Rocadragón

El Caballero Blanco:

El calor era mayor en Rocadragón que en cualquier otro lugar que Ser Barristan hubiera sentido.

«En esta isla habitaban los dragones».

El asentamiento ancestral de la Casa Targaryen ahora albergaba a la mayoría de los miembros vivos de esa Casa. El Rey Aerys II había enviado a sus cuatro hijos menores y a su esposa embarazada a la isla antes de la Batalla del Tridente, «Si Rhaegar muere no dejare que se extinga el linaje Targaryen» había dicho al momento de enviarlos lejos pero la verdad era que el Rey Loco había descendido tanto en la locura que ya no confiaba ni en sus hijos ni en su esposa.

Él había llegado poco después de la batalla con los dos hijos del ahora Rey Rhaegar, la ciudad no era segura. La ahora Reina viuda Rhaella Targaryen estaba a cinta al momento de partir a Rocadragón y ahora cuando estaba a solo días de dar a luz.

Ser Barristan noto lo impactante que fue la noticia de la muerte del rey no solo para ella sino también para sus hijos pero solo el pequeño príncipe Viserys lloraba la pérdida del monarca, Rhaella junto a sus hijos Shaena, Daeron, Aegon y Jaehaerys eran perfectamente conscientes de la maldad y locura de Aerys mientras que Viserys era tan solo un niño de siete años que no entendía nada. Como Guardia Real había conocido a todos los príncipes y sus personalidades:

La Princesa Shaena era la segundogénita del Rey Aerys y la Reina Rhaella, siempre fue muy independiente, fuerte y segura. No era tan unida a Rhaegar como sí lo era Daeron pero estaba más unido a Aegon el Mayor y Jaehaerys, desde pequeña veía en lo que su padre se convertiría. Creció viendo las tensiones entre Rhaegar y Aerys, el maltrato de su padre hacia su madre y las locuras siniestras de su padre. Todo esto la llevo a convertirse en una persona cerrada, fría y analítica que se rige más por la lógica que por la pasión.

El Príncipe Daeron que había vivido catorce días del nombre al momento de la muerte de su padre Aerys, siempre seguía a su hermano mayor Rhaegar que pese a la diferencia de diez años de edad Rhaegar siempre encontró tiempo para su hermano pequeño e incluso pidió a su padre que Daeron fuera su escudero, pero Aerys se negó. Era un luchador extraordinario con la lanza pudiendo enfrentar sin problemas a Ser Willem y a sus hermanos sin ningún problema. El joven príncipe había crecido viendo como su padre caía en la locura y como maltrataba a su madre, la furia se apoderaba de Daeron cada vez que veía a su madre llorar o con heridas. Una vez intento confrontar a su padre pero este le dio la golpiza de su vida, desde ese momento solo había sentido odio y repulsión por su parte. En Rocadragón siempre se mantenía junto a su madre cuidando a sus hermanos. Era el más protector de todos los hijos de Aerys y deseaba bajo cualquier circunstancia convertirse en el principal asesor de Rhaegar; su Mano del Rey.

Aegon apodado Aegon el Mayor para diferenciarlo de su joven sobrino era el tercer hijo y el cuarto vástago del Rey Aerys II Targaryen, nombrado en honor a Aegon I el Conquistador y Aegon V el Improbable. Mucho menor que Rhaegar y a pesar de todo era el que era más parecido al príncipe de plata, disfruta más de la música y los libros que la espada, poseía un carácter reservado aunque encantador e incluso muchos decían que Aegon era un reflejo de Rhaegar cuando tenía su edad. Vivió bajo la sombra de su hermano e incluso compartía el nombre con su sobrino y futuro Rey, esto junto le hizo querer ser lo más independiente que pudiera. Poseía buenas dotes con la espada pero no entrenaba tanto como Jaehaerys y Daeron. Era muy unido a su hermano menor Jaehaerys y a su hermana mayor Shaena.

Jaehaerys era el más distinto a sus hermanos, fue el más inteligente y muchos decían que tenía potencial para ser Maestre. De carácter enigmático e introvertido, era un muchacho serio que no daba rodeos. Gustaba sorpresivamente de la cetrería y la arquería aunque siempre los practicaba en solitario o con su hermano menor Aegon. Disfrutaba del combate y era excepcional, lograba poner en aprietos a su hermano mayor Daeron con la espada con facilidad.

Viserys ultimo hijo de él Rey Loco, este era el hijo que más quería Aerys. Viserys a sus siete años no podía o no quería ver la locura de su padre, era un niño caprichoso y prepotente de carácter fuerte que no olvidaba una ofensa. Viserys siempre estaba solo, pues no se llevaba bien con sus hermanos mayores, fue siempre talentoso con las armas a pesar de su corta edad y muchos esperan que se convierta en un gran guerrero al pasar los años. Viserys fue el único de los Targaryen en Rocadragón que quedo devastado por la muerte de Aerys e incluso llego a albergar resentimiento contra su hermano Rhaegar. Ser Barristan veía en el a un nuevo Aerys.

Rhaella era la esposa del rey y todos los que la conocían decían que todo lo que veían en ella era infelicidad, ella tenía seis hijos a los cuales amaba con todo su corazón pero Aerys se había encargado de quitarle todas las ganas de sonreír. Cada vez que el Rey Loco quemaba vivo a una persona, Rhaella recibía una visita en la noche, Aerys le hacía daño; la violaba y no sentía ni el más mínimo remordimiento. Antes de zarpar a Rocadragón la había dejado embarazada y ahora que su esposo y hermano había muerto se sentía liberada, nunca había perdonado a Aerys desde que golpeo de la forma más brutal a Daeron y había mantenido alejado lo más posible a Rhaegar y su familia. Ser Barristan pudo volver a ver en ella a la vigorosa princesa que había sido en los años anteriores a la locura de Aerys, además de su proximidad con Ser Willem Darry.

Ser Willem era el Maestro de Armas de la Fortaleza Roja y el castellano de Rocadragón mientras avanzaba la guerra. Ser Willem siempre había servido con devoción a la Casa Targaryen, recientemente había recibido la noticia de que Lord Eddard Stark había matado a su hermano Jonothor en el Tridente y esta vez los Targaryen tuvieron que cuidar de él. El Príncipe Daeron y Jaehaerys entrenaban con él a diario, Aegon iba de vez en cuando y Viserys casi nunca desde la muerte de su padre. A Ser Barristan le agradaba y lo veía como un hombre justo, leal y honrado, más de lo que se podía decir del rey anterior.

Desde su llegada a la isla-fortaleza todos hablaban de que la Reina y Ser Willem eran amantes pero pronto vio que no era cierto. Entre los dos había un amor platónico y puro, en opinión propia la Reina Rhaella fue más feliz en un año con Ser Willem que en toda su vida con el Rey Aerys.

El parto de la reina se avecinaba, sus hijos mayores se mostraron más preocupados que los demás, habían visto como quedaba su madre tras cada parto y este seguramente iba a ser el más duro de todos.

El deber de un Guardia Real es proteger… pero como podría proteger a la Reina que hasta ahora estaba experimentando la felicidad no lo sabía.

Desembarco del Rey

La Hija del Sol:

Odiaba los días como ese, odiaba sentirse débil, era la Reina Consorte de los Siete Reinos y aun así una simple fiebre la dejaba en semejante estado.

Estaba lejos de sus hijos y Rhaegar... era un bastardo, sabía desde el primer momento que viajaría a buscar a la "Loba" de donde fuera que la tuviera pero el simple hecho de que estuvieran "casados" era otra espina en la columna. Ni el rey, ni el título de reina serian solo de ella... solo tenía a sus hijos.

La puerta de su habitación se abrió y entro el Maestre Merkins seguido de Ser Aethan.

«Siempre atentos». Rhaegar había enviado al antiguo Gran Maestre a Antigua, para reemplazarlo temporalmente había dejado al Maestre Merkins un hombre de cabello níveo, cara amigable y excepcional a la hora de atender cualquier enfermedad.

Eso era una de las cosas buenas de Rhaegar, casi nunca fallaba en ver el potencial de la gente y las situaciones... "casi".

– ¿Cómo se encuentra ahora Alteza? - Pregunto el siempre amable Ser Aethan, a pesar de ser Velaryon no poseía la apariencia de los Valyrios; su cabello era castaño, sus ojos azules y su piel era demasiado morena.

– Bien comparado con otras veces. - Respondió, a ella no le afectaba una enfermedad en específico, cualquier virus la dejaba fuera de combate pero por ahora la fiebre estaba controlada. - ¿Quien se presentó hoy?

– Alteza no es momento de...

– Maestre Merkins le agradezco pero ahora mismo estoy con suficiente fuerza para dirigir un reino – Le explico al Maestre, su mente no era tan débil como su cuerpo. – ¿Quien se presentó?

– Los Norteños, la mayoría dice que no doblaran la rodilla hasta que vean a Lord Eddard, además los señores asediados en Árbol de Cuervos se han rendido, Lord Blackwood viene hacia acá escoltado por la ultima de nuestras huestes. – Fue la respuesta de Aethan.

Era obvio, los del Norte eran más leales que el resto de señores.

– ¿Alguien más?

– Pues... Alteza no me gusta decirle esto en un momento tan delicado pero un ejército de cuatro mil hombres del Occidente se dirige hacia acá. – Dijo el Maestre con una preocupación palpable.

«Maldición, pensé que tendría más tiempo».

– No pueden tomar la ciudad con tan pocos hombres y las fuerzas de Lord Tyrell pueden contraatacar en cualquier momento... Lord Tywin es muy listo, no atacara de no ser provocado. – Dijo tratando de sonar calmada.

– Alteza si se supiera que el rey no está...

– No debe saberse. – Replico, si se sabía que Rhaegar estaba solo en algún lugar de Dorne esto se convertiría en una cacería al dragón de plata. – ¿Cuantos hombres tenemos?

– Ahora... yo diría que siete mil, con las fuerzas que regresan del Árbol de Cuervos serian once mil. – Respondió el Velaryon.

– Más que suficiente. – Dijo aliviada. – ¿Bastión de Tormentas?

– Resisten el Asedio. – Respondió el Maestre Merkins

«El maldito Stannis es terco».

– Ya son casi dos años, parece que Lord Tyrell no es un buen comandante.

– Si ordena que ataquen...

– No mientras los Lannister puedan atacarnos, Lord Tywin es el mayor comandante militar y también el más rico... ¿cómo esta Ser Jaime? – Pregunto a Ser Aethan.

– Mejor de lo que debería. – Admitió el Caballero.

– Rhaegar es quien debe juzgar a Jaime, Lord Tywin tendrá que esperar su regreso y nosotros esperemos que los Lannister no se enteren que el rey no está en la capital.

– Nadie lo sabrá hasta que el rey este protegido por uno de sus señores vasallos. – Afirmo el Maestre.

– Eso espero... será difícil que la gente acepte a mi Aegon como rey siendo apenas un bebe.

– ¿Mi reina? – Pregunto Aethan extrañado.

– Nada… te tengo una recompensa por tus servicios Ser Aethan.

– ¿Podría saber que es alteza?

– Por supuesto… el puesto que es casi una herencia para los Velaryon, el título de Consejero Naval.

– Mi reina… me honra. – Dijo haciendo una reverencia. – No la defraudare ni a usted ni al rey.

– Espero que no Ser.

«De verdad espero que no».

Montañas Rojas de Dorne

El Lobo en el Desierto:

Ned había odiado cada momento en Dorne, se había creado en Invernalia desde muy niño y luego había pasado la otra mitad de su vida en el Nido de Águilas. En el valle no hacia el frio del Norte pero si era un lugar mucho más habitable que el maldito desierto de Dorne.

Disfrutaba la noche por su frescura pero el calor siempre llegaba. Rhaegar era una tumba, no hablaba, apenas comía y estaba siempre sereno, en algún momento pensó en atacarlo... escapar y reagrupar la rebelión... pero aquello solo era una furia inútil.

Si algo le pasaba a Rhaegar no sabría nunca donde estaba Lyanna, además estaban en el corazón de las Montañas Rojas de Dorne y no conocía el camino de regreso.

El nuevo rey se había teñido el cabello de negro ocultando así le rasgo más característico de los Targaryen. Ambos viajaban con ropajes simples de cuero, una fina capa de lana y una espada para enfrentarse a los peligros del camino. Le habían regresado a Hielo antes de partir.

Eddard temía en que Rhaegar también se había vuelto loco, atravesar medio país con las cenizas de la guerra aun calientes no era algo lógico. Las Tierras de las Tormentas era territorio de los Baratheon y si capturaban al Rey Dragón todo se acabaría al igual que cuando él había asesinado a Robert.

– Lyanna también se resentía del frio. – Dijo el "rey".

Aquello era extraño, Rhaegar no acostumbro a hablar en todo el camino más de lo necesario... aun menos de Lyanna.

– ¿Porque trajiste a mi hermana a la región natal de la Reina Elia? – Le pregunto.

– ¿Crees que Robert se le hubiera ocurrido buscarla allí? ¿En el lugar donde nació mi esposa?

«Robert no pensaba, solo arrasaba todo a su paso buscando a Lyanna bajo cada roca».

– No. – Se limitó a decir. – ¿Que paso después del Torneo de Harrenhal?

El "rey" suspiro.

– Me preguntaba cuando lo preguntarías. Como sabrás luego del torneo tú y Robert regresaron al Valle con Jon Arryn, tu hermano Brandon se fue con Lord Tully a Aguasdulces para conocer a su prometida su actual esposa y tu padre y tu hermano menor regresaron al Norte dejando a Lyanna al cuidado de Lord Whent.

– ¿Solo me dirás cosas que ya se? – Pregunto irritado.

– Yo me había ido de Harrenhal para pasar por Refugio Estival... pero algo me hizo volver. Encontré a Lyanna cabalgando cerca de los terrenos del castillo y ambos nos fugamos hacia el único lugar que sabía que estaría a salvo.

– En estas montañas.

– Así es, Ser Arthur Dayne la Espada del Alba y Ser Oswell Whent hermano del actual Lord Whent nos acompañaban. Estuvimos juntos hasta que Ser Gerold Hightower, Lord Comandante de la Guardia Real vino en mi búsqueda.

«Si crees que me trago todo ese cuento así como así es no me conoces».

– ¿Dentro de cuándo llegaremos? – Pregunto esperando una respuesta más coherente.

– Solo falta un poco más Lord Stark, un poco más adelante. – Respondió Rhaegar con ambigüedad.

«¿Adelante?»

– Sera mejor que descansemos y esperemos a que amanezca. – Apremio.

La noche había caído hacia muy poco y el sendero era iluminado solo por la luz de la brillante luna por lo que Rhaegar asintió. No encendieron hoguera como el resto de las noches, era muy peligroso.

Rhaegar se recostó contra una gran roca y cerró los ojos, ciertamente con el cabello negro se veía completamente diferente. Espero hasta rato después para comenzar su misión.

«Te rescatare Lyanna».

Avanzo a pie y despacio al principio para no despertar a Rhaegar, al estar a suficiente distancia empezó a andar más rápido, el frio era vigorizante y le recordaba como Lyanna y Ben se enfrentaban en el patio de armas de Invernalia. Aquello le dio más valor.

Avanzo tercamente durante horas, pensó que se había perdido... que Rhaegar le había engañado pero luego vio el torreón, una torre de piedra pulida amarillenta.

A las afueras de la edificación se encontraba alguien con armadura afilando una espada.

«¿Sera este el lugar?»

Al acercarse más observo que aquella armadura era de un color blanco inmaculado... un Guardia Real.

«Es el lugar».

Ned desenvaino Hielo y se plantó frente al torreón. El Guardia Real puso sus ojos en él.

– ¿Quién eres? - Pregunto el caballero. – Una espada algo extraña para alguien del pueblo llano no crees.

– ¿Esta aquí Lyanna Stark? – Pregunto esperando ver la reacción del Guardia Real.

– Seas quien seas no has venido al lugar ideal. – Dijo el caballero blanco poniéndose de pie y empuñando su espada.

Fue cuando vio el arma de su oponente. Una hoja tan blanca como el vidriolechozo, en seguida supo quién era su enemigo, su oponente era la Espada del Alba y su hoja era Albor.

Y ataco igualmente. Lanzo un tajo directo a la cabeza de Ser Arthur para terminar todo de un solo golpe, ese intento fue detenido por la famosa Albor, el acero valyrio se detuvo en seco ante su hoja.

Retrocedió y esta vez le toco a él defenderse. Arthur atacaba con tal velocidad y fuerza que apenas lograba bloquear sus embates además de ser tan fuertes que estaba seguro que si Hielo no fuera de acero valyrio seguro acabaría destrozada. La Espada del Alba había dejado de atacar.

– Como lo temía, o eres uno de los señores rebeldes o eres un ladrón que robo esa espada y nos encontró de casualidad... sea como sea eres un criminal. – Proclamo antes de volver a atacar.

Esta vez contraataco, Hielo y Albor chocaron media docena de veces en menos de un minuto, luego una docena luego dos docenas. El sol empezaba a iluminar las montañas cuando ambas espadas se separaron.

– Buen momento de terminar el combate ¿No crees? – Dijo Ser Arthur.

Tres veces chocaron hojas antes de que Hielo saliera volando de sus manos, despojado de su espada espero el golpe final.

– Alto. – Grito una voz parando el fatídico encuentro.

«Es la segunda vez que me salva de la Guardia Real».

– ¿Quién eres? – Pregunto Ser Arthur a Rhaegar.

Incluso aquel que se decía era el mejor amigo del rey no era capaz de reconocerlo sin su cabello rubio platinado.

– Soy Rhaegar de la Casa, el primero de mi nombre. Rey de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres. Señor de los Siete Reinos y Protector del Reino… y un bien amigo tuyo.

Dayne se acercó a Rhaegar y lo vio con detenimiento,

– No puede ser… ¿príncipe Rhaegar? Entonces… tú debes ser...

– Lord Eddard Stark, Señor de Invernalia y Guardián del Norte. – Termino Rhaegar por el Guardia Real.

– No puede ser… alteza lo lamento, déjeme escoltarle hasta donde la "Reina" Lyanna.

«¿Reina? ¿Qué rayos significa esto?»

– Entonces vamos Ser Arthur. – Apuro Rhaegar.

La Espada del Alba los guio por la edificación, era un torreón sencillo pero albergaba varias personas en su mayoría mujeres e incluso vio a un viejo con la túnica gris de un Maestre. Ser Oswell y Ser Gerold resguardaban los pisos superiores, al final de las escaleras y en la cima de la torre se encontraba una puerta de color rojo con runas de los primeros hombres grabadas en ella.

– ¿Esto es…

– Si Lord Stark, este lugar pertenecía a los primeros hombres. – Le respondió Ser Arthur antes de terminar la pregunta.

– El lugar perfecto para ella. – Corroboro Rhaegar.

Ned abrió la puerta de golpe y la vio. Su hermana… Lyanna estaba recostada en la cama cubierta por mantas, ella le miro a los ojos desde el momento en que abrió la puerta.

– Lyanna. – Dijo con voz ronca, había pasado tanto por llegar hasta ella, tantas muertes había visto y ahora la tenía en frente otra vez.

– Ned. – Logro decir Lyanna después de un tiempo en silencio. – Te he extrañado.

Ambos hermanos Stark sollozaron, a Eddard no le importaba que Rhaegar ni Arthur estuvieran allí quería abrazar a su hermana como es debido. Avanzo hacia ella con paso decidido y le dio un cálido abrazo… pero ahí fue cuando Ned sintió el vientre de Lyanna, estaba muy crecido… si la había secuestrado.

– Lyanna… tu…

– Si, Ned. – Le afirmo. – Estoy en cinta.

Esto era un shock, la furia le bullía por la sangre, le había mentido. La había secuestrado violado y hecho un bastardo… era giró hacia Rhaegar que estaba con los ojos fijos en Lyanna pero no se había movido ni siquiera un poco.

– Tú… eres un bastardo. – Le dijo al "rey" con una furia sórdida, ahora en su interior parecía que Robert le gritaba desde la tumba «¡Mata al maldito, Ned!» «¡Mátalo por Lyanna!». Llevo su mano a la empuñadura de Hielo pero Lyanna lo detuvo con un apretón firme.

– No puedes matarlo Ned. – Logro decir entre jadeos. – Rhaegar ahora es tu hermano por las leyes de los Dioses y los Hombres, no me secuestro… nos casamos.

– ¿Qué? – Aquello había pillado desprevenido a Ned, eso solo era posible si Rhaegar hubiera desposado a… – ¿Se… se casaron? –Pregunto atónito.

– Sí. – Afirmo Rhaegar quien ahora se había situado junto a Lyanna.

– Tú ya tienes una esposa y dos hijos, "alteza" – Dijo confiando en escupir cada silaba de la palabra Alteza.

– Sabemos que fue arriesgado. – Dijo su hermana.

«Arriesgado es poco hermanita».

– Sabemos que corrió y puede que corra más sangre. – Dijo Rhaegar.

– Pero si ese es el precio. – Dijo Lyanna.

– Lo aceptamos. – Dijeron ambos al unísono.

«Estos dos son unos…»

Ned podía ver la determinación y felicidad en el rostro de Lyanna… nunca la había visto tan feliz como ahora que estaba junto a Rhaegar y junto a su futuro hijo. Aquello posiblemente traería desastres, guerra y sangre. El Príncipe Oberyn Martell no se tomaría bien este insulto hacia su hermana Elia, Lord Tywin Lannister se tomara como algo personal que su hija Cersei fuera rechazada dos veces por Rhaegar, el ahora Lord Stannis Baratheon nunca aceptara ese matrimonio como legitimo pero lo que más le preocupaba era la Fe, ya habían hecho la vida imposible a los Targaryen durante su primer siglo como monarcas y en ese tiempo tenían Dragones. Todo estaba en contra de ellos pero aun así luego de mirar a su hermana y al rey pregunto:

– ¿Ya tiene nombre?

– Daemon. – Dijeron al unísono.

FIN