Estúpido libro
POV Harry
El restaurante había abierto apenas un par de días antes. Comida árabe, una nueva adición a los restaurantes que ya había en la zona, que iban desde el clásico pescado y papas hasta sushi, pasando por los currys y las empanadas rusas, llegando a los diversos carritos de comida que había, salpicando la calle. Me había adelantado un poco a nuestra cita para revisar el menú. Mi novio era particularmente meticuloso con lo nuevo (yo diría más bien paranoico), pero era un remanente de su época de espía. Todo el menú se veía estupendo, la verdad. Estaba pensando en que pediría de entrante esas hojas de parra cuando él llegó a la mesa.
—¿Qué tal se ve tu nueva obsesión Harry? —.
—No es una obsesión Sev, solo tengo una curiosidad muy fuerte por probar cosas nuevas. Y esta comida no la hemos probado—.
—Harry, me has arrastrado durante los últimos dos meses a distintos restaurantes, carros y tiendas, hemos comprado desde té de menta marroquí hasta ese pastel de queso japonés, y no olvidemos la cantidad de bebidas alcohólicas que hemos adquirido de todo el mundo, ¡Podrías embriagar a todo Hogsmeade 10 veces seguidas con nuestra cava! —.
—Severus, sigues siendo imposible como siempre—.
—Y tu un mocoso arrogante—.
El mesero llego y pedimos nuestra comida. Tenía que aceptar que Severus estaba siendo muy paciente con mis gustos. Apenas llevábamos como 3 meses (quizás un poco más) saliendo "formalmente". Es decir, siendo pareja ante todos. Y ya habíamos tenido más peleas y reconciliaciones que muchas de las parejas que conocíamos, bueno; los segundos con más peleas y reconciliaciones después de Hermione y Ron.
Un ejemplo de esas peleas fue cuando empezamos a salir a comer fuera. Yo quería comer sushi como primera opción. Severus odiaba la idea de comer pescado crudo. Paso de decirme "no me gusta el pescado crudo" al "mocoso insolente" y terminó en "¿Cómo me fui enamorar de un jodido Gryffindor?". Yo le conteste con "¿Por qué no lo probamos?" al "Eres imposiblemente obtuso" hasta el "Y yo debo tener alguna parafilia si me fije en un murciélago grasiento". Luego de ese insulto subió molesto hasta la habitación y la cerró, pude oír sus gritos un par de minutos más antes de que me levantara del comedor y me fuera a dormir a la sala.
Hermione me había advertido que algo así iba a pasar entre ambos, ambos éramos justo el epitome de nuestras casas; Severus era calculador y astuto, sumamente inteligente y en apariencia frío. Y yo era valiente, leal, caballeroso, en apariencia. Y ambos éramos bastante diferentes de nuestra imagen "pública". El romántico de los dos era Severus. No es que yo no tuviera esos detalles de romanticismo, es que cuando Severus de verdad ponía su empeño en hacerte sentir especial, te hacía sentir como si la luz de mil estrellas iluminará tu corazón. Y yo solía ser más temperamental de lo que todos creían, solía explotar muy fácilmente, y eso es porque en realidad soy muy tímido. Tengo muchos temores, sobre todo en lo que al corazón se refiere. Después de todo, no me puede culpar Sev por eso, él es la primera relación verdaderamente seria que tengo.
Luego de que me fui a dormir al sofá, puse un Muffliato alrededor del sofá y lloré. Siempre terminaba así cualquier pelea nuestra, él se encerraba en alguna de las habitaciones y yo terminaba en el sofá de la sala. No es que no pudiera entrar a nuestra alcoba, pero si él estaba ahí, era incomodo; y si se encerraba en otra habitación, nuestra alcoba se sentía demasiado solitaria y no aguantaba mucho estar ahí sin él. No se sentía correcto. Me quede dormido después de un rato de estar llorando y maldiciendo por enésima vez el haberme enamorado de un Slytherin.
En medio de mi sueño pude sentir un cuerpo acurrucándose encima mío, abrí los ojos discretamente y me encontré a Sev encima mío, durmiendo. No dije nada y me acomode lo mejor que pude para seguir durmiendo.
Después de ese día, no volví a permitir que Sev se alejara de mi luego de una pelea. Intentaba que ambos habláramos o al menos hiciéramos una tregua antes de ir a dormir. Lo cual terminó haciendo que luego de unos minutos enojados de intentar dormir sin matarnos, ambos terminábamos besándonos y desnudos, revolviendo las sábanas y dejando nuestra alcoba hecha un lío tremendo. Funcionaba, al menos para nosotros.
—¿En qué piensas Harry? —.
La voz de Severus me trajo al presente, ahí estábamos los dos, luego de poco más de 3 meses como pareja, comiendo comida exótica en un restaurante, como cualquier otra pareja en Londres.
—Pienso que sigues siendo un "demasiado" astuto Slytherin—.
Esa ceja levantada y su sonrisa torcida, ¡Merlín! A veces me pregunto que vi en él.
—Y yo sigo impresionado de que aun con mi influencia sigas siendo un terco león—Ya recordé que vi en él. Me vuelve loco, todo él. Incluso sus sarcasmos—Y aun así te amo mocoso arrogante—Me dijo Sev con esa voz que me ponía... muy nervioso.
—Y yo a ti bastardo grasiento—.
Una sonrisa torcida fue lo que obtuve de mi "insulto" y ese brillo en la mirada... creo que puedo pedir postre, esta noche voy a quemar muchas calorías.
POV Severus
Estúpido libro. Si no fuera por él, ahorita estaríamos al menos comiendo algo más "normal", un buen pescado con papas y luego un té, quizás. Y no puedo culpar a nadie de esto más que a mí mismo. Quien le llevó ese libro fui yo.
Estaba en el ático revisando una de las últimas cajas de regalos que recibí de mis fans cuando estábamos en el castillo como "compañeros", y encontré un montón de libros muggles que aún no había leído. Harry no era de leer mucho, ese era mi vicio, y el de él, quidditch, Gryffindor al fin y al cabo. Nuestra casa ya tenía bastantes libros... pero qué diablos, unos cuantos más no vendrían mal, además ya me había acabado nuestra biblioteca personal y desde cuando quería poner un hechizo extensor para agregar más libros de pociones y un par de quidditch que le prometí a Harry.
Baje la caja hasta la biblioteca y luego de extender la habitación, agregue un librero nuevo y puse todos los libros de la caja, eran tomos de temas que por regla general yo no leía, fantasía, romance, poesía... lo mío era la ciencia, la ciencia ficción, la novela negra y el terror. Quizás a Harry pudieran interesarle, lo cual sería un cambio agradable a tanto quidditch.
Baje a preparar la cena y cuando Harry llegó con los ingredientes que le pedí para pociones, ambos nos dispusimos a comer y le conté sobre los libros. Extrañamente Harry pareció entusiasmado por darles un vistazo.
—Pues puedes elegir cualquiera que gustes Harry—.
—Pero quiero que tu elijas uno para mí, vamos Sev—.
—Te comportas como un niño Harry—.
—Puedo hacer berrinche si quieres, pero no voy a dejar de insistir hasta que lo hagas—.
—¿Y para qué quieres que lo elija por ti? —.
—Para ver qué opinas de mí, supongo que elegirás el libro pensando en lo que tú crees son mis gustos. Vamos, dame ese gusto cariño—.
—Eres imposible a veces Harry—.
Después de la cena fuimos a la biblioteca y busqué en el nuevo librero algún libro que pudiera gustarle. Repase varios títulos, ¿Romance? Podía ser, pero todo lo que veía no me sonaba como algo que pudiera disfrutar, mucho drama, mucha cursilería, su idea de romance era más sutil. ¿Poesía? Mismo problema que romance. ¿Terror? No, definitivamente no, había enfrentado suficientes horrores como para disfrutar leer sobre algo quizás aún más terrorífico. ¿Ciencia? Me daba risa solo de imaginarlo interesándose en algo como la cosmología. ¿Ciencia ficción? No, mismo problema que la ciencia pura. ¿Novela negra? No. Y así seguí con todos los libros, evité deliberadamente la fantasía porque ambos vivíamos en el mundo mágico, era algo improbable que pudiera disfrutar leer sobre mundos fantásticos imaginarios cuando él vivía en un mundo fantástico real. Pero al final, no tuve más remedio que darles una oportunidad, revisé título por título y lo vi de repente, "Las mil y una noches". Leí la reseña y sonaba interesante incluso para mí, se lo pase a Harry y prometió que lo leería.
Lo leyó en menos de una semana, y ese fue el principio de la interminable serie de comidas exóticas a las que me arrastraba. Y la causa de una pelea estúpida. Todo por el sushi. ¡Por sushi! ¿Podía haber un motivo más idiota por el cual discutir? Harry quería comer sushi y yo no, me daba asco el pensar en meter pescado crudo en mi garganta, ¡Por Merlín! ¿Quién disfrutaría algo así?
Me fui del comedor, que era donde estábamos peleando y me encerré en nuestra habitación, grité a nadie en particular un poco más y me calme luego de haber sacado mi frustración. Agucé los oídos y no escuche ningún ruido. Años como espía me habían hecho algo paranoico, así que pensando que podía haber algo extraño, baje sigilosamente a ver si Harry estaba bien y si estábamos a salvo.
Me encontré con una escena desgarradora. Harry estaba llorando en el sillón, sin ruido, era un hecho que había insonorizado a su alrededor, y eso dolió más que si hubiera habido algún intruso. No era la primera pelea que teníamos, y Harry normalmente dormía en otra habitación. Por alguna razón cuando peleábamos no quería dormir en nuestra alcoba. Espere a que se quedara dormido y me acerque, tenía líneas saladas surcándole el rostro, y eso me estrujo el corazón, lo menos que quería hacer era verlo sufrir y menos por mi causa, lo amaba… lo amo.
Lo menos que quería, era que sufriera.
Con cuidado limpie su rostro y luego decidí que no quería dormir solo esa noche. Aunque hubiéramos peleado no quería separarme de él y me acosté encima suyo, procurando no incomodarlo mucho, así que me hechice para levitarme ligeramente y no recargar todo mi peso sobre él. Después de eso, Harry no permitió que volviéramos a dormir separados y yo dabas las gracias por eso. Sobre todo, porque siempre terminábamos enredados uno al otro y dormidos abrazados luego de un par de deliciosos orgasmos.
El resultado de que Harry leyera ese libro es que ahora, dos veces por semana, probábamos algún restaurante o carrito que le llamara la atención a Harry. Luego de ir a cada restaurante que se le ocurría probar terminábamos en la casa, el exultante de alegría y yo fastidiado. Luego cuando ambos nos relajábamos en la sala, a Harry se le ocurría leerme alguno de los pasajes del libro que le hubieran gustado. Y entendí que era lo que le gusto del libro. Hablaba de viajes, de una vida nómada, sin ataduras. Aunque los personajes estaban atados a sus creencias e ideales, sus cuerpos se movían, conocían nuevas tierras, nuevas personas, creencias, comidas, animales, todo nuevo cada vez.
Luego de unos días, me llegó la epifanía de que Harry deseaba ver el mundo, y era algo muy lógico. Toda su vida había sido un continuo ir y venir de los mismos lugares, primero de un hogar abusivo con los Dursley, y luego al mundo mágico, donde todos esperaban que él se hiciera cargo de proteger el mundo de la amenaza de Voldemort. Y la única vez que viajo, fue para buscar partes del alma de su némesis y destruirlas. Y acabada la guerra, todavía tuvo que ayudar aún más, algo más sencillo que salvar el mundo, pero era como si siempre esperaran que Harry resolviera las cosas.
Harry definitivamente necesitaba vacaciones. Fue por eso por lo que ya no me negaba a acompañarlo a su siguiente obsesión culinaria. Le prometí luego de una de esas maravillosas sesiones nocturnas, que un día iríamos de vacaciones a uno de esos lugares que luego mencionaba.
Y ahí estábamos hoy, en un restaurante de comida árabe, debo admitir que esta vez, todo el menú se leía estupendo, ya había pasado la fase de shock respecto a las especias cuando probamos comida thai e hindú, así que, gracias a eso, había adquirido algunos gustos nuevos. Me mataba el té de menta marroquí, tenía un dejo muy sutil, diferente a la menta inglesa, más intenso y sutil a la vez si es que era posible, y las especias del curry eran algo sin precedentes, sin hablar de las mezclas agridulces de la comida thai. Definitivamente, lo mío era la comida con especias. Quizás después de todo, el libro había sido algo bueno, y el pescado con papas era algo trillado a estas alturas. Saliendo de mis pensamientos, noté que Harry estaba pensativo esta noche.
—¿En qué piensas Harry? —
—Pienso que sigues siendo un "demasiado" astuto Slytherin—.
Esa sonrisa. ¿Acaso mi novio estaba insinuando algo? Porque si era así, necesitaríamos comer muchas calorías antes de llegar a la casa.
—Y yo sigo impresionado de que aun con mi influencia sigas siendo un terco león—Le dije con sarcasmo. "¿Cómo me fui a fijar en un Gryffindor? ¿Y justo este Gryffindor?" —Y aun así te amo mocoso arrogante—Agregue.
—Y yo a ti bastardo grasiento—.
Ya recordé porque lo amo. Definitivamente necesitaríamos muchas calorías. Esta noche lo iba a dejar exhausto.
