Capítulo II: The Middle
Parte II
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¿De haber aceptado el brazo, lo habrían dejado más tiempo en el hospital?
Dos veces quisieron convencerlo de que lo mejor sería recuperar la extremidad que, según palabras de Sakura, habían perdido por sandeces. Quizás ella lo quería ver como una niñería, algo que después de años los dos no podían dejar pasar, y no como lo que en realidad era, algo que Naruto y él se debían para cerrar un capítulo de su historia.
Tal vez ella lo entendía, pero desviaba la atención del motivo para no ponerse a llorar ante su incapacidad de haberles salvado el brazo. Lo sabía porque momentos antes de perder el sentido la había escuchado decir a alguien que debía reparar ese desastre, que los restauraría y nada les faltaría, y Naruto que le pedía que no se exigiera demasiado, que cualquier resultado no sería su culpa.
La primera vez que intentaron rever la opción de la prótesis vinieron ellos dos.
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Naruto no solo se encontraba vendado como él en esa parte, sino que a la vez le habían envuelto una venda por sobre el pecho y brazo para evitar que lo moviera. Aun así, eso no lo detenía, porque los gritos de Sakura se hacían escuchar cuando le pedía que dejara de mover lo que ya no tenía.
—Pero estoy bien, Sakura-chan. Y pronto lo estaré. Y Sasuke tamb...—
—No sigas —le interrumpió.
Naruto había acercado la silla a la cama mientras Sakura se sentó en el colchón para revisar el vendaje del azabache. Entre gritos, también se concentraba en su inspección. El rubio, por su parte, seguía intentando mover el brazo. Y entre tanta algarabía en el relato de cómo sería volver a tener un brazo, que lo estaban haciendo con células de algo, y que la noticia le había gustado, y que quería convencerlo, Sasuke repelía más y más todo lo que salía de su boca y miraba hacia la ventana, en donde una muchacha aún vestida de negro se posaba contra el cristal y observaba a un punto en específico, perdida en sus pensamientos.
Había estado sentada junto a la pared hasta segundos antes de que la puerta se hubiera abierto con un estruendo, y acto seguido Naruto ingresara con algunos insultos hacia él, los mismos que Sakura intentaba callar al decir cómo debía comportarse en un hospital. Ambos la vieron cuando ella rápidamente se paró y los saludó, a la vez que les informaba que no podía dejar la habitación por órdenes del Hokage. Cuando Naruto casi tambaleó, le ofreció sentarse y luego se acercó a donde ahora estaba.
Durante unos buenos diez minutos pareció inmóvil frente a la ventana, como haciendo oídos sordos para no inmiscuirse en la conversación que no le incumbía.
Era ya el tercer día en que estaba de guardia. Por las mañanas contaba con la compañía del sujeto que seguía sin emitir palabra, siempre en la misma pose como si no le molestara practicar de estatua, hasta lo que era un minuto luego del almuerzo, cuando llegaba ella y en el rostro del hombre aparecía una pequeña sonrisa, antes de desaparecer. Luego de quedar a solas, ella se acercaba a preguntarle si necesitaba algo, a lo que él negaba, y se sentaba en la silla alejada de él, hasta la medianoche en que el otro volvía.
Ese día la había visto distinta, como más descansada, a pesar de la jornada de doce horas que llevaba en un hospital a la vigilia de un ex-renegado. Las ojeras que el primer día resaltaban demasiado, ya casi no se veían. Incluso no parecía querer llorar como las veces anteriores. Algo había pasado para que recuperara un poco la compostura, ¿pero qué sería?
Cuando la vio darse la vuelta y dirigirse a la cama comprendió que había dejado de escuchar las palabrerías que Naruto seguía soltando, e incluso no había sentido las manos de Sakura en su brazo. Por lo visto la joven la había llamado para que le alcanzara las tijeras que trajo junto las vendas y dejó sobre una pequeña mesa. No sabía qué iban a hacerle, no había prestado atención.
Cada vez que intentaba descifrar el rompecabezas que se había creado en torno a la Hyuuga parecía perder la noción de todo lo que lo rodeaba.
—¿Puedes cortar aquí, Hinata? — le pidió la muchacha. La sintió muy cerca cuando se acercó para hacer la tarea. Tanto que pudo percibir el aroma a lavanda que desprendía su cabello.
—Oye, Sasuke, deja de mirar así a Hinata-chan. No va a apuñalarte.
La voz de Naruto hizo que unos ojos claros se centraran en él. Apenas unos centímetros los separaban, y pudo entender que la había estado mirando fijamente. Antes de apartar su mirada para contestarle al rubio, percibió una pequeña sonrisa de parte de ella, quien se dio a la tarea de cortar el vendaje, sin inmutarse ante la situación en que había sido encontrado.
Volteó a ver al sujeto molesto, pero pudo capturar la imagen de quien estaba frente a él. Los ojos de Sakura mostraron confusión por un momento, antes de sacudir su cabeza y fingir que no lo había observado.
—Por cierto, Hinata-chan, me alegra verte mejor.
Una sonrisa más notoria se presentó en su rostro. Le contestó que también se alegraba por él, y que esperaba verlo pronto fuera del hospital. Esa parecía una réplica entre personas que eran amigas, lo que por un momento le hizo dudar, puesto que él recordaba a una niña de cabellos cortos que se mostraba enamorada del rubio. ¿Acaso ya no lo quería de esa forma?
Los sentimientos podían cambiar con el tiempo. Alguna vez se lo habían dicho, aunque no le encontró sentido. Pero viendo cómo en él años de resentimientos a su hermano cambiaron a deseos de anhelo y tristeza, supo que esa declaración sí podía ser verdadera. Si hasta el alma más atormentada y difícil de desentrañar pudo cambiar, entonces cualquiera podía.
—¡Sasuke, que dejes de ver así a Hinata-chan y me escuches!
El temblor de las manos de Sakura en su brazo lo trajeron de vuelta a la habitación. Su rostro se ocultó entre sus cabellos rosados mientras decía que ya estaba hecho su trabajo y se llevaría a Naruto para que ambos descansaran.
Al quedar solos, Hinata tiró las vendas usadas a la basura y acomodó lo que había quedado fuera de lugar. Se detuvo dándole la espalda, y pensó que quizás estaba incómoda por lo sucedido, así que iba a decirle que no la estaba mirando, pero ella habló:
—¿En..? ¿En serio no aceptará el tratamiento? ¿No siente que es una segunda oportunidad?
Una segunda oportunidad. Una sombra cayó por un segundo sobre sus ojos, y él supo por qué lo dijo. Una oportunidad para seguir con su vida.
Pero él no lo merecía.
Sin pensarlo, ella fue la segunda persona que intentó convencerlo.
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Hacía dos semanas que estaba en la completa oscuridad. A la semana de estar postrado en una cama, siendo vigilado y atendido por sus heridas, la jefa del hospital decidió que estaba en perfectas condiciones para abandonar las instalaciones. Fue así cómo el Hokage, un juunin y sus dos guardianes Hyuuga lo acompañaron hasta su nueva residencia... Si es que a una celda húmeda y de pequeñas dimensiones se le podía llamar así.
Quizás cualquier preso se quejaría de estar encerrado allí, pero él sabía que esto era lo que se merecía, y más. Su antiguo maestro le había dicho que intentaría convencer a los ancianos del consejo para que fuera perdonado, pero Sasuke no esperaba que dieran su brazo a torcer tan fácilmente. Mientras, debía esperar sobre un colchón desgastado, con todo su cuerpo amarrado para evitar cualquier movimiento, y sus ojos vendados, ya fuese para no utilizar ninguna técnica, o privarse de cualquier sentido como castigo.
La seguridad se había reforzado, puesto que ahora era vigilado por cuatro personas distintas. Conocía la presencia del Hyuuga estatua, y de Hinata, luego de días de estar rodeado de sus chakras. El de ella era el que más pronto sentía al ingresar al sector en el que estaba recluido. Al parecer, era cierto cuando decían que perder un sentido potencia los demás. Percibía cómo se acercaba, escuchaba sus pasos, el rozar de la tela de sus pantalones —seguramente negros, como la ropa que todo el tiempo usaba.
De todos, era la única que le dirigía la palabra, preguntando cada tanto cómo se encontraba, si necesitaba algo, si quería pedir el permiso para ir al baño, si quería saber los mensajes que Naruto quería enviarles. Él no contestaba. No podía. Su boca estaba libre de ataduras, pero había decidido llevar su castigo con todas las de la ley, no podía darse libertades.
Y así pasaron los días y las semanas. Por momentos, sentía un pequeño malestar en su brazo vendado, como si le pesara y picara la parte faltante. Sakura le había prevenido antes de despedirse que podría sentir algo así, le había dicho el nombre del síndrome pero no le prestó atención porque los gritos de Naruto hacia Kakashi y los juunin que fueron a buscarlo tapaban cualquier otra voz.
Empezó a incrementarse la molestia al punto que decidió romper el estatismo autoimpuesto. Se movió bruscamente y sintió un tirón que lo llevó a maldecir. No se dio cuenta qué tanto espectáculo hacía hasta que sintió unas pequeñas manos en sus hombros.
—T-tranquilo. Se hace daño.
Intentaba hacer que dejara de moverse. Por primera vez en semanas había roto el pacto de silencio que había impuesto con su maldición, lo que debió alertarla de que algo sucedía como para acercarse rápido y sin resguardo. Intentó forcejear con ella para pegarse contra la pared y así detener el dolor que ahora se presentaba y acrecentaba. En eso, sintió una leve presión sobre su hombro y perdió la movilidad total de su lado izquierdo.
—L-lo... lo siento. Se estaba haciendo daño.
No podía decirle nada, solo hacía su trabajo. Que un prisionero empezara con movimientos bruscos podía ser peligroso, y aunque su caso no era de preocuparse, le agradecía internamente que cerrara su vía de chakra. Solo sentía un entumecimiento, nada de dolor.
—P-por favor, n-no se mueva.
Dejó de sentir su presencia por unos momentos y escuchó el rápido repicar de sus pasos de ida y vuelta. Sus manos empezaron a rodear el muñón para sacarle las vendas que estaban siendo cambiadas, parecía haberse lastimado con los amagues hechos en su intento de calmar la molestia. Hacía su trabajo en silencio y con seguridad. Sus dedos recorrían su piel dañada al aplicarle un ungüento que tenía un leve aroma que reconocía. Y supo con más certeza cuando sintió la cercanía que tenían, sus cabellos rozaban su hombro y llenaban el espacio con lavanda. Ella seguía masajeando tranquilamente la herida, como si no le disgustara lo que seguro era una horrible imagen de suturas y carne quemada.
Se recostó contra la pared y dejó que lo sanara. Sus manos lo trataban con delicadeza. Inspiró su aroma y, por un momento, se sintió en paz. Pudo, por un instante, dejarse llevar por la calma y pensar en un futuro en que alguien lo tratara de la misma manera.
No...
No, tenía prohibido imaginar algo así. Él debía pagar por sus crímenes, y si el castigo era incluso la muerte, debía aceptarlo sin quejas. Jamás tendría un futuro como el que casi se permite soñar.
—Naruto-kun peleará por usted.
Como si leyera su mente, dijo esas palabras. Detuvo sus movimientos en el brazo para empezar a vendarlo nuevamente.
—Solo gastará energías.
Finalmente, le había contestado tras días. No quería que los demás salieran perjudicados por sus pecados. Él se la había buscado, él afrontaría las consecuencias.
La muchacha terminó de vendarlo y se levantó.
—S-si pelear por usted es gastar las energías... ¿cómo es que está de regreso en la aldea? Sólo confíe.
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"Sólo confíe"
Esas dos palabras habían rondado su cabeza durante toda la mañana, tras haber recibido la visita del Hokage quien, sin previo aviso entró a la celda y antes de si quiera saludarlo le quitó la venda. Le llevó poco tiempo acostumbrarse a lo que había pasado, puesto que el ambiente estaba casi a oscuras, solo recibiendo un poco de luz a través de una pequeña ventana ubicada fuera de su habitación. Cuando pudo mantener normalmente la vista sin problemas, miró a su alrededor para encontrarse a solas con el hombre.
—Saca tu trasero de aquí inmediatamente.
Su ex maestro lucía cansado. Se encontraba vistiendo sus ropas de juunin, como si fuera un ninja más y no la máxima autoridad de Konoha. De la última vez que lo había visto, casi un mes, el único cambio físico que podía encontrar era que su cabello se encontraba un poco más largo, y algunas ojeras prominentes.
—¿No me escuchaste?
—Te escuché. Lo que sucede es que no entiendo.
El mayor se estiró antes de empezar a deshacer las ataduras que lo mantenían cautivo.
—¿Qué no entiendes? Eres libre.
—¿Cómo?
Pareció ignorar su pregunta porque tocó el vendaje y lo examinó detenidamente mientras soltaba el último amarre. No supo si fue por eso, o por qué, pero entonces giró el rostro para ver a su alrededor.
—¿Qué buscas, Sasuke?
En los ojos del hombre se mostró una especie de picardía. Decidió ignorarlo y se levantó. Se encontraba un poco débil y sus músculos tardaron en responder al nuevo esfuerzo que realizaban. Con un trastabilleo, se sostuvo del hombro de Kakashi. Cuando se estabilizó, emprendió su camino.
—Solo la salida.
Escuchó una risa a sus espaldas.
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La encontró en el mismo lugar en el que se había dado su primer encuentro. Parecía haber pasado una eternidad desde ese momento. Él no era más que una persona llena de odio que quería ver todo a su paso destruido. Tras ese momento, había pasado una guerra, un cambio de mentalidad, una estadía en el hospital y la cárcel, y ahora pasarían otras cosas.
El perdón le fue dado oficialmente esa mañana. Kakashi lo había sacado del encierro hacía una semana, y tras averiguar cómo fue todo el proceso en el que él, Naruto, e incluso personas que pensó que lo resentían, se mostraron a su favor al declarar que había cambiado y que no era un peligro, fue absuelto.
Ella también tuvo algo que ver. Al parecer había entregado un informe a los ancianos con su comportamiento. Uno que no sabía que estaba escribiendo.
—¿Qué hace aquí, Uchiha Sasuke?
La pregunta que le hizo de espaldas lo envió de regreso a ese momento del pasado. Era la primera frase que se habían dirigido. ¿Quién hubiera pensado que ahora todo sería distinto? Ese Sasuke lleno de odio ya no existía. No estaba parado sobre ninguna rama, sino a pasos de ella, quien miraba la corriente agua. Tampoco estaba con su mano a punto de tomar su espada para atacar, al contrario, tenía su mano derecha en el bolsillo. Su vestimenta había cambiado, ahora llevaba un pantalón negro en conjunto con una remera igual que en su manga llevaba el símbolo de su clan. El brazo faltante no era visible al vestir una capa que lo ocultaba.
Ella también estaba distinta. No se encontraba a la defensiva como esa vez.
Seguía dándole la espalda, su postura era relajada. Ya no usaba la vestimenta de luto, sino que tonos lilas y grises.
No la había visto desde que sus ojos fueron vendados al ingresar a la celda. Y no habían hablado desde que lo ayudó con su ataque allí, cuando lo tranquilizó y curó. Desde ese momento pasaron varias cosas: con su libertad y su perdón obtenido, había anunciado que se iría en un viaje de redención.
Quería ver cómo era el mundo desde su nueva percepción de la vida. Recorrería las naciones, purgaría sus pecados en soledad y, cuando estuviera listo, regresaría para ser Uchiha Sasuke de Konohagakure. Seguramente encontraría muchas cosas cambiadas, tal vez no.
—Me marcho en unas horas.
Ella se dio la vuelta lentamente y lo miró fijamente por un instante, entonces le sonrió. La misma sonrisa que había recibido Naruto en aquella habitación del hospital.
—Espero que encuentre la paz que tanto busca.
No supo por qué tuvo la necesidad de despedirse de ella. Pensaba que Naruto y Sakura quizás lo verían a las puertas de la aldea, pero sabía que tenía que ir a ese arroyo a buscarla, pues ella no estaría con los demás. Por supuesto que no, solo había sido una de las tantas personas con la obligación de vigilarlo.
Sacudió su cabeza y decidió que lo mejor era retirarse. Estaba dándose la vuelta cuando unas suaves manos tomaron la suya. La miró fijamente:
—Buena suerte, Uchiha-san.
—Sé feliz, Hyuuga.
Se deshizo despacio de su agarre, no sin antes dejar una caricia en su muñeca que pasó imperceptible para ella.
—Cuídate.
Y de la misma manera que en ese primer encuentro, desapareció entre la espesura del bosque.
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Continuará...
Nota:
Y... fin de este capítulo dividido en dos.
No sé si les estará gustando la historia, pero a mi sí jajajaa. Me ha llevado bastante escribir The Middle, porque quise abarcar bastante para luego adentrarme de lleno en los sucesos finales... Espero que me haya salido bien.
Desde ya, muchas gracias por leerme, se siente lindo saber que tantas palabras escritas tienen gente que las reciba.
Nos vemos en la parte final: The Last (seguramente se dan una idea de qué tratará por el título).
Saludos y abrazos,
Konohaa Girl.
