Pyke; Puerto Noble

El Capitán del Hierro:

La bendición del Dios Ahogado caía por todo Pyke, las gotas de lluvia caian por la cubierta de la Victoria de Hierro, mi cuerpo y el resto de los Hijos del Hierro píos que aprovecharían esta oportunidad para acercarse a nuestro dios.

Las olas mecían la Victoria de Hierro sin cesar, el mar estaba agitado, el Dios Ahogado daba su bendición para los planes de Balon… o rey Balon. Deje escapar una carcajada, esta vez los Hijos del Hierro serán recordados, seremos capaces de conquistar aquellas tierras que nos han despreciado por años.

«¡Las viejas costumbres volverán a las Islas del Hierro!» Había proclamado su hermano Balon hacia seis años luego de volver de la guerra, le había creído en ese momento y le creo ahora.

Por ahora espero, espero la llamada del mar, espero la llamada del Dios Ahogado, la llamada de Balon y luego… la llamada de la guerra.

– ¡Lord Victarion! – Le llamo alguien desde el puerto, una voz que no lograba identificar.

Con unas pocas zancadas llego hasta el extremo izquierdo de la Victoria de Hierro, lo había llamado un muchacho flaco, pecoso, de cara esquelética y de cabello color barro, seguro provenía de alguna de las otras islas y había llegado a Pyke hacia poco.

– Lord... Lord B... Balon le soli... solicita en el Castillo de Pyke. – Dijo con voz entrecortada.

«De donde sacaran a estos niños verdes».

– Bien me sé el camino. – Dije impaciente, no iba a permitir que semejante saco de debilidad le llevara hasta su hogar.

Últimamente Pyke había estado muy agitada, Balon había mandado a construir barcos de guerra hacía ya seis años y estoy impaciente por capitanearlos, el título de Lord Capitán de la Flota del Hierro lo había ganado a base de sangre, acero y fiereza.

Llegue directamente a la sala del Viejo Mar, el lugar más antiguo de Pyke y lugar favorito de Balon para los planes de conquista. Dentro lo esperaba mi hermano Balon Greyjoy alto y flaco pero fuerte y con ansias de combatir, ese era Balon, también estaban Euron el hombre más detestable de las Islas del Hierro y mi hermano mayor, Aeron mi necio y poco listo hermano menor y por ultimo Rodrik, mi sobrino y orgullo para las Islas del Hierro.

– Al fin se aparece el toro marino. – Dijo Euron en tono burlón, su amplia sonrisa que tenía grabada en la cara desde que era un niño siempre me había provocado ganas de romperla.

– ¿Me solicitabas hermano? – Pregunte dirigiéndome a Balon, mayor o no, Euron era una plaga y no le dejaría perturbar mi concentración de las futuras batallas.

– Sí. – Asintió el "rey" Balon. – ¿Esta la Victoria de Hierro en óptimas condiciones para la batalla?

– Siempre hermano, apenas des la orden, zarpare con todos mis hombres hacia la victoria. – Respondí alzando la cabeza.

– Dentro de poco hermano, ya he enviado a Dagmer Barbarrota al resto de las Islas del Hierro, dentro de dos semanas toda la Flota del Hierro estará reunida en Pyke. – Declaro Balon con una sonrisa de suficiencia y ambición. – Pero antes quiero repasar mi plan con ustedes, mis mayores consejeros.

– Padre y yo hemos preparado un plan con tres objetivos principales. – Dijo Rodrik señalando un mapa que estaba en la mesa central, era más bajo que su padre pero el doble de fuerte, en sus ojos destellaba la chispa del orgullo y las ansias de luchar.

– En la Flota del Hierro hay más de tres centenares de barcos. – Empezó Balon con una sonrisa. – Uniremos dos tercios de ellos y zarparemos hacia el sur.

– ¿Isla Bella? – Pregunte intrigado, Isla Bella era un objetivo frecuente de los Hijos del Hierro pero unir dos tercios para atacarla…

– Más al sur Vic. – Respondió Ojos-de-Cuervo antes de que Balon pudiera responder. – ¿O no hermano?

– Así es. – Afirmo Rodrik. – Hacia Lannisport.

Lannisport. Una de las ciudades más grandes, prosperas e importantes de Poniente… y cercanas a la gran roca de los leones… si Lannisport cae, demostraremos nuestra furia, nuestro poderío… podríamos ser libres de las cadenas del dragón.

La mandíbula de Aeron descendió casi hasta el suelo y se quedó allí un momento, incluso Euron abrió mucho su ojo al escuchar el blanco, seguro que pensaba que el objetivo era algunas de las islas menores del Dominio.

– Dentro de poco el Señor de Lannisport celebrara el Día del Nombre de su única hija. – Continuo Rodrik. – Avanzaremos por el Mar del Ocaso, luego unos haremos unos pocos saqueos en el camino del Mar lo más cerca de Lannisport posible, el León Hambriento enviara tropas para expulsar a los incursores, la celebración no se cancelara, los Lannister tienen demasiado orgullo.

– Se atacara esa misma noche, cogeremos todo tesoro, mujer y objeto de valor que encontremos. – Acabo Balon.

– Hermano, dijiste que dos tercios… ¿Qué hará el resto? – Pregunto Aeron.

– Esa será mi parte de la Flota. – Aclaro Rodrik con un brillo en sus ojos. – Hare el mismo procedimiento a través del Cabo de Águilas, los Mallister me seguirán y Varamar caerá cuando su castillo este débil, tendremos una fortaleza en tierra que reciba suministros del mar.

– Vic. – Me llamo Balon. – Luego de que caiga debes retroceder hasta Isla Bella, es un terreno conocido y perfecto para esperar un ataque, recibirás cerca de cincuenta barcos más para cuando estés allí hermano si todo sale según lo previsto.

– Lannisport no caerá fácil. – Replico Aeron con una sonrisa. – Esta cerca de Roca Casterly y pueden seguirnos, tienen una flota propia lo olvidan.

– Tranquilo Aeron. – Dijo Euron tocándose el parche donde otrora estaba su ojo. – Si atacamos Lannisport yo mismo me encargare de que no puedan seguir teniendo poder en el mar.

– De que hablas hermano. – Replique con fuerza, no voy a dejar que Euron me socave. – Yo soy el Lord Capitán, yo seré quien lidere el ataque y a la Flota del Hierro.

– Claro hermanito. – Dijo Euron con un tono provocador. – claro que serás tu quien encienda la llama que consumirá a los leones.

Treinta y un Dias del Nombre y aun no logro confiar en mi Ojo-de-Cuervo, su sonrisa inmaculada y ojos azules despiertan una alarma en mi…

– Creo que debo retirarme. – Dijo Euron levantándose. – Tengo que ir eligiendo a la tripulación de la Silencio y quiero que estén listos lo antes posible para la guerra… sabemos lo que pasa cuando alguien de tu tripulación te falla.

Fueron las últimas palabras de Ojo-de-Cuervo antes de desaparecer de la sala. Seis años atrás y nuestro padre fue asesinado frente a nuestros ojos cuando un Hijo del Hierro intento ganarse un indulto al entregar la cabeza del Señor de las Islas del Hierro, recuerdo al infeliz como si fuera ayer, cabello rojo, dientes chuecos y negros y unos ojos azules apagados y vacíos. Lo recuerdo porque yo lo decapite y patee su cabeza al Mander, luego Balon reagrupo a nuestras fuerzas y logro ganar la batalla, desde entonces es mi rey además de mi hermano.

– Bien creo que yo también debería retirarme. – Dijo Aeron levantándose. – Un tabernero puso la doncellez de su hija en una pieza de plata y yo aún conservo algunas desde nuestra última incursión.

– Dime hermano. – Me dijo Balon cuando Aeron abandono la cámara. – ¿Alguna duda sobre nuestra campaña?

– No. – Respondí. – El Dios Ahogado esta de nuestra parte, nos han mantenido oprimidos desde hace muchos siglos y por si lo han olvidado… "Nosotros no Sembramos".

Desembarco del Rey

La Reina de la Luna:

Daemon estaba vestido como un verdadero príncipe, seda y terciopelo negro y gris, tanto Stark como Targaryen, todo coronado con una diadema de plata. Un príncipe, eso es lo que parece y es, hijo de Rhaegar el primero de su nombre, debo recordarlo yo para que lo recuerde todo el mundo.

– Madre, no llores, por favor. – Me pidió Daemon, su intención era buena pero solo consiguió sacarme más lágrimas.

La vida en la corte era muy diferente a Invernalia, se conocía a todos y sus intenciones, sus alegrías y tristezas… en Desembarco del Rey cada quien tiene sus motivaciones ocultas siempre esperando algo, los llamados amigos son contados y los peligros nunca dejan de aparecer.

Cerca de las Marcas de Dorne había empezado a rondar el caos, el príncipe Doran decía hacer lo posible por aplacar los ataques incursores, la verdad era que no se podía mas del Príncipe de Dorne. En plena capital, varios asesinatos se habían presentado cerca de la bahía del Aguasnegras, Ser Aethan y Dareon se estaban encargando pero aún no habían encontrado nada.

El sur no era un lugar seguro, Aegon el Menor se quedaría en Desembarco del Rey porque era el heredero y Rhaenys porque enviarla de pupila con una Casa mal escogida significaría un conflicto con otra.

Daemon no se había quejado, no había protestado, desde que supo que iría al Norte se había resignado a ello casi como si... tuviera una máscara. Entonces repare en su rostro, sus ojos grises miraban todo y nada al mismo tiempo, su expresión no dejaba ver nada...

– ¿Quieres ir al Norte? – Pregunte.

Daemon me miro, por primera vez en días me miro de verdad. No la mirada vacía sino su habitual mirada llena de tantas emociones que nadie podría adivinar sus pensamientos.

– Nunca he sentido que este fuera mi hogar. – Dijo con una voz aguda. – Veo a Aegon convivir con otros nobles... a Rhaenys disfrutar de los bailes y fiestas y pienso... este no es mi lugar.

– Daemon, solo tienes seis años.

– Y aun así sé que no pertenezco a Desembarco del Rey. – Replico.

– Eres un príncipe, Daemon de la Casa Targaryen, hijo del rey Rhaegar el primero de su nombre. – Empecé pero al mirar su rostro, sus ojos grises entendí lo que el sentía, los señores y damas lo trataban cortésmente pero no con la calidez con la que trataban a sus hermanos. – Y también mi hijo, la sangre de los Primeros Hombres corre por nuestras venas... tu lugar es tanto el Norte como el Sur... estarás bien, donde sea.

– Gracias madre. – Me dijo mientras me abrazaba con los ojos llenos de lágrimas, su máscara había caído.

En las puertas de la Fortaleza Roja nos esperaban Rhaegar, Aegon y Rhaenys, los tres tenían una máscara gélida similar a la de Daemon para hacer frente a lo inevitable. Aegon y Daemon siempre entrenaban el arte de la espada con Ser Arthur y luego entre ellos… hasta que Rhaenys se empeñaba en escaparse de sus Septas y enseñar a sus hermanos quien era la mejor con la espada de la familia.

Daenerys en cambio… esa niña era muy dulce y frágil, tenía sus manos tapándose el rostro mientras trataba de disimular las lágrimas, era más unida a Daemon de lo que eran Aegon y Rhaenys. Daeron lucia la capa dorada atada con un broche negro y rojo, su rostro lucía una expresión melancólica, pese a tener su propio hijo antes de tener a Baelon trataba a todos los hijos de Rhaegar como suyos. Lady Cersei Lannister también aguardaba junto a su esposo, la hermosa y volátil Cersei, pese a guardar las apariencias ante los desconocidos sus riñas con Daeron eran constantes y cada vez más notables, cortesía fría era lo que nos mantiene unidas, nunca he confiado en los Lannister y nunca lo hare.

Y… Jaehaerys… el segundo menor de los hermanos de Rhaegar, su cabello era de un tono blanco brilloso, sus ojos eran de un color azul zafiro, su rostro no poseía la belleza de su hermano Rhaegar o Aegon, no poseía al dureza y autoridad de Daeron… era simplemente diferente… y posiblemente una de las únicas personas en la capital sin ambiciones del tamaño de un dragón.

El Consejo Privado, la Guardia Real, los señores y caballeros de la corte. Todos reunidos para ver zarpar a mi hijo, mi único hijo… el pánico empezaba a cerrarme la garganta, he cazado, he participado en justas, me he enfrentado a medio reino al casarme con el hombre que amo… y todo eso no fue nada comparado con dejar ir a mi pequeño.

Un toque en el hombre me regreso a la normalidad, eran dedos gráciles y delgados, me volví y allí estaba, la mujer a la que había arrebatado al mejor hombre de los Siete Reino, Elia de la Casa Martell. Desde que yo misma la corone Reina del Amor y la Belleza todo parecía… tranquilo… no reñimos, no discutimos, aceptamos la realidad, y hemos decidido hacer todo mejor… pero siempre está esa sombra de muerte que nos ha separado de la amistad desde que nos conocimos… la Rebelión de Robert.

– Es un día difícil para ti… para todos. – Comenzó con un tono… demasiado dulce desconcertante, pero su abrazo lo fue más, y sus palabras a mi oído lo fueron todavía más. – No lo abandonas lo pones a salvo.

Esas simples palabras hicieron que mi corazón se aliviara, pese a desprenderme de mi hijo, lo estoy poniendo a salvo, Desembarco del Rey es una ciudad peligrosa… pero lo que aún no logro entender es que esas palabras de aliento vinieran de Elia… y que hicieran más efecto viniendo de ella que de cualquier otra persona.

La Reina del Sol:

Estaba hecho. Se ha marchado, había zarpado a bordo de la Reina Rhaella por el Aguasnegras.

El hijo de Rhaegar con otra mujer, la prueba viviente de que toda la sangre derramada durante la Rebelión de Robert no fueron más que rocas que se llevó el Tridente. Y aun así no siento nada. Incluso diría que estoy... no...

"Es por su propio bien". Eso le dije a Lyanna y eso... y lo dije y sentí de verdad.

Daeron y Aethan nos relataban sus informes solo a Rhaegar, Lyanna, Jon Rojo y a mí y cada vez eran más macabros. Los residentes de las zonas de caza lo han llamado el Carnicero del Lodazal pero solo una palabra podía describir a aquel que realizo tales actos «monstruo». Caos en las Marcas y por la parte sur del Sendahueso. Daemon estará más a salvo en Invernalia que en cualquier lugar del sur.

Extraño, pase meses rezando que ese niño no naciera o que solo fuera un rumor y ahora que lo saque de mi vida… nada. Vi crecer a ese muchacho, siempre me ha tratado con respeto; "madre" Elia me llamaba al igual que mis propios hijos llaman a Lyanna; "madre" Lyanna.

Rhaenys había protestado hasta el cansancio y el siempre caballeroso Aegon se hallaba frio y distante… y como alguien podía evitar no sentir lastima por la pequeña Daenerys quien desde que descubrió que su "tío" se iba no había parado de llorar. Pensando con detenimiento… en los últimos seis años no solo Rhaegar se mostraba más feliz y menos melancólico sino que yo misma he cambiado…

Ya no tengo ni idea de cuando la "Loba" pasó a ser Lyanna y cuando Daemon pasó a ser como un sobrino…

El sonido de la puerta de mi habitación abriéndose me trajo de vuelta a la realidad, esperaba tontamente a Rhaegar, pero claro, el rey tenía su propia forma de lidiar con el dolor y la perdida y no era con otras personas. En su lugar Jaehaerys apareció.

– ¿Cómo estas Elia? – Pregunto el príncipe.

– ¿Por qué me preguntas a mí? Mis dos hijos están durmiendo en sus habitaciones en esta ciudad. – Dije tratando de imponerme, la verdad no quiero hablar de Daemon ni su partida. – No soy quien tuvo que enviar a su hijo lejos para protegerlo.

– Si… pero como sabrás, las cosas no son iguales que hace seis años.

– ¿De qué hablas? – Pregunte con un tono de sarcasmo, con Jaehaerys pareciera que siempre ve a través de ti.

– No estuve aquí pero lo sé. – Dijo como si eso fuera suficiente para que me diera cuenta de lo que quisiera decir, suspiro antes de responder. – Tu odio, rabia, resentimiento hacia mi hermano, hacia Lyanna… incluso hacia Daemon se fueron al momento de que Lyanna te corono hace seis años.

Aquello fue como si me lanzaran un chorro de agua frita al rostro, es cierto que después de aquella coronación había comenzado a ser más cortes con Lyanna… pero era para mantener la paz del reino, asegurar un futuro para Aegon y Rhaenys y… y Daemon…

Aun con todas las diferencias que nos separan ambas somos madres, ambas conocemos lo que es tener a un hijo entre nuestros brazos y amarlo más que a nada… un conflicto entre el Norte y Dorne no podía ocurrir… y sin darme cuenta poco a poco me fui acercando no solo a Lyanna sino también a Daemon.

– No te dolerá como si fuera Aegon o Rhaenys pero has visto crecer a ese chico. – Explico Jaeharys. – Y siendo sinceros ¿Quién no lo quería?

– A Lady Cersei no le caemos mucho en gracia. – Replique, su respuesta temprana fue una sonora carcajada.

– ¿Y a quien le cae en gracia Cersei? – Pregunto con malicia en los ojos. – Ni siquiera Daeron la aguanta, por eso visita la calle de la seda cada noche… aunque no se puede decir que no quiera a ese hijo suyo.

Aquello era cierto, a la única persona que Cersei parece gustarle es su propio hijo. Tal vez así logremos que todas las alianzas de la Casa Targaryen se soliden aún más, por el aprecio hacia algo más grande que nosotros… quizás…

– Bueno… al parecer no soy de ayuda aquí así que voy a beber con Lyanna y Daeron. – Dijo Jaehareys mientras se acercaba a la puerta.

– Gracias. – Dije casi en un susurro.

– Soy tu "hermano" es mi deber cuidar de la familia. – Dijo antes de desaparecer.

El amor puede vencer todo, puede que no el amor de Rhaegar y mío, o el de Lyanna y Rhaegar… sino el amor de los tres por nuestros hijos, lograr que Aegon y Rhaenys hereden algo más que ruinas es todo lo que deseo… y si eso significa hacer alianzas con Lyanna lo hare.

FIN