Nota: Pido disculpas por el retraso, tuve problemas con la luz y el internet. Como resultado he tenido tiempo de tener listos unos cuantos capítulos que se estrenaran pronto además de re subir los tres que ya están publicados con intención de mejorarlos.

Ya habían pasado varias lunas y casi había llegado el nuevo año. El Guardián del Norte y el Rey de los Siete Reinos aguardaron en la Torre de la Alegría, pocos días antes de que la Reina Lyanna entrara en labor, el niño llego a la mañana del décimo sexto día del noveno mes del año 283 Después de la Conquista, aquel joven príncipe recibió el nombre de Daemon Targaryen. Poco después de la llegada de Rhaegar y Eddard, Ser Oswell y Ser Gerold fueron enviados a Desembarco del Rey para proteger a la Reina Elia.

Una semana luego del nacimiento del joven príncipe, Lord Stark, el rey y la reina y Ser Arthur emprendieron el viaje de regreso a la capital. Dayne se oponía a cruzar medio continente con los reyes y un príncipe sin escolta pero no había de otra, Albor, Hielo, la espada y daga de acero valyrio de Rhaegar y poco más. Cruzaron un camino montañoso entre Nocturnia y Nido de Cuervos evitando los castillos de los Tormenteños, pasados los días llegaron a Vado Ceniza. Lord Ashford estando ocupado en el Asedio de Bastión de Tormentas, la anfitriona fue su Lady Daina Ashford.

Reposaron en Vado Ceniza una semana y partieron a Desembarco del Rey no cuatro persona y un bebe sino doscientas, la mayoría de Vado Ceniza, el resto de las Casas del Dominio que pudieron prestar ayuda antes de la partida de los reyes.

Durante la travesía, el Rey Rhaegar se desvió con la Reina Lyanna y el Príncipe Daemon hacia el Refugio Estival, el castillo de los hijos menores de los reyes y refugio de Rhaegar cuando aún era un príncipe. Pasaron unas cuantas horas allí y luego se reunieron con la marcha. No volvieron a parar en ningún otro lugar. Llegaron en cuestión de días a Desembarco del Rey.

Desembarco del Rey

La Reina Norteña:

Conforme pasaban entre los de Desembarqueños, Lyanna podía ver sus caras de asombro y pasmadas. Rhaegar le había dicho que todos pensaban que él estaba herido en la Fortaleza Roja mientras que Elia se encargaba del gobierno, observar a su rey que pensaban agonizante cabalgando junto a un ejército con la mujer que supuestamente secuestro no era algo que hacia todos los días.

Lady Ashford le había vestido con un vestido blanco de encaje de Lys pero sabiendo que montaría se quedó con unos ropajes de cuero negro aunque no hubo forma de decir que no a la fina capa de seda gris que le ofreció la señora de Vado Ceniza.

Ned le había contado que su señor esposo había sido recibido con aplausos y ovaciones cuando llego a la capital luego del Tridente… pero ahora solo le daban silencio. Al llegar a las puertas del gran castillo rojo se quedó paralizada.

«Tal vez fuera mejor que huyera y dijera que es un bastardo de un granjero».

– ¿Qué pasa, mi señora? – Pregunto suavemente Rhaegar.

– ¿Te encuentras bien hermana? – Pregunto Ned.

– Si… es solo…

– Sabemos lo que es. – Dijo Rhaegar tomándola de la mano. – No tienes que llevarlo tu sola.

Entraron en la Fortaleza Roja con Ned siguiéndoles de cerca. El corazón le latía a millón, nunca había sido tímida y temerosa… pero nunca había tenido una vida por la que temer que no fuera ella, ahora temía por su hijo, temía por Daemon.

Al entrar en la sala del trono estaban aquellos señores que lucharon por el dragón y los que lucharon por el venado. Lord Hoster Tully ahora suegro de Ned, Lord Blackwood, Lord Bracken y otros señores del Tridente, también reconoció a Lord Bolton, Lord Cerwyn, Lord Hornwood, entre otros señores del Norte. Señores de Dorne, algunos del Dominio y el Valle. Todos allí reunidos para rendirle pleitesía a ella y a Rhaegar.

Pero a pesar de todo el señor que levanto alarma fue el León Dorado. Lord Tywin Lannister, Señor de Roca Casterly, Escudo de Lannisport y Guardián de Occidente, estaba parado en un rincón del salón rodeado de los que parecían sus hermanos.

Los presentes se quedaron atónitos cuando vieron a Lyanna y a su pequeño príncipe en sus brazos, la gente la miraba a ella, luego a Rhaegar y luego a la Reina Elia Martell quien estaba parada junto al Trono de Hierro como una sombra, miraba con tal frialdad a su esposo y a ella. Estaba en todo su derecho Lyanna a veces sentía remordimientos por aquella mujer.

Rhaegar avanzo con paso firme y se sento en el Trono de Hierro y el heraldo real anuncio:

– Les presento a su Majestad; Rhaegar de la Casa Targaryen, el primero de su nombre. Rey de los Ándalos, los Rhyonar y los Primeros Hombres. Señor de los Siete Reinos y Protector del Reino. – Nadie aclamo, fue otra vez como el Torneo de Harrenhal donde luego de coronarme Reina del Amor y la Belleza todas las sonrisas se esfumaron.

Pero el mayordomo siguió anunciando. Todos los señores hincaron la rodilla ante el nuevo rey, a algunos se les castigo, a otros se les premio, fueron pasando uno a uno señores rebeldes y realistas que habían derramado su sangre en la Rebelión de Robert. Uno de los que se denotaba ausencia era de Stannis el hermano de Robert, al parecer era uno de los que no había doblado la rodilla. Hora tras hora la sala del trono se iba vaciando, los señores regresaban de donde habían venido.

En la sala solo quedaban, Ser Aethan Velaryon, Ser Arthur, la Reina Elia, Ned y Rhaegar cuando Lord Tywin y sus hermanos avanzaron con su petición.

– Alteza. – Dijo con una ligera reverencia Lord Tywin. – Me alegro veros a salvo. – Su rostro no reflejaba emoción era una coraza del hielo más gélido que Lyanna jamás había visto.

–A mí también Lord Tywin. – Respondió Rhaegar con cortesía gélida, esta audiencia podría ser igual de peligrosa que la Batalla del Tridente. – Mi querida Elia me hizo saber que llego a la ciudad con cuatro mil hombres y que acampan ahora mismo en las afueras de la Puerta del León, ¿Qué podríais querer?

– Es obvio: a mi hijo Jaime. – Prosiguió Tywin con la misma voz inalterada pero había una fuerza en sus palabras. – He oído rumores de que el rey Aerys planeaba destruir la ciudad con la reina Elia y vuestros hijos, seria ingrato de su parte no liberarlo.

– ¿Y que hizo vuestro hijo para evitarlo? Asesino a mi padre, asesino al rey que juro proteger. – Dijo Rhaegar sin abandonar el hielo en sus palabras.

– Alteza. – Hablo el hermano de Lord Tywin ¿Revan? – ¿Hubiera preferido que mi sobrino no hiciera nada matando a toda esta ciudad junto a su esposa e hijos? Incluso usted pudo haber muerto.

– Había otras formas Ser Kevan, al neutralizar a Rossart ya no había porque asesinar al rey.

– ¿Y a quien hubieran apoyado la Guarida de la Ciudad? ¿A Jaime quien intento salvar la ciudad o a Aerys quien intento destruirla? – Pregunto el otro hermano de Lord Tywin.

– Se exactamente lo que pudo haber pasado. – La voz de Rhaegar pasó de hielo a fuego. – Lord Tywin, su situación no es la mejor, aun si le permitiera salvar la vida, tendría que ir al Muro.

– Prefiero ver a mi hijo muerto que en el Muro con la escoria de los Siete Reinos. – Dijo Tywin.

– En el Muro no necesitan a perjuros como su hijo Lord Tywin. – Replico Ned, los ojos verdes del Lannister fueron a para a los grises de Ned.

– No debería hablar así Lord Stark, es un traidor después todo. – Dijo el hermano de Lord Tywin.

– Al menos tomo bando y no espero al ganador Ser Tygett. – Dijo Rhaegar fulminando con la mirada al Lannister. – Dejemos las falsas cortesías de lado Lord Tywin.

– Silencio. – Dijo Lord Tywin callando a sus hermanos. – Deme su opinión con respecto a todo esto, alteza.

– Roca Casterly y el Occidente se mantuvo neutral en esta rebelión, no ayudasteis a la corona cuando más se necesitaba… y quitando todo eso servisteis como la Mano del Rey y verdadero gobernante de los Siete Reinos durante veinte años, Lord Tywin, Jaime será perdonado de sus crímenes y seguirá siendo su heredero como pago por los servicios prestados pero con condiciones. – Tywin no dijo nada simplemente se quedó mirando al Rey Rhaegar con sus ojos tan verdes como el Fuego Valyrio. – Jaime será despojado de su capa blanca y del título de caballero, Roca Casterly mandara una vez al año a un grupo de doscientos hombres a la Guardia de la Noche por un periodo de diez años y finalmente uno de sus hermanos se quedara en la corte como invitado de honor.

– Bien, acepto el trato Alteza. – Dijo el Guardián del Occidente antes volverse para salir con sus hermano a las espaldas.

– Otra condición, Lord Tywin. – Repuso Rhaegar.

Lord Tywin se volvió junto a sus hermanos, Lord Lannister con los ojos echando llamas verdes.

– ¿Qué más desea su alteza? – Pregunto con tono un tono glacial.

– Sé que quería casar a su pequeña ¿Cersei? Conmigo, como podrá ver estoy doblemente casado… una tercera esposa y no tendría tiempo gobernar, pero mi hermano Daeron está disponible, es joven y creo que tiene dos años menos que la bella Cersei ¿Qué dice Lord Tywin?

El Guardián del Occidente pareció meditar unos segundos, una alianza por matrimonio con el trono de hierro tenía sus riesgos y recompensas, Lord Tywin pensaría con detenimiento cada una para decidir qué hacer.

– Me parece bien, volveré a Roca Casterly y volveré con Cersei… y el matrimonio se hara efectivo al inicio del nuevo año. – Dijo y salió de la habitación.

–Doy por terminada la sesión. Todos les pido que por favor me acompañen. – Pidió el Rey Dragón con amabilidad cuando era obvio que no podían decirle que no al rey.

La Reina Dorniense:

Elia suspiro aliviada de lo bien que había salido la audiencia con Lord Tywin, era el señor más poderoso de Poniente, una guerra contra él significaría otro año de guerra sino más. Se había controlado lo mejor posible de ver a "aquella" mujer junto a Rhaegar, era inevitable, ya los rumores se habrán esparcido por todo Desembarco.

– Ser Aethan, le agradezco como ha ejercido sus funciones como Mano del Rey.

– Gracias alteza.

– El título de Mano como tal será para otra persona… pero un puesto como Consejero Naval nunca ha sido desconocido para los Velaryon y según mi Elia ya está al tanto asi es que ya es oficialmente el Consejero Naval.

– Me honra majestad. – Respondió Aethan.

– Lord Stark si lo desea…

«No, no, no, no».

– No, lo lamento majestad pero mi lugar está en el Norte. – Le corto Lord Stark antes de que continuara.

Elia se sintió aliviada, ya era bastante soportar a la "Loba" como para tener a su hermano también en la capital.

– Bien Lord Stark, puede retirarse.

– Gracias alteza. – Dijo Stark antes de salir de la habitación.

«Uno menos»

– Alteza, me alegra comunicarle que el fuego valyrio colocado por los alquimistas han sido resguardados. – Explico Ser Aethan.

– Los Sapiencias y demás alquimistas están en las celdas negras. – Termino Elia. – Nos dieron problemas y te lo digo, Ser Manly no es exactamente el mejor comandante, habrá que reemplazarlo.

– Confió en tu juicio Elia.

«No creas que con eso bastara y será mejor que la "Loba" siga callada».

– Majestad… la familia real debe regre…

– No, la capital es muy peligrosa Ser Gerold, esos señores me juraron lealtad hoy pero no se sabe sus verdaderas intenciones… quiero que se realice un torneo en los próximos días, que todo el que quiera participe, luego de eso es que mis hermanos volverán.

– ¿Un torneo le devolverá la paz al reino? – Pregunto Ser Aethan

– Un torneo y el anuncio de los matrimonios de mis hermanos, Daeron desposara a la hija de Lord Tywin y Shaena desposara al hijo mayor de Lord Adrian Celtigar.

– Alteza… la Casa Celtigar es una casa menor, el hijo de Lord Adrian no es apto para…

– ¿Ha ido a Isla Zarpa, Ser Gerold? – Pregunto Rhaegar.

– No… majestad. – Admitió el Toro Blanco.

– Isla Zarpa tiene recursos escondidos, pueden ser tan ricos como los Tyrell e incluso los Lannister. Esa riqueza no vino de las tierras sino de los propios Celtigar… además descienden de los Valyrios tanto como los Velaryon.

– En eso tiene razón. – Corroboro Ser Aethan.

– Y teniendo a las tres casas más ricas de Poniente, el Norte, el Valle y las Tierras de los Ríos doblegados solo les queda luchar a la Casa Baratheon cuyo señor está en un asedio.

– Alteza. – Dijo interrumpiendo la conversación. – Llego un cuervo de Lanza del Sol esta mañana, dice que mi hermano viene en camino a Desembarco del Rey.

– ¿Doran? – Pregunto Rhaegar.

–Oberyn. – Respondió Elia antes de salir de la sala.

La expresión de Rhaegar no tuvo precio, desconcierto, confusión… ¿temor? No Rhaegar no acostumbraba a temer… pero a pesar de todo un sentimiento le impedía alegrarse, amo al bastardo de Rhaegar varios años y… no era el momento, haría lo posible por ayudar al rey pero era todo.

«"Nunca doblegado, nunca roto"».

El Rey Dragón:

La noche era oscura en Desembarco del Rey, Rhaegar extrañaba las noches cálidas e iluminadas de la Torre de la Alegría que paso con Lyanna los primeros meses de su relación. Se habían casado poco antes de que iniciara la Rebelión de Robert y cuando se enteró que Lyanna estaba en cinta no quería dejarla sola pero Ser Gerold el Toro Blanco fue a buscarlo en persona para que luchara en el Tridente.

Por suerte había triunfado en el Tridente y Lyanna no había tenido complicaciones con el parto. Pero los problemas estaban por empezar, Oberyn Martell, los Máximos Devotos de Antigua e incluso Lord Tywin Lannister marcaban una fuerte amenaza para el trono. Rhaegar se habría podido quedar mirando el horizonte pensando en cómo solucionar todos los problemas del reino pero por suerte Lyanna lo salvo de eso. El consejo privado tendría que reformarse, Lord Arryn era un miembro que deseaba en su consejo y tendría que tener a un Tyrell o a algún señor del Dominio para recompensarlos y tendría que pensar en quien podría reemplazar a Varys y…

–Mi príncipe. –Lo llamo su esposa. Aunque hubiera sido coronado Rey le dijo que para ella seguiría siendo su Príncipe de Plata. – Ven a dormir conmigo.

Había instalado a Lyanna en las habitaciones más cómodas de la Fortaleza Roja, Elia había usado las habitaciones reales desde su partida y no pensaba tener a ambas en el mismo cuarto ni aunque el Trono de Hierro dependiera de ello. Luego de que saliera de la sala del Consejo Privado nadie había visto a Elia, eso lo preocupaba, su primera esposa era de carácter dulce y delicada de salud pero cuando la hacían enojar podía ser muy volátil. «Una combinación de Doran y Oberyn sin duda».

– No puedo dormir, Annie. – Le respondió, era cierto, desde niño tenía problemas para dormir, recurrentes pesadillas, sueños extraños que de un modo u otro se hacían realidad, un reino destrozado y en rebelión era lo que le había heredado su padre y la continua amenaza de la respuesta de Dorne ante su segundo matrimonio.

– Eres el rey. – Le recordó Lyanna. – Estas en la capital, en Desembarco del Rey tras los muros de la Fortaleza Roja. Nadie puede hacernos daño.

Lyanna se le había acercado por detrás y lo había abrazado. «No tiene ropa ». Su señora esposa le había dicho que siempre había gustado del frio y que en las noches se acostumbró a dormir sin prenda alguna.

– No creo que sea del todo cierto. – Más de un rey había muerto bajo circunstancias sospechosas en la Fortaleza Roja pero no era por el que temía. – Temo por ti, por Daemon, por… por mi familia.

– Y por Elia. – Dijo con voz comprensiva. – No la odio ni siento celos hacia ella… tampoco le deseo mal, es la madre de dos de tus hijos…

– ¿Por qué aceptaste todo esto? – Le pregunto, todo esto que estaban viviendo era confuso, complicado e aterrador, una unión de dos personas provoco cientos de muertes. – Hubiera sido más fácil quedarse con Robert.

– Nunca ame a Robert. – Dijo con voz firme. – Escogí el camino más difícil, más peligroso, el más arriesgado porque ese camino me llevaba a ti, viste mi personalidad tal y como era… libre y salvaje y me aceptaste aun cuando no tenías que hacerlo, arriesgaste todo por mi tanto como yo lo arriesgue por ti.

– Usas mejor las palabras que las riendas de un caballo. – Dijo sabiendo que Lyanna le golpearía en el hombro.

– Tócame una canción. –Le pidió Lyanna. Él la miro extrañado. – Siempre que tocas el arpa te ves muy feliz y una canción ayudaría a dormir a cualquiera.

Daemon empezó a berrear, le habían acomodado una cuna justo en las habitaciones de Lyanna.

– Daemon también quiere una canción.

Nunca supo cómo negarle algo a Lyanna, su madre le había regalado el arpa de marfil con cuerdas de plata cuando tenía trece años y desde entonces había sido su más querida posesión pese a que su padre miraba esa arpa y veía un signo de debilidad.

«Aenys I también creía que con la música se podía gobernar un reino, pero como todos sabemos se equivocaba» Le dijo una vez Aerys.

Pero Rhaegar no se dejaba convencer por su padre, él sería el hombre que el reino necesitara pero también no por eso iba a doblegarse ante cada descontento.

Sentado y en posición pensó un momento que canción iba a tocar, fue una meditación breve porque decidió tocar la favorita de Lyanna, "El Príncipe y la Doncella".

«En el castillo de los desamparados, un torneo fue celebrado.

De todo el reino acudieron invitados, incluido el príncipe autoexiliado.

Todos los señores celebraron mientras los caballeros caían de los caballos.

El Rey se enteró de aquella diversión y decidió acudir para prevenir la traición.

Los hermanos blancos a un nuevo hermano agregaron, pero este rápidamente fue abandonado.

Los caballeros iban y se iban, uno por uno siempre caían.

Un guerrero apareció entre las sombras, con una destreza legendaria.

Su participación le gano del pueblo la aclamación pero el Rey quería ver quién estaba detrás del armazón.

El caballero del torneo desapareció pero el Rey envió a su hijo a buscar a aquel traidor.

El príncipe con el caballero dio, pero grata fue su sorpresa cuando vio lo que era.

Una doncella de belleza sin igual, era la que a todos esos caballeros logro desmontar.

El príncipe la perdono y le dijo que su participación tendría retribución.

En las justas el príncipe a todo enemigo derroto y al final a la hermosa doncella reina del amor corono.»

El pequeño Daemon se había dormido a la mitad de la canción pero Lyanna la había escuchado hasta el final.

– Es mi canción favorita. – La alabo Lyanna. – Pero el final no es ese.

– El final se decidirá a partir de hoy. – Le aseguro. Miles de cosas podrían pasar, la mayoría malas pero aun así Rhaegar no lo permitiría, sus hijos eran los que fueron prometidos… los que salvarían el mundo… los verdaderos dragones. – Pero te prometo que será uno feliz.

FIN