.
Serena se sentía nerviosa, pero estaba completamente segura de su decisión, Darien la tomo de la cintura dándole vuelta para poder ver su expresión de frente, cuando con delicadeza fue bajando los tirantes de su vestido, dejándola con tan solo un sujetador de encaje y unas bragas a juego.
La rubia no claudicaba ante la atenta mirada de él. A Darien le parecía asombroso que su pequeña se mantuviera firme a pesar del palpable nerviosismo que ella sentía, el ver que su respiración se tornaba más rápida de lo normal provocando que sus pechos se balancearan.
―Darien, ¿Tú me amas?- Pregunto con voz casi susurrante.
―Nunca ame a alguien como te amo a ti Serena, desde el momento en que te vi supe que cambiarias por completo mi existencia te convertiste en el motivo por el cual deseo vivir, y por lo tanto moriría por ti si fuera necesario, eres la única mujer que amare por el resto de mis días.
Nada más oírlo, Serena sonrió, sin oportunidad de poder ocultar la felicidad que esas palabras provocaban en su corazón, inmediatamente se alzo sobre él rodeando su cadera con sus piernas, Darien la sostuvo tomándola del trasero suavemente, el tener el cuerpo de Serena tan cerca, mientras sus senos estaban en frente de su cara y sus manos sosteniendo su redondeado trasero no hizo más que incrementar su excitación a niveles exorbitantes.
―Darien, ¿Por qué no me estas acariciando ni besando?- pregunto Serena juntando su frente con la del moreno.
―Cariño, esto no es una aventura adolescente, no es tan solo un momento ni una experiencia más, Desde el momento en que aceptaste que mi anillo se posara en tu dedo, Me perteneces ― afirmo ferozmente, depositando besos desde el nacimiento de su cuello llegando hasta el nacimiento de sus senos ― Ya no hay vuelta atrás, eres MÍA.
Darien la alzo contra él dejándola contra la pared. Serena se aferro a su espalda fuertemente. Sosteniéndola con tan solo una mano como si de una simple muñeca se tratase, y con su otra mano prosiguió a desabrochar su sujetador rápidamente.
Serena lanzo un fuerte suspiro ante la sensación tan agradable, que le producía el tener los labios de Darien sobre su piel.
―Quiero tu respuesta pequeña mía― exigió el moreno levantando el mentón de la rubia con la mano que tenia aun libre.
Serena acaricio su rostro con la palma de la mano, aceptando en silencio sus palabras.
El corazón de Darien se inundó de amor ante ese gesto, en el que su sere demostraba su total rendición ante él, y como la anterior noche se dedicaría a adorar el cuerpo de su coneja.
llevandola con cuidado, deleitándose de nuevo con la vista de aquel cuerpo tan perfecto que ahora tenía a su merced intentando quitarle la camisa, acción que el completo ante los dedos temblorosos de ella, la deposito en la cama suavemente para besar cada rincón de su cuerpo, subiendo suavemente por sus piernas, mientras reclamaba su boca apasionadamente sin dejar de acariciar el interior de sus muslos, hasta llegar a su anhelante sexo, abriéndose paso entre los delicados pliegues que acaricio suavemente.
―Oh , si―susurró ella, cuando las caricias del moreno aumentaban de intensidad haciendo movimientos rítmicos en su clítoris.
Puede que aún se preguntara si Darien la amaba con la misma vehemencia con la que lo hacia ella, pero con cada suave toque destinado a satisfacerla demostraba que en todos los sentidos siempre anteponía su bienestar, felicidad e incluso su placer antes que él.
Sus pensamientos fueron interrumpidos ante la honda de éxtasis que atenazo su pelvis, colapsando con su cordura.
Amaba a aquella mujer más que a nada en el mundo, su placer se convertía en el suyo propio, así como su felicidad o tristeza, y al ver que volvía a la realidad viéndolo con tanto amor, solo incremento sus ansias de estar con ella no solo ahora si no, toda la vida.
Comenzó a darle suaves mordiscos por el cuello, para pasar su boca a un pecho succionando vorazmente un pezón pasando la lengua por la hinchada cumbre. Aprovechando para pasar sus dedos entre sus piernas notando la creciente humedad de su feminidad.
―Darien, ¡por favor!- jadeo ella.
―No habrá barrera entre nosotros ¿estás segura pequeña mía?- pregunto Darien mientras la estimulaba frotando su pene tentativamente por su abertura, sintiendo como Serena frotaba sus caderas al tiempo que lo abrazaba para atraerlo hacia ella y con cada contoneo su miembro se hinchaba dolorosamente, anticipándose .
―Si, por favor ― jadeó, con necesidad.
―Mía―declaro él posesivamente, antes de hundir su dura erección entre sus suaves y húmedos pliegues.
Esperando unos segundos a que se acostumbrara a su tamaño notando como unas lágrimas rebeldes salían de los ojos de la rubia mismas lágrimas que beso, así como a la dueña de ellas, reclamo sus labios con fervor tratando de calmar su dolor y el suave movimiento de caderas de ella lo apremio a que siguiera, así como el que entrelazara sus manos entre sus azabaches cabellos, sus cuerpos se embistieron deslizándose mientras el placer aumentaba así como el ritmo de sus respiraciones y él primitivo deseo del moreno de plantar su simiente en lo más profundo de su Serena para poder de esa manera atarla siempre a él , y con esa idea levanto sus piernas sobre sus hombros embistiéndola fuertemente al escuchar sus gemidos de placer así como sus uñas enterrándose en sus antebrazos.
―¡Más fuerte! Dios te sientes tan bien dentro de mí.- dijo ella.
Él acaricio su clítoris con sus dedos, en conjunto con sus duras embestidas empujando hasta donde su estrechez le permitió entrar, el placer aumentaba más y más y Darien noto como su dulce centro se contraía alrededor suyo, mientras el orgasmo la reclamaba y el suyo llego después de unos cuantos golpes profundos y un grito gutural parecido al de un animal, dispersado su semilla en el interior de su amada con el ferviente deseo que pudiera echar raíces en ella.
―Siempre mía― murmuro antes de desplomarse para abrazarla fuertemente contra él.
―Tuya― afirmo Serena en un suave ronroneo.
