"La confianza es el insumo más importante para poder producir." ~Anónimo


La Luna estaba en su punto más alto cuando Karai regresó. Permaneció un tiempo tratando de localizar a Splinter, sin éxito. ¿A dónde diablos se pudo ir? Eso era lo que ella pensaba. ¿Cayó de nuevo en las aguas, nadó hacia otro lugar o simplemente regresó a la superficie? Le pareció más lógica la primera opción, pues lo vio demasiado débil como para escapar. Sin embargo, recordó que él era un gran maestro ninja; sabía cuidarse sólo o, por lo menos, eso se aseguró ella.

El otro enigma eran las tortugas. Desde que el primer Kraang invadió la ciudad, supo que ellos perdieron. No obstante, ¿qué clase de derrota fue? Si su maestro terminó a punto de morir en el desagüe, no se imaginaba lo que pudo llegar a pasarles a los quelonios. Aunque había algo que le aseguraba que estaban bien; no sabía ni dónde ni cómo, pero era seguro de que estaban con vida. Solo esperaba que estuviesen preparándose para recuperar su hogar.

Slash la esperaba en el tejado del primer piso.

Ambos reptiles mantuvieron sus miradas clavadas por un par de segundos, hasta que él se reincorporó y regresó al interior por uno de los espacios que llegaron a ser ventanas. Se escucharon sus pasos, lo que indicó que saldría con ella, pero éstos se alejaron y, sin que la serpiente pudiera verlo, cesaron dentro de una de las habitaciones más grandes de la planta baja.

Karai se adentró en la construcción y se dirigió hacia el sótano. Notó que la puerta metálica (terminada unos días atrás), estaba cerrada. Cambió de cuerpos, con ambos sables en su cinturón y el botiquín y esfera en una mano, y jaló la puerta.

Por el chirrido, Tyler alejó su atención de la hoja y se volvió hacia la entrada. Regresó con su trabajo tras percatarse de la identidad de la fémina. Mientras ella se acercó a su escritorio, Tyler miró de reojo el semblante que traía consigo; además del notorio cansancio y una llamarada de decepción, había molestia. Entonces recordó no haber escuchado los famosos gritos de una tortuga preocupada.

Ninguno de los dos había resuelto la disputa de hacía unas horas.

Después de colocar el botiquín y el artilugio sobre el escritorio del científico, la kunoichi jaló la silla y se acercó hacia el par de mutantes. Se sentó con el mueble al revés y descansó sus brazos, junto con el mentón, sobre el respaldo. Su mirada se clavó en el otro reptil: sonoros ronquidos emanaban de su garganta y su respiración se escuchaba tranquila. Luego se centró en los rasguños que iluminaban su abdomen. No necesitaba ser un genio para saber quién fue el autor de las heridas, ya que ella también fue víctima de ellos y…, bueno.

Ya no estaban en su cuerpo, pero siempre seguirían en su mente.

―¿Cómo está? ―preguntó entre la lucha que vivía por mantener sus párpados abiertos.

―¿Quién? ¿Él… ―señaló al paciente―, o Slash?

―Sabes bien que hablo de Cabeza de Piel.

―Lo siento ―habló con total sarcasmo―. Después de ver a una tortuga hiperventilando y a un cocodrilo inconsciente, comienzas a tener dudas, ¿no crees?

Ella esperó unos segundos para ver alguna reacción del chimpancé que le indicase que estuviera bromeando, pero Tyler mantuvo su atención en el esquema que elaboraba del cocodrilo. ―¿Es enserio?

―Ya lo conoces…, de hecho, deberías conocerlo mejor que yo ―no se molestó en ver a la fémina en ningún momento―. En cuanto saliste corriendo, no supo si ir detrás de ti o ayudar a Cabeza de Piel, así que entró en un ataque de estrés y estuvo a punto de desmayarse. Víctor, Pete y yo logramos tranquilizarlo. Le dijimos que se recostara, pero solo se iría a dormir hasta que tú regresaras ―suspiró al ver que cometió una falla en su esquema; aceptó el borrador que le tendió ella―. Él sufre de ataques de ansiedad y no lo sabíamos…, ni siquiera él lo sabía ―la miró de reojo por un segundo―. Y Cabeza de Piel estará bien, solo debe descansar.

―No fue mi culpa…

―No te estoy culpando a ti, Karai, pero sí puedes arreglarlo.

―Quieres que me vaya a disculpar con él.

―Sí.

―Mis disculpas suenan igual a una amenaza de muerte.

―Escucharte le hará sentir mejor ―su esquema estaba terminado, solo faltaba el nombre de la especie―, no importa lo que le digas.

―¿Incluso si le digo que me uní al Kraang y vendí su cabeza por el puesto de "reina omnipresente"?

Tyler no pudo evitar reír. ―Esa es buena, muy buena, y, a menos de que quieras liar con una tortuga a punto de convulsionar, te sugiero que tampoco le digas lo que sea.

―¡Muy bien! ―se levantó de la silla y la regresó a su lugar― Seguiré tu consejo en esta ocasión, Doc, pero, a cambio, quiero uno de tus cascos psíquicos que combine con mi piel.

―Y yo quiero investigar con tu sangre ―compartió la sonrisa de la fémina, quien ya estaba al lado de la puerta y tenía una mano recargada en el metal―, no se puede todo en esta vida.

―Tienes mucha razón en eso ―salió de la habitación pero atrajo su cuerpo de repente―. Oye. Tenemos comida, ¿para cuántos días?

―Uh ―tomó asiento frente a su escritorio y empezó a teclear en el ordenador―. Para una semana, tal vez más. ¿Por qué?

―Quiero que el Kraang deje en paz las alcantarillas y, para eso, detendré las visitas hacia la ciudad, por lo menos hasta que vuelva a ser seguro el subterráneo ―el doctor solo levantó su pulgar derecho, pues estaba muy concentrado en los resultados que arrojó el ADN de Cabeza de Piel―. No te desveles mucho, Doc, buenas noches.

―Descansa, Karai, y buena suerte.

La fémina cerró la puerta detrás de ella. Caminó escaleras arriba y salió del sótano. Pese a los fatigosos que sentían sus párpados, se obligó a ir hacia las viejas habitaciones de biblioteca. La sombra del cuerpo del mutante señalaba que estaba dormido, pero su visión nocturna le ayudó a descubrir que su par de ojos la veían fijamente. Aun así, se detuvo en el marco de la entrada y lo toqueteó un par de veces.

―¿Estás despierto?

―Bien conoces la respuesta.

―¡Uy! ―se adentró en la habitación y se recargó en un muro, cerca de la tortuga― Parece que alguien se pone de mal humor cuando no toma su siesta de belleza ―deslizó su espalda hasta terminar sentada―. ¿Por qué no te fuiste a dormir desde antes?

―¿Sin saber si seguías con vida o no? Imposible.

―Slash ―no importaba cuánto pasara o qué sucediera, su tono amable aún sonaba malévolo―, te lo he dicho un millón de veces: no tienes que preocuparte por mí. Parece que no entiendes. Sé cuidarme sola, lo he hecho toda mi vida…

―No. ¡La que parece no entender eres tú! ―sin previo aviso, se irguió de manera intimidante, aunque su expresión no coincidió― Tal vez fue mi culpa por haberte alimentado esa mañana o la tuya al haberme salvado del Kraang, pero estamos juntos en esto.

―Es que ese es el problema, Slash ―también se levantó, solo que con tranquilidad―. Estamos en una guerra. No es momento de jugar a la "familia"; necesitamos estar alerta para cualquier cosa.

―Y, ¿crees que no podemos hacer eso estando juntos?

―Resultaría…, desfavorable ―esperó haber elegido la palabra correcta―. Somos muy pocos mutantes y no estamos en posición para darnos el lujo de tener bajas ―ya hubo olvidado cómo era su tono militar―. No podemos perder a alguien porque salvó la vida de otro alguien que estaba distraído; lo mejor es que todos estén pendientes de su propia espalda.

―¡Deja de creer que es mejor trabajar en solitario, maldición! La unión hace la fuerza.

―Escucha ―un brillo verdoso se asomó en la orilla de sus ojos―, vine a arreglar nuestra discusión con la mejor actitud posible, pero tus malas frases comienzan a irritarme.

―¡Qué bien! Ya somos dos. ¿Cuándo entenderás que es mucho mejor tener a alguien que te pueda sostener a caer sola?

―No vine a que me hagas cambiar de idea, sino para llegar a un acuerdo…

―Es que no importa cuántos acuerdos hagas si al final morirás por seguir la idea que algún loco te metió en la cabeza.

―Así soy yo ―se acercó a su rostro, ahora sí de manera intimidante―. Vive con eso.

―No puedo. Sabes, ¿por qué? ―no esperó a que le respondiera―: Porque una mutante, que solo deseaba estar sola, me salvó de una muerte segura y me invitó a trabajar con ella para la supervivencia de los dos. Y, ahora, la misma mutante me pide que me quede con los brazos cruzados mientras ella arriesga su vida por nosotros, aunque no se cansa de decir que cada quien está por su lado. ¿Por qué? ¿Eh? ¿Por qué te esfuerzas tanto en ayudarnos si no te gusta? Si tanto te molesta que quiera ayudarte, ¿por qué no tan sólo te vas de una. Vez. Por. Todas?

―¡Porque no quiero que les pase nada!

De repente, el escenario enfrente de ella cambió. Ya no se encontraba frente a la tortuga, dentro de una mansión en medio del bosque, sino que estaba al lado de un hombre, quien se acercaba a un chico, con cuchillas desenfundadas. La expresión del chico era de terror total, pero aún se veían los restos de lágrimas en la orilla de sus ojos. Trató de deshacerse de ellas, pero no pudo. Grave error. En el momento en que el maestro lo notó, demandó explicaciones, y el chico las otorgó.

"―¿Qué crees que es esto? ―hubo exclamado el hombre― ¿Crees que somos una linda familia que cuida el bienestar del otro? Sí, puede que trabajen todos juntos como una unidad, pero, al final, cada quien está por su cuenta. ¿Mataron a quien estaba a mi lado? Actúo para que no me suceda lo mismo. Aquí no importa qué les pasa a los demás; cada quien está solo."

La misión hubo resultado un fracaso. En cuanto entraron a la mansión, se activó el sistema, pero no sonó ninguna alarma. Lo que sí sucedió fue que le llegó la alerta al dueño, líder de un grupo enemigo del Clan del Pie.

El maestro mandó a un puñado formidable de ninjas. Quien los lideró fue un joven, apenas de veinte años, cuyo desempeño era envidiable. Destructor había comenzado a considerar la posibilidad de ascenderlo y nombrarlo líder de grupo. Era ágil, perspicaz, veloz y con gran dote de liderazgo. Sin embargo, no sabía que también poseía simpatía por sus compañeros y un sentimiento inútil de protección hacia ellos. Así que, cuando lo envió como cabeza del grupo, no se imaginó que recibiría un balazo (después de que los sicarios del dueño arribaran a la escena), tras proteger a uno de los ninjas más jóvenes, mismo que se encontraba arrodillado, con el pánico en el rostro y a punto de recibir un castigo mucho peor que la muerte misma.

Karai permaneció todo el tiempo en su lugar, sin desviar la mirada mientras el maestro golpeó al chico hasta dejarlo moribundo sobre una piscina de su propia sangre. Él se lo buscó, se hubo dicho a sí misma, pues sabía que el joven siempre admiró al chico fallecido. Y, en secreto, ella también lo hizo; no obstante, al ver lo que ese pensamiento ocasionó, se dio cuenta de que no servía de nada preocuparse por los demás. Después de todo, ella debió ser quien guiara la misión. Aun a su corta edad, era el símbolo auténtico de un Pie; habría sido un éxito la misión. Porque ella era audaz, bella e inteligente, pero lo más importante es que no le importaba lo que les pasara a los demás.

―Desde que tengo memoria ―a pesar de los gritos en su cabeza, el dolor en su pecho y sus párpados a punto de cerrarse, se obligó a hablar―, me enseñaron que es más importante salvar tu vida que la de los que están a tu lado. No sabes la satisfacción que era regresar con vida, aunque el chico que estaba a tu izquierda, que te otorgó una sonrisa cuando le dijiste que tenías expectativas en él, que escuchaste su despedida con su familia vía teléfono ―la tortuga no supo si era un muy buen ejemplo o una trágica memoria, aunque tenía sus hipótesis―, aunque ese chico hubiera muerto, tú seguías con vida.

Slash permaneció mudo. Por un momento, quiso golpearse a sí mismo.

Vería a través de esa máscara dura y agresiva, y descubriría la identidad de la mutante que se obligaba a mantener siempre cautela con lo que sucedía a su alrededor y desconfiaba de todos los que la rodeaban.

Se lo había propuesto y, al fin, podía ver algo. No obstante, olvidó que, para eso, ella sufriría los recuerdos del pasado, un pasado que anhelaba dejar atrás pero que aún la tenía esclavizada. Porque ahí estaba, frente a él, con sombras, con memorias, dentro de sus pupilas.

Nunca la consideró débil o frágil. Era como todos lo decían: Karai era una bomba de tiempo que no dudaría en acabar con todo a su paso. Sin embargo, en ese momento, la veía diminuta y tan delicada que creyó que se trataba de otra persona, como su fuera una niña pequeña a punto de llorar. Pero Karai no lloraba.

―Y, ahora ―su voz lo sacó de sus pensamientos―, no me importa con cuántos robots me pueda encontrar con tal de traer suministros para todos nosotros; no me importa arriesgar mi vida, porque no quiero que nada les pase a ustedes. Tal vez sea el mutágeno pero…, ustedes me…, me… ―gruñó junto con un suspiro―, los tolero más que a muchas personas.

La tortuga rio con ligereza. No había esperado mucho, pero tampoco tanto. Sabía que ella no diría en voz alta que, aunque no estaba seguro si los quería, los apreciaba o agradecía su compañía; sin embargo, no imaginó que le daría una indirecta de eso mismo. Seguro era incapaz de decirlo por todo lo que sufrió en su pasado; él a penas conocía un poco por lo que acababa de escuchar y lo que escuchó de la boca de algunos otros, pero ya se imaginaba el infierno que debió ser para ella.

Puede que todo ellos fueran forasteros, huyendo de personas que no entendían su situación y alienígenas que se creían sus dueños, pero… ¡ey! Era mejor estar en esa mansión en medio del bosque que en una celda o bajo el control de un monstruo, ¿no?

―Karai ―su tono recuperó la sutileza―, lo que sea que te hayan dicho, no tienes por qué seguirlo todavía. Entiende que ya no estás con ellos; ya no eres su marioneta ni un juguete más. Sí. Fue tu vida y todo lo que conocías, pero eso se acabó cuando mutaste en lo que ahora eres. Puede que tú creas que fue lo peor haberte convertido en mutante, pero yo no lo creo; creo que fue la forma en que te liberaron de tu jaula y, aunque fue dolorosa, horrible y una pesadilla, te dieron otra oportunidad de encontrarte a ti misma…, y yo te quiero ayudar en eso.

―No estamos hablando de mí ―respondió a la defensiva, más rápido de lo esperado―, sino de lo que haremos para sacar esta mansión adelante.

'―Haremos ―él repitió la palabra en su cabeza―. Bueno, al menos es un avance ―luego recordó lo que la serpiente le dijo en la noche que lo llevó a los bosques―: Todo a su tiempo, Slash.'

Aún tenía tiempo para que ella confiara en él. Tal vez fuera al día siguiente o dentro de un año, pero lo lograría. Estaba seguro.

―¿Eso quiere decir que dejarás de actuar sola?

―Acepto que pude haber evitado varios contratiempos si te hubiera llevado conmigo ―se cruzó de brazos y desvió momentáneamente la mirada―, así que consideraré que la mayoría de nuestras salidas sean con los dos juntos, pero no dudaré en escupirte veneno si me retrasas.

―¿Esa es tu forma de disculparte? Sonó más como una amenaza de muerte.

Karai bufó en diversión. ―Lo sé. Me estoy volviendo mejor para dar las gracias, pero aún me falta para aprender a pedir perdón ―antes de que la sonrisa de la tortuga se hiciese más grande, agregó―: Aunque todavía quiero tener algunas misiones en solitario y no aceptaré un no como respuesta.

―Está bien ―contestó después de meditarlo por varios momentos―. Si solo son misiones de espionaje o prometes que no entrarás en contacto directo con los demás, tenemos un acuerdo…, con la condición de que me dejes ayudarte en todo: conseguir alimentos, destruir Kraang…, ir a la ciudad, en general. ¿Trato hecho?

La fémina tardó unos segundos en estrechar la gran garra de la tortuga, pero cerraron el pacto con un apretón de manos…, y, tal vez, dio inicio a algo más, como, ¿quién sabe? Algo así como una amistad.

.

.

.

Por millonésima vez en ese viaje, maldijo a la paloma mientras apartó las hojas caídas de la rama y convirtió el lugar en una zona más cómoda para descansar. Antes de cambiar a su cuerpo reptil, se aseguró de que no hubiese nadie cerca, en especial aquel extraño cazador que estuvo a punto de verla; por fortuna, ella logró esconderse en el momento justo y, frustrado al perder la dirección de donde provino el sonido, comenzó a hablar con una extraña cabeza en miniatura y a agitar el sexto dedo que sorprendentemente tenía en una de sus manos.

Karai terminó de "limpiar" la rama, así que se colocó en posición de descanso, hasta que su cola y hocico se tocaron. Cerca de esta primera, notó la cicatriz que comenzaba a formarse después de que no se dejó atender a tiempo por Rockwell. Por fortuna, le hubo dicho el chimpancé, no fue muy profunda para que se notara y, además, desaparecería cuando su segunda ecdisis empezara. Un escalofrió recorrió su cuerpo al recordar cómo le fue en la primera. Solo esperaba que aún tardara para volver a cambiar de piel.

Habían pasado, más o menos, tres semanas desde que inició la invasión. Como se lo propuso, abandonaron las visitas a la ciudad los primeros siete días. Después de ellos, Slash y ella volvieron a aventurarse por los suministros que estaban a punto de acabarse (si es que los mutantes que permanecieron en la mansión, no se los terminaron mientras ellos no estaban). Al ver que las alcantarillas permanecían vacías, agradecieron que el Kraang no se molestó en cuidarlas…, a diferencia de lo que sucedió en la superficie.

No había hora en que los extraterrestres no atraparan más y más humanos, y los cubrieran con mutágeno. En un principio, los dejaban vagando en las calles, pero, con el paso de los días, ambos reptiles se percataron de que la población comenzó a desaparecer. En cierto punto, eso les favorecía, ya que, con el Kraang bastante ocupado escaneando las calles por más neoyorquinos, ellos tenían la libertad de asaltar lugares abandonados, con sus sistemas de seguridad apagados. No obstante, no eran los únicos mutantes que utilizaban eso a su ventaja.

Como si la plática de aquella tarde nunca hubiese sucedido, los subordinados del Clan del Pie no perdieron oportunidad en atacar a los dos reptiles, con la intención de atrapar a la fémina para fines desconocidos pero obvios de su maestro. Claro que ninguno de ellos conocía el nuevo pacto que ambos ami…, compañeros establecieron la noche de la invasión: cada uno se dejaba ayudar por el otro. Así que la tortuga peleó a su lado, protegiéndola de algo de lo que no hubiese escapado sola y lo aceptaba. Lo único que sucedió fue que ella no se fue limpia: hubo un momento en que Bradford clavó una garra en el costado de la serpiente.

Después de la contienda, los dos reptiles abandonaron la misión de buscar alimento (el cual, en ese día ya no era altamente necesario), y regresaron a los bosques. Las peticiones de Slash porque ella se revisara fueron ignoradas cuando cierta ave regresó.

Pete fue enviado a volar al norte del estado para averiguar qué tan grave era la invasión, solo para descubrir que la ciudad de Nueva York era la única captiva…, y algo más.

En el instante en que Karai escuchó que al norte, en un viaje de un día de ida y uno de regreso, dentro de una casa de campo aislada, yacían las tortugas, gritó un par de órdenes (tal vez en japonés o idioma serpiente; de cualquier modo, nadie le entendió), y se dispuso a abandonar la mansión de inmediato, pero olvidó la sobreprotección de cierto reptil. Tras una discusión donde ella terminó prometiendo que tendría cuidado y regresaría lo más rápido posible, y atendería primero su rasguño, Slash la dejó ir.

Ella partió a las dos mañanas siguientes, con una mochila desgastada que la convertía en serpiente-canguro (o así era como Víctor declaraba entre carcajadas), llena de carne. Antes de desaparecer por los bosques, ordenó que nadie se aventurara en la ciudad hasta que volviera; después de todo, con el cuarto de refrigerio terminado y la comida abastecida, solo necesitaban ir por suministros una vez a la semana y ella regresaría en tres días, máximo.

Pero el querido Pete-paloma olvidó mencionar que era un viaje de un día de ida y uno de regreso…, volando.

Para el día en que ella alcanzó por fin la vivienda, Slash debía estar a punto de hacer un pacto con el Kraang para que le ayudaran a encontrarla…, o se daría cuenta de que Pete utilizó sus alas y eso acortaba el viaje, por lo que ella se tardaría un poquito más: una semana entera. Así que ella abandonó el impulso de mandar un mensaje telepático y se centró en la escena que hubo encontrado.

Le fue un poco difícil encontrar un escondite cercano al que los curiosos de los adolescentes no decidieran acercarse a mitad de la noche. Sin embargo, tras un par de horas con ellos caminando hacia la nueva rama que hubo hallado (estaba casi segura de que la princesa pelirroja usó sus poderes mentales y supo que estaba cerca), aprovechó que cinco de ellos estaban fuera y fue a descubrir qué sucedió con el sexto.

La única ventana que estuvo abierta dio entrada a un baño. Lo primero que notó, fue la bañera y al ser que yacía en ella. Su estado no era nada que ella no hubiese visto antes, por lo menos a manos del mismo autor que dejó sus rasguños en el plastrón del joven líder. En coma, desnutrido y completamente magullado. Sí. Destructor estuvo a punto de asesinar a Leonardo. ¿Qué es lo que lo detuvo? Tal vez creyó terminado el trabajo, pero él no era así. No. Él cortaba las gargantas, atravesaba el corazón o destruía por completo a sus enemigos. Pero esa vez fue diferente. No conocía la razón, pero agradecía a lo que sea que pasó.

No estuvo más de cinco minutos en esa habitación cuando se escucharon pasos en las escaleras. Ella salió a gran velocidad de la casa y se adentró en los bosques; por suerte, todos los habitantes estaban dentro de la construcción, preocupados tras haber escuchado ruidos en el baño, así que se mezcló entre las coníferas sin que alguien la viera. A excepción de ese molesto cazador.

En su primer día de regreso a la mansión, tuvo que alejarse un momento de la dirección para perder al hombre. Cuando cayó la noche, creyó haberlo logrado, pero reapareció con una serie de trampas que ella evadió y le hizo continuar, a gran velocidad, con su viaje hasta que saliera el Sol. No obstante, se cansó antes de eso y regresó a las ramas para tomar sus horas de sueño. Cerró los párpados y, al cabo de unos minutos, escuchó ruidos en los arbustos; asomó su mirada y ahí estaba de nuevo él. Cansada de correr, recogió una piedra que, por fortuna, no limpió de la rama, y la lanzó en la misma dirección de la que ambos provenían.

El hombre desapareció de inmediato y ella volvió a alejar sus distancias. Ya sin que nadie la persiguiera, continuó con su camino hasta llegar a ese punto. Estaba de regreso más rápido de lo que imaginó, con medio día de ventaja y a un par de kilómetros de entrar en el rango del radar de Rockwell, mismo que advertiría a todos de su regreso o les haría creer que algo estaba demasiado cerca. Momentos antes de cerrar sus párpados, se aseguró de que sería la segunda opción.

Se despertó cuando la maldición de su paladar invadió su garganta. Llevó su mirada hacia el cielo y se percató de que era noche de Luna nueva. Intentó regresar a su descanso, ya que estaba segura de que las bolsas bajo sus ojos eran aún más grandes que antes, cuando escuchó los arbustos agitarse. Su primer pensamiento fue el cazador, así que alternó de cuerpos y se pegó a la corteza de la conífera. Pero no vio al hombre emerger de la dirección, por lo que descendió hasta el pasto. ¿Por qué? Quién sabe.

Una serpiente albina apareció entre las hojas y se detuvo frente al extraño ser, parecido a él, que la veía con sus tres cabezas y tamaño descomunal.

Ambos reptiles se mantuvieron hipnotizados por la mirada del otro. Se olfatearon mutuamente con ayuda de sus lenguas bífidas. Su atención se vio atraída por el ajetreo que emanaba del arbusto, mismo que se originó por el dueño de tal cola anaranjada y esponjosa.

El zorro, hambriento y en busca de la presa que había seguido por varios metros, se quedó congelado bajo la mirada de la serpiente, pero no la que anhelaba devorar. Ésta tenía también su mirada en él, pero sin el mismo temor que antes y con una sonrisa mental (dado a que carecía de labios). En cuanto el monstruo siseó, él dio media vuelta y huyó de inmediato.

Karai mantuvo su mirada hasta que el mamífero desapareció, y la regresó al reptil que yacía frente a ella. Sin estudiarla más, le pareció extraño que el animal continuara "hipnotizado" bajo su mirada en lugar de atacarla. Es más, ¿por qué ella mismo no lo atacaba? Las serpientes eran animales territoriales, dispuestas a acabar con un extraño que se acercaba lo suficiente, a menos que estuvieran en época de… ¡muy bien, muy bien! Era hora de olvidar las palabras del doctor y dejar de escuchar a sus instintos animales; aún era humana.

…, la mayor parte de ella.

Sin previo aviso, el animal descansó su cabeza y empezó a serpentear hacia la derecha. Se detuvo un momento, miró por última vez a la mutante y desapareció.

Antes de que pudiera preguntarse, Karai escuchó otro ruido, pero esa vez más agresivo, hacia su izquierda. El cazador, volvió a pensar. Entonces recordó que estaba cerca, muy cerca, bastante cerca de la mansión. ¿Por qué no tan solo llegó directamente a ella? Y, si el hombre la hubo seguido hasta ahí…, maldición.

Emprendió carrera hacia el arroyo. Estaba segura de que, si el cazador se acercó lo suficiente, activó los radares de Tyler, por lo que la recibirían con las armas listas. Atravesó los pocos arbustos y ramas que la separaban del cuerpo de agua. Detuvo su andar ante la imagen tan extraña con la que se encontró: un canal desembocaba en una parte del arroyo y se dirigía hacia la mansión; había rocas que protegían el camino y un cocodrilo chapoteando en el agua.

―Karai ―alguien le llamó y se encontró con la tortuga, quien se detuvo enfrente de ella―, tardaste menos de lo que imaginamos.

―¿Qué es esto?

―Doc descubrió que éste no es un arroyo, sino un afluente, algo que llega a un río porque tiene aguas subterráneas, así que pensó que sería buena idea construir un estanque para que captemos agua. Queríamos que fuera una sorpresa para cuando regresaras, pero te nos adelantaste ―vio que la fémina estaba concentrada en el otro reptil, mismo que, al verla, la saludó con una garra agitada―. ¿Qué tal te fue en tu viaje?

―Bien…, bien ―alejó su mirada del arroyo, y su mente de lo que pasó antes―. Fue muy…, fructífero.

―¿Algo que haya pasado?

Por un momento, ella pensó en decirle que, tal vez, tenía la capacidad de controlar a todas las serpientes del mundo para que le ayudaran a envenenar a sus enemigos mientras ella les administraba la gota final y acababa con sus vidas…, pero se oiría muy descabellado.

―Te cuento más tarde. Ahora solo quiero descansar. Si no terminan por aquí, tal vez les ayude, pero no prometo nada.

Al mismo tiempo de que tomó su camino hacia la mansión, ninguno de los tres reptiles se percató de las pupilas verticales que los vieron, ocultas entre un par de arbustos, así como los demás pares que se detuvieron al costado de la primera serpiente.


Y me gusta imaginar que no me tardé eternidades para subir este capítulo (por lo menos, no como con los anteriores). ¿Fue de su agrado esta actualización? Espero que sí. En lo personal, no es uno de mis capítulos favoritos, pero aun así me gusta. Les aseguro de que el siguiente será mucho más emocionante y estará lleno de emociones, más de la que leímos hoy con Slash y Karai. Así que nos vemos. Bye-bye.