"A pesar de lo duro que pueda parecer el cambio, a menudo es para bien." ~Anónimo
Abrió sus párpados debido a un dolorcillo que recorrió su antebrazo y llegó hasta el hombro. Movió su extremidad y se percató que estaba recostada sobre ella; al cabo de unos segundos, comenzó el hormigueo característico que indicaba la ausencia de circulación de sangre. Mientras agitó todo el brazo, por fin se percató de sus alrededores: los muros, techo y piso metálicos, la camilla improvisada en la que estaba situada y el mutante que dormitaba en una posición poco agraciada sobre su silla. Estiró un poco su cuerpo y bajó sus piernas, lo que ocasionó un crujido en los tubos metálicos. El sonido despertó al científico.
―Mh. ¿Q-qué? ¡Ah, Karai! ―sus ojos dejaron de parecer perdidos y sus párpados se subieron por completo al mismo tiempo de que se bajó de su silla― ¿Cómo te sientes?
La fémina tragó saliva y ahí fue cuando se percató de lo reseca que estaba su garganta. Ocultó un bostezo detrás del dorso de su mano. ―Todavía con sueño. ¿Cuánto dormí? ¿Tres…, cuatro horas?
―Más de un día entero.
Una serie de tos emanó de la boca de Karai, gracias a la mezcla de sed y sorpresa. Bueno, por lo menos se cumplió su deseo de aquella noche. Al mismo tiempo de que recuperó su respiración, las imágenes de la victoriosa misión regresaron a su mente: desde que consiguieron las "tarjetas de presentación" del Kraang hasta la apropiación del escudo, incluyendo el momento en que su visión se cerró después de caer en una piscina de lava verde, por segunda vez, y emerger, tal pareció, sin ninguna secuela.
―Tal vez vayas a asesinarme ―Tyler volvió a hablar tras ver que ella tranquilizó sus jadeos―, pero te volví a hacer la prueba del ADN y…
―No te atreviste a tomar una muestra de mi sangre, ¿verdad? ―cuando utilizaba ese tono, era imposible contradecir su pregunta.
―No ―alargó la sílaba y rodó los ojos―, pero deberías dejarme. El resultado volvió a salir incompleto…, solo que más incompleto que antes.
Karai frunció el ceño. ―¿Qué quieres decir con eso?
―¿¡Tú crees que yo sé!? ―alzó sus brazos de manera dramática― La única respuesta está en tu sangre.
Ella soltó un pesado suspiro antes de reincorporarse en sus piernas y sentirlas un poco débiles pero funcionales. ―Lo siento, Doc, pero me siento bien y no lo veo necesario.
Tyler también suspiró, solo que fue de rendición. ―Como quieras. ¿Vas a subir?
―Sí. Estoy segura de que podría comer un jabalí entero.
―Tal vez no tengamos jabalí, pero sí pavo. ―una tercera voz contestó desde la entrada de la enfermería.
Los dos se giraron en aquella dirección y encontraron a Jack recargado en el marco. El hombre le sonrió a la fémina y ella devolvió el gesto solo por un segundo.
―Qué bueno que ya estás despierta, Karai, ¿te sientes mejor?
―Un poco de sedienta, mucha hambre y sueño.
―¿Sueño? ―rio con ligereza― ¿Después de dormir treinta y dos horas seguidas?
―Es muy diferente dormir a estar inconsciente, señor Kurtzman. ―habló en un tono burlón.
―Cierto, cierto ―todavía con la sonrisa en labios, llevó su mirada hacia el otro científico―. ¿Accedió a hacerse la prueba? ―el primate sonrió de manera burlona y el hombre la devolvió― Lo imaginé ―regresó su atención hacia la fémina―. ¿Quieres ver cómo valió la pena tu sacrificio?
El escudo, pensó ella de inmediato, y asintió. Siguió a los dos "cerebritos" de cerca y ascendieron a la planta baja. Mientras atravesaron el salón principal y se dirigieron a la salida, Karai pudo observar, por los espacios de la ventana, que una barrera morada se agitó antes de volver a desaparecer; ella supuso que sucedía eso cada vez que alguien atravesaba el escudo invisible. Al salir y detenerse enfrente del par, en efecto, no vio ninguna burbuja que rodeara la mansión y el viento aún le golpeó el cuerpo sin que algo lo detuviera.
―La hicieron invisible ―reconoció ella y no pudo verlos asentir―. ¿Dónde está el artefacto?
―Construimos una antena en medio de la azotea y lo colocamos en la punta. ―contestó el chimpancé.
Ella se alejó unos pasos para apreciarla bien. Alcanzó a ver el artilugio; por lo que observó, era idéntico a cuando lo extrajeron, además de unas ligeras modificaciones en cuestión de color. El par continuó con su atención centrada en lo alto del edificio, mientras ella se giró y levantó sus brazos para intentar determinar dónde terminaba el escudo. Al mismo tiempo de que avanzó, Tyler empezó a regresar su mirada hacia ella.
―¿Hasta dónde llega?
―¡Karai, no!
Pero fue tarde. Ella atravesó la barrera y esta se agitó por unos momentos; el color morado recorrió la parte inferior hasta la superior, antes de volver a desaparecer. Los dos científicos cerraron sus párpados con fuerza y desviaron la mirada, esperando a escuchar el chirrido característico de un cuerpo electrocutado; con la carga que ellos determinaron y la poca energía con la que contaba su cuerpo en esos momentos, ella no sobreviviría a la descarga eléctrica. ¿Cómo le dirían a su segundo al mando (también conocido como el mutante más sobreprotector alrededor de la serpiente), que su líder fue achicharrada porque ellos no le dijeron que…?
―Eh. ¿Están bien?
Sin embargo, no escucharon nada. Tyler fue el primero en abrir sus párpados y sus pupilas mostraron sorpresa con el jadeo que escapó su garganta. Jack lo imitó casi de inmediato, teniendo prácticamente la misma reacción. Ambos se quedaron petrificados con su atención congelada en el cuerpo de la fémina, quien los veía con una expresión extrañada y esperando a que le contestaran. Esto último era lo que menos les importaba: estaba consciente y, al parecer, sin ningún rasguño.
―¿Hola? ―al ver que no le respondían, ella volvió a atravesar la barrera y sucedió lo mismo: la capa de invisibilidad se agitó por unos segundos y ella no sufrió ningún ataque― ¿Qué les pasa?
―Karai ―Jack por fin salió de la sorpresa―. Tyler y yo modificamos el escudo para soltar una descarga eléctrica cada vez que un cuerpo atraviese la barrera; la única forma de que eso no pase es con una de las tarjetas que ustedes trajeron junto al artefacto, misma que tú no cargas en este momento y, aun así, no te pasó nada.
―Karai ―antes de que la chica pudiera entender lo que sucedía, el chimpancé también salió de su trance―, te lo imploro: déjame investigar directamente con tu sangre. Esto…, no es normal, no debería de suceder…, estoy…, noventa y nueve por ciento seguro de que sufriste una segunda mutación cuando caíste en el mutágeno. Por favor…, es la única manera de entender…, de que tú entiendas qué sucede con tu propia sangre.
A pesar del tono tranquilo que los dos usaron, la kunoichi estaba al borde de la locura. Cierto era que, al emerger de la piscina alienígena, estuvo casi segura de que el mutágeno le causó algo y, después, se sintió mareada, con creciente migraña, se desmayó, estuvo más de un día inconsciente y, en ese momento, el tema del escudo, tecnología Kraang modificada que tuvo que haberle hecho algo y no lo hizo. No había cómo alzarse de hombros e ignorarlo, así que congeló su mirada en los dos y asintió.
El par volvió a ingresar en el edificio y ella anduvo en silencio detrás de ellos. Jack se desvió e ingresó a la cocina para tomar una porción del desayuno que hubo preparado para los otros dos "atletas" de la mansión; si estaban por extraerle sangre a Karai y ella no había comido desde hacía casi dos días y no querían que volviera a desmayarse, lo necesitaba. Tyler se adelantó con la chica. Ambos descendieron al sótano y dirigieron al laboratorio. Ella tomó asiento frente a la máquina y esperó a que el mamífero estuviera listo. Al mismo tiempo de que él abrió una jeringa desechable, Jack llegó con un plato de plástico que cargaba una pierna y muslo de pavo y una botella llena de agua. Aunque se le hiciese agua a la boca, Karai se enfocó en lo que hacía el chimpancé.
―Come un poco ―Tyler habló sin despegar su mirada de la jeringa―. Estás débil y, aunque no te voy a sacar mucha sangre, es mejor no arriesgarse.
Karai obedeció, gustosa. Con mordiscos dignos de una serpiente, arrancó trozos de carne e hicieron su camino hasta el estómago. Su garganta también fue humectada con el líquido que la atravesó. Tras unos minutos donde solo se escucharon sus mordiscos, acabó con toda la pierna y le tendió el muslo, sobre el plato, devuelta al hombre. Pasó su antebrazo derecho por la boca y dejó que Tyler sujetara el otro. El chimpancé colocó una liga en su brazo, le dio una pelota para apretar y esperó a que la sangre llegara a la flexura de su codo. Al cabo de unos segundos, encontró la vena, limpió el área e ingresó la aguja.
El líquido subió por el plástico. Fueron un par de mililitros y qué bueno que ya tenía algo en el estómago, pues no sintió ningún cambio. Después de sacar la aguja y tenderle un algodón para detener el sangrado, depositó una parte de la sustancia en una caja Petri (obvio para futuros experimentos, ya que pasarían eternidades antes de que le volviera a dejar extraer un poco de su sangre para fines propios). Karai lo vio pero dejó pasar, y se concentró en cuanto él ingresó el resto del líquido por un tubo delgado que tenía conectada su máquina, desechó la jeringa y se sentó frente al monitor de su computadora. Al igual que él, los otros dos esperaron por el resultado y este apareció en uno o dos segundos.
A diferencia de la primera y segunda vez que se le hizo la prueba de ADN, la pantalla se mostró de color verde y no amarillo.
Tyler acercó su rostro a la pantalla en cuanto varias palabras, números y símbolos aparecieron. Escaneó la información, sin permitir que alguno del par pudiera ver lo mismo que él. Un par de momentos después se alejó de la máquina y se giró hasta quedar de frente a ambos o, mejor dicho, a ella.
―No me des más noticias malas, Doc. ―Karai gimoteó al ver la expresión del mamífero.
―Velo y tú misma lo determinas.
Ella obedeció y esperó a que él se apartara. Junto a Jack, observó porcentajes que estaban al centro de la pantalla y que solo le originaron más preguntas.
49% – Ophidia
49% – Homo sapiens
1% –
1% – kraang
―¿Qué demonios…? ―fue lo único que ella logró articular, al mismo tiempo de que retiró el algodón y se percató de que no había más sangre.
―Como ya te había dicho ―Tyler volvió a acercarse a la pantalla―, posees genes humanos y de tres serpientes diferentes. Del total que posees de ofidia, eres sesenta por ciento Cerastes cerastes, veinticinco por ciento Naja mossambica, y quince por ciento Hydrophis platurus.
―Sí, sí. Eso me queda muy claro ―se levantó y apuntó los unos por cientos―. ¿Qué significan estos dos?
―Este ―señaló el que parecía vacío―, explica tu capacidad de fusionar objetos inanimados con tu cuerpo durante la metamorfosis; es como un espacio libre que se completa cada vez que ocurre la fusión, como con tu armadura, espadas, bolsas.
Karai asintió, aún sin estar completamente convencida. ―Está bien. Y, ¿el otro?
Tyler frunció el ceño con fuerza. ―Son términos que no entiendo, pero se me hacen conocidos…
―¡Alfabeto griego! ―Jack intervino con un grito y atrajo el par de miradas hacia él. Señaló término por término―: Kappa, rho, alfa, alfa, ni, gamma. Y sus siglas forman…
―Kraang ―la fémina concluyó―. ¿Así funciona…? ¿Ellos hablan griego?
―No exactamente ―su sonrisa ocultó la extrañeza al ver que Karai estaba más preocupada en saber qué idioma aprendieron los extraterrestres a la posibilidad de que ella era parte alienígena―. Junto a los jeroglíficos egipcios, fue el primer abecedario que le dejaron a la humanidad en sus principios, un par de milenios después de nuestra creación. Veo por qué decidieron conservarlo para su conversación terrestre.
―¿Cómo sabes todo eso?
―¿¡Eso importa ahora!? ―intervino Tyler; no podía dar crédito a que prefirieran hablar de historia que lo que sucedía en ese momento― Justo ahora, hay cosas más importantes.
―Lo siento mucho, Doc ―el apodado jamás hubo visto una sonrisa tan contraria a los sentimientos que reflejó―, es mi forma de decir que estoy aterrada. ¿¡Por qué diablos tengo uno por ciento de Kraang en mi ADN!? ¿Qué mierda significa? ¿Soy parte alienígena?
―¡Las tarjetas! ―chasqueó sus dedos en cuanto la iluminación llegó a él. Quedó de frente a ella― Las que recogiste en el T. C. R. I, ¿dónde las guardaste?
―En mi cinturón…
―No. Cuando realizamos el chequeo, no las tenías.
―Pero… ―suspiró pero no se rendiría tan fácil―, pudieron haberse resbalado en cualquier momento.
―¿Caíste en el mutágeno con ellas?
Volvió a suspirar, más rendida que antes. ―Sí…
Tyler se recargó en el respaldo con fuerza y aplaudió una sola vez. ―Esa es la razón por la que no te pasó nada cuando atravesaste el escudo. ¡Eres inmune a la tecnología Kraang!
―¡¿Qué?!
―Vamos, Tyler ―Jack le sonrió de lado―. No puedes concluir eso sin realizar ningún experimento.
―¿Perdón?
―Tienes razón ―el chimpancé ignoró la exclamación de la fémina―. Ya tengo un par de ideas con las que quiero empezar…
―¡Guau, guau, guau! ¡Aguarda! ¡Alto ahí! ―las dos miradas cayeron sobre ella― ¡Ya tienes mi sangre! ¿Todavía me quieres conservar como tu conejillo de indias?
―Es para fines científicos, Karai, científicos. Además… ―se cruzó de brazos―, imagina que en verdad seas inmune; aunque los disparos te alcancen, no te harían daño. ¿No quieres confirmarlo?
La verdad era que no. Ya era demasiada información nueva y ni siquiera había pasado mucho desde el mediodía. Cuánto deseaba regresar el tiempo y haberse desmayado solo por falta de energía y sueño; modificaría su horario y trataría de descansar sus cuatro horas diarias y comer, por lo menos, dos veces al día. En cambio, ahora escuchaba cómo, al parecer, su ADN sufrió una segunda mutación que…, una pregunta llegó a su cabeza como un golpe.
―¿Los porcentajes se quedarán así o seguirán alterándose?
Tyler suspiró y desvió la mirada. ―No tengo idea. Como es la primera vez que tengo un análisis completo de tu sangre, no tengo datos que comparar antes y ahora. Solo queda que te hagamos chequeos todos los días, durante…, una semana, por lo menos.
―Entiendo ―relajó sus hombros y se hundió en el respaldo de la silla―. No quiero que ni una sola palabra salga de aquí, ¿está bien? No necesito a nadie más, en especial a Slash, que tenga que preocuparse por esto ―después de que el par asintiera, ella frunció el ceño―. ¿Dónde está, por cierto?
―Se fue con Sydney a su entrenamiento.
En eso y antes de que Karai pudiera recalcar que la niña le confió su verdadero nombre no solo a ella, sino, tal vez, a todos los demás, escucharon pasos feroces que descendían por las escaleras. De manera simultánea, los cuerpos de Sydney y Slash aparecieron en la entrada. El reptil iluminó su rostro con una gran sonrisa y una expresión más tranquila, mientras que la humana ahogó un grito y emprendió carrera hacia el interior del laboratorio. Sin que pudieran reaccionar, saltó hacia su maestra con tanta fuerza que la derribó del asiento; la mayor estuvo a escasas pulgadas de golpearse la cabeza, pero fue cuestión de suerte que no sucediera.
―¡Sydney…! ―la tortuga intentó hallar su voz.
―¡Cuidado, niña! ―Tyler sí pudo reprenderla, pero no por las razones que todos creyeron―: ¿Qué tal si rompes algo?
―¿Cómo estás? ―ignoró a ambos mutantes y, mientras descansó sobre los muslos de la mayor, la vio desde arriba― ¿Ya, mejor?
―Lo estaba hasta que… ¡uugh! ―la pierna de pavo comenzó con su camino de regreso― ¡Quítate, quítate! Voy a vomitar.
La pequeña obedeció de inmediato y dejó que tranquilizara su estómago. Justo después de que se reincorporara, volvió a correr hacia ella y se entrelazó de su cadera. ―Qué bueno que ya estás bien. Me asustaste…
―A todos ―Slash se acercó y, al igual que los científicos, no le tomó importancia al abrazo en el que Sydney estaba. Mientras Karai revolvió la húmeda y enmarañada cabellera de su pupila, él le colocó una mano en el hombro―. Solo fue un sustito y ya, ¿verdad?
―Sí, digamos que… ―a pesar de todo el tiempo que hubo sido testigo de ella, Slash aún no logró ver a través de la sonrisa falsa de su líder―, soy un súper-mutante.
Entre las risillas de Sydney y las palmeadas de la tortuga, Karai intercambió una mirada con el par de listillos; la pantalla detrás de ellos estaba totalmente en negro (Tyler cerró los datos en el momento en que los dos entraron en el laboratorio). Ambos asintieron sin estar muy seguros; sin embargo, si ella hubiera sufrido una segunda mutación, ya habría tenido cambios, ¿cierto?
Ella solo esperó no estar equivocada e imploraba que, por arte de magia o gracias al extraño ADN que corría por sus venas, de alguna manera fuera inmune al mutágeno.
Pero el atardecer llegó, cayó la noche y se dio cuenta que ni la magia ni la ciencia estuvieron de su lado.
A la mañana siguiente, Karai se despertó al mismo tiempo de que Slash se llevó a Sydney para continuar con su entrenamiento. Como ella aún tuvo que reposar un par de días más antes de regresar a la acción, solo pudo observar las prácticas, gritar y dar órdenes; puede que el poder de sus palabras no tuviera límites, pero no le parecía igual de efectivo que una serie de golpes y patadas. Oh. Apenas dos días de descanso y ya lo extrañaba. Sin embargo, no se levantó con la intención de ser espectadora de su única pupila, sino para ir a un chequeo al que tenía menos ganas de ir que el día anterior.
Lo único que le pareció bueno de esa situación era que, el día anterior y tal como le obligaron, comió tres veces por primera vez después de… ¿años, décadas…, siempre? De igual manera, cerró sus párpados durante más de dos horas (no seguidas, porque, como de costumbre, se levantó a cierta hora de la madrugada para beber una deliciosa y caliente taza de té negro), sin sufrir un poco de insomnio. Si convertía eso en una rutina (lo cual era muy poco probable), tal vez volvería a recuperar una masa corporal saludable, y sus pómulos, así como demás huesos por todo su cuerpo, dejarían de sobresalir por su piel.
No obstante, a su cuerpo le fascinaba bajar de peso cuando estaba estresada y, después de los eventos sucedidos la noche anterior, no podía estarlo más.
Claro que, después de todas las noches de investigación y el asalto Kraang que tuvieron días atrás, ahora poseían unas cuantas armas de fuego alienígenas. Por ello, durante la tarde y como los científicos prometieron, salieron con ella a una zona apartada mientras todos los demás estaban ocupados, permitiéndoles escabullirse con un par de armas empuñadas.
Karai debía estar loca si estaba por permitir que esos dos varones le dispararan para comprobar una hipótesis descabellada. Estuvo a punto de negarse, más cuando les pidió apretar los gatillos para comprobar su puntería y no se acercaron tan siquiera al objetivo; era un hecho que, aunque les pidiera que dirigieran los disparos a la orilla de sus extremidades, ellos terminarían haciéndole agujeros en sus brazos si su experimento salía bien, y uno directo al corazón si salía mal. Sin embargo, ella también estaba interesada, así que se posicionó a unos metros de ambos, con sus extremidades extendidas, y asintió.
Jack realizó el primer disparo; fue dirigido a su armadura y rebotó, como antes lo hacía. Tyler accionó el segundo y rozó su antebrazo; rasgó la tela de su traje, originó un rasguño y este comenzó a sangrar con ferocidad. Con la conclusión ya obtenida, los científicos dieron por terminada la prueba y se centraron en atender la herida. Pero Karai se negó. Le llegó una idea a la cabeza, alternó sus cuerpos y ordenó que hicieran exactamente lo mismo. Cuando el disparo conectó con su brazo, tuvo que haberlo atravesado, ya fuese por la fuerza o por la energía. Abrió sus párpados, estudió su extremidad y no tenía nada.
El resultado al que llegaron en ese momento fue que, de alguna forma, su forma mutante era inmune a las armas Kraang, pero su forma humana no.
El resto del día lo vivió con normalidad: degustando la carne, corrigiendo la postura de Sydney y compartiendo comentarios sarcásticos con Víctor. Hasta que llegó la noche.
Después de terminar con los ejercicios nocturnos de Sydney, le dijo que se adelantara, mientras ella permaneció un tiempo a solas para estirar su cuerpo, puesto que juró no hacer ningún movimiento brusco hasta que estuviese totalmente curada. Realizó un par de flexiones y posiciones de yoga, desesperada por no poder atacar la corteza de los árboles. Entonces recordó las palabras de Tyler, que alguna vez le dijo referente a que poseía una capacidad de mudar su piel adrede. Nunca lo había intentado (ya que la ecdisis no era su proceso "natural" favorito), pero tal vez le ayudaría a una recuperación más rápida.
Cuando iniciaba con su transformación y pasaba la línea de "forma híbrida", ya no había vuelta atrás y tenía que alternar a su otra forma. Por lo mismo, no pudo detener el dolor que recorrió su cuerpo entero y que le obligó a gritar con todo el poder de sus pulmones, grito que se transformó en siseo que emergió de su hocico. Cayó sobre su abdomen con sonoros jadeos también convertidos en ruidos de reptil. Esperó a que la punzada la abandonara antes de erguirse.
Ya hubo olvidado esa sensación: su piel siendo degollada, su garganta y ojos quemados hasta quedar destruidos, sus extremidades arrancadas. Así se sintió cuando cayó por primera vez en una piscina de mutágeno y cuando apenas se acostumbraba a alternar de cuerpos.
Aunque el miedo ya se estuviera apoderando de ella, se obligó a regresar a su forma humana. La sensación fue la misma. Terminó sobre sus rodillas y volvió con los jadeos. Permitió abrazarse sus propias piernas mientras el dolor desapareció. Tras esperar, se colocó boca arriba en el pasto y ahogó un grito en su garganta; no quería que alguien fuera alertado. Se llevó los dedos hasta su cabellera y jaló algunos pelillos.
Gracias a todos los datos perturbadores que recibió a lo largo del día, solo pudo esperar lo peor. No tenía sentido, después de todo, tenía meses acostumbrada al dolor que, en esos momentos, cuando alternaba formas, solo debía ser un leve pellizco en todo su cuerpo. ¿A qué podía deberse el regreso del dolor original? ¿Su capacidad de permutar cuerpos había disminuido?
Se dio cuenta, casi de inmediato, que estaba exagerando. No tenía pruebas ni razones para creer eso. Lo único en lo que podía basarse era en los resultados que arrojaría el chequeo en la mañana siguiente. Así que se levantó, dejó su silueta en el pasto y emprendió el camino de regreso a la mansión, sin la intención de contarles algo tan insignificante al par de científicos.
Ahora solo quedaba el momento de la verdad.
Por fin encontró las fuerzas para pararse sobre sus pies. Al mismo tiempo de que estiró sus brazos y giró su cuello hasta hacerlo chasquear, salió de la habitación, atravesó el pasillo y descendió a la planta baja. El aroma de comida le llegó desde la cocina. Si no tuviera aún el estómago lleno de su última comida, hubiese tomado un plato; no obstante, lo dejó para después y bajó al sótano. Cuando se detuvo en la entrada, se vio atrapada en las miradas de quienes ya la esperaban.
―¿Comiste algo? ―preguntó Jack mientras preparó el alcohol y algodones.
―No ―se sentó en la silla de plástico y observó a Tyler abrir otra jeringa desechable―. Aún tengo la cena de ayer.
El hombre suspiró, antes de cruzarse de brazos. ―Está bien, pero no lo dejes para después del mediodía.
Karai asintió. Llevó su atención hacia el chimpancé, quien apretó su bíceps con una liga. Se mantuvo en total silencio mientras realizó el mismo procedimiento del día anterior: le entregó la pelota para ejercer presión, desinfectó la flexura del codo, ingresó la aguja y el líquido comenzó a ascender. Sacó los dos mililitros, retiró la jeringa y Jack le entregó otro algodón para presionar la herida.
―¿Has notado algún cambio? ―preguntó Tyler mientras ingresó su sangre en la máquina.
La escena de la noche anterior le llegó a su mente. Solo para probárselo más a sí misma que para responder, alternó la forma de su extremidad derecha. Sintió como si una fuerza externa le jalara el brazo para arrancárselo, pero dejándole solo el dolor. Le fue imposible ocultar la mueca que los dos varones lograron observar. Ella congeló su mirada en la de ellos; no sabía si ya estaban los resultados, pero pareció que a ninguno de los dos le importó.
―¿Te duele alternar de formas? ―inquirió el chimpancé.
―¡No! ―respondió más rápido de lo que quiso― Es solo que mi cuerpo todavía está cansado y…
―No quieras engañarte a ti misma ―Tyler elevó el tono gracias a la preocupación―. A ti no te duele cambiar de cuerpos. Lo que quiero saber es, ¿desde cuándo comenzaste a sufrir y por qué no habías dicho nada?
Ella chasqueó la lengua. ―Fue anoche…, me dolió igual que las primeras veces…, pero…, no es nada importante.
Tyler compartió la expresión perpleja del hombre. Ocultó un rodar de ojos al voltearse hacia la pantalla de su ordenador, donde los resultados ya se mostraban. Sus pupilas se contrajeron a medida que leyeron los porcentajes. Emitió un gruñido de desesperación al mismo tiempo de que descansó su codo en el escritorio y ocultó su rostro en la palma izquierda. Los otros dos se acercaron para observar. Si el hombre se encontró preocupado al igual que su colega, ella estaba en la orilla del acantilado cuyo aire la empujaba a caerse.
50% – Ophidia
48.05% – Homo sapiens
0.95% –
1% – kraang
Tal como todos temieron: sus porcentajes sí se modificaron.
―Esto no tiene sentido ―ella murmuró entre dientes. Se giró hacia el primate con una expresión dura―. ¿Por qué soy más serpiente y menos humana, no tengo ni un espacio entero donde se supone es "libre" y la parte Kraang no se alteró?
Tyler intentó encontrar una respuesta, pero ni siquiera él lo entendió, así que se alzó de hombros. ―No lo sé.
La fémina se acercó con ferocidad. ―¿¡Cómo mierda no lo sabes!?
―Karai ―Jack la sostuvo de un brazo y se ganó un siseo proveniente de su rostro híbrido, pero no la soltó―, estamos igual de preocupados que tú.
―¡No parece!
―Pero gritando no encontraremos ninguna respuesta.
Ella pareció meditarlo un momento, hasta que regresó su cuerpo a la normalidad y relajó su cuerpo, lo que fue la señal para que él la soltara
―No podemos concluir nada porque no tenemos antecedentes…, solo queda esperar.
―Hasta, ¿cuándo? ―por lo menos medió su tono― ¿Hasta que mi lado animal siga aumentando y el humano desaparezca o hasta que mi capacidad de alternar cuerpos llegue a cero?
―Eso no pasará ―la voz de Tyler atrajo la atención de ambos―, porque no dejaré que algo así ocurra. Lo más probable es que tus porcentajes se alteraron porque volvieron a tener contacto con el mutágeno. Estoy seguro que regresarán a la normalidad en un par de días.
―Y, ¿si no?
Él apretó su mandíbula. ―Entonces te prometo que encontraré una solución ―empezó a golpetear la base del mueble con sus dedos―. Ya vimos que hay una alteración en tu ADN al contacto con el mutágeno, así que la solución sería lo contrario: una especie de anti-mutágeno que podría crear si trabajo directamente con las partículas del mutágeno.
―¿Puedes tú hacer eso?
Sonrió con naturalidad. ―Me ofendes, Karai. ¡Claro que sí! Iniciaré con los experimentos de inmediato.
La líder asintió justo cuando Jack descansó una mano en su hombro. Ella se volteó hacia él y ambos permanecieron con la vista en los ojos del otro. ―No te preocupes, no dejaremos que te pase nada.
Karai de verdad quiso creerle, confiar en sus palabras y la sonrisa auténtica que tuvo en sus labios, pero le resultó casi imposible.
Hola. De nuevo, yo. Los saludo desde la nota de autor del segundo capítulo del artículo "Segunda Mutación". ¿Cuántos quedan de dicho artículo? Eso es algo que descubriremos en la siguiente pieza. Debo aclarar que hubo una complicación en el formato: en el porcentaje 1% (Kraang), se supone que debía escribirse en alfabeto griego, pero el formato no me lo permitió. Una disculpa. Espero que todos ustedes se encuentren bien. Nos leemos después. Bye-bye.
