The Last: Desde el comienzo
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Capítulo I: The Beginning
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Cuando decían que luego de una tormenta el cielo es hermoso, tenían razón. Eso pensaba mientras sentía bajo sus dedos la frescura del césped, acostada viendo la vasta bóveda celeste que cargaba grandes y abultadas nubes blancas. Siguió tocando el verde con sus manos, acariciándolo. Con un suspiro que cargó de aire puro sus pulmones, cerró los ojos y decidió prestar atención a los murmullos que le profesaba la naturaleza. Pájaros piaban, y el curso del agua golpeaba las piedras en su camino continuo. Abrió los ojos y giró su cabeza hacia la derecha para ver el pequeño arroyo, cuya agua captaba los rayos del sol y resplandecía en respuesta.
—Después de la tormenta, viene la calma.
Esa tormenta había asolado su aldea hacía bastante tiempo ya, y en consecuencia su aldea había sido destruida. El lugar que la había visto crecer. Y el que ahora, entre todos, estaban volviendo a poner de a poco en pie.
El ataque a manos del al parecer líder de Akatsuki no hizo más que dejar polvo y cenizas. Vidas parecieron haber llegado a su fin también, pero gracias a la fuerza y compromiso de Naruto, el enemigo retrocedió de tanta tragedia y su vida fue intercambiada por aquellos que habían perecido.
—N-Naruto-kun —sus manos dejaron de tocar el césped para ir hacia sus ruborizadas mejillas. El recuerdo de esa batalla vino a ella y la sumió en un estado de vergüenza.
El rubio shinobi parecía que estaba por perder ante aquella persona llamada Pain. Ella había visto cómo el miembro de Akatsuki se acercaba a él para darle el golpe final. Algo dentro suyo la hizo moverse de donde estaba parada, y cuando se dio cuenta, miraba de frente la mirada violácea del enemigo. Los gritos de Naruto le llegaban lejanos, y sin planearlo, ella dijo al fin la verdad: que lo quería.
Sacudió su cabeza ante el recuerdo. ¿De dónde le habían salido las fuerzas para decir la verdad que durante tantos años calló?
—N-no. Eso ya es parte del pasado.
Lo era. Luego de la batalla, se sintió extraña. Fue como si al haber sacado de dentro esas palabras, ese sentimiento ya no se sostenía tan firme en su corazón.¿Dónde estaba el fuerte amor que la impulsaba a seguir los pasos de su amado? ¿Por qué ahora se sentía más como admiración, como un gran cariño? Durante casi dos semanas cargó con ese nuevo peso en su pecho. Intentó evadir al rubio hasta aclarar sus sentimientos, y por lo visto él pensaba igual, pues al verla parecía que recordaba que tenía otros compromisos y salía corriendo. Lo más triste de todo eso era... que no le dolía. No como debía doler cuando esa persona especial no hace caso de tus sentimientos.
Y entonces lo comprendió: ya no era amor.
¿Lo había sido? Claro que sí, pero con el tiempo ese sentimiento fue cambiando de a poco. Como una oruga que toma su tiempo para convertirse en mariposa, ese amor salió de su capullo y voló hacia el cielo para desplegar las alas del cariño y la admiración.
Decidida con todo su ser, quiso encontrar al rubio. Ella también mostraría sus alas para salir de las sombras. Debía decir una nueva verdad. Y él sonrió al escuchar sus palabras. Y le agradeció ese amor de la infancia que supo darle cuando nadie pensaba ni siquiera en ser su amigo:
Gracias, Hinata. Supiste quererme y confiar en mí. Yo también siento un gran cariño hacia ti. A partir de ahora, no temas a nada. Cuidémonos las espaldas, como hacen los compañeros. Los amigos.
Habían pasado días desde ese momento. Mientras el momento de la confesión la inundaba en vergüenza, pensar en ese amor pasado la llenaba de felicidad. Había querido, para luego tener un amigo.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una especie de escalofríos. Algo hizo que se pusiera en alerta, y al activar su línea sucesoria entendió por qué: detrás suyo, sobre una gran rama, Uchiha Sasuke la miraba.
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Konoha ha sido destruida.
La frase seguía resonando en su cabeza.
Tras abandonar aquella organización que no daba para más, había decidido ir hacia su antigua aldea. Su equipo lo acompañaba; Taka se aproximaba a su objetivo. Pero el "Konoha ha sido destruida" que les dijo aquel individuo de la máscara cuando llevaban medio camino hecho, lo detuvo. No prestó atención a las quejas de ese, quien se indignaba por el hecho de que no habían capturado al Ocho Colas. Y mucho menos sintió ganas de cumplir esa nueva misión de matar al supuesto nuevo Hokage, Danzō.
Pero lo hizo. Y salió muy lastimado de ese encuentro. Su cuerpo se enfrentaba a los cinco Kages que se encontraban reunidos cuando él los interrumpió. Su mente, en cambio, estaba en Konoha. Su misión personal había sido destruirla con sus propias manos. Vengar a la única víctima: su hermano. Durante años lo había odiado, creyendo que era el culpable del fin de su clan; pero solo resultó ser una pieza en un juego de estrategia, esa que puede ser deshecha sin problemas, un peón. Y supo eso cuando al fin lo mató. El odio que había sentido hacia él cambió de rumbo y se transformó en algo más letal. Los verdaderos culpables adornarían su aldea con el carmín de su sangre, y el horror impregnado en sus rostros, cuando él les diera la estocada final.
Destruiría Konoha.
O eso creyó. Alguien había hecho su trabajo, y eso lo enfurecía. En cambio, debía encargarse de un anciano. Pero la división entre mente y cuerpo le jugó una mala pasada, al sentirse sobrepasado y casi vencido. Fue enviado a otra dimensión, donde Karin trató de revitalizarlo. Cuando se vio mejor, se encontró nuevamente con Tobi, quien le reveló que había declarado la Cuarta Guerra Shinobi.
Eso había acontecido hacía horas. Seguramente las aldeas comenzarían a avisar a sus soldados. Era peligroso para él estar entonces corriendo por el bosque, rumbo a lo alguna vez fue su hogar. En su camino, oyó a escondidas que durante esas semanas los habitantes de Konoha habían estado día y noche con el renacimiento del lugar. De ser así, no debía renunciar a su meta.
—Aunque te levanten otra vez, te destruiré, Konoha.
Sentía que estaba más cerca mientras la espesura del bosque disminuía. La luz entraba cada vez más entre las ramas, y el sonido de un arroyo le alertaba que estaba en los límites de la aldea.
Se detuvo de lleno cuando su Sharingan le mostró la imagen de una persona sentada a un par de kilómetros. Él conocía ese lugar, y sabía que por lo general a esa hora estaba siempre vacío. Ocultó su presencia y se acercó hasta posarse en una gran rama, y cuando su mano estaba por tocar su katana, lista para el ataque, la muchacha se dio vuelta.
Sharingan y Byakugan frente a frente.
Había encontrado una Hyuuga.
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—¿Q-qué hace a-aquí? —si bien era una kunoichi que no debía temer ante nada, frente a ella estaba uno de los grandes enemigos. En parte, temía— U-uchiha Sasuke.
Se puso en posición de ataque, pero él no mostró señales de querer atacar. La mano que estaba cerca de su arma de a poco se alejó de ella. Lo miró a los ojos, notorias ojeras se dibujaban bajo ellos, y su piel parecía más pálida de lo normal. No era que recordaba su aspecto exacto de cuando habitaba allí, pero podía ver cómo su rostro se mostraba marcado por la tragedia, endurecido para dejar a la vista una máscara seria y peligrosa.
—Hyuuga Hinata, ¿cierto?
El muchacho ladeó la cabeza en espera de su confirmación.
—Le he p-preguntado qué hace a-aquí —contestó reafirmando su pose. Debía estar preparada para cualquier suceso si tenía delante a esa persona.
Si bien tenía su Byakugan activado, no pudo prevenir lo que sucedió. En prácticamente un segundo, la visión del Uchiha sobre la rama parpadeó y supo que se había movido de allí al sentir una mano tomándola del cuello. Intentó aflojar el agarre, pero él lo hizo antes de que llegara apenas a tocarle las manos. Sus ojos rojos brillaron.
—Y yo si tu nombre era Hinata.
Se negó a contestar, y en cambio se afirmó al toque de su mano en el cuello y acercó como pudo la otra mano a un canal de chakra en su brazo para quedar libre, acto que él supo prevenir porque interceptó con su otra mano el ataque. Terminó de soltar su cuello con lo que a ella le pareció una pequeña elevación en la comisura de sus labios.
—Solo vine a cerciorarme del estado de la aldea.
Dejó de sentir el contacto y cayó al suelo. Instintivamente, llevó sus manos a la parte que había sido presionada, pero no sentía dolor ni falta de aire. Era como si el Uchiha nunca tuvo la intención de ahorcarla. Alzó el rostro para ver su posición y lo vio en la rama donde lo había encontrado, pero esta vez le daba la espalda.
—Una Cuarta Guerra ha sido declarada. Te sugiero que vayas a darle el parte a los demás. Nos veremos pronto.
Y desapareció entre la espesura del bosque.
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Era cierto, la aldea estaba en proceso de reconstrucción. Luego de dejar a la muchacha a orillas del arroyo, partió hacia un lugar elevado para confirmar los rumores. Pudo ver cómo algunas casas ya estaban siendo terminadas, mientras las calles eran transitadas por hombres y mujeres con herramientas, bolsas y alimentos. Todos ayudaban, incluso los niños y aquellos ancianos que se veían capaces.
A lo lejos algo llamó su atención, una estructura que no creyó volver a ver jamás, la Academia. Allí estudió hasta los doce años, a pesar de no haber sido el mismo niño que entró ese que se graduó. No, quien había ingresado era un pequeño con ilusiones y sueños, alguien que quería llegar a ser el que mantuviera el honor de su clan. Pero la tragedia decidió presentarse, y quedó solo. El odio y el deseo de venganza hacia su hermano fueron el nuevo impulso que llevaba adelante su vida. Nadie a su alrededor importaba, él no necesitaba amigos, y mucho menos muchachas que lo persiguieran, pues lo único que reinaba en su vida era su propósito personal.
Aun así no faltaban aquellos que querían estar a su lado, o competir contra él, como Naruto.
¿Q-qué hace a-aquí, U-uchiha Sasuke?
Hyuuga Hinata. Preguntó su nombre para una confirmación, había estado años fuera de la aldea y era seguro que más de uno cambió físicamente. Pero ella también ganó confianza, lo que demostró al intentar enfrentarlo sin pensarlo. Jamás hablaron, apenas estaban en el mismo lugar, a excepción del salón de clases. Él sabía de su existencia por el hecho de ser una Hyuuga; un Uchiha era instruido desde bien pequeño sobre la historia de su clan y del otro poderoso de la aldea, los Hyuuga; y por eso supo distinguir entre el primer día de clases a una niña que poseía el Byakugan. Tímida y, a veces, tras Naruto, algo que aquel no se daba cuenta. Solo eso, nunca más supo de ella, y tampoco de los demás, porque al ser el único sobreviviente de su clan, el mundo desapareció y el odio comenzó a manejar su vida.
Dejó de ver hacia la Academia y retomó el viaje. Había una guerra en progreso.
—Nos veremos pronto.
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—Maldición, Itachi.
Su puño colisionó contra un árbol con tanta fuerza que dejó marca. Volvió golpear otras cinco veces más antes de rendirse y tirar su cuerpo al suelo. Recostado sobre la tierra, estiró el brazo para ver un rastro de sangre que salía de sus nudillos para mezclarse con algunas astillas.
De pronto, sintió algo en su rostro, una sensación que hacía tiempo no era compatible con su persona. Llevó la mano ensangrentada para sentir las lágrimas que caían. Se sentían calientes, como aquella vez en la que se paró frente a un precipicio a llorar la muerte de su hermano.
Hoy vuelvo a llorar por ti, pensó.
Se encontraban en el segundo día de la guerra. Varios frentes se habían abierto entre los bandos de Akatsuki y La Gran Alianza Shinobi, conformada por las cinco grandes naciones. Había decidido alejarse un poco del idiota de la máscara que no hacía más que darle órdenes para cumplir su plan de conseguir a los últimos Jinchūriki que faltaban para su plan. Que él hiciera lo que quisiera, pero que no se interpusiera en su afán por destruir Konoha. Esa idea tuvo en mente durante bastante tiempo, desde que supo la verdad sobre su hermano. Todo aquello que le impidiera cumplir su objetivo debía ser corrido del camino.
Durante su huida de las insoportables órdenes del Akatsuki, se internó en el bosque. Apenas podía ubicarse en qué territorio se encontraba. La guerra se llevaba a cabo en diferentes territorios de las tantas naciones, y había perdido la cuenta de por dónde estaba.
Y entonces lo vio.
A su lado, entre los árboles una sombra se dirigía en dirección contraria. El tiempo pareció detenerse cuando vislumbró la figura de su hermano. No, ese no era Itachi, sino una de las tantas invocaciones de Kabuto. Sin darse cuenta, comenzó a seguirlo, a llamarlo, a gritarle... pero este no le contestaba. Claro, estaba siendo controlado. Eso pensó hasta que le habló. Supo que se había liberado y estaba en camino a salvar a los demás. Maldito, hasta muerto quería luchar para salvar a todos los que una vez lo dañaron.
Deseaba que pudieras seguir por el camino correcto. Pero desde que morí has recorrido el camino equivocado.
Sus palabras lo hicieron detenerse por un instante, su hermano pensó que las cosas saldrían de otra manera, siempre desde su preocupación y sus intenciones. Nunca habría prevenido que en vez de seguir en la luz, él elegiría la oscuridad que envolvía a la venganza. Incluso después de muerto seguía pensando en él.
Peleó junto a él. No contra él. Un sentimiento distinto embargó su cuerpo y su alma. De a poco sentía más liviano, como si una gran mochila a cuestas fuese perdiendo objetos. Con el golpe final a Kabuto, el último peso empezó a caer. Y quedó finalmente libre cuando el alma de su hermano se elevó y desapareció, no sin antes decirle eso:
Pase lo que pase a partir de ahora... Siempre te he querido.
—Maldición, Itachi —volvió a repetir ante el recuerdo. Ni siquiera había pasado una hora de ese momento. Las lágrimas seguían en contínuo desliz hasta caer al suelo.
Su Sharingan le alertó que varias personas se acercaban a su posición. Se levantó rápido y subió al árbol que había estado golpeando, para luego ocultar su presencia. No se hicieron esperar, eran al menos quince shinobis que corrían con todas las energías, a pesar de lucir ensangrentados y sucios. La mayoría portaba pares de ojos blancos, pero solo dos de ellos iban con el Byakugan activado, entre ellos, el de una muchacha de cabellos azulinos largos. Al enfocarse en ella, pareció como si su atención la hubiera llamado, puesto que se detuvo y miró en todas las direcciones. Sus manos estaban magulladas, y su rostro lleno de polvo y tierra. Las piernas, a su vez, parecían temblarle, como si hubiera estado corriendo por mucho tiempo. Por un segundo, tan solo uno, creyó ver a su hermano en esa situación, en misiones por su estimada aldea. Ni el cansancio ni las heridas lo habían detenido jamás, mientras Konoha estuviese a salvo, todo habría valido la pena. Y esa chica le recordaba el espíritu que Itachi había tenido y que, seguramente, siempre esperó que él también.
—¿Q-quién anda ahí? —dijo ella por lo bajo, pero lo suficientemente claro para que la escuchara— Siento... ¿Hay alguien?
Su entrecejo se arrugaba en la búsqueda de lo que presentía, pero al parecer no lograba descubrirlo del todo. No supo por qué, pero sentía que debía contestar, revelarse. Mas no lo hizo.
—Hinata-sama —dijo un moreno de cabellos largos — ¿Qué sucede? Se ha quedado atrás.
—Niisan... no es nada —negó imperceptiblemente con su cabeza y siguió su marcha con el que parecía su familiar directo.
Están protegiendo su hogar, pensó al quedarse solo. Tu hogar, Itachi.
Se quedó mirando por donde ella desapareció. Estaba a punto de tomar una decisión, pero antes quería las respuestas que tanto ansiaba.
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Su reunión con los cuatro primeros Hokages trajo a la luz muchas revelaciones sobre su clan, los ideales de la paz y, sobre todo, su hermano. Tras dejar el bosque en el que cruzó a ese grupo de Hyuuga, percibió el chakra de Orochimaru, quién lo llevó a resucitar a esas personas que le darían respuestas. Kabuto no había podido con ellos, debido a que estaban sellados, y solo el que había sido su maestro sabía cómo traerlos de vuelta.
—Tercero, ¿por qué le diste esa orden a Itachi?
—Así que ya lo sabes... —el cuerpo del anciano que conoció en vida ahora se dirigía a él con una máscara decrépita —Después de ordenar que matara a los suyos, lo acusamos de ser un traidor. E hicimos que se infiltrara en Akatsuki para ser nuestro espía. Pensó mucho más en el futuro de la aldea y los ninjas. Mató a todos los suyos y terminó con la rebelión, él solo impidió la guerra que habría estallado. Con la única condición de que yo te protegiera.
El Primero, entonces, decidió contarle sobre la rivalidad que su clan había tenido con los Uchiha, el comienzo de una gran historia que desde Madara fue instruyendo a los suyos en una propia ideología. Con el tiempo, el clan Uchiha era peligroso, la rebelión estaría a la vuelta de la esquina si no se cortaba el problema de raíz... Sasuke lo comprendió todo. Los Senju buscaban la armonía y la paz entre los shinobis, Madara iba en contra de sus principios. E Itachi...
—Mi hermano fue quien siguió tu voluntad, a pesar de que jamás le hablaron de ella. Mientras mi hermano cargaba con la responsabilidad del clan... Asesinó a su clan, manchó su nombre como desertor, se infiltró en la organización que buscaba destruir Konoha para vigilarla. Y después de haber muerto... Murió orgulloso de ser un ninja de Konoha.
Uchiha Itachi amaba su aldea. Quería la paz. Y luchó hasta las últimas instancias con tal de darle un futuro seguro.
—Sasuke, ¿qué harás? —oyó a su lado la susurrante voz de Orochimaru —¿Destruir la aldea o por el contrario...?
"Deseaba que pudieras seguir por el camino correcto. Pero desde que morí has recorrido el camino equivocado".
—Iré al campo de batalla —dijo finalmente. Posó su mirada en cada uno de los jefes frente a él —No dejaré que esta aldea... que Itachi... caigan en vano.
El camino se volvió rocoso y apresuró sus pasos para tomar impulso y saltar desde la elevación en la que estaba. Tocó de nuevo suelo y se preparó para tomar su katana.
Uzumaki Naruto sonrió.
—Llegas tarde, Sasuke.
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Continuará...
Nota:
Bueno, este ha sido el comienzo de la historia. Si bien les dije que iba a hacer mi versión de The Last, no podía empezarla sin antes crear una base para los sucesos en ella. Por eso les conté eso de que toda historia "tiene un principio, un desarrollo y un final". Aquí presenciaron la primera parte.
Para serles sincera, hace años que no escribía, específicamente desde el 2014. Quizás no parezca mucho, pero créanme que lo es. Sabía que iba a estar un poco oxidada a la hora de escribir, pero me sobrestimé y resulté estarlo muuuuucho más. Por eso mismo quiero perdirles perdón si no ha sido una lectura amena, pero puse todo mi esfuerzo.
En este primer capítulo intenté apegarme lo más posible a la historia original cuando escribía sobre el cambio de mentalidad de Sasuke para al fin pelear por la aldea, hasta me puse a ver escenas y copiar a la par unos diálogos.
Ahora... nos apartamos algo. Ya empieza mi reescritura jajaaja. En parte, porque no quiero verme horas de batallas para intentar ordenar los sucesos, y en parte porque sé que pasan cosas que no me gustan. Así que aquí vamos...
Gracias por leer. Nos encontraremos pronto en el siguiente capítulo titulado "The Middle".
Besos y abrazos,
Konohaa Girl.
