"Gobernar es pactar; pactar no es ceder." ~Gustave Le Bon
El sonido característico del choque de metal con metal tuvo que haber cubierto ese timbre ligero; sin embargo, gracias a su sentido del oído, lo reconoció de inmediato. Con el tono del dispositivo cada vez más insistente, logró hacer un salto hacia atrás, evadiendo el filo del arma enemiga, se apropió del aparato y lo llevó hacia su oreja.
―¡No pudiste elegir peor momento…!
―¡Karai! ―al ser del otro lado de la línea le importó muy poco su tono molesto― ¡Destructor lleva dos semanas desaparecido!
Ella cometió el fatal error de bajar su arma, pero se olvidó de ello al repetir las palabras de la tortuga en su mente. ―¿Qué?
Antes de obtener una respuesta, escuchó un grito plagado de energía y determinación. Acto seguido, un cuerpo la empujó hacia el tronco caído de un árbol mientras alguien más saltó frente al contrincante, detuvo su andar y comenzó con una pelea. Ella se aseguró de que la fuerza del empuje no hubiera roto o estropeado el aparato y, por fortuna, así fue.
―¡Karai-chō! ―Juto gritó entre la conmoción― ¡Ahora no puede distraerse!
Ella miró de reojo el continuar de la pelea; estudió velozmente el cuerpo de la Élite y los cinco ninjas que la acompañaron para otra búsqueda más del escondite secreto del Clan Hamato. No pasaron ni tres horas cuando se encontraron con un grupo de ninjas enemigos, portando uniformes grisáceos y con el mismo símbolo de flor del shuriken que recibió semanas atrás.
Todavía con el artilugio en su oreja y el mutante articulando monosílabos al otro lado de la línea, Karai regresó su mirada hacia Juto y asintió con fuerza. Él devolvió el gesto, salió del escondite y continuó con la pelea que llevaba ya varios minutos.
―¡Karai! ―continuó la tortuga, al parecer, ignorante total de lo que sucedía en esa parte del mundo― ¡Sé que estás ahí! ¡Ka…!
―Te escuché, Slash ―ella pegó su espalda a la corteza del árbol y vio sobre este cómo Juto contuvo a un par de soldados enemigos―, pero justo ahora estoy peleando por mi vida y no creo tener tiempo para hablar. En cuanto me desocupe, te devuelvo la llamada, ¿entendido?
El otro reptil emitió un sonido de duda. ―¿Qué tanto tardarás? Porque tengo que ir a nadar con…
―¡Por el amor de Dragón, Slash! ¡Estuvieron a punto de apuñalarme y, ¿solo te preocupas por tus citas con Venus?! ―ya no escuchó respuesta alguna e imaginó a la perfección la expresión asustada de la tortuga― Si yo no me he despegado de esta cosa todas estas semanas, entonces tú puedes hacer lo mismo un par de horas, ¿verdad?
―S-sí… ¡por supuesto! Eh…, estaré aquí. Ah. D-diviértete.
A ella le fue imposible no reír. ―¿Peleando contra un clan ninja? Esa es buena.
Karai cortó la llamada al inicio de un grito agudo, guardó el dispositivo en la mochila y la ocultó en el espacio vacío del tronco hueco. Ella miró sobre su hombro y se percató del gesto nervioso que Juto tenía al verse en problemas contra cuatro enemigos; salió de su escondite con un rápido movimiento y saltó hacia el grupo por un lado, lo que le brindó la sorpresa.
Al percatarse del regreso de su líder, el resto del Clan del Pie se apresuró en dar por terminada esa disputa, siguiendo las indicaciones de Karai en todo momento. Gracias a sus habilidades más refinadas y tres hombres más que el clan enemigo, lograron inmovilizarlos en un par de minutos más.
Uno a uno, los soldados grises se vieron bajo el peso de los ninjas del Pie, desarmados y con el filo de sus respectivas armas a escasos centímetros de su garganta.
Karai levantó la hoja de su wakizashi con gran fuerza pero el contrincante lo evitó. Dado a que la atención del varón se vio atraída por su arma, ella aprovechó para barrer sus piernas (uno de sus movimientos favoritos), hacerlo caer de espaldas, saltar sobre él, empujar su katana a varios metros de lejanía y descansar el filo mortal de su sable en la garganta de él.
Ella dejó que sus respiraciones acompañaran la mirada que compartieron; mientras el varón la observó con nada más que odio, ella rápidamente alternó a su expresión coqueta, relajada y tan en control de la situación que siempre la caracterizó. Inspeccionó la situación, antes de volver hacia el rostro furioso del hombre.
―Ahora que todos estamos más tranquilos, vamos a hablar.
A él le importó muy poco el arma que, con un simple movimiento de quien la manejaba, podría atravesar su rostro de mentón a frente―: No hay nada que necesitemos escuchar del Clan del Pie.
―Ustedes no, en efecto, pero estoy segura de que a su Maestro sí le interesará.
Fue más de un guerrero que rio junto al hombre que yacía bajo su peso. Él solo silenció sus burlas cuando sintió cómo la hoja del sable penetró su piel e hizo que un poco de sangre emanara del corte.
―Antes muertos que permitir que ustedes, kisama, deshonren el recinto sagrado del Clan Hamato.
―Sagrado, ¿dices?
Ella comenzó a pasear el filo de un lado a otro del cuello del hombre.
―Entonces nuestras especulaciones fueron incorrectas y ustedes sí regresaron al territorio original del Clan Hamato. ¿Qué tan al este está? ¿Dos horas caminando…, una y media corriendo? Mis soldados no tendrían problema en llegar ahí y todavía tener fuerzas para una batalla que superaríamos cinco a uno.
Ella se mantuvo unos momentos en silencio para permitirle responder. Aunque el hombre se mantuvo en silencio, notó una chispa de duda en sus ojos. No le fue difícil descubrir su rango y tiempo en este.
―¿Cuántos objetos antiguos han recuperado en estos últimos años? ¿Fotografías, escritos…? No importa. Cuando lleguemos allá, ni siquiera nos molestaremos en entrar a su reconstruido dojo, solo lanzaremos tantas flechas incendiadas tengamos hasta que todo su trabajo vuelva a estar en llamas, tal como mi padre hizo años atrás.
Mientras todas las miradas del Clan Hamato cayeron sobre el líder de escuadrón, Karai hizo su mayo esfuerzo por ocultar una diminuta sonrisa. No obstante, las horas de búsqueda y la reciente pelea habían sido suficientes, y quería regresar temprano al Panteón.
―Pero…
Ella se levantó y apuntó el mango del wakizashi hacia él, quien se irguió con lentitud y movió su extrañada mirada de ella hacia el arma simultáneamente. Al ver la duda en el rostro del hombre, Karai descansó el arma frente a la mano de este y se alejó un par de pasos hacia atrás.
―Le juré a mi gente que mi futuro régimen sería completamente diferente al que se vivió bajo Oroku Saki, así que… ―ante la sorpresa de los ninjas grises, ella se arrodilló frente al hombre y bajó la cabeza en señal de sumisión―, solicito una audiencia con el líder actual del Clan Hamato para tratar un asunto de enorme importancia para ambos clanes.
El hombre tardó una eternidad en salir de su aparente sorpresa. Tras aclarar su garganta, él se reincorporó y sostuvo el wakizashi.
―Tatakaimasen.
Karai escuchó cómo sus guerreros se apartaron de los cuerpos del Clan Hamato y sintió a los ninjas contrincantes alinearse al costado del hombre. De la misma forma, su gente se detuvo detrás de ella.
―¿Por qué permitiríamos que el Clan que nos destruyó pisara nuestro recinto?
―Porque el Clan del Pie, al igual que el Clan Hamato, quiere a Oroku Saki muerto.
Ella sintió el mango de su arma enfrente, por lo que se apropió de él y reincorporó. Su rostro volvió a iluminarse con una expresión serena.
―Muy bien ―exclamó el hombre―. La llevaré con nuestro Maestro, pero será suya la decisión de aceptar o negar su audiencia.
Karai asintió y mantuvo la misma expresión tranquila que hubo practicado ya varios años.
―Sin embargo ―volvió a hablar él, al mismo tiempo que estudió a todo el grupo de soldados que la acompañaban―, solo uno de sus hombres podrá venir con usted.
―Acepto sus condiciones ―respondió Karai de inmediato―. ¡Juto!
El líder de la Élite se posicionó al lado de su líder, rostro en alto y arma en descanso.
―Regresa con el resto del Clan a la sede y esperen por mí.
Juto ahogó un quejido. ―Pero…, Karai-chō. No puedo dejarla ir sola.
Karai giró su rostro hacia él con fuerza y sus ojos gruñeron por ella. ―No se trata de lo que puedas o no hacer, sino de que acates mis órdenes, ¿entendido?
Los ojos del hombre se movieron hacia su derecha. ―Hai, Karai-chō.
Acto seguido, Juto dio media vuelta. Sin necesidad de articular palabra alguna, el resto del clan siguió sus pasos de cerca. Gracias a la formación que se originó detrás de él, nadie, a excepción de Karai, observó cómo se apoderó de la desgastada mochila y la llevó consigo.
En cuanto se adentraron en el sendero de bosques y desaparecieron de la vista de los que permanecieron en el lugar, el líder de escuadrón Hamato le dio la espalda a Karai y comenzó a avanzar. Ella esperó a que tres soldados caminaran detrás de su líder, antes de seguirles, y tener al otro trío caminando detrás de ella.
El trayecto se vivió en total silencio, ocasionalmente interrumpido por el natural sonido de las hojas o algún animal que se ocultó ante su presencia. Pese al proseguir de los minutos, el sendero pareció nunca cambiar: se mantuvo fértil, con un centenar de flores y árboles cuyas copas verdes rebosaban de vida.
Cerca de una hora de trayecto después, ellos llegaron a su destino: un dojo recientemente construido con materiales modernos y no los tradicionales que se usaron en la antigüedad. La construcción era de un solo nivel, carecía de un extenso jardín y solo contaba con un pequeño huerto a un costado.
El grupo se detuvo a pie de la entrada del dojo. El líder de escuadrón se adentró en la construcción y, cuando sus tres compañeros le imitaron, cerró el fusuma. En un principio, él empezó a hablar con otra persona en un volumen bajo; sin embargo, Karai ya no tuvo que usar su sentido mejorado del oído, puesto que los gritos de la otra persona resonaron por todo el bosque.
―¿¡Cómo que el Clan del Pie está aquí, en nuestro dojo sagrado!?
No pasaron muchos segundos cuando el fusuma volvió a recorrerse, revelando tanto al líder de escuadrón como a un joven cuya estatura asemejaba ser mayor por el par de escalones en el que descansaba. Este joven la escaneó ferozmente y descendió con pasos fuertes hasta terminar enfrente de ella, mostrando que era más bajo por un par de centímetros.
Karai reprimió la urgencia de encarnar una ceja ante la imagen de ese chico, tal vez uno o dos años menor, que todavía necesitaba mucho entrenamiento para perfeccionar su expresión dura y presencia intimidante. En ese momento, no pudo dejar de verlo como un pequeño ratón.
A veces sus instintos reptiles le daban mucho miedo.
―Me dijeron que deseas hablar con nuestro Maestro.
―Así es. ―respondió lo más respetuosa que pudo.
El chico entrecerró sus párpados y en serio que Karai quiso reír. ―¿Qué es lo que deseas hablar?
―Eso es algo que trataré con él y solo con él.
Por más que el varón intentó ocultar su expresión furiosa, le fue imposible. ―Si quieres entrar a nuestro recinto, tendrás que dejar tu arma aquí.
Karai llevó su mano hacia el mango de su espada, cuando se detuvo de repente. ―Me gustaría conservarla, en caso de verme en la necesidad de defenderme.
Él rio con ligereza. ―¿De verdad crees que te dejaré acercarte a mi Maestro, armada?
Una sonrisa apareció en su cabeza y ella interrumpió su camino hacia los labios. Como siempre, sus juegos mentales y nata habilidad para molestar a las personas seguían intactos.
―Me encuentro en su sede, sola, rodeada por todos sus soldados; claramente estaría en desventaja si se me ocurriera cometer tal estupidez en tierra enemiga.
―¡Escucha, linda! No puedes venir a nuestro hogar e imponer tus reglas. O nos obedeces o le entregamos tu cabeza a tu Clan de mie…
―¡Tetsumi!
Ante la rasposa y poderosa voz, el chico emitió una especie de corto chillido y, por fortuna, silenció sus insultos. Los otros tres ninjas se arrodillaron de un solo movimiento. Al mismo tiempo que el joven varón se volvió hacia la entrada, Karai miró hacia esta y se encontró con la figura femenina de una completa extraña.
La mujer de mediana edad avanzó hacia el grupo con paso seguro, sus manos detrás de la espalda y una pequeña sonrisa en sus labios. Sus ojos marrones-oscuros se movieron entre el varón y Karai, Llegó hasta el pasto y se detuvo a unos pies frente a ella. Dejó que el trío de ninjas se adentrara en el dojo, permaneciendo solo con ambos jóvenes.
―Una gran disculpa, maestra del Clan del Pie ―habló en un volumen y tono moderados, y llevó una mano hacia el hombro del chico―. Parece que a mi hijo le vendría bien más clases para mejorar su vocabulario. ¿No es así, Tetsumi?
El chico afiló un poco su mirada hacia la mayor. ―No podemos permitir que un cuerpo enemigo entre con un arma a nuestro dojo.
―¿Por qué no? El arma de un ninja le brinda seguridad y ―congeló sus ojos en el rostro de Karai―, ¿qué mejor que tener una plática donde ambos lados se sientan seguros?
Karai compartió la pequeña sonrisa de la mujer, curiosa al mismo tiempo que extrañada por lo ligera que era su esencia.
―Déjanos, Tetsumi. Regresa con los demás.
El chico realizó una pequeña reverencia. ―Sí, madre.
Tetsumi comenzó a escalar de regreso al dojo, cuando la voz de la mujer lo detuvo―: Hijo… ¿no tienes algo qué decir?
Él gruñó con ligereza, se volvió hacia Karai y realizó una segunda reverencia. ―Mi más sincera disculpa, Maestra del Clan del Pie.
Ambas regresaron su atención hacia la otra.
―Perdónelo. No está acostumbrado a tratar con otros clanes…, casi nadie lo está ―aclaró su garganta un par de veces―. En fin. Después de esta inusual bienvenida, déjeme presentar. Mi nombre es Hamato Hana y soy la actual Maestra del Clan Hamato.
―Un placer conocerla, Hamato-san ―respondió Karai junto a una leve reverencia―. Yo soy Oroku Karai, líder actual del Clan del Pie.
―Me resulta…, increíble, casi imposible que la noticia de la muerte de su padre no nos hubiera llegado, Oroku-san.
―Eso se debe a que él sigue con vida. ―la corrigió rápidamente y le extrañó que sus ninjas no le hubiesen informado.
Hana abrió sus párpados por un instante y los regresó a su tamaño original. ―Ah. El ciclo aún sigue y usted busca la muerte de Saki para dar inicio al régimen; es decir, usted será quien asesine a Saki.
Karai asintió.
―¿Por qué una hija iría en contra de su padre?
―Saki ―su cerebro trabajó lo más rápido que pudo para encontrar las palabras correctas―, ha demostrado tener prioridades mucho más importantes que ser Maestro y padre…, así que yo elegí ser más que una hija y una subordinada.
―Ya veo ―Hana volvió a aclarar su garganta―. ¿Le gustaría caminar por nuestro pequeño pero fértil jardín? Así podemos hablar con mayor tranquilidad.
―Acepto su invitación, Hamato-san ―Karai caminó detrás de ella y no dejó pasar muchos segundos cuando separó sus labios una segunda vez―. Ahora que lo pienso, desconocía la existencia de más descendientes de la familia Hamato además de Hamato Yoshi. ¿Es usted alguna…?
―Prima ―terminó por ella, sin la menor intención de mirarla―. Soy hija única de la hermana mayor de Hamato Yuuta.
Fueron gracias a todos sus años de entrenamiento y nata habilidad de percepción que Karai reconoció la mentira de inmediato, pero decidió no decir nada. Cierto era que desconocía por completo la existencia de alguna hermana del fallecido Yuuta o prima de Splinter; no obstante, estaba casi segura de que ninguno de esos dos personajes era real.
Esa tal Hamato Hana tenía algo que despertó los instintos mutantes de Karai con cada segundo que pasó junto a ella. No solo poseía una gran habilidad para esconder y manipular sus verdaderas emociones, sino que también contaba con la facilidad de hablar en un tono que hiciera que los demás creyeran en cada una de sus palabras. Todos excepto ella.
Por suerte, Karai fue entrenada en el mismo arte y solo debía esperar por una ligera abertura para descubrir la verdad.
Ambas se adentraron en el rocoso camino que rodeaba al huerto, apenas lleno con un par de árboles y plantas. Cada una mantuvo su atención en diferentes direcciones, estudiando los colores llamativos de todas las flores que reconocieron gracias a años de experiencia.
Karai nombró mentalmente varias plantas endémicas y algunas extranjeras, hasta que detuvo su andar frente a una "muralla" violeta que apenas hubo notado. Ella miró de reojo que Hana le imitó y guio también sus ojos hacia la flor tan famosa.
―Aconitum napellus ―exclamó la mujer en un forzado latín―. Ahuyenta a los pequeños roedores y molestas aves…, pero supongo que conoce lo que sus vistosos colores ocultan.
―Por supuesto. Debilidad muscular, taquicardia ventricular, náuseas…, y la inminente muerte al ingerir cualquier parte de la planta más venenosa del mundo ―ella inspeccionó los tallos y racimos, y no le fue difícil calcular su edad promedio―. Pero esta ni ninguna otra especie del acónito crece en esta región del país.
―Veo que será imposible engañar a una mente tan culta como la suya ―Hana se acercó hacia ella y arrodilló a la altura de las plantas―. Las cultivamos en Hokkaidō, donde vivimos hasta hace unos meses, casi un año. Regresamos a Tokio con la intención de recuperar el antiguo territorio del Clan Hamato, y levantamos este nuevo dojo.
Hana volvió a reincorporarse y terminó de frente a Karai.
―He sido honesta con usted, Oroku-san, ahora le pido que lo sea conmigo. Usted sabe a la perfección que nosotros nunca iremos a una guerra contra Destructor, así que, ¿por qué quiso tener una audiencia con el Clan Hamato?
Ella sonrió de lado y dejó que la mujer lo notase. ―Como tiene entendido, hace veinte años mi padre destruyó el Clan Hamato y reconstruyó al Clan del Pie, mismo que fue destruido por Hamato Yuuta cincuenta años atrás. La historia no cambia siglos atrás. Hamato-san, ¿no está cansada del estrés y el constante temor de despertar un día y ver a su clan otra vez en llamas? Yo sí.
―¿A dónde quiere llegar con esta lección histórica, Oroku-san?
―Me gustaría crear una alianza entre el Clan Hamato y el Clan del Pie.
La mujer inhaló con fuerza para no soltar en carcajadas, pero Karai se percató de ello. ―Por más de mil años hemos estado en constante guerra. ¿Por qué cree que podamos olvidar todo eso de la noche a la mañana?
―Por el simple hecho de permitirme que ahora, en este momento, esté en su recinto y ninguna de los dos piense en acabar con la otra con un corte limpio.
―Son dos cosas muy diferentes. Debo aceptar que tenía curiosidad por lo que la nueva líder del Clan del Pie quería decir, por eso acepté a hablar con usted; sin embargo, me está pidiendo que acceda a formar una alianza con el Clan contra el que hemos luchado por más de mil años, y tan solo no puedo hacer eso.
»Lo siento mucho, Oroku-san. Y no se preocupe por montar un ataque en un par de horas, días o semanas…, ya estaremos lo bastante lejos.
Karai dejó que la mujer se alejara un par de pasos. Ahogó un siseó molesto al mismo tiempo que un pensamiento, el "plan b", llegó a su mente. No quedó de otra. Era la única forma de lograr el segundo punto del cambio para construir su régimen. Se giró con fuerza y sus ojos se congelaron en la espalda de la mayor.
―Hamato Yoshi sigue con vida.
Sus palabras hicieron que Hana detuviera su andar de inmediato, pero no se volteó ni miró hacia ella. Por su parte, Karai avanzó un par de pasos hacia ella, hasta estar solo a un brazo de tocar el hombro de la mujer. Inspeccionó los alrededores y se aseguró de que nadie más estuviera escuchando la conversación y su siguiente declaración.
―Oroku Saki jamás tuvo una hija hace dieciocho años, pero Yoshi sí. En estos momentos, Yoshi reside en Nueva York. Si él deseara regresar, usted y todos sus seguidores serían considerados traidores del clan. Y aunque él haya perdido su lugar en la historia, el liderazgo del Clan Hamato no tuvo que pasar a sus manos, sino a las del próximo descendiente; o séase, a mí.
Hana tardó un par de segundos en por fin mirar hacia ella, lo cual hizo al ver sobre su hombro.
Esa reacción confió un poco más a Karai.
―Durante los eventos trágicos de hace casi veinte años, Saki asesinó a toda la familia Hamato, pero hubo un solo integrante al que le permitió vivir: la primera nieta infante de Hamato Yuuta…, yo. Me crio como su hija, otorgándome su apellido y arrebatándome aquel con el que nací.
»No tengo la menor intención de recuperar algo que nunca conocí pero sí salvar a lo que ciegamente le juré lealtad, misma que no pienso deshonrar. Por ello vine hoy a presentarme frente a usted, con la intención de dar por terminado una eterna guerra sin sentido y aliar a los últimos dos clanes existentes en Japón. Para eso necesito la aprobación de ambos clanes. Mi gente está dispuesta a olvidar el odio de generaciones pasadas…, no condene a la suya por el odio de alguien más.
Hana esperó unos momentos en volver todo su cuerpo hacia ella. Dejó que el silencio se interpusiera entre ambas y lo acompañó con una expresión seria, como si la declaración que acabó de escuchar no fuese demasiado sorprendente o, tal vez, tan solo creyó que estaba mintiendo. No obstante, una amplia sonrisa borró todas las dudas de Karai.
―Abuela no mintió.
El mismo gesto al rostro de Karai. Por su puesto, se dijo a sí misma; no le sorprendió en lo más mínimo descubrir que la hija menor de Dragón estuviera involucrada en todo eso. Claro que la anciana sabía del regreso del Clan Hamato.
―Hace unas semanas ―prosiguió Hana―, Abuela llegó conmigo y me informó que la hija biológica de Hamato Yoshi pero legítima de Oroku Saki había regresado a Japón y querría una audiencia conmigo; me pidió que escuchara lo que ella tenía que decir y decidiera correctamente, no por mi honor ni por el del Clan Hamato, sino para acabar, de una vez por todas, con una insignificante riña.
La mujer descansó una mano en el hombro de Karai y ella ni siquiera pensó en sostener el mango de su arma.
―Tenga entendido que no puedo tomar una decisión sin el consentimiento de mi gente; sin embargo, yo estoy dispuesta a convencer a todos de formar una alianza no con el clan que acabó con nosotros hace casi dos décadas, sino con el que está surgiendo a manos de la hija legítima de Oroku Saki.
Karai sonrió de manera triunfal. ―Me alegra escuchar que Abuela habló de mí de forma tan positiva ante usted, y acepto esperar por su veredicto. De hecho…
Ella recordó la llamada interrumpida que tuvo con Slash y que aún debía devolver.
―Mañana en la mañana, hablaré frente a todo el Clan del Pie sobre diversos temas; me honraría tenerla a usted y al Clan Hamato presentes para que toda mi gente escuche su decisión.
―Tenga asegurado que así será.
Hana realizó una reverencia que ella rápidamente devolvió. Las dos se irguieron de vuelta con semblantes serios pero tranquilos.
―Aunque…, todavía hay algo que no logro comprender ―Hana exclamó―, ¿a qué se debe que Abuela nombró su ciclo como hebi no saikuru?
Ella volvió a ratificar de que no hubiera nadie cerca.
―Saki se emocionó tanto con los mutantes…
Observó la expresión sorprendida de la mujer que se originó cuando alternó a sus ojos de reptil.
―Que decidió convertir a toda su gente en uno.
La transformación duró un par de segundos y sin dolor alguno. Retuvo su característico siseo lo más que pudo y descansó sus extremidades modificadas a sus costados, con la intención de verse menos intimidante. No obstante, ¿existía forma alguna en que una serpiente gigante, albina, con cuatro bocas, tres cabezas y colmillos retractiles se viera menos intimidante?
Hana permaneció estática, con sus párpados completamente abiertos y sus labios un poco separados. Sus pupilas contraídas la estudiaron lo más detallado posible al mismo tiempo que parpadeó con fuerza.
Al ver que la sorpresa no abandonó el rostro de la mujer, Karai habló en un sorprendente tono (para Hana), donde alargó el sonido de la "s"―: Espero que esto no afecte nada de lo que hemos hablado.
La mayor tardó en salir del asombro y, cuando lo logró, su rostro aún no recuperó la tranquilidad. ―No necesito preguntar lo que le sucedió, Oroku-san, ya sé qué bestia le hizo eso. Por fascinante y extraño que sea, si mañana me presentaré en su sede, junto a mi gente, todos necesitarán ver su verdadera forma.
―En efecto.
Karai regresó a su cuerpo humano sin previo aviso. Ella sonrió tanto por cordialidad como porque le pareció divertida la expresión aterrada que Hana aún tuvo en su rostro.
―Si deseo que exista una alianza entre el Clan del Pie y el Clan Hamato, entonces tengo que estar dispuesta a ser honesta con su gente, Hamato-san.
Hana asintió y, por fin, recuperó la serenidad a su rastro. ―Espero que esta charla haya cumplido sus expectativas y, si todo sale de la debida forma, la veré mañana en la mañana en la sede de su Clan.
Karai realizó una leve reverencia. ―Muchas gracias por recibirme en su hogar, Hamato-san, y darle una oportunidad al Clan del Pie. Está en sus manos aceptar o no la alianza entre dos clanes que solo han intentado destruirse entre sí por siglos.
―Que tenga buen viaje a casa, Oroku-san.
Después de compartir una última reverencia, Karai dio media vuelta y emprendió carrera de regreso a la sede de su clan. Cuando se aseguró de estar lo suficientemente lejos del territorio del Clan Hamato, alternó a su cuerpo reptil y se dispuso a acortar las dos horas de trayecto a treinta minutos.
Ella atravesó el mismo camino de regreso y llegó a su dojo de descomunal belleza, en cuya entrada ya la esperaban los cuatro integrantes de la Élite. Juto dio la orden de abandonar su guardia y le indicó al grupo dirigirse de inmediato a ella.
―¿Qué tal resultó todo, Karai-chō? ―preguntó Juto.
―Mejor de lo que imaginé ―ella regresó a su forma humana―. Invité al Clan Hamato al anuncio de mañana. Necesitaré que la Élite permanezca afuera a esperarlos; por lo que vi, no deben de ser más de treinta ninjas.
―Hai, Maestra. ―el grupo exclamó en unísono.
―Regresen a sus labores y asegúrense de que el entrenamiento concluya en el momento debido. Debemos tener todo listo para mañana, así que la práctica extra se cancela. Los alcanzaré en un momento.
Antes de seguir al resto de su grupo, Juto le tendió la mochila desgastada. Ella esperó a que el fusuma se deslizara y se encaminó hacia uno de los tantos senderos que rodeaban la sede. No se alejó mucho cuando se sentó en el césped, sostuvo el aparato en manos, lo encendió y llamó a Slash; esperó casi diez segundos para que el timbre cesara y la tortuga se dignara a contestar.
―¿¡Cómo que otro clan ninja!?
Karai tuvo que alejarse del aparato. ―Estoy casi segura de que acabas de despertar a Víctor de su siesta.
Slash bufó en molestia. ―No.
Un par de gruñidos se escucharon de fondo y un grito le siguió.
―¿Me quieres responder, por favor? ―exclamó él.
Ella le contó los últimos eventos de la manera más detallada posible. Le habló de la noche en que dos de sus hombres le entregaron un shuriken con el símbolo de una flor impregnado, de las semanas que tardaron en dar con el paradero del Clan Hamato y la plática que tuvo hacía unos minutos con Hamato Hana, la supuesta prima de Splinter e hija única de la hermana mayor de Hamato Yuuta.
―No recuerdo que Splinter alguna vez haya mencionado a una prima y a una tía ―exclamó Slash con notorio escepticismo―. Según yo, Yuuta era hijo único.
―Yo también desconfío mucho de ella, aunque… ―rememoró el rostro de la mujer lo más claro que pudo―, hay algo que me resulta muy familiar de su rostro.
Slash inhaló con fuerza. ―Toma en cuenta que puede haber graves consecuencias si te equivocas.
Cómo deseó ella que Slash estuviese ahí para verla rodar los ojos.
―No me importa si es o no de la familia Hamato, con tal de que no afecte al Pie y acepte la alianza.
―Pero ¿qué sucederá con las tortugas? Son los descendientes legítimos de Splinter y Leonardo es el próximo en liderar el Clan Hamato, no esa impostora de Tania.
―Es Hana ―le corrigió con brusquedad―, y conozco perfectamente la situación, pero, ahora, lo importante es la situación del Clan del Pie; cuando todo esto se resuelva, tal vez le ayude al Clan Hamato.
Ella escuchó el bufido de la tortuga y ahogó una risilla, antes de volver a su naturaleza seria.
―Destructor lleva dos semanas desaparecido, ¿dices?
―¡Eso es lo de menos! No creerás todo lo que ha sucedido.
Karai reprimió la urgencia de gritarle que la información de Destructor era la más importante y la única que le interesaba. Sin embargo, al escuchar el tono emocionado de su amigo, decidió suspirar con pesadez y rodar de nuevo los ojos.
―Me imagino que estás por contármelo.
―¡Claro! No puedo creer lo aislada que estás en donde sea que estés, pero mejor para mí; así te puedo dar la sorpresa. ¡Muy bien! Siéntate, sujétate o has lo que sea por no caerte, ¿está bien? Estoy por darte información bastante delicada. ¿Lista? Aquí va ―guardó silencio unos momentos para crear dramatismo y, por fin, soltó―: Somos de una dimensión alterna.
―¿Eh?
Slash relató detalladamente todas las aventuras que tuvieron de ese lado del mundo desde que Karai se fue: le recordó las investigaciones que tuvo Jack con respecto a desconocidas huellas, las cuales resultaron ser de dinosaurios antropomorfos de una galaxia diferente, mismos que intentaron destruir la Tierra con una máquina que creaba agujeros negros.
Karai no se inmutó ni un poco. Después de todo, ya le era familiar escuchar de alienígenas que deseaban destruir su planeta. Lo que sí le sorprendió fue escuchar de una dimensión alterna, en la que supuestamente vivían sus contrapartes.
―Al parecer ―prosiguió Slash―, ellos viajaron también en el pasado seis meses para salvarnos y, como se quedaron aquí, los que originalmente estaban aquí tomaron otro viaje en el pasado para salvar otra dimensión…
―Dime que esta historia no se vuelve más extraña, porque ahora me duele la cabeza.
―A mí me pasó lo mismo la primera vez que Rafael me explicó todo. No te preocupes, al final lo entenderás.
―No quiero hacerlo, gracias ―ella pasó una mano por su nuca y chasqueó los huesos de su cuello en el proceso―. ¿Qué tiene que ver todo esto con la desaparición de Destructor?
―¡Cierto! La noche de la invasión alienígena, Splinter hizo una alianza momentánea con el Clan del Pie. Al principio, todo iba muy bien, de maravilla, pero ―rio de manera incómoda―, ya sabes cómo es Destructor.
Karai no pudo evitar asustarse un poco. ―¿Él está bien?
―Tranquila, tranquila. Por fortuna, Splinter lo vio venir y estuvo a punto de acabar con Destructor, a punto…, pero sus secuaces llegaron a tiempo y lo rescataron. Desde que se llevaron a su moribundo Maestro, ya no hemos vuelto a saber nada del Clan del Pie.
―Entonces ―Karai acomodó su espalda el árbol en el que estaba recargada―, no es que estén desaparecidos, sino que simplemente se fueron de la ciudad.
―¿Cuál es la diferencia?
―Si se fueron de la ciudad, es solo para que Destructor recupere sus fuerzas y regrese con un plan mucho más peligroso y fuerte que nunca ―ella comenzó a agitar una pierna de manera nerviosa―. Lo que me deja con menos tiempo.
―¿Cuándo regresarán?
―En una semana ―mintió―, tal vez dos. Así que necesitaré que me informes de todo lo que suceda durante ese tiempo, ¿está bien?
―Sí, Maestra Karai. ―respondió con total sarcasmo, pero ella decidió dejarlo pasar en esa ocasión.
―¿Nada más que haya sucedido y de lo que yo deba enterarme?
Un gimoteo se escapó de la garganta de la tortuga.
―Eh…, ¡n-no! Tal vez. Verás ―emitió risillas nerviosas―. Es muy divertido, de verdad. Resulta que…, ya sabes. La primavera y el Sol y las flores y tal-vez-Venus-está-embarazada. ¡Adiós!
―¿¡Qué!? ¿¡Cómo que…!? ¿Slash? ―lo nombró cuando escuchó un timbre del otro lado de la línea― ¡Hijo de…, Kraang!
Sin nada más que pudiera hacer, Karai apagó el dispositivo, lo guardó en la mochila y se levantó del pasto. Reprimió la urgencia de volver a llamar al otro lado del mundo y demandar una explicación, pero se dio cuenta de que ya tendría tiempo una vez que regresara a Nueva York.
Su regreso no será en una semana, sin embargo, sino que al día siguiente. Y tampoco serían Sydney y ella quienes tomaran ese vuelo, sino la primera parte del ejército que le ayudaría a acabar de una vez por todas con Destructor.
Entre todo ese balbuceo, quién sabe qué habrá dicho Slash. Ggg.
Mentí, lo acepto. Las tortugas y compañía no llegaron a Japón, sino otros más de mis Semi-OC's: Hamato Hana es la sobrina de Hamato Yoshi en el Universo Mirage, y Tetsumi Onamota o Zodiaco es un personaje de TMNT: Amazing Adventures, el cual era casi un hermano de Splinter y Destructor. El resto del "nuevo" Clan Hamato es exactamente el mismo que existía antes del incendio del dojo y asesinato de Tang Shen.
Espero que les haya gustado este capítulo. Nos leemos después. Chao.
