"La persona más peligrosa es una que esté llena de miedo; esa es a la que hay temerle más." ~Ludwig Borne
A dos semanas de la llegada de las hermanas (como ellas decidieron ser consideradas), ambas estaban completamente cambiadas: ya no eran las tímidas y calladas lagartijas que pedían permiso para todo, sino que se convirtieron en las únicas que se ofrecían para ayudar en todo lo que pudiesen: desde asistir a Jack y Tyler para experimentos o construcciones, hasta empeñarse en no ser un estorbo cuando les tocaba ayudar a Karai en su entrenamiento; claro que en esto último solo lanzaban rocas o ramas, pues ella no dejaría que un arma se acercara a más de dos metros del par.
Con el paso de los días, desarrollaron sus verdaderas actitudes, las cuales eran algo diferentes: mientras Venus era más calmada, Lisa resultó ser más alegre; ambas escuchaban antes de hablar y siempre trataban de encontrar las palabras más sutiles, aunque estuvieran intentando explicarle a Víctor que eran lagartijas y no salamandras (al parecer, ambas especies tenían riñas entre sí).
En una casa donde, la mayor parte del tiempo, todos estaban serios o molestos, fue un buen cambio para la atmósfera, en especial para la líder.
Karai no adoptó su "nuevo rol" de inmediato. Lo dijo más que nada para tranquilizar a las dos mutantes y silenciar las burlas de Slash; sin embargo, como las hermanas lo tomaron enserio, recaían mucho en ella y los demás comenzaron a notarlo. Lentamente ella empezó a dictar labores por aquí y por allá, y lo más sorprendente es que la obedecían, algunos de inmediato y otros a regañadientes. Al término de la primera semana, todos se dirigían a ella para peticiones importantes (como el recordatorio de los científicos sobre la búsqueda del escudo extraterrestre), y algunas insignificantes (como la vez que tuvo que dictar los horarios de todos los reptiles para el uso del estanque).
De un día para otro, la mansión se convirtió en una utopía cuya jerarquización era sencilla pero funcional: Karai era a líder; Slash, el segundo al mando; Tyler y Jack, los "cerebritos"; Víctor y Víbora, los "guardias". Fácil, a excepción de que la única tortuga se tomó muy a pecho su papel e intentó ejercerlo a la perfección.
Una semana siguiente a su misión fallida en el T.C.R.I, Karai habló con Jack sobre el grupo que Slash, Cabeza de Piel, Tyler y Pete querían crear para la observación de la actividad alienígena, con misiones mayormente de espionaje. Aunque el hombre se decepcionó por perder el sigilo de la ágil serpiente, aceptó que los cuatro mutantes poseían buenas aptitudes (bueno, tal vez la paloma no), para recaudar información del Kraang sin ser descubiertos. Así que accedió y los mandó a la ciudad sin que la fémina los acompañara.
En cuanto Slash se enteró, casi cae desmayado, pues era él quien comandaría al grupo y formularía todos los planes; si vencían o fallaban, él sería el responsable. No. No lo soportaría, mucho menos si no contaba con una actitud tranquila y desinteresada ante situaciones de estrés, como lo poseía Karai. Es decir, ¿cómo era que ella formulaba planes en un abrir y cerrar de ojos, y no temía arriesgar la vida de sus subordinados? Era una actitud que se desarrollaba con años de entrenamiento, años que él carecía.
Por ello, durante el atardecer (horas antes de que el grupo se aventurara), Slash llegó a la habitación de la líder y pidió consejos. ¿Consejos? Ella hubo repetido. Lo único que él necesitaba hacer era acercar a su equipo lo suficiente a la construcción del misil y obtener información de relativa importancia, golpear a algunos robots que se acercaran demasiado y salir con vida. Ella lo consideraba demasiado fácil como para que la tortuga comenzara a hiperventilar en otro ataque de pánico. A diferencia de cómo le dijo Rockwell de tranquilizarlo (con una serie de respiraciones o algo por el estilo), un certero golpe lo devolvió a la realidad.
Después de escuchar los gritos de la serpiente, junto al "consejo" de confiar en las aptitudes de cada uno de sus compañeros, así como en las suyas, Slash aceptó ir, aunque no del todo seguro, y su equipo salió cuando la Luna estaba en su apogeo. De esa forma, nació el grupo que más tarde respondería al nombre de "Los Poderosos Mutanimales".
Regresaron al cabo de tres horas y media, con demasiadas heridas y pocos resultados. Al mismo tiempo de que atendieron a los cuatro seres, Jack y Karai acordaron que las misiones de espionaje se acabarían y se centrarían en conseguir el escudo; solo debían esperar a que el Kraang bajara la guardia y quitara la alerta de "mutantes conocidos como mutantes que quieren acabar con el plan de Kraang para la gloria de Kraang. ¡Kraang es grande!", o algo por el estilo; además de que los cuatro terminaron indispuestos para misiones, por lo menos, durante las siguientes dos semanas.
Así que sin poder hacer nada o convencerla, Slash tuvo que quedarse con los brazos cruzados y sentado mientras Karai iba sola, durante el mediodía, a recaudar productos farmacéuticos que se habían terminado gracias a ellos.
Karai salió con su mochila desgastada, un transportador y su wakizashi. Evadió al mayor número de robots que plagaban las calles y notó la nueva disminución de habitantes; a diferencia de las semanas pasadas, ya no vagaban sin rumbos, sino que estaban retenidos en jaulas improvisadas o siendo subidos a naves alienígenas. Eso era algo que le comentaría a Jack cuando regresase.
Por fortuna, tampoco se encontró con los subordinados del Clan del Pie, quienes, al parecer, se aprendieron sus horarios e iniciaban con su búsqueda durante las noches. Le sorprendió que el equipo de Slash no hubiera cruzado caminos con ellos, a menos de que no se lo hubiese dicho, aunque lo dudaba. La tortuga le contaba todo lo que pasaba cuando no estaban juntos, a pie de letra y con la emoción de un niño que le relataba a su madre cómo estuvo su día.
Inconscientemente, un escalofrío recorrió su lomo reptil. Se detuvo un momento dentro de un callejón para recobrar su aliento, así como para dejar que la formación de droides continuaran con su marcha sin que la vieran.
Su relación con los habitantes era… ¿a quién quería engañar? Era extraña. Los apreciaba, no los apreciaba; los toleraba, no los toleraba; mantenía su distancia pero los conocía más con el paso de los días. Para ese punto, ya sabía qué tipo de alimento prefería cada quien y no tenía necesidad de preguntar qué es lo que recaudarían en sus salidas por suministros; reconocía cuándo estaban de buenas o de malas, cuándo podía molestarlos o cuándo era mejor dejarlos solos. Todo ello le creaba un sentimiento extraño dentro de sí.
Ah. Es que esa era la palabra. Sentimiento. Eso era la raíz de todos sus problemas. Porque después de ser educada toda una vida con la idea de que las emociones son una carga que debes soltar para convertirte en una despiadada asesina en un clan ninja, los sentimientos no eran lo suyo. Cuando sonreía, era porque se burlaba de alguien, soltaba una de sus célebres mentiras o quería conseguir algo, no porque estuviera feliz o algo por el estilo. Demonios. Ella nunca estaba feliz. ¿Cuándo fue la última vez que lo estuvo? Semanas, tenía, tal vez meses.
No obstante, era necesario en esos momentos. Estaban en una guerra, no en un viaje de campo. Debían estar cautelosos, siempre alerta. Buscar la felicidad en esos tiempos no los ayudaría a sobrevivir.
En cuanto la horda de robots avanzó, con sus escáneres siguiéndoles el paso, llegó a la escalera de incendios y ascendió a las azoteas. Comenzó a saltar por los edificios durante varias cuadras, hasta que se detuvo frente a una farmacia que no había sido asaltada por ella hasta terminar casi vacía. Tras asegurarse de que no había nada ni nadie cerca, descendió y cruzó la calle. Forzó el sistema de ventilación, serpenteó por los ductos y llegó al interior. Cayó sobre las baldosas blancas del otro lado del mostrador.
Lo primero que notó, antes de voltearse hacia los corredores, fue el olor putrefacto que provenía de algún rincón; debía ser de algún animal muerto o comida rancia…, mucha comida rancia. Tuvo la certeza de que a sus fosas nasales les iría mejor que su lengua bífida, así que alternó de cuerpos y se llevó una mano a la nariz. Mientras caminó por los pasillos repletos de medicamentos, el hedor se hizo mayor pero decidió soportarlo, ya que no planeaba buscar otra farmacia.
Su bolso se llenó de vendas, antibióticos, pastillas, desinfectantes y todo lo que reconoció. Anduvo así por todos los corredores, hasta que llegó al antepenúltimo de donde inició. Mientras se agachó para recoger las gasas y algodones, sus pies golpearon una bolsa de plástico que se transformó en bolsa de frituras cuando bajó su mirada. La recogió y estudió; notó de inmediato que el olor no era putrefacto y su contenido estaba casi intacto. La soltó en ese instante.
Había alguien ahí además de ella.
Se levantó en el momento justo para detener el golpe. Su mano izquierda paró el movimiento del arma, y la derecha golpeó al pecho de su agresor. Giró la muñeca de éste sin la fuerza necesaria para romperla pero para colocar al dueño de espaldas. Al mismo tiempo de que éste emitió un sonido con un tono más agudo de lo esperado y soltó el extintor (el cual cayó detrás de la kunoichi.), ella empujó el cuerpo, haciéndolo terminar con el pecho contra la baldosa. Empuñó su arma, pero detuvo su andar en cuanto se percató del peño tamaño de su atacante y su silueta frágil.
Era una niña, la cual se reincorporó rápido, sujetó los frascos más cercanos a ella y los lanzó a la cabeza de la asiática.
―¿Qué dem…? ―uno se rompió con el metal que cubría su antebrazo y las pastillas que contenía cayeron al suelo― ¡Espera!
―¡Aléjate de mí! ―lanzó otro y se estrelló en su pecho― ¡Vete, bruja!
Comenzando a irritarse, Karai avanzó, con sus brazos frente a su rostro, hasta que detuvo los ataques de la mocosa. En el momento en que le bajó sus brazos, esta última intentó escupirle en la cara, morderla y darle cabezazos; no obstante, la oji-ámbar actúo lo suficientemente rápido y volvió a girar el cuerpo pequeño de la niña, sin importarle si pudiera o no lastimarla.
―¡Quieta, maldición! ―gritó y pasó por desapercibido el quejido de la menor― ¡No estoy aquí para lastimarte! Así que soltaré tus brazos y dejarás de desperdiciar medicamentos que los demás podríamos necesitar, ¿está bien?
La niña la miró de reojo. Todavía con fuego en sus ojos, relajó un poco sus extremidades, pero mantuvo su quijada apretada. Cuando Karai sintió el cambio, soltó lentamente sus muñecas y se hizo hacia atrás. La pequeña dio cortos y rápidos pasos hacia atrás, lo que le ocasionó perder el equilibrio y terminar sobre su trasero.
Karai reprimió una risilla y pasó a estudiar a la desconocida. No parecía superar los diez años. Su tez morena se ocultaba bajo suciedad y rasguños que veía en sus brazos y piernas, gracias al jumpsuit desgastado que vestía. Éste era de color azul-marino, pero se veía más oscuro por lo sucio que estaba; estaba roto hasta arriba de las rodillas, en los hombros y una parte de la cintura, lo que le dejaba ver las marcadas costillas que sobresalían. Sus zapatos llenos de lodo hacían juego con su cabello castaño-oscuro. No obstante, lo que más le llamaba la atención, eran su par de ojos zafiro, llenos de furia, terror y determinación; se le hacían muy conocidos.
Su pie pateó el extintor, por lo que lo sostuvo y colocó a su costado. ―¿Estás sola?
―¿Qué te importa?
El límite de paciencia de Karai aumentó un nivel, lo que le otorgó un chasquido de lengua. ―Me importa porque no quiero volver la siguiente semana y encontrar vacío este lugar.
―¡Tú no volverás!
Esa vez, sí se rio. ―¿Por qué lo dices?
La niña se levantó de inmediato y pensó en volver a lanzar frascos, pero se contuvo. ―Porque es la farmacia de Papá ―Karai observó gran dolor en su mirada y voz―, y a él no le gusta fiar.
De repente, el hedor regresó a sus fosas nasales como si le recordara su presencia. La mutante se giró a dónde provenía y, pese a las súplicas de su nariz porque se fuera de ahí, terminó frente a una puerta emparejada. La empujó hasta que algo la detuvo del otro lado. El olor se volvió nauseabundo y estuvo a punto de devolver la poca comida de esa mañana, pero se obligó a entrar en la abandonada habitación.
Solo soportó estar ahí dentro por cinco segundos eternos, antes de salir de nuevo, cerrar la puerta detrás de ella y tener una imagen en la mente difícil de olvidar.
Una pareja, lo más seguro que eran los padres de la niña, descansaban sobre una piscina roja mezclada con otra violeta. Sus cuerpos putrefactos yacían uno sobre el otro. El hombre tenía una escopeta en la mano. Unas cuantas balas estaban regadas por toda la escena, aunque la mayoría terminó a escasa pulgadas de los cuerpos de los extraterrestres que no completaron su misión y se podrían dentro de sus droides.
Karai especuló que, al igual que los demás neoyorquinos, el Kraang quiso someterlos; no obstante, con el destino de su hija como prioridad, eligieron luchar. A los cerebros no les agradó ver que sus compañeros comenzaron a caer y, sin hacer más caso a sus órdenes, dispararon también. Desconocía cuál de los dos bandos fue el que ganó al final, pero, al ver a esa niña desnutrida y sucia, se dio cuenta que el amor de padres fue el victorioso.
Regresó con la única sobreviviente. No necesitó preguntarle si sabía lo que había del otro lado de la puerta, su expresión y mirada hablaban por ella. La invasión comenzó hace casi tres meses y los cuerpos ya tenían un grado alto de descomposición; era seguro que la niña vio los cadáveres de sus padres y tal parecía que había convivido con ellos desde que murieron. Acaso, ¿existía algo peor?
―¿Cómo te llamas?
La niña alzó su mirada hacia ella y sus ojos se mostraron cristalinos. ―¿Por qué quieres saber?
―Me gusta preguntar el nombre de todas las personas que quieren golpearme con un extintor.
No se rio ni sonrió. En otras circunstancias u otra persona habría sentido lástima por ella. Era tan pequeña y había vivido cosas inimaginables que nadie, en especial un niño, debería vivir. Pero la realidad de Karai era diferente, porque ella estuvo en esa misma situación: le arrebataron su inocencia, destruyeron su infancia y la obligaron a crecer bastante rápido.
―Lin. ―respondió por fin.
Karai encarnó una ceja. Estaba segura que escuchó ese nombre en alguna película y dudaba que fuera el que ella tenía en su acta de nacimiento, pero decidió no indagar; no llegaría a ningún lado.
―Y, ¿tú?
―Karai.
La frontera de la confianza se rompió y la sonrisa maliciosa en el rostro de la niña lo demostró. ―¿Qué es eso? ―preguntó entre risillas― ¿Chino? ¿Por lo menos existe?
―Existe, sí; es japonés y significa "extremadamente severo". ¿Qué hay del tuyo? ―la pregunta agarró por sorpresa a la oji-azul, pues bajó la mirada y rechinó sus dientes. Karai sonrió, orgullosa por sí misma― Ahora que ya descubrimos que posees una boca rezongona, pasemos a otros asuntos, ¿ah? ―Lin tan sólo rodó los ojos― Aunque quisiera dejarte aquí para que molestes a alguien más, terminarías bajo el poder del Kraang, así que…
―¿Quién te dijo que quiero irme contigo?
Volvió a encarnar una ceja. Enserio que todo eso era nuevo, todo en esa niña era nuevo. Ja. Ya la odiaba. ―Los extraterrestres que merodean cerca y tu lamentable estado.
―¡Pues estaba muy bien hasta que tú llegaste! He estado aquí desde que inició todo y nadie me ha encontrado, pero ahora qué tú estás aquí, de seguro alguien te vio y me seguirán molestando de ahora en adelante.
―Serías muy suertuda si solo te molestan ―acercó su rostro de manera intimidante―, y el Kraang no te encuentra. Además…, es más atractivo un lugar con comida que estar rodeado de drogas ―ignoró la voz que le dijo que regulara su vocabulario, pues estaba con una niña; ¡al diablo!― ¿Cómo le hiciste para tener comida sin que se echara a perder?
―Hay un ducto que conecta con la tienda de atrás y todavía tiene luz. Como puedes ver, severa, los cerebros son muy tontos para mí.
―Has tenido suerte, lo acepto ―se cruzó de brazos―. ¿Estás esperando a que se te acabe o a que termines como tus padres?
Aún era muy joven y sus emociones todavía no se convertían en armas, así que, cuando la pregunta resonó en su cabeza, no tomó el frasco más cercano y lo lanzó a su cabeza, sino que apretó sus ojos con la intención de retener sus lágrimas, pero fracasó. Se dio media vuelta para que la extraña no la viera y se limpió sus ojos.
―V-vete al Diablo ―murmuró con voz entrecortada―. ¡Déjame en paz!
―Me encantaría ―si existiera el premio para la persona más insensible al hacer llorar a un niño y no sentir una pizca de culpa, ella lo ganaría―, pero no podré dormir tranquila al saber que dejé morir a una mocosa por andar de berrinchuda ―Lin no se volteó y siguió llorando. Karai decidió que, si el sarcasmo no funcionaba, lo haría una de sus actitudes falsas: la comprensiva; la que más odiaba―. No sé si tus padres fueron muy estúpidos al luchar contra el Kraang o muy valientes al intentar salvarte, así que no desperdicies su sacrificio y mantente con vida. Tarde o temprano, te encontraran aquí, a menos que te vayas conmigo; mi escondite es seguro y no necesitas meterte por ductos para buscar comida. Lo único que puedes hacer por ellos, es aceptar mi oferta. No andes de orgullosa, mocosa.
―Y-ya te dije ―limpió las últimas lágrimas y solo le quedó recuperar su voz―, m-me llamo Lin.
―Es un placer conocer a alguien tan valiente como tú, Lin, ¿quieres venirte conmigo?
La niña se dio media vuelta. Todavía con las mejillas pegajosas y los ojos irritados, levantó su mirada. Intentó dibujar una expresión molesta y, en cierto modo, lo logró. Asintió con lentitud, lo que le ganó una sonrisa de la kunoichi.
―Perfecto. Ahora, ayúdame a poner todas las cosas que no sean de vidrio o no puedan romperse fácilmente del otro lado del mostrador.
―¿Por qué? ―comenzó con las cajas que estaban al lado de los frascos que lanzó.
―Mis…, uh…, amigos se acabaron con los medicamentos y necesitamos más.
―O sea que, ¿no vives sola?
Dibujó una sonrisa mientras bajaba estetoscopios y lupas. ―Ya lo verás.
En completo silencio, ambas féminas acomodaron los productos en dos montañas: en la más grande había un poco de todo (vendas y alcohol, por ejemplo), y en la pequeña habían frascos y lupas, en su mayoría. Acabaron justo antes de que los extraterrestres iniciaron con su rutina diaria en busca de humanos. Lin se detuvo cerca de la montaña grande y Karai, a unos metros enfrente.
―Ahora, ¿qué? ―a su pregunta, la burbuja-transportadora respondió, alzándola junto con los productos― ¿¡Qué es esto!?
―¡Calla! ―la silenció antes de que sus gritos atrajeran la atención de alguien― Ahora debemos llegar a la estación del subterráneo más cercana, en completo silencio y sin ser vistas.
―¿Cómo piensas hacer eso? ―inspeccionó la burbuja― Hay cientos de robots allá afuera. Las personas somos muy lentas para correr de ellos.
Para la completa confusión y terror de la chiquilla, Karai comenzó con su metamorfosis. Alternó sus formas y el bolso y esfera se fusionaron con su cuerpo. Como s Lin estuviera acostumbrada a ver eso, la asiática se concentró en la escena del otro lado de la ventana, donde no parecía haber nadie. Fue el grito de la niña lo que devolvió su atención a ella. Su siseo silenció otro grito.
―¡Eres tú! ―los ojos de Lin eran una mezcla de enojo y sorpresa― ¡Tú eres el monstruo que robó de Papá!
La serpiente ahora recordó ese color de ojos y la escopeta que tenía el hombre fallecido. ―Sí ―el alargamiento de la "s" asustó más a la niña―, tu padre debió comprar una alarma desde la primera vez que vine.
―¡Le dijeron que estaba loco por tu culpa! ¡Nadie le creyó! ¡Y perdió mucho con la nueva ventana que tuvo que comprar porque tú la rompiste!
―¿Oh? ―regresó su mirada a la calle y, en la cuadra perpendicular, vio a los primeros robots― Veamos si es más resistente que la otra.
―¿Q-qué haces? ―no pudo hacer nada cuando el reptil se hizo hacia atrás para agarrar vuelo― No, no, no… ¡no!
El cristal cedió ante la fuerza del golpe. Con el estruendo y el brillo de la burbuja, los droides se vieron atraídos y abrieron fuego de inmediato. Entre el serpenteo de Karai y los gritos de Lin, fueron más los que aparecieron, al punto de que la ofidia tuvo que desviarse varias manzanas y entrar en una estación más lejana al desagüe. En el subterráneo, además del goteo de las tuberías y el serpenteo de la fémina, no se escuchaba nada.
―¿Sabes que tienes una boca atrás de tu cabeza? ―escuchó el tono burlón de Lin― Eso va para el punto número veintiuno por la que eres la serpiente más fea del mundo.
―Qué bueno que te mantienes ocupada, mocosa ―giró con fuerza en un túnel y eso ocasionó que la niña se golpeara con el borde de la burbuja―, porque iba a envenenarte si seguías hablando con tu voz chillona.
―Al menos ―alargó la "s" a propósito―, yo hablo como las personas normales ―lejos del acento burlón, las palabras le llegaron a la reptil―. No sé si eres más horrenda como humana o monstruo.
Sin previo aviso, desactivó el transportador y la menor cayó sobre las aguas, con los objetos a su alrededor. Cuando una queja estuvo a punto de abandonar su garganta, Karai siseó en su rostro con su mandíbula completamente abierta y sus colmillos retractiles de fuera. Lin estaba segura de que la mordería en cualquier momento, por eso cerró sus párpados; no obstante, escuchó el sonoro ruido de su hocico siendo cerrado. Primero abrió un párpado y vio el rostro furioso de la mutante; abrió el otro y se arrastró hacia atrás para mantenerse a salvo.
―Aún tengo tiempo de arrepentirme y, si sigues con esa boca rezongona, te entregaré personalmente al Kraang. No me importa qué tanto te consintieron tus padres, pero ellos ya no están, solo yo ―la mirada de la niña volvió a iluminarse de tristeza―. El lugar a donde vamos está lleno de seres iguales a mí y no permitiré que te creas mejor solo por ser humana, porque eres la más fácil de aplastar. Tenemos colmillos, garras, púas y picos, y la única forma de que no termines partida a la mitad, es mostrando un poco de respeto de una vez por todas. ¿Entendiste? ―Lin solo desvió la mirada― ¿¡Entendiste!?
―Sí. ―volvió a alargar la consonante.
―Hace poco ―reactivó el transportador y se volteó para continuar con su camino―, defendí a un humano de un mutante poco tolerante, pero gracias por recordarme que los humanos son los únicos que le tienen miedo a lo diferente.
Prosiguió con el viaje. Atravesaron las corrientes en menos de media hora y se vieron envueltas por coníferas y pasto. La reptil continuó por los kilómetros hasta la mansión. Se detuvo detrás de unos arbustos. Su vista le ayudó a darse cuenta de que no había nadie fuera, para su fortuna; después de la reacción que tuvieron con el primer humano, decidió que llegaría un acuerdo con el segundo al mando y convencerían (perdón, obligarían), a los demás de que la niña no era un peligro…, tal vez sí un dolor de cabeza.
―¿Qué esperas?
―¿¡Quieres…!? ¡Ssh! ―había creído que no podría emitir esa clase de sonidos con su cuerpo reptil― A menos que quieras vivir lo de los colmillos y garras como tu fiesta de bienvenida, cállate.
Serpenteó lo más rápido que pudo y se adentró en la mansión. No escuchó nada a excepción de los ronquidos provenientes de la biblioteca abandonada. Perfecto, pensó. Alternó sus cuerpos y descansó la esfera, junto con la burbuja, en el piso; desactivó el artilugio y Lin, al igual que las cosas, no emitió ningún ruido.
―Quédate quieta y si escuchas que alguien entra, te escondes donde sea pero que nadie te vea, ¿está bien? ―le entregó su bolso al mismo tiempo que se llevó un dedo a los labios.
―Si iba a vivir aquí como fantasma, me hubiese quedado en la ciudad. ―se colgó la bolsa en un hombro.
―No te preocupes, yo me encargaré de que todos te conozcan y no solo sea yo quien soporte tu voz chillona.
Le dio la espalda a Lin y caminó hacia la habitación. Slash estaba sobre su caparazón, con una mano en su plastrón y sonoros ronquidos emanando de su garganta; aún tenía vendajes por todo su cuerpo. Karai se detuvo a escasas pulgadas enfrente de él, alternó a una de sus formas híbridas y, con la punta de su cola, picoteó a la tortuga en su costilla. El reptil comenzó a reírse en sus sueños y sus propias carcajadas lo despertaron.
―Slash ―mientras él recuperó su respiración, Karai volvió a su cuerpo humano―, necesitamos hablar.
―Qué bueno que regresaste bien ―bostezó con fuerza―. ¿De qué quieres hablar? ¿Pasó algo?
―Nada malo, por si te preguntas. Conseguí tantos medicamentos como para meses, a menos que a alguien se le vuelva a ocurrir regresar igual de magullado que un muñeco de entrenamiento ―los dos eran los únicos que entendían esa clase de chistes. Karai suspiró y se cruzó de brazos―. Habrá un…, eh…, nuevo integrante en esta casa de locos.
Slash se irguió de un golpe. De repente, su mente voló a los lejanos tiempos en que todavía era la mascota de la cabeza caliente de los cuatro hermanos tortuga. Hubo un día en que vieron una película, donde una mujer le daba la noticia a su pareja, ambos se abrazaban y veían el extraño aparato que ella tenía en la mano, parecía un tubito cuya pantalla mostraba una o dos rayas, dependiendo el resultado. Y las palabras de la mujer eran las mismas que salieron de la boca de Karai. Los colores se desvanecieron de todo el cuerpo de Slash y su corazón dejó de latir por unos segundos.
―¡Acabamos de entrar a primavera! ¿¡Por qué tan rápido!? ―sujetó a la fémina por sus hombros, sin percatarse de la extrañeza que ella tenía en su expresión. Al darse cuenta del uso de su fuerza, la soltó; no quería lastimarla, menos en ese estado― ¿Con quién fue? No creí que alguno de nosotros fuera tu tipo.
―¿De qué estás…? ¿¡Qué mierda, Slash!? ―la realización llegó de inmediato. Por más que quiso, no pudo contener el rubor en sus mejillas― ¿Qué diablos tienes en la cabeza? No estoy… ―la palabra le causó nauseas―, ¿cómo puedes pensar eso? ¿Qué diablos?
Slash soltó un pesado suspiro y sonrió. ―Ay. Menos mal. No puedo imaginarte encu…
―Cállate o enserio te enveneno ―controló su sonrojo tan rápido como apareció―. Será una imagen difícil de olvidar. Ahora, ¿podrías escucharme sin causarme terribles pesadillas, por favor? ―su tono sonó igual de afilado que su sable. El otro reptil asintió― Fui a la farmacia y me encontré con una…, niña.
―¿¡Eh!?
Karai se volteó hacia la entrada. Descansó una mano en el marco y, con la otra, hizo un movimiento que Slash no pudo ver. Él estuvo a punto de avanzar, cuando la serpiente se volvió y, detrás de ella, entró alguien con una bolsa en su hombro. La tortuga se detuvo de inmediato; sus ojos estudiaron aquellos zafiros que le recorrían de abajo para arriba.
―Una…, humana ―murmuró y Karai asintió―, y no es tuya.
Mientras ella lo fulminó con la mirada, Lin detuvo su atención en el rostro del mutante y se cruzó de brazos. ―Una serpiente de tres cabezas y una tortuga con púas. ¿Dónde entro yo en este mal chiste?
Slash encarnó una ceja y miró a su líder. ―¿Segura que no es tuya?
―No me insultes. ―sorprendentemente ambas féminas respondieron al mismo tiempo, lo que ocasionó una risilla en el reptil.
En eso, escucharon que alguien subía desde el sótano. ―¿¡Por qué están todos los medicamentos regados!? ―sus pasos se acercaron a donde el trío estaba, hasta que el dueño se detuvo en la entrada y sus ojos se ajustaron a lo que se presenciaba.
Lin giró su cuerpo entero al reconocer al ser. Lejos de tener cuatro bocas o un caparazón, era como ella. No recordaba la última vez que vio a otro humano…, sin partes alienígenas y con vida.
Slash alejó su atención de Jack cuando Karai lo jaló del brazo. ―Reúne a todos. ―ordenó.
La tortuga asintió y salió de la habitación. Dentro de ella, Jack se acercó a la niña y sus ojos analizaron su deplorable situación: desnutrida, lastimada y deshidratada. Antes de que pudiera preguntar, un rugido se escuchó desde afuera. Esa era la señal que indicaba una reunión enfrente de la mansión. No obstante, Karai se adelantó al par y, con la mirada, le ordenó al hombre aguardar con Lin hasta que ella lo dijera. La fémina se detuvo enfrente de la salida y ya estaban casi todos reunidos.
―La última vez que nos reunimos como hermanos, estuvimos dos horas peleando porque alguien ensució el estanque y no lo limpió. ―al igual que siempre, los comentarios sarcásticos de Víctor iniciaron la reunión.
―Sí ―intervino Víbora―, y habías sido tú.
Mientras los demás rieron, Karai se vio atraída por sonidos que ascendían desde el sótano. Miró de reojo al último mutante que faltaba. Éste se detuvo al verla, siguió la mirada de la fémina hasta que se detuvo en la habitación al lado. Las pupilas del chimpancé se contrajeron al chocar con el cuerpo de la niña que estaba junto a Kurtzman.
―Prepara la enfermería. ―ordenó ella y Tyler asintió, antes de regresar al sótano.
Karai salió al creciente pasto y las risillas cesaron de inmediato. Estuvo unos segundos tratando de encontrar las palabras correctas, pero lo desechó. ―Rescaté a una niña de la ciudad…, a una niña humana. ¡Jack!
Como ya esperaba, Víctor y Víbora emitieron gruñidos de extrañeza. Estos se convirtieron en gritos cuando Kurtzman emergió del interior, con Lin a un lado. Cuando los ojos de la pequeña cayeron sobre los cuerpos de todos los seres que la veían con sentimientos encontrados, se escondió de inmediato detrás del hombre.
―¿¡Otra vez, Karai!? ―Víctor se acercó unos pasos― ¿Qué? ¿Se va a volver tradición que traigas humanos cada vez que salgas sola?
―No necesito repetir lo que dije la otra ocasión que peleamos por lo mismo, así que… ―divagó su mirada hasta que la detuvo en las hermanas―, Venus, Lisa, después de que…, Lin ―señaló a la niña―, se recupere, quiero que ustedes se hagan cargo de ella, ¿entendido? ―ambas asintieron― Búsquenle algo en lo que les pueda ayudar, como en la recolección de frutos.
―¿Qué intentas? ¿Eh? ―al ver que la fémina estaba por volver a la mansión, Víctor volvió a avanzar de manera intimidante― ¿Vas a meter a más y más humanos hasta que te hagas creer que ya no eres una bestia?
―¡Víctor! ―al mismo tiempo de que Karai detuvo su andar, Slash avanzó hacia el arácnido― ¡Silencio!
La araña miró de reojo a la tortuga, y luego, a Víbora. ―¿Enserio le tienen tanto miedo a la chiquilla? Está mal y lo saben. Solo porque a ti ―señaló a Slash―, te convirtió en su perra favorita, y a…
Antes de que pudiera señalar a la planta mutante, la cola de la serpiente agarró sus patas traseras, lo elevó al aire y estrelló su espalda contra el suelo. La reptil saltó hacia su torso y utilizó todo su peso para aplastarlo. Acercó sus manos modificadas hacia el rostro del artrópodo y todos los ojos de éste se movieron hacia las tres cabezas. Los demás se mantuvieron en total silencio, gracias a la sorpresa y miedo que los mantuvo paralizados.
―Si te molesta tanto, vete en este momento.
Víctor soltó un quejido de dolor. ―¿Por qué lo haría? Vivo bien aquí, todos hacen el trabajo por mí y yo solo duermo porque los únicos invasores que aparecen, los traes tú.
―Veo que has estado de flojo ―acercó sus dos cabezas hacia los costados del arácnido―. Debo buscarte otro papel para ti, ¿no? ¿Qué te parece…, como muñeco de prueba?
Los colmillos de sus cabezas se clavaron en los costados de Víctor. Sin poder gritar por el pánico de ser perforado, él solo se petrificó. Los demás salieron de la sorpresa inicial para entrar a otra. Todos ellos conocían los esquemas y trabajos de Rockwell, así que, cuando vieron los colmillos, pensaron de inmediato en el veneno más peligroso en ese planeta.
Al ver que ella no planeaba soltarlo, Jack se acercó hacia los mutantes. ―¡Karai!
―Lo dejo ir la primera vez ―ella acercó su verdadero hocico hacia el rostro de Víctor, sin prestarle atención al hombre―, hay consecuencias a la segunda…, pero ya no lo perdono a la tercera.
Lo soltó y dos agujeros terminaron a ambos costados del artrópodo. Ella se bajó de él y regresó a su forma humana. Jack se acercó rápidamente a Víctor, empujando el hombro de la fémina en el proceso. El hombre checó de inmediato las heridas, cuando se percató de algo…, no sabía si decirlo extraño o milagroso: no había veneno. Miró de reojo que Karai regresó al interior de la mansión. Con una mirada, le señaló Lin (quien tenía una expresión en blanco), a Slash, y éste asintió. Dentro de la construcción, la fémina se preparó para ascender al primer nivel.
―P-pudiste haberlo matado…
―¿Crees ―se giró hacia él con fiereza―, que estás semanas en las que he entrenado con Tyler han sido en vano? Ahora puedo administrar veneno cuando yo lo decida.
Jack perdió su voz por unos instantes. ―¿P-por qué lo hiciste? Si querías que Víctor no… ―chaqueó la lengua―, ahora tendremos que vigilarlo bien para que no lastime a la niña.
Karai rio con ligereza. ―En eso te equivocas, Jack. Verás…, hace años me enseñaron que el miedo es un arma muy poderosa; puede hacer que los demás te obedezcan de inmediato, puedes obligarlos a hacer todo lo que no quieran que les hagas a ellos. A veces funciona con una amenaza, pero la mayoría de las veces tienes que tomar acción sobre ellos. Ya hice ambos con Vic, podemos estar seguros de que no intentará nada estúpido.
―O harás que se vaya…
―¿Él? ―volvió a reír y Jack jamás le había tenido tanto miedo― Por favor. Vive como rey en estos bosques. Es demasiado flojo para irse. Tal vez tome distancia con nosotros, pero, conociéndolo, olvidará esto en un par de días.
―¿Cómo puedes estar tan segura?
―¡Te lo advierto, mocosa! ¡No me molestes!
Al escuchar el tono molesto de la araña, ambos corrieron hacia la ventana más cercana y se detuvieron enfrente de ella. Vieron cómo Víctor estaba en un árbol, Lin lo veía desde el suelo y Slash tenía sus brazos arriba, listo para detener algo que pudiera suceder. Dentro de la construcción, Karai congeló su mirada en la expresión que tenía la niña; la sonrisa que mostraba, le hizo recordar días lejanos, esos en los que ella se sentía con todo el poder del mundo.
―Es que esos bracitos que tienes ―Lin movió sus extremidades en modo de burla―, le ayudarían mucho a las demás arañas…, porque creo que ayer aplasté a tus padres.
Karai rio con fuerza y se ganó la mirada perpleja del hombre, antes de que ascendiese al primer piso. Jack permaneció en su lugar, pero mantuvo su atención en la mutante. Cuando ella desapareció por las escaleras, el escalofrío lo hizo también. Juró haber visto a otra persona en lugar de la fémina, pues su mirada y actitud no fueron las mismas. Negó tales pensamientos al agitar su cabeza. ¿Cómo podría ser posible, después de todo? No era como que Karai actuase como el mismísimo hombre que le arrebató su identidad, ¿cierto?
Si creen que había tenido suficiente con mis últimas OC's, pues se equivocaron por completo. Estuve varios días investigando algunos personajes de varios universos de las Tortugas Ninja, hasta que me encontré con el artículo de Lin (personaje del Universo Mirage); a diferencia de su versión canónica, en esta historia será una niña de nueve años que jugará un papel algo importante (es decir, por algo la coloqué como personaje principal en la descripción, ¿no?). La verdadera pregunta es: ¿qué tan importante será? Eso es algo que se descubrirá a lo largo de este artículo, el cual consiste en cuatro capítulos. Nos leemos después. Chao.
