Hola chicos! Vengo de paso, he tenido menos tiempo de lo normal pero no me he olvidado de escribir 3 es decir, tengo avanzado mi problema es cuando paso a limpio y reviso si esta todo bien :c eso si los capítulos son mucho más largo, de alguna forma compensa xDDD
Los quiero mucho, gracias por su paciencia 3
Capítulo 31: Dificultades y cambios
Kitty junto a los demás prisioneros estuvieron en sus celdas por días completo, sin comer ni beber nada, debido a que los guardias estaban organizando a los prisioneros, haciendo conteos y arreglando el desastre que había quedado el día anterior.
La gata poco pudo dormir, entre todas las cosas que habían sucedido y la incomodidad; ya que aún la tenían amarrada y no entendía bien el por qué, sólo podía tomar unas pequeñas siestas cada cierta hora, además que tenía frío y hambre.
El sector que ellos se encontraban había un silencio absoluto, con suerte se oía la respiración de alguien en el húmedo lugar de detención en donde había dos guardias vigilando la entrada.
Kitty miraba el suelo, mientras apoyaba su cabeza en el muro sentada en su recamara. Estaba ida en sus pensamientos y apenas pestañeaba...al estar mucho tiempo quieta sin poder hacer otra cosa que esperar sólo dejaba como consecuencia a que le vinieran muchos pensamientos a su mente.
A pesar que había logrado sacar de quicio a Dulcinea en su último encuentro; y que se enorgullecía por supuesto, pero lo que no la dejaba tranquila era los planes que ella tenía para él. Sabía que quería a Gato como su...su...su pareja (moría de rabia tan sólo pensarlo)
¡¿Y para qué?!
Un guardia interrumpió sus pensamientos al entrar repentinamente a la zona de celdas y con un bastón de fierro quien lo pasó por todos los barrotes para llamar la atención y despertar algún prisionero.
- ¡De pie! ¡Ahora! – gritó él. Quienes lo acompañaba abrían cada una de las celdas, aquellos que no estaban preparados los tomaban de un brazo y lo empujaban al pasillo de forma brusca, uno por uno hasta tenerlos todos afuera. Kitty fue la última, pudo ver con claridad a sus actuales compañeros de prisión, habían de todas las edades, desde adolescente hasta adultos, reconoció a uno de su grupo, pero no le miró. Fue un alivio que no hubiera ancianos ni niños.
- Caminen – ordenó nuevamente y así lo hicieron, de mala ganas por supuesto, todos estaban de manos atadas y con los brazos dormidos.
Los dirigieron hasta la salida de esa zona y transitaron por un largo pasillo iluminado por unas antorchas hasta llegar a dos puertas con diferentes direcciones, la que estaba en enfrente de ello era la más grande que la izquierda.
- Es hora de un buen baño para evitar las pulgas dentro de este reciento – explicó con malicia – No queremos más mugre de la que hay.
Abrieron la puerta grande y comenzaron a empujarlos a todos a esa sala, adentro los recibieron otros guardias quienes le quitaron las esposas a cada uno, de ahí lo metieron a una habitación mediana, la cual era bien alta, ya que tenía un segundo piso con una especie de balcones donde había más guardias con cubetas de agua listas.
Algunos de los compañeros de prisión de Kitty empezaron a alegar y otros a alterarse, en pocos segundos la situación se caldeó, mientras los guardias que estaban junto a ellos empezaron a arrinconarlos.
Kitty recibía empujones por todos lados, apenas podía mantener el equilibrio...la verdad es que estaba resignada, sólo prestaba atención en no caerse y ser pisoteada por los demás.
Tanta injusticia en un solo día... a ese punto no sabía si ella podía seguir tolerando todo esto, estaba agobiada y cansada.
Al recibir el primer chorro de agua, sintió como si una corriente recorría bruscamente su cuerpo, el líquido estaba heladísimo, calaba hasta los huesos.
Después del tercer baldazo, Kitty perdió la cuenta la cantidad de baldes de agua que le habían lanzado esos malditos guardias, tan solo intentaba controlar los inevitables temblores de su cuerpo. Lo que sí no le importó fue llorar, eso no lo pudo aguantar, tenía mucha rabia con todo lo que había sucedido y había aguantado por mucho tiempo.
Y quería salir de ahí, pero no podía...no sabía cómo.
Ella sólo quería estar en casa con Claire disfrutando de una leche caliente y hablar...
Pero no podía...
Quería estar con Gato...
Y no podía...
Sus lágrimas se camuflaban con el agua fría que recorría su rostro y cuerpo, sus sollozos pasaban desapercibido con las quejas de sus compañeros. Se abrazó así misma esperando a que esos eternos minutos pasaran rápido.
Al finalizar ese baño; sólo porque se le había acabado el agua, los guardias se lo llevaron de esa habitación y los dirigieron hasta el final de ese camino, es decir, su destino, el patio donde se encontraba el resto de los prisioneros. Fueron empujados bruscamente, algunos tropezaban, rebotaban unos con otros, algunos caían.
Kitty sin fuerza de nada cayó en sus piernas, apoyando con sus manos en el suelo para no darse un tortazo con él, no se atrevió a mirar al frente, no quería ver nada...sólo sentía el frío viento chocando con su empapado cuerpo haciéndola temblar más, tenía mucho frío...
Y no sabía cómo iba a sobrevivir en ese espantoso lugar.
Dos días han pasado desde los sucesos y la zona baja se había complicado muchísimo, el día se acortaba aún más por el toque de queda, la cual partía a las 20:00 horas hasta las 08:00 y que empezó al día posterior del escape. Lo peor de todo es que comenzaron a atrapar más de los suyos, si lo pillaban fuera de casa o no alcanzaban a refugiarse, se lo llevaban directamente a la cárcel, no había chance ni flexibilidad, ni oportunidad, nada.
Por eso mismo razón había mucho más trabajo, en especial para Claire, es decir, aparte de atender a heridos de leve gravedad en el cuartel, debía ayudar en el nuevo orfanato, debido a que aparecieron niños sin padres quienes habían sido capturados y no tenían más familia.
Y para eso necesitaban más cosas, comida, medicina, juguetes, enseres, etc, además de nuevos encargados. Básicamente el sector bajo estaba en crisis, el reino se encargó que no arribara comida ni nada por el estilo, ni siquiera para comercializar. También había guardias por todos lados incluso en la plataforma panorámica pasó a ser otra torre de vigilancia...no había mucho que hacer.
Todo este asunto tenía a Claire con los nervios de puntas, ese primer día de toque de queda, varios de los guardias comenzaron a ingresar a las casas y registrar todo para buscar prisioneros, bueno ella suponía eso.
Al escuchar esos rumores; y que pasaron a ser cierto, porque lo vio con sus propios ojos desde la ventana de su casa como sacaban a unos de sus vecinos, era cierto que buscaban a desertores y prisioneros, pero algunos no lo eran, siempre pertenecieron ahí. Ella temía a que fueran a la antigua casa que tenía la salida del reino, en donde se encontraba su novio resguardado por recomendación de Mike. A pesar que "era propiedad del reino" y que difícilmente ingresaran porque necesitarían la única llave que existían y que por supuesto la tenían ellos. Aun así, no lograba calmarse y evitar ponerse nerviosa.
Joey no podía salir aún hasta que tuviera un disfraz y a Claire le costaba convencerlo a que tuviera paciencia...pasaba que moría de ganas de ayudar en algo, o buscar un plan para liberar a Kitty, salir del reino y encontrar a la Princesa Amelia. Había muchas cosas que hacer y ahí detenido no podían avanzar mucho.
Ahora Claire se encontraba corriendo entre las sombras con un bolso en el hombro con unas pocas cosas que pudo conseguir para Joey. El problema es que quedaba pocos minutos para que se anunciara el toque de queda.
Ella tenía que esquivar a los guardias hasta las cercanías de la casa y dar la señal a Joey para que la dejara entrar. El problema era que había aumentado innecesariamente la cantidad de vigilantes, por lo que había escuchado, para variar, había actividad en el Palacio y el reino pensaba que harían motín...lo usual.
En ese momento, la gata de dos colores intentaba hacer la ruta hacia esa casa, ya se lo había dicho a Kitty una vez, ese tipo de habilidad no era lo suyo, eso de estar en contra de la pared, echar un vistazo, ver la cantidad de guardia y observar el recorrido que ellos hacían para así poder avanzar (agregando también los nervios) era mucho para ella. Lo peor de todo es que si la pillaban le harían un montón de preguntas y con lo poco que faltaba para el toque de queda, se la llevarían sin dudar.
Una vez que pudo avanzar a la siguiente cuadra, se escondió entre dos casas donde había un pequeño trecho sin salida. Tenía que esperar a que pasara la pequeña patrulla, calcular el tiempo que tardaban en pasar, salir y hacer lo mismo en la siguiente manzana. Sin nombrar que tenía que encontrar un escondite rápido.
En esta ocasión fue justo a tiempo, ya que, a los segundos, pasó una pareja de guardia quienes charlaban animosamente y que para Claire fue de su interés debido a que conversaban sobre lo sucedido en la Guardia Real. Agudizó su oído para escuchar mejor y aseguró que estuviera bien escondida, alcanzó a notar que no pertenecían a dicha guardia, sino que era de otro escuadrón.
- Pero ¿Tú sabes que es lo que pasó en ese Guardia? – preguntó uno de ellos – Porque lo único que sé, es que hay dos involucrados que se fueron y algo de un problema con unas de las princesas.
- No es que existan involucrados, estás mal informado – corrigió – Uno dejó la Guardia Real voluntariamente, su vestuario quedó en su habitación, es lo que me contó mi amigo que está ahí – explicó.
- ¿Y qué harán con ese desertor? No creo que dejen eso así como si nada ¿ O no? – preguntó.
- Lo están buscando tanto como a los prisioneros que escaparon – respondió su compañero.
Claire se llevó una mano a la boca, aun se asustaba que en cualquier momento podían pillar a su novio y quizás qué castigo tendría y ¡No! ¡No quería ni pensarlo!
- ¿Pedirán recompensa? – preguntó nuevamente interesado mientras que Claire se quedó sin aire y paralizada.
- No, por ahora – respondió de inmediato – Sé por dónde vas, pero no te conviene meterte por ese lado, si con suerte estamos con esto.
- ¿Y el otro? – preguntó decepcionado – De eso no tengo idea de nada, sólo el escándalo de la plaza...
- Eso fue más complejo – contestó – Mira, se supone que estaba relacionado con la Princesa Dulcinea y que estaban comprometidos.
- ¿Así? Qué raro... - dijo extrañado – ¿El Rey permitiendo ese tipo de relaciones? ¿No qué busca pureza en su reino? ¿No se supone que se anuncian los compromisos? Que yo sepa esa Princesa es la única soltera... - dijo él.
- Y todos piensan igual, exactamente igual – confirmó su compañero.
- ¿Entonces? – consultó curioso.
- Solo sé que está cumpliendo una especie de condena en los cuarteles de la Guardia Real y que ha sido descendido – contó.
- Qué extraña circunstancia – opinó.
- Sí, igual se escucha simple, pero el sujeto se quedó sin dinero y alojará en los establos.
- Uf, no me gustaría estar en sus botas – dijo él.
- Ni yo – concordó – Casi nadie, por no decir nadie, cree ese cuento de ese compromiso con la Princesa. Lo que sí creo que la chica que tomaron detenida si estaba involucrada sentimentalmente con ese guardia...
Claire no pudo seguir oyendo, se habían alejado lo suficiente como para no escuchar más. Rápidamente echó un vistazo fugaz y avanzó otro tramo más.
De pronto se anunció el último aviso del toque de queda y la gata bicolor aun no llegaba a la casa antigua, estaba en aprieto y le faltaba otro tramo que recorrer. Cada vez se complicaba en avanzar y a este punto no sabía mucho qué hacer, la ponía nerviosa...agregando que se estaba oscureciendo y eso le favorecía un poco, así aprovechaba mejor las sombras y escabullirse. Calculaba que le faltaba unas cinco cuadras...también le preocupaba cómo le mandaría la señal a su novio con la presión que estaba con el toque de queda.
Claire miró rápidamente a ambos lados, venían dos parejas de guardias en direcciones contrarias...otra vez se puso nerviosa...estaba fregado cruzar ya que no tenía un punto ciego y avanzar.
Ella escaló como pudo hasta el techo, tratando de no generar ningún ruido, a pesar que tendría que recorrer más porque tenía que retroceder unos cuantos metros, desde ahí podía dar un salto y cruzar al otro lado. Así lo hizo, el siguiente paso fue buscar una zona para bajar, ya casi no había luz del día, estaba más oscuro, por esa misma razón no se fijó de unos tarros que se dieron vuelta.
Claire no alcanzó a detenerlo y fue como un efecto en cadena con todo ese ruido. Quedó helada porque sabía que no pasaría desapercibido, fue cosa de segundos que escuchó unos silbidos de alerta.
- ¡Es por allá! – gritó uno.
Esta vez a la gata bicolor se le apretó el estómago apenas escuchó esa vez y comenzó a correr por el lado contrario de donde vino. Ella no salió de esa cuadra, si no que se adentró por otros callejones e intentó acercarse a hacia la dirección a la casa.
- ¡Tú a la izquierda y tú a la derecha, rodeen! – ordenó - ¡No dejen que escape!
¡Ay! En este minuto le gustaría pensar igual que Kitty para que se le ocurriera alguna idea, lo peor de todo es que la estaban acorralando y las vías de escape se estaban acabando.
De pronto escuchó que alguien venía por el frente, ella paró en seco y asustada miró hacia esa dirección y también atrás. Desesperadamente escaló la mita de pared y entró por un espacio de tablas a una especie de bodega, la cual estaba un poco alto y cayó poco agraciada en el suelo debido a que trataba de agarrarse con las uñas y no provocar ruido, ese lugar estaba totalmente oscuro.
Claire contuvo su respiración para escuchar, sosteniendo firmemente del bolso de los nervios.
Luego de unos eternos minutos notó como la patrulla pasó de largo, se salvó...respiró aliviada, por fin.
Pero no por mucho tiempo debido que estaban forcejeando el portón de esa bodega, miró aterrada hacia esa dirección...
Joey estaba que salía de casa y buscar a Claire, había pasado rato desde el toque de queda y no llegaba...no era normal...
Hasta que llegó el punto que le importó un comino las advertencias de Mike, simplemente no aguantó. Tomó la capa oscura, un arma y una especie de máscara con un paño que le cubría de la nariz hacia abajo, sólo se le veía los ojos. Se dirigió a la parte trasera de la casa cerca del pasadizo, hace unos días descubrieron que tenía salida hacia un callejón donde estaba totalmente cubierto de muro altos de otras casas, era como una especie de patio y la única forma de salir y entrar era subiendo al tejado de la casa vecina, ese era el nuevo acceso, que por cierto tuvieron que habilitar porque era inaccesible, así que dejaron algo parecido a una escalera, era mejor así para que pareciera una casa deshabitada a pesar que el reino "tenía" esa llave.
Joey avanzó como la sombra entre los pasajes y de inmediato vio que algo sucedía a un par de cuadras en donde unos guardias quienes se acercaban a un pasaje junto a dos pares más.
El ex Guardia Real se acercó rápidamente hasta ese punto desde una zona segura. Se urgió al reconocer a Claire entrando por una especie de ventana o portón, no lograba ver bien.
Se acercó rápidamente y con cautela, teniendo en mente que tenía seis enemigos con que lidiar... era complicado y optó por la opción más fácil, crear una distracción.
Pudo observar desde el techo que había un montón de basura tipo metal en el tejado y cerca de ese lugar daba a otro callejón. Sin pensarlo botó esas cosas dando la impresión que alguien había pasado por ahí.
Funcionó de cierta forma, ya que se habían ido tres. Pero si algo sabía Joey es que era fácil combatir a esos guardias. Estuvo a punto de bajar, hasta que sintió que le agarraron de la capa, se dio la vuelta de inmediato preparado para pelear.
Y resultaba ser Mike.
- ¡Tremendo susto que me diste! – le acusó en voz baja, pero este le respondió con un palmazo en la nuca - ¡Auch!
- ¡Que te dije! ¡Que no salieras! ¡¿O no?!
- Sí, pero...
- ¡Nada de peros, hablamos después! – ordenó – Yo los distraigo y tú saca a Claire de ahí.
Así como apareció Mike se fue, el gato de tonos dorados esperó a que se fuera los últimos tres guardias, bajó con cautela y se puso frente a ese portón en cosa de segundos.
- Hey, amor – la llamó en susurro.
- ¿Joey? – preguntó desde el otro lado. Notó en su voz que estaba asustada y a la vez aliviada de escucharlo.
- Sí, soy yo – confirmó – Debemos apresurarnos.
- Mike está haciendo tiempo para que nos vayamos de aquí – explicó rápidamente – Intenta salir por donde entraste.
- Ok – dijo ella con voz temblorosa.
No tardaron mucho en eso, la gata de dos colores trepó como pudo y Joey la recibió en sus brazos y se fueron a casa.
- Lo siento si te preocupé – le dijo abrazándolo, aún estaba un poco asustada.
- No hay cuidado – le tranquilizó – Pero si te atrasas mejor no te arriesgues – le dijo.
- Es que ya te había avisado que vendría – respondió Claire – Además no has comido bien y no podía dejarte así.
- Bueno, ya no importa – dijo él negando con la cabeza – Lo que importa es que estás a salvo.
En ese instante arribó Mike, un poco agitado con la persecución.
- Esos guardias no son ni la mitad de listos – dijo él dejando sus armas en un mueble de ahí, luego se dirigió de dos zancadas hacia Joey para propinarle otro palmazo en la nuca.
- ¡Auch! ¡Ya para con eso! – reclamó él.
- ¡Te dije que no salieras! – recriminó - ¿Quieres que te pillen?
- Por supuesto que no – respondió – Pero ¿Qué quieres que haga? ¡Claire no llegaba y estaba preocupado!
- ¡Ya no importa! – se interpuso la gata bicolor – Si Joey no hubiera ido probablemente lo hubieras retado de todas formas...
- Sí, tienes razón – reconoció con una sonrisa y Joey rodó los ojos – Pero recuerda que cada vez somos menos y no podemos darnos el lujo de perder a alguien más.
- ¡Ni pensarlo! – reclamó Claire - ¡Para de meter sustos!
- Bueno – dijo Mike – Aprovechando la instancia, necesito hablar contigo, con ustedes, mejor dicho, es tiempo de empezar a organizar – dijo él – Pero le advierto que nos tomará un poco de tiempo.
La pareja asintió y la gata de dos tonos habló primero, adelantándose a Mike – Tengo un poco de información que te podría importar amor.
- ¿Qué cosa? – preguntó interesado mirándola de inmediato.
- Alcancé a escuchar una conversación de una pequeña patrulla – contó ella – Es sobre Gato y tú – agregó ella – Nuestro amigo está bien dentro de todo, aún pertenece a la Guardia Real cumpliendo una penitencia desde el escalón más bajo que existe ahí...no recibirá pagas y alojará en los establos.
Joey se alivió un poco oír eso – Al menos no está con esa loca cerca – dijo él – Como me gustaría hablar con él...
- Lo sé...te entiendo mucho – apoyó ella apenada – En cuanto a ti, te están buscando, pero eso ya lo suponíamos.
- Y por eso insisto que no debes salir – aportó Mike.
- Que ya entendí – dijo él, mientras que su novia negaba con la cabeza.
- Hablando en serio – dijo la gata – Ahora si podemos comenzar en organizar lo que vamos a planear. Así que Mike te escuchamos
- Está bien – respondió él – No podemos esperar más tiempo – agregó y la pareja asintió de acuerdo – Mañana tendré ayuda con el disfraz, así que eso lo tenemos listo.
Mike se acercó al mesón que estaba en medio de la habitación, en donde sacó un pergamino viejo y gastado, a cuál estiró en el mueble. De título escribió "Planes" en la parte superior de la hoja.
- Quiero que me prometan que me harán caso en todo, recuerde que no podemos dar paso a errores.
- Prometido – dijeron al unísono.
- Ok – dijo él – Sabemos que no tenemos muchos aliados...tampoco tendremos una fecha exacta, pero podemos adelantar.
- Tenemos a Noah y Carlos, aunque aún no regresan y no sabemos cuándo lo harán – dijo Joey – Con ellos podemos contar con el transporte.
- Bien – dijo Mike – Eso es una cosa, pero también necesitaremos información ¿Tú crees que podrías averiguar algo en la taberna? Por supuesto cuando tengas el disfraz.
- El encargado es un buen amigo quien puede ayudarnos posiblemente con información – respondió.
- Habla con él apenas puedas – dijo él tomando notas de las primeras tareas en el papel – Ahora si me disculpan debo irme.
- ¿Dónde irás? – preguntó sorprendida Claire pensando que se quedaría más tiempo ya que estaban planeando lo siguientes pasos.
- Tengo que ir a ver un asunto, no les puedo contar porque no sé si resultará – respondió – Tiene que ver con esto, mañana continuamos y les contaré.
Ambos asintieron y se despidieron de él con una señal, esperando que su asunto funcionara y se miraron preocupados.
Estos días para Gato habían sido...difíciles, muy complicados apenas podía con la tristeza que conllevaba y tenía que aguantar los malos tratos por parte del comando del reino, quienes estaban a cargo de la "rehabilitación" y que colaboraban al Capitán. Obviamente se aprovechaban de su cargo y la única alianza que tenía ahí intentaba darle una mano, el Capitán le traía comida y cobijo, debido que al dormir en los establos era duro y no le daban nada, ni siquiera una cama. Gato improvisó con lo que pudo, un poco de heno y las viejas mantas de los caballos, lo más parecido a un colchón.
Y eso no era lo único...cada noche lo despertaban golpeando el portón o asustaban a los caballos, golpeaban los costados e incluso reventaban una especie de pequeños explosivos, eso era lo peor...lo despertaban a brincos y le costaba un montón tranquilizar a los equinos, tenía que sacarlos un rato para calmarlo. Era un trabajo arduo.
También lo que ellos hacían duran el día, entre las tantas maldades que hacían claro está...Era cuando limpiaba los establos y dejaba el heno sucio en cerro afuera de los establos, lo sujetos venían en sus propios caballos y pasaban por encima a propósito para volver esparcirlo...
- A ver si te dan ganas de engañar nuevamente a Dulcinea, mugriento.
Cosas parecidas a esas le gritaban a Gato, él hacía oídos sordos a esos comentarios, cada vez que sucedía sentía como una llama se apagaba, al principio le daba mucha rabia, pero llegó a un punto que ya no prestaba atención y hacía sus deberes por inercia, se deprimía cada día que pasaba, lo volvía apático, no tenía fuerza ni ganas por nada...sólo el sentimiento, cariño y amor por Kitty lo mantenía en pie.
A veces sucedía que, al terminar sus deberes, se iba a su esquina y no se volvía a parar hasta que tuviera un trabajo que hacer, la mayor parte del tiempo libre lo pasaba acostado, sin ganas de comer nada. Si no fuera que contaba los días lejos de Kitty en la pared de su "habitación" no sabría nada de la noción del tiempo. Lo que sí perdió la cuenta es cuando empezó a sentirse así de mal, no le encontraba sentido a nada...
Pero un día esa rabia se prendió...
- Con esa cara...difícilmente te ascienda a Almirante, Gato – dijo una conocida y desagradable voz.
- Qué demonios haces aquí Dulcinea – dijo toscamente él, no le importaba en lo más mínimo su opinión ni su apariencia, ni dirigirse de esa forma a ella, por muy princesa que fuera, de lo enojado que estaba lanzó la herramienta que estaba usando al suelo y se dio la vuelta para hacerle frente.
- Hola qué tal – ironizó la gata blanca.
- No deberías estar aquí, vete ya – ordenó él, olvidando completamente las formalidades con ellas.
- Gato, tú me conoces bien, jamás fui obediente – dijo ella, a la Princesa le llamó la atención la actitud de él, aunque probablemente se debía a que él se encontraba en su zona de confort teniendo todo controlado.
- ¿Qué quieres? – preguntó fríamente.
- ¿Qué te pasa? ¿Tan mal te ha hecho estos establos? – preguntó ella.
El negó con la cabeza, estaba molesto y no sabía si ella le estaba tomando el pelo.
- Tú – apuntó el gato naranja secamente – Me convertiste en esto – indicándose así mismo de forma severa – Me estás obligando estar a tu lado, a estar aquí cumpliendo algo que no debería, por lo menos no aquí – dijo él – Sólo porque "tus deseos son órdenes" habiendo miles de opciones, tuviste tu maldito tour para elegir un pretendiente... ¡Pero no! ¡Preferiste convertirme en esto! ¡Así que no espere a que me comporte como tú pensabas o como solías tratarte en el pasado Dulcinea! – espetó enfurecido - ¡Sí quieres vivir en un infierno, no te quejes, tú lo construiste!
Dulcinea no se esperó esa descarga por parte de Gato, jamás de los jamases la había hablado de tal forma...
Rápidamente lo miró enojado – Baja ese tono – le advirtió.
- Déjame tranquilo entonces – le contestó él – Si no lo ves, estoy trabajando y tú no debes estar aquí – agregó y le iba a dar la espalda, pero ella volvió hablarle.
- Vengo en son de paz – dijo Dulcinea tranquilizándose, a pesar de mal comienzo, ella quería encaminar de buena forma la relación con Gato – Volvamos a ser los buenos compañeros de antes, sin rencores.
Gato soltó una risa, es que ella no tenía cara...
- ¿Tú pretendes que olvide todo lo que has hecho? – preguntó irónico.
- Esa tal...Kitty – dijo apenas, no toleraba ni pronunciar ese nombre – No es una buena opción que digamos, entre ella y yo hay una diferencia enorme...si estás conmigo tu vida cambiará drásticamente... - dijo ella.
- En algo te encuentro razón, ustedes dos son totalmente opuestas y no me refiero a la clase social – dijo él secamente, su actitud seguía igual, frio y con ganas de herir de la misma forma que lo hirieron a él – No pierdas tu tiempo Dulcinea, nada hará que me olvide de ella.
La Princesa iba a responder, pero una de sus sirvientas la interrumpió llamándola para avisar que venía alguien, antes de irse, le habló.
- Te recuerdo Gato, que tú la quieres viva y yo la quiero fuera de este reino, solo yo puedo sacarla de ahí...- tentó ella – Si es que no le suceda algo desafortunado antes – advirtió – Piénsalo dos veces antes de volver a hablarme de esa forma.
Gato la miró desafiante, esperó a que se perdiera de vista y al asegurarse estar completamente solo, el bajó su mirada entristecida al suelo...Pasaba por tantos sentimientos que se sentía abrumado, le daba la sensación que tenía que adquirir diferentes estados de animos o formar de ser para cada situación, comportarse sumisamente y no reclamar nada, ser tosco cuando debía hacerlo, estar indiferente si debía estarlo... y eso...era agotador.
Aunque cuando estaba solo sin que nadie lo molestara, sin hostigamiento ni nada, ese era el único momento que su ser verdadero aparecía, el que estaba triste por su Kitty, el que estaba molesto por todo esto, el que quería hacer algo para cambiar la situación y rescatarla, el que estaba cansado de actuar así, cansado de sobrellevar esa depresión en su interior y a quien se le aparecía la imagen de Kitty cada vez que cerraba los ojos.
Fue en ese momento que algo dentro de él se encendió, esas últimas palabras fueron el empujón para sacarlo de toda esa mierda.
¿De qué le servía estar así? ¿Iba a lograr algo? Si era como luchar contra la corriente ¡Tenía que ser más inteligente para ayudar a Kitty!
Era la hora de jugar a su juego, le daría a Dulcinea lo que ella quería... ¡Era hora de actuar!
Sabía que sería un trabajo arduo, porque primero tendría que convencer a los demás de que estaba de su lado...para ayudar a su hermosa ladrona de ojos azules a salir de ese horrendo lugar, aunque fuera lo último que haga y ver si Dulcinea que probara un trago de su propia medicina...
Si lograba convencerlo; claramente contaría esto a su Capitán, podría sacar un buen provecho de esta oportunidad, ayudar a los demás desde ahí y podría averiguar muchas otras cosas dentro de ese palacio...tendría que sacrificar mucho, pero era mejor opción que echarse a lamentar y sin hacer nada.
"Esto va por ti Kitty" pensó el gato naranja. Estaba determinado con la decisión y mirando con recelo el camino que había tomado la Princesa.
