Mi redención con otro capitulito seguidito?

No me odien pls :


Capitulo 35: Una mano amiga.

Kitty perdió la noción del tiempo estando dentro de esa celda, no sabía si era de día o de noche, incluso cuantos días había pasado desde que entró. Tenía mucha hambre, se le antojaba de esos sándwiches exquisitos que Claire hacía...o esas tazas de leche caliente y sentir esa sensación de calor de hogar...

La verdad que de comida no ha sabido nada, si no fuera por lo que había traído a escondida ya se hubiera desmayado, con suerte bebía el agua que le habían dejado.

Sí que eran unos condenados en este lugar, si no te morías en un encontrón sería por hambre o por alguna enfermedad, esto último lo pensaba debido al primer día que habían llegado y que los mojaran para evitar las supuestas pulgas...con ese frío no se sorprendería que alguien ya estuviese resfriado.

Pasó un buen rato en la que estaba hundida en sus pensamientos, eso de estar quieta sin hacer nada en que distraerse también le jugaba en contra, tal como le pasaba en otras veces que se ponía muy pesimista y en otras con ganas de luchar, estar tan inestable también la volvía nerviosa, pero tenía que mantenerse fuerte.

De pronto sintió que alguien se acercaba y se sorprendió mucho al recibir visita por parte del guardia que le había ayudado. Antes de entrar a su zona se aseguró que nadie lo viera.

- Toma – le dijo al verla tan débil – Es mi colación.

- Gracias – le dijo ella descubriendo un pan con jugosa carne, le mandó un mordiscado de buena gana.

- De nada – le dijo – No dejaron respuesta, pero si recibieron el mensaje.

Debe haber una razón...aunque le hubiera gustado leer al menos a Claire.

- Bueno... lo más importante es que saben que estoy bien – dijo un poco triste y pensó que él se iría, de nuevo se sorprendió al verlo quedarse ahí.

- Ya te recuerdo – dijo este guardia – Te vi un par de veces en esa taberna...sé que tu pertenecías al grupo que ayudaba a la zona baja ¿O no?

- Así es – reconoció Kitty.

- Mira, si puedo y si tienes carta te la haré llegar sin que vuelvas a estas celdas, buscaré la forma para ello. Y al encargado del bar ya dejé avisado por si dan respuesta – le dijo.

- ¿En serio? – preguntó sin creerlo – Pero...te estarás arriesgando ¿O no?

- Solo hasta mis limites – le respondió – La zona baja les necesita...está crítico por decirlo menos.

- Aunque salga y vuelva ahí... no creo que pueda ayudar mucho – le dijo sinceramente.

- Parte de mis familiares escapó con ese plan que hicieron ustedes – contó él determinado.

- No entiendo...tú perteneces por lo menos a la zona media – dijo extrañada.

- Mi clan fue separado, éramos un gran grupo familiar con una gran variedad de pelajes...con este reino, no he vuelto a ver a mis abuelos, tíos... incluso no he conocido primos y sobrinos – le contó – Ni a mis padres los he visto...ellos ni siquiera conocen a sus nietos.

Ahí comprendió todo, por eso sabía del plan y que parte de ellos se fueron del reino.

- Lo lamento – le dijo y el guardia asintió aceptando su apoyo.

– Por eso no puedo ayudarte tanto como quisiera, mi familia está primero - agregó él.

- Lo comprendo, no te preocupes – le dijo Kitty.

- Pero te ayudaré en lo que pueda – le aseguró.

- Gracias otra vez – le dijo sincera y pronto hubo un silencio incomodo - Entonces...me conocías...

- Sí...o sea en un principio no me acordaba, luego hice memoria y pregunté en la taberna naturalmente – contó él – Y bueno...por tu compañero... también pregunté por él.

- Uhmm... - dijo un poco intranquila, la verdad es que no sabía que decir.

- Lo que quiero decir, es que me quedó dando vuelta sobre ese Guardia Real al que tienen retenido – le dijo – Cuando supe quién era Joey, al que me pediste que le enviara esa carta, até cabos y bueno el resto es historia conocida.

Kitty miró al suelo entristecida, no sabía que Gato estaba retenido, claro no ha tenido como saber de él desde ese día que lo habían separado de ella.

- En un principio lo había desconocido, no sabía que tu amigo era de dicha Guardia, de hecho, anda disfrazado debido a que desertó de su escuadrón, luego recordé que había escuchado sobre dos Guardias Reales.

- ¿Joey disfrazado? – preguntó Kitty sorprendida.

- Sí, porque lo andan buscando, por deserción, le llaman con un apodo y aparenta que no es de aquí.

La gata oscura supuso bien que su cuñado no iba a quedarse sin hacer nada, pero no se imaginó que ahora era otro personaje.

- ¿Ellos te vieron? ¿Te conocieron? – preguntó.

- No, no saben de mí, los vi de lejos cuando recibieron la carta, no me quise involucrar más de la cuenta... - le respondió – Tengo que estar en bajo perfil.

- Sí, lo entiendo – le dijo Kitty.

- Así que...de ahí saqué conclusiones de los dos Guardias Reales...En el reino también es muy conocida la historia no creíble de él y la Princesa Dulcinea...

El gato quien la acompañaba echó otro vistazo en el pasillo y asegurarse de que no hubiera nadie.

- De ahí concluí que tú tenías que ver con él y por eso llegaste aquí– le dijo – Recuerdo que vi a la Princesa salir furiosa cuando te visitó.

La sensación entre tristeza y orgullo se apoderó de Kitty... Sacar de quicio a la loca esa fue la mejor sensación y el hecho que tuviera la oportunidad de estar cerca de Gato opacaba todo.

- ¿Sabes algo de él? – preguntó con voz apagada.

- No mucho la verdad, tú sabes que no cuentan mucho – le contestó – Sé que está cumpliendo esa penitencia que le aplicó el Rey y por la supuesta relación con su hija y el engaño.

O sea que inevitablemente iban a comprometerlo como sea...Esa conclusión le herían como mil cuchillas y no poder luchar contra eso...la abatía.

El guardia nuevamente miró para afuera, en cualquier momento aparecería una patrulla.

- No tengo mucho tiempo... como sea te haré llegar la respuesta si es que la hay – le dijo y revisó su bolso – Mañana o pasado te sacarán de aquí, toma – le dijo ese guardia entregándole otra bolsa – No es mucho, pero te ayudará a mantener las fuerzas.

- De verdad...muchas gracias – le dijo Kitty por tercera, el asintió y se marchó.

"Al estar todo oscuro en una cueva que parece sin fondo, siempre, siempre habrá una luz que te lleva a la salida"- le decía su madre cuando era pequeña en momentos difíciles.


Dulcinea se la había arreglado para no asistir a los eventos que tenía en sus días a días, solo estaba enfocada en toparse con su padre porque si de algo estaba segura es que no iba a permitir que su padre evitara a que se comprometiera con Gato y más encima tener el descaro de faltar a la palabra y olvidar lo que ella sabía sobre su tía la...como se llame.

La gata blanca se encontraba en la habitación de su padre, escondida y esperando a que en cualquier momento llegara, el debió haber almorzado, ese era el único momento del día que estaba solo en ese lugar, ya que el resto del día se lo pasaba ocupado con cosas del reino.

- No estoy para nadie en la siguiente hora, tomaré mi siesta reponedora – ordenó el Rey.

- Como ordene su alteza – respondió uno de los guardias de la Elite.

Dulcinea sonrió para sus adentro, por fin había llegado el momento de enfrentar a su padre.

El Rey Antonio abrió la puerta, se sacó su capa de finas telas y lo dejó en el colgador. Al darse vuelta vio a su hija frente a él, pasó por varios sentimientos desde sorpresa hasta llegar al punto de estar furioso y estuvo a poco de llamar a sus guardias para que la sacaran de ahí, pero su hija habló antes siquiera pudiera mover un dedo.

- Ni se te ocurra padre, nosotros tenemos una conversación pendiente – le exigió ella.

- No deberías estar aquí Dulcinea, deberías esta en tus clases – le dijo el Rey severamente – Ándate de aquí.

- No – contestó – No se esmere en seguir evitándome porque no me iré de aquí hasta que hablemos.

- ¿Qué más quieres hablar? Todo está dicho – le dijo de mala gana, ya ni se inmutaba.

- Así que no me quieres comprometer con Gato si no que con un desconocido - acusó la gata blanca de un porrazo.

- ¿De qué estás hablando? – preguntó él con cara de no saber nada.

- No te molestes en esforzarte, ya lo sé todo papá – le dijo a la defensiva.

Su padre se le quedó mirando detenidamente, quería ver que hacía o decía, pero no dijo nada más, tan solo esperaba a su respuesta impacientemente.

- ¿Quién te dijo? – preguntó resignado y enojado a la vez, había dejado instrucciones de mantener esto en privado.

- Eso no importa – le contestó – Lo que importa es por qué estás faltando a tu promesa, que no se te olvide...

- No es necesario que me lo recuerdes Dulcinea – le espetó enfadado.

- ¡Entonces qué pasa por tu cabeza! ¡¿Quieres que hable?! – le gritó ella sin paciencia alguna.

- ¡Bájame el tono Dulcinea o quieres que te de vuelta de nuevo la cara! – amenazó de vuelta.

La Princesa se quedó callada al instante, aun así, la furia seguía intacta y le costaba no hablar.

- Explícame, te escucho padre querido – exigió con ironía. El Rey Antonio exhaló frustrado, se le estaba colmando la paciencia, ya no sabía que más hacer con respecto a ella.

- ¡Esto lo hago por ti! ¡No puedo permitir que tu imagen siga decayendo, nadie cree en lo que sucedió en esa plaza hija! – le dijo desesperado.

- ¡Padre, me importa una mierda lo que piense la gente sobre eso, todavía sigo sin entender lo que estoy reclamando!

- ¡Me jugué la última carta! ¡Ese Guardia Real no tiene nada que ofrecerte! ¡Nada! ¡Y nosotros queremos crecer como reino! – reclamó él.

- Ah, pero no pensó que nos podemos quedar sin nada si digo ciertas palabras – dijo Dulcinea haciendo oídos sordos y su padre iba a hablar, pero ella volvió a interrumpir - Sabes, no quiero escuchar nada más – le espetó ella – Tienes dos semanas para oficializar mi compromiso con Gato, sin trucos, porque yo no he faltado a mi palabra.

- Hija...

- Estoy hablando en serio – dijo con tono de advertencia – Supe que él está en la Escuela así que es cosa de tiempo. No estire más lo inevitable, es mi decisión y su reino está en juego – agregó ella acercándose a la puerta, sin ni siquiera darle una oportunidad de hablar a su padre -¡Adiós papi! – se despidió con cizaña haciendo un gesto con la mano.


Kitty se escandió en el momento que la sacaron al patio, había un sol de los mil demonios y estar encerrada varios días a la oscuridad...le costó un poco acostumbrarse a la luz, tuvo que pestañear un par de veces para eso y de milagro no se tropezó cuando la empujaron para afuera.

El lugar seguía igual que siempre, nadie estaba pendiente de lo que hacían los demás, ni quien llegaba, todos apático como lo usual. Kitty solo miró si la estaban observando, en especial desde el famoso edificio.

Caminó dirigiéndose al campamento a paso rápido y tambaleante a la vez, la verdad es que se sentía un poquito débil, quería ver a los demás y echarse un descanso.

- ¡Kitty! ¡Por fin volviste! – gritó Alice al verla y la abrazó inmediatamente, por supuesto que ella correspondió el afecto, lo necesitaba...se sentía tan sola...

- Me alegro de verlos a todos – dijo la gata al ver que los demás se habían acercado a saludar.

- Hija ¿Qué te sucedió en la mejilla? – preguntó una gata mayor que ella, era muy maternal y cariñosa, se llamaba Loreto.

- Cosas del oficio – bromeó.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó Arthur preocupado llegando de los últimos.

- Sí, no te preocupes – le contestó.

- Curen esa herida, que coma algo y luego hablamos sobre los detalles – dijo este – Estás muy delgada.

- Nah, no es nada – le calmó – El plan resultó y es lo que importa.

Notó que Alice cambió su semblante, lucía más intrigada y no la culpaba, es decir, su hermana estaba pronto a enterarse o ya estaba enterada de que se encontraba ahí. Luego hablaría con Alice, lo va a necesitar...

Descubrió que habían entregado comida, ya que le sirvieron un plato más contundente, eso era bueno, al menos tenían reserva, por ahora.
También le sanaron le sanaron su herida, estaba un poco infectada, de hecho, le picaba un poco, pero nada grave. Además, prácticamente la obligaron a tomar reposo porque la encontraron débil y debía descansar, esto último no hizo resistencia, decir que estaba agotada era poco.

En ese momento se encontraba en su pequeña tienda, sí que lo echaba de menos era más cómoda que ese húmedo y frío lugar.

- Permiso – dijo Alice al otro lado.

- Pasa, no tienes por qué pedir permiso para entrar aquí – le dijo la gata de tonos oscuros y su compañera entró, sonrió levemente.

- ¿Cómo te sientes? – preguntó su amiga.

- Mejor – le contestó - ¿Cuántos días pasaron?

- Cinco días – le respondió – Al tercer día ya estaba preocupada.

- No estuvo tan mal – le tranquilizó – Quien envió el encargo de la carta me dio alimentos.

- ¿En serio? – se sorprendió - ¿Cómo eso?

- Resultó que fue de gran ayuda – le respondió.

- Eso no me lo esperaba... o sea, se supone que solo sería el encargo y ya – dijo Alice confundida.

- Una historia que puedo contarte en otra oportunidad – le dijo – Me interesa saber cómo estás tú.

- Oh... - dijo Alice un poco nerviosa – Es solo...que me siento un poco culpable ahora que mi hermana sabe o sabrá sobre esto y que estoy aquí, de cierta forma la estoy metiendo en problemas y por mi culpa...

- Creo que sería peor que ella pienses que estas bien en tu grupo... y que se lleve una sorpresa desagradable – le dijo – Es mejor que se entere ahora y pueda hacer algo ¿No crees?

Alice miró al suelo asintiendo levemente – Sí, es verdad...

- Además no es que tu quisieras estar acá, tuviste mala suerte y solo la estabas buscando – le dijo Kitty.

Finalmente, Alice se sintió mejor con la conversación y a medida que seguía hablando Kitty le contó los detalles del guardia que le ayudó, sobre su familia y su clan. Sin bien no sabía quién era ella, después supo en que estaba involucradas y sobre los Guardias Reales...

De Gato...

- ¿Retenido? – preguntó sorprendida cuando llegó a esa parte de la historia - ¿Y esa loca no lo quería a su lado?

- Sí, pero...está cumpliendo una especie de sentencia e inevitablemente lo querrá a su lado a lo que termine eso – dijo apenada Kitty – No hay que ser genio para saber sus intenciones.

- Lo que hace la locura – dijo Alice – Es injusto.

- ¿Sabes lo peor de todo? – preguntó un poco molesta – Es que ella nunca valoró a Gato, siempre lo usó cada vez que quiso y ahora que se alejó lo empezó a buscar- dijo molesta la de ojos azules – Y ahora con todas esas manipulaciones se quedará con él a la mala, sin importar todo el daño que causó... - dijo ella dolida y sacando todo para afuera. Kitty llevaba tiempo en querer desahogarse – Gato es alguien muy importante para mí, fui muy feliz a su lado...es lo mejor que me sucedió en mucho tiempo... - agregó con un dejo de tristeza – Me da mucha rabia Alice...creo que no merecíamos esto...

Su compañera asintió apoyándola – Por fin sacaste todo eso que llevabas dentro – le dijo ella, si bien le había contado la historia de ellos dos y su desenlace, nunca habían hablado sobre lo que ella sentía.

- Lo siento, te estoy dando la lata – dijo Kitty.

- No, nada que ver – le negó su reciente amiga – Es bueno que hables de esto, si te lo guardas te hará mal...

- Sí, es verdad...Claire me decía lo mismo – contestó.

- ¿Y sabes qué? – le dijo en tono animoso – Todo esto no le va a resultar, tomará tiempo, pero como dicen en mi grupo: el mal karma cobra su precio, a veces demora, a veces no, pero llegará en el momento indicado.

- Espero que sea así – le dijo Kitty.

Pero a ella le costaba ignorar ese gran detalle, sentía que en cualquier instante anunciarán el compromiso de "la Princesa Dulcinea y el Guardia Real Gato" y cuando llegue a sus oídos no sabía si lo iba a tolerar...

Ella se sentía pesimista en ese sentido, suele pasar que el poder siempre gana y ningún karma se lo podía quitar...

Los días posteriores, físicamente se sentía mejor, ojalas pudiera decir lo mismo en la parte psicológica...Como sea ella trató de seguir la rutina, enseñar defensa al resto de la banda, aunque cada día que pasaba le comía la ansiedad sobre si llegaba la respuesta de esa carta.

Es lo que más necesitaba saber en ese instante.


Gato no podía creer lo que le estaba diciendo su Capitán en su despacho, o sea, el igual quería ascender lo más pronto posible para ayudar a Kitty, pero nunca pensó que en unos días más lo ascenderían a Almirante de lo la Guardia Real, que prácticamente era el segundo cargo más importante después del Capitán.

Definitivamente sus planes se habían acelerado.

Para él, estas semanas habían sido ajetreada, ponerse al día con los futuros cadetes y las entrevistas, eso y agregando en el apoyo en los entrenamientos, era sumamente extenuantes. Algunos jóvenes no eran tan hábiles con ciertas especialidades y era usual si no cumplían con ciertos estándares ellos se arriesgaban a que lo expulsaran y estos se angustiaban claramente porque era la única forma de seguir adelante, la cual no podían darse el lujo de que los echaran. Entonces Gato ofreció entrenamiento de reforzamiento a tres muchachos que eran humildes y se notaba que no tenían malas intenciones, ya que otros quienes venían de buena familia eran bastantes altanero, como siempre...hay de todo y debía armarse de paciencia.

Gato estaba en eso cuando le interrumpieron debido a que el Capitán necesitaba hablar con él y le contó lo del adelanto de planes.

- Vaya qué sorpresa – dijo él un poco consternado, no sabía cómo tomárselo ¿Feliz? ¿Aterrado? ¿Ansioso?

- Es lo que buscabas ¿O no? – preguntó dudoso ante su reacción.

- Sí, sí, solo que no me esperaba que fuera tan pronto – contestó.

- Debió pasar algo como apurar tu "sentencia" aquí – le dijo.

- Bueno, no importa eso ¿Ahora qué sigue? – preguntó Gato, porque tratándose de Dulcinea...

- La otra semana te notificarán formalmente y después vendrá la ceremonia – respondió – De ahí es cosa de tiempo para que te den una casa en el sector alto y por lo pronto el inminente anuncio.

- Ufff, paren esto – bromeó un poco, era un tanto abrumador y el Capitán rió levemente.

- Ahí no sé qué decisiones tomarán en el Palacio – dijo él – Está demás decirte que la Elite no se quedará tranquilo.

- Nada que no pueda solucionar – le calmó – Gracias por esta información.

- De nada, puedes retirarte – le dijo.

Gato se despidió de una reverencia y se marchó de la oficina.

¿Una casa? ¿No será mucho? Preferiría mil veces en su actual hogar. Para lo único que querría una casa sería para vivir en paz con Kitty y no para aparentar que era un apto candidato para la Princesa.

Al salir de la oficina le llamó la atención que algo sucedía en la zona de entrenamiento, había dos muchachos molestando a uno de sus pupilos de reforzamiento, uno de tono gris atigrado con ojos verdes.

Se acercó rápidamente para saber más de la situación.

- ¡A ver! ¡¿Qué sucede acá?! – preguntó severo.

- No nada – respondió uno de ellos riéndose, quien estaba al frente de su pupilo quien se encontraba en el suelo.

- Ah de seguro soy ciego y estoy imaginando cosas – ironizó el gato naranja con voz firme – Quiero la verdad o tendrán doble circuito mañana.

Luego de unos segundos de espera, el otro habló resignado – Ya, está bien – Le estábamos recomendando de buena forma que dejara este sueñito de convertirse en Guardia Real.

- ¡Mentira! – dijo el joven gato gris.

- ¿Cómo que no idiota? – reclamó el primero.

- ¡Porque ustedes se burlaban de que soy huérfano! – les gritó.

Ese tema para Gato también era delicado, por lo mismo no permitiría ni toleraría ese tipo de situaciones tan difíciles, más que mal, él igual lo fue.

- ¡Si lo vuelven a negar, tendrán doble circuito por tres días más como castigo! – advirtió Gato.

- ¡Ya sí! ¡Es cierto! – reconoció el segundo.

- Salgan de mi vista en cinco segundos, quedarán notificados por faltar a la buena convivencia – dijo el gato naranja y los otros dos salieron trotando de ahí, cabizbajo y picados.

Gato le dio la mano a su pupilo para ayudarlo a ponerse de pie.

- Gracias Señor... - dijo en voz baja y él negó con la cabeza para restarle importancia a la ayuda que le había brindado.

- ¿Te encuentras bien Timoteo? – preguntó.

- Sí...creo – le contestó.

- Ven, vamos a conversar – le invitó él, creyó que era buena idea hablar del asunto, ya que notó que lo dejó mal, además Gato se acababa de enterar que Timoteo es huérfano...y no debe ser nada fácil, más si está con la presión de la Guardia Real.

Ambos se sentaron en una banca bajo a un sauce llorón que le brindaba una agradable sombra, su acompañante seguía triste...lucía vulnerable.

- ¿Quieres hablar de lo sucedido? – le preguntó.

- No hay mucho de qué hablar, señor – le contestó el gato gris.

- El hecho que te estás esforzando el doble para quedarte en la Guardia, algo me dice que alguien depende mucho de ti... ¿O me equivoco? – preguntó.

Timoteo se quedó en silencio dándole la razón a su maestro...y decidió confiar en él.

- No, no se equivoca – le dijo finalmente – Este...tengo, bueno no sé por dónde empezar... - dijo él.

- ¿Qué pasó con tus padres? – preguntó.

- No lo sé con exactitud... era muy pequeño...a ellos se lo llevaron un día que mi otro hermano, Gonzalo no cumplía con los estándares del reino...a él tampoco lo volví a ver... - contó él – Yo creo que se lo llevaron a la zona baja por ser pequeño y nunca pude contactarme con él...Pero también tengo una hermana, se llama Perla.

Una vez más a Gato le carcomía la rabia de las consecuencias que dejaba el reino, por esas decisiones dejaron a dos hermanos solo y otro separado ¿Para qué? ¿Por qué tanta maldad?

No iba a permitir más injusticia, desde ahora aportaría con su grano de arena ayudando a Timoteo.

- ¿Y tu hermana? ¿Está sola? – preguntó.

- Está trabajando en un restaurante, la dueña le está dando hospedaje y trabajo – contestó – Por eso debo seguir esforzándome, por ella e intentar en encontrar a mi hermano algún día...

- Lamento todo esto – le dijo Gato, escuchar ese tipo de situaciones le daba una impotencia enorme – Ese esfuerzo que tú estás haciendo será recompensado y no preste atención a lo que dicen – animó él – Y si te vuelve a pasar, aprovecha de practicar con ello el entrenamiento que hemos hecho, ya verás cómo se les quitará las ganas de molestarte, Timoteo sonrió levemente – Quisiera ayudarte con lo de tu hermano...pero aun no puedo hacer mucho, hubiese sido antes habría hecho más – dijo apesadumbrado, de inmediato pensó en Kitty, de seguro que ellos podía tener información.

- Sé que lo haría Señor, se nota que usted tiene buenas intenciones, por eso mismo dudo que tenga algo que ver con Princesa Dulcinea – le dijo.

Escuchar eso le animó mucho, debido que ha habido muchas especulaciones de todo tipo, aun así poco a poco se dan cuenta de la verdad, no importa que fuera una minoría.

- Gracias Timoteo – le dijo – Te prometo que te ayudaré apenas pueda – agregó él.

- No lo dudo, señor – dijo más alegre.

- Y por favor llámame Gato cuando estemos fuera de protocolos – le pidió.

- Está bien... Gato – dijo el gato gris un poco dudoso, ya que le costaba tratarlo más informal.

El asintió – Ahora ve a almorzar – le dijo a Timoteo y este hizo una reverencia antes de marcharse, mientras que él se quedó descansando y pensando en cómo podía ayudarlo...

A la mañana siguiente Gato tuvo que levantarse temprano porque se le había juntado trabajo...para variar. De todas formas, tenía tanto en mente...le urgía buscar una manera de poder comunicarse con Joey y los demás. De partida una carta explicando todo a Mike y disculparse, sabía que debe estar molesto por lo de Kitty, no lo culpaba, pero también poder brindar ayuda en lo que necesitaran para liberarla y también que lo ayudaran con Timoteo y sus hermanos...

La gran pregunta era ¿Cómo? Si ni siquiera podía salir aun y quizás hasta cuando...

¡Ah demonios qué frustrante!

Gato exhaló y tomó el montón de hojas que tenía acumulado... informes de rendimiento de los postulantes; quienes iban bien, mal, conductas y todo eso. Así comenzó con la tediosa tarea.

Después de varias horas de evaluar y separar esos informes, pasó a la siguiente parte, organizar el itinerario de las semanas que viene en cuanto temario y evaluaciones físicas, leyó un poco más y ¡Oh! Grandioso, en la semana que viene los postulantes tendrán un día libre para que sus familiares pudieran visitarlos, se alegraba mucho por ellos porque han sido semanas difíciles de trabajo.

Gato soltó las hojas de su mano de golpe, viniéndole a la mente muchas cosas.

¡Los aprendices tendrán visita familiar!

¡Sí! ¡Es una posibilidad que podía darse! Si lograba hablar con Timoteo y contarle algunas cosas de lo que pasó con él... pero lo más importante: que necesitaba hablar con su amigo y que ellos podían ayudarlo con sus hermanos y otros asuntos. Estos encuentros podían intercambiar esas cartas; porque tenía planeado escribir varias de estas a medida que se pudiera claramente. Al entregársela a Perla y que ella fuera la taberna...

¡El pase!

Gato se levantó de su silla y fue a su habitación directo a su baúl de pertenencia y comenzó a revolver entre sus cosas buscando lo más esencial, lo que necesitaba para que funcionara su idea que tenía en mente.

Hasta que lo encontró, el diario de anotaciones, la cual hojeó rápidamente hasta dar con el pase de la taberna.

Si conseguía hablar con Timoteo y comentarle sobre este lugar, además si su hermana puede ir a dejar estos encargos...obviamente si él estaba de acuerdo, esperaba que sí...¡Podría ser un posible avance!

Gato esperó un par de días y así poder hablar con su pupilo después del entrenamiento de reforzamiento, incluso ese mismo día tenía una pequeña entrevista con el grupo que le asignaron en donde debían hablar sobre rendimiento y cosas por el estilo de forma personal. Por esa razón esperó, así no levantaría sospecha de nada y podría hablar con Timoteo con tranquilidad.

Dividió su grupo en dos, en la mañana y tarde, ahora estaba con el segundo grupo de la tarde. Luego de varias entrevistas, finalmente le tocó conversar con él, por supuesto que primero hablaron de lo que correspondía.

- Bueno Timoteo, te felicito, has mejorado mucho – concluyó Gato – Tu rendimiento va bien.

- Es gracias a usted – le dijo el grisáceo y el negó con la cabeza.

- Solo fui un empujoncito – le dijo Gato.

Su entrevistado sonrió feliz – Entonces ¿No me echaran?

- No Timoteo, sigue así que tus esfuerzos darán frutos – le animó.

- Gracias – dijo – Ahora podré ayudar a mi hermana cuando me gradúe.

Gato tosió levemente – Este...con respecto a eso – le dijo él un poco inseguro – Te quiero pedir un favor... es complicado y no quiero que te sientas presionado y de verdad acepta solo si estás seguro.

- ¡Lo que necesite Señor! – le dijo entusiasmado el gato joven gris – Es decir Gato – se corrigió ante la mirada de él.

- Bien – dijo el gato naranja - ¿Recuerdas que te dije que prometí en ayudar a encontrar a tu hermano?

- Sí, por supuesto – respondió ansioso.

- No quiero que suene a chantaje, ni obligación por esto – insistió Gato – Pero...para eso necesito poder comunicarme con unos amigos... y tú sabes que no puedo salir de aquí y el único medio que tengo para hacerlo es por las cartas...Necesito contar esto y otros temas pendientes que tengo...sería de gran ayuda.

Timoteo lo miró sorprendido y a la vez se puso a pensar tratando de entender por dónde iba el asunto.

- Y...hay un lugar donde todos pueden juntarse sin importar dónde perteneces, es seguro, es una taberna que parece del montón – le explicó – Si todo sale bien podrían juntarse en un futuro con tu hermano.

- ¡Grandioso! – dijo muy feliz casi levantándose de la silla – ¡No conocía ese lugar!

- Poco lo conocen – dijo Gato – Yo tengo un pase...que puedo ceder.

- Y ahí entra mi hermana ¿O no? ¿Qué ella sea la mensajera? – preguntó dándose cuenta de todo.

- Siempre y cuando tu estés de acuerdo Timoteo – le dijo seguro y confiable – Y por supuesto que ella también.

- ¡Claro que sí! ¡Mi hermana no dudará en aceptar esta misión! – le dijo entusiasmado – Perla es mucho más valiente que yo y por nuestro hermano hará lo que sea – agregó el gato gris.

- ¿Seguro? – le preguntó.

- ¡Segurísimo! – dijo Timoteo – ¡Lo único que queremos es volver a ver a Gonzalo y si con eso también lo ayuda a usted, pues adelante, solo dígame que debo hacer!

Gato le sonrió agradecido y por lo pronto comenzó a explicarle su plan, el intercambio en el día de visitas, etc. Todo pasaría en muy bajo perfil sin arriesgar a nadie y en dos días tendría las cartas listas, una para Perla así dar las indicaciones en donde quedaba el lugar, el pase y todo lo demás.

En eso se la pasó en esos días intentando dividir su tiempo entre el trabajo y escribir esas cartas, además estaba súper ansioso porque tenía tantas cosas que contar ¡Y no sabía por dónde comenzar!

De partida, tal como había pensado, era pedir disculpas a Mike, de seguro lo está odiando, echándole la culpa; que en parte, sí se siente así, Kitty no debería estar ahí. Pero si asegurarle a su... al padre de ella que hará todo lo que tenga a su alcance para sacarla de ahí.

Por otra parte, quería dejar una carta a Joey y Claire comentando sobre su futuro y el caso de los hermanos de Timoteo.

Ojalas que pronto pudiera verlos, los necesitaba en especial a su amigo...

Una vez que llegó el gran día de la visita a los reclutas Gato ya tenía listo su encargo para Perla, la cual se la entregó a su hermano ese mismo día temprano por la mañana en su oficina, argumentando que le faltaba la entrega de unos resultados.

- Gracias, en serio – le dijo.

- ¡A usted! – dijo con una amplia sonrisa, también lucía ansioso ya que han pasado semanas sin ver a su hermana y agregando que posiblemente podía ayudarle con la búsqueda de Gonzalo - ¡Todo saldrá bien! – agregó entusiasmado y despidiéndose de una reverencia antes de abandonar el despacho.

Ahora es cosa quepase el tiempo, esperar que todo vaya viento en popa después de tanta desgraciay que ojalas llegue respuesta a sus mensajes en la próxima