Desembarco del Rey, Fortaleza Roja

El Consejero del Rey:

Analice fríamente a todos mis compañeros del consejo privado como siempre. El anciano e impasible Jon Arryn, el orgulloso Mace Tyrell, el misterioso Arys Drake, el siempre leal Aethan Velaryon, el extraño Maestre Robín y el honorable Gerold Hightower. Siete hombres, siete aliados, siete apoyos para el rey.

Cinco años en un consejo donde no ha habido cambios significativos y aun no confió del todo en ellos. Cuando pienso en cada buen consejo que Lord Arryn dio a Rhaegar no puedo evitar recordar que le contribuyo a su derrota y posterior exilio, Lord Tyrell siempre intenta parecer humilde, leal y desinteresado pero la verdad es que solo planea quedarse con el puesto de Mano del Rey, Ser Arys es un caballero hacendado que a pesar de mostrar su lealtad a menudo siempre es misterioso y con un aire tétrico.

Ser Gerold, Ser Aethan y el Maestre Robín son en quienes más confió, pero si algo me ha enseñado la vida es a no depositar excesiva confianza en la gente… solo confió en alguien por completo.

– Creo que deberíamos comenzar, si su majestad no viene temprano es que no vendrá, yo mismo le informare de todo en cuanto terminemos. – Dije con voz calmada, Rhaegar no suele perder reuniones, seguramente estará cuidando a Elia que tuvo otra recaída. – Algo que deba saber Ser Arys.

– Pues creo que debería informar que en el Lecho de Pulgas se está iniciando una conspiración para asesinar a todos los de ojos azules... – Empezó Ser Arys, siempre con sus tonterías pero aun así era el mejor para el puesto. – Pero si lo que quiere es algo relevante, en las Islas del Hierro ha aumentado considerablemente la construcción de barcos.

Los cabrones del hierro que atacaron el Dominio cuando pensaron que estaba desprotegido y luego se retiraron… unos cobardes miserables.

– ¿Qué tiene de raro? – Pregunto Ser Aethan. – Se supone tienen opciones limitadas en su comercio, quizás quieran armar buenos barcos para luego venderlos por un alto precio.

– Una opción viable si estuviéramos contando con hombres honrados. – Replico Mace Tyrell. – Esos cobardes atacaron mis tierras cuando pensaron que no podría defenderla, logramos repelerlos pero no sin perdidas… son unos gusanos.

– Jajaja, los Hombres del Hierro, los Dornienses… ahora me dirás que tampoco confías en los Lannister. – Se burló Ser Arys al momento en que Lord Tyrell lo fulminaba con la mirada.

– Sinceramente, yo no me fio de nadie. – Dije en tono calmado para aplacar a mis compañeros, este era un consejo del rey y solo porque no está Rhaegar no permitiré estas insolencias. – Que tus espías estén atentos, pero que no hagan nada que los descubran.

– Me asegurare de ello. – Dijo con una sonrisa Ser Arys.

– Debo informarle Lord Connington que la corona ha duplicado sus ingresos en estos seis años de reinado. – Explico Mace. – Los nuevos impuestos han sido exitosos y además no solo aquí en las Tierras de la Corona sino que hasta el Domino y las Tierras de las Tormentas ha salido beneficiados.

Todo ha sido un éxito porque Rhaegar no te deja hacer nada sin su permiso, Lord Tyrell.

– Si estoy al tanto, razón por la cual he ordenado que se construyan una docena de barcos de guerra, espero que todo este saliendo bien Ser Aethan.

– La verdad han desaparecido dos carpinteros principales y nadie sabe que paso con ellos, además han empezado varias desapariciones por la bahía. – Respondió Aethan con voz cansada.

– Enviaremos a más Capas Doradas a la puerta del Lodazal. – Dije un tanto inseguro, si la Víbora Roja hubiera seguido al mando no habría reparos en enviarlo al peligro pero… Daeron es el hermano del rey. – Quiero que la flota esté lista para antes del cambio de año.

– Yo mismo acompañare al príncipe Daeron en la investigación. – Decidió Ser Gerold. – La Guarida Real debe proteger a la Casa Targaryen y el rey estará bien con mis hermanos.

– Bien, acabemos por hoy, pueden retirarse, Lord Arryn quédese por favor. – Ordene sin dejar de mirar a Jon el Gris como le llaman para diferenciarlo de mí.

Ser Aethan, Ser Gerold y el Maestre Robín se retiraron con gracia y una reverencia, Ser Arys solto una carcajada estridente y salió de la habitación a tropezones y Mace Tyrell miro con desconfianza tanto a mi como a Lord Arryn antes de salir de la cámara.

– Me sorprende que la Mano del Rey quiera hablar conmigo en privado después de cinco años. – Dijo Lord Arryn calmado.

– Bueno Lord Arryn… como podrá recordar hace seis años usted y sus pupilos fueron los encargados de provocar mi breve exilio.

– Fue muy amable en no masacrar el pueblo para encontrar a Robert. – Dice con una sonrisa irónica.

No fue la amabilidad… fue el orgullo… el deseo de ser un héroe… pero eso no lo tienes que saber.

– Derramamiento innecesario, aunque no puedo decir que no me arrepienta. – Digo quitándole importancia.

– Igual que yo. – Dice para luego tomar un trago de vino. – ¿Qué quieres? En los últimos años solo hemos hablado para que me des ordenes o para ver si las cumplo… esto no tiene sentido.

– Directo… escucha Lord Arryn, necesito hombres en quien pueda confiar, Lord Tyrell es ambicioso, puede que el Gran Maestre Robín haga sus labores de forma impecable pero es algo… extraño y Ser Arys… bueno, es igual de confiable que Varys o puede que un poco más, Ser Gerold esta anciano y no nos acompañara mucho más, necesito tener a hombres de confianza.

– ¿Y quieres que yo sea uno? – Pregunto Jon levantando una ceja.

– No. – Respondí secamente. – Pero quiero que me ayudes a mantener la paz del reino, paz para el Valle, paz para el Norte, paz para todos, se oyen ruidos en Dorne, se oyen rumores en el Oeste… se oyen rumores en el otro lado del Mar Angosto y todos dicen una cosa… guerra.

– No necesitas ser tan persuasivo Jon, Ned es como un hijo para mí, si el lucha con los Targaryen yo lo seguiré. – Dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta.

Como un hijo… si, quizás debería buscar una esposa… si todo resulta bien puede que lo haga… pero si todo resulta más que bien… no, eso no será posible, mi deber es mantener la paz para Rhaegar y sus descendientes… nada más, solo soy un apoyo para el rey y nada más, debo entenderlo… por mi propio bien.

La Dama del Sur

Las esquirlas de nieve caian suavemente por el patio de Invernalia. Ventisca de veranos… algo impensable en el sur pero habitual aquí en el Norte.

En el centro del patio Ser Rodrik se encargaba de entrenar a Robb en el arte de la espada aunque una descripción más aproximada seria que evitaba los golpes del palo de Robb mientras le daba instrucciones. Robb había sacado la apariencia de los Tully con el cabello castaño rojizo y los ojos azules pero tenía la fiereza de los Stark.

Arya se removió un poco entre mis brazos, la última niña que había tenido con Ned… y pronto habría otro. Arya al contrario de Sansa y Robb había sacado la apariencia de Ned, su cabello era negro y sus ojos de un color gris idénticos en lo que podía recordar a los de la reina Lyanna.

– Levanta más la espada Robb, si no te cubres te romperé un hueso. – Ordeno Ser Rodrik a Robb, una amenaza vacía, Ser Rodrik no podría herir a un niño mucho menos al hijo de Ned.

El sonido de la madera chocando lleno el patio, Ser Rodrik se le veía contento frotando su bigote mientras detenía los débiles ataques de Robb. Robb llevaba la determinación fundida en su rostro infantil, incluso con seis años no se daba por vencido, sentimientos de orgullo y miedo llenaron mi corazón. Si los dioses eran generosos, Robb llegaría a su adultez, gobernaría Invernalia, vería crecer a sus hijos y nietos sin tener que luchar jamás en una batalla.

En el momento en que Ser Rodrik derribo a Robb, Arya empezó a llorar. Robb y Sansa se quejaban y lloraban como lo hacen normalmente los niños, pero Arya berreaba el doble de fuerte, el Maestre Luwin advirtió en que eso era señal de que sería una niña muy fuerte como su tía Lyanna.

Lo único que calmaba a su hija menor era darle el pecho. Apenas Arya empezó a alimentarse busque refugio en el interior del castillo, a pesar de haber pasado cinco años aun no puedo acostumbrarme al frio perpetuo de Norte.

En este momento con Robb practicando, Sansa entretenida con la Septa Mordane solo le quedaba Arya para ser toda suya. Ned había pasado los últimos días intentando mediar una disputa entre Lord Umber y Lord Karstark, sus riñas se habían llegado a oír en Invernalia y como su señor feudal Ned los convoco, ambos señores llegaron con una escolta de cien hombres y con la sensación de tener la razón absoluta por lo que Ned ha pasado toda la visita.

Ned… la primera vez que lo vi esperaba a un versión más joven del galante y fiero Brandon… pero en los últimos cinco años hemos logrado formar un lazo de confianza, cariño y… ¿amor? Posiblemente, aún quedan muchos años para descubrirlo y si la Madre lo permite, tener más hijos.

El Gnomo de la Roca

– Vuelva a la cama mi Señor. – Me pidió la puta mientras se movía seductoramente entre las sabanas.

– Lo lamento, es tarde y ya no podré disfrutar de ti si en la mañana mi cabeza cuelga de los muro de Roca Casterly. – Dije mientras terminaba de ponerme los pantalones.

– Espero que venga conmigo para celebrar su décimo sexto Día del Nombre, mi señor. – Dijo después de suspirar.

– Si las cosas salen bien, luego de mi Día del Nombre me iré de Poniente por un rato… pero claro que vendré a celebrar contigo y con tus compañeras. – Dije dirigiéndome a la puerta.

Así han sido los últimos años de mi vida… desde que la perdí a "ella". Aún recuerdo la furia, vergüenza… odio… lujuria que sentí al saber la verdad de Tysha… y al descubrir que la persona en quien más confiaba… en quien más confiaba y quería... No, ya había superado aquello, no podía odiar a Jaime para siempre, sin él no habría tenido a nadie,

El tío Tygett murió hace tres meses y dejo a un hijo de un año… Tygek, y el tío Gerion estaba haciendo preparativos para zarpar hacia Valyria y recuperar Rugido la espada ancestral de los Lannister y otros tesoros… de ser posible quisiera irme con él.

Al salir del Corazón Dorado me reuní con mi guardia/ niñera impuesto por mi padre, un hombre alto de mandíbula cuadrada, ojos marrones y fríos y el cabello más blanco que negro… y tan buen protector como compañero, ósea mediocre.

Ambos nos dirigimos a Roca Casterly sin decir una palabra, mi padre cree que lo tiene controlado pero la verdad es que Cass solo daba parte de mis movimientos, el resto se los guardaba por un buen puñado de dragones de oro. Apenas entrar a intramuros de Roca Casterly dos mozos de cuadra tomaron las riendas de los caballos sin mirarme a los ojos, incluso ellos odian el servir a un… Mediohombre como les gusta llamarme a mis espaldas. Pocos sirvientes pasaban por el patio como siempre, pero un irritante sonido eliminaba el perpetuo silencio del castillo, debe de ser alguien especial… para que mi padre no lo mande a azotar por perturbar sus oídos.

El ruido provenía de detrás de los establos, donde los mozos llevaban los caballos. Les segui hasta detrás de los establos donde encontré a Jaime atacando al muñeco de hojalata. Llevaba un jubón de seda dorado manchado de barro y el cabello largo hasta los hombros enmarañado, su la hoja de su espada estaba deshecha y estaba empapado de sudor. Su metálico oponente estaba también desgastado y lleno de marcas de cortes.

– Ya está muerto Jaime, déjalo en paz. – Dije intentando tranquilizarlo, el humor normalmente lo calmaba, esta vez no.

Jaime giro la vista hacia nosotros, sus ojos verdes parecían desprender fuego como los de padre pero se apaciguaron casi de inmediato. Un trato mudo y reciproco, yo no puedo molestarme contigo y tú no puedes molestarte conmigo.

– Tyrion. – Se limitó a decir con una voz cansada. – ¿Ya hiciste tus rondas por el Corazón Dorado?

– Si, y a ti parece que te arrastraron por el lodo luego de que pasaron horas luchando. – Dije cruzándome de brazos, si algo le pasaba me dejaría solo... solo.

– Bah. – Se quejó con un ademan. – Me fue con Addam y otros tantos a cabalgar y me caí, nada grave. – Dijo quitándole importancia.

– Que buen intento. – Está molesto por algo... y yo voy a descubrirlo aunque la verdad ha pasado los últimos tres años enojado.

– Deja la espada, empecemos la celebración de mi Día del Nombre antes con unas copas de vino, puedes venir Cass. – Dije dirigiéndome al interior del castillo sin ver si me siguen o no, es raro que alguien me rechace un trago.

Normalmente la gente pasa de prestarme mucha atención, Lannister o no sigo siendo un enano que ni siquiera había cumplido la mayoría de edad pero eso pronto acabaría, luego de mi décimo sexto Día del Nombre hare un recorrido por todo Essos y luego por Poniente... pero antes celebrare con mi hermano.

El vino es extraño, con cada trago que pasa por mi garganta siento como me revitalizo mientras que cada vez que Jaime toma un trago su gran atractivo se diluye, aunque claro, al lado de un enano deforme, cualquiera parece Rhaegar Targaryen. Cass se había desmayado en el piso hacía ya tres tragos.

– Creo que... ya no deberías tomar. – Dije con una voz más aguda de lo que pretendía.

– Tú fuiste el que me invito. – Replico con una voz ronca y magullada.

– Bueno... no sabía que con cada trago te parecerías más a mí. – Dije con una voz que me recordaba más a la mía. – No es algo digno de ver, sino las putas no me cobrarían por follar.

Su respuesta fue un gruñido luego de un largo trago de vino.

– Tienes demasiados problemas aquí hermano. – Dije aunque no me escuchara. – Deberías venir conmigo a Essos.

Su carcajada fue ronca y seca.

– Aunque padre nos dejara ir a ambos… ¿Qué haríamos allí? ¿Follar en todas las casas de placer de Lys?

– Me gusta como piensas. – Dije mientras mi vista se difuminaba poco a poco. – Eso y que tal unas cuantas riñas Myr o Pentos e incluso unos choques de acero con los salvajes Dothrakis.

– No suena tan mal. – Dijo luego de otro trago.

– Y así te olvidaras de tus problemas.

Y de Cersei, hermano… seis lunas sin verla ya te están afectando.

El Príncipe en Rocadragón

El vino bajo sin problemas por mi garganta dejándome una sensación de satisfacción, la necesitare si no consigo lo que quiero.

Observo la Mesa Pintada, lugar donde hace casi tres siglos Aegon el Conquistador junto a sus hermanas planearon la conquista de Poniente. Hoy otro Aegon planea otra conquista pero no con dragones y fuego… con barcos y acero.

La puerta de la sala se abrió poco a poco y entraron el joven Lord Monford Velaryon, Ser Raymun Colina, Ser Rogar del Valle Oscuro, Ser Harris Celtigar y el Maestre Egdon, cinco personas, mi futuro consejo privado.

– Les agradezco a todos por venir, tomen asiento por favor. – Les pedí con mi tono más agradable, que difícil es esto.

– ¿Alguna razón por la que todos estemos reunidos aquí, príncipe Aegon? – Pregunto el Maestre Egdon, un anciano de unos cincuenta años con un cabello corto tan níveo como las capas de la Guardia Real, ha estado en Rocadragón desde hace dos años y ya tengo completa confianza en él.

Les sonreí con confianza. Un Maestre altamente cualificado, el señor con la flota más poderosa, un experimentado combatiente marino y dos caballeros afamados… si esto solo podía terminar bien.

– Por supuesto Maestre Egdon, les hare una pequeña pregunta… ¿Quién soy yo? – Les pregunte con una sonrisa de oreja a oreja, ninguno acertara como es debido.

– El príncipe Aegon Targaryen. – Respondió Monford con la esperada cara de desconcierto.

– Hermano del rey Rhaegar. – Aporto Ser Raymun.

– Esto tiene algún sentido, príncipe Aegon. – Pregunto Ser Harris con cierta insolencia, su cabello era rojizo como el acero ardiente y sus ojos eran de un color azul oscuro casi negro… ciertamente no había sacado la sangre de Valyria como su hermano, Ronan.

– Por supuesto Ser Harris, y la verdad, todos están equivocados a la vez que en lo correcto. – El Maestre Egdon y Lord Monford me miraron con curiosidad, el resto como si estuviera loco, tal vez lo estoy. – Soy un príncipe si… pero sin tierras propias.

– Eso no es del todo cierto príncipe Aegon. – Replico el Maestre Egdon. – Usted es el actual señor de Rocadragón.

– Una cortesía de mi hermano Rhaegar. – Respondí con un ademan. – Este castillo es de la Casa Targaryen y la cabeza de la casa es Rhaegar… mis hijos no podrán heredar nada.

– ¿Y cómo pretendes remediarlo Aegon? – Pregunto Monford, ni siquiera llegado a la mayoría de edad pero con ansias de ganar fama y renombre.

– Con un trono, con una corona... con los Peldaños de Piedra. – Dije mientras sentía que mi sangre hervía de adrenalina.

– Disculpe, príncipe Aegon pero eso sería una locura, los Peldaños de Piedra son un refugio para piratas y marginados además no son lo bastante valiosas para iniciar una campaña. – Rezongo el Maestre Egdon.

– Lamento no estar de acuerdo Maestre, hace años un príncipe Targaryen casi las conquista... además quien las controle controla el Mar Angosto. – Aporto Monford, puede que nos llevemos bien a pesar de su edad.

– Con dragones. – Reprocho el Maestre Egdon.

– Da igual, en esos días estaban controladas por las Tres Putas, ahora no son más que un vil refugio de piratas, solo Lys tiene una débil influencia. – Dijo Ser Raymund.

– Además, con una buena estrategia marítima y todo el archipiélago caerá. – Continúo Ser Harris con una sonrisa de confianza y suficiencia, ya lo tengo ganado. – Denme dos centenares de barcos y les garantizo esas rocas.

Le agradezco, Maestre Egdon, se que esto es una locura ante sus ojos pero para mí no. Le dije al Maestre a los ojos. Yo soy de la sangre del dragón y cuando quiero algo lo consigo... o lo arraso en fuego y sangre… ¿Qué dice Ser Rogar?

Hasta el momento se había mantenido en silencio, quiero una respuesta ahora, un consejo que me ayude en esta conquista. El dueño de una de las mayores flotas de Poniente, un Maestre, un gran almirante naval, y dos grandes y experimentados caballeros que han sobrevivido a la guerra… Si tengo a estos cinco mi puesto en la historia estará asegurado.

– Luche por su hermano en la Rebelión de Robert y por su abuelo en la Guerra de los Reyes Nuevepeniques, y viéndolo a usted ahora, le juro que luchare por usted en esta conquista.

Listo, el dragón desplegara sus alas… y remontara el vuelo a las islas de roca… hacia los huevos de Caraxes.

FIN