¡Ahhh! ¡Me siento trolleadaaaa! Yo bien a gusto y tranquila PENSANDO QUE SE HABIA SUBIDO ESTE CAPITULO Y NUNCA SUCEDIÓOOOO! ¡Y este capítulo lo tenía listo y editadooo hace meseeees! T_T


Capítulo 32: Tempestades.

- ¿Estás seguro que esto funcionará? – preguntó Claire no muy convencida mientras miraba a su novio.

Joey tenía puesto una capa de cuero de color beige, un abrigo muy extraño para estos lados entonces lucía como un extranjero, cambiando su aspecto de cierta forma. Ella lo ayudó en ponerse una especie de tiza blanca en su pecho y manos, así modificaba su pelaje.

- Creo que fue una excelente idea – alabó Joey – Luce real, creí que no funcionaría, pero tiñe muy bien mi pelaje.

- No puedo evitar ponerme nerviosa con esto Joey – le dijo la gata de dos colores mirándolo un tanto preocupada .

- Funcionará – aseguró – Recuerda que tengo que hablar con acento inglés, he estado practicando y no creo que los guardias revisen mi pelaje, además no se interesarán de un simple turista que estudia diferentes culturas.

- ¿Y si reconocen tu voz? – preguntó.

- No lo harán si lo hago bien – tranquilizó – No te preocupes cariño, de verdad.

- Está bien – dijo ella.

- Con esto podré moverme con mayor facilidad por los sectores – agregó – Tenemos que irnos, Mike llegará pronto a la taberna.

- Y odia esperar – apoyó Claire.

- Exacto.

La pareja se encontraba en la gran casa, donde se alojaba Joey, ellos se dirigieron al camino subterráneo el que está más cercano a la taberna. Algunos del sector bajo también iban, pero cada vez el flujo disminuyó, ya que dicha casa debía lucir desierta.

Joey salió primero para asegurarse que no hubiera peligro, le sorprendió el cambio radical de la zona media, no había tantos guardias y había más "libertad", muy opuesto a lo que estaba sucediendo en la otra zona. Aunque gracias a eso no fue complicado entrar a la taberna.

- Siento que hace tiempo que no vengo aquí – dijo Claire al sentarse en una mesa junto a su novio.

- Considerando que la última actividad a lo que venimos fue el Festival de la Luna – dijo Joey hablando en voz baja, su novia asintió.

- Más te vale que hables con ese acento – agregó Claire.

- Acá no es necesario, la taberna es el único lugar seguro que tenemos – le tranquilizó – Deja hablar con el encargado para adelantar un poco con esto, ya vengo.

Claire no tenía otra opción que intentar calmarse, era la única opción que tenían para avanzar en los planes...

Extrañaba mucho a Kitty, esperaba con ansia que llegara el día para sacarla de ahí y escapar del reino, ojalas que no le esté pasando tan mal en ese lugar.

- Sacaremos a Kitty de ahí Claire, te lo prometo – dijo sorpresivamente Mike tomándole cariñosamente un hombro – Cambia esa cara.

- Hola Mike – saludó ella sonriendo apenas – Sólo que...es muy injusto lo que pasó. Merecíamos salir de aquí...Si no fuera por esa...esa estúpida.

- Creo que es mi turno de alentarte mi niña – le dijo paternalmente y ella volvió a sonreír – Todo caerá por su propio peso, este reino tiene los días contados y todos sabrán la verdad – agregó – Y recuerda que yo entrené a Kitty, ella es fuerte, no nos defraudará o la desheredo.

Nuevamente Claire sonrió de forma leve y soltó una pequeña risa.

- La extraño mucho Mike – dijo ella poniéndose de pie para abrazarlo.

- Lo sé – apoyó él acariciando su cabeza, haciendo lo mismo cuando ella era pequeña y necesitaba consuelo al tener una pesadilla o cuando se preguntaba por qué su familia la había abandonado.

- ¿Pasó algo? – preguntó Joey acercándose a la mesa donde ellos se encontraban, notando el estado de su novia.

- Nada que puedas hacer – le respondió su suegro en tono bromista.

- ¡Mike! ¡No seas pesado! – regañó separándose de él.

- ¡Pero si es verdad! – continuó y Joey rodó los ojos.

- ¡Vamos Claire! ¡Tenemos que seguir luchando! – alentó él tomándole de la mano y la miró a los ojos. Para él no era necesario preguntar qué era lo que sucedía, solo mirarla le bastaba.

- Lo siento – dijo ella.

Joey no alcanzó a decirle nada, debido a que repentinamente entró alguien en la taberna muy apresurado.

- ¡Código rojo! – gritó él.

- ¡Tú quédate aquí! – ordenó Mike – ¡Yo me esconderé con ella!

El gato de tonos dorados quedó perplejo, todo sucedió muy rápido. Varios quienes eran de la zona baja se fueron de ahí y solo quedaba algunos de la zona media tratando de actuar con normalidad.

Se sentó y sacó unos papeles, fingiendo que estaba leyéndolo mientras bebía. Fue cosa de segundos que pronto apareció un escuadrón...

Un escuadrón de la Guardia Real.


La vida de Kitty dentro de la cárcel ha sido un verdadero infierno

Después de que la lanzaran empapada al patio, se quedó un buen rato en el suelo, temblando de frío o de pena o de rabia, ya ni sabía...solo sentía que los músculo se le adormecían...

Se abrazó a sí misma, los temblores no paraban, el viento corría helado, el mismo viento quien la recibió antes de entrar a ese espantoso lugar.

Añoraba tantas cosas...como los abrazos cálidos de Gato...o las preparaciones de leche caliente que hacia Claire...

Se sentía tan...

Tan...Desesperanzada...

Se puso de pie a duras penas, sus piernas se sentían como gelatinas, esos escalofríos eran incontrolables, ella intentaba mantener su boca cerrada, pero con ese frio era imposible, por poco y se mordía la lengua.

Miró a su alrededor en busca de un lugar para refugiarse, sólo la rodeaba ese patio enorme y frente a ella un edificio que estaba dividido en cuatro torres en cada punta como si fuera un cuadrado pero que entre cada torre se separaba con una pasarelas y escaleras, calculó que tenía unos tres pisos y supuso que se encontraba las celdas ahí.

Ella no quiso ni acercarse porque en cada entrada había unos prisioneros de muy mala pulgas...

Ahora observó a su lado que aún quedaba algunos de sus compañeros reclusos e igual tomaron esa decisión de no acercarse a ese lugar y buscar resguardo en otra parte.

A ese punto Kitty no pudo evitar que se le escapara unas lágrimas nuevamente, dándose cuenta que eso solo era la punta de un iceberg.

Y sus suposiciones eran ciertas, esa primera noche fue horrible, despertaba a cada rato repentinamente, ya que debía estar en alerta y a la defensiva. El poco rato que pudo dormir fue interrumpida por parte de los guardias, solo por molestar.

La gata se encontraba en el fondo de la prisión, detrás del edificio en donde había tiendas improvisadas con telas rotas, claramente el tema de ese edificio debe ser complicado además de estar topado. Al cabo que fue el único lugar donde no se sentía amenazada y de cierta manera se sentía acompañada con otros, a pesar que eran desconocidos.

Pasando la primera noche en la prisión, gracias a la luz del día le dio noción del lugar, descubrió que era enorme. Los muros lucían como gigantes montañas altas e imposibles de escalar haciendo que el edificio luciera enano al lado de esos muros.

Si la noche fue muy helada, el día era el otro extremo, un calor insoportable y con suerte corría un viento tibio.

Ella se relamió, sentía la boca seca y la garganta áspera, tenía mucha sed y hambre...Miró a su lado y pudo ver que varios metros de ella estaba acompañada por la mitad del grupo de prisioneros, quienes se habían acomodado ahí para pasar la noche. Pero... ¿Qué había pasado con el resto?

De pronto escuchó un ruido, un sonido de puerta y observó hacia ese lugar, ahí vio por primera vez la única entrada a ese sitio, por donde los guardias les había empujado, dicha puerta lucía como un adorno a lo largo de ese muro que separaba el interior y el patio de la cárcel, también era alto hasta un punto que lo protegía por unas rejas puntiagudas.

Otro lado descartado por donde escapar...

Cuando abrieron la puerta, tiraron dos sacos cafés, quienes estaban cerca de ella se miraron extrañados otros se pusieron de pie observando curiosamente.

La respuesta llegó a los segundos, desde el edificio salieron corriendo despavorido luchando uno con otros empujándose para salir de los primeros e incluso se peleaban mientras avanzaban.

- Es la comida del día – dijo uno de los desconocidos.

Eso dejó perpleja a Kitty, no se esperó eso...tanto...tanto salvajismo para conseguir alimentos, ella había escuchado que las condiciones eran pésimas, pero no imaginó nada como eso.

- ¿Quién me acompaña? ¡No esperaré hasta quizás cuando para comer! – preguntó uno de ellos.

Kitty y dos más se unieron y corrieron rápidamente hacia el tumulto de prisioneros.

Era un verdadero caos, de los dos sacos ya no había ni rastro, lo habían destrozado a tal punto que solo quedaban los envoltorios con la comida adentro, que era las porciones aproximada para ellos. Todo esto estaban repartido por el suelo.

Al momento de querer agarrar uno, le sujetaron del hombro y la empujaron hacia atrás, Kitty estuvo a punto de recibir un puñetazo, alcanzó a esquivarlo a tiempo.

- ¡Los nuevitos no comerán hoy! – le advirtió.

- ¡Eso no lo decides tú! – se defendió la gata oscura.

- Que conste que te lo dije – volvió a decir y la atacó nuevamente.

Aunque Kitty no tuviera su cuchillo, no fue impedimento para ella, debido a que Mike le enseñó a pelear cuerpo a cuerpo, no era su fuerte, pero sabía lo suficiente para poder enfrentar a alguien.

Su mentor siempre le recalcó buscar el punto débil del oponente más que centrarse en atacar. Mantuvo en mente esas palabras y bloqueó varios golpes con sus brazos además de agacharse para seguir esquivando.

- ¡Pelea cobarde mugrienta! – le gritó entre tosiendo y peleando, ya que la esa revuela comenzó a levantar mucho polvo y costaba un poco respirar con normalidad.

Kitty sonrió levemente, supo de inmediato que ese tipo era un descerebrado.

De pronto un tumulto gigante empujó a varios, incluyéndola a ella, se dio un porrazo en el suelo. Giró rápidamente sobre sí misma para evitar que la aplastaran, a la vez y sin tregua su enemigo estuvo a centímetros de darle una patada. Kitty alcanzó a cubrirse a tiempo y de forma inmediata se impulsó hacia atrás y ponerse de pie. No la pensó dos veces para darle un puñetazo seguido de un cabezazo.

- ¡Auch! ¡Demonios! – se quejó ella sobándose la frente. Nunca había hecho eso y ni siquiera sabía por qué demonio lo hizo, por lo menos sirvió para dejarlo fuera de juego.

Aprovechando que no tenía oponente, buscó lo que pudo en el suelo. Se estaba desesperando porque las cosas se estaban poniendo feas. Escuchó gritos y quejidos, Kitty volteó y pudo ver que había tres bultos pequeños de comida, no la pensó para lanzarse hacia ellos y recogerlo.

Corrió lo más velozmente que pudo para alejarse de todo eso y refugiarse, abrazando esas provisiones. Repentinamente vio a su derecha que había un pequeño grupo que peleaban, dentro de ese había una gata batallando contra dos cobardes.

Odiaba las injusticias, aunque también dudó por unos segundos. Avanzó hacia ellos rápidamente y empujó con todas sus fuerzas a uno de ellos, tratando de lucir que fue casualidad. Siguió corriendo sin mirar atrás hasta llegar a la zona de refugio. Esperaba haber ayudado en algo a pesar que salió a duras penas de esa turba dando tropezones casi cayéndose, por suerte alcanzó a poner una mano en el suelo y volvió a ponerse de pie.

Para ella fue un alivio llegar al lugar donde había pasado la noche.

- ¿Así será todos los días? – preguntó uno del grupo que se quedó ahí.

- No lo sé – respondió Kitty, estaba agotadísima y peor que las cosas estaban demasiado complicadas.

- A veces – respondió otro gato desconocido detrás de ellos, no se inmutaba sobre la situación, supuso que ya estaba acostumbrado a eso.

- ¿A qué te refieres? – preguntó curiosa Kitty.

- Estas raciones son para unos días – respondió - Es relativo los días que tiran comida para nosotros.

- ¿Qué? - preguntó uno de los nuevos sin poder creerlo.

- Desde que sucedió lo de la fuga nos tienen castigado sin comer, por esa razón hoy fue más violento todo esto – contó.

- Lo peor de todo es que esos idiotas disfrutan del espectáculo – dijo otro.

Kitty ni siquiera se había percatado de eso, desde ahí pudo ver que en las torres de vigilancia en las alturas tenían una buena vista, esos vigilantes estaban muertos de risa.

La gata tenía unas ganas de borrar esas sonrisas de un solo puñetazo, serán miserables...

- Más le vale cuidar esas provisiones, tengan cuidado con esos – dijo el desconocido apuntando al edificio y luego se marchó a su sitio, no tenía pinta de querer involucrarse con los nuevitos, así que ellos tendrían que arreglárselas solos.

- Grandioso – se quejó otro.

- ¿Qué tenemos? – preguntó uno.

- Primero que todo...¿Cuánto somos? – preguntó Kitty – Piensen que tendremos que cuidarnos entre nosotros y quiero saber realmente con quienes puedo contar, aquí nadie sobrevivirá por mucho tiempo solo.

- ¿Y quién te dio el poder para ser líder? – preguntó uno de ellos agresivamente.

- Sacrifiqué mi trasero para conseguir estas tres cosas mientras que tú te quedaste aquí, mínimo que dejen decidir algunas cosas – respondió igual de agresiva.

- Ni siquiera te conocemos – dijo él toscamente en respuesta.

- Está bien – dijo Kitty agarrando las bolsas y dispuesta a marcharse de ahí

- Hey no espera – dijo el compañero de este. Pero ella no estaba dispuesta a tolerar idiotas como ellos, mientras se marchaba se dio la vuelta y los miró con cara de malas pulgas.

- Jodánse – espetó ella y lanzó una de la bolsa directo a la cara – Y no me molesten, solo una vez ofrezco mi ayuda – agregó y se marchó, a la vez que se alejaba escuchó cómo regañaban quien la había enfrentado.

Al menos intentó tener un grupo con quien contar, aunque tampoco sabía si ellos eran de confianza, no los conocía y jamás los había visto en el sector bajo. Suponía que eran afuerinos y de seguro lo habían atrapado por algún delito que cometieron en el sector medio.

La gata oscura revisó las dos bolsas, la mayoría de esto era pan alejo y con suerte una cantimplora con agua, podrá aguantar con eso unos días...

Observó hacia un lado y vió que se acercaban dos del grupo anterior, antes que se aproximaran más de lo debido ella se levantó y se marchó de ahí, no quería hablar con nadie, no estaba de ganas de escuchar nada.

Avanzó más al fondo de la zona, casi llegando a los muros altos del exterior donde había otro grupo antiguos de ahí, todos con mala cara.

Kitty logró encontrar un espacio pequeño y vacío, lo suficiente para no "invadir sus espacios". Ella se las arregló para acomodarse con unas viejas telas que encontró y unos palos también, improvisó una especie de sombrilla, debido a que el sol estaba muy fuerte. Se le ocurrió hacer un hoyo en la arena y así esconder sus provisiones y antes de echarlo ahí bebió un par de trago con agua.

Ese fue su primer día en ese horrendo lugar.

Pero ahora...ya había perdido la noción del tiempo, no sabía cuantos días llevaba ahí, solo sabía que le quedaba un sorbo de agua y que no han vuelto a dar comida...

Contando, además, que tenía que estar todo el tiempo en alerta, a cada rato se producían encontrones, peleaban por todo, las más mínimas respuestas provocaban ese tipo de situaciones. Y eso que ella se encontraba en la zona más tranquila...por ahora.

Kitty estaba en su pequeño lugar mirando la pulsera que Gato le había regalado, tan sólo al mirarla se le escapaba una que otra lágrima...lo extrañaba mucho...la mayor parte del día pensaba en él...anhelaba tanto tenerlo a su lado, abrazarlo a más no poder y decirle que lo quería mucho que jamás lo olvidaría...
Otras veces fantaseaba como hubiera sido todo si hubieran escapado del reino...Pensar en todas esas posibilidades le deprimía, jamás se había sentido tan desolada...excepto la vez que vio por última vez a sus padres, de hecho, así se sentía, cómo un deja vu., era idéntico el sentimiento.

Besó con mucho cariño la pulsera, intentando en vano sentir el aroma de Gato...

De pronto sintió que alguien se acercaba y escondió rápidamente el objeto en su bota.

- Por fin me encuentro con quién arruinó los planes – dijo una conocida voz, la gata oscura salió de su pequeño refugio.

Era un miembro del grupo del cuartel.

- ¿Max? – preguntó extrañada por sus dichos.

- El mismo – respondió cortante.

- ¿Qué demonios te pasa? – preguntó molesta ella.

- Por tu culpa estoy aquí – volvió acusar. Kitty lo miró con cara de pocos amigos, había algo en él distinto.

- Disculpa, pero sigo sin entenderte – contestó ella.

- Por andar de roba prometidos sacrificaste muchas cosas, una de esa la libertad y mira de lo que te sirvió – acusó él.

- ¡¿De qué hablas idiota?! ¡No tiene nada que ver! – respondió Kitty alterada.

- ¡Claro que sí! ¡Mientras los demás escapaban, tú te fuiste de la nada y te fuimos a buscar! – contó.

- ¡Escúchame bien! – dijo duramente la gata oscura – Primero, no andaba robando novio a nadie. Me sorprende que creas la primera mierda que escuchas – le regañó - ¡Segundo! ¡El plan no falló, porque varios escaparon y que tú te dejaras atrapar como un idiota no es mi culpa!

- ¡Te fui ayudar! – le gritó.

- ¡No pedí TÚ ayuda! ¡Es bien estúpido que me culpes de algo que no tuve que ver! ¡Y si tan compañero éramos y realmente querías ayudar no me lo estarías sacando en cara!

Dicho esto, lo dejó en silencio, aunque no se había terminado ya que llegaron dos desconocidos

- Hey Max – le llamaron - ¿Aquí está a quien debemos enseñar una lección?

- Sí – contestó secamente.

- Hazte un lado – ordenó uno de ellos. Kitty se percató que uno de ellos traía un palo con él, no había que ser genio para saber sus intenciones. No le dejó tiempo para que realizaran lo que ellos tenían pensado hacer. La gata se defendió a toda costa.

De un golpe rápido en la muñeca desarmó quien llevaba el palo consigo y también le dio un pisotón al otro. Sostuvo la vara y giró velozmente para acertarle un golpe en la cara a los dos, mandándolo al suelo.

- Para la próxima – le espetó Kitty agitada y poniéndose frente a él – Ten los cojones de enfrentarme tú a mí y no llamar a estos idiotas – agregó ella, aunque él sonrió altaneramente, mientras que ella sintió que se aproximaba algo por detrás y de reojo vió una sombra.

Y así rápido que apareció dicha sombra también apareció alguien defenderla a tiempo ese ataque cobarde. Cuando pudo ver bien quien era, reconoció que era la misma gata quien ayudó en la pelea por la comida.

- No seas rata, al menos ataca de frente – dijo ella quien enfrentó a su ex compañero – Y déjala tranquila de una buena vez, llevas un buen rato buscando el momento de atacarla ¡Fuera de nuestro territorio si no quieres más problemas!

¿Territorio? ¿Ahora en qué embrollo ella se había metido? La verdad es que no quería más problemas...

El grupo de atacante se fueron fulminándolas con la mirada, no dijeron ni una sola palabra...

- Creo que estamos a mano – dijo ella.

Kitty asintió imperceptiblemente, estaba confundida no sabía cómo reaccionar ante eso.

- Gracias... - le dijo.

- No hay cuidado – dijo neutral – Las primeras semanas son así de complicadas.

- Así veo – respondió la gata oscura – Este...hablaste de un territorio.

- Ah eso...técnicamente es nuestro territorio – respondió – Por si fuese poco acá igual existen divisiones, todos lo que se encuentran en ese edificio hay bandas y se pelean por las mejores celdas.

Ahora entendía por qué la mayoría evitó buscar refugio ahí.

- Pero...mi ex compañero... - pensó en voz alta sin darse cuenta.

- Probablemente ya conocía antes a miembros de alguna de esas bandas – respondió ella.

- Maldito bastardo... - se quejó.

- Quédate tranquila, en este sector no causamos problemas, si bien cada uno está por su lado mientras que tú no los molestes ellos no lo harán – explicó – Los matones son ellos, quieren acaparar todas las provisiones.

- ¿Por esa razón vienen aquí? – dijo Kitty.

- Sí, a veces les da por querer quitar cosas, aunque usualmente les va mal – contestó.

- Entonces...¿Para qué vienen? – preguntó curiosa, no le encontraba sentido a eso.

- Porque al quedarse sin provisiones allá adentro, los superiores de ellos exigen buscar algo o se quedarán sin refugio – respondió ella.

- Qué estupidez – opinó.

- Sí, la desesperación de querer o poder controlar algo – dijo ella – Aunque te aseguro que aquí afuera es un paraíso al lado de ese edificio, todas las celdas están sin capacidad y viven apretujados – contó ella. Kitty asintió en compresión, ya entendía mejor todo.

- No quiero sonar desagradecida o algo parecido – dijo la gata negra -¿Cómo sabías que vendrían por mí?

- Te he estado observando y veo que peleas constantemente – respondió ella – Quise ayudar, tú igual lo hiciste.

Sí, en eso tenía razón, no era la primera vez que ha estado en ese tipo de problema, era un tema constante y agotador en especial estar a la defensiva todo el tiempo. Lo peor de todo se tensaba más el ambiente a medida que pasaban los días, comenzaban a escasear la poca comida que quedaba. Y por parte de los guardias no tenían pinta de querer brindar necesidades básicas a ellos.

- Sí es cierto – dijo con resignación Kitty – Aquí todo es desconfianza, te lo agradezco.

- De nada – le dijo ella – Si quieres ven con nosotros, es mala idea que te quedes sola acá, las cosas empeorarán un poco y no te preocupes, no haremos preguntas.

Dudó un poco, es raro que alguien te ayude en este lugar, pero también era cierto que últimamente ha tenido evento como este de forma seguida. Por lo tanto, aceptó.

Desenterró las pocas cosas que le quedaban y ambas se fueron de ahí. Kitty se dio cuenta que no quedaba tan lejos, más o menos quedaba detrás del edificio de celdas, por supuesto varios metros lejos, al fondo, básicamente por todo el extremo de esa zona y eran hileras de pequeños campamentos tanto en grupos como en solitario.

- Puedes quedarte aquí – le dijo su... ¿Nueva amiga?, ella le indicó una tienda mejor adaptada que la que tenía – Varios lograron escapar en la fuga hace unas semanas.

Fue la primera noche que Kitty pudo dormir bien, no pasó frío y se despreocupó de estar en alerta. Hasta soñó con Gato...

Sintió que el sueño era tan real que cuando despertó se estaba abrazando a sí misma, soñando con su reencuentro dándose un apretado abrazo.

Se sentó desilusionada y se quedó mirando el suelo muy triste, odiaba ponerse así...o sea, sabía que Gato se encontraba bien y que no lo iban a condenar; aunque no lo iban hacer de todos modos porque eran planes de la princesa loca y en ese rato no lo sabía. Pero al estar alejados...eso la tenía mal...no era lo mismo cuando se dejaban de ver por unos días, sabía que se encontrarían algún momento...y ¿Ahora? ¿Algún día se volverían a ver?

- Espero que hayas descansado bien – le dijo quien la había ayudado el día anterior.

- Eh sí... al fin descansé – le contestó tomándola por sorpresa – Sabes...siento que estoy incomodando...

- Kitty es tu nombre ¿Cierto? – preguntó ella.

- Sí ¿Cómo lo sabes? – preguntó de vuelta.

- Aunque no lo creas, eres conocida por estos lados y no por los acontecimientos recientes – contestó – Las hazañas de tu grupo se valora mucho por aquí.

- Exceptuando el estúpido de mi "compañero" – dijo ella haciendo el gesto con sus manos.

- Eso no importa, son detalles – dijo ella – Ustedes serán bien recibido, te recuerdo que colaboraron con la fuga. En esa oportunidad escaparon muchos, también varios de tus compañeros.

- Ah – dijo sonriendo levemente, no esperaba que eso le ayudaría en este lugar – No es la gran cosa, es lo mínimo que podemos hacer. Aunque...no todo salió como esperábamos. Además, con esto que empeoraron las cosas aquí, creo que igual mi grupo y yo ganamos enemigos.

Ella negó con la cabeza – Estos "castigos" siempre han sucedido, por más insignificante que haya sido el suceso – explicó.

Al menos eso tranquilizó un poco a Kitty, debido a que todo esto la tenía agotada, mental y físicamente – Este...no quiero sonar grosera, pero me imagino que al permitirme estar debo cumplir en algo ¿O no?

- Solo ayudarnos a conseguir comida cuando llegue el momento en que se dignen a alimentarnos – le respondió – Aunque eso no importa, necesito hablar de otro tema contigo.

- Veo que me conoces bien – dijo Kitty.

- Es porque sé las movidas que hicieron allá afuera – contestó con una amable sonrisa.

La gata oscura no pudo evitar ponerse a la defensiva, si algo sabía es que ningún favor es gratis, por muy amable que se comporten.

- Si planeas algo, no tengo contacto afuera – advirtió Kitty.

En ese momento llegó otro gato, lucía más severo, pero a la vez dolido como si la vida lo hubiera tratado muy mal.

- Alice, sé que necesitas hablar con ella y saber el paradero de tu hermana y grupo, pero ahora no es el momento, necesitamos organizarnos urgente.

¿Hermana?

Kitty se extrañó, ahora sí que no entendía nada, que ella supiera...nadie del cuartel tenía una hermana aquí.

El gato que había interrumpido la conversación resultó ser el líder de ese campamento, también descubrió que había ayudado a sacar a los bebes que habían rescatado junto a Mike y ayudó en el día de la fuga cuando se había complicado, aun así ayudó a varios para que pudieran irse.

Y sí que tenía razón, los días posteriores se complicaron, se había agotado los alimentos, llevaban varios días sin comer y beber, varios ya se encontraban débiles en general y para rematar se peleaban por trozo de comida de algunos animales pequeños que cazaban. Llegó un punto que quienes estaban en el edificio comenzaron a quejarse en la entrada del patio, esa zona ya era el infierno.

Lo bueno es que Arthur, el líder quien no era de este reino, era un afuerino, se las arregló para que una noche en silencio y a escondida lograran cazar algunos animales, lo prepararon para los ocho integrantes oficiales, incluyéndola por supuesto, por lo menos pudieron comer eso peor era nada y se agradecía.

Kitty devoraba el trozo que le correspondió junto a Alice, no había podido hablar con ella desde que le interrumpieron.

- Como te contaba – le dijo ella – Dentro de ese edificio, hay condiciones, pero debes cumplir tus deberes para quedarte ahí. Creo que hay dos bandas que parecen unos mafiosos, no comparten nada y les encanta provocar problemas.

- Me llamó mucho la atención el día que llegué, algunos se fueron directo ahí, pero otros fueron echados – dijo la gata.

- De seguro algunos se conocían de antes o ya tenían sus movidas hechas – contó.

- Nunca pensé que era tan grave este lugar – dijo ella.

- Ni yo créeme – concordó – Sabes, te agradezco mucho ese día de las provisiones, cuando me ayudaste, me salvaste de salir mal herida – dijo sinceramente.

- Ni lo menciones, tú igual me ayudaste – contestó Kitty dando otro mordisco- ¿Te puedo preguntar algo?

- Si, dime – respondió ella mientras comía.

- Me quedé pensando ese día que interrumpieron nuestra conversación, pero Arthur dijo algo de una hermana...

- Ah...eso ...- dijo un poco triste – No me quiero hacer ilusiones, pero...por lo que sé, ustedes recibieron ayuda desde afuera, ya sabes qué no pertenecen aquí y cuando supe el plan de la fuga y la escapada del reino, empecé a sospechar porque esos afuerinos tienen libertad de entrar y salir.

Kitty empezó a calzar todo en su mente.

- Te refieres... a Noah y Carlos? – concluyó.

Alice la miró sorprendida estaba perpleja se notó que era lo que quería escuchar hace mucho tiempo.

- ¡Sí! ¡No sabes cuánto tiempo esperaba saber de ellos! ¡Noah es mi hermana mayor! – exclamó ella.

Eso realmente no se lo esperaba, nunca pensó en encontrarse con alguien, más bien un familiar de un conocido. Y cayó en la cuenta de algo...

- Espera...¿Hace cuánto estás aquí? – preguntó Kitty – Me imagino que Noah no lo sabe, de lo contrario hubiera dicho algo.

- Ya perdí la cuenta, pero llevo un buen tiempo sin ver a mi hermana – le respondió – Estoy segurísima que no sabe que estoy aquí.

- Entonces... - dijo pensativa ella – Oh...lo lamento mucho Alice, ojalas pudiera ayudarte en algo – le apoyó.

- No te preocupes – le dijo – Me tranquiliza que está bien.

- Es que...no entiendo...jamás la vi preocupada, como dices tú de seguro no debe saber que estás aquí...Pero...¿Por qué ella está tan tranquila? – preguntó.

- Porque está segura o piensa que estoy con el grupo allá afuera – respondió – Y mi grupo piensa que estoy con mi hermana porque les mentí diciendo que ella me había mandado un mensaje pidiendo ayuda.

- Oh, eso explica mucho – dijo Kitty - ¿Y qué pasó? ¿Por qué te alejaste de tu grupo?

- Si algo odio, es hacer trabajos aburridos y me mandaban para ese tipo de tarea. Mi hermana al casarse con Carlos tenía deberes más entretenido, la verdad no fue nada grave, sólo una decisión que yo tomé.

- ¿Cómo llegaste a parar aquí? – preguntó curiosa – Conozco un poco del trabajo de Noah y Carlos, pero no es para que te metieran en este lugar.

- Sí, lo comerciante es una fachada y hacemos otro tipos de trabajos – dijo Alice – Sólo que estuve en el lugar y momento equivocado – contó ella – Resulta que estaba buscando a Noah y mis pistas me llevaron a este reino. Di con una taberna donde había diversidad, ya sabes a lo que me refiero – dijo Alice y su oyente asintió – Me llevé una gran sorpresa al llegar aquí y que hacían ese tipo de diferencias y discriminación. Fue difícil dar con esa taberna y que no hicieran juicio sobre eso, supuse que mi hermana y mi cuñado irían ahí y no un lugar clasista, es decir, algún momento irían, pero de paso – explicó – Sucedió un día que atacaron esa taberna, recuerdo que dieron una alarma antes que los guardias ingresaran...

Kitty recordó de inmediato, fue esa vez que estaba con Gato y tuvo que escapar y encontrar a Claire.

- Pasa que me quedé tranquila porque yo no pertenecía a este reino, solo era una simple extranjera de paso – dijo Alice – Pero estaba equivocada, al ser una taberna que ocultaba a quienes no pertenecieran a ese sector medio y que habían espiado...No me creyeron que no era de aquí y aunque lo fuese de todas maneras me llevarían, necesitaban que su operación fuera un éxito, bueno eso pienso... les importó un bledo mis explicaciones.

La gata de tonos oscuro negó con la cabeza, sabía a lo que ella se refería y no podía creer que Alice pagara las consecuencias de un reino con pensamientos podridos.

- Lo lamento mucho – apoyó ella – Me imagino que debió ser difícil al llegar aquí – dijo ella.

- Sí...fue duro las primeras semanas, no sabía nada de aquí ni cómo funcionaban las cosas y todas esas peleas que sucedían en cualquier momento, esconderse...

- Es terrible – dijo Kitty apenada.

- Así es – concordó – Arthur me ayudó, él es muy buen líder y trata de ayudar quien lo merezca, ya sabes...aquí es una selva y es muy difícil saber en quien hay que confiar.

- ¿Cómo saben que pueden confiar en mí? – preguntó Kitty sin dudarlo – Mira el caso de mi ex compañero, nosotros confiamos en él, creábamos planes para ayudar al sector bajo, vinimos del mismo lado y yo creí que por lo menos tendría en alguien en quien apoyarme...Ahora descubro esta grandiosa sorpresa – dijo Kitty irónica – La muy sabandija tenia seguro de vida acá adentro.

- Te estuvimos observando, tal como te lo dije, te conocíamos antes de los sucesos de afuera – respondió – Vimos que te enfrentabas a los problemas, muy distinto a ese compañero tuyo. Además, Arthur me pidió que te observara por un tiempo y me vino como anillo al dedo porque tenía sospecha con respecto a mi hermana.

- Gracias, de veras – dijo Kitty más aliviada.

Y menos mal que encontró un grupo en quien contar porque nunca esperó lo destrozo que sería los días más críticos dentro de la cárcel. Las alarmas se encendieron ese día, pero nadie sabía que estaba sucediendo...