Capítulo III: The Last

Parte I

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Los destellos en el firmamento iluminaban la oscura noche.

Llevaba andando un buen par de horas cuando divisó el primer resplandor. Por un momento, creyó en era un refucilo, aunque no creyera que habría tormenta. Entonces, otros destellos surcaron el cielo. No eran iluminaciones comunes, tampoco estrellas fugaces. Algo raro ocurría.

Una presencia débil llamó su atención. A unos kilómetros había alguien cuyo chakra oscilaba entre esfuerzos por hacerse notar. Por un instante, el reconocimiento al algo ajeno en el tiempo hizo que prestara cuidado a lo que sentía. Era extraño, el chakra le recordaba a una persona que no veía desde hacía un tiempo.

Llegó al lugar para encontrarse con un hombre herido que se tendía boca arriba. Varias manchas de sangre habían teñido su vestimenta, antes clara. Su rostro, magullado, apenas mostraba una zona sana. Se acercó hasta hincarse a su lado y comprobar qué tan bajos estaban sus signos vitales, pero el otro interceptó su brazo antes de apenas tocarlo.

—E-estoy... bien. Lléveme... a Konoha.

Entonces abrió sus ojos y dos destellos perlados lo miraron. Por eso es que había reconocido el chakra: era el patriarca de los Hyuuga. El padre de ella.

Él no parecía sorprenderse de quién había ido a su rescate, quizás lo hubo sentido y por eso se hizo notar. Estaba demasiado herido como para moverse, lo que el movimiento del brazo debió costarle, puesto que lo dejó caer y se desmayó.

¿Qué fue tan grave como para que Hyuuga Hiashi terminara de esa forma?

Unas palabras captaron su atención. El hombre murmuraba, entonces solamente dormía. Acercóse más a él para descifrarlas:

—Mis hijas...

No supo cómo había pasado todo, pero ahora se encontraba camino a la aldea con un hombre en brazo, mientras el paisaje se convertía en una imagen borrosa por la velocidad a la que corría.

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—Mi clan se niega a cumplir el Decreto Celestial que ellos proclaman. No obtendrán nada de nosotros.

Habían cruzado las puertas de la aldea, nadie vigilaba y apenas pocas personas corrían por las calles casi desiertas. Ni siquiera aquellos que permanecían allí se mostraban atentos a ellos, pues no se alteraban ante la imagen de Uchiha Sasuke llevando en su espalda a un herido Hyuuga Hiashi.

El hombre había despertado poco antes de ingresar a los límites de Konoha, y desde entonces hablaba de algún decreto ancestral que unía a su clan con otro. Sasuke no le prestaba atención, tenía otros pensamientos rondando por su mente, además del esfuerzo que conllevaba transportar un cuerpo frágil que debía impedir caerse con su único brazo.

—No entiendo de lo que hablas, Hyuuga.

—La luna... se acerca.

Y eso también era lo que mencionaba entre sus otras frases. Si bien el firmamento nocturno seguía interrumpido por luces y al parecer una lluvia de estrellas, el delirio que debía estar sufriendo el mayor sabía relacionarse con el aspecto que cobró el satélite. Se veía más iluminada, y con mayor tamaño, pero eso de acercarse era refutable.

—No tenemos tiempo para que hables con metáforas, parece que el cielo está cayendo...

—Por la luna.

Se detuvo para reacomodar al hombre. Alzó la vista pensativo. Sí, parecía más cerca, pero seguía pareciéndole ridículo esa idea. ¿Por qué caería algo de allí? Aunque... algunas luces aparecían a su alrededor, como si salieran de allí... Imposible.

—Explícate.

—Nuestro clan y el que habita la luna están relacionados.

¿El clan Ōtsutsuki? Sí, conocía la historia de los hermanos que comenzaron la historia de su mundo, era de las primeras leyendas que enseñaban en su clan a los niños. Incluso él y otros habían luchado contra Kagura en la última Guerra y conocido al Sabio de los Siete Caminos.

—Hamura prometió proteger la tierra y el mundo shinobi — con esfuerzo, Hiashi siguió su relato —. Pero aquellos han tergiversado su mandato, trastocado sus ideales. Quieren destruirnos... Y ahora él se ha llevado a mis hijas. Hinata... está enfrentando el destino que intentamos detener. Y Hanabi...

—¿Qué destino? — la mención de la muchacha hizo que retomara el paso. Debía encontrar dónde dejarlo para averiguar mejor qué sucedía.

—Ella es la Princesa Byakugan. Si Toneri logra desposarla... dejaremos de existir.

—¿Desposarla? ¿Toneri? Habla.

—Mis hijas están en peligro.

Esperó a que continuara, pero el silencio se extendió. Volteó a verlo.

Maldición. Se había desmayado.

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Decretos, princesas, compromisos, nada tenía sentido. Había dejado al patriarca en las puertas del hospital antes de dirigirse a donde sea que debía ir para encontrar a la Hyuuga. Odiaba que su cuerpo actuara por sí mismo cuando se trataba de ella.

No terminaba de entender qué le sucedía. Desde el primer encuentro, dos años atrás, parecía que una fuerza invisible los volvía a juntar una y otra vez. En una aldea de gran cantidad de habitantes, en un lugar que apenas era transitado en ese momento, fue ella a quien vio. En un bosque, en plena guerra en la que participaban millones de aliados, ella entre todos percibió su presencia. De todo un clan, ella debió custodiarlo en el hospital y la prisión. Y de cualquier persona que pudo haber querido despedirse antes de partir, solo pensó en ella.

Nunca tuvieron relación estando él en Konoha. En sus días en la Academia, apenas pasaba las clases sin intentar prestar atención a su alrededor. La había visto un par de veces, pero era solo una alumna más. Entonces abandonó la aldea, y juró jamás volver a pisarla, pero esa promesa quedó inválida cuando quiso saber si en verdad fue destruida. Apenas pisar la tierra que lo ligaba a su pasado, ese que deseaba cortar, la primera persona en ver fue a ella. Y la única.

Ver... Cómo una simple palabra puede denotar otras cosas. Era una acción involuntaria, cualquiera que tuviera sus ojos abiertos veía, pero él en verdad veía. En el campo de batalla la vio a ella. En el hospital, su mirada se desviaba en su dirección, aunque tuviera a Naruto gritándole que no en su oído. En prisión, aunque prohibido de ese sentido, también la veía, porque sentía su presencia, sus pasos, todo.

Y luego se marchó, no sin antes verla una vez más. Quizás sí había sido voluntario y no un exabrupto, puesto que debió intentar cerrar el círculo que habían abierto con su encuentro. Terminar en el inicio de todo.

La decisión pudo parecer tomada por él, pero nuevamente aparecía la idea de esa fuerza invisible. Había estado alrededor de un año solo, en espera de expiar sus pecados, y que el tiempo daría fin cuando creyese que era momento de regresar. Todavía sentía que faltaba bastante, muchos años tal vez. Seguir ese viaje en soledad consistía en ni siquiera ser visto ni sentido por algún otro individuo. Pero ella lo encontró.

Fue en pleno día. No había dejado de caminar desde bien temprano en la mañana ni se detuvo a comer algo. Pero entonces una presencia se hizo notar a unos kilómetros al norte. Cuando ella apareció, fue como si el tiempo no hubiese transcurrido entre su despedida y el ahora. No hubo asombro, solo una sonrisa.

—¿Cómo ha estado?

Se habían sentado sobre un tronco caído. Se masajeaba los músculos y las pantorrillas, como si hubiese estado corriendo por mucho tiempo. Frente a ellos, un pequeño fuego asaba los peces que lograron pescar al atardecer. Ya oscurecía, parecía que no pretendían seguir sus caminos hasta la mañana siguiente. En completo silencio, miraban su alimento cocerse. No había incomodidad, para nada, sino comodidad. El año sin verse parecía jamás haber existido.

Sigo en viaje. ¿Y tú?

Detuvo sus masajes y estiró sus piernas. La simple acción capturó su atención, puesto que apartó la imagen frente a él para observar sus manos. Las había entrelazado y dejado sobre sus muslos. La última vez que se vieron ella todavía mantenía un vendaje, pero todo rastro de la herida que tuvo ya hubo desaparecido.

Estamos bien observaba el cielo . La aldea ha recobrado su esencia. Todo ha vuelto a la normalidad. ¡Oh! lo observó con una sonrisa Naruto-kun piensa tomar los exámenes para chuunin. En cuanto a Sakura-san...

Un leve resoplido la hizo detener. Sasuke la observaba con los ojos entrecerrados.

Debí suponer que pondrías a los demás antes que a ti parecía no entender a qué se refería, lo daba a entender al arrugar su entrecejo . Pregunté por ti, no la aldea, tampoco los demás.

Su reacción mostró cómo su actitud la tomó desprevenida. Se quedaron viendo unos minutos, quizás dos, tres, quién sabe. Como si algo la sacara de su entumecimiento, sacudió la cabeza y su rostro quedó oculto tras la cortina formada por sus cabellos, hasta que lo acomodó detrás de su oreja, dejando solo un mechón rebelde suelto.

¿P-por qué querría saber sobre mi?

Tampoco lo sé, Hyuuga su mano tocó el sedoso mechón y lo colocó en su lugar, para así poder ver sus ojos . No lo sé, pero quiero saberlo.

Blanco y negro se encontraron en completo mutismo. Blanco cedió primero, con las mejillas sonrojadas hizo conocer la respuesta que negro esperaba: Bien.

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—¿Este es el fin?

El Hokage veía acercarse cada vez más ese meteorito que se dirigía directamente a su aldea. Al principio, era la luna la que parecía avanzar, pero resultó detenerse para cederle el puesto de destructor a esa masa rocosa. Los refuerzos seguían trabajando, pero no daban a basto. El equipo más fuerte se concentraba en el ataque lunar, en caso de que Naruto y los demás fallaran; otro grupo intentaba batallar con el peligro en llamas que cada vez se acercaba más.

—Estamos perdidos.

Un sonido peculiar vino a sus oídos. Unos pájaros cantando por unos segundos. Frente a él, una gran demostración de electricidad envolvió el ambiente y, al llegar la calma, vio la explosión. El meteorito había desaparecido.

—Mientras él no este aquí, el único que puede proteger la aldea soy yo.

Una sombra frente a él giró y reveló su rostro: su antiguo alumno lo observaba. Vestía una desacomodada ropa de viaje, un pañuelo envolvía su frente, y sus sandalias desgastadas daban cuenta de su gran travesía. A pesar del tiempo fuera, seguía igual que al partir. Sasuke abandonó su posición para desaparecer, pero vio cómo se detuvo y volvió sobre sus pasos hasta quedar en frente.

—Dejé a Hyuuga Hiashi en un hospital. Ahora, dime dónde está su hija.

—No esperaba un saludo después de dos años, pero nos has salvado —habló Kakashi, sin dejar escapar detalle alguno a la expresión del joven —. No sé cómo llegar allí, pero puedo darte algunas pistas para te guíes.

Sabía perfectamente a quién esperaba encontrar. Creyó ver indicios de interés por su parte desde su estadía en el hospital, los cuales fueron confirmados el día en que lo liberó de la prisión. Nunca pensó que vería alguna vez a Sasuke interesado en alguien, mucho menos en la chica con la que no tuvo relación hasta luego de pasar años alejado de su aldea.

—El tiempo apremia, Kakashi.

—Naruto está cuidándola, ¿sabes?

Quizás no debió decir eso... ahora el Rinnegan lo observaba.

—Presta atención...

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Cueva, lago, burbujas. ¿Qué era todo eso? ¿Cómo Konoha tenía un camino casi secreto que lo llevaba por pasadizos desconocidos? Había encontrado una cueva, las marcas de unas pisadas le confirmaron que el grupo había pasado por allí; luego de más camino, llegó a un extraño lago con un brillo impresionante de la que la única opción que encontraba viable era el zambullirse en él. Así lo hizo.

Había saltado al agua pensando que debía atravesar la distancia pero, al contrario, se sintió absorbido hacia las profundidades. Se internó más hacia ellas, sin conocimiento de cuánto debía nadar y contener la respiración, hasta que divisó una especie de salida. Traspasó una barrera invisible que lo dejaba respirar, pero fuera de eso, el resto era inverosímil. Se sentía flotar, a su alrededor unas especies de burbujas se extendían por todo el paisaje. Avanzó entre ellas, envuelto en el silencio y la luz que ellas desprendían como su única guía. Fue entonces que se detuvo frente a una: dentro una imagen se movía.

—¿Qué es este lugar?

Enfocó la mirada en la burbuja, pero solo veía borroso. Quiso acercarse, tocarla, pero se detuvo. No podía perder el tiempo, los segundos restaban.

Si el mundo acabara mañana, ¿con cuál persona les gustaría estar?

Miró en todas direcciones ante esa voz que se pronunció, parecía estar cerca, aunque se oyera como un susurro. Estaba solo, no pudo salir de nadie.

Eso es imposible, Iruka-sensei.

¿Eh? ¿Acaso esa no era la voz de Naruto?

Por ejemplo... si la luna empezó a caer.

¿Por qué escuchaba esas voces? ¿Y por qué esas frases parecían conocidas?

La luz que emitía la burbuja frente a él empezó a intensificarse, entonces las imágenes se volvían un poco más nítidas, parecía el salón de clases en la Academia... pero ya no podía oír nada. ¿Vendrían de allí? Acercó su mano hacia ella y todo se volvió oscuro...

Si el mundo acabara mañana, ¿con cuál persona les gustaría estar? preguntó el maestro en el frente de la clase.

Los niños rieron, algunos por lo bajo, otros bien fuerte, como en el caso de su compañero de banco.

Eso es imposible, Iruka-sensei.

El rubio llevó ambos brazos detrás de su cabeza y quedó sonriendo. Entre ellos, Sakura bufó, para luego mirar en su dirección con una sonrisa. A él no le importaba lo que decían, ni lo que hacían. Deseaba que terminara la clase para ir a entrenar hasta que el cansancio pusiera fin a su día. Cuanto más pasara perfeccionando sus técnicas, mejor, antes que dirigirse a un departamento solitario. Debía practicar todo lo que pudiera, solo así su venganza tomaría forma.

Por ejemplo... si la luna empezó a caer.

La luna...

Dejó su postura desatenta y se enderezó. La luna empezando a caer, ¿por qué eso le incomodaba?

Si el mundo llega a terminar, estaré a tu lado, Sakura-chan.

Descuida, pasaré mi último día con alguien que amo.

Nada de esto tenía sentido... él ya había vivido ese momento. Había sido una de las primeras clases en la Academia, tan lejano en el tiempo y su memoria. Su mente estaba dentro de su cuerpo de doce años. Era consciente de todo eso... Entonces esas burbujas no eran más que recuerdos. Debía salir de allí.

Se levantó para abandonar el aula, pero todos se lo quedaron viendo. ¿Cómo era posible que estuviera interactuando con un simple recuerdo?

¿Estás bien, Sasuke? preguntó su maestro.

Debo irme. No pertenezco aquí intentó caminar, pero no podía moverse . Debo salir, la luna...

JAJAJAJAAJA, Sasuke cree que la luna en verdad cae la risa de Naruto pareció contagiar a otros, quienes lo siguieron.

Silencio - comandó el mayor frente a ellos. Dirigió su mirada hacia él . ¿Qué sucede, Sasuke?

Debo irme...

En eso, sintió algo extraño. Una fuerza lo llamaba, lo envolvía, lo instaba a girar su rostro hacia un lado de la habitación. Un par de ojos color perla lo veían sorprendidos.

Resiste, estoy en camino.

Hinata sonrió.

Abrió los ojos tras recuperar sus sentidos. No podía distraerse más, debía seguir su camino.

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No podía moverse por sí sola. Tampoco era capaz de pensar por sí misma. Sentía que debía hacer algo, pero no lograba recordarlo. En vez de eso, su mente se inclinaba a otros detalles.

¿Buscaba a alguien...? No, su prometido estaba frente a ella.

¿Encontró algo...? No, ella había visto algo, no recordaba qué, y Toneri vino a buscarla.

¿Por qué estaba allí? Iba a casarse.

¿En dónde estaba? Su futuro hogar.

Cada vez que pensaba que estaba por descubrir qué le pasaba, todo en ella cambiaba. Otras ideas suplantaban las respuesta que buscaba.

—Querida, ya es hora de nuestra ceremonia.

Una mano pálida apareció ante sus ojos. En parte, quería huir pero, a la vez, algo la llamaba a tomarla. Alzó la vista y un par de ojos similares a los de ella la observaban, como si los conociera, pero no. Estos brillaban, y su portador sonreía.

Esos ojos... ¿por qué me recuerdan a alguien?

No tuvo más tiempo para pensar, debido a que la tomó y comenzó a guiarla fuera de la habitación. Sus pies no le respondían, solo lo seguían. Las habitaciones pasaban una a una, y las ventanas escondían el paisaje tras pesadas y oscuras cortinas.

¿Dónde estoy... por qué estoy aquí?

Toneri seguía llevándola. No recordaba cómo había llegado a él, ni cómo lo conocía, pero sabía que iban a casarse. Ni siquiera supo cuándo se puso ese vestido que la cubría.

Unos ruidos interrumpieron la paz de los pasillos, como si fueran explosiones. Detuvo el paso y quiso dirigirse a una ventana para descubrir la causa, pero el joven apretó gentilmente su mano y la instó a seguir.

—No te preocupes, mi princesa, solo... celebran nuestra unión.

Asintió mecánicamente y continuó su camino. No supo cuánto había andado hasta que él la detuvo. Se miraron y él sonrió para mostrarle el sacerdote frente a ellos. El hombre empezó a hablar y hacer señas, ella no podía escucharlo, pero se movía como si supiera. Toneri mordió algo que el hombre puso en su boca y se acercó a ella para hacer lo mismo.

—¡Hinata!

Una voz se hizo eco en la distancia, pero no le prestó atención más que a los ojos brillantes delante. Fue alejada de su posición y llevada a otro lugar, sin saber cómo ni cuándo se movió, o si lo hizo por ella misma. Antes de cerrarse la puerta que los separaría del intruso, creyó ver una cabellera rubia pelear con varios súbditos.

El cuarto en el que ahora estaban era oscuro, a excepción de la compuerta que su acompañante abrió y que brillaba como sus ojos. Le dijo de entrar, lo que habría hecho de no haber sido interrumpida por la misma voz que antes.

—¡Hinata!

Un muchacho rubio y de ojos celestes la observaba. Tanto su cara como ropa estaban sucios, además de unas lastimaduras visibles. La miraba preocupado, pero no podía entender quién era. Sentía que debía conocerlo, pero ningún recuerdo venía.

—¡Tú! ¿Qué le hiciste? ¡Devuélveme a Hinata!

—Muy bien, te la devolveré.

Fue entonces que su cuerpo se movió nuevamente por sí solo. Como una marioneta, se sintió ser arrastrada por hilos invisibles y empezó a atacar a esa persona. Sus brazos y piernas no le respondían, y no hacía ningún esfuerzo por evitarlo. Solamente peleaba, su mente apagada.

El golpe final, princesa. Dale el golpe final.

Un susurro se hizo escuchar en su cabeza, y debía obedecer. Levantó su puño para encestar ese golpe que le fue comandado, pero un dolor en el pecho la detuvo. Miró en dirección a aquello, solo para ver un brazo atravesándola.

Levantó la mirada para encontrar un nuevo intruso. La miraba con un ojo de color rojo y otro violeta. La oscuridad la reclamó.

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Continuará...


Nota:

Habemus capitulum.

Bueno, como habrán leído, por fin nos adentramos a la trama por la que esta historia lleva su nombre. Nos ha llevado un poco de tiempo, pues no quería largarles así de la nada la trama Sasuhinesca en The Last sin una base previa. Por mi parte, amo cómo hemos llegado hasta aquí. Sobre todo amo cómo ha evolucionado Sasuke. Es un personaje muy complejo, y desarrollar su personalidad y sus preocupaciones me ha gustado mucho.

Este capítulo también en un principio era uno solo, pero decidí dividirlo por dos razones: la primera, era demasiado largo, a ver, abarcaba toda una película jajajaja. Segundo, me gustaba mucho esa escena final, no sé, pero no podía dejar pasar esta oportunidad y no dejar el suspenso.

Espero que les haya gustado.

Quiero agradecer también por sus comentarios. Cuando alguien dice que le gusta tu trabajo, es una gran alegría (habría dicho "caricia al alma" pero era muy cursi...).

Como habrán podido ver (o no, depende), suelo actualizar esta historia una vez al mes. El porqué es sencillo: quiero que dure. Como es una historia corta, y me ha costado escribirla, me cuesta desprenderme de ella tan rápido. Le he tomado demasiado cariño. Por esto, el capítulo final será el próximo mes. En parte es mejor, porque aún tengo dudas de cómo terminar la escena final. La tengo esquematizada, con los diálogos y hasta la palabra "Fin" escrita, pero me cuesta desarrollar una minúscula parte. Y puede que también no quiera despedirme del todo de ella... en parte.

¿Algo más que decir... mmm...? Creo que no. Lo siento, a veces se me va la mano en la Nota que les dejo, no sé si la uso de psicólogo o qué, jajajaajaja.

De acuerdo, ahora sí me voy.

Nos estamos leyendo,

Saludos.

Konohaa Girl.