"La sinceridad y la verdad son las bases de toda virtud." ~Confusio
En más de una ocasión, Karai pensó en acortar el tiempo de regreso con ayuda de su "velocidad adquirida"; sin embargo, durante los días que ella y Sydney habían estado bajo el techo de la Abuela, ambas habían mantenido sus cuerpos reptiles en secreto. Aunque ella estaba casi segura de que la anciana ya era consciente de la realidad; no poseía los poderes divinos para nada, al fin y al cabo.
Ella ya hubo plantado los cimientos para que los elegidos confiaran en ella, era cierto, pero no podía depender de la confianza para estar segura de que ellos entenderían lo que le sucedió al otro lado del mundo. Ella tardó semanas, tal vez meses, en comprender todo en su totalidad e, incluso, seguía aprendiendo. ¿Qué le aseguraba que los hijos de Kitsune lo entendieran de inmediato?
Karai apartó unas hojas de su camino al mismo tiempo que ajustó la correa de su mochila.
Los yōkai siempre habían sido parte de la historia de su tierra natal. Existían un sinfín de testimonios que aseguraban haberse encontrado de frente con un Hitotsume kozō o ser acosados por un Akaname. Ante los ojos del mundo, estas no eran nada más que historias, posiblemente inventadas para asustar a los niños o a los más crédulos.
Los elegidos, no obstante, habiendo recibido los regalos de su madre, sabían mejor que nadie de su existencia. Ellos sabían de cuáles yōkai debían cuidarse y cuáles eran considerados dioses.
Dentro de la bulliciosa urbe, era común escuchar teorías y leyendas sobre un ente que pocos excursionistas llegaron a encontrar en su camino a los bosques. Lo describían como un zorro de ojos llamativos y cuatro colas. Mientras que los extraños le temían por su poderoso gruñido, su familia se dirigía a él con el nombre de Abuela.
Los hijos de Dragón (así como Dragón mismo), eran considerados yōkai. No obstante, los hijos de Kitsune tenían el conocimiento de diferenciar entre aquellos cuya presencia es una bendición y aquellos quienes traían la tragedia consigo.
Nure onna era uno de los yōkai malditos. Aunque no era usual que la "mujer mojada" se hallara a tales lejanías de su natal Kyūshū, siempre existía la posibilidad.
Por los pocos relatos que Karai llegó a escuchar de Shinigami, era uno de los yōkai más temidos, puesto que, a diferencia del resto, este utilizaba el engaño para cazar a sus presas, normalmente disfrazándose como una mujer en pena que cargaba a un niño en brazos.
Su apariencia mutante no solo sería lo suficientemente monstruosa, sino que, traer consigo a una niña (con un cuerpo reptil idéntico al de ella), solo la haría ver más intimidante. Era probable que, si se mostraba primero ante los elegidos en su forma animal, la cazarían cual serpiente.
Por ello, Karai consideró que sería mejor hablar primero con Abuela y, después de aclarar su historia, mostrarse frente al resto de la aldea.
Una mujer de mediana edad, a quien le tocó resguardar el borde este del Panteón, la recibió. Ella compartió una sonrisa con la guardia antes de adentrarse en el sendero que llevaba hacia el puente.
Hubo pasado casi una semana desde que llegó junto a Sydney. Después de su "presentación" frente a todos los hijos de Kitsune, comenzó con el lento pero fructífero cambio para ganarse la confianza de los elegidos: se unió a la jornada matutina en los cultivos de trigo y arroz, seguido por un par de horas de entrenamiento ninja y finalizar con una hora en las profundidades menos bajas de la mina.
Le sorprendió que, con tan poco tiempo de conocerla, los habitantes comenzaran a abrirse hacia ella y dejaran de mostrarse cautelosos o agresivos ante sus acciones.
Karai, legítimamente, podría compartir el apellido de Oroku Saki, pero solo era ese hombre al que se consideraría traidor. A partir de ese día, la sede principal del Clan del Pie contaba con nuevo líder, y ella tenía ahora toda la libertad de hacer tanto trabajo le pareciese correcto y hacer que su gente la apoyara. Sin embargo, tenía que estar consciente de que eso podría cambiar en cualquier instante.
La razón por la que ella no era nombrada oficialmente Maestra se debía a tres factores: el Kuro Kabuto (símbolo eterno del Clan del Pie), aún no descansaba en sus manos, la ceremonia sagrada todavía no se llevaba a cabo y Oroku Saki seguía con vida.
Para que un clan japonés tuviera nuevo Maestro, el predecesor debió ser vencido en un tradicional taijutsu o tenía que estar muerto, y era más que claro el destino que esperaba a Destructor.
En el caso del Clan del Pie, después de que Destructor abandonase ese mundo, Karai tenía el derecho y obligación de conservar el Kuro Kabuto para reclamar su linaje dentro del clan. En cuanto el casco descansara en su poder, Abuela y el resto del Panteón llevarían a cabo una antigua ceremonia que culminaría con la palabra de Dragón y daría inicio al nuevo régimen del Maestro.
Dado a que el "ciclo de hebi" (como extrañamente lo nombró Abuela), continuaba, no sería extraño que algún viejo seguidor de Oroku Saki organizara un motín para irse contra ella. Karai tenía muy al tanto esa posibilidad; estaba preparada tanto física como mentalmente, y dispuesta para acabar con cualquier problema que pudiera surgir.
Fue por ello por lo que decidió tomar precauciones respecto a su antiguo maestro espadachín y, al recordar lo bien que conocía al hombre ciego, reconoció que él nunca podría abandonar la lealtad hacia Destructor. ¿Por qué lo haría, después de todo? Tatsu jamás sufrió bajo el mando de ese lunático como el resto de su gente.
Solo esperaba haber tomado la decisión correcta. Tal vez traicionaría a un hombre que la vio crecer y consideró un maestro, pero estaba segura de que él no titubearía en matarla si debía hacerlo.
Tras cruzar el puente y avanzar por el camino rocoso hacia la aldea, Karai fue recibida por un par de niños que corrían en diversión y pasaron cerca de ella. Ella dejó a los menores atrás y continuó con su camino. Regresó un par de saludos que los más viejos le dedicaron y las sonrisas que los adultos dibujaron al cruzar caminos.
Por primera vez en años, Karai sintió una atmósfera totalmente diferente en el Panteón. Después de casi dos décadas, podía respirar con orgullo el aura de esa aldea. Tal vez, se dijo, los pecados de Destructor no podrían olvidarse nunca, pero ella estaba dispuesta a recuperar el honor que un demonio les arrebató y escribir una nueva historia del Clan del Pie bajo su nombre.
Ella por fin llegó a la minka de Abuela. Dejó su calzado en el genkan y se adentró en la vivienda. Encontró a la anciana en medio de la habitación principal, descansando sobre sus viejas rodillas y, por lo que olió, disfrutando de una taza de té negro.
―Bienvenida ―exclamó Abuela con una sonrisa en sus labios, antes de sorber un poco de su bebida―. Te ofrecería un poco de té, pero ya vas bastante tarde a tus labores, ¿no crees?
―Sí. Tardé un poco más de lo esperado ―se maldijo porque el tiempo no le ayudó para revelar, por fin, su cuerpo ante los ojos de la mujer; ahora tendría que esperar hasta la noche―, pero valió la pena.
―¿Oh? ―la anciana ladeó la cabeza en señal de curiosidad, como un niña pequeña― ¿Todo salió bien con el Clan del Pie?
―Más que bien ―después de encontrar su kasa, regresó con Abuela y se arrodilló enfrente de ella―. Me aceptaron como nueva líder legítima y accedieron a mis cambios: a partir de hoy, se acabó el saqueo del metal y abandonamos la custodia del pasaje noreste, para que, de esa forma, el Panteón vuelva a entrar al mercado con la ciudad.
Los párpados de Abuela se abrieron a tal grado que las arrugas de su frente y ojos se juntaron con extrema fuerza. La anciana mantuvo el borde de su taza en contacto con sus labios y descansó el pocillo a un costado.
Karai notó la sorpresa en el rostro de la mayor. ―¿Pasa algo?
―¡No! No, no, no. Para nada, querida, al contrario…, es solo que ―tan rápido como se fue, una sonrisa regresó a su rostro al mismo tiempo que sostuvo su taza una vez más―, me mentiría a mí misma si te dijera que confiaba en tu visión hacia tu Clan por completo; no creí que llevarías a cabo tus acciones tan rápido. Veo que me he equivocado.
Karai aceptó el tacto de Abuela y devolvió su sonrisa.
―Has empezado tu ciclo con la palabra de Dragón, espero que tu régimen inicie igual.
Ella realizó una pequeña reverencia. ―Te aseguro que así será, Abuela.
Una segunda vez, la expresión de Abuela cambió en un abrir y cerrar de ojos. ―Nada de esto quita el hecho de que vas tarde a la parcela, así que…, fuera, fuera. ¡Shu, shu! Vete. Shinigami y Sydney ya deben estar allá.
Karai sonrió de lado y obedeció. Ella regresó al genkan y volvió a vestir su calzado, sin nunca soltar la mochila vieja que su espalda parecía siempre cargar. Antes de salir de la casa, la voz de la anciana la detuvo.
―¡Por cierto! Ya no tendrás que trabajar en la mina durante la noche. Después de todo, ya no tenemos que regalarle metal al Clan del Pie, ¿cierto?
Ella respondió con una sonrisa y salió. Fuera de la casa, un azadón descansaba junto a una pala y un machete. Sostuvo el primero y se encaminó hacia la zona alta de la aldea, donde todas las parcelas de trigo, cebada y arroz estaban.
En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, ella se percató de la presencia de dos ciertas personas en uno de los cultivos de trigo. Se adentró en los surcos, herramienta en mano. Saludó con brevedad a los demás hijos de Kitsune y comenzó a trabajar en el surco que estaba al lado del que trabajaban el par de féminas.
Shinigami descansó su propio azadón y recargó su barbilla en el mango de la herramienta. ―Hasta que decides reaparecer. ¿Qué tanto hiciste para esfumarte durante horas?
Detrás de ella, Sydney volteó. Karai levantó una ceja por el ceño fruncido de la menor, pero lo ignoró.
―Fui a hablar con el Clan del Pie; aceptaron mi liderazgo.
―¡Genial! ―Shinigami regresó con la labor de retirar toda la maleza― Ahora solo falta la ceremonia y todo será oficial, ¿no?
Karai reprimió una risilla. ―Es muy pronto para eso, Shini. Saki sigue con vida.
―Pero no por mucho, ¿verdad?
Su amiga devolvió la sonrisa, sin la aparente intención de decir algo más. De la misma manera, Karai empezó a trabajar con la tierra.
―Quiero ir contigo a América.
―¿Qué? ―un bufido escapó de su garganta― No. Debes quedarte en el Panteón y ayudar a Abuela en todo…
―Ir al otro lado del mundo es la única forma en que puedo ayudar ―Shinigami caminó hacia ella―. Si de verdad quiero hacer algo por mi hogar, entonces tengo que acompañarte y recuperar el honor que perdimos a manos de esa bestia, y si debo volar hacia el otro lado del mundo y ayudarte a acabar con Destructor es la única forma, que así sea.
Karai permaneció con su mirada clavada en los orbes de Shinigami por varios segundos, hasta que chasqueó la lengua. ―No completarías los "regalos de Kitsune". Lo sabes, ¿verdad?
―Todo lo que he aprendido estos años es suficiente. Tal vez me faltará dominar muchas cosas, como el kuji-in, pero si puedo ayudarte más con mis habilidades ninjas, entonces lo haré.
Por un instante, Karai olvidó respirar. Se hubo olvidado por completo de esa familia que, de seguro, la creía muerta. Al tener ese pensamiento en mente, reprimió un molesto chasquido, abandonó tales cosas y se centró en la propuesta de la hija de Kitsune, quien quería abandonar un regalo divino por ayudarla a asesinar a un monstruo traidor.
Shinigami aún no lo sabía. Lo único que tenía entendido era su pobre rol como líder del Clan del Pie y el abandono hacia su gente; sin embargo, desconocía las demás razones (las verdaderas, de hecho), por la que ella iba detrás del hombre a quien consideró su padre por dieciséis años.
―Habla con Abuela ―respondió tras unos segundos de silencio e hizo que una sonrisa apareciera en los labios de la menor―. Mañana en la mañana, me acompañarás a la práctica con Sydney, veré qué tanto has mejorado estos años y, tal vez, estés lista para uno de los dos lugares disponibles, aunque solo podrías ir por uno, ya que tenemos casi la misma edad y, para el otro, necesitarías…
Shinigami sonrió de manera burlona. ―Creí que ya había futura heredera.
La mirada de Karai siguió la de Shinigami, hasta que sus orbes ámbares terminaron en la espalda de la persona cuyos ojos tenían el mismo color.
―Sydney.
La nombrada se giró con fuerza. ―¡Oh! ¡Hola, también! No noté que ya habías llegado. ¿Cómo estoy? Muy bien. Gracias por preguntar. ¿Qué hay de ti?
Mientras Karai encarnó una ceja, todos los que estaban alrededor llevaron su atención hacia el par de féminas. Todos ellos dejaron de trabajar la tierra por unos momentos.
―¿Ya acabaste? ―inquirió Karai y no reaccionó cuando la niña rodó los ojos― ¿Sabes por qué te traje a Japón?
―¡Por supuesto! Después del funeral de Papá, regresamos…
―Hablo en serio ―esperó a que la menor negara―. ¿Slash no te dijo nada? Qué raro. ¿Por qué te imaginas, entonces?
Sydney se alzó de hombros. ―No lo sé. ¿Para hacerme trabajar en arroz y trigo?
―No. Y… ―Karai miró hacia el surco destruido bajo los pequeños pies de su pupila―, de verdad que haces un pésimo trabajo en el campo. Quieres seguir entrenando ninjutsu, ¿verdad?
Sydney descansó su azadón y se cruzó de brazos. ―Sí.
―¿Recuerdas que te conté que todos los ninjas, a menos que decidan trabajar en solitario, pertenecen a un clan? ―dibujó una línea horizontal en sus labios cuando la niña asintió― Te traje conmigo para otorgarte un futuro lugar en el Clan del Pie.
La expresión de Sydney se suavizó. Ella parpadeó de manera escéptica un par de veces, hasta que una sonrisa comenzó a formarse en sus labios en cámara lenta. Rio un poco y eso fue todo lo necesario para que Karai descubriera su mentira.
―Slash te lo contó.
―Sí, pero no le creí. Porque, ¿cuál sería mi papel? ¿Escudo humano, carnada…? ¡No, ya sé! Trabajaré como botarga.
―Ni siquiera preguntaré de dónde sacaste esas ideas, aunque entiendo algo de lo que creo que quieres decir. Es obvio que no tendrás un puesto alto, como líder de escuadrón o segundo al mando, porque necesitas ganártelo y, a diferencia de los demás que han entrenado por años, tú apenas llevas unos meses, sin contar el hecho de que sigues siendo una niña…
―¡Eso no se…!
―Sin embargo ―habló con poder―, hay un título que no depende de tus habilidades y nadie podrá quitártelo: heredera del clan.
Los ojos de Sydney no pudieron expresar más sorpresa. ―Slash no mintió…
Karai hizo un recuerdo mental y se aseguró de, a partir del día en que regresara a los bosques de Nueva York, obligar a la tortuga a que mantuviera la boca cerrada.
―Es tradición histórica ―aun así, prosiguió―, que el papel de Maestro pase al primogénito, a menos que el Maestro actual sea derrotado, asesinado o lo que sea. Como recordarás, posees la mitad de mi sangre, lo que, para mi desgracia, te convierte en mi descendiente legítimo.
La sonrisa burlona regresó al rostro de la menor. ―¿No quieres decir "hija"?
Karai no devolvió las risillas de la menor.
―Oye. Pero Sydney Oroku no suena bien… ¿crees que me pueda cambiar el nombre? Lin Oroku sí suena genial, como villana de película.
―Supongo que sí te gustó la idea de convertirte en heredera.
―¡Claro que sí! Es el mejor día de mi vida desde que metí una rana en el auto de mi vieja directora… ¿o sea que ahora sí dejarás que te diga "Mamá"?
Shinigami rio tan fuerte que sus carcajadas alcanzaron la entrada de la mina.
Karai fulminó a la bruja con su mirada, antes de regresarla con la niña y dibujar una expresión en blanco. ―Tan solo inténtalo, mocosa.
Sydney obedeció la orden silenciosa y recogió su herramienta, sin la mínima intención de borrar su sonrisa. Al cabo de unos segundos de obediencia, volvió a reír.
―Una última cosa: si ahora eres mi madre… ―reprimió una sonrisilla, pero no le resultó gracioso a la mayor― ¡no, en serio! Escucha: si ahora eres mi madre, ¿cuándo conoceré a mis tíos y abuelo?
La risa de Shinigami desapareció velozmente. ―¿Qué?
Por un milagro o, tal vez, por arte de magia, otra voz resonó e interrumpió el mal camino que tomó esa plática―: ¡Shinigami, Sydney!
El trío de féminas llevó su atención hacia la dirección en que provino el grito, encontrándose con Abuela, quien agitó su bastón en el aire. Las nombradas recogieron sus herramientas y comenzaron a caminar hacia la anciana.
―¡No te preocupes, Karai, querida! ―esta última gritó en un tono burlón― ¡Estoy segura de que aún quedará misoshiru para la noche!
Karai se encontró demasiado asustada para responder la broma de Abuela. Sus ojos siguieron el cuerpo de Sydney, pero mantuvo su atención en Shinigami, intentando deducir si la extraña plática no fue tomada con gran importancia, aunque lo dudó.
La mocosa cometió un error muy grave; su jueguito acababa de costarle a Karai el plan para que una segunda posibilidad de morir ocurriera. Lo más seguro es que en ese momento, mientras Shinigami y Sydney caminaban al lado de la Abuela, la aprendiz de brujería estuviera haciéndose un millón de preguntas que ella debería responder.
Desde su llegada, el único conocimiento que la bruja poseía era la traición de Oroku Saki hacia el Pie, no hacia ella. Todavía pensaba que ese hombre era su padre y, por supuesto, no tenía la más remota idea de su nuevo cuerpo. Sin embargo, si deseaba que la menor se uniera al Pie como segundo al mando, debía confiar en ella.
Al mismo tiempo de que acabó con la vida de otra mala hierba, llegó a una conclusión: antes de mostrarse ante Abuela, Shinigami conocería toda la verdad.
Era noche de Luna nueva. En ese tipo de noches, el pueblo tenía la costumbre de reunirse en el centro de la aldea, con una sola fogata y todos sentados alrededor, degustando de los platillos que cada minka trajese para compartir.
Después de guardar sus herramientas y limpiarse lo más que pudiera, Karai llegó con el resto del pueblo y fue recibida por un tazón lleno de misoshiru que Abuela le reservó. Se sentó en medio de la anciana y de Shinigami, quien compartía una plática con otro hijo de Kitsune y no mostraba señales de curiosidad por lo ocurrido en el campo.
Karai buscó a su pupila. La encontró en medio de juegos con los demás menores del Panteón. Su molestia le impidió reconocer que era la primera vez que la veía junto a personas de su misma edad.
Shinigami se adelantó, agradeció por la comida, se despidió del resto del Panteón y decidió tomar un descanso en las comodidades de su habitación. Se adentró en la minka sin percatarse de los ojos ámbares que nunca se despegaron de ella.
Ella supo que era el momento perfecto, por lo que también agradeció y despidió. Llamó a la niña y rodó los ojos al verla acercarse con un rostro de pocos amigos.
―Karai ha karai kurai ga kirai desuka? ―preguntó con una sonrisa de lado.
―Yo no seguiría bromeando si fuera tú, mocosa ―ella se aseguró de hablar en un volumen para que solo su pupila la escuchara―. ¿Creíste que ya había olvidado tu bromita en la parcela? ¿Mh? ¿No fui bastante clara al pedirte que mantuvieras tu boca rezongona cerrada?
―No sé qué te preocupa. Ya no me preguntó nada…, de seguro ya lo olvidó o ni le importó.
―Tal vez, pero no me pienso arriesgar ―se recargó en sus rodillas y acercó su rostro hacia el de la menor―. Tú y yo iremos con Shini y le mostraremos nuestra verdadera forma.
El color se esfumó de la cara de Sydney, así como su sonrisa. ―¿Q-qué?
―Solo espero que no grite o alerte a todo el pueblo para que nos decapiten ―volvió a erguirse y, en su mente, disfrutó la expresión aterrada de la niña―. Cruza los dedos porque tu "inocente bromita" no acabe en un cuchillo atravesando nuestras gargantas.
Sydney tragó saliva en señal de pánico total y Karai apreció cada instante. Antes de que la niña comenzara a hiperventilar, ella le indicó que la siguiera y ambas se adentraron en la vivienda.
Las dos retiraron sus respectivos calzados y comenzaron con su andar hacia una de las habitaciones más apartadas. Les resultó innecesario encender alguna lámpara de alcohol y, a oscuras ante los ojos normales, se detuvieron frente al cuarto.
Un juego de diferentes tonos de luces le dio entrada a un grito victorioso del personaje, seguido por el de quien manejó el videojuego.
―Espero que lo tengas guardado en un buen lugar ―Karai exclamó en un tono burlón y se recargó en el muro―, porque Abuela no estaría feliz de verte con ese "aparato del demonio".
Shinigami bufó ante la mala imitación de la voz de la anciana. ―Lo oculto en un mejor lugar que un extraño celular.
Por instinto, Karai tensó el hombro que cargaba con dicha bolsa.
―No lo has usado desde que llegaste. ¿Esperas la única llamada de alguien en especial?
Lo primero que ella pensó fue en detener las cejas danzantes de la bruja, pero reprimió esa idea y decidió borrar su gesto burlón de otra forma―: Sí…, de una tortuga gigante con picos en la espalda.
La risa de la bruja disminuyó de nivel hasta cesar. ―¿Qué?
Karai suspiró con pesadez y se alejó del muro, acercándose junto a Sydney. ―Pasaron muchas cosas estos últimos dos años…, y debes conocerlas si es que ahora pertenecerás al Clan del Pie.
Shinigami tardó unos segundos en asentir, todavía dudosa. Sin más tiempo que perder, Karai inició con una de las historias más terroríficas que alguien pudiera inventar o, en su caso, vivir.
El resumen fue tan descriptivo como pudo articularlo. Le habló desde su primera noche de encuentro con Leonardo hasta la fatídica noche en que descubrió la fotografía de su madre en el estante de Splinter; mencionó las semanas que pasó en una celda y saltó hasta la noche en que salvó a Slash del Kraang. Le describió los meses que vivió en una mansión a la mitad del bosque.
Por supuesto que omitió cada detalla con respecto a su mutación.
Cuando las palabras cesaron, el rostro de Shinigami no pudo mostrar más confusión. ―Quieres decir que tu padre no es tu padre, sino el asesino de tu madre, quien te tuvo con un hombre que ahora es una rata y que tiene otros cuatro hijos tortuga, los cuales son tus hermanos adoptivos pero uno de ellos está ena...
―No concluyas nada.
Shinigami se encogió de hombros. ―Por lo que me contaste, es la verdad…, pero dejemos tu vida amorosa de lado. ¡¿Qué mierda con Destructor?! ¡¿Qué mierda con los mutantes?! Pero más importante: ¿¡qué mierda con Destructor!?
―Es un monstruo…
―¡Una bestia! ¿Cómo pudo convertir a su gente en adefesios?
Karai sintió cómo Sydney se tensó igual que ella.
―Solo me alegra que hubieras huido de los calabozos antes de que también te mutara a ti.
Era hora de decir la verdad. ―Yo no escapé.
Shinigami se volteó con fuerza.
―Ellos me rescataron y Splinter me contó todo sobre Saki y lo que lo llevó a secuestrarme cuando era una bebé. No dejé pasar ni un día cuando regresé a la guarida del Clan del Pie para asesinar a Destructor de una vez por todas. Te imaginarás que solo logré que me atraparan otra vez, pero él no me regresó a los calabozos, sino que me consiguió un último papel en su retorcido plan: de carnada.
»Él estaba seguro de que Yoshi y las tortugas vendrían detrás de mí, así que me encadenó a una celda y la colgó a varios metros sobre una piscina de mutágeno. Ellos llegaron y comenzó una pelea. Leonardo me alcanzó. Destructor saltó detrás de él, listo para cortar su garganta, pero él evadió el golpe a tiempo…
―No es cierto…
―Cortó la cadena de la celda y caí en el mutágeno.
―Karai, n-no me digas que eres… ―Shinigami se irguió y avanzó hacia atrás, con el terror en su rostro―, ¿son…, mutantes?
―Meses después ―ella continuó―, Destructor hizo que su científico creara gusanos controladores y me colocó uno en la cabeza. Me mandó a cazar a quien fuera y ese alguien fue Sydney. La mordí y envenené. La única forma de salvarla fue inyectarle mi propia sangre en su corazón, mutándola en el proceso.
Ella interpuso un poco de silencio. Se aseguró de que Sydney estuviera bien y regresó su atención hacia Shinigami, quien, al verse con su espalda a pulgadas del muro, empezó a llevar su mano hacia el kusarigama.
―Sé que nos veremos monstruosas e intimidantes ―Karai dio un paso al frente y eso hizo que los hombros de la bruja por fin chocaran con el muro―, pero no representamos ningún peligro. Lo has visto todo este tiempo. Nuestras intenciones siguen siendo las mismas y no cambiarán solo al mostrarte nuestro verdadero cuerpo. Seguimos siendo las mismas.
Al ver que Shinigami no pudo sentir más miedo, Karai inició con su transformación, seguida casi de inmediato por Sydney.
Dado a que habían pasado varios días desde la última vez que alternaron a su cuerpo reptil, ambas sintieron un leve dolor que recorrió todo su lomo. No obstante, se obligaron a llegar a su forma mutante y, con un ligero siseo en sus respectivas gargantas, sus orbes esmeraldas se mantuvieron congeladas en el cuerpo de Shinigami.
La hija de Kitsune empuñó su arma pero no guio la hoja hacia ellas ni gritó con todas sus fuerzas. Pareció imposible que ella apartara su mirada de ambas y las estudió. Tras unos segundos más, su rostro se endureció.
―Nure-onna.
Karai ahogó un siseo. ―No, Shini…
―Abuela tenía razón ―ella empuñó el filo de su arma hacia Karai, quien detuvo su serpenteo al ver tal acción―. Sus falsos cuerpos de humano no corresponden con sus almas de bestia.
―No.
El trío se volvió hacia la entrada, donde Abuela tuvo una mano recargada en el muro. La anciana llevó sus ojos inservibles por el rostro de ellas, hasta congelarlos en un punto indefinido y caminar hacia el interior de la habitación.
―El cuerpo de hebi es el que no coincide con el alma humana, pero ―detuvo su bastón con un golpe sordo y sonrió con el sentimiento nato de una madre―, así es exactamente como debe de caracterizar a quien orquestará el nuevo ciclo de hebi, ¿no creen?
Para el completo terror de Shinigami y nata serenidad de Abuela, Karai y Sydney regresaron a sus cuerpos humanos. La niña mantuvo una expresión nerviosa por un largo rato, mientras que Karai se vio contagiada por el gesto que cubrió el rostro de la anciana.
Al reconocer la aceptación de la hija menor de Dragón, Karai se volvió hacia la joven bruja y se acercó con paso lento. En esa ocasión, Shinigami no pensó en alejar las distancias e, incluso, bajó su arma.
―He cambiado mucho en estos dos últimos años. Descubrí que mi padre no era mi padre, pero sí el asesino de mi madre; conocí a mi verdadero padre, traicioné al Maestro a quien le juré lealtad a mis cinco años, fundé un "hotel para mutantes" y convertí a una mocosa en mi descendiente biológico…, mi nuevo cuerpo es lo más insignificante de todo eso.
El silencio resultó tormentoso para Karai. Una parte de ella le dijo que sus planes no resultarían afectados aunque Shinigami no la aceptase, con tal de obtener la aprobación del panteón; no obstante, otra parte le sugirió implorarle a la joven aprendiz.
Eso era lo malo de tener una amiga: no soportaría su rechazo.
―Estoy segura de que serás la Maestra más recordada de toda la historia del Clan del Pie.
Karai recuperó la respiración, pero no tuvo tiempo de decir algo más cuando Abuela dio un paso al frente.
―Dos de tus ninjas quieren hablar contigo, querida.
Los párpados de Karai se abrieron en sorpresa; de verdad que no esperó tener una respuesta tan rápido. Ella miró a Shinigami y Sydney de reojo, hasta que la niña sonrió de una manera maliciosa, alternó su rostro a la forma reptil y se ganó un ligero grito y una mirada molesta de parte de la bruja; supo que ambas estarían bien, por lo que le asintió a Abuela y la siguió por el pasillo hacia el fusuma.
El par de visitantes levantó su mirada hacia ellas.
Juto se dirigió a Abuela―: De nuevo, onmyōji-san, muchas gracias por recibirnos en tu hogar y otorgarnos una segunda oportunidad para hacer las cosas bien.
―Gracias por realizar un honorable cambio, Juto-kun ―respondió Abuela―. También te agradezco por cuidar bien de Maji. Espero que no haya sido problemático hasta ahora.
―Ha sido un dolor de cabeza, pero nada imposible.
Ambos rieron.
La mayor dirigió su mirada hacia la nuca del nombrado, quien mantuvo su atención en sus pies en todo momento. ―Hijo mío…
―Lo siento tanto, Abuela. S-si hubiera sabido que Destructor haría todo lo que hizo…, jamás hubiera abandonado el Panteón.
―Esas acciones no fueron orquestadas por tus manos, hijo mío, no hay nada qué perdonar.
El joven alzó su mirada y compartió la sonrisa que tuvo en rostro su alguna vez figura materna.
―Ahora los dejaré a solas para que hablen entre ustedes de las cosas aburridas de su Clan.
Karai reprimió una risilla y siguió con la mirada el cuerpo de la mujer. Abuela desapareció tras la puerta de una habitación, y ella regresó su atención hacia sus ninjas.
―¿Bien? ―exclamó y se cruzó de brazos, alternando su mirada entre ambos hombres― ¿Cuál es el clan que está surgiendo?
―Querrás decir re…, surgiendo. ―Maji recibió un codazo de parte del mayor.
Juto no dejó que la expresión de Karai mostrara más extrañeza y tomó la palabra―: Después de localizar el mismo sendero que la joven Élite encontró, hallamos un camino que nos llevó a una zona descubierta de entrenamiento.
Ella se vio atraída por el objeto que el hombre tenía entre sus dedos.
―Esto estaba clavado en la corteza de un árbol.
Incluso antes de hacerse posesión del arma blanca, ya hubo reconocido el símbolo que descansaba en medio. En cuanto el metal hizo contacto con la tela que cubría sus dedos, sintió que su mente voló hacia el otro lado del mundo, atravesó túneles de alcantarillas y llegó a una guarida secreta, en cuyo dojo descansaba un sinfín de shuriken más, idénticos al que cargaba en ese momento.
Era imposible, ¿cierto? Los únicos integrantes de ese clan yacían en Nueva York, Estados Unidos, no en Japón.
Estuvo tan centrada en su mente que apenas pudo escuchar el balbuceo de Maji―: El clan que está resurgiendo…, es el Clan Hamato.
¡PLOT TWIST!
Espero que nadie hubiera visto venir esto: ¡el Clan Hamato en Japón! Ya veremos cómo es que ellos llegaron a Japón.
La oración que Sydney dice "Karai ha karai kurai ga kirai desuka?" es un juego de palabras que inventé, y su traducción literal es "¿Karai detesta los tronos picantes?". No tiene que tener sentido ggg Es solo por la pronunciación.
Nos leemos en la siguiente parte. Bye-bye.
