Hola chicos! Me olvidé subirlo por este medio jiji disculpen :c Muchas gracias por ser tan fieles a la historia y espero que la sigan disfrutando, mientras tanto seguiré poniendo toooodo el esfuerzo posible por escribir más rápido (ya que lo hago en un cuaderno y no en Word porque me distraigo fácilmente, además me pongo los audífonos, escucho música y escribo como si no hubiera un mañana xD)
Saludos!
PD: A propósito de noticias, no sé si supieron, pero no se si recordaran que Universal Studio compró Dreamworks por esa razón no teníamos noticias de la secuela de la pelicula de Gato con Botas hasta que hace unos días anunciaron que harán un quinta parte de Shrek y también harán una segunda para Gato, pero esto serán un reseteo, no sé en que sentido estos reboots (tengo miedooo, espero que no toquen la historia con Kitty o mis fics se irán a la **** xD)
Si tengo más noticias avisaré por este medio, cuidense y un abrazo gigaante.
Capítulo 30: La sentencia
Claire seguía plantada como un árbol en su lugar, no se atrevía a moverse y miraba a Mike y luego a Joey, de Joey a Mike, así varias veces.
El susodicho entró cerrando de un portazo, estaba hecho furia y venía con claras intenciones de golpear a su novio. Ahí ella reaccionó y se interpuso entre ellos, parando a Mike en seco.
- Hey cálmate, déjanos explicar que sucedió al menos – dijo ella interponiéndose con más fuerza y detuvo a Mike poniendo una mano en su pecho – Joey no tiene la culpa.
- ¿Cómo qué no? ¡Ambos llegaron a sus vidas y la arruinaron! – gritó él.
- ¡Por favor Mike! ¡Escúchanos! – pidió el gato de tonos dorados – Todo tiene una explicación, no es algo que quisiéramos que pasara...
- ¿Y qué vas a explicarme? ¿Qué Kitty está condenada a morir en esa puta cárcel? ¡Te aviso que no estoy dispuesto a escuchar estupideces! ¡La vida de ella corre grave peligro!
- Mike en serio ¡Para! ¿Crees qué no lo sabemos? ¡Estamos igual de preocupado por ella! ¡Al menos deja que Joey te cuente qué pasó! – le pidió Claire, pero él no quiso escuchar y su novio lo interrumpió antes que volviera a reclamar.
- Entiende que Gato y Kitty se quieren, su relación lleva algún tiempo...Lo pude comprobar con mis propios ojos... ¡Están enamorados, pero esa Princesa estúpida creó todo esto! – explicó rápidamente resumiendo la mayor parte posible – No es culpa de nadie, pero Gato siente que es su responsabilidad.
- Dime ¿Qué hago yo con eso? ¿Me sirve para rescatar a Kitty con su cargo de consciencia? – preguntó fríamente ignorando lo que le había contado – ¡Ustedes dos solo trajeron desgracia a la vida de mis niñas! ¡Nunca debí permitirle esto! ¡Mira las consecuencias, ese amigo tuyo estará bien y no le pasará nada!
- Mike, no seas injusto, sabes que no es así – se defendió el gato de tonos dorados.
- ¿Qué no sea injusto? Sí claro – respondió él secamente.
- ¿Cómo crees que quiero hacerle daño a ella? ¿O Gato a Kitty? – preguntó.
La gata bicolor cerró los ojos mientras escuchaba a ambos discutir. Su padre estaba intratable, jamás lo había visto en esa parada tan hiriente. Esa discusión parecía una batalla campal donde no paraban de decirse cosas. Definitivamente Mike estaba desesperado, solo buscaba a quien culpar y echar su rabia.
Y no le gustaba eso, sabía que él no lo decía de corazón, pero estaba aterrorizado con la idea que su hermana se encuentre en esa cárcel.
"De alguna forma hay que dar a conocer tu opinión y lo piensas" recordó Claire.
"Él no puede seguir tratarnos de esa forma siendo adultas" volvió a recordar lo que le había dicho su amiga.
Esas palabras le hicieron eco y le dio la razón a Kitty, era a lo que se refería con respecto a las actitudes de Mike.
- Amor, no te desgastes, sea lo que sea, no nos escuchará – le pidió serenamente abriendo los ojos de golpe.
Su casi padre la miró – Claire ¡Me estoy preocupando por ustedes! – le reclamó.
- ¿Te das cuenta que somos adultas y qué podemos tomar nuestras propias decisiones?
- Lo sé, pero – respondió él, aunque la gata bicolor lo interrumpió.
- ¡Entonces deja que cometamos nuestros propios errores y aprender a enfrentarlo! – le dijo ella – ¡Yo decidí estar con Joey y estoy bien y feliz! ¡Tú reclamas porque te aterra la idea que ya crecimos y no somos las niñas de antes!
- ¡No se trata de eso! – se defendió.
- ¿A no? - volvió a preguntar ella y él se quedó en silencio - Por Dios Mike, yo me quejaba de tus retos y malas caras mientras que Kitty estaba lidiando con una Princesa Loca ¡¿No ves lo qué realmente está pasando?!
- ¡Por eso mismo estoy enfadado, las protejo y ella solita se metió en eso! – Mike gritó.
- No, nada que ver. Kitty no se metió en eso como dices tú. Si ella se entregó es porque de verdad siente algo muy fuerte por Gato y no nos dijo porque no quiso o simplemente tuvo sus razones, ¡Quizás estas reacciones tuyas o qué sé yo! ¡Deberías estar orgulloso de ella por su valentía en vez de estar buscando un culpable, deberías ayudarnos en buscar una solución!
Otra vez se quedó en silencio y Joey aprovechó la oportunidad la oportunidad de hablar.
- Claire tiene razón Mike – dijo él – No podemos enfocarnos en buscar culpables, no sacaremos nada con eso, tenemos que ver que vamos hacer...
- ¿Cómo qué? – preguntó más neutral.
- Bueno...tenemos la salida aún, el reino no supo por dónde fue la fuga y piensan que aún están en el reino y que se están refugiando en este sector, tenemos los caminos secretos también a nuestro favor y esta casa, sin contar que la Princesa Amelia está afuera.
Mike se quedó mirando el suelo, sabía que en el fondo que estaban en lo correcto y no podía seguir de esa forma...asintió levemente.
- Perdón... - dijo apenas y estuvo a punto de quebrarse su voz, respiró profundamente para calmarse – Es que... mi miedo más grande es que estén en peligro cualquiera de ustedes dos...pero también olvido que son adultas – agregó más firme.
Claire sonrió levemente, no quiso decir nada más, ya que al escuchar eso era suficiente para ella, había dado un gran paso.
- ¿Qué lio tenía tu amigo con esa fulana? – quiso saber Mike – ¿Cómo involucró a Kitty en eso?
- No la involucró, sólo que antes que conociera a Kitty; creo yo, porque Gato siempre estuvo para los juegos de Dulcinea hasta que dejó de hacerlo, ella notó ese cambio. Desconozco cuando él comenzó a estar con Kitty, pero la Princesa sospechó e incluso espió a mi amigo para saber en que andaba.
- Hasta que lo descubrió – completó.
- Sí, fue una muy mala coincidencia – contestó Joey.
- Mmm – dijo pensativo – De seguro todo este embrollo que creó ella tendrá que dar respuesta a alguien.
- ¿Cómo? – preguntó Claire sin entender el punto.
- Crear esto no está permitido, no creo que quieran ensuciar el prestigio de la Familia Real, menos por un capricho de ella – respondió.
- Tienes razón – concordó Joey.
- Me imagino que ya no tendremos más información que nos puedas traer desde allá – supuso Mike y el gato de tonos dorados negó con la cabeza.
- Renuncié a la Guardia Real – contestó.
- Entonces te considerarán como desertor – dijo Mike – Es mejor que te disfraces para prevenir. No te preocupes, te ayudaré con eso – agregó rápidamente al ver como se asustaba Claire - ¿No tienes a nadie de confiar?
- Mmm sólo el Capitán de la Guardia Real, pero no tengo como comunicarme con él.
- ¿Frecuentaba la taberna? – preguntó.
- Muy poco la verdad – dijo Joey.
- Igual nos sirve – dijo su suegro – Cuando se calme todo esto, recién podremos hacer algo.
- ¿Y en la prisión? ¿Tienes contactos?
- No, escaparon todos hoy de lo contrario si se quedaban estarían fritos, es lo que me complica ahora, no tengo ninguna conexión en ese lugar – respondió Mike – Chicos, ahora extrema precaución, si van a salir que sean trayectos cortos – indicó él mientras se preparaba para salir.
- ¿Qué harás? – preguntó Claire.
- Cosas, pero no te preocupes por mí – contestó – Que Joey no salga de aquí hasta que consiga como disfrazarlo – ordenó él – De seguro te buscarán Claire, para que ayudes con los heridos en el cuartel, nos vemos.
Joey y Claire se miraron preocupados, de aquí en adelante se les vendría difícil para todos.
A Gato le llamó mucho la atención que lo fueran a buscar esa misma noche y se lo llevaron al Palacio en modo oculto...Dulcinea le había dicho otra cosa incluso le había dado tiempo para que diera respuesta mañana.
El Palacio estaba vacío, de seguro todos estaban descansando a esa hora, los único que estaban ahí en pie eran sus ex compañeros... o compañeros, ya que no sabía si aún pertenecía a la Guardia. Por supuesto que lo vieron a él y tenían cara de pregunta y miraban con ciertos recelos a los Guardia de la Elite.
Pasaron por unos pasillos y finalmente lo dejaron una habitación encerrado, otra vez.
Más que un lugar de encierro pareciera que fuera una habitación para invitados de alta sociedad, todo era muy lujosos, los muebles, las cortinas hasta tenía una gran cama... No le agradaba estar ahí, se sentía fuera de lugar.
Y mientras él estaba ahí cómodo y abrigado, Kitty quizás que necesidades estarían pasando en ese momento...
¡Y no podía hacer nada!
De pronto abrieron la puerta, no se esperó encontrar y ver al Capitán de la Guardia Real.
Se puso de pie y lo saludó de una reverencia, él es muy preocupado por cada uno de los integrantes de su escuadrón, independiente de cómo pensaran, es decir, si alguno apoyaba o no al reino, él no le importaba a pesar que su posición es estar en contra de esa discriminación.
Gato notó que había estado discutiendo hace muy poco, ya que venía agitado y con cara de pocos amigos. Él tenía confianza con él, pero estaba dudoso de hablar, así que esperó a que el Capitán dijera la primera palabra.
-¿Tenías ese...affair con la Princesa Dulcinea? – preguntó él. El gato anaranjado negó con la cabeza.
- No – reafirmó con voz pastosa, debido a que no había hablado hace mucho rato además de estar cansado y con sed.
- Pero eras muy cercano a ella ¿O no? – volvió a preguntar.
- Éramos amigos nada más – contestó – Antes...
- ¿Antes qué? ¿Pasó algo?
- Tenía sentimientos por ella, pero jamás se llegó a algo porque ni siquiera eran correspondidos, me costó pero al poco tiempo comencé a ignorarla, solo eso.
El Capitán asintió – La Elite me dijo que ustedes estaban en algo y que la Princesa te sorprendió engañándola y que tú no lo reconocías y montó esto.
- ¿Tiene lógica esa explicación? ¿Usted cree que si fuese así el Rey lo permitiría? – le dijo casi alterado al escuchar esa explicación.
- Por supuesto que no – respondió – Por eso vine aquí para saber qué carajos sucedía.
- Lo único cierto, Capitán, que yo si tenía una relación, pero no con la Princesa.
- Con la chica que se llevaron detenida – aventuró.
- Sí... - dijo con un dejo de tristeza, su superior notó esto.
- Lo que no entiendo ¿Por qué la Princesa Dulcinea insiste contigo? – preguntó.
- ¡No sé! – dijo frustrado – Se obsesionó conmigo desde que me alejé de ella...Antes la ayudaba con todo, pero ya no...desde que corté todo tipo de comunicaciónpero de ahí a entablar una conversación de amistad no, lo único que hacía era ejecutar sus ordenes...la verdad no sé qué quiere – contestó – Suena estúpido, pero no tengo idea que trama.
- Es extraño – dijo él – El Rey no está muy contento...y yo estoy peleando para que no te dejen en la Elite, se ve que tienen intenciones que quieren ascenderte para que tengas un "puesto" más a la altura para la Princesa Dulcinea, no sé grandes detalles.
- Yo ni siquiera la amo Capitán, creí que había algún tipo de sentimiento, pero no era así, se lo juro. No me quiero casar con ella – se sinceró Gato, era increíble que ahora le aterraba la idea y siendo que hace varios meses él estaba baboso por ella y era "feliz" con la interacciones que él tuvo alguna vez – No le gusta perder sus juguetes, está acostumbrada de tener todo lo que quiere, es eso.
- Sí, así veo. Escuché lo que decían sobre la Princesa y la supuesta relación contigo, sólo quería saber tu versión.
- ¿Usted me cree? – preguntó.
- Por supuesto que sí – le aseguró y Gato se alivió, al menos podía apoyarse en alguien quien lo pueda ayudar – Mañana tendré una reunión con el otro Capitán, el de la Elite, la mano derecha del Rey y también el mismo Rey Antonio.
- Créame que la Princesa se saldrá con la suya – dijo el gato naranja.
- Pero se puede negociar – le dijo – No pierdas la fé.
Gato miró al suelo, la verdad es que se sentía muy desesperanzado...con Kitty en camino a esa cárcel...no se encontraba muy optimista que digamos.
- ¿Qué me dices de Joey? Me preguntarán por él – pidió saber él.
- No volverá, si no ha aparecido es porque renunció a la Guardia Real – respondió, no le diría toda la información porque involucraría a muchos y sería muy peligroso.
- Ya lo veía venir, hace mucho – dijo él, conocía muy bien a cada uno de sus integrantes.
- Sí... es decir...no estaba conforme con los pensamientos y forma de actuar de este reino, no le gusta las injusticias – agregó Gato.
- Aunque no lo creas, lo entiendo – apoyó él – Pero si sigue en el reino, no puede asomar la cabeza, aquí no le gusta los desertores.
- Lo tiene más que claro – le respondió y rápidamente quiso cambiar de tema – Eh... ¿Capitán?
- Dime.
- Sé que es muy difícil...pero... ¿Puede ayudarme con Kitty? ¿Por favor?
Él lo miró sorprendido por la petición.
- Sé que es complicado... no quiero que le suceda nada malo por mi culpa, me da lo mismo lo que pase conmigo, pero si hay alguna posibilidad de sacarla...
- Gato...me temo que no puedo ayudarte por ahora, así como lo dices, la Princesa tendrá cuidado con sus juguetes... - le recordó.
- ¡No puede ser que no exista una sola posibilidad! – se quejó.
- Lo siento de verdad, con suerte puedo darte una mano en este momento, qué más quisiera yo seguir ayudándote - le dijo y el gato naranja se quedó en silencio, otra vez sintió que se le revolvía las tripas.
- Gracias de todas formas – respondió sinceramente.
- Haré lo que pueda, ahora tienes que descansar, ha sido un día muy largo...y come algo – le dijo el Capitán – Nos vemos Gato.
- Adiós – se despidió.
Una vez solo, él miro el plato de comida que estaba en la mesa de estar, pero no tenía hambre ya que sentía un nudo en el estómago, tan solo pensar en ese posible compromiso y que Kitty estuviera en peligro...simplemente no podía.
Se sentía como león enjaulado, cada cierto tiempo echaba un vistazo por la ventana y vió que seguía oscuro. Estaba tan desesperado que intentó abrirla, pero no era posible debido a que estaba trabada, de seguro era para prevenir cualquier escape.
Él se sentó en el borde que había en esa ventana, siguió mirando desde ahí y descubrió que tenía vista al jardín, es decir, se encontraba en la parte trasera del palacio, eso le agradó porque recordaba el lugar donde se juntaba con Kitty, en su balcón de la taberna...
Gato se hundió en sus pensamientos, todo a su alrededor desapareció y tan solo lo acompañaban los recuerdos que iban y venían a su mente. Pudo ver aquella vez que ella estaba en frente a él en esa revuela y le apuntaba con su espada a la cara, la tenía lista para capturarla...pero él la dejó libre...simplemente no pudo.
También recordó ese enfrentamiento que tuvieran cuando ella fue por esa medicina, una pelea intensa en todos los sentidos, debido que también estaba luchando internamente porque tenía que hacer lo correcto.
Luego dio un salto más adelante, la vez que sin pensarlo y ya inevitablemente se dieron ese beso en ese mismo palacio...y que determinó el hecho que él fuera a buscarla y enfrentar todas esas dudas...No había explicación de cómo pasó de rivalidad a una química muy atrayente y que dio resultado a su relación.
Gato jamás había sido tan feliz en su vida.
En ese instante recordó un momento reciente que pasaron juntos, fue en el oasis, la cual habían bailado una canción que habían tarareado juntos, después de haber ganado el premio mayor de la Búsqueda del Tesoro.
La tenía en sus brazos mirándose profundamente a los ojos, como si nada en lo alrededor existiera, nada más que ella.
- Gato... Nunca pensé que me enamoraría tanto de ti – le dijo la gata oscura acercando su rostro hacia él, poniendo una mano en su mejilla – Jamás me imaginé que me enamoraría de mi enemigo – agregó con voz suave.
Gato apoyó su frente en contra la de su novia – Créeme que pienso lo mismo, no sé precisamente cuando comencé a sentir algo por ti y más encima no quería reconocerlo...era una lucha interna cada día y jamás pensé que resultaría en algo tan bello – dijo él. Kitty acortó la distancia entre ellos en donde comenzó un hermoso y cariñoso beso. Ese gesto empezó a profundizarse cada vez más que terminaron cayendo sobre el césped, ella quedando encima de él.
Ambos estaban agitados y reían juguetonamente, se gastaban bromas el uno al otro, pero también regaloneaban y continuaban con sus caricias...la estaban pasando muy bien. Luego se quedaron recostados sobre el césped uno al lado del otro.
- Es increíble – dijo el gato naranja.
- ¿Qué cosa? – preguntó ladeando su cabeza hacia él.
- Todo – contestó – Tampoco creí que me enamoraría tanto de una hermosa ladrona.
- Creo que ladrona suena feo – dijo divertida.
- No me refiero a ladrona que roba cosas...tú me robaste algo que es mío...- dijo tentador su novio.
- Tú corazón siempre fue mío, querido Gato.
El rió con ganas – Tienes razón.
- Pero te apropiaste del mío – dijo ella, dándole también su crédito y él volvió a reír, le encantaba escucharlo y verlo así.
- Yo te debo mucho, Kitty – dijo el gato naranja, sin querer habían comenzado a pelear amistosamente de quién tenía más mérito – Tú apareciste justo cuando yo estaba mal, no conocía lo que es realmente querer a alguien de verdad, que alguien te aprecie por lo que eres y que cuida de uno. Fui un patético – agregó y su novia negó con la cabeza.
- No seas injusto contigo – le dijo ella con cariño y a la vez en modo de reto.
- Pero si es verdad – continuó Gato – Joey me advirtió un montón de veces sobre Dulcinea, que no me quería, que sólo me estaba usando y yo no veía eso...siempre me ilusionaba al verla o cuando se mostraba más cercana a mi o se hacía la celosa... ¿No ves que fui patético?
- ¡Deja de decir eso! – le regañó.
- Fui un tonto... - agregó.
- ¡Gato! ¡Para ya! ¡Lo que importa es ahora ¿Qué sería si nosotros no hubiéramos dado este paso? ¡Ni siquiera seriamos felices como lo somos en este momento! – volvió a regañarlo - ¿Crees que no te vi mal? Aun cuando ni siquiera había algo entre nosotros, ni siquiera nos conocíamos, pero supe que algo te sucedía sobre alguna situación porque tu mirada lo delataba...Y aun así saliste adelante, te alejaste de ella y mejor aún abriste esos ojos – apoyó ella – Además esa tonta no supo valorarte y jamás lo hará porque no ve más lejos de sus propios bigotes y si esa loca te está buscando milagrosamente es debido que algo trama para su conveniencia, nada más. Así que para con eso.
Gato se quedó en silencio, prefirió quedarse callado antes que Kitty siguiera retándolo. La gata oscura lo miró y él hizo mismo, se contemplaron otra vez y su novia le regaló una sonrisa.
- No te preocupes más de eso, de aquí en adelante todo saldrá bien...- aseguró ella.
Gato desde el fondo de su consciencia sintió como lo llamaban a la puerta, sacándolo del sueño que no quería despertar.
Estaba adolorido porque se había quedado dormido en el marco de la ventana en una posición no muy cómoda. Pero sus músculos adormecidos no eran de su importancia, escuchaba más el eco de las últimas palabras de Kitty de ese sueño, que quedaron en su mente respecto a lo que Dulcinea pretendía.
"Si esa loca te está buscando milagrosamente es debido que algo trama para su conveniencia, nada más"
Gato tenía que averiguar eso, que era lo que pretendía...si tanto lo necesitaba, debe haber una razón y para saberlo tendría que ceder de su parte...
- Gracias Kitty... - dijo en voz baja – Hasta en los sueños me ayudas...
Nuevamente sintió que llamaban a la puerta, aunque...ellos podían abrir la puerta sin problemas, se supone que él era una especie de rehén ¿O no?
Gato se acercó hasta la puerta cautelosamente.
- ¿Sí? – preguntó.
- Podrías responder al menos, holgazán – dijo quien pertenecía a la Guardia Elite – Prepárate que dentro de quince minutos te llevarán a la sala de reuniones para tu veredicto.
El gato naranja no le respondió, se devolvió al marco de la ventana y se sentó a esperar. No tenía miedo con lo que le había dicho ¿Qué es lo peor que podía pasar? No lo condenaría, pero con algo le harían pagar...tenía que ser inteligente como jugar sus siguientes cartas y tener la cabeza fría.
A los quince minutos transcurrido, abrieron la puerta de golpe y tres guardias se lo llevaron de un sopetón, ni siquiera dejaron que Gato se pusiera de pie, prácticamente lo arrastraron por la habitación y luego por los pasillos. No le sorprendía que lo hicieran porque ellos se lo permitían ese tipo de coas apenas tuviera la oportunidad de abusar su poder en contra cualquiera.
Eso no quería decir que el Guardia Real no se estuviera cansando de esos jueguitos, siempre era lo mismo...Ojalas pueda tener la paciencia suficiente como para aguantar un buen tiempo, lo que si no sabía es como lo haría si es que lo asignaban a la Elite, no iba a ser bienvenido, ellos apenas lo toleraron cuando lo encomendaron a ser el Guardaespaldas de la Princesa.
Al llegar a la puerta y antes de entrar, para su desagracia, se encontraba Dulcinea, quien lo miraba extrañamente, como si se hubiera tomado algo.
- Qué te vaya bien, mi amor – dijo ella con cierta cizaña y se acercó para darle un beso en la mejilla. Eso a Gato lo descompuso, sabía que era su forma de actuar cuando conseguía lo que quería.
Al entrar se encontraba varios personajes y que alguno conocía fugazmente, uno de ellos era la mano derecha del Rey, había otro que aparentaba más edad, pero no lo conocía y otro quién pertenecía a la Elite resguardando al Rey además de los capitanes de ambas Guardias involucradas.
A Gato lo sentaron a un costado y todos los ojos estaba encima de él, se sentía incómodo con la situación.
- Damos por inicio a la reunión extraordinaria para la solución de este conflicto – dijo la mano derecha – Se concederán las primeras palabras a Rey Antonio.
- Primero que nada, debo aclarar lo siguiente: Tenemos que encontrar un punto de equilibrio en esta situación, estoy bastante consciente que gran parte de esto lo causó mi hija Dulcinea y en vista del escándalo no puedo dejar que ella quede como lunática ante todo el reino.
"A la hora que se da cuenta que es lunática" - pensó Gato resentido.
- ...Por otro lado, es cierto que este – apuntó el Rey hacia él – Quien pertenece a la Guardia Real se involucró con alguien del anillo bajo y se debe penalizar.
¡¿Y qué mierda le importaba a él si estaba involucrado con Kitty?! ¡No les afecta en nada por mucho que tengan esa estúpida tontera del linaje! ¡Era obvio que tenía que ahondar en ese tema para dar razones a ellos y ver que decidir!
- Si me lo permite mi Alteza – dijo el Capitán de la Elite – En nuestro escuadrón hay suficiente espacio y podemos enderezarlo, pero antes un castigo en público no estaría mal.
"Para eso, mejor me mandan a la cárcel junto a Kitty" – pensó Gato otra vez.
- Rey Antonio, con permiso – dijo su Capitán – Si usted deja que haga eso, se ensañaran con él, usted lo sabe y si no quiere desprestigiar las decisiones del reino es mejor que trabaje en los establos donde un recluta comienza con su entrenamiento y de esa manera refresca la memoria y valorará lo que tiene y lo puede perder.
Gato sabía que su Capitán no lo decía con intenciones reales y que en realidad le estaba dando una mano.
- Además, si comienza de nuevo, le da tiempo para formarse y usted decidirá qué hacer con él ante el posible compromiso con su hija, la Princesa Dulcinea.
- Mi señor, él tiene un punto – dijo la mano derecha – No es sabio comprometerlos en este momento, entraría muchas dudas.
El Rey escuchaba atentamente todas las opiniones y miraba a cada uno de ellos.
- No me parece bien ese método – dijo el de la Elite – Es muy blando, no aprenderá nada y quizás de otra oportunidad para meterse con otra y arruinar el compromiso con la Princesa – agregó – Señor, recuerde, se metió con esa basura del anillo bajo ¡Está en contra de las reglas de su reino!
A Gato le carcomía la rabia de cómo se estaba refiriendo a Kitty. La única basura era ese dichoso primo de Dulcinea, quien obviamente trataría de vengarse con él y después le darían un rango en la estúpida Elite para ser apto para el compromiso, eso era seguro.
- Sí, estoy al tanto que es un delito grave, pero esa reconoció abiertamente que lo usó para su conveniencia, ella se apareció en la plaza solamente y nadie antes los vio en nada. El reino no se puede prestar para ser cuestionado – dijo el Rey – Además, las acusaciones que ustedes dijeron no tienen ni pie ni cabeza, ni siquiera existe ese compromiso que él "rompió". Ustedes saben que los compromisos de mis hijas se anuncian.
Era increíble que hasta ese punto Kitty lo estaba ayudando, no sabía que fuerza ella tuvo para que pudiera decir las palabras correctas cuando se entregó. Y hasta la Elite le estaba ayudando por seguir los juegos de Dulcinea en apoyar esa idea.
- ¿Entonces como quiere que pase desapercibido? – preguntó.
- ¿Qué no te das cuenta? ¡No puedo validar lo que sucedió y mañana mismo anuncia el compromiso como si nada hubiera pasado!
- Con permiso – volvió hablar su Capitán – Creo que es mejor que alejemos a ellos dos, mientras tanto Gato se forma desde el primer escalón, no dejaremos lugar a la duda si él cumple su penitencia, le dará tiempo para buscar una solución al futuro compromiso y que calcen perfectamente.
- Me gusta esa idea – concordó el Rey – Además, no quiero más problemas entre la Elite y la Guardia Real.
Gato estaba sumamente agradecido del Capitán, ya que le estaba dando tiempo para aplazar lo máximo posible ese compromiso. Ahora comprendía más o menos lo que ella quería lograr...aunque Dulcinea lucía muy segura allá afuera, pero...había algo que no le calzaba...si él no es un "candidato" digno para ella ¿No sería mejor dejar las cosas hasta aquí? ¿No sería igual de dudoso que permitieran que un simple Guardia Real se case con la Princesa de este reino?
- ¡Pero Señor! ¡Ese castigo no es suficiente, es muy blando, este roto no aprenderá nada ni respetará a la Princesa como se debe! – insistió.
- ¿Y dejar expuesto el escándalo de Dulcinea como si nada? ¡Es muy notorio que está armado! ¡Más si fue en público con varios testigos! – dijo enojado – ¡Si esto hubiera sido privado, otra cosa se estaría determinando!
Quien pertenecía a la Elite estaba molesto y se quedó en silencio.
- Se decide lo siguiente: Gato de la Guardia Real, pagará por su delito en el cuartel general de dicha guardia, encargándose de todos los mandatos de su Capitán además de tareas anexas que se dictarán en su debido tiempo, desde limpiar establos hasta entrenar a los nuevos reclutas, será desligado de sus turnos anteriores y sus pagas. Lo único que recibirá es comida y alojamiento – ordenó Rey Antonio – No podrá salir de ese cuartel, estará totalmente aislado de sus compañeros, comenzando desde hoy – agregó él e hizo una seña para que se lo llevaran.
Dulcinea al ver a Gato salir del salón, notó que se lo llevaron apresuradamente, de inmediato quiso saber que pasó porque resultaba ser muy sospechoso, en eso vio salir a su primo.
- ¿Qué pasó? – exigió sabe la gata blanca.
- Te juro que lo intenté – dijo él – Pero no logré convencer a tu padre en incorporar a Gato a la Elite – contó.
- ¡Es porque no lo intentaste lo suficiente! – le gritó Dulcinea enfurecida.
- ¡Hey! ¡Si quieres háblalo tú con tu padre, yo hice la parte que me pediste! – se defendió – ¡Intenté reclutarlo para que tuviera un rango decente y fuera digno para ser tu prometido! – agregó molesto, muy princesa será, pero es su prima – Ahora lo dudo porque estará en la escala más baja de la Guardia Real como penitencia.
- ¡No! ¡No, no no no! – repitió enfadada - ¡Mi padre me debe ese derecho!
Dulcinea se encontraba muy furiosa y no estaba dispuesta a aceptar esa decisión ¡No era lo que acordaron!
Ella empujó las puertas del salón abriéndola en par en par, importándole un carajo que estuvieran los demás ahí adentro.
El Rey Antonio miró severamente a su hija, de las cosas que más le molestaba era que interrumpieran sus asuntos, en especial al tratarse de intentar resolver las cagadas de su hija más problemática.
- Retírense, necesito hablar a solas con Dulcinea – ordenó el Rey.
La Princesa ni se arrugó por sus acciones, siguió de pie en medio de la sala desafiando a su padre con la mirada. Una vez que estuvieron solos, él volvió a hablar.
- No me mires así – regañó.
- ¿Qué pretendes? – exigió saber la Princesa.
- Bájame ese tono, Dulcinea – dijo su padre severamente.
- ¿Quieres que abra la boca? – amenazó ella.
- ¡Dulcinea cállate! – gritó colmado de paciencia - ¡Piensa un poco! ¡Tengo que solucionar el problema que tu creaste! ¡Esa estúpida la idea de ascender a Gato a la Elite y permitir ese compromiso y que supuestamente te engañó!
- ¡Pero! – reclamó ella, el Rey la interrumpió de un gesto.
- Gato tiene que pagar su penitencia antes de comprometerse contigo y si quieres lograrlo, tú tendrás que saber esperar, además has esperado un buen tiempo no te hará mal hacerlo otro poco – dijo él – Ese Guardia seguirá en su escuadrón, pero destituido de su cargo hasta que se logre ascender nuevamente.
- ¿No es lo mismo? – preguntó entre dientes. Si bien tendrá que esperar, aunque al menos su padre accedió a que se pudiera comprometer con Gato.
- No, esto estará en boca en boca en el reino sin contar como armaste el lío en presencia de mucha gente. Fue notorio lo que hiciste Dulcinea, todos hablan – la retó – Vas a casarte con él ya te dije – insistió – Pero nuestra gente tiene que ver decisiones sabias, el pagará hasta ascenderlo a Almirante de la Guardia Real y tenga ese puesto decente para que esté contigo. Mientras tanto, tú te comportaras como tal, no te acerques a él y mucho menos involucres a tu primo en tus tonterías – agregó él, tomando sus cosas y dejó a su hija sola en ese salón.
La gata blanca miró al suelo con las manos empuñada de rabia...su padre solo estaba atrasando lo inevitable.
