"Solo la obediencia da derecho a mandar." ~Ralph Waldo Emerson
Una vena estaba a punto de explotar de la frente de Karai y, a medida que escuchaba la chillona voz de cierta mocosa, quería romper todas las reglas de moralidad para soltarle un buen golpe a la sien de la menor. Aunque sería más fácil saltar con fuerza para que la niña se resbalara de su lomo. Rio en sus adentros por tal imagen. Sintió el repentino cambio de temperatura y ahí notó la disminución en la luz de día. Anochecería en cualquier momento y aún estaban un tanto lejos de su destino, por lo que debían encontrar un escondite.
'―A iniciar…, otra vez.'
―¡Ey! ―Lin se sujetó de los hombros de la serpiente al estar a punto de caer por el repentino alto― ¿Por qué te detienes?
―Ya va a oscurecer ―llevó su mirada hacia las coníferas y sus pupilas verticales se posaron sobre unas ramas gruesas y altas; perfectas―. Hoy nos toca dormir en los aires.
―¿¡Qué!? ¡No! ―saltó del lomo del reptil mientras ésta se acercó al árbol― No me gusta dormir en ramas. No puedo bajar cuando quiero ir al baño.
―Pues ve antes de que subamos.
―Ahorita no tengo ganas.
Por millonésima vez en ese viaje, Karai deseó rodar los ojos en su forma mutante. ―Hemos tenido esta discusión desde que salimos de la mansión y hoy no quiero pelear, así que… ―trepó el tronco de la conífera y alcanzó la rama―, si quieres dormir en el suelo, bien por mí, solo no te vayas muy lejos porque no quiero buscarte después.
―Claro. Déjame aquí ―se recargó en el tronco, con los brazos cruzados, y se sentó contra la corteza―, y que algo me coma. Te recuerdo que tú te haces cargo de mí.
―Solo porque me lo pidió Slash, mocosa, por mí, te hubieras quedado en la mansión para que le siguieras sacando canas verdes a Vic ―recargó su hocico en la rama―. Y no creo que haya animal que quiera comer a una presa tan chillona como tú…, ya lo habría hecho yo.
―Si no fuera por mí, estarías toda sola y aburrida en estos bosques.
―Y ya habría llegado, sin dolor de cabeza.
―O sea que, ¿te alento?
―Se dice "atraso", y sí…, ahora, ¿por qué no te callas y duermes un poco? Quiero llegar para mañana antes de que salga el Sol.
―A esas horas todavía no me levanto.
―Entonces aprenderás a madrugar a temprana edad.
Karai escuchó el bufido de Lin, y volvió a reír en sus adentros. Se sintió victoriosa cuando la niña no continuó con la pelea, pues su dolor de cabeza se estaba agudizando y estaba a una palabra más de saltar sobre su pequeño cuerpo.
―¡Voy al baño! ―Lin le avisó a todo el bosque.
La serpiente movió su cabeza hacia donde la niña comenzó a caminar, hasta que ella desapareció detrás de unos arbustos. Le daría quince minutos antes de que tuviera que ir a buscarla, porque parecía que tenía un don para perderse a sí misma. Nunca hubiese imaginado que tratar con una mocosa de nueve años, sería mil veces peor que poner orden en una casa llena de mutantes. Sin embargo, ya con todas las semanas que Lin tenía con ellos, todos reconocían su talento nato para desesperar hasta el alma más tranquila que, en su caso, era Venus. La pobre lagartija tuvo que pasar un día entero en el estanque para no gritar todos los insultos que el buen Víctor se empeñó en enseñarle, con unas cuantas tutelas de Víbora.
Desde que Lin llegó, era normal escuchar gritos durante la mayor parte del día. Si no eran porque la araña era molestada e intentaba no saltar sobre la mocosa, entonces era Slash al intentar buscarla después de desaparecer un buen rato y no tener idea de dónde estaba; casi todas las ocasiones, la niña estaba a unos metros lejos del rango del radar de Rockwell. Aunque lo cierto es que era mejor que estar detrás de todos los mutantes que quisieran hacerle daño, algo que no existía.
Con Víctor, congenió casi de inmediato. Era normal encontrar a ambos insultándose entre sí hasta el grado de llegar a las lágrimas, pero eran de diversión, pues el par terminaba riendo por horas y horas con los insultos que soltaban. Es decir, ¿quién no se reiría con "Tu mamá se comió a tu papá." o "Si fueras un arácnido, serías un opilión."?
Pero la mocosa no era la única con la que tenía buenos términos.
Tal como Karai se lo dijo a Jack, al cabo de unas horas (tal vez un día), la araña y ella volvieron a dirigirse con sus característicos tonos, al mismo tiempo de que se burlaban y reían de los cuatro orificios que él tenía en sus costados, enrojecidos e irritados pero no envenenados. Mientras ambos hacían chistes de su pelea, los demás los veían perplejos. No sabían si eran dos masoquistas, si el mutágeno alteraba su mente o si tan solo no lo tomaban muy a pecho. No obstante, sí fue tomado a pecho, ya que Víctor jamás volvió a utilizar el término "bestia" o "monstruo".
La relación entre los demás mutantes y Lin no era muy diferente. A la niña le encantaba…, le fascinaba molestar a todos y cada uno de ellos. Si no eran bromas con alguna característica mutante, entonces arruinaba una parte del trabajo que realizaban, como comerse los frutos rojos que recolectaba junto a las hermanas, apartar las rocas que Cabeza de Piel acomodaba alrededor del canal o jugar con las herramientas de los dos cerebritos. No existía día en que no les sacara canas verdes.
Todos se encariñaron casi de inmediato con Lin, todos a excepción de Karai.
Mientras los demás cuidaban de que Lin no se cayera de la azotea del edificio, Karai buscaba el momento indicado de empujarla y silenciar ese tono chillón que cargaba. Y la niña lo sabía, por eso llevaba a la serpiente al límite y siempre se metía en problemas cuando estaba cerca de ella; después de todo, cuando la corriente del afluente la jalaba y ella sin saber nadar, a Karai no le quedaba otra opción que rescatarla. Rescates poco agraciados, pues la lanzaba al pasto y le ordenaba cambiar sus trapos mojados antes de enfermarse.
Hubo un momento en que Lin se dijo que era la forma en que la mayor se preocupaba por ella (porque era adorable. ¿Quién no se enamoraría de sus ojitos?); sin embargo, al ver cómo la reptil se dirigía con los demás, desechó ese pensamiento casi de inmediato. Tampoco era como que ella quisiera que Karai la apreciase de la misma forma que los demás. Después de ver la forma en que atacó a Víctor, supo que debía mantener su distancia con ella, pero le encantaba arriesgar sus límites y, hasta ese momento, no había saltado sobre ella.
Niña linda, uno; serpiente fea, cero.
Karai no la toleraba por un millón de razones. Para tener tan corta edad, era demasiado rebelde, arrogante, obstinada y sarcástica. Pero eso no era lo peor. Lo peor era que, siempre que veía a la mocosa, era como verse en un espejo. A su edad, era igual, sino era que seguía siendo así. Solo era gracias a que ella ya había madurado y entendía la realidad que estaban viviendo en ese momento, que no era idéntica a Lin. Esa era la razón principal por la que no soportaba estar cerca de ella, porque ni siquiera se toleraba a sí misma y, ahora, ¿tratar con una segunda ella? Era como una de sus peores pesadillas, después de descubrir que toda su vida fue una mentira y ser mutada a un animal sin piernas.
Por ello, ambas féminas se mantenían alejadas la mayor parte del día, solo molestándose un par de horas diarias, ya que no soportarían verse a cada hora…, y, luego, Slash llegó con la gran idea de que Lin acompañase a Karai en su viaje al norte del estado para la visita mensual de las tortugas. Por supuesto que la kunoichi se reusó en el momento. No necesitaba cambiar su actitud con la niña, como lo decía la tortuga, ni quería que Lin la viera de otra forma. No obstante, el reptil cayó bajo y le dijo que si se llevaba a la menor, cuando regresaran, habría sobres de té negro para todo un año.
La mañana siguiente, Karai se equipó con su mochila vieja, la llenó de comida y despertó a Lin para una supuesta "aventura de una semana". Después de una corta pelea y amenazas de por medio, la niña vistió la única muda de ropa que el equipo de Slash encontró en una noche de búsqueda (pantalones holgados y una sudadera un par de tallas más grande), y ambas partieron al norte.
En el momento en que salieron del rango del radar de Rockwell, las discusiones, peleas y gritos acompañaron el viaje. Cada media hora, Lin se quejaba porque la serpiente iba muy rápido, tenía hambre y sueño, quería ir al baño por quinta vez, ya se aburrió o tan solo quería regresar. Se volvió una rutina para cuando estaban a un par de kilómetros de alcanzar el destino que Lin desconocía; lo único que Karai le dijo es que visitarían a unos conocidos.
Solo les faltaba un par de horas (dos, máximo), para alcanzar la casa de campo. La última vez que Karai fue, contó el tercer mes en que el líder en azul permanecía en coma. Al ver su cuerpo tan debilitado, no entendía cómo es que se mantenía con vida y se preguntaba si algún día despertaría. Si no era así, lo mejor sería encontrar a otros héroes que salvaran la ciudad antes de que el misil fuera terminado.
La pregunta era: ¿por qué no lo era ella? Con todos los mutantes que vivían juntos, las armas que habían creado a base de la tecnología Kraang y con un plan bien formulado, podrían acabar con la invasión… ¿cierto? ¿Qué tan difícil podría ser acabar con Kraang Supremo y liberar a la población que, por lo que dedujo Kurtzman, fue enviada a la dimensión alienígena para trabajar como esclavos? Solo necesitaban buscar un aparato para respirar y la forma de regresar a la normalidad a los neoyorquinos.
Una sonrisa apareció en su mente al mismo tiempo de que los arbustos se agitaron; le pareció más divertido que una villana se convirtiera en heroína que el simple hecho de viajar a otra dimensión. Fue por ello por lo que abandonó sus pensamientos y regresó su atención hacia Lin, quien regresó de su…, "tiempo a solas". Al ver que no se hubo perdido, Karai giró su cabeza hacia el otro costado y se dispuso a dormir.
―Dime otra vez ―pero la voz de Lin levantó sus párpados―, ¿por qué estamos aquí?
―Porque no quiero escucharte decir que tienes mucho sueño y…
―¡No! ―se detuvo debajo de la serpiente― ¿Por qué estamos casi hasta el otro país?
―Ya te lo había dicho ―descansó sus extremidades y regresó su vista hacia la niña―, vinimos de visita.
―Visitar, ¿a quién?
―Tortugas mutantes que no se parecen en nada a Slash y tienen armas ninja porque son ninjas y que son los únicos capaces de ganarle al Kraang. ¿Feliz? Ahora, a dormir.
Lin permaneció unos momentos en silencio y la mayor pensó que por fin la obedecería, pero recordó, muy tarde, que la niña nunca la obedecía―: No, enserio.
―Mocosa ―pese a estar exhausta, su tono sonó igual de peligroso―, estoy muy cansada después de escuchar tus quejidos desde que salimos de la mansión y solo quiero dejar de escuchar tu voz chillona por un rato. Así que, antes de que tenga que noquearte, duérmete de una vez por todas.
―¿A-ah, sí? ―intentó buscar el insulto correcto, pero ya había descargado todos con ella― Pues…, ¡si tanto te molesto, no me hubieras traído!
―Slash me obligó, no te sientas tan… ―sus instintos reptiles se despertaron repentinamente y llevó su atención hacia arbustos en otra dirección.
―¡Y no pudiste decir que no! ―ella continuó, sin percatarse del cambio de aura en la serpiente― Cómo si no controlaras a todos en…
―Lin, cállate. ―su lengua olfateó en aquella dirección, pero no captó ningún aroma fuera de lo normal.
―¡No lo haré! ¡Estoy harta de que siempre…!
―¡Lin! ―descendió de un salto y se posicionó enfrente de ella― Hazme caso de una vez y guarda silencio. Escucho a alguien cerca.
La niña pareció entender, pues se mantuvo en silencio mientras la mutante observó sus alrededores. Al no encontrar nada, Karai se tranquilizó. No obstante, cuando el asechador rompió una rama bajo sus pies, no pudo escucharlo, ya que Lin habló al mismo tiempo―: Creo que solo estás…
La flecha ya hubo conectado con la extremidad de la mutante para cuando escucharon el disparo. Al mismo tiempo de que Lin gritó, Karai siseó con una mezcla de dolor y enojo hacia donde un hombre de baja estatura emergió. Con su otra boca, apartó la flecha y, por fortuna, no se clavó lo suficiente para rasgar más músculo. Sus pupilas lo identificaron de inmediato: era el cazador que ya había dado por desaparecido al no volver a verlo desde su primer encuentro. El hombre volvió a apuntar, hasta que bajó su mirada hacia la niña; por un momento, parecio que bajaría su arma, pero regresó su atención a la mutante y volvió a apuntar.
―Mamá y yo hemos visto de lo que eres capaz, monstruo ―se llevó su mano de seis dedos a la correa que sujetaba la extraña cabeza y, con una voz falsa, agregó―: Acábalas, querido.
Karai escupió veneno al rostro del cazador, antes de que éste pudiera lanzar la segunda flecha. Envolvió el cuerpo de la niña con sus dos extremidades y serpenteó en dirección a la casa de campo. Para su suerte, fue demasiado rápida para que el hombre pudiera seguirle el paso; sin embargo, no quería arriesgarse a ser alcanzada y continuó por horas hasta que estaban a un par de metros de su destino. El dolor de su extremidad le hizo soltar a Lin, quien cayó sobre su trasero. Alternó sus cuerpos y llevó una mano hacia su brazo, de donde emanaba un chorrito de sangre.
Lin vio cómo Karai sacó un par de vendas de su bolsillo. Tragó saliva cuando la mayor intentó vendarse con torpeza, así que se acercó con lentitud. ―¿Q-quieres que…?
―Ya hiciste mucho, así que apártate.
Para la sorpresa de la kunoichi, ella obedeció y permaneció en su lugar. Sabía que era su culpa; si no hubiera hablado, habría escuchado el ruido y huido antes de que lanzara la flecha. Ahora solo esperaba que no se infectara y no hubiese perdido tanta sangre para dejar un rastro. No obstante, solo había una mancha en su brazo; no fue lo suficientemente profundo para gotear. Con ayuda de su boca, ajustó la venda con la fuerza suficiente para que el dolor desapareciera. Ya tendría tiempo de atenderla cuando regresaran.
Ambas voltearon al escuchar voces distantes. Sin esperar a volver a ser atacadas, Karai regresó a su cuerpo mutante y Lin trepó a su espalda. La serpiente ascendió al árbol más oculto que encontró. Para cuando el ser se abrió paso entre las hojas, ambas ya estaban a metros de altura. Lin tuvo que llevarse una mano a la boca para no gritar de asombro, y Karai estuvo a punto de seguirle, no por ver por primera vez a una tortuga mutante, sino por verlo de pie.
Él cojeaba mientras se apoyaba con una muleta desgastada. Avanzó un par de pasos más, hasta que sus rodillas cedieron y cayó sobre ellas. Al mismo tiempo de que se reincorporó con un quejido, sintió que era observado. Llevó su mirada hacia las alturas, pero solo se encontró con un par de hojas que cayeron a causa del viento…, o eso creyó él.
Desde la otra rama a la que saltaron, Karai siguió con la mirada a la tortuga hasta que desapareció del otro lado del bosque, con dirección a la casa. Detrás de él, el menor de sus hermanos corrió con algo entre las manos, gritando como siempre lo hacía y tropezando un par de veces. Escuchó una risilla que Lin reprimió, pero su atención se mantuvo en la imagen que tuvo del líder. Lo que menos le importó fue su extrema delgadez, pero su mirada…, pudo ver que, detrás de la fatiga y el cansancio, había desesperación y un poco de rendición. Jamás lo había visto de esa forma…, esa no era la expresión que cargaba la única persona que siempre creyó en ella, que la rescató varias veces y le perdonó cientos de errores.
Las dos cayeron de nuevo al pasto. Lin se bajó de su espalda y se preparó para seguir de cerca al reptil, pero Karai se mantuvo en su lugar, olfateando al aire. Permaneció unos momentos viendo por donde desapareció el par de tortugas, hasta que se volteó e inició con su camino de regreso. Lin logró notar un poco de la tristeza en los ojos de la serpiente, algo que nunca había visto, así que corrió hasta detenerse enfrente de ella.
―¿Qué? ¿Eso es todo? ¿Todo este viaje para ver a esas…, tortugas por un minuto y ya?
―Ya vi todo lo que necesitaba ver ―miró sobre su hombro una última vez―. Los héroes de Nueva York se están recuperando lentamente.
―P-pero… ―la mayor avanzó al lado de ella. Miró por donde desaparecieron y hacia la mujer un par de veces, hasta que soltó un gruñido―, a todo esto, ¿qué son ellos de ti?
Karai se detuvo de inmediato. Una pregunta que jamás hubo escuchado pero ya imaginado, sin encontrar una respuesta clara. Detestaba las relaciones, después de todo, y la única que tenía con ellos era de conocidos. Bueno. Hasta ahí llegaba la línea que dibujó con ellos, porque había algo más y ella lo sabía, solo que no podía entenderlo.
―Son…, los verdaderos hijos que mi padre pudo tener ―sin la intención de continuar con esa plática, la miró sobre su hombro―. Aunque quisiera emprender el camino de regreso, no tengo ganas de reencontrarme con ese cazador, así que dormiremos en una cueva; no está lejos. Sube.
Por segunda vez consecutiva, Lin obedeció y se sujetó de los hombros de la serpiente. Ésta las llevó hacia el lugar que siempre utilizaba como escondite cuando visitaba esa zona del estado. Llegaron en un par de minutos. Tras asegurarse de que no había ningún otro ser, entraron en ella. Era de dimensiones promedio: no tuvieron que agacharse mucho para entrar y podían estar sentadas cómodamente. Lin abrazó sus rodillas y miró de reojo a la mayor. Cuando ésta le devolvió la mirada, la desvió de inmediato y se recostó en la tierra.
Karai observó a la niña hasta que sus extremidades se relajaron y cayó rápidamente dormida. Estuvo a punto de imitarla, hasta que se recostó y el pinchazo de su brazo la irguió de vuelta. Maldijo en voz baja y se llevó su otra mano al vendaje. Comenzó a desenvolverlo y la tela blanca estaba teñida de un rojo oscuro. Entonces recordó que había un estanque cerca y era mejor que nada. Mientras buscó otra venda en su mochila, se aseguró de que Lin no despertara y salió de la cueva. Serpenteó hacia el cuerpo de agua y limpió su herida con torpeza. Se volvió a vendar el brazo y un sonido provino de los arbustos. Olfateó al aire y reconoció el olor casi de inmediato.
Una serpiente albina emergió entre las hojas y se detuvo a menos de un metro de la mutante. Ambos reptiles se olfatearon mutuamente, antes de reconocerse.
La mutante se extrañó al tener enfrente a aquella serpiente que estuvo a punto de ser cazada por un zorro, durante la primera visita que hizo al norte. No recordaba que su mente fuese tan poderosa para rememorar algo que sucedió meses atrás y duró escasos segundos; sin embargo, fue su sentido desarrollado del olfato lo que le ayudó a reconocerla, el mismo que le indicó la aproximación de más seres idénticos.
Más y más serpientes se detuvieron detrás de la albina, todas con sus miradas congeladas en el cuerpo de Karai. Se irguieron con la intención de observar mejor al extraño ser que se parecía mucho a ellas, pero que era muy diferente. Ninguna, a excepción de la albina, avanzó. Ésta se detuvo a un par de pulgadas y mostró sus colmillos; las demás la imitaron.
La kunoichi se preparó para defenderse, pero sabía que no podría contra todas ellas, así que escupió veneno y aprovechó la distracción para regresar a la cueva. No entendió nada. ¿Por qué ninguna saltó en cuanto le sisearon? ¿Por qué estaban cazando en conjunto cuando eran animales solitarios? Con esas y más preguntas, llegó al escondite y fue recibida por la expresión aliviada de Lin. Karai se acomodó y alternó sus cuerpos; su herida le dolió un poco.
―Creí que por fin me habías abandonado. ―se llevó su antebrazo a la nariz.
―¿Tan cerca de personas? No. No te la pondría tan fácil.
Ahí se percató de que la niña tenía las mejillas húmedas, los ojos enrojecidos, sus labios temblorosos y su respiración entrecortada. Era la primera vez que observaba con atención su rostro después de haber llorado, aunque ya había sido testigo.
Dado a que estaba bajo la tutela de ambas hermanas, lo correcto era que se quedase en la misma habitación que ellas. Cada vez que pasaba enfrente del cuarto, a ciertas horas de la noche, encontraba a las lagartijas consolando a la niña. Tardaban unos cuantos minutos en tranquilizarla, pero ella sola tardaba menos. Por ello, cuando se despertaba tras una pesadilla, Karai se hacía la dormida y esperaba a que regresase a dormir.
Lo que no sabía, es que Lin hacía exactamente lo mismo, porque no había noche en que la mutante no se levantara con un grito ahogado tras revivir las imágenes de esa fatídica noche. Como ella no lloraba, solo regulaba su respiración hasta devolverla a la normalidad y volvía a cerrar sus párpados.
Ambas féminas recordaban su pasado noche tras noche. Mientras Lin soñaba con la muerte de sus padres, Karai revivía el momento en que cayó dentro de esa piscina de mutágeno.
―Solo fui a un estanque a limpiarme el brazo…
―P-perdón ―intentó esconder su rostro entre las rodillas, pero hubo algo que le hizo mirar a los ojos ámbares de la mayor―. Nunca quise que…, salieras lastimada…, enserio creí que no había nadie…
―¿Nunca te enseñaron a obedecer a tus mayores?
―Sí ―su voz quiso volver a romperse―, pero lo último que me dijeron mis papás fue que no confiara en nadie a menos que tuvieran un brillo humano en sus ojos…, y ni tú ni nadie en la casa lo tiene.
―Eso es porque lo perdimos por la vida que hemos llevado. La mayoría lo perdió tras ver las atrocidades del Kraang y ser incapaces de hacer algo; otros, como tú y como yo, tuvimos que crecer muy rápido ―se acercó a la niña, quien no le quitó la mirada de encima―. Porque, déjame decirte, que tú tampoco tienes ese brillo.
Lin bajó la mirada y acarició sus propios brazos. ―Eso es porque me quedé sola…, mis papás murieron, me quedé atrapada en una farmacia abandonada y solo podía ver cómo los cerebros atrapaban a todos o los…, como a mis…
―No quiero que llores, porque no sirve de nada. Yo también…, perdí ―no supo si era la palabra correcta―, a mis padres a corta edad, así que sé cómo te sientes. Pero llorar no servirá de nada. En cambio, levántate y cumple la última voluntad de tus padres: mantente con vida. Y, para eso, debes obedecer a quienes sabemos cómo sobrevivir en esta guerra de mierda.
―¡Ah! ―sus mejillas se enrojecieron al mismo tiempo de que llevó sus manos a los oídos― ¡Dijiste una grosería!
―Y escucharás más de mi boca, así que vete acostumbrando.
La menor sonrió de lado. ―¿Por eso siempre estás enojada, porque también te quedaste sola?
―No ―levantó su mirada hacia el techo rocoso―, siempre he estado sola…, y, tal vez, también enojada.
―Eso es mentira. Nadie puede estar siempre enojado porque sí; tiene que haber una razón.
Karai se volteó con una ceja alzada. ―¿De dónde sacaste ese palabrerío?
―No lo sé ―alzó sus hombros―. Creo que lo escuché en un videojuego que tenía.
―Mocosa, no confundas la vida real con un juego. Aquí nosotros no tenemos una vida extra y podemos estar enojados por una buena razón.
―Y, ¿cuál es tu razón?
La oji-ámbar se volteó con fuerza. No vio el caso de ocultar su sonrisilla ni su divertido bufido. ―Me atrapaste ―Lin devolvió la sonrisa―. Está bien. Creó que no nos vendría mal una historia antes de dormir.
―Espero que no sea de princesas, porque odio esos cuentos.
―Es más de sangre y muerte ―la miró de reojo―. ¿Quieres escucharla aunque te dé pesadillas? ―Lin asintió. De repente, el rostro de Karai se endureció y su mirada se perdió en un punto indefinido― Hace años, en Japón, hubo dos hermanos que fueron criados en el arte del ninjutsu. Al crecer, ambos se enamoraron de la misma mujer, pero solo uno pudo ganarse su corazón y tuvieron una hija. El otro, mientras los celos lo consumían, descubrió que el hombre que lo crio le mintió toda su vida, pues era el hijo del clan enemigo, clan que fue destruido y él reconstruiría. Cegado por el odio, acabó con la vida de la mujer que amaba y dejó que el fuego consumiera a su hermano. Pero la hija estaba con vida, así que se la llevó y la crio como suya. Durante años, hizo lo mismo que el hombre que creyó que era su padre: la llenó de mentiras. Cuando él descubrió que su hermano estaba con vida, le dijo a la hija que su venganza no estaba completa y debían viajar al otro lado del mundo para acabar de una vez por todas con el supuesto asesino de una madre. No contó que la hija descubriría la verdad ―por un momento, olvidó que hablaba con la niña y pensó que estaba sola―. Toda la vida que ella conoció, todo lo que ella creyó que era verdad…, se destruyó con una simple foto. Se dio cuenta de que todo lo que era, solo se trataba de una mentira. Y cuando se dio cuenta de eso, no pudo sentirse más sola. Dime, Lin, ¿tú no te sentirías enojada?
La nombrada no respondió de inmediato. Durante todo el relato, permaneció con su atención en el rostro de la mayor. Sus ojos expresaron lo mismo que ella cargaba desde la muerte de sus padres: dolor. Fue en ese momento que se dio cuenta de que todo el enojo que mostraba solo era una máscara, idéntica a la que ella cargaba. Así que acortó sus distancias y gateó hacia ella. Acercó su mano hacia la de Karai con cautela. Cuando posó su palma en el dorso de la mayor, ésta la retiró con velocidad. Lin dibujó una sonrisa.
―Parece que nos parecemos en algo.
Karai sonrió de lado. ―Tenemos más en común de lo que te imaginas, ¿por qué crees que no nos llevamos bien?
Lin rio con ligereza, hasta que algo del cuento de la mutante le llegó a la cabeza―: ¿Qué es nintsu?
―Ninjutsu ―ahogó una risilla―, y es el arte marcial que luego practico con Slash o sola, en los bosques.
―¡Ah! ¿Eso de patadas, golpes y tu cuchillo largo?
Esa vez, sí rio. ―Es una wakizashi, pero sí.
―¡Y, ¿yo puedo aprender?! ―antes de que la exclamación escapara la garganta de Karai, la chiquilla continuó―: ¡Siempre he querido cargar la bola con picos de Slash y también quiero hacer todas las volteretas que tú haces con tu waza…, waki…, wakishi!
―¿De verdad quieres entrenar en un arte de espionaje y guerrilla? ―la afirmación emocionada solo asustó más a la kunoichi― ¿Quieres entrenar un arte que destruye tu mente y cuerpo? ―volvió a asentir― ¿Estás loca o qué?
―Por favor ―alargó las vocales―. Ya me aburrí de lo que hago en la casa…, será más divertido pegarles a los árboles sin parar… ¡como en uno de mis videojuegos!
Las risas de Lin se hicieron distantes a los oídos de Karai. Hubo una voz que le reprendió y dijo que fue una pésima idea contarle esa historia; sin embargo, había otra, más fuerte y con un sentimiento de orgullo, que le decía, le gritaba que, aunque jamás había entrenado a alguien antes, tenía enfrente la oportunidad de que un niña, cuyo pasado era remotamente igual al suyo, podía ser rescatada y no convertirse en lo que ella era gracias a las mentiras, traición y odio. Enfrente de ella, tenía el primer paso para encontrarse a sí misma, aunque todavía no lo supiera.
¡Sí! Sí sigo con vida. De verdad que estos últimos meses fueron pesadísimos (hablando de manera académica). Espero tener estas semanas libres para poner al corriente con esta casi olvidada historia. Sé que han sido meses de ausencia, pero les agradezco por su paciencia y lealtad. También espero que les haya gustado este capítulo, y espero verlos en el siguiente. Nos leemos después. Bye-bye.
