DISCLAIMER: todos los personajes son propiedad de Naoko Takeuchi, yo los tomo prestados.

La historia es enteramente mía, queda prohibido publicarla en cualquier plataforma sin mi consentimiento.

Desde el momento en que Serena abría los ojos por las mañanas y descansaba su cabeza en su torso, hasta el momento en que sus largas pestañas se cerraban por la noches, lo hacía sentir, un bastardo con demasiada suerte, tenía a su lado a la mujer más tierna, amorosa y testaruda que el universo le pudo haber dado, su rutina desde hace casi tres meses era despertar poco antes del amanecer, para observarla dormir plácidamente acariciaba su rostro, contorneando sus finas facciones, memorizándolas ante su tacto, podría jurar que incluso siendo un ciego la reconocería, la dependencia emocional era algo que nunca se permitió, sin embargo estaba ahí admirando a la mujer que amaba con cada fibra de su ser.

Una hora después Serena abrió sus ojos somnolienta, observando como su uniforme estaba al pie de la cama y Darien entraba con el desayuno.

—Buenos días dormilona-decía el moreno, tendiéndole un plato de frutas, dejando el vaso de jugo en la mesilla de un lado.

Serena dejo a un lado de la cama el plato con frutas, para pasar sus manos por los anchos brazos de Darien, sosteniendo la cara de él con sus manos llenando su cara de besos, deteniéndose en dejar un suave beso en sus labios.

—Te amo demasiado ¿lo sabias? —Le regalo una amplia sonrisa—

—Lo sé, como también sé que fui bastante amable y te deje dormir media horas más, ¡tienes que apurarte para llegar a la universidad!-la apuro él.

—¡Demonios! Podrías haberme despertado antes—grito ella, apurada tomando un pedazo de manzana entre sus labios.

—Teniendo en cuenta en que soy el responsable de tus continuos desvelos, no tuve el corazón para hacerlo.

Serena se sonrojo hasta el cuero cabelludo, al recordar los desvelos del fin de semana, si bien era cierto que ya no tenía por qué sonrojarse aun así su piel se tiño de color carmesí.

—Vamos ve a ducharte, me encantaría acompañarte pero tengo que arreglar unos detalles— agrego, en tono sensual, para salir de la habitación rápidamente.

Minutos más tarde Serena cepillaba su cabello presurosamente, para después alisar su falda con las manos, bajo las escaleras presurosamente, para toparse al azabache en la entrada de la puerta.

—¿Me vas a llevar?-pregunto ella, buscando su maletín en la sala.

—Algo mejor ven a la cochera-replico, tomándola de la mano guiándola hasta el vehículo que estaba estacionado.

Serena silbo por lo bajo, observando el Audi A6 que tenía frente a ella, definitivamente tendría que convencer a Darien para que la dejara manejar aquel coche, aunque esta consiente del enérgico no que podía obtener como respuesta.

—Joder, espero que no te pongas igual de pesado que con tu auto y al menos me dejes dar la vuelta en este-dijo Serena acariciando el cofre.

—Darás más que una vuelta, Es tuyo.-replico él con una sonrisa, abriéndole la puerta.

La diversión se asomó en los ojos de él, ante la reacción de la rubia que parpadeo sorprendida al descubrir que era suyo.

—¿Esto es una broma? —preguntó despacio—

—Creo que dándote las llaves podría corroborar mi afirmación—expuso de pronto extendiéndoselas.

—Darien, es demasiado enserio no me molesta venir caminando—decía ella al momento en que le regresaba las llaves.

—Nada es demasiado, además de que así estaré un poco más tranquilo al saber que no existe la posibilidad de que ningún niñato ofrecido te traiga a casa. ya es demasiado tarde te convendría irte— declaro el haciendo una mueca, entregándole las llaves de nuevo al tiempo que besaba tiernamente sus labios en forma de despedida.

—Estas demasiado acostumbrado a salirte con la tuya Chiba—dijo Serena fingiendo enojo, entrando al auto.

—Usted también futura señora Chiba—replico guiñándole un ojo, observando como la rubia encendía el motor para irse rápidamente.

Serena se estaciono rápidamente, aun cuando vio que faltaban unos minutos para su entrada, se percató de las atentas miradas que recaían en ella al verla llegar en lo que ahora podía presumir que era su auto, nunca había sido nada pretenciosa pero lo cierto era que desde sus décimo sexto cumpleaños cuando por fin había podido obtener su licencia de conducir, deseo tener el suyo propio.

—Demonios de casualidad no encontraste algo un poco menos llamativo—dijo lita a sus espaldas.

—¡Fue un regalo! yo me hubiera conformado con tan solo algo en que transportarme—contesto Serena entre risas, tomando su maletín.

—Claro, claro ahora mueve esas pequeñas piernas cortas tuyas que ya vamos sobre tiempo.

—¡Mis piernas no son cortas, las tuyas son demasiado largas!-dijo Serena indignada intentando caminar al mismo paso que la castaña.

—Como tú digas—dijo riendo al ver la cara molesta de su amiga.

Finalmente la hora del receso se hizo presente, haciendo que Serena saliera del salón junto con Lita.

—Te espero aquí—comento Serena, a medio camino.

—¿Bromeas? No desayune nada y tengo demasiada hambre—replico ella haciendo un puchero.

—No te estoy pidiendo que no desayunes, te espero en las mesas que están por haya-declaro, señalando unas mesas alejadas.

—¡Te llevare algunos frutos secos!-grito Lita, corriendo a la cafetería.

Desde hace pocas semanas el simple olor que Expedia aquel lugar la asqueaba, su estómago no toleraba aquellos aromas e inmediatamente le daban unas nauseas ensordecedoras, que la habían dejado vomitado en los lavabos, aunque no culpaba a su pobre cuerpo después de todo, la comida que ahí servían no era para nada nutritiva.

—¿Podría…? —Carraspeó— ¿podría sentarme?.

—por supuesto—contesto ella, gentilmente al ver que se trataba de Seiya.

—No quiero incomodarte, tampoco quiero causarte un problema con tu Prometido—dijo Seiya dolido al ver su dedo anular rodeado por su anillo de compromiso.

—Yo también quería hablar contigo, además quería disculparme por lo que sucedió pero creo que será mejor que hables tu primero—indico ella, observando atentamente al pelinegro, no habían hablado desde el incidente y su intención no era quedar en malos términos con Seiya pero tampoco quería obligarlo hablar con ella.

—No debí actuar así, quiero que quede en claro que no me estoy eximiendo en cuanto a lo que sucedió soy tan responsable como lo es ese im… como lo es él, no medí las consecuencias que podrían traer mis actos y fue demasiado irresponsable de mi parte, yo no sabía que él era tu pareja hasta que vi la posesión que tenía sobre ti y el cómo lo mirabas, de haber sabido que tenías una relación no me habría entrometido entre ustedes, solo quiero pedirte perdón por los problemas que pude causarte.

—Es verdad que no era la manera más correcta de reaccionar pero somos humanos, muchas veces poco racionales e impulsivos, Darien y yo no habíamos formalizado nada hasta ese día no éramos una pareja como tal yo no te oculte nada, simplemente las cosas se dieron entre nosotros, acepto tus disculpas así como espero aceptes que podamos ser al menos amigos. —declaro ella, viendo la mirada de desaprobación del muchacho.

—Como amigos que ahora seremos permíteme darte un consejo, no pongas a tu prometido, tutor o lo que sea que es de ti en un pedestal, por más grande que sea el monumento puede derrumbarse, Al tipo lo que le sobra es dinero y de eso hasta un ciego podría darse cuenta, es tu tutor eres su adquisición legalmente y como si eso no le bastara también lo eres en carne y hueso, solo espero que no te arrepientas de todo esto o que termine por destrozarte la vida.

-¿Por qué me hablas de esta forma? -susurro ella aún asombrada por las duras palabras del que consideraba su amigo.

-por qué no te diré lo que quieres oír, yo no te llenaré los oídos con mentiras ni mucho menos con falsa esperanzas con ese tipo, tiene la facilidad de conseguirse mujeres y tú Serena no fuiste la excepción, ¿Estas segura de dar el siguiente paso?

—Yo creo que…—Serena no pudo continuar por que Seiya puso un dedo en sus labios encerrando en ellos las palabras que diría.

—No me contestes, contéstate a ti misma preguntante si eso es lo que quieres para tu vida.-contesto de manera tajante sin vacilación alguna.

Acto seguido, se levantó de su silla dejando a la muchacha de rubios cabellos con la mente hecha un caos, sus palabras no hicieron más que acentuar la incertidumbre que ya tenía, ella ya sabía todo aquello pero escuchar a alguien más decirlo de aquella manera tan fría no mejoraba la situación, muchas veces se había preguntado si Darien la amaba o si tan solo era el nuevo juguete que tenía en su posesión como cualquier objeto que un niño pequeño cuida por el simple sentimiento del egoísmo al no querer que otro más juegue con lo que considera suyo.

—Demonios tuve que comer dos mesas alejada a esta para poderles dar espacio ¿y bien ya se le paso el enojo?-pregunto lita.

Serena asintió con una leve inclinación de cabeza.

—¿Ahora qué te pasa?-dijo la castaña alzando una ceja inquisitivamente.

—Nada nuevo, anda vamos al salón casi se termina el receso—apremio Serena, caminando con pesadez.

Las clases restantes se le hicieron eternas, entre la voz de los insistentes maestros como la voz de Lita preguntándole que era lo que le sucedía hacían que el dolor de cabeza se acentuará aún más.

—Serena sonó el timbre ¿Acaso no lo escuchaste?

La rubia no contesto a la pregunta de su castaña amiga, tan solo se limitó a salir velozmente del aula dirigiéndose a su auto, pero lo que vio escrito con plumón en el parabrisas no hizo más que terminar con la poca paciencia que le quedaba.

La palabra "perra" estaba escrita con color fosforescente sobre su auto.

—Era demasiado hermoso como para dejarlo sin mancha alguna-dijo Melissa mientras pasaba las uñas por el cofre.

—Veo que no te basto con la golpiza de la última vez - contesto serena, con rabia.

—Lo que está escrito no es ninguna mentira, es lo que eres bueno parte-se burló ella- eres una aprovechada que enreda a los hombres en sus telerañas, o que me vas a decir que conseguiste está belleza de la nada, aunque no sé si culparte debes de sacarle todo el jugo antes de que te deje por otra.

Serena estaba furiosa e incluso temblaba del coraje.

-¿No tienes alguien más a quien hacerle la vida miserable? Entiendo que la tuya ya lo sea pero no por eso tienes derecho a molestar a los demás.-decia Lita interviniendo en la reciente pelea.

—Nadie te llamo aquí entrometida.

—Nadie te dijo que rayaras el auto se Serena y lo hiciste, tal vez sea yo la que te de la próxima golpiza.

—Tendré que volverte a cerrar la maldita boca - grito Serena, para luego sentirse mareada tambaleándose ligeramente, lo cual Lita notó al instante y se puso detrás de ella.

—Perra que ladra no muerde Tsukino, esta vez seré yo la que te dará la golpiza de tu vida, veremos si tu "hombre" te quiere después de que acabe con esa cara bonita tuya—repuso con cinismo.

Serena se tambaleo de nuevo, sintiendo como todo se volvía distante y entonces la oscuridad la reclamo.

Darien observaba la vista que le brindaba el segundo piso del hospital central de Tokio, el médico le había dado los resultados de sangre de Serena mientras ella se encontraba en la sala de emergencias, el doctor lo diagnostico como síncope vasovagal esto fue causado por una emoción fuerte, no era nada grave pero en su condición se podía volver peligroso. Ahora tan solo la tenían en una leve observación, procurando que no se sobre exaltara.

—Señor Chiba la señorita Tsukino ya se encuentra mejor y consideramos que es viable darle de alta, como vera en los exámenes de sangre es necesario que mantenga una dieta saludable, así como el que tome las vitaminas que le preinscribí.-dijo de pronto el hombre de bata blanca y ojos saltones, entregándole los análisis así como el altero de vitaminas.

—Ya escuche todo, estoy aquí aparentando estar dormida después de que me ordenaran que me calmara por mi bien—dijo Serena de pronto abriendo sus celestes ojos con indignación.

—Enseguida le traeremos una silla de ruedas para que no se sobresalte al levantarse…

—Al cuerno, no soy una inválida—y tan solo unos segundos de esta declaración y de levantarse repentinamente sintió como el mundo se movió debajo de ella.

—Deja de ser tan testaruda una vez por tu vida, no te pongas en riesgo mucho menos ahora.

—Si me permite interrumpir es cierto lo que dice el señor Chiba su estado no requiere de sobresaltos y mucho menos emociones fuertes…

El corazón de Serena se contrajo al escuchar aquello.

—Si doctor, ya me comento que las vitaminas son de extremada urgencia ante la anemia que Serena presenta, ahora si me disculpa ya que mi mujer no quiere ir en esa silla de ruedas la llevare yo. — comento Darien rápidamente, para tomar a Serena entre sus brazos y salir de aquel hospital.

Media hora después, se encontraba en su cama reposando, por más que había insistido en que ya estaba del todo mejor y que solo había sido un simple desmayo podía escuchar claramente a Darien haciendo terribles ruidos en la cocina, le había hecho tomar las vitaminas que ahora se encontraban en la mesilla en sus respectivas cajas, su atención se desvio rápidamente al ver a Darien entrar con un tazon entre sus manos.

—¿Cuándo dejaras de tratarme como invalida? Solo fue un maldito desmayo maldición.—dijo Serena, desesperada.

—Cuando empieces a cuidarte aún más y te tomes tus vitaminas puntualmente eres despistada con los medicamentos. —declaro él tajantemente.

—Dar, me tratas como una enferma convaleciente ¡incluso la comida que hiciste es digna de un hospital! — exclamo ella observando la sopa de verduras con pollo que se encontraba en un plato mientras.

—Tienes que cuidar tu salud ahora más que nunca, creo que aún no entiendes lo importante que es tu bienestar… —Darien paro de hablar, al escuchar el sonido de su teléfono sonando insistentemente ante la atenta mirada de Serena ante su reacción.

—¿No piensas contestar?-pregunto la rubia, mirándole retadoramente.

—Estoy hablando contigo Serena ¿acaso quieres que me vaya a contestar?

—Quiero que contestes aquí—el tono de su voz no parecía dejar lugar a ninguna duda de la orden implícita, así como su expresión determinada.

Darien tomo el teléfono entre sus manos, con la aparente calma que le caracterizaba.

—¿Qué es lo que sucede?-Dijo el moreno, consiente de la atenta mirada que se cernía sobre él.

Serena observaba atentamente la escena, así como las contestaciones escuetas que Darién le brindaba a la persona con la que hablaba.

—Terminare el trabajo en la mitad del tiempo que lo requieres pero no lo hare hasta dentro de dos días, no puedo dejar a Serena sola y mucho menos ahora.-declaro Darien glacialmente, para después colgar el teléfono.

—¿Trabajo?- pregunto Serena, en tono más amistoso.

—Claro que no, es la amante que tengo en algún otro lugar recóndito de la ciudad—contesto el azabache de manera sarcástica, levantándose rápidamente para mirar por el alto ventanal que se encontraba en la recamara.

—Ese tipo de sarcasmo no me agrada Chiba.- declaro la rubia haciendo un mohín, para luego sentir como Darien se acostaba a un lado suyo cerniéndose en un abrazo, que terminaría entre besos y caricias, amándose como si su vida dependiera de ello.

El par de días pasaron en un abrir y cerrar de ojos, Darien no había parado de mimarla, comprándole bocadillos sin olvidarse claro de su rigurosa dieta llena de nutrientes, se preocupaba por su bienestar en exceso cosa que llenaba de ternura el corazón de Serena.

Dar no sacaba sus ojos de ella. Era como si intentara memorizar cada rasgo de su rostro, el tono de su piel, sus increíbles ojos, su larga cabellera y su insolente figura, él moreno quería recordar cada detalle de ella.

En ese momento Serena podía sentir su intensa mirada.

―¿Te encuentras bien Dar?- pregunto ella angustiada rodeándole el cuello con sus brazos.

―¿Quieres que te diga lo que quieres escuchar?- respondió el con voz trémula, mientras tomaba la mano de la rubia hasta llevársela a los labios besando la palma con adoración.

―Solo quiero la verdad, eso es lo único que te he pedido pero que aún me sigues negando.

―y es lo único que te podría negar en esta vida, te lo puedo dar todo, cualquier cosa material e incluso todo el amor que poseo, pero no me pidas la verdad―contesto él en tono dolido, dándose la media vuelta para ver a la rubia, Darien se pasó una mano por el pelo mientras luchaba por controlarse.

―¿Qué es lo que sucede?- cuestiono de nuevo, con incertidumbre.

―Solo quiero que siempre tengas presente la promesa que te hice cuando te di este anillo― señalo el tomando su mano― no fueron meras palabras vacías y aunque sé que nuestra boda se acerca, pase lo que pase mi juramento seguirá contigo hasta mi muerte.

—¿Por cuánto tiempo será esta vez?

Darien pudo ver el temblor en aquellos labios rosados, al igual que el miedo que se instalaba en sus hermosos ojos.

Si todo aquello fuera diferente, nunca la dejaría sola ningún viaje de negocios valía lo suficiente y mucho menos el ver los ojos llenos de pena de la rubia, pero el encuentro al que iba se trataba sobre mucho más que su propia vida.

—Solo serán unos cuantos días.

—¿Cómo sabré si estás bien?-pregunto con temor, bajando la mirada en un intento de ocultar como sus ojos se empañaban de lágrimas.

—Te llamare—contesto y la beso fugazmente a modo de despedida.

En cuanto se marchó Serena se sentó pesadamente en el sillón que tenía a un lado suyo, toda la felicidad pareció abandonar su cuerpo.

Durante los siguientes días, sus noches se volvieron frías y en sus amaneceres ya no sentía la atenta mirada de Darien observándole como todas aquellas mañanas o el cómo le quitaba el cabello del rostro y perfilaba cada parte de su rostro. Lo extrañaba, lo extrañaba demasiado aquello era algo irremediable, lo amaba a más que a nada en el mundo.

yssareyes48: te puedo asegurar que algo drástico se está cocinando, veremos que sucede… ¡te mando un abráz0te de oso polar! Nos leemos