Ranma ½ no me pertenece. Star Wars tampoco me pertenece. Yo a lo menos sí me pertenezco... no, esperen, yo le pertenezco felizmente a mi esposa. En fin, nada me pertenece.

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Hace mucho tiempo, en una galaxia muy,

muy lejana…

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Fantasy Fiction Estudios presenta:

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El corazón del Jedi 2

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La nieve se evaporaba en el sable de luz rojo y la fuerte ventisca estiraba la estela blanca a lo largo de una decena de metros antes de desaparecer, como si fuera un manto extendido que seguía los ágiles movimientos formando una danza, cruzándose y girando con la otra estela que dejaba el sable de intensa luz plateada. Solos fuertes choques de los sables de luz provocaban estallidos tan sonoros que conseguían superar el rugido de la tormenta de nieve. Las pequeñas chispas eran como estrellas que seguían en sus primeros metros a las estelas de vapor. Danzaban con ellas, se movían en círculos, se extendían y retrocedían, subían y bajaban, como si el fuerte viento estuviera perpetuando por la eternidad el retrato de lo que estaba sucediendo entre los dos contendientes.

La luz roja se reflejaba en los ojos, antes oscuros e ingenuos, ahora dominados por una ira que deseaba consumirlo todo, destruirlo todo, tomarlo todo, borrarlo todo. La estela que seguía al sable de plata titubeaba, caía ante cada fuerte embiste del sable rojo, arrastraba su punta por el piso de roca del antiguo templo que como un balcón se erigía en lo alto de la montaña congelada a la entrada de la milenaria y sagrada caverna.

Muchos antiguos maestros y aprendices habían cruzado bajo los arcos derruidos del templo en Ilum en búsqueda de los cristales más puros para crear sus propios sables de luz.

El sable rojo golpeaba una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces con tanta furia como los gritos descontrolados del guerrero consumido por sus más oscuros deseos. El sable de plata solo se defendía, rebotaba y volvía a alzarse cada vez con menos fuerza para resistir el siguiente ataque. Ambos caballeros se cruzaban una y otra vez, dejando que sus sables de luz los protegieran por pequeños espacios de una muerte segura ante los embistes del rival que buscaba los puntos vitales del cuerpo.

Finalmente el sable de luz rojo hizo rebotar la luz de plata hacia el cielo y con un rápido y feroz movimiento dio un segundo corte casi horizontal. La estela de vapor mostró un vacío en su centro, el espacio del cuerpo contra el que se cruzó el sable de luz rojo cuando cortó el costado de su enemigo.

Tras el quejido de dolor, opacado por la ventisca, del caballero de sable plateado, el de los ojos rojizos como su sable de luz pateó la mano del primero haciéndolo perder el arma. El sable plateado rebotó y su luz se apagó, quedando tan solo un largo cilindro plateado que rodó por el suelo de roca hasta quedar medio enterrado en el hielo y la nieve. Entonces el caballero de negro tomó a su rival herido por el cuello, con una fuerza inhumana lo alzó en el aire y caminó hasta dejar que los pies del vencido colgaran más allá del borde del final del templo. A los pies de la montaña solo se veía una densa capa nebulosa y gris, la tormenta de nieve impedía ver más allá lo que le esperaba.

—Finalmente tendré mi venganza por todo lo que me quitaste… —dijo Ryoga, con el rostro palidecido como la nieve y deformado por una ira tan poderosa como el lado oscuro que había poseído su corazón—. ¡Es tu final, Ranma Saotome!

Ranma no podía responder, sintiendo que la vida se le escapaba con cada murmullo. Su costado quemado y cauterizado por el sable de Ryoga lo tenía sumido en tal dolor que apenas podía mantener las fuerzas y con las manos tratando de apretar el antebrazo de Ryoga no hacía más que prolongar lo inevitable. Escuchó los huesos de su cuello tronar bajo la presión de los dedos de Ryoga y movió los pies pateando el cuerpo de su viejo amigo, pero nada parecía hacerle efecto a ese monstruo de músculos tan duros como la roca y de una oscuridad tan tangible como el frío de Ilum.

—Me quitaste mi lugar ante la maestra Cologne —siseó Ryoga y sus pupilas se afilaron como los de un depredador —, me humillaste en las pruebas y te hiciste caballero antes que yo… ¡te convertiste en el maestro de Akane!

—Ry… o… ga…

—Akane, ella es… tan dulce, inocente —de pronto los ojos de Ryoga mostraron otra vez un atisbo de humanidad bajo los mechones y las cejas cubiertas de nieve—, no merecía tener un maestro como tú. ¡Un maestro que la arrastrara al lado oscuro!

—Ryo… ga, puedes… detenerte… —gimió Ranma—. No… eres… tú… Es el… lado…

—¿El lado oscuro? —Ryoga lanzó una risotada—. No, Ranma, este soy yo. ¡El lado oscuro me ha liberado! Es el consejo Jedi y sus mentiras los que nos mantienen prisioneros. Mira el poder que poseo ahora, ni siquiera eres rival para mí, ¡Ranma, esta es la verdadera esencia fuerza!

—Ryoga… no quiero… lastimarte.

—¿Lastimarme? —Ryoga suspiró—. Ah. Siempre fuiste tan arrogante, Ranma, no tienes remedio. No sé cómo pudiste convertirte en un caballero antes que yo, ¡seguramente hiciste trampa, me robaste como siempre lo hiciste con todo! Tú tienes la culpa, de todos mis fracasos siempre estuviste detrás. ¡Estabas celoso de mí y me saboteaste!

Ranma, a pesar del dolor, hizo una mueca como una sonrisa.

—Eres un… idiota… Ryo… ¡Argh!

Ryoga presionó con más fuerza. Ranma comenzó a perder el conocimiento y movió las piernas con fuerza.

—Adiós, Ranma. Diría que te extrañaré, porque crecimos juntos como huérfanos y esclavos en Nal Hutta, por todas las veces que debo aceptar me salvaste el trasero, en los que te consideraba un hermano de sangre. Pero ya no te debo nada, ¡porque todo me lo robaste!... Incluso mi oportunidad de haber estado junto a Akane, porque entonces yo hubiera sido su maestro y no tú. Yo hubiera viajado con ella, la hubiese entrenado mucho mejor que tú lo hiciste y yo... ella y yo… ella se hubiera enamorado de mí, ¡y no de un tramposo como tú!

—Estás… demente… tus fracasos… son… tu… propia… culpa.

—No importa lo que digas, con tu muerte mi entrenamiento finalmente estará completo —Ryoga sonrió, pero fue una sonrisa sin sentimiento y sus ojos se tornaron más vacíos que antes, tanto, que ya ni siquiera su ira inconmensurable podía llenarlos.

—Gracias… —susurró Ranma—, eso… quería… saber…

El maestro Saotome extendió la mano hacia su sable. El mango del sable de luz se desprendió con fuerza del hielo y voló hacia su mano. Pero Ryoga, advertido de los pensamientos de Ranma y sus intenciones, movió su sable y partió en dos el de Ranma antes que alcanzara su mano.

—¡Ahí tienes, Ranma! —la expresión de satisfacción de Ryoga fue oscura y terrorífica—. Tus viejos trucos ya no sirven de nada… ¡Ahrg!

Los ojos de Ryoga se abrieron sorprendido y su mentón tembló, pero de dolor, como el resto de su cuerpo. Inclinó lentamente el rostro y descubrió, para su tormento, que Ranma sostenía un nuevo sable de luz encendido con la otra mano, con el mango casi en la base de su estómago. Al mirar hacia atrás de reojo, descubrió el resto del sable de luz dorada saliendo por su espalda.

—Tú…

Ryoga lo soltó. Ranma cayó al vacío y todo lo que pudo ver fue a Ryoga desplomarse sobre su costado antes de que sus ojos se perdieran en la oscuridad de la bruma.

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La nave apenas conseguía maniobrar en la tormenta. Akane, con su traje de piloto, con el que estaba más cómoda que con su túnica Jedi, sentía la oscuridad queriendo hacer presa de los temores de su corazón. Más no permitía que el lado oscuro se apoderara de ella y seguía buscando con esperanzas maniobrando la nave a poca velocidad dentro de las dos caras del acantilado a los pies de la montaña.

—Ranma, responde —repitió por décima vez en el comunicador—. ¡Ranma!

Un trueno sacudió la nave y un relámpago lo siguió cegándola por un momento, pero debía controlarse porque un Jedi tampoco debía ser víctima del miedo.

A… Akane…

—¿Ranma? —Akane olvidó el comunicador, pudo escuchar la voz de Ranma en su interior y su mirada se perdió en la oscuridad gris de la tormenta—. Ranma, ¿puedes escucharme? ¿Dónde estás?

Akane…

La voz de Ranma se oyó cada vez más débil y lejana.

—Ranma… —Akane se llenó de ansiedad, en una mezcla de esperanza también miedo.

Akane.

—Ra-Ranma…

¡boba!, ¿quieres darte prisa?

—¡Ya te vi!

Con osadía y valiéndose de sus grandes habilidades de piloto, pues Ranma como piloto era tan malo como cuando jugaba a las cartas pazaak, Akane maniobró la nave lo más cerca posible de una de las paredes de roca, luchando en todo momento por mantener el control en contra de los peligrosos vientos que podrían en cualquier momento estrellarla contra el acantilado. Pero ella no temía por su vida, sino por la de Ranma, pues su maestro se encontraba colgado de un brazo de la empuñadura de la espada, con el sable de luz encendido y enterrado en la roca, con el costado de su túnica quemado y rasgado como si hubiera sufrido una herida terrible.

Ranma a duras penas conseguía mantenerse consciente, ya no sentía sus miembros y el frío escarchaba todo su cuerpo. Apenas vio la superficie de su nave a varios metros bajo sus pies, cerró los ojos y el sable de luz se apagó, cayendo al vacío.

—¡Ranma!

Akane lo atrapó en sus brazos y lo cobijó del frío, tratando de llamar su nombre sin respuesta, mientras el pequeño elevador de la cubierta sobre el que se encontraban descendía otra vez hacia el interior de la nave.

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La maestra Cologne estaba preocupada. Sus saltos la llevaban a cruzar velozmente los pasillos de la nave médica hasta la bahía de tratamientos intensivos, los maestros Jedi que la acompañaban apenas podían seguirle el ritmo. Lo que más temía era la violenta perturbación en la fuerza que sentía provenir desde más adelante. ¿Estaría bien su antiguo discípulo? ¿Si algo sucedía el corazón de la expadawan se mantendría firme ante la tentación del lado oscuro? Vínculos tan poderosos en la fuerza eran a veces una bendición, pero también una maldición para los que los llevaban.

Se acercó a la puerta cuando esta se abrió primero y uno de los encargados del equipo médico salió corriendo, seguido por el ruido de una bandeja de instrumentos desparramarse por el piso. La sabia maestra temió mirar…

—¡Eres una boba! No necesitaba tu ayuda, perfectamente podía arreglármelas solo —gritó Ranma—, porque yo… ¡Ay, ay, ay, no toques ahí, maldición!

—¡¿Ves cómo te encuentras?! Deberías ser más agradecido, por poco Ryoga te mata…

—¡Podía vencer a ese cerdo con una mano atada a la espalda!

—Sí, cómo no, tan bien te fue que tuve que rescatarte —respondió Akane.

—Ya te dije que yo…

Cologne suspiró profundamente. Ahora comprendía que la violenta vibración de la fuerza no se debía a miedo, odio o dolor, sino a otro sentimiento tan poderoso que era mejor darles su espacio y volver más tarde, cuando las cosas se hubieran calmado. La vieja se sonrió.

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Fin

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Nota de autor:

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¡Feliz 4 de mayo, día de la fuerza! Una historia continuando el universo que comenzó el año pasado en esta misma fecha. Espero que no les moleste que no esté tan bien desarrollado, pues lo escribí apenas en unas horas durante mi trabajo.

Quién sabe si el próximo año habrá algo nuevo que ver de esos dos tercos Jedi.

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Noham Theonaus

Espadachín mago de Idavollr

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