¡Buenas tardes a todos los lectores! Disculpen por este mes de ausencia pero me dediqué exclusivamente a escribir (aproximadamente 3 capítulos entre pasando a limpio, editando y escribiendo continuación) por eso no actualicé tan rápido porque encontraba que estaba muy lenta en eso xD

No lo molesto más, desde aquí en adelante los capítulos serán más largos :D ¡Saludos!


Capítulo 28: Efecto dominó

En ese momento sucedieron muchas cosas, pero Gato no podía creer que ella estuviera ahí, su Kitty, enfrente de él... La miró apenas reconoció su voz, incrédulo.

Otros guardias iban directos a capturarla, aunque el superior los detuvo mientras miraba extrañado de pie a cabeza a la gata oscura de ojos azules. Por su parte, Kitty volvió a hablar.

- Lo están inculpando injustamente – insistió la gata, serena y esquivando la mirada de su novio – Lo seduje a mi conveniencia, él no tiene nada que ver. Llévenme a mí – agregó Kitty pudiendo notar que Gato negó imperceptiblemente, literalmente él estaba atado de manos.

- No puedo esperar menos de ti – dijo quien pertenecía a la Elite – Pero ¿Cómo te creeré? Nadie confía en ustedes porquerías, porque tendría que ser diferente ahora, ¿Qué quieres?

Kitty rió levemente – Sólo sobrevivía, es fácil seducir y conseguir lo que uno quiere. Tuve semanas de buen vivir, lo usé a él por mucho tiempo – apuntó la gata con su cabeza, demostrando toda la frialdad posible para que le creyeran, de lo contrario se notaría que estaban involucrados sentimentalmente.

- Bien estúpida de tu parte entregarte y es lo que me entra en duda tus razones de hacer esto – dijo él despectivamente.

- A diferencia de ustedes, si tengo empatía – contestó Kitty – Por esa diferencia, yo no tengo nada que perder, es lo mismo estar en el anillo bajo que entregarme, además, él es más valioso que yo ¿O me equivoco?

- No, no te equivocas – respondió secamente él.

- Ahí tienes tu respuesta – dijo la gata.

- O sea que reconoces que lo utilizaste tanto que lograste quebrantar el compromiso que este Guardia Real tenía con la Princesa Dulcinea – acusó él.

Kitty comprendió en ese preciso instante en que iba todo, había sido una trampa en la que ambos cayeron gracias a esa estúpida caprichosa...

Internamente ella estaba emputecida, tenía rabia por lo escuchado últimamente, también tenía angustia y no sabía cómo lograba no aparentarlo...

Tenía que ser fuerte.

La gata miró fugazmente a Gato, estaba igual que ella, impotente por no poder hacer nada, rabia con toda la situación y que ella se estuviera sacrificando por él...

Pero no importaba, valía la pena con tal que el Guardia Real se mantuviera con vida alejándolo de esa condena injusta...aunque eso había sido una trampa, no importa, ella se mantendría feliz hasta su último aliento con tal que el viviera y estuviera bien, a pesar que probablemente no lo volvería a ver, ya que su destino sería incierto.

- Sí – respondió secamente, casi le falló la voz.

En ese momento sonaron las alarmas de emergencia y de la nada llegó otro grupo de guardia urgidos.

-¡Situación en el sector bajo y en la prisión! – gritó uno de ellos. El Guardia de la Elite asintió rápidamente.

- Arréstenla – ordenó.

Kitty recibió un innecesario puñetazo en el estómago antes que la redujeran y se la llevaran de ahí, mientras que otro grupo partió a la situación que se había presentado.

Las cartas estaban echadas, no había mucho que hacer.


A Gato se lo habían llevado a una celda también, no supo donde, pero irían a juzgarlo y que alguien quería hablar con él. Eso sería cuando se solucione los revuelos del escape que estaba sucediendo en ese momento.

Poco le importaba que pasara con él, en su mente estaba Kitty.

Él tenía su mano sosteniendo su frente, frustrado y enojado, triste y dolido, se sentía culpable de lo que ella le estaba sucediendo...Gato estaba sufriendo internamente. Lo que más quería en este mundo tenía un destino desconocido.

Qué injusto podía ser la vida...es decir ¡Estaban a un paso de la libertad y vivir juntos! ¡Y todo por esa Princesa! ¡¿Quién iba a creer que alguien que pensó que quiso podía hacer tanto daño en cosas de minutos?! ¡Destruyó todo! ¡Quizás cuanto tiempo lo estuvo siguiendo y ni siquiera todo el cuidado que él tomaba bastó, lo logró igual!

Jamás espero algo como eso...

Y su Kitty...Ella merecía ser feliz, ha sufrido mucho en su vida para que hiciera ese sacrificio, no es que no lo valorara, pero preferiría sufrir mil veces él que ella.

"Kitty" volvió a repetir su nombre mentalmente y exhaló frustrado.

- Psst Gato.

Escuchó que lo llamaron y el gato naranja se volteó y pudo ver a su amigo frente a su celda.

- ¡Joey! – dijo levantándose de su rincón y se acercó. Su amigo lo miraba consternado y notó que ya lo sabía todo. Aún vestía con el traje de la Guardia Real, lo estuvo esperando...

- Recién hablé con Kitty... me contó todo – dijo él.

- Lo siento – dijo apenas.

- Gato ¿Por qué no me contaste? – preguntó.

- Era la sorpresa de hoy, les íbamos a contar en el escape – contestó apenado – De todos modos ¿Qué diferencia haría? Dulcinea está detrás de todo esto, fue mala suerte que precisamente hoy decidió dar su golpe.

Su amigo se quedó en silencio, también estaba furioso.

- Esa...estúpida – dijo finalmente queriendo decir otra cosa.

- Mira, no sé qué planes tienen para mí, aunque poco me importan – dijo el gato naranja – Kitty corre peligro, sálvala, por favor – suplicó angustiado.

- Qué más quisiera yo Gato – dijo apesadumbrado Joey – La sacaremos de ahí, pero no puede ser hoy. La Elite tienen la llave de su celda.

- ¡Por la mierda! – respondió enojado.

- Shh, nadie sabe que estoy aquí – le advirtió para que cuidara su tono de voz – Quiero sacarte ahora, para exiliarnos al sector bajo.

- No es buena idea – dijo Gato mirándolo – Ellos saben que somos amigos y si me liberas te rastrearán hasta dar con nosotros y no les será difícil encontrarnos – dijo el gato naranja – Es mejor que tú te vayas para allá y traten de sacar a Kitty lo antes posible y si pueden se van de este reino.

- ¿Estás loco? ¿Crees que te dejaremos aquí con esa puta? – preguntó alterado y en voz baja, esta vez sin contener su pensamiento.

- ¿Tienes una idea mejor? – volvió a preguntar – Dulcinea me quiere a mi aquí y si sirvo de algo como darles tiempo a ustedes y que Kitty sobreviva, estoy dispuesto a todo eso y más – dijo determinado – Si me voy esa tipa lo notará y volverá a buscarme.

Joey nuevamente se quedó en silencio, supo que su amigo estaba totalmente enamorado de Kitty, tanto como querer aguantar todo eso por ella.

- ¿Claire lo sabe? – preguntó Gato - ¿Sabe que capturaron a Kitty?

- Aun no, todavía no voy al sector bajo, solo sé que se está logrando la fuga – respondió.

- Entonces, anda al cuartel y sigue el plan. Debajo de mi cama hay un saco, tómalo y vete donde Claire – ordenó Gato.

- Amigo, no me agrada la idea dejarte aquí – dijo Joey resistiéndose a ese plan.

- Lo sé – respondió él.

- Pero te dejaré un regalo – dijo el gato de tonos dorado abriendo la reja – Después te regresas a lo que termines, sólo puedo aguantar unos minutos en vigilia y luego me marcharé de aquí.

Gato quedó con cara de pregunta, su amigo le hizo una seña para que lo siguiera. Ahí se dio cuenta que estaban en la zona de detención del escuadrón de la zona media. Un frio, húmedo y oscuro lugar.

- Por esta misma fila en la tercera celda está Kitty, no hay nadie por esas celdas. Te cubriré por unos minutos para que puedas hablar con ella al menos – dijo Joey.

- Gracias amigo – dijo dándole la mano antes de correr hacia ese lugar - Me saludas a Claire...y dile que me perdona - agregó sin dejar tiempo a que su amigo respondiera.

Al llegar, Kitty se encontraba a espalda a él.

- Lárgate – dijo ella a la defensiva sin darse la vuelta al sentir pasos cerca de su celda.

- Mi señorina soy yo – dijo él y Kitty se volteó instantáneamente, se le llenaron los ojos de lágrimas de felicidad de verlo sano y salvo. La gata de ojos azules se acercó de inmediato.

A través de las rejas, ella sacó sus manos para ponerla en las mejillas de Gato. A ese punto ambos estaban llorando.

- ¿Por qué hiciste eso Kitty? – preguntó él acariciado detrás de la oreja de ella y con voz suave.

- ¿Creías que me quedaría de brazos cruzados? – respondió apenas la gata oscura.

- Habría otras opciones – dijo él.

- Hasta ese momento no sabíamos que era una trampa, yo sólo escuché que te condenarían ¿Qué esperabas que hiciera? - dijo Kitty – Muero si te sucede algo – susurró ella, tan sólo pensarlo la ponía nerviosa.

- Joey te sacará de aquí – dijo él cambiando el tema.

- Lo veo difícil Gato, disculpa que lo diga – dijo ella apesadumbrada – Escuché que apenas controlen esto, tomarán medidas más estrictas en todos los sectores. En la cárcel también hubo fugas...pasará tiempo antes que se pueda lograr algo – contó ella – No dudo que lo vayan hacer...pero hay que tener...paciencia...

Kitty no quería no quería ser totalmente franca con Gato para no preocuparlo, pero de aquí en adelante se vendría todo costa arriba. Ella sabía que pararía en esa cárcel, no sabía cuánto tiempo iba a sobrevivir ahí y que esa Princesa de mierda se vengaría, estaba segura. Esto solo sería el comienzo.

- Te amo más que a nada Gato, tenlo siempre en cuenta – le dijo ella.

- ¿Por qué hablas como si fuera una despedida? – preguntó él.

- Porque lo es – respondió a gata mirándolo profundamente a los ojos, para memorizárselo y mantenerlo en su cabeza.

- Kitty no hables de esa forma – le pidió en voz baja – Por favor te lo pido.

- No te olvides de mí ¿sí? – le pidió ella ignorando su petición – Estos últimos meses han sido lo más grandioso que he vivido. Mi corazón siempre será tuyo y de nadie más.

- Kitty, por favor – volvió a pedir – Esto es culpa mía, no deberías estar aquí si no en esas carretas – dijo él lleno de culpabilidad, le dolía verla ahí y despidiéndose de él.

- No es tu culpa – dijo la gata oscura negando con la cabeza – Yo acepté estas condiciones y no me arrepiento de nada –agregó ella.

- Me rehúso que esto sea una despedida Kitty, apenas pueda yo mismo te sacaré de ahí – prometió el gato naranja poniendo su frente en la de ella, sintiendo el frío acero interponiéndose entre ellos a los costados de ambos, el ancho entre los fierros era lo suficientemente para permitirle eso.

La gata sollozó y Gato secaba sus lágrimas con sus dedos.

- Toma – dijo ella alejándose del contacto y sacando el collar de su bota y la puso frente a él, donde la Luna giraba levemente – Quiero que lo conserves.

- No puedo aceptar esto – dijo Gato sorprendido.

- Claro que sí – dijo Kitty – Prefiero que esté a tu cuidado y cada vez que necesites fuerza puedas observarla. Yo hacía eso cuando pequeña - contó - Vamos, acéptala.

Gato dudó en tomar el collar, sabía cuánto significaba para ella y cuán importante es para Kitty. Luego de unos segundos, se decidió en aceptarlo y lo guardó en su bota con mucho cuidado.

Ahora fue el turno de ella en secar las lágrimas del gato naranja.

- Kitty... - la llamó casi sin voz.

- Dime – respondió ella, mirándolo...teniendo nuevamente esos contactos visuales como en los primeros encuentros.

- Eres preciosa – dijo él contemplándola – Te amo y concuerdo totalmente contigo...- agregó él tomando fuerza para seguir hablando - Eres lo más hermoso que me ha pasado, tú me sacaste de ese agujero – dijo él, asumiendo que ella tenía razón sobre esta situación.

- Pss Gato, ya es hora – se escuchó a los lejos la tenue voz de Joey quien lo llamaba.

El gato naranja se acercó lo que más pudo a la boca de Kitty y dejar un cálido y profundo beso, ni siquiera supo cuántos segundos estaba durando, ya que en un principio el gesto fue lento y tímido, pero luego fue aumentando de intensidad, dejando todos sus sentimientos en el mientras que una que otra lágrima caía y el beso se profundizaba, tal como esas rejas se lo permitía.

Separarse de ella es lo más difícil que ha hecho Gato, algo dentro de él se había quebrado...ver esos pares de ojos tristes y con una leve sonrisa animándolo a seguir adelante, le dolía mucho.

Gato no sabía cómo iba a convivir con esa pena.


Joey no pudo seguir ahí, tuvo que abandonar el lugar ya que en cualquier momento podían llegar los vigilias, a pesar que todos estaban ocupados con los sucesos que están ocurriendo; a pesar que ellos pidieron refuerzos, más vale prevenir que lamentar otra desgracia.

El Guardia Real se apresuró para llegar a su cuartel, mientras iba en camino pudo ver que había mucho ajetreo, gente a refugiarse porque "supuestamente" la zona baja invadiría para hacer destrozos.

Claramente eso era mentira porque era la forma de controlarlos a través del miedo...Le dio mucha impotencia escuchar eso.

Joey entró al cuartel y pudo ver que sus compañeros corrían de un lado a otro, un grupo entraba y otro salían.

- Hey Joey, necesitamos apoyo cerca del límite del anillo bajo – pidió uno de sus compañeros.

- Para allá voy, vine a buscar unas cosas – respondió él rápidamente sin dar muchas explicaciones para no parecer sospechoso.

Supuso que aún no se enteraban sobre Gato, de lo contrario hubieran preguntado.

El entró a la habitación de su amigo, revisó inmediatamente debajo de la cama y encontró el saco que le había dicho Gato, hecho esto se fue a su propia habitación, recogió lo esencial y se cambió de ropajes dejando por última vez su traje de la Guardia Real encima de la cama.

Vistió de la capa oscura que tenía y que usaba para ir a la zona baja, lo único que se llevó fue su arma y el cinturón. Todo lo demás que traia puesto era relativamente nuevo.

Echó un último vistazo a su habitación y se fue a la parte trasera del cuartel donde nadie más lo podía ver. Al llegar a la zona de la plaza; donde todo había comenzado para su amigo y claro, para Kitty igualmente, observó dicho lugar con los últimos rayos del sol, iluminando algunas partes del reino.

Joey notó un peculiar brillo en dirección a la zona inferior, en el muro de una casa y volvió a ver ese brillo confirmandole que no era una ilusión. Bajó con cuidado escondiéndose en las sombras y mirando de un lugar a otros hasta llegar a ese objeto.

Descubrió que era la cuchilla de Kitty que tenía un pedazo de tela colgando. El gato de tonos dorados la quitó de ahí y la guardó, sin otro particular se marchó del lugar.

Después de unos minutos de viaje en camino al sector bajo, Joey llegó al cuartel de los compañeros de Kitty, la zona estaba casi vacia, solo el líder y unos cuantos, de seguro que los demás están ocupados.

- ¡Joey! ¡Menos mal que llegaste! – dijo el líder aliviado, el sabía que debían aparecerse hace rato - ¿Cómo estás? ¿Y tú amigo? Supe que algo sucedió con él debido a que pasó justo con el plan de escape pero no sé grandes detalles.

- No te preocupes, no es tu culpa – dijo él sabiendo que el líder se sentía mal por ellos por el tono de urgencia que tenía su voz – Es una larga historia que luego te contaré – agregó el dejando sus cosas por un momento en el mesón para descansar un poco – Quiero saber cómo van las cosas aquí.

- Está por irse la última carreta, no han notado por donde la gente se ha escapado, increíblemente tampoco se enteraron de la explosión – contó él, el ex Guardia Real asintió aliviado con las noticias.

- ¿Y Claire? – preguntó Joey.

- Naturalmente, esperando en la casa, dice que no se iría sin ti, ni Kitty – respondió – A propósito de ella, no la hemos visto, es decir, ella partió corriendo y dejó las herramientas aquí tiradas...

Él hizo una mueca, tampoco con todo el ajetreo de ese día aun no llegaron esas malas noticias ahí.

- La...capturaron... - respondió apenado mirando el suelo – Vengo de allá, por eso tardé en venir, lo que pasó con mi amigo está directamente relacionado con Kitty.

- ¡¿Qué demonios significa eso? ¿Cómo la capturaron? – preguntó alterado el líder.

- No tengo muchos detalles sobre eso, con suerte di con el paradero de ambos – respondió él – Acabo de saber de esto y estoy igual de consternado que tú. Iba a liberar a mi amigo para después armar un plan y liberar a Kitty porque no tenía acceso a su celda para hacerlo...Pero él prefirió que yo viniera aquí y no atraer la atención hasta acá...- explicó Joey – Estamos de manos atadas, con estos sucesos el reino triplicará las medidas e incluso declarará toque de queda, es lo único que sé.

- ¡Por la mierda! ¡Todo iba tan bien! – se quejó el líder comprendiendo en ese instante lo complicado que se había vuelto.

- ¿Aquí no atraparon a nadie? – preguntó Joey.

- Hubo enfrentamientos, pero también se llevaron a unos cuantos, a pesar que ellos estaban dispuesto a pagar el precio que conllevaría eso aun así me duelen esas bajas – contestó frustrado – Dentro de poco disolverán la revuelta y regresarán, espero que no haya más detenidos.

- Ojalas que no – apoyo él – Tengo que hablar con Claire sobre esto, si viene Mike, por favor mándalo a la casa.

- Ok, ve con cuidado – dijo él.


Gato, al regresar a la su celda y encerrarse nuevamente, no pasaron ni cinco segundos hasta que escuchó movimiento en la zona. También pudo percibir que muchos pasos se acercaban a su lugar.

Él se echó en el suelo, tumbándose hacia un costado simulando que no prestaba atención.

- ¡Hey tú, levántate! – ordenó el mismo quien lo había detenido.

- ¿Ahora si me mandarán a la ahorca? – preguntó sarcásticamente Gato.

- Si no obedeces por supuesto que sí y sería un placer – contestó con frialdad.

Sus dos compañeros lo levantaron bruscamente y ataron sus manos detrás de su espalda, además de empujarlo para que caminara con la cabeza gacha tratándolo como un criminal.

Al momento que salieron de ahí, no pudo evitar sentir un vacío...sabiendo que su querida Kitty está en ese sitio y la estaba dejando atras. No tenía idea si la volvería a ver ya que sus palabras aun le hacían eco en su mente con esas intenciones de despedirse por siempre de él.

Ese había sido su crimen, dejarla ahí...que daría el por retroceder en el tiempo, ver en qué se equivocó, cuál fue la brecha que había dejado para que Dulcinea se aprovechara de eso y lograr su cometido.

Al gato naranja lo hicieron subir a una carreta, escoltado por los mismos compañeros quienes lo habían sacado de su celda.

Faltaba poco para que se oscureciera en su totalidad aun así había un escalofriante silencio, nada que ver con noches anteriores. Apenas podía ver por el estribillo ya que esos guardias se encargaban de mantener su cabeza gacha, como si intentaran que todo esto fuera lo más desapercibido posible, bueno eso fue la impresión que le dio a él.

Al llegar a su destino, lo llevaron a una especie de casa elegante que nunca había visto, adentro si estaba cálido debido a que había una chimenea.

- Llévenselo a la habitación de invitados, ya saben dónde – orden el líder de ellos.

- ¿Con esposas? – preguntó.

- No, suéltenlo, pero que la habitación esté cerrada con llaves, pronto le darán comida y dentro de poco mi prima vendrá a hablar con él – ordenó.

Con que él era el famoso primo de Dulcinea quién pertenece a la Elite y este era su casa...vaya mierda.

Cuando lo dejaron en dicha habitación, Gato ni siquiera probó la comida, la dejó ahí tirada, no tenía hambre, lo único que tenía era pena...su Kitty...

El sacó el objeto colgante de su bota y lo contempló...No pudo evitar que unas lágrimas cayeran a recordar ciertos momentos juntos, sus últimas palabras que cruzaron...Y todo se fue al carajo en segundos...

No sabía cómo viviría trayendo toda esa culpabilidad dentro de él, sabiendo que la vida de Kitty corría grave peligro en esa infernal cárcel.

Ocultó nuevamente el objeto, pero antes de guardarlo lo besó con mucho sentimiento...él se encontraba mal. Se llevó las manos a la cara, estaba frustrado y con impotencia ¡No podía hacer nada!

Pasaron aproximadamente unos diez minutos cuando sintió que a su lado abrieron la puerta de la habitación. Volteó levemente la mirada y se encontró con quién había provocado toda su desgracia.

Dulcinea.

Ella venía con su usual traje, esos que usaba para las ceremonias, la princesa se acercó a él, con intenciones de querer hablar.

Gato no sabía cómo reaccionar ante ella, si preguntarle qué demonios quería con todo lo que hizo o encararla e incluso gritarle todo lo que pensaba de ella además de preguntarle si tenía problemas psicológicos.

Pero tampoco quería hablar con ella...Le asqueaba tenerla cerca.

- Gato, deberías agradecérmelo, te he salvado de una muerte segura si no fuera por mí – dijo la Princesa al ver su actitud.

El gato naranja resopló indignado y negó con la cabeza.

- Qué quieres que te diga ¿Eh? – dijo en tono cortante, la verdad es que quería explotar en ese preciso instante, no aguantaba tanta injusticia.

- Que me agradezca, ya te lo dije. Tuve que mover mis influencias para que mi padre no se enterara de nada y no te condenaran – dijo Dulcinea. Gato rodó los ojos.

- ¿Qué tan idiota crees que soy? – le preguntó indignado - ¿Influencias dices? ¿Crees que no sé qué tu armaste todo esto? – dijo el riendo levemente en forma irónica.

- No sé de qué hablas Gato, me ofendes – dijo ella falsamente. La conocía tan bien que él sabía que la princesa estaba disfrutando ese momento. El negó con la cabeza, no podía creer el punto que podía llegar su locura.

- No hay caso contigo – dijo Gato – Lo seguirás negando – acusó.

- No, ya no lo haré – respondió ella cambiando su actitud a una más...¿Maliciosa? – No sabes lo difícil que fue descubrir a esa mugrienta. Te encargaste muy bien en esconderla, pero no se me había ocurrido sacar mentira por verdad y esperar a que ustedes dos cayeran – dijo ella.

- ¿Con qué fin? – preguntó enojado – No entiendo, de veras que lo intento.

- Sabes que eso está prohibido en el reino, la basura debe estar en su lugar y tu perteneces aquí – ella respondió.

- ¡No permitiré que te refieras a ella de esa forma! – gritó Gato sin poder evitarlo, ya que lo estaba superando.

- ¡Tú no me alces la voz! ¡Qué te crees! – contestó.

- ¡Entonces hablemos normalmente y sin ofender! – exigió él – ¡Sí quieres que "escuche" tus razones porque eso de lo prohibido no me lo creo! - agregó el gato naranja ignorando lo último.

- ¡Tú me perteneces Gato, desde hace mucho y si puedo evitarlo, no dejaré que me engañes de esa manera! – respondió Dulcinea un tanto alterada – ¡Tú me dejaste de lado y también nuestra amistad!

Gato resopló, eso tenía nombre: Caprichos y locuras, esa Princesa que alguna vez creyó que amaba, está acostumbradas a que sus tonteras sean cumplidas y no solo eso sino todo lo que ella pida. El hecho que él se alejara de ella fue por sus propias actitudes. Dulcinea nunca lo valoró y Gato le costó superarla...Kitty lo salvó.

¿Y ahora ella se daba cuenta de eso?

- ¿Qué quieres de mí? – preguntó Gato no queriendo saber más detalles de eso porque todo se resumía a sus arranques, tal como los niños que pelean por un juguete.

- Que accedas a ser mi prometido y nada de esto saldrá a la luz, ni siquiera mi padre sabrá sobre esto – respondió Dulcinea.

El Guardia Real la miró sorprendido, eso realmente no se lo esperaba.

- Estás loca – contestó sin pensar.

- De amor Gato ¿Qué no lo entiendes? No habría hecho esto, lo digo en serio – dijo ella, pero no le creyó ninguna palabra - ¿Qué nos pasó?

- ¿Qué nos pasó? – preguntó irónicamente – Pasa que yo estaba baboso por ti, tenía bastante asumido que yo sólo soy un peón que no vale nada para ti y tú me usabas cuando querías algo, obviamente yo caía una y otra vez. Tú estabas tan acostumbrada que yo siempre cediera en todo lo que pedías hasta que un día lo comprendí, jamás hubo amor ni propio ni mutuo, solo una ilusión. Kitty se cruzó en mi vida en mi peor momento y aunque no lo quería reconocer en un principio mis sentimientos que tenía por ella, Kitty me mostró esa enorme diferencia, inclusive hoy – dijo firmemente – Tú a base de mentiras me tienes acá, pero ella no, Kitty vino aquí sabiendo todas las consecuencias que habría para ella y lo hizo por mí. – dijo Gato de un sopetón – ¡Mira esa diferencia! ¡Es descomunal! ¿Y sabes? Yo haría lo mismo por Kitty. Tu puedes hacer todo lo que quieras, aunque me separes, nunca, jamás lograras quitar este sentimiento que tengo por ella ¡Yo amo a Kitty!

Dulcinea quedó pasmada y en silencio, como si estuviera procesando todo lo que le había dicho Gato y pasó por todos los sentimientos en minutos hasta llegar al enojo, pero se detuvo en lo que iba a decir y respiró un par de veces para tranquilizarse y no mandar todo su plan a la mierda. Se encontraba en el punto de no retorno. Inclusive tenía que salvar la situación porque debía dar muchas explicaciones, en especial a su papá antes que llegue las noticias a sus oídos sobre lo ocurrido. Tampoco podía decir todo hasta acá y liberar a Gato, con lo que le costó tenerlo a su lado.

- Puede que tengas razón Gato – dijo finalmente, sorprendiéndolo, era una de las cosas que Dulcinea no hacía – No tiene caso seguir peleando... pero si no quieres que a ella no le suceda nada, podemos negociar... Está en tus manos aceptar esta condición.

- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Gato.

- Puedo comprender que no quieras nada conmigo ahora, pero si aceptas en ser mi prometido muchas cosas pueden cambiar para mejor, en especial a esa tal Kitty – dijo ella costándole decir su nombre – Tú sabes las condiciones de esa cárcel y puede que no sobreviva por mucho tiempo...No puedo sacarla de ahí lo que sí puedo es asegurar que no le pase nada desafortunado – tentó ella con malicia – Te dejo para que lo pienses, mañana me dejaré caer por aquí y me des una respuesta – agregó Dulcinea con intenciones de marcharse de ahí.

Gato le iba a hablar y ella lo interrumpió – Ah, no me digas que preferirías estar ahí con ella porque puedo abrir la boca y te sentencian a ti y tu ex novia sin siquiera pasar por la cárcel – amenazó la Princesa – Nos vemos mañana – agregó despidiéndose con una mano.

El gato naranja cerró los ojos una vez que quedó solo en esa habitación, sólo lo acompañaba sus pensamientos, no sabía que carajos hacer o pensar.

Finalmente, Dulcinea soltó toda su caballería...Algún momento tenía que pasar...

Si rechazaba su oferta tanto él como su querida Kitty lo condenarían. Tampoco había alguien que pudiera ayudarlos debido que varios escaparon y con lo que ocurrió hoy de seguro que habrá medidas estrictas y consecuencias al sector bajo. Además, ya no tiene comunicación con Joey para poder planificar algo...

Aunque otro punto era el siguiente ¿Quién le aseguraba que Kitty no le pase nada en esa cárcel infernal? ¿Cómo sabría que Dulcinea no faltará a su palabra? ¿Cómo confiaría en ella después de todo lo que causó?

Algo rápido se le tenía que ocurrir...no importa qué, pero tenía que asegurar que Kitty no le sucediera nada, incluso si tenía suerte, sacarla de ahí, ya que de algo estaba seguro...Ella podía morir en ese lugar, nadie sale vivo de esa cárcel, ni "cumpliendo" sentencia lograbas quedar libre. Todo lo terrible pasa ahí...

Y ese era su gran temor...que, por culpa de él, su señorina corría peligro y no sería capaz de vivir con toda esa culpa. Qué injusto era todo...desde ahí no podía hacer mucho para defenderla y cuidarla...ojalas lo hubieran mandado con ella a esa cárcel, no le hubiera importado con tal de estar con Kitty.

Y eso no era posible porque ahora estaban amenazado de muerte los dos...

Gato comenzó a llorar en silencio, ya no aguantaba más reprimir tantos sentimientos y quería liberar esa carga que tenía en él...

Estaba desesperado en encontrar una solución a este grandísimo problema, lo que más quería en su vida no estaba a su lado para abrazarla, besarla y sentir todo ese amor y apoyo incondicional...que le dijera que todo saldrá bien y encontrarían una solución juntos.

Pero no, no estaba y temía lo peor...